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Japón. Veinte años atrás.
El servicio fúnebre había terminado. Ante el cajón en el cementerio, solo quedaba un hombre. Físicamente era bastante parecido al difunto. Con toda la tristeza del mundo pero a su vez, con todo el odio que era capaz de sentir, Oroku Saki le habló a su hermano.
-Nagi… Juro por nuestros ancestros que tu muerte será vengada. ¡Encontraré a tu asesino y le haré pagar por esto!
Saki depositó una flor sobre el ataúd. Iba a irse cuando alguien apareció a su lado; un hombre vestido con gabardina negra y lentes oscuros.
-Oroku Saki – dijo el extraño.
-¿Quién es usted? – preguntó Saki, sobresaltado. No lo había oído llegar.
-Mi nombre no importa. Represento al Clan al que pertenecía tu hermano… Nosotros sabemos quién le mató y queremos ayudarte a vengarlo.
-¿A cambio de qué?
-De que entrenes con nosotros y sirvas a nuestros propósitos. Tu hermano era uno de nuestros mejores hombres. Su perdida es invaluable para nosotros y su muerte una deshonrosa mancha. Si aceptas ocupar su lugar en nuestro Clan, te aseguramos que no solo podrás vengar a Nagi, sino que también podrás convertirte en el guerrero más poderoso de todos. ¿Qué dices? ¿Cuál es tu respuesta?
-¿Por qué haces una pregunta que ya tiene su respuesta? ¡Considérenme adentro!
El extraño sonrió.
-Bienvenido al Clan del Pie.
Nueva York. Época actual.
-Oroku Saki juró que vengaría la muerte de su hermano a como de lugar. El Pie se aprovechó de esto para reclutarlo – dijo Splinter a sus tortugas – Saki empezó entonces un intensivo entrenamiento en las Artes Ninja y en los años siguientes, incluso, sobrepasó a sus maestros. En todos esos años, su odio hacia Yoshi aumentó de manera profunda y amarga.
Splinter calló de nuevo. Con una peluda y temblorosa mano, encendió una vela. Las Tortugas Ninja aguardaron a que su Sensei completara su historia.
-…Y así llegó el momento más trascendental de su existencia – continuo el Maestro – El momento de comparecer ante los lideres del Clan…
El salón estaba iluminado por antorchas. Eran ocho las figuras enfundadas en negros trajes de ninja sentados a su alrededor, en circulo. Cerca, sobre una pared, colgaba una bandera con el emblema del Clan.
-Oroku Saki – dijo el líder del grupo – Te probaste a ti mismo en todo estos años de entrenamiento. Eres nuestro mejor asesino y un líder muy capaz. ¡Por lo tanto te hemos elegido para ir a Norteamérica y comandar la rama del Pie en Nueva York!
Saki agachó la cabeza, aceptando su destino. El esfuerzo había valido la pena. ¡Ahora sí podría vengar la muerte de su hermano!
-Ponte de pie – le ordenó otro de los líderes del Clan. Oroku obedeció. Otra figura encapuchada se acercó. Venia trayendo sobre sus manos un casco con una mascara de metal, muy similar a la que usaban los guerreros Samurai. Se lo entregó a Saki.
-A partir de éste momento, todo mundo te temerá y tu nuevo nombre será… ¡EL DESTRUCTOR!
Saki se puso la mascara y el casco. Solo sus ojos podían verse tras ambos. Eran unos ojos que brillaban inflamados con todo el odio del mundo.
Nueva York. Época actual.
-Bajo el liderazgo de Saki, el Pie de Norteamérica pronto estuvo involucrado en muchas actividades criminales: contrabando de drogas, trafico de armas, lavado de dinero… y su especialidad, asesinatos. Saki, quien ahora hacía llamarse "El Destructor" era exitoso en sus negocios pero no estaba satisfecho – Splinter suspiró – En su corazón ardía odio hacia Hamato Yoshi y su esposa, Thag Shen.
-¿Pudo encontrarlos? – aventuró a preguntar Raphael.
-Sí. Lo hizo una noche hace aproximadamente quince años. La recuerdo bastante bien, porque fue la noche en que todo cambiaria para siempre, tanto en mi vida como en la de mi maestro Yoshi…
