-Vulpix-
Vulpix, Shinx y Grovyle se miraban de reojo los unos a los otros mientras observaban al Tauros, que se acercaba a ellos cada vez más, lento, pero con una decisión bastante importante.
-No saldremos de esta… -Susurró Shinx.- No nos quedan fuerzas… -Dijo, mientras sentía que sus rodillas empezaban a flaquear.
Justo al acabar la frase, el Tauros echó su pata delantera derecha hacia atrás, mugió, y se echó a correr hacia el grupo explorador, con la ira que solo un Pokémon salvaje alterado podía tener.
El pequeño equipo se quedó quieto, y agacharon sus cabezas, preparados para dejarse vencer…
-Cindaquil-
Llegaron jadeando hacia el lugar de donde procedían los gritos, y se sorprendieron al ver que sus compañeros estaban siendo atacados por un Tauros. O iban a ser atacados. El Tauros se estaba preparando para atacar.
-¿Qué hacemos, jefa? –Preguntó Squirtle, mirando fijamente al Tauros.- Por lo que veo, no tenemos mucho tiempo.
Cindaquil meditó unos instantes.
-¿Qué tenemos en la bolsa? –Preguntó, sin dejar de observar a sus compañeros.- Vamos, ¡rápido!
Munchlax miró rápidamente, y sacó tres Semillas Bomba.
-¡Jefa! ¡Semillas Bomba! –Exclamó, quedándose una y dándole las otras dos a los otros componentes de su equipo.
Cindaquil asintió y se escondió detrás de una pared, mirando al Tauros.
-A la de tres… Una… Dos…. ¡TRES!
Las Semillas Bombas fueron lanzadas con precisión. Una le cayó justamente al Tauros, que gritó de dolor justo cuando iba a abalanzarse sobre Vulpix y los demás. Las otras dos cayeron a los lados, haciendo que subiera las patas delanteras, quedándose a dos patas, y finalmente, cayera de espaldas, y se quedara pataleando el aire.
-¡Corred! ¡La escalera no está lejos! ¡Vamos! –Gritó Cindaquil, yendo a buscar a sus compañeros, mientras Munchlax y Squirtle se quedaban alrededor del Tauros, dispuestos a atacar si las cosas se ponían feas.
-Vulpix-
Vulpix no sabía qué acababa de pasar. Bueno, realmente, ningún componente de su equipo sabía qué había pasado. Se miraron, perplejos, y de repente, oyeron un grito que los llamaba.
-¡Corred! ¡La escalera no está lejos! ¡Vamos! –Les gritó Cindaquil, corriendo hacia ellos y ayudándolos a levantarse, ya que habían caído al suelo cuando el Tauros se había quedado a dos patas.
-¿Q-qué…? –Murmuró Shinx, pero enseguida fue levantado y empujado por Cindaquil hacia la sala que se encontraba más allá del pasillo de la derecha.
Una vez allí, todos se miraron y observaron la escalera. La que daba al último piso.
-Vulpix y Cindaquil-
-Parece que al fin y al cabo, esto no era una competición, sino un trabajo en equipo… -Dijo finalmente Squirtle, para romper el silencio y la tensión que había provocado ese ataque repentino del Tauros.
-Eso parece, sí. –Dijeron Vulpix y Muchlax a la vez.
-Bueno, subamos, ¿no os parece? –Propuso Cindaquil, que estaba con un pie encima del primer escalón de la escalera que llevaba a la cima.
-¡Vamos allá! –Exclamaron todos, echando a correr escaleras arriba.
Una vez arriba, observaron que quedaban solo dos maletines. Se acercaron, cada equipo al suyo, claro está, y los abrieron, observando detenidamente lo que había en ellos. Una vez que comentaron los objetos y los compararon con los del otro equipo, volvieron al Pokégremio, donde les esperaba una cena y una cama caliente donde descansar hasta el día siguiente.
