3.-Kantei


-¿Está seguro? ¿Completamente seguro? Convenu. Merci pour ton temps –Isuzu cortó la llamada en el móvil, y miró preocupada a su jefa, que solo leyó el gesto para agachar la cabeza con abatimiento- No saben nada tampoco.

-…Mocoso de…

-¡Cariño! –Un gigantesco uniforme azul de comandante distrital entró de improviso y como una tromba en el despacho ministerial- Ya me enteré. ¿Sabes…?

La Primera Ministra de Japón, Su Excelencia Takeo Yamazaki, levantó la vista de la carpeta de su ordenado escritorio… y miró con tenebroso instinto asesino a su esposo, el Comandante Hiromi Yamazaki

. -¿Qué si sé? ¿Qué si sé? –Takeo se fue poniendo lentamente de pie con cada frase, sin quitar su apuñalante mirada de los ojos de su esposo, que con cada una de ellas, comenzaba a temer por su vida- ¡Eres el primero que debería saber, Hiromi Yamazaki! ¡También es tu hijo!

-…Pero…

-¿Te atreves a cuestionarte tu propio papel en esto? –Takeo estaba iracunda- Ambos decidimos que estaba bien que estudiase en La Sorbonne. Ambos estuvimos de acuerdo en que Kozue tenía la suficiente madurez para enfrentar un nuevo idioma y un nuevo desafío estudiantil fuera de casa ¡Y tú fuiste el primero en estar de acuerdo que eso le iba a permitir concentrarse en el estudio y no perder el tiempo tras las bragas, el alcohol o lo que sea que hagan los jóvenes para divertirse en Francia! ¡Lo Avalaste! Y ahora ese tonto o esta drogado, ebrio, o en un prostíbulo marroquí con una…

-…Cariño…

-¡Arrrgh! Para que sigo –Takeo se derrumbó sobre su butaca- No saben nada de él desde hace 30 horas por lo menos… Tú estabas hasta la gorra con lo de la toma de rehenes en tu distrito, y yo me encontré con tiempo para hacerle mi llamada semanal. No contestó en la residencia estudiantil, tampoco su móvil…

-…No es posible –Hiromi nunca fue más lacónico que en ese minuto- Quiere decir que entonces…

-No lo sé, Hiromi … -Lo cortó su mujer con voz apretada- Anoche estaba enfadada… hoy estoy asustada –Se giró hacia su primera ayudante, la siempre fiel y acertada Isuzu- ¿Ya los llamaste?

-Por supuesto. La Cuchilla de Doble Filo ya debe estar por llegar…

A nadie en ese despacho le extrañó en lo más mínimo un apodo tan prosaico como ese dentro de ese sanctasanctórum ministerial. Y es que la dupla más formidable de los últimos cincuenta años en materia de Seguridad Nacional se tenía bien ganado el curioso apelativo. A uno, en otro tiempo lo habían bautizado como "El Cuchilla Afilada". La otra, se ganó el honor de ser el peligroso contrafilo, pero en el pináculo mismo de la Comunidad de Inteligencia de su país. En ese preciso instante, extrañamente sonrientes y relajados, Shinobu y Kiichi Goto, Intendente General del Ministerio de Policía y Director General de la NNSA hicieron su entrada formal bajo las normas del protocolo a aquel ancho despacho que ante los nervios del matrimonio Yamazaki se sentía cada vez más pequeño.

-Primera Ministra… Si estamos aquí sin una crisis en real vista… Es probable que se le haya perdido algo ¿No es así?

-Cállate, Goto –Le espetó Shinobu sin ceremonias- Discúlpalo, Takeo. Una cosa que jamás he logrado moderar en Kiichi en todos estos años es su tendencia a abusar de su corrosivo sentido del humor.

-Mira, Shinobu –Takeo la miró a los ojos- Si me traen buenas noticias, podrían tratarme de "Puta" mientras lo hacen, y yo lo recibiría como una dádiva del cielo…

-No sería capaz de tanto –Shinobu se sonrojó a medias ante la brutal sinceridad de su gobernante- Pero lo que traemos… -Miró a Goto de perfil tan afiladamente que el aire se cortó a su paso- Son buenas noticias… Dile.

-De acuerdo, De acuerdo –Goto Tosió ligeramente y se acercó al gran escritorio- Anteayer me picaba horriblemente la cabeza. Shinobu, perdón, La Intendente Goto, sabe bien que muchas de mis corazonadas parten por ahí. Y dado que ninguno de los actuales expedientes en nuestro poder da para una cosa semejante, decidí darle un repaso a la seguridad familiar. Como primera medida, llamé a Cambrigde a Gomioka, para saber de él, y no fui capaz de encontrarlo. Sin perder la cabeza llamé a la sección de Seguridad Diplomática de Scotland Yard, pero estaba consciente que se tardarían en reaccionar, así que decidí mover mis contactos en MI5, a ver que me podían soltar. Y resulta que nuestro querido hijo había suspendido su Tesis, y había abandonado territorio británico hacía cosa de doce horas.

-¿Qué? –Los Yamazaki estaban casi sin habla- ¿Tu hijo también, Shinobu? Entonces esto es…

- Nada del otro mundo, Señoras… -Goto se volvió a aclarar la garganta- Salió en un vuelo de Londres a París. Gracias al Soplo oportuno de mis amigos de la DST se descubrió que permaneció apenas 24 horas en suelo francés, amparado en su pasaporte diplomático. Luego de eso, abordó un vuelo JAL con más escalas que un convento… Adivinen donde. Y, de paso, con quien…

Los Yamazaki se quedaron, en la práctica, completamente sin habla. Shinobu Sacó entonces de la carpeta que llevaba bajo el brazo derecho dos fotografías, que depositó sin mucha ceremonia sobre el escritorio.

-A pedido mío, la Sección de Seguridad aeroportuaria de la Police Nationale hizo la búsqueda de cámaras necesaria en el Charles de Gaulle… y ahí están los dos papanatas de nuestros hijos… tomando un vuelo al alcance de sus estrujadas mesadas a…

-¿T… Tokio? –Hiromi tartajeó miserablemente al decirlo- ¿Vienen a Tokio?

-Así será mejor… -Takeo juntó las manos diabólicamente frente a su rostro- Me costará menos colgarlo de los…

-…Cariño…

-¿Y qué quieres que haga, eh? –Muy molesta, Takeo se volvió hacia su esposo- ¡Me ha metido un susto de muerte! ¡Lo menos que merece es que lo ponga a bailar descalzo sobre una cama de clavos! –Su mirada se volvió aún más dura- Hiromi, quiero que muevas tus contactos en la cadena de mando. Te estoy ordenando que, ipso facto, seguridad aeroportuaria los arreste en cuanto los vea, con toda la parafernalia posible de acuerdo a lo que permite la ley… Y que los traigan a ambos, no importa la hora o qué esté haciendo yo, directamente al Kantei.

-Creo, en todo caso, Primera Ministra, que el castigo que eligieron por su propia cuenta, ya es sobradamente suficiente –Agregó Goto, apenas un paso por detrás de su esposa- Y lo mejor de todo es que solitos se pusieron a ello…

-¿Qué? –Tanto Shinobu como Takeo soltaron la sorpresa como si se tratara de gemelas- ¿Qué estas tratando de decir, Goto?

-…Esto…

Sin gesto alguno en el rostro, y sin perder su posición tras Shinobu, Goto casi arrojó sobre el escritorio dos Archivos personales. Unos muy especiales que todos los que estaban ahí presentes conocían muy bien. Mientras Tanto Takeo como Shinobu ponían los ojos como platos, silenciosamente, a espaldas de sus propias esposas, Tanto Hiromi como Kiichi se guiñaron discretamente los ojos, mientras sus manos dibujaban un encubierto pero jubiloso signo afirmativo.