Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn No me pertenece, sino a Akira Amano.

Aclaración: en este capitulo las edades están así:

-Yui: 20

-Hibari: 20

Yui la salvaje.

En una ciudad de África existía una familia mafiosa muy extraña, pues hacia experimentos con cualquier cosa, y en esta familia me encontraba yo, una niña que lo pasaba muy mal. Esta familia me había adoptado, y era una familia muy pequeña, por ende yo era usada como conejillo de indias, mi nombre era muy fácil, me llamo Yui Minamoto.

Yo viví en un orfanato, llegue allí a los 7 años de edad, por alguna razón no recuerdo nada antes de mi llegada al orfanato, pero nunca le presté importancia, el día que cumplí 10 años la familia me adoptó, pues en la entrevista inspeccionaron todo, y recalco TODO mi cuerpo, y, por lo que llegué a oír, mi cuerpo era muy fuerte y resistente, perfecta para sus investigaciones y experimentos. Me llevaron a mi nuevo "hogar", y me llevaron a unas habitaciones gigantes, de unas 16 hectáreas a la redonda aproximadamente, que adentro tenían diferentes climas y ambientes, me hicieron elegir una y yo elegí la habitación de la sabana Africana. Me lanzaron con fuerza hacia la inmensidad de la habitación y me encerraron, dejando una nota que decía: "la habitación grande es para que crezcas libre, pero sola para que aprendas a vivir sin ser tomada en cuenta", y solo me llamaban para experimentar conmigo. Tan sola estaba que, para no deprimirme, adopté un pequeño koala que, extrañamente, era el único ser vivo que estaba aquí encerrado conmigo.

El primer experimento que hicieron con mi cuerpo fue el peor a mi parecer, porque, sin anestesia ni ningún calmante muscular me quitaron mi ojo derecho, que por cierto era de un bello color fucsia brillante, y luego de un buen rato en el que sufrí muchísimo, me implantaron en su lugar un ojo color azul cielo. Mi ojo lo usaron para jugar billar, hasta que descubrieron que algunas de mis células podían conducir la electricidad, como consecuencia de su descubrimiento me quitaron todas esas escasas células para sus experimentos. Luego de que me las quitaran mi cuerpo pasó por unos cambios rápidos y repentinos, solo imagínense el tener un cabello hermosamente liso y color chocolate, y que al despertar al día siguiente esté completamente ondulado y sea de un color blanco cegador. Pasé por una revisión de ADN para que mi familia se cerciorara de que yo no era una persona diferente.

Al pasar los años me dejaron un poco más en paz, ya no hacían tantos experimentos, incluso me empezaron a entrenar para luchar con una bazooka, pero, al cumplir los 18 años, el infierno volvió en todo su esplendor, pues una nota llegó a mi habitación, su contenido era muy simple: "eres mayor de edad, ya no tendremos remordimientos al experimentar contigo". Dos años los pasé sufriendo cada segundo, hasta que un día, que recordaré todo el tiempo que viva, me llamaron, al parecer me cambiarían las extremidades por unas mecánicas, para hacer quien-sabe-que-cosa con las mías. Lo único que puedo recordar con claridad es que, en el momento que me pusieron la anestesia, llegó un chico de mi edad a la sala, sacó unas tonfas de quien-sabe-donde, noqueo a todos, me liberó y caí dormida. Al despertar del estado de inconsciencia en el que estaba, desperté en este lugar, la mansión Vongola.

-¿Eso es todo, Yui-chan?-dijo un peli castaño sentado al frente mío.

-Si, todo lo que yo recuerdo, Tsunayoshi-kun.

-Muy bien.

Se dio media vuelta y se dirigió a uno de los que parecen ser sus subordinados, y llamaron al chico que me salvó. Este le dijo a Tsunayoshi la misma historia pero relatada desde su punto de vista, luego me llamaron.

-Yui- me dijo el peli castaño- te haremos una pequeña prueba para saber cuan fuerte eres, ¿Estas de acuerdo?

-Si.

Me pusieron un anillo, eso me resultó un poco extraño, pero lo mas extraño fue que, al rozar mi piel, el anillo explotó, dejando un rastro de flamas color de morado, eso me dejo con un sentimiento que puedo describir entre terror y ansiedad.

-Wao-dijo el chico que me rescató- sígueme.

Me tomó del brazo y me llevó por unos pasillos largos, hasta que llegamos a un cuarto amplio, muy limpio y ordenado, que al parecer le pertenecía a ese chico.

-¿Cómo te llamas?- le dije.

-Kyoya Hibari, toma-me entregó una cajita de madera de alerce. Al abrirla me encontré con un montón de anillos separados en diferentes compartimientos.

-Gracias por salvarme, y por los anillos.

-Ahora eres de mi propiedad-dijo Hibari sin ningún titubeo, e hizo que mi cara que nunca se había sonrojado, lo hiciera por primera vez, creo que fue por el hecho de que alguien al fin se fijara en mi, y no para experimentar.

-B-bien-fue lo único que mis labios pudieron articular. Luego de eso simplemente me besó y fuimos de vuelta donde el décimo Vongola. Cuando llegamos me asignó una habitación que, extrañamente, quedaba en el mismo sector que la de Hibari y me retiré a descansar.

-Herbívoro-oí decir a Hibari- ella será parte de la CEDEF a penas yo llegue al mando de esta organización.

-Bien, pero no la expongas mucho al peligro, pues ella tiene un misterio que debemos resolver, mi intuición me dice que de eso dependerán muchas cosas. Ahora estará bajo tu cuidado.

Hibari salió y se fue a su habitación pero yo me quedé allí pues escuche a Tsuna decir algo extraño.

-Ahora veré el tema de que llegó otra chica a la rama tecnológica. Últimamente van llegando solo mujeres a Vongola.

Continuara…