Capítulo 9
John jamás se imaginó que pudiera ver a Sherlock así; cuando se subieron al taxi él dirigió su mirada hacia la ventana y ninguna palabra salió de sus labios por un largo rato. Parecía nervioso y a John le parecía adorable. Su única preocupación era que él se pudiera arrepentir de la decisión que había tomado.
-¿Sherlock...?
-¿Estás seguro de esto, John? -lo interrumpió él. Al parecer el ver el restaurante le había ayudado a animarse a hablar de nuevo.
El joven se giró hacia él, sintió que su corazón se ralentizaba mientras se acercaba. ¿Se había arrepentido? ¿Había decidido que no valdría la pena intentarlo?
-Podemos seguir como amigos, si eso es lo que quieres -le sugirió John, a pesar de que sentía que su garganta se secaba.
Sherlock negó con la cabeza y John sintió que volvió a respirar. Notó que las mejillas de él se ruborizaban. Tenía tantas ganas de besarlo.
-No era eso lo que quería decir -continuó Sherlock-. ¿Estás seguro de que quieres salir conmigo? Porque nos verán juntos y... tú eres popular, tienes amigos y yo... bueno, conoces mi historial, yo no puedo congeniar con nadie... tal vez tus amigos no querrán que...
Pero John lo interrumpió, tomando su rostro entre sus manos. Nunca hubiera pensado que Sherlock Holmes podría sentirse de aquella manera, que se considerara como una molestia para los demás.
-No me importa lo que piensen. Quiero estar contigo. No me interesa si a ellos les agrada o no, yo sólo te quiero a ti -dijo John. ¿Por qué no podía verlo? Era tan sencillo, casi podía asegurar que estaba todo en sus ojos, sólo tenía que observar con atención-. Tú eres perfecto, Sherlock. Yo te...
Pero se interrumpió porque ni siquiera él había pensado en decir aquellas palabras, era muy pronto. Su corazón latía fuertemente y, por un momento, aquello lo abrumó. No, no podía ser. Era muy pronto para eso, no estaba seguro si... Entonces levantó la vista y se dio cuenta de que Sherlock lo observaba atentamente; su rostro se había ruborizado completamente y sus párpados se abrían y cerraban rápidamente. John jamás lo había visto tan hermoso. Lo atrajo hacia sí y lo besó en los labios, alegrándose al sentir que él le correspondía. Después lo tomó de la mano y lo guió hasta el interior del restaurante.
-Y... ¿Qué se supone que tiene que hacerse en una cita? -preguntó Sherlock, una vez que eligieron una mesa. Giró su cabeza de un lado a otro, parecía completamente confundido.
John le sonrió.
-Sólo tenemos que pasarla bien. No quiero que te comportes como los demás; me gustas como eres. ¿Por qué no me sigues hablando del caso que tenemos pendiente? ¿Has descubierto algo nuevo?
Los ojos de Sherlock volvieron a brillar, parecía que aquellas palabras lo habían hecho olvidarse de los nervios. Lo vio abrir los labios para comenzar a hablar, pero, antes de que alguna palabra saliera de su boca, frunció el ceño y le dirigió una mirada preocupada a John.
-¿Quieres hablar de asesinatos en nuestra primera... cita? -Sherlock arqueó una de sus cejas-. Tal vez deberíamos...
John trató de no verse muy alegre, pero lo cierto es que lo estaba. Por primera vez, parecía que Sherlock deseaba hacer algo por complacerlo. Pero no era necesario.
-En realidad, quiero saber cómo es que piensas atraparlo mientras está de "cacería"...
Sherlock sonrió.
-He estado pensando, a juzgar por las fotografías que me...
Pero se interrumpió cuando se acercó el mesero.
-¿Están listos para ordenar?
-Sí -dijo John, levantando la mirada, sin embargo, la sonrisa que había mantenido en sus labios desde que entró al restaurante, se esfumó en ese momento y fue reemplazada por un ceño fruncido.
El mesero, a pesar de que se había dirigido a los dos, parecía sólo tener ojos para Sherlock.
-Espagueti -respondió John y el mesero no tuvo más remedio que prestarle atención. Y, antes de que pudiera dirigir su mirada a Sherlock y sonreírle nuevamente, John tomó la mano de su compañero-. ¿Y tú?
-Lo mismo -respondió Sherlock con su mirada fija en John. Sonrió y apretó su mano. El mesero aceptó su derrota en silencio y anotó algo en su libreta.
-¿Vino?
-Tinto -respondió John, tratando de ocultar la sonrisa de triunfo que luchaba por dibujarse en sus labios.
Aquella noche, cuando regresaron al departamento, John se atrevió a besar a Sherlock una vez más, pero esta vez lentamente, acariciando su cabello mientras lo hacía. Sabía que él era diferente, que no sabía de relaciones y que lo mejor era ir paso a paso con él. Ya era un gran logro que accediera a tener una cita.
Así que tendría que esperar; no podía pedirle que se acostara junto a él, sólo para sentir el calor de su cuerpo mientras dormía, porque sabía que Sherlock no lo aceptaría. Él estaba demasiado acostumbrado a estar solo como para pretender que John podría hacerlo cambiar de parecer unos días. Sin embargo, John se durmió con una sonrisa en los labios aquella noche, porque ya no tendría que ocultar sus sentimientos más.
Lamentablemente, John no pudo descansar mucho tiempo, ya que horas después fue despertado por esa voz profunda y atrayente que le provocaba una sensación cálida en el pecho.
-¡John, levántate, rápido! -exigió Sherlock, tocando su hombro-. ¡Greg dice que encontraron a otra pareja muerta!
Estaba sonriendo, a pesar de las noticias, a pesar de que involucraba la muerte de dos personas, Sherlock parecía emocionado. Pero así era él, los acertijos, los misterios y los enigmas ejercitaban su mente y lo hacían sentirse feliz.
Y John así lo quería. Así que no pudo evitar devolverle la sonrisa y levantarse.
-Supongo que podríamos considerar esto nuestra segunda cita -dijo. Pero cuando levantó la vista, se dio cuenta de que Sherlock se había quedado petrificado, observándolo fijamente. No pudo leer la expresión de su rostro.
Tal vez había cruzado la línea, tal vez aquel comentario había estado fuera de lugar.
-Lo siento, yo...
Pero se interrumpió cuando vio a Sherlock sonreír y cuando vio que sus ojos brillaban intensamente. Entonces se inclinó y lo besó. John se quedó petrificado, sin embargo, después de unos segundos le correspondió con gusto.
Aquel beso... Ese beso lo hizo estremecerse y provocar que su corazón diera una sacudida. No sólo porque Sherlock había sido quien lo había iniciado, sino porque sus labios se movían con una pasión inesperada para John. Y no se separaron hasta que fue necesario hacerlo, para poder respirar nuevamente.
-Será nuestra segunda cita -confirmó Sherlock, antes de salir por la puerta. John no pudo seguirlo inmediatamente porque todavía estaba abrumado por las emociones que aquel beso provocó en él. Estaba seguro que estaba completamente ruborizado.
-¡Vamos! -insistió Sherlock regresando sobre sus pasos al darse cuenta de que John no lo seguía. Lo tomó de la mano y John se aferró a ella con gusto, sintiendo su corazón latir fuertemente.
