Capítulo 10
John se dedicó a observar cada uno de los rasgos de Sherlock mientras se encontraban en el taxi de camino a la escena del crimen. Podía ver claramente su emoción mientras veía por la ventana, esperando ver las luces de los carros de policía o quizás el rostro de Lestrade.
Todavía no podía creer que él lo hubiese aceptado, había estado sufriendo durante tantos días con aquellos sentimientos (aunque él no lo supiera desde un principio) que ahora todo parecía irreal. Estiró su mano y se alegró al darse cuenta que ahora no tenía que reprimirse; lentamente sus dedos se entrelazaron con los de Sherlock. El joven giró su cabeza para verlo y John le ofreció una sonrisa antes de llevarse aquella mano pálida a los labios y besarla suavemente.
No pudo evitar que su sonrisa se hiciera más amplia al darse cuenta que un adorable rubor aparecía en las mejillas de Sherlock.
Abrió los labios y se dio cuenta a tiempo de que había unas palabras que rondaban en su mente y que deseaban escaparse por su boca. Pero no estaba seguro si aquellas palabras serían bien recibidas... además era demasiado pronto, eso no podía estar pasando, a pesar de que su corazón latiera de esa manera cuando estaba con él, a pesar de que sintiera que dejaba de respirar cada vez que lo veía a los ojos, a pesar de creer que él era lo más hermoso que había visto en su vida.
Así que, en lugar de que aquella sensación lo venciera, se inclinó para besar los labios de Sherlock. Sintió cómo el joven se estremecía bajo su toque y eso sólo lo hizo necesitarlo más.
-Espera, John, aquí no... -sin embargo, Sherlock se rindió pronto y correspondió a su beso. John apretó su mano con fuerza y se inclinó más, pero el taxi se detuvo, haciéndolos reaccionar nuevamente.
Sherlock salió del taxi sacudiendo su cabello y John no pudo evitar sonreír detrás de él. Se acercó nuevamente y antes de que los dos pudieran llegar hasta donde se encontraba Lestrade, tomó su mano otra vez. El joven lo observó, arqueando una ceja, y John se preguntó por un momento si él lo rechazaría, tal vez quería ocultar su relación ante ellos, tal vez, en el fondo, no deseaba que lo vieran con él...
Sin embargo, Sherlock volvió a sonreír y entrelazó sus dedos con los de él. John se sintió completamente feliz en ese momento.
Todavía no podía creer que por un momento se hubiese sentido celoso de Lestrade y peor aún, que hubiera sentido resentimiento hacia él. Aunque Sherlock no lo quisiera admitir era un buen amigo para él y John comenzaba a pensar, después de que ellos se acercaran a la escena del crimen, que probablemente se convertiría en su amigo también.
La reacción que tuvo al verlos fue lo que lo convenció. Por supuesto, que fueran de la mano no era algo que podía pasar desapercibido y ciertamente también era una acción que él sabía, generaría diversas opiniones. Sin embargo, la de Lestrade fue la mejor. John vio cómo sus ojos fueron del rostro de Sherlock a sus manos entrelazadas y, en lugar de hacer un comentario, una sonrisa rápida y sincera se dibujó en sus labios. Y continuó describiéndole la situación a Sherlock, como si nada.
De acuerdo a lo que les contó, las víctimas habían sido encontradas hace un par de horas y, a pesar de que el asesinato coincidía con los otros, Lestrade quería estar seguro de que se trataba del mismo sujeto y que no estaban enfrentando a un imitador.
Finalmente, Sherlock se alejó de John para revisar los cadáveres, mientras él lo observaba, al lado de Lestrade.
A quien, precisamente, estaba escuchando carraspear en esos momentos.
-Así que... ahora están juntos -comenzó el inspector, un poco inseguro.
-Sí -respondió John y Greg pensó que nunca había visto a una persona decir algo de una forma tan orgullosa, como si se hubiese ganado algún premio o reconocimiento.
-En verdad me alegro, porque, aunque Sherlock me haga desesperar constantemente, estaba preocupado por él, siempre estaba solo... Pero supongo que era porque no había llegado la persona indicada aún.
John trató de no ruborizarse al escuchar eso.
-Sin embargo, también me cuestiono un poco tu salud mental -dijo, sonriendo- ¿Cómo es que lo soportas?
John se rió porque sabía que Lestrade no decía aquello para agredir a Sherlock, sino debido a que lo conocía bien y, a pesar de estimarlo, sabía que a veces podía ser un poco difícil (y por supuesto que John estaba consciente de ello). Tal vez si hubiese sido otra persona (Donovan o Anderson), John se hubiese ofendido.
Sin embargo, el momento risueño pasó; a pesar de que aquella pregunta no exigía respuesta, John sintió que era el momento de decir esas palabras que rondaban en su cabeza y que no lo dejaban tranquilo. Echó un vistazo y se dio cuenta de que Sherlock estaba lo bastante lejos y muy concentrado en la escena del crimen, como para escucharlo.
Así que John respiró profundamente, sintiendo el peso de aquellas palabras en su pecho.
-Lo amo -soltó. Una razón simple y a la vez tan compleja para contestar a una pregunta.
Y comprobó, una vez más, que Lestrade se convertiría en un buen amigo, cuando lo vio asentir. Aceptó su respuesta, no replicó ni dijo nada al respecto, ni siquiera hizo una broma al respecto.
-¿Él lo sabe?
John negó con la cabeza, mordiéndose el labio con fuerza. Ni siquiera él se acostumbraba completamente a lo que acababa de decir, eran unas palabras muy fuertes para describir algo que había comenzado hacía tan poco tiempo.
-Creo que esperaré un poco más antes de decírselo. No quiero... Sherlock no es tan bueno en asuntos de este tipo.
Una vez más, Lestrade asintió, parecía estar de acuerdo con él.
Sherlock regresó rápidamente a dónde se encontraban ellos dos y, después de asegurar que se trataba de la misma persona y, por supuesto, hacer unas cuantas deducciones brillantes sólo para impresionar, tomó el rostro de John entre sus manos y lo besó.
-Sé exactamente en dónde va a atacar la próxima vez -dijo, triunfante, mientras John se ponía completamente rojo debido al beso y al hecho de que lo había hecho frente a todos.
-De acuerdo, entonces dime, así podré mandar a dos de mis...
-No, ellos lo arruinarán todo -replicó Sherlock-, sólo yo podré reconocerlo. La única persona que quiero que me acompañe es John.
El joven rubio hizo un gran esfuerzo por no demostrar lo mucho que lo complacían aquellas palabras.
-Es peligroso -insistió Lestrade y por un momento, una sombra de duda cruzó por el rostro de Sherlock, sin embargo, su mirada se encontró con la de John.
El joven de cabello oscuro abrió los labios y, a pesar de que no tenía mucho tiempo con él, John supo exactamente lo que iba a decir y se puso furioso.
-Sherlock Holmes si planeas dejarme fuera de esto... si te atreves a ir solo a ese maldito bar, te juro que no habrá nada en esta tierra que me impida seguirte y matarte con mis propias manos. Si yo no voy, tú tampoco. Es así de simple.
Sherlock parecía estar a punto de protestar, pero lo vio a los ojos, suspiró y le sonrió.
-Seremos tú y yo contra el resto del mundo, entonces.
Al llegar al departamento John no pudo controlarse más y tomó al joven entre sus brazos y comenzó a besarlo con insistencia. Sherlock no tardó en corresponderle y ambos avanzaron como si fueran uno solo hasta que cayeron sobre la cama de John. El rubio tomó una respiración profunda antes de volver a besarlo y sus manos se estrecharon sobre su cintura para acercarlo más hacia su cuerpo.
-Acuéstate conmigo hoy -le pidió John.
Sherlock se ruborizó y se alejó un poco, parecía preocupado.
-No estoy listo para...
Pero el rubio lo interrumpió al reírse suavemente y negar con la cabeza. Se acercó nuevamente y descansó su frente sobre la de Sherlock.
-No, no quise decir eso... Sólo quiero que duermas junto a mí, eso es todo -le aclaró John.
-¿Por qué?
-Me gusta sentirte junto a mí.
Entonces, después de que sus mejillas se volvieran del color de la grana nuevamente, Sherlock aceptó y John lo rodeó con sus brazos. Sabía que él no se dormiría hasta más tarde, pero eso no importaba ahora, sólo quería estar cerca de él. Enterró la cabeza en su cuello y comenzó a acariciarlo con su nariz, absorbiendo su aroma hasta que se quedó dormido.
