Capítulo 8
-¡Eso es, John! Hay algo que él no obtiene en su vida cotidiana (probablemente alguien con problemas para socializar) o algo que perdió hace años que trata de obtenerlo mediante las parejas que rapta.
Sherlock había estado hablando sin parar desde que salieron el bar hasta que regresaron al campus. Y aunque debían ser deducciones brillantes, resultado de la visita al bar, John apenas escuchaba la mitad. Se sentía herido y confundido con sentimientos que ni siquiera él sabía cómo controlar. La sensación de los labios de Sherlock se había quedado en su memoria y jamás podría olvidarla. Se arrepentía de haberlo hecho, porque sus sentimientos se habían hecho más fuertes después de conocer el sabor de sus labios. Pero también se alegraba de haberlos probado cuando tuvo la oportunidad.
Porque ya no podría hacerlo de nuevo.
-¡Pasión, aceptación, deseo! Es lo que busca nuestro asesino...
-Es lo que todos buscamos -murmuró John de tal forma que su compañero no lo escuchó. Se acostó en su cama, de espaldas a él. Ya no quería verlo, no quería pensar en él. Pero, lamentablemente, podía seguir escuchando sus pasos y su profunda voz llenar la habitación.
-Debe pensar que al asesinarlo, llena una parte de sí mismo, eso que le hace falta. Pero esa sensación no dura mucho tiempo, por eso es que tiene que hacerlo una y otra vez -continuó Sherlock, entusiasmado-. Tal vez una semana, unos días, cada vez es menos el tiempo que puede estar tranquilo sin matar. Necesito revisar los lugares donde fueron encontrados los cuerpos y los bares que se encuentran cerca, estoy casi seguro que puedo anticipar su próximo movimiento y así podremos sorprenderlo... podremos atraparlo en el momento de la caza...
-No me cuentes en tus planes, porque yo no voy a volver a ir contigo. Tengo muchos trabajos y tareas por entregar, además voy a tener exámenes -gruñó John, desde su cama. Ni siquiera lo decía en serio, porque no podía dejarlo solo, pero se sentía demasiado frustrado en esos momentos. ¿Si se alejaba y dejaba de participar de su extraño mundo podría olvidarlo? ¿Podría, algún día, verlo simplemente como su compañero?
Por fin, Sherlock se quedó completamente en silencio, al parece aquellas palabras lograron cortar su proceso de deducción. John lo escuchó acercarse a la cama e instintivamente se encogió, como si quisiera protegerse de lo que pudiera sentir.
Se sentó junto a él y John experimentó una agradable sensación al sentir el calor de su cuerpo cerca de su espalda. Sin embargo, se negó a darse la vuelta para verlo. Pero Sherlock se inclinó más cerca, de tal manera que su rostro quedó muy cerca del de él. John no pudo evitarlo y giró su cabeza. Los rizos de su compañero caían sobre su frente y él tuvo la tentación de tomar uno entre sus dedos.
-¿Hablas en serio? -Preguntó su compañero.
-Sí -mintió John.
Sherlock negó con la cabeza.
-¿Cómo puedes preferir estudiar que esto? Seguir el misterio hasta su resolución, la emoción de buscar la respuesta hasta en los lugares más improbables... ¿Te quedarás aquí mientras yo me llevo toda la diversión? ¿No compartirás esto conmigo?
John, quien comenzaba a sentirse hipnotizado por su voz, tomó su mano. Sherlock no pareció darle importancia y no hizo nada por retirarse así que él no lo soltó. El problema era, precisamente, que él sí deseaba compartir cosas con Sherlock, pero no de la manera en que él esperaba. John no quería ser amigo de Sherlock, sino algo más... Sin embargo, aunque no pudiera decirle, jamás pensaría en dejarlo sólo; nunca se perdonaría si algo le sucedía, y, a decir verdad, no iba a dejarlo a entrar en un bar gay solo, no después de saber que cualquiera podría acercarse a intentar flirtear con él, de nuevo.
-De acuerdo -dijo, como si lo hubiera pensado mucho tiempo, pero tratando de aparentar que no estaba muy convencido-, te acompañaré.
Sherlock le sonrió y él no pudo evitar devolverle la sonrisa; se sentía tan vulnerable cerca de él. De pronto se le ocurrió que sería muy sencillo tomar a su compañero del cuello e inclinarlo más cerca. Pero Sherlock se levantó y se alejó de él.
John no pudo dormir bien después de eso.
Y al día siguiente fue aún peor. Ni siquiera tenía que esperar la calificación la semana siguiente, sabía que había reprobado aquel examen y además no había entregado dos trabajos. No le gustaba sentirse de aquella manera. Sherlock aparecía en su mente en los momentos menos apropiados y aquellos pensamientos siempre terminaban haciéndolo sentirse mal.
El resto del día se la pasó luchando con el sueño que lo agobiaba; sus ojos se cerraban a cada momento y era una tortura tener que luchar contra el cansancio.
-¿Mal día, eh? -Preguntó la voz de Sarah.
John levantó la cabeza de la mesa, junto a él estaba el almuerzo que se había comprado, intacto. Vio que ella llevaba dos cafés, uno lo empujó hacia él.
-No, no tenías que...
-Acéptalo -lo interrumpió ella-. Te prometo que sólo busco que seamos buenos amigos.
-Gracias -dijo, tomándolo despacio. La cafeína logró reanimarlo un poco.
-No te ofendas, John, pero te ves muy mal.
-Me siento muy mal -admitió.
Sarah le sonrió. No parecía estar burlándose de él, sino que trataba de animarlo. Pero no se sentía con ánimos de devolverle la sonrisa.
-Creo que puedo adivinar por qué -dijo ella. John ni siquiera pudo negarlo.
-¿Quieres contarme?
John apretó los labios, en un intento de proteger sus secretos y sus emociones. No era alguien a quien le gustara hablar de lo que sentía, pero en ese momento no creía poder soportar un segundo más su situación.
-Tenías razón -se atrevió a decir, en voz baja, como si se tratara de un secreto de Estado-. Tenías razón sobre todo... sólo que ahora, ahora que ya me di cuenta de lo que siento, no sé qué hacer.
-Sólo para aclarar... estamos hablando de un joven alto, de cabello oscuro y con una extraña capacidad para hacer enojar a los demás, ¿verdad?
-Sí -John asintió, ruborizándose.
-Bien, sólo quería estar segura -dijo. Volvió a sonreír-. En realidad, John, yo no creo que tu situación sea tan difícil... sólo tienes que decirle lo que sientes.
Y, en ese momento, el color en las mejillas de él desapareció por completo, parecía alarmado.
-¿Qué? ¡No! ¡Por supuesto que no! Tú no entiendes, él nunca, no creo que él quiera...
-¿Cómo puedes saber lo que va a responderte si no haces el intento? ¡Invítalo a cenar!
John negó con la cabeza.
-¿Qué puedes perder?
-A él. Lo puedo perder a él, Sarah y eso no... no lo soportaría. Prefiero seguir con él de este modo, aunque sólo me vea como... su amigo. Si le digo lo que siento y él se aleja de mí...
Sarah suspiró y le acarició la mejilla.
-Oh, John -dijo, como si también pudiera sentir su sufrimiento-. Puedes seguir así por muchos años, ocultando tus sentimientos y negándote a tomar el riesgo. Pero, si pasa el tiempo y después alguien más le pide que...
John se tensó, pero Sarah continuó hablando.
-... tal vez él acepte, tal vez no, pero si pasan los años, un día tú vas a preguntarte, comenzarás a pensar que lo mejor hubiera sido arriesgarte y te arrepentirás. Pero, es tu decisión.
Y Sarah se fue, dejando a John más confundido que antes.
Regresó temprano al departamento, sabía que Sherlock llegaría tarde, así que decidió dormirse un rato. Sin embargo, al despertar, a pesar de haber descansado un rato, sus nervios no disminuyeron; había tomado una decisión, sólo que no sabía si era la correcta.
A pesar de lo mucho que se repitió que debía comportarse normalmente, hizo todo lo contrario: buscó en su armario hasta encontrar la camisa que más le gustaba, el pantalón más nuevo que tenía... incluso se miró al espejo y se pasó el peine por el cabello. Se ruborizó al darse cuenta de que se estaba comportando como si tuviera quince años. De pronto, se sintió ridículo. Iba a cambiarse de ropa otra vez, cuando lo escuchó entrar.
Casi tropieza al salir del baño y encontrarlo en el dormitorio. Sherlock había colgado su abrigo y ahora estaba sentado en su cama, completamente atento a su teléfono móvil.
John se acercó a él, pero no demasiado, además no confiaba en sus piernas en aquel momento, estaba muy nervioso.
Carraspeó, tratando de aclarar su garganta.
-Sherlock...
Su compañero no levantó la vista del teléfono, pero asintió, haciéndole entender que lo escuchaba. Tal vez era mejor así, si no lo miraba directamente no iba a perder su valor.
-Vamos a cenar -soltó, sintiendo su rostro caliente. Y supo que estaba completamente rojo, brillando como las luces en Navidad y se preguntó si estaba siendo demasiado obvio.
-No, gracias, no tengo hambre.
Por supuesto, nunca se era demasiado obvio con Sherlock Holmes, sobre todo si se trataba de sentimientos.
-Yo tampoco -se atrevió a decir, dando un paso más cerca-. Vamos a cenar.
Sherlock levantó la vista, sus ojos lo observaron de pies a cabeza en un segundo, John supo que lo estaba analizando, que trataba de encontrar respuestas en él. Y se preguntó si había logrado deducirlo, si por fin había notado...
Pero Sherlock frunció el ceño, confundido.
-No entiendo. ¿Por qué iríamos a cenar si ninguno de los dos tiene hambre?
Y John se rió en ese momento, porque en verdad no entendía cómo era que se había enamorado de alguien así. No sabía si tenía ganas de besarlo o de golpearlo para hacerlo reaccionar.
-Además, no entiendo para qué quieres ir a cenar conmigo si tienes una cita -continuó Sherlock.
-¿Qué?
-Sí -él se levantó y se acercó a él, señaló su cabello y su ropa-. Duraste mucho tiempo seleccionando cada una de tus prendas y arreglaste tu cabello. Es evidente que quieres lucir atractivo para la persona con la que te vas a encontrar. Además estás muy nervioso. Tienes una cita.
John sintió que su corazón iba a salirse de su pecho. Trató de respirar profundamente.
-En realidad... -carraspeó nuevamente- Yo... esto fue por ti. Quería verme bien... para ti.
John no podía creer que aquello había salido de sus labios; pero lo había hecho y ya no había marcha atrás.
-Oh -fue todo lo que soltó Sherlock, en respuesta. Sus ojos se habían abierto con sorpresa-. Entonces... uh... tú quieres ir a cenar, pero es como...
-Una cita -terminó John.
-Oh -volvió a soltar Sherlock-. Lo de la otra noche, entonces...
-Yo quería besarte, no estaba fingiendo -admitió él. Ahora que había dicho la verdad, sentía que no podía detenerse.
Sherlock se quedó completamente petrificado en ese momento, ninguno de sus músculos parecía capaz de moverse. Lo único que parecía seguir con vida eran sus ojos; comenzó a parpadear rápidamente y sus mejillas se encendieron hasta quedar de un color rojo intenso.
John creyó que se veía tan adorable que no pudo evitar sonreír. Tenía la tentación de acercarse y darle un beso rápido en los labios. Pero no estaba seguro si eso provocaría que lo rechazara definitivamente.
Después de un rato, John comenzó a pensar que tal vez aquello había sido demasiado para su compañero, quien estaba acostumbrado a lidiar con la razón y la lógica, no con sentimientos. Probablemente en aquellos momentos estaba pensando en cómo decirle que no. Y John no quería escucharlo.
-Olvídalo -dijo, sintiendo que su corazón caía hasta sus pies-, olvida lo que acabo de decirte. Podemos seguir como antes... en realidad... yo...
Pero Sherlock logró reaccionar en ese momento. Lo miró directamente a los ojos, después se ruborizó aún más y desvió la mirada.
-Sí.
-¿Qué?
-Vamos a cenar -dijo Sherlock, sin atreverse a mirarlo todavía-. Pero, tienes que saber que yo nunca... yo nunca he tenido ninguna relación. Yo no sé cómo funciona...
John se acercó a él y tomó una de sus manos. Sentía que su corazón había vuelto a latir... Y Sherlock no lo entendía. No entendía que no le importaba nada, que así como era lo quería. Puso una de sus manos en su mejilla y lo obligó a verlo a los ojos.
-Es no me importa, sólo quiero estar contigo.
