Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn No me pertenece, sino a Akira Amano.

Aclaración: en este capitulo las edades están así:

-Gokudera: 16

-Mei: 16

No tan cerca de los Vongola, existía una isla, y en esta un reino. El reino era gobernado por un rey muy justo, comprensivo y amable, y este rey tenía una hija. La joven se llamaba Satsuki Mei de 16 años de edad y vivía muy contenta, porque si se le antojaba algo su padre se lo daba de inmediato. Eran tales sus caprichos que pedía lo que se le cruzara por delante, imagínense que pidió un caballo, un campo para pasear con el, y que el campo tuviera lago para refrescarse, y cuando era satisfecha se daba aires de superioridad, así que en el pueblo la apodaron "la princesa pretenciosa". A ella le gustaban dos cosas, entrenar con la espada de su tatara abuelo y dibujar el hombre que soñaba encontrar para que lucharan.

Un día su padre estaba buscando una carta en la habitación de Mei, y por casualidad encontró un dibujo de los que había hecho Mei, y ese chico ahí plasmado se parecía mucho a un conocido que tenía. Se resignó a su búsqueda y volvió a dejar el dibujo ahí donde lo encontró, pero no pasó por alto ese detalle del dibujo.

Al tiempo después sobrevino una escasez a su reino, y toda la población o falleció o inmigró hacia otros países. Ante esta situación Mei y su padre tuvieron que irse de la isla, dejando atrás todo lo que no necesitaban, y como no sabían a donde ir, el padre se acordó del dibujo y llamó por su móvil a su conocido, diciéndole que lo irían a ver el y su hija. Se pusieron en marcha hacia Italia, y llegaron al día siguiente. El ex rey le entregó a su hija un poco de dinero, para que se comprara un poco de ropa, y ella obediente aceptó. Recorrió la ciudad y de pronto escucho una explosión, fue apresuradamente hacia el origen del sonido y se encontró con un joven al que no podía verle la cara lanzando explosivos a un niño de 7 años con traje de vaca.

-¡Oye tu!-gritó Mei-deja a ese pobre niño vaca en paz-el joven se giró y Mei, al verlo quedó pasmada, pues si no fuera porque este chico tenía los ojos verdes,sería el chico de su imaginación.

-¿Quien eres para decirme que hacer, mujer estúpida?- le dijo groseramente- y tu, Lambo, para de fastidiar que tengo que ir a recibir a un conocido y a su hija.

-Oye, yuju, estoy aquí...-trató de hacerse escuchar Mei, pero al ver que la ignoraban olímpicamente gritó-¡pongan atención en mi,soy una princesa, carajo!-y sacó la espada de su tatara abuelo, apuntando firmemente a Gokudera.

-baja esa espada, puede ser peligrosa para niñatas como tu-dijo Gokudera, haciendo enojar a Mei, que le hizo caso y bajo su espada, pero luego le golpeó los tobillos con el lado sin filo-¡ay!, me lo pagarás mujer estúpida.

-Cállate, esa no es forma de referirse a una princesa.

-Princesas serán mis polainas, tu tienes de princesa lo que yo de paciente con el idiota del baseball.

Luego de estas palabras, que extrañamente ofendieron a Mei, comenzó una pelea, que por culpa de Lambo Gokudera perdió, quedando tirado en el suelo con explosivos encendidos a su alrededor, que Mei apagó con su espada. De pronto llegó el padre de Mei, que había visto toda la pelea, y reprendió severamente a Mei, luego se disculpó con Gokudera y lo saludó feliz.

-Gokudera-kun, esta es mi hija, Mei, preséntate.

-Si padre, me llamo Satsuki Mei, un placer conocerte Gokudera Hayato-kun.

-También es un gusto conocerte Satsuki Mei-san.

-Ay chicos,no sean tan formales, ella es Mei y el es Gokudera, ¿está bien?

-Muy bien-dijeron ambos chicos a la vez.

Gokudera los guió hacia la mansión mientras charlaba con el padre de Mei, hasta que llegaron a un tema simplemente importante.

-¿De verdad ella es tu hija? No se parecen en nada-dijo Gokudera.

-Es cierto, no es mi hija, yo la adopté del orfanato Sorelle.

-Oh, yo lo siento por tocar un tema así, pero ese orfanato me suena de algo-dijo, y luego se dirigió a la chica-¿conoces a Hikari, Mika, Yui y Sakura?

-Si, ¿que te pasó con mis amigas de la infancia?

-Nada, solo que ellas están involucradas en la mafia Vongola y yo se donde están, pero nada.

-Kyaaaaa, llévame donde ellas, ¿si?-preguntó usando sus ojos multicolor, cerrando uno de manera provocativa y a la vez tierna como arma para convencerlo.

-B-bien-dijo sonrojado, al parecer el arma de la chica había hecho efecto.

Entraron a los terrenos de la mansión, pero para cuando llegaron solo estaban Hikari y Mika.

-Hika-chan, Mika-chan-dijo la princesa con lagrimas en los ojos- Hace diez años ya y no han cambiado-dijo derramando lagrimas al ver la cara de alegria de sus amigas- no sean débiles plebeyas, no vayan a llorar por mi-dijo las palabras que dijo antes de despedirse.

-Mei, hablas igual que el príncipe que me salvó-dijo Mika llorando.

-Parece que los de la realeza hablamos igual... Chicas, las extrañé.

Charlaron llorando, riendo y jugando como cuando tenían 3, 4 y 6 años respectivamente. De pronto apareció Yui diciendo que se le olvidó decirle algo a Mika, y se quedó allí charlando con las chicas. Las chicas le contaron a Mei que cada una tenía novio, pero le fueron mostrando fotos de varios chicos de Vongola, y ella acertó todos sin saberlo, incluso los novios futuros de sus amigas faltantes, pero no tenía ni idea de eso.

Su padre y ella fueron alojados por los Vongola, hasta que encontraran donde vivir. Pasaron los días y Mei se fue adaptando cada vez más a los guardianes que era como si siempre hubiera estado con ellos, pero siempre llevaba una carga en su pecho, pues se estaba enamorando del peli plata de sus sueños y lamentaba el comportamiento que tubo la primera vez que se vieron, mientras que Gokudera se lamentaba todos los insultos proferidos hacia la princesa que reinaba sus pensamientos, pero ninguno admitiría su error, por eso eran tan compatibles, además ella no era la única que tenía una relación muy estrecha con uno de los guardianes, Tsuna llegó los días siguientes con otra chica del orfanato Sorelle, pero esta tenía una historia muy diferente.

Continuará...