Renuncia: Hetalia no me pertenece
Capítulo 9. Reconocer
Normalmente, y lo que cada ser humano necesita lo encuentra en el lugar menos esperado; que quizás sea ignorado o rechazado ya deja de ser problema de las oportunidades.
Y tal vez, muy tal vez, cuando nos damos cuenta de que hemos pasado olímpicamente de esa oportunidad, queremos aporrearnos contra la pared repitiéndonos cuan idiotas fuimos.
Pero el hecho de que nos demos cuenta de que la oportunidad estuvo AHI y que a pesar de que prácticamente se nos ofreció cual mujerzuela, le huyamos no queriendo saber nada de ella... bueno... esa ya es decisión de cada uno.
Y de alguna extraña y bizarra manera Antonio lo sabía, y por ello mismo creía firmemente que era una total y fatal pérdida de tiempo seguir con Francis. Por eso y como jocosamente dijo el rubio, empaco su cepillo de dientes y mandaría todo por el desagüe, así Francis se deshiciera en suplicas.
- ¡Nooo~! ¡cheri~! ¡No puedes abandonarme así como así!- empezó a lloriquearle dramáticamente -Eres cruel, malo, perverso...- De acuerdo, Antonio acaba de llegar a su límite. Tomo su maleta y decididamente camino a la puerta principal -¡Nooo!
Francis se le arrojo a los pies aferrándosele a uno mientras el castaño caminaba, arrastrando patéticamente al rubio, aunque viéndolo de una manera un poco más positiva y objetiva, le estaba ahorrando el trabajo de colear el piso
-¡Toni, por favor quédate~!
Si algo debia admitir Antonio es que no es alguien cruel, ni malo y mucho menos perverso... sentía feíto ir arrastrando a Francis por todo el suelo... bueno, la verdad no. Sentía un placer culposo bastante disfrutable haciéndole eso al gabacho, pero tampoco era tan malditillo como para dejarlo en esa posición... por mucho rato.
Queriendo que no, y con más esfuerzo del que pensó, logro quitarse a Francis de la pierna. Pero definitivamente y contrario a sus deseos, era una reverenda estupidez lo que estaba a punto de hacer.
-Bien... me quedo- suspiro pesadamente, maldito gabacho persuasivo -¿ya estas contento?- y un muy fuerte y lascivo abrazo lo envolvió. Si, definitivamente ahora Francis estaba feliz.
X
Cuando abrió los ojos, lo primero que vio Emma fue un techo que ya no sabía si era conocido o desconocido.
Había vivido mucho tiempo en la que era denominada "la casa de su hermano", antes: su casa.
De alguna manera, desde que había conocido a Lovino, ella pasaba buena parte de su tempo en la casa de los hermanos italianos, hasta que finalmente se quedó ahí, a tal punto que su casa era la de Lovino y no la de su hermano...
Pero sinceramente y viendo la situación en la que se encontraba, lo más ideal sería adaptarse nuevamente a la que siempre había sido su verdadera casa, a esa a la que llegaron Govert y ella la primera vez que pisaron esa ciudad. De todas maneras su hermano le había confiado (de manera no muy directa) el cuidado de la misma, además de otros asuntillos.
Sintió algo moverse a su lado, giro la cabeza. Era Govert.
Cierto, ahora lo recordaba, ni al habían salido del restaurante y ella se había echado a llorar; recordaba haber llegado a algún lado y en todo ese rato no se le había despegado a su hermano en ningún momento, entonces todo se volvió oscuro.
Ahora se daba cuenta que se habían quedado dormidos juntos como cuando niños.
El sonido de un móvil la saco de esa especie de vorágine de pensamientos en la que se había hundido.
De manera perezosa y con extraños gruñidos, Govert comenzaba a despertarse, siempre había odiado el hecho de levantarse tan inhumanamente temprano para ir y tomar un puñetero avión... sobre todo por el hecho de tomar un avión, un MUY caro avión... Levantarse temprano no era realmente el problema.
Restregó su mano contra su cara, como asegurándose que todo siguiera en su sitio.
-Buenos días Gov- el giro a ver de dónde había salido tan chillona vocecilla... miro a Emma que parecía seria, más de lo que realmente le gustaría
-¿Buenos... que haces aquí?- lo que le faltaba, que ahora el hermano la corriera. Govert se dio cuenta que había metido la pata hasta el cuello con esa forma tan borde de preguntar -Quiero decir, que pensé que muy probablemente ya estuvieras en tu habitación y no sobre mi cama- ah, era eso.
-Recién me acabo de despertar... estaba algo cansada, perdón- el rubio gruño. Tonta Emma, no hacía falta que se disculpara por eso. Le dio un par de palmadas en la cabeza y se levantó para irse a la ducha... todavía no le terminaba de hacer gracia el hecho de tomar un avión con su propio dinero.
-¿Crees que pueda quedarme aquí un poco más de tiempo?- pregunto ella refiriéndose a la cama del mayor, no sentía ánimos de levantarse por el momento. Govert la miro un poco ofendido.
-Se supone que esta es TU casa... ni siquiera deberías de preguntar eso- Emma sonrió.
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Se supone, "se supone" que Lovino debería estar radiante de felicidad, y casi casi "debería" estar flotando o caminando por entre las nubes, mientras una sonrisa idiota aparece en su cara. Para después restregarle en la cara al bastardo de Arthur que logro su cometido, para después mandar todo al estercolero más cercano e irse con el idiota español.
Pero, como todo siempre le sale mal y al revés, ahora esta con un humor de los mil demonios y a nada de aventarle una mordida al primer idiota que se acercara, o peor aún... estaba a nada de asesinar al primer incauto que tuviera la osadía de dirigirle la palabra...
...Pero preferentemente mataría a Arthur, el pobre babotas no tiene culpa alguna de sus desgracias. O a lo mejor sí, pero eso ya no importa.
¡Feliciano quería llorar de miedo, la cara de su hermanito rayaba en lo aterrador! Posiblemente diera más miedo que el mismísimo Freddy Cruger, y no conforme con cargarse esa cara todavía gruñía, ¡y eso era más aterrador!
Debería ser un poco más inteligente y dejar que Gilbert trate con el... aunque pensándolo bien, eso sería como dirigirlo al matadero.
-Gutten...- bostezo -...morgen- dijo, o más bien rumio Gilbert, invocado por el poder quietico de Feliciano. Bajo por las escaleras rascando su asombrosa pancita cervecera, para después rascarse su más genial cabellera plateada. Oh si, él era tan perfecto.
-...buongiorno- apenas y musito Feliciano, lo último que quería era despertar a la bestia en la que se había convertido su hermano.
Obviamente, como Gilbert estaba recién levantado, pero además de todo era asombroso, paso por alto la poca genial actitud del que él denominaba como mejor amigo. Así que tuvo la ocurrente idea de saludarlo con una linda y tierna palmadita en la espalda, de esas que parecen que te van a sacar los pulmones y todo lo que esté conectado a ellos.
-Lovinito, poco genial amigo amarguetas… ¡alégrate de verme en este nuevo día! Y que tus poco gloriosos ojos tengan la dicha de verme recién levantado de las mullidas reconditeces de mi habitación.
Correcto… Lovino le daría la oportunidad al bastardo albino de conocer el cielo y sus estúpidos sistemas burocráticos.
Y cuando estaba a nada de estamparle tremenda ostia en la boca del estómago, sonó la campana… ok no, fue el timbre del teléfono.
-¿Diga?, aquí el asombroso Gilbert, ¿allá quién?
-Buenos días Gil…- era Emma –quería hablar con…
-¿Con Lovino?- alzo una ceja, era de esperarse.
-¡No!, no…- ¿era su imaginación o ella estaba pasando del bastardillo? -…era solo para avisarles a todos que estaré algunos días en la casa de mi hermano. No quiero que el departamento quede solo.- se oyó una risilla tonta por parte de la rubia –Ya sabes, Gov se va de viaje y ocupa que alguien cuide su conejo
-¿Conejo? [1] ¿El gigantón tiene conejo?- la imagen mental que se empezó a formar Gilbert no era muy saludable… ¡Gov era trasngénero y tenía ESO en un frasquito!... Joder, que mujer tan fea
-No sé lo que estés pensando- rio jocosa imaginando lo que sucedía –pero Gov tiene un conejo mascota que se llama Harold, y que gusta de comer lechugas.
-Kesesese ¡ya lo sabía! Solo te estaba probando con uno de mis geniales juegos mentales…- ¡mentira!
-De acuerdo, pero… ¿podrías avisarle a los demás?
-No te preocupes, de mi cuenta corre que media ciudad se entere de que estas viviendo en el pisito cutre del adoptado de tu hermano.
-Jejeje muy bien, confío en ti. Adiós…
-Adiós.- murmuro de forma suave, sin tanto aspaviento, como queriendo que ese gesto se quedara solo entre ellos dos.
Y por supuesto que Feliciano podía ser tonto, pero ella… ¡él! (joder que todavía le costaba acostumbrarse a ser hombre), no era tonto. Por algo fue rimero otra persona y además no se crio con las taras metales del babotas… había adquirido otras raras por parte del "Tontocles", pero esa es otra historia. Pero el hecho es que como mujer sabía interpretar "ciertas" señales más que obvias (no era tan densa como el bastardo entomatado) y no había que se muy listo para saber quién era la que había hablado y por qué el desteñido se comportaba de esa forma. Nada más hacía falta ver algunas cuantas cosillas (bastantes sutiles, eso sí) durante y después de la reunión en el restaurante… cosa que le hizo entender de que iban ciertas miradas.
-Vee~ Gil… ¿Quién llamó?- de acuerdo, el babotas no figuraba como ser inteligente.
-Emma…- respondió de manera muy seca –Dijo que pasaría más tiempo en la casa de Govert… solo eso.
-¿Eh? ¿Pero no pregunto por mi hermanito?- la cara de Gilbert se volvió mortalmente seria, mientras veía fijamente a Lovino, como si buscara alguna señal o alguna molestia… quería ver algo… o tal vez simplemente quería entenderlos, entenderla… entenderse.
-No… no pregunto por él.
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Era por todos bien sabido (bueno, por toda la comandancia), que la hermosa señorita Honda era una jefa muy estricta que nada tenía que ver con su apariencia, ¡esa muer era un tsunami!, uno muy lindo por cierto.
Y por ello mismo era común ver como todos sus elementos andaban de arriba para abajo todos los días, claro que existen sus excepciones, y Heracles era la prueba viva de ello.
Si bien era cierto que es eficaz en lo que hace, también es muy cierto que la rapidez y el trabajo de campo le dan una pereza… más que la que le da revisando papeles y evidencias.
Por qué nadie en este mundo era perfecto… y tampoco había crímenes perfectos, porque la perfección no existe; es un mero concepto humano idealizado que solo vive en la mente, y cuando sale al mundo físico pierde su esencia… su perfección. Algo meramente subjetivo, más allá del bien o del mal, más allá de lo físico, de lo corporal... [2] Corporales no había vuelto a casa en toda la noche y Goro extraño su presencia… ambos no habían dormido por haberlo esperado… Además que tenía que comprarles algo de pienso [3]… y si de comprar se trataba ocupaba un sillón nuevo, el que tenía ya estaba muy dañado… igual ya se está enrollando y se salió del tema.
El punto es que debido a que hace algunos días mostro cierto "interés" en uno de los casos, ahora estaba bajo observación, más de la que le gustaría por parte de la señorita Honda…
-Heracles-san- le llamo de forma dulce la japonesa -¿tiene listos los reportes que le hacían falta?- y hablando del rey de Roma…
Con la digna pachorrudes de cualquiera de sus dos gatos, levanto apenas una ceja indicando con un movimiento que lo papeles estaban en una orilla en el escritorio.
-Solo me falta un par de firmas de los altos mandos y otras de los testigos, para dar por cerrado el caso.
-Me alegra escuchar eso Heracles-san… ¿y para cuando se podría dar por cerrado?- la adorable señorita Honda le sonrió. Heracles suspiro audiblemente; ojala esa sonrisa fuera para él.
-…hoy… mañana… en la semana… no sé… ¿quizás tal vez después de que acepte ir conmigo a tomar un café?- igual no desperdiciaría oportunidades…
-Lo siento Heracles-san… ya tengo un compromiso con alguien más- …aunque no fueran tan alentadoras.
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Sinceramente, Arthur se quería hacer bolita debajo de las mantas de la que comúnmente era llamada su cama, fermentar y no salir.
Pero era un poco más que obvio que la pereza y la desidia eran un pecado, y al jefe no le gustan los pecados; además el hecho de ser ahora un humano (de lo más común y corriente) lo hace más propenso a cometer actos impuros.
Definitivamente esa era una de las palabras más horribles que inventaron los mortales… bueno, en realidad era el concepto para lo que lo utilizaban; pero ya se estaba desviando del tema.
Lo que realmente era horrible es que lo único que sabe hacer es cuidar humanos desde un plano extraterrenal, algo así como se mostraba en esa película que tanto le gusto a Lovino… "The hunger games" o algo así.
En pocas palabras: no sabe hacer N-A-D-A.
Y aunque no le gustara mucho la idea, tenía que acudir con el adorable Lovinito. Vamos, que era su única opción de ayuda, amen que era el único aparte de él que conocía "el" secreto.
Bajo con desgana por las escaleras y se dio cuenta que el ambiente estaba un poco cargado, casi podía saborear el amargo espesor de dicha tensión. Gilbert y Lovino parecían que querían hacer explotara la cabeza del contrario tan solo con mirarse de esa forma.
-Buenos…- tanto el castaño como el albino lo giraron a ver de forma tenebrosa, ni ganas de terminar el saludo.
-Vee~ Arthur buenos días- le saludo Feliciano, que al parecer era el único que no traía nada en contra de las cabezas ajenas –Te ves extraño… ¿paso algo?
En esos momentos es cuando Arthur sospecha que los chismes que se difundían sobre Dios y sus espías secretos eran ciertos ¡Feliciano es un santo!
¿Cómo es posible que fuera el único que se daba cuenta que los demás también tenían problemas? Ese hombre ya tenía ganado un pase directo y sin papeleo al cielo…
-Eeeh… no… bueno… si ¡peo no es nada importante!
-¿Seguro?- Arthur suspiro derrotado, ¿sería realmente seguro decirle que ya no tenía empleo?... o bueno, decirle que además de lo del empleo soltarle de repente que no sabe hacer nada y es un poco más inútil que Lovino… ¡que lastima que el suicidio es considerado un pecado!
Para eso Lovino y Gilbert se dieron cuenta que por más que forzaban sus cerebros, aun no desarrollaban la capacidad de hacer explotar al del enfrente, tomaron la inteligente decisión de descargar sus frustraciones con otra persona… como por ejemplo el enfermero de cejas mutantes.
-Valla, valla… el poco genial enfermero del mucho menos genial Lovino. Dime ¿qué conspiras con Feli y no me incluyes a mí?- y antes de siquiera responder alguien le interrumpió
-Primero que nada desteñido desgraciado, ESE- dijo señalando a Arthur –es más probable que primero revele que es un agente secreto de una MIERDA de organización, a que conspire contra alguien… y segundo
-¡Que te he dicho sobre blasfemar!- intervino el de grandes cejas un tanto turbado. Lovino sonrió cual hiena.
-Octavo mandamiento Arthur, octavo mandamiento [4]
Definitivamente la violencia no era buena, pero en algunas ocasiones era necesaria. Así que en contra de sus principios morales tomo uno de los cojines de la sala y se lo estrello en toda la cara.
-¡No te burles! Tenía toda la intención de pedirte ayuda ¡pero ya veo que no se puede confiar en ti!- se cruzó de brazos dándole la espalda a todos, ¡que se fueran al diablo!... en sentido figurado, claro está.
-Vamos señor enfermero- hablo Gil –ni siquiera Lovinito es tan nena- le abrazo por los hombros –puedes confiar en nosotros… bueno, en el amnésico no. ¡Pero Feli y yo somos geniales!
Lovino se acercó a ese par de inútiles, y con todo el amor que se le puede tener al ángel de tu guarda, le regreso el golpe con el cojín, pero esta vez le dio al cejotas en la nuca.
-Si no te conociera como supongo que te conozco, diría que tienes problemas con tu amado "hospital"- menciono algo irritado el castaño. Arthur se tensó ante eso, ¡maldito pseudo italiano perspicaz!
-…me… me corrieron del hospital y ya no puedo volver a trabajar de enfermero…
Silencio… demasiado y muy incómodo silencio; que fue roto por la por la aún más incómoda pregunta de Feliciano
-Vee~ Arthur… ¿a quién mataste?
-¡¿Qué?!
-Vamos, ¡¿crees que somos idiotas?!- intervino Gil –Si te corrieron y hasta el permiso de ejercer te quitaron es porque mataste, perdiste o descompusiste algo MUY importante… ¡oh por Dios!...- el peliblanco cayo en cuenta de algo aún más importante, ¡era necesario compartirlo con el mundo! -…Arthur… mataste al jefe de una organización delictiva haciendo que los negocios sucios de alguien muy importante del gobierno se fueron a la mierda echando a perder sus planes de conquistar al mundo ¿verdad?
-¡¿QUÉ?! ¡Claro que no!- trato de defenderse el rubio, pero si no lo hubiera hecho. Gilbert y Feliciano chillaban como nenes histéricas, debido a historias tenebrosas de intrigas, muertes, lavado de dinero y mil cosas más.
Lovino no decía nada, era claro que aquel par de imbéciles inventaban cualquier mierda con tal de entender por qué Arthur ya no podía "ejercer". Pero la verdad es que eso era extraño.
Si corrieron al cejotas del cielo y ya no es un ángel de la guarda… ¿eso en que lo convierte? ¿En un ángel caído?... Nha, suena muy mierdas esa opción.
Aquí el asunto es que el bastardo cejón no sabe hacer nada, y al referirse a nada incluye cualquier tipo de trabajo y al hecho de que nunca ha sabido que la vida suele ser una puta… pobre idiota…
Tal vez, si le comenta a su hermano (inventándole cualquier tipo de excusa tonta) que sería bueno ayudar al cejotas a conseguir empleo… aunque sea barriendo calles, y de lo que gane pedirle una pequeña renta para que no se vea tan obvio que dejaran vivir gratis ahí por quien sabe cuánto tiempo… así su herman…. ¡arg! el babotas no tendría ningún inconveniente.
Definitivamente le diría eso.
Arthur ya no sabía si reír, llorar, echarse a correr o ponerse a berrear por todo lo que decían ese par de chalados, sería bueno que dejaran de ver tantas películas y se dedicaran a la meditación. Pero se le hizo extraño que Lovino no le dijera nada. Se acercó disimuladamente hasta el castaño que parecía muy concentrado y muy serio… ¡que aterrador!
-O-oye, ¿y no me vas a decir nada?- pregunto el rubio sacando al pequeño Lovi de sus ideas.
Pero claro está que antes de nada está el hecho de joder y torturar al prójimo antes de ayudarle.
-Sí, estaba pensando cómo decirle a Feliciano que te eche lo más rápido de aquí
-No puedes estar hablando enserio
-Oh sí, claro que si- sonrió con sorna
Y entre tanto jaleo nadie se acordaba donde se había metido Ludwig. Pues bien, siendo el único adulto responsable, se acordó que no se había pagado ese mes la factura de la luz. Así que se levantó temprano y como buen ciudadano y fue a cumplir con su deber.
Cuando llego a casa, lo primero que encontró fue a su hermano y a su pareja a grito pelón discutiendo algo de conspiraciones y muertes y a su cuñado y al enfermero berreando por Dios sabe que cosas.
Es, en esos precisos momentos, cuando se pregunta por qué la vida suele ser tan injusta.
X
Casi siempre, la razón le dictaba a Heracles que muchas de las cosas que hacia no eran sensatas, pero tampoco hacia mucho para remediar esos pensamientos.
Esa era una de esas ocasiones.
Sabía que lo "normal" y lo que dictaba el reglamento era mandar un referéndum a las víctimas de los atracos para que pasaran a la comisaria a firmar unos cuantos papeles finales y todo quedara en total confidencialidad.
Pero definitivamente él no era "normal".
Así que tomo su maletín y emprendió camino hacia la casa de los sospechosos… perdón, de las víctimas.
El barrio era bastante bueno, más de lo que le hubiera gustado. Y ahora que estaba en frente de la casa de susodicho sujeto de quien necesitaba la firma, le daba la impresión de que era de mucho, mucho dinero… bastardos…
Toco el timbre… hasta el timbre sonaba elegante…
Es aquí cuando ese sentimiento de echarse a correr se apoderaba de él, pero como siempre, era tozudo. Herencia familiar seguramente.
-¡Lovino abre la puerta!- se oyó la voz de alguien gritando
-¡No puedo, ve y abre tu jodido desteñido!
-¡No seas grosero y obedece!- se escuchó una tercera voz.
Unos pies arrastrándose se escucharon y enseguida como quitaron el seguro de la puerta.
Un chico castaño lo recibió, pero ni bien había abierto cuando le volvió a cerrar la puerta en la cara.
-Lovino, no te dije que obedecieras y abrieras la puerta- gruño Arthur que venía hacia el castaño
-…mi primo…- apenas y musito el semi-italiano. Decir que en ese momento se le olvido que estaba enfadado con medio mundo, era poco… Sentía que se moriría del susto…metafóricamente hablando.
-¿Y qué quiere?- le pregunto en un tono igual de bajito el ex ángel.
-No se…- Nuevamente sonó el timbre de la casa.
Para Heracles eso había sido más que sospechoso. Insistiría hasta que le abrieran… otra vez.
-Tienes que abrir- apenas y hablo Arthur pegado a la puerta justo al lado de Lovino, ambos como deteniendo la puerta.
Algo que era la mar de idiota, nadie tira una puerta a base de timbrazos.
-No… ese idiota es demasiado listo… tu lidia con él
-Es tu pariente, no el mío
Y bueno, Heracles no tenía que ser demasiado listo para saber que aún seguían dentro de la casa, es más, apostaba lo que fuera a que estaba justo detrás de la puerta con alguien más.
-¿Saben que puedo escuchar como susurran?- preguntó el policía pegadito a la puerta. Ok, en esos momentos es cuando Lovino se preguntaba de donde había sacado lo idiota. Queriendo que no abrió la puerta.
Y ahí estaba su amado primito.
-¿El señor Lovino Vargas?
-Ya no vive aquí…- Arthur le dio un codazo; bueno, algo tenía que hacer para que se fuera. Heracles solo alzo la ceja y reviso su carpeta con la información. Y eso incluye que la información contiene una foto…
-¿Enserio?- dijo mostrando la hoja de datos.
Bien, la pequeña mentira no funciono.
-De acuerdo, soy yo… ¿qué quieres?
-Me llamo Heracles Karpusi, soy agente de la policía.- Lovino sudo frio, eso ya no le estaba gustando. Una cosa es que se presentara como un simple mortal y otra que ya dijera que era de la policía. –Vengo simplemente a corroborar algunas cosas después de su incidente y a que firme unas ultimas cosas para finalizar con su caso.
Uff… menos mal, solo eso. Aunque era curioso que fuera exactamente el quien tuviera el caso. El color regreso a las mejillas de ambos, tanto de Arthur como el pequeño Lovi.
-Oh, bien… ¿qué tengo que firmar para que te vallas y pueda seguir con mi vida?
Con la pachorrudes que caracteriza a Heracles, saco los papeles extendiéndoselos. A una velocidad increíble los firmo y prácticamente se los aventó. Arthur le quería regañar, pero ya habría tiempo para eso, ¡no era forma de tratar a la familia!
-Bien, ya están firmado, ya te puedes ir… ¡Adiós!- El castaño miro con calma lo firmado… algo no casaba.
-No, no me puedo ir…
- ¡¿Qué?! ¿Por qué no?- Los nervios lo empezaban a atacar
-Quiero saber quién eres TÚ y por qué me llamaste a mi número personal
- ¡Y yo quien diablos sé quién eres tú!
-E-es cierto, solo conoce Lovino por esa fotografía y nosotros apenas y lo conocemos- trato de defender la situación el de grandes cejas
-Los vi salir de la librería…
Miedo.
-Y no me explico por qué firmaste así… Lovino Vargas
Heracles giro el papel para que los otros dos lo pudieran ver.
"Chiara Romano"[5]
La ahora hombre quería que un gran hoyo se abriera bajo sus pies y se la tragara para jamás volver a ver la luz del día.
En pocas palabras, se quería morir.
[1] Bueno, "conejo" es una forma un tanto vulgar de referirse a la zona genital femenina, y la verdad es que se prestaba de una manera muy genial XD
[2] Ese discurso tan motivador es parte de un apunte de un maestro de filosofía de la preparatoria, solo le adapte un par cositas y quedo de modo que realmente se ve profundo.
[3] pienso, croquetas, alimento para mascotas, no sé cómo le digan en su país.
[4] El octavo mandamiento se refiere más que nada (en la religión católica) a no dar falso testimonio ni mentir, y bueno, Lovinito lo aplica como sarcasmo porque al final los dos le están mintiendo a todos.
[5] Ese "Romano" según san G**gle es un apellido italiano algo popular, además aplicaba según el canon de Hetalia XD
Reviews anónimos
Chibi Neko-chan
Ciao, aun… aun quieres seguir con lo nuestro a pesar que llevamos ocho meses sin leernos?
Perdoname, *se lanza a ella dramáticamente*, de acuerdo evitemos un ratito el drama.
Bueno, si fue un poquito triste, pero creo que era neceseario, no me gusta que todo sea tan feliz y pasteloso, siento que no va de acuerdo con lo que pasaría en la vida real. ¡pero esto ya no es relleno!
Jajaja seee lo del policía fue algo random que salio de la nada XD, solo me dije ¿por qué no?
En fin otra vez pido disculpas por tardarme tanto y nos leemos. Saludos.
¡Gente! Orz Orz Orz Orz Orz Orz Orz Orz Orz Orz Orz Orz Orz Orz Orz Orz Orz Orz Orz Orz Orz lo siento TANTO.
Esta vez no tengo ninguna excusa, o quizás si… pero eso no tiene relevancia.
Solo puedo repetir mil veces más que me disculpen por tardarme tanto, y espero que esto no se vuelva a repetir, porque si me he tardado, pero no tanto…
Pero en fin, sé que esto es una mierda en comparación con tanto tiempo que l s hice esperar, pero aun así me animare a preguntarles… ¿merece review?
Recuerden que el amor en forma de review es el amor más grande del lector hacia el autor.
Saludos (^0^)/
