Al día siguiente, todos durmieron hasta tarde. El día anterior había sido bastante duro, así que Espeon y Absol dejaron a los aprendices dormir un rato más.
Vulpix fue la primera en levantarse. Se desperezó, estirándose, y miró a su alrededor. Todas seguían dormidas, y todo estaba en silencio, quitando algún ronquido procedente de otra habitación. "¿Aún duermen?", se preguntó. Miró la hora y comprobó que hacía ya tiempo que debían haberse levantado. "¿Por qué nadie está levantado? ¿Nos habrán dejado dormir un rato más?". Se encogió de hombros y salió al pasillo, evitando no hacer demasiado ruido.
Al salir, se encontró con Grovyle.
-Buenos días, pequeña. –Dijo él, haciéndole un gesto con la pata y masticando uno de esos tallos que tanto le gustan.- ¿Qué tal la noche?
Vulpix lo miró y le hizo un gesto para que fueran al patio. Los demás aún dormían y no era plan de despertarlos. Una vez fuera, se sentó en uno de los bancos al lado del comedor y suspiró.
-La verdad es que bien, he dormido como una marmota. Ayer fue un día bastante duro, tengo unas agujetas increíbles. –Dijo mientras hacía muecas de dolor bastante exageradas al estirarse.
Grovyle rió y le puso una pata en la cabeza.
-Si es que eres más quejica…
Vulpix se sonrojó un poco y sonrió.
-¿Y tu noche? ¿Qué tal? –Preguntó.
-Bien, también dormí bastante. Me levanté hace relativamente poco. Iba a ir a tomar el aire cuando apareciste tú.
Vulpix se rio y miró a su alrededor. Todo estaba en silencio, solo se oían algunos murmullos procedentes del comedor, donde estaban preparando el desayuno.
-¿Por qué nos habrán dejado dormir tanto? Ya han pasado como dos horas desde el alba…
-Creo que es porque ayer hicimos un buen trabajo y estamos agotados. Somos aprendices y acabamos de empezar, ese tute mata a cualquiera. –Dijo Grovyle con un gesto de disgusto fingido.
-Tú lo que eres es un quejica. –Respondió Vulpix, sacándole la lengua.
Ambos rieron y estuvieron un rato callados, mirando a ninguna parte.
-Gracias por lo del otro día. –Dijo Grovyle tras unos minutos en silencio.
Vulpix no pudo evitar ruborizarse levemente y sonrió.
-No fue nada, no me gusta la idea de que alguien del Pokégremio esté en peligro.
-No me refería precisamente a eso. Podrías haberme dado la baya directamente, aún podía masticar. Pero aún así, preferiste masticarla tú. ¿Por qué? –Preguntó Grovyle, mirándola, luego desvió la mirada.
Vulpix se ruborizó aún más e intentó que las palabras salieran de su boca.
-Yo… No sé… O sea… Estabas tan pálido que… Yo pensé que no podías tragártela tú solo. Era la que mejor me encontraba, y…
Grovyle le volvió a poner la pata en la cabeza.
-Pillado. No te preocupes. No voy a obligarte a hablar del tema de si no quieres. –Dijo, y le dedicó una sonrisa.
Vulpix suspiró levemente y sonrió.
Segundos después, Cyndaquil y Shinx salieron al patio también.
-Buenos días, chicos. –Dijo Cyndaquil en un susurro más o menos audible.- ¿Los demás aún duermen?
Grovyle y Vulpix asintieron.
Los recién llegados se sentaron junto a ellos y observaron a su alrededor.
-Tengo hambre. –Dijo Shinx al cabo de un minuto en el que todos se quedaron callados.
-Ya somos dos. –Respondió una voz desde la puerta del pasillo. Era Munchlax, que acaba de levantarse, y detrás de él venía Squirtle.
-Mentira, somos tres. –Dijo una tercera voz, que venía de Riolu, que se estaba desperezando en la puerta también.
Todos rieron.
-Parece que ya todos estamos en pie. –Comentó Vulpix.- ¿Y si entramos en el comedor? A lo mejor el desayuno ya está.
Todos asintieron y se dirigieron dentro. Grovyle abrió la puerta y vieron que la mesa ya estaba puesta, y que Chimecho y los suyos estaban poniendo la comida en ella.
-¡Buenos días, pequeños dormilones! –Dijo este en un animado gritillo.
Todos sonrieron y se sentaron a la mesa. Hora de desayunar y de empezar otra nueva aventura.
Todos estaban hablando alegremente. Menos dos Pokémon, que estaban sentados uno enfrente del otro, mirándose de una manera bastante… ¿cómo sería la palabra?... curiosa.
