Renuncia: Hetalia no me pertenece.
Capitulo 8. Violín
Los miraba desde lejos, de arriba abajo, como buscándoles algún defecto. Roderich era un hombre que poco se deja impresionar por las apariencias y por sentimentalismos baratos. Por ello mismo, no aseguraba que ese par de niñatos fueran a dar a su casa y con su esposa.
–¿Está segura de que son ellos?– pregunto el castaño por enésima vez, esos niños no se parecían en absolutamente nada a Elizabetha… salvo quizás los ojos… y el color del cabello… nada más.
–Se lo aseguro señor Edelstein– la mujer del orfanato no perdía la calma, había tratado con personas más cabezotas y además, tantos años tratando niños habían hecho que su paciencia se volviera infinita. –Los parientes más próximos eran usted y su esposa…– la mirada casi violeta del castaño se hizo más dura – ¿o me va a negar que la señora Elizabetha no era sobrina de la señora Alice [1]?– la mirada se le suavizo un poco
–Eso no implica que también tenga que hacerme cargo del otro crio– tal vez la chiquilla era su responsabilidad, el otro no.
–Quizá tenga razón señor Edelstein– replico la mujer con vehemencia –pero…– continuo –a pesar de todo los chicos son primos, y de alguna manera no tan directa el pequeño también es su familia y por lo tanto su responsabilidad.
Roderich los miro de nuevo… no quería equivocarse y mucho menos con algo tan importante. Tendría que hablar con Elizabetha muy seriamente.
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–Y así las cosas…– suspiro finalmente el castaño de lentes tomando un poco de té.
Elizabetha se levanto de su lugar. No podía mantenerse quieta después de lo que había oído.
La noticia de la repentina muerte de sus tíos en aquel accidente verdaderamente la afecto, no lo podía negar… eran su única familia. Pero de repente encontrarse con que había dos niños de por medio era otra cosa.
Por mucho tiempo ella y Roderich habían buscado mil y un formas para poder concebir y tener familia propia, más nunca lo lograron hasta el punto de desistir finalmente de ello. Ahora que se les daba la oportunidad de tener esa "familia propia", el problema recaía en que no se sentía capaz de llevar semejante responsabilidad a cuestas.
Los niños ya estaban grandes, nueve la niña y doce el niño. No era fácil que se adaptaran a nuevos cambios, modos y reglas… valla, que ella ya no los podría "moldear" al gusto de ambos.
Realmente a lo que le tenía miedo era al rechazo de ambos pequeños, porque siendo sinceros, jamás fue una pariente muy activa… quizás los niños solo la conocieran a través de fotografías, o tal vez ni eso y solo fuera una total y reverenda desconocida.
Se acerco a la ventana de su cuarto de hotel, mirando distraídamente el paisaje y constante el ir y venir de las personas que pasaban. El cristal de la ventana se obstinaba en empañarse con el aliento cálido de Elizabetha; empezaba a hacer frio. Y seguramente en casa lo estará más… probablemente hasta cayera nieve.
Y… y estaban muy próximas las fiestas decembrinas. No quería ni tenía el corazón para permitir que los niños estuviesen solos en ese feo lugar, tan triste y frio. ¡No! Mientras ella estuviese ahí no permitiría que nada les pasase a los niños… ¡ellos merecían una familia!
–Rode…– la voz de la chica sonó firme, convencida –mañana iremos al orfanato por los niños, y los llevaremos a Austria… seremos una familia.
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–De verdad, agradezco tanto que se hagan cargo de los pequeños– sonrió la mujer del orfanato totalmente complacida de ver al joven matrimonio
–No tiene nada que agradecer– Elizabetha apretó un poco más el agarre de su mano en el brazo de Roderich –…creo que es lo menos que se puede hacer en estos casos –sonrió.
–¿Quieren ver a los niños?– preguntó la mujer del orfanato. Los otros dos asintieron con la cabeza.
El camino de la dirección hasta la llamada "sala común" donde pasaban la mayor parte del día los chicos, constaba de un pasillo no muy largo con amplios ventanales que daban a un jardín con grandes árboles que comenzaban a perder sus hojas, y la hojarasca tapizaba el suelo. Elizabetha no se fijaba en eso… su mente divagaba en otras cosas, como por ejemplo, que les iba a decir a esos niños cuando los viera.
Se abrió la puerta de la sala común, aproximadamente quince niños de edades variadas jugaban con lo que tenían a la mano o se limitaban a echarse en el suelo para colorear algún cuadernillo de dibujos. Pero había dos pequeños, que ajenos a los demás parecían más entretenidos en ver a través de la ventana tomados de la mano.
Viéndolos de ese modo parecían tan tranquilos, inofensivos, vulnerables…
Una mano invisible estrujo el corazón de Elizabetha. Ahora mirando a esos niños se sentía incapaz de rechazarlos, todas sus dudas se disiparon de repente. Y tomando la iniciativa se acerco a ellos. Al niño le acaricio la cabeza y a la niña la abrazo por los hombros
–Así que tu eres Heracles y tu Chiara, ¿verdad?
Ambos se sobresaltaron y giraron a ver a la dueña de esa voz encontrándose con unos grandes y vivaces ojos verdes.
–¿Quién eres tú?– pregunto el pequeño Heracles
–Me llamo Elizabetha… pero pueden decirme Eli. Y Alice era mi tía– Chiara abrió un poco más los ojos pero se mantenía callada
–¿La tía Alice era tu tía?– volvió a preguntar Heracles. Elizabetha asintió con la cabeza
–Sí, y tengo entendido que era prima de tu mamá ¿verdad?– el niño asintió –Saben… me gustaría que vinieran a vivir conmigo.
Chiara volvió a girar el rostro hacia la ventana apretando un poco el agarre de su mano. Heracles bajo la mirada.
–¿Qué pasa? ¿Es que no quieren?– ninguno de los niños respondía. Los nervios se comenzaban a apoderar de Elizabetha –B-bueno, tal vez quieran pensarlo un poco– Heracles giro a ver a su prima y luego a Eli, y nuevamente a Chiara para ver si reaccionaba, pero la niña parecía perdida mirando a algún punto perdido del paisaje.
Roderich veía todo a una distancia prudente y a leguas se veía que su esposa ya no podía manejar la situación ella sola.
–Si te están convenciendo para que todos nos que demos a vivir aquí eso es inaceptable– dijo mirando a Elizabetha acercándose a paso lento hacia ella, luego miro a los niños –Sera mejor que vallan por sus cosas, quiero llegar a Austria antes de que empiece a nevar… además yo solo no puedo con los adornos de Navidad.
Chiara giro lentamente la cabeza hasta ver completamente al dueño de la voz. Era un hombre bastante intimidante, no se parecía en nada a su papá… pero tampoco parecía malo. Pero a pesar del semblante tan extraño de ese hombre, sus ojos decían otra cosa.
Y por supuesto que no quería pasar la Navidad en un orfanatorio, ¿y si Santa no llegaba a esos lugares?, ¿y si no les daba regalos a los niños sin papás?
–¿E-en tu casa cae nieve?– se aventuró a preguntar Chiara. Roderich sonrió levemente
–Cada año.
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Era verdad que los primeros meses de la convivencia no fue la mejor, en cierto momento, Roderich tuvo la tentación de regresarlos al orfanato y que allí se encargaran de los críos. Pero siendo realistas, él también se hubiera comportado igual de haber perdido de un día para otro a sus padres. Aunque de algún modo las primeras reacciones de los chiquillos les preocupaban tanto a él como a Elizabetha. Ambos críos eran un poco recelosos al momento de convivir y hablar. Uno hablaba poco y la otra parecía muda. Valla par.
Y el hecho de que en Navidad después de abrir los regalos ambos niños se largaran a llorar le había colmado la paciencia. ¡Que eran unos chiquillos mal agradecidos e indecentes! Pero él mismo se encargaría de decirles la verdad a ambos sobre el hombre de traje rojo con sobrepeso.
–¿No les ha gastado los regalos que les trajo Santa?– cuestiono Elizabetha en un tono suave, calmado. Definitivamente Eli no tenía que ser tan condescendiente con los críos esos.
Entre hipidos y sollozos ambos niños asintieron con la cabeza dando a entender que lo que les trajo el sujeto de traje rojo si había sido de su agrado. Eso llamo poderosamente la atención de Roderich, puesto que para él los niños son un completo misterio.
–¿Entonces por que lloran?– Definitivamente era una lástima no haber tenido hijos propios… Lizzy hubiera sido una excelente madre.
–Q-quiero a-a m-i mamá– valla, la muda hablo. Aunque sinceramente eso le relajo sobremanera y al mismo tiempo le pareció… tierno… y muy triste.
Elizabetha simplemente se dedico a abrazarlos y trato de calmarlos un poco, pero tampoco iba a negar que los berridos le empezaban a aponer mal… pero eso era algo irrelevante en esos momentos.
Si algo le había enseñado su propia y "aristocrática" vida, como solía burlarse Lizzy, es que la música siempre le relajaba, le despejaba la mente y hasta le ponía de buenas; y aprovechando que el árbol y los regalos estaban en el mismo espacio que el piano no dudo en tocar alguna melodía, quizás un fragmento de la Polonesa no estaría de más…
Los berridos de los chiquillos empezaban a menguar a tal punto que el único sonido presente eran las teclas del piano y las casis inaudibles respiraciones de los presentes.
Chiara era la que más atenta estaba a los movimientos que hacia Roderich, miraba fascinada como los dedos del adulto parecían bailar sobre el teclado. Poco a poco se fue separando del abrazo de Eli acercándose a donde el castaño, como hipnotizada. Una pequeña y casi imperceptible sonrisa apareció en el rostro del ojivioleta.
Cuando dio por finalizado el mini concierto, miro fijamente a Chiara.
–No me gusta que estés ahí de pie– Chiara parecía un poco asustada con la reacción del adulto –la música se debe disfrutar desde un lugar cómodo– dejo un espacio en el banquillo donde él estaba sentado indicándole a la niña que se sentara junto a él.
De manera bastante tímida se acerco a Roderich sentándose a su vera. Nuevamente el castaño comenzó a tocar una melodía más alegre y fuera de temporada… no tenía sentido tocar la primavera de Vivaldi en pleno invierno. Chiara entonces tuvo la oportunidad de ver más de cerca como se producía esa magia musical.
Elizabetha parecía tan complacida y feliz. Jamás en sus más locos sueños pensó que Rode fuera tan tierno y lindo con los niños, claro, a su extraña manera. Giro a ver a Heracles que también se veía como ido viendo a su prima, Eli acerco su boca al nivel del oído del niño.
–¿A ti no te gusta la música?– le susurro muy bajito tratando de no interrumpir a su esposo. Heracles movió la cabeza como dando a entender que si pero no mucho. Elizabetha se limito a sonreír y abrazarlo con fuerza.
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Una de dos, o Roderich tenía muy olvidada su infancia o jamás fue niño… aunque la ultima de por si era perturbadora pues era imposible que naciera de esa edad y estatura, valla, que dolores le hubiera ocasionado a su pobre madre al momento de nacer…
El punto es que no recordaba que lo niños fueran tan ruidosos, aunque debía admitirlo, desde que ese par entraron a su vida hace poco más de tres años le había mejorado el humor y había entrado un poco más de alegría a su casa y a su matrimonio.
Aunque el hecho de que la "muda" se convirtiera en una extraña versión de Scarface[2] y el "casi mudo" le diera por filosofar mientras leía a Sherlok, le hacía plantarse que es lo que estaba haciendo mal... pero la verdad es que no se arrepentía. Chiara había demostrado tener un gran talento musical, sobre todo con el violín, le auguraba un buen futuro a pesar de solo tener doce años.
En cuanto a Heracles, tenía que aceptar que aunque parecía un vago a toda ley, era listo de una manera escalofriante, además de observador, solo le daba a pensar tres cosas el futuro del chico: terminaría de profesor de filosofía, de vago o en una oficina de objetos perdidos
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Si a Elizabetha, hace poco más de veinte años le hubieran dicho que Heracles iba a terminar en un puesto algo importante de la policía y que Chiara acabaría comprometida con un sujeto extraño que trabaja como acople en la producción del teatro que nada tenía que ver con el chico turco con el que salía, le hubiera encantado hacer una apuesta con Rode... esa cara de frustración por parte de su marido le hubiera fascinado... Más sinceramente jamás imaginó que sus niños terminarían así.
Creyó que Chiara preferiría la música por encima de todo y que Heracles terminaría filosofando en algún café... que vueltas da la vida sin duda alguna.
Aunque de alguna manera le preocupaban sus niños, lo que realmente le ponía mal era el hecho de que a Rode le habían diagnosticado Parkinson [3] hace algunos meses. Los médicos le comentaron que si hacía ciertos ejercicios, tomaba su medicamento y continuaba realizando sus actividades cotidianas como siempre, evitaría muchos problemas con su espalda... aunque el temblor en las manos era otra historia...
Les afecto bastante a ambos esa terrible noticia, sobre todo a él... su música, su piano... eso era lo que más le dolía. Habían evitado lo más posible decirles algo a los chicos, bastante ocupados estaban con sus cosas como para preocuparles por algo que ya no tenía solución, solo era algo con lo que debían convivir y a aceptar a sus sesenta y dos años... ya se sentía vieja.
Pero eso no era relevante en esos momentos, lo importante es que sus niños estarían con ellos pronto, aunque sea en una vista corta. Sería un buen momento para recordar viejos tiempos y cuando viera que era el momento oportuno les soltaría lo de Rode.
Suspiró. Ya era de noche y estaba cansada, había sido un día muy agotador pero le alegraba pensar que al día siguiente brillaría el sol
Sin duda alguna el día era adorable, el sol brillaba y el calor no era agotador como en días anteriores, sin duda alguna el clima había puesto a Rode de buen humor que se animo a poner en el reproductor de Cd's algo de Chopin... Su marido era todo un caso.
Llamaron a la puerta, ¿no era muy temprano para las visitas? Caminó a pauso pausado, sin prisas. Al abrir se encontró con un par de ojos olivas que no esperaba ver hasta dentro de un par de meses más.
–¡Heracles, cariño! Que sorpresa, pasa...– el chico parecía serio, ni siquiera le sonrió. Hasta pareciese que no quería estar ahí, esa actitud le alarmo a Elizabetha. –¿Todo bien cariño? Te veo extraño.
Heracles se mantenía en silencio, pasó al salón donde Roderich se encontraba descansando en el sofá, luchando por no tratar de menear tanto el periódico. Cabe decir que igual le sorprendió que el crio estuviera ahí. Lizzy entro a la estancia un poco después que el chico sentándose a la vera de su marido.
–Yo...– trató de empezar a hablar Heracles, jamás en su carrera se sintió tan mal cuando de dar esas noticias se trataba... No podía permanecer de pie, tomó asiento en el sillón de una plaza fijando su vista en la alfombra.
–Se supone, que lo primero que se tiene que hacer cuando se entra a un lugar con personas que hace mucho tiempo no ves es saludar, indecente.– le riño Roderich como cuando era un niño. Pero aun con eso, Heracles parecía no reaccionar. En momentos normales se hubiera puesto a divagar sobre lo que significaba saludar y las costumbres y todo eso, para que finalmente les hubiera empezado a hablar de sus gatos...
Tanto Elizabetha como Roderich parecieron notar la extraña actitud del joven, eso los inquieto sobre manera.
–Heracles– le llamó Eli –pensé que tu y Chiara vendrían juntos, de hecho no los esperábamos tan pronto. O es que...– ni siquiera la dejo terminar de hablar cuando ya se le había lanzado a los brazos, arrodillándose junto a ella como cuando era niño.
–Chiara tuvo un accidente...– la estrecho más fuerte, trataba de controlar sus lagrimas...no pudo –...ella ha muerto...
...Elizabetha se quería morir...
...El mundo de Roderich se hizo pedazos...
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–Me dio tanto gusto oír tu voz... de verdad deberías hablar más seguido– se oyó la dulce voz de Eli del otro lado de la línea
–No te preocupes, trataré de ser un poco más responsable– una risa mal disimulada se escuchó por el auricular
–Dile a ese indecente que jamás será responsable– esa era la voz de Roderich
–Eli, ¿tienes puesto el altavoz?
–Sí, siempre que llamas lo pongo...
–Oye Rode, ¿y ya aprendiste a tocar las maracas, o te falta practica?– Heracles sonrió con malicia
–¡Idiota! No tienes porque faltarme así al respeto. Crio indecente– se oyó un portazo
–Cielo, no deberías de hablarle así de "ese" tema, ya sabes como es.
–Eso se llama "demencia senil"– rio entre dientes, no había sido bueno convivir tanto tiempo con ella –pero en serio, llamaré un poco más seguido. He estado un poco ocupado con un caso que me traía loco... pero creo que ya no habrá problema– Elizabetha reía
–Eres imposible...– un silencio se apodero de la conversación y fue la misma Eli quien lo rompió –y... ¿como esta?
–La fuimos a ver hace poco... el lugar es lindo y todo está en orden
–...Me gustaría ir a verla...
–Cuando quieras
–En fin... Te tengo que dejarte cariño, hay mucho que hacer y tengo que llevar a Rode a sus terapias
–Descuida Eli, te llamo luego. Recuerdos a Rode– se oyó una risilla
–De tu parte... Adiós– el castaño estaba a punto de colgar pero la voz de Elizabetha le detuvo –¡Heracles!
–¿Si?
–Por favor... no dejes de llamar ¿de acuerdo?
–De acuerdo– sonrió.
[1] Nombre que encontré para NyoItalia
[2]Es una película de allá por los 80´s en el que Tony Montana es un bastardillo de un carácter bastante peculiar y bueno, si alguien se anima a verla van a entender la referencia además que es muy buena peli.
[3] La enfermedad de Parkinson consiste en un desorden crónico y degenerativo de una de las partes del cerebro que controla el sistema motor y se manifiesta con una pérdida progresiva de la capacidad de coordinar los movimientos. Se produce cuando las células nerviosas de la sustancia negra del mesencéfalo, área cerebral que controla el movimiento, mueren o sufren algún deterioro. Normalmente las personas que padecen este mal tienden a encorvarse y su cuerpo por ende se inclina hacia adelante.
Chibi Neko–chan:
Te detesto…
….
….
Ok, no… pero tienes razón es horrible esa sensación y waaa *se le avienta y se restriega contra ella* te prometo que no volverá a pasar pero no desaparezcas de mi vida!
De acuerdo… espero que eso no se repita… Oye, no trato tan mal a Toño… bueno si un poco, pero casi hasta patearle las bolas eso me parece demasiado, y claro que habrá espamanidad en tu sistema, solo aguanta.
Y bueno, la verdad es que Emma no es tan masoquista como para no darse cuenta de lo que está pasando, solo no es fácil de aceptarlo, ya verás que para ella mejoraran las cosas XD
Ya te dije que procurare ser buna ficker y no tardar eternidades, ya bastante tuve con tu castigo. En fin, saludos y gracias por comentar (n0n)/
¡Mis pequeños y dulces irkens! bien que les pareció este capi? Saben, me agrado el hecho de haber metido en el capi 4 una especie de flashback y pensé que sería bueno llevar este ritmo en todo el fic, así que cada cuatro capítulos aparecerá algo del pasado...
Pero a que nadie había pensado en Rode y Eli? Yo en mi particular head canon pienso que Eli seria, en faceta maternal alguien muy dulce, aunque eso no le quita que para otras cosas sea una mala bestia.
En fin, muchas gracias por seguir este fic, y gracias a los que le dan fav, follow o comentan son una lindura *W*
Ya en el siguiente capi continuamos con la historia lineal. Total, la pregunta de siempre: ¿Merece review?
Recuerden que el amor en forma de review es el amor más grande del lector hacia el autor.
Saludos (^0^)/
