Todos los personajes pertenecen a Hidekazu Himaruya, sin ánimos de lucro.


Capítulo XII

Después de que el español terminara de desayunar, se fijó en Lovino. Éste había estado rogando para que aquel tardara todo lo que pudiese en comer, para no tener que continuar con la historia. Ésa era una de las razones por las cuales le había preparado aquella bandeja.

—¿Entonces? —indagó Antonio muy curioso, mientras que apoyaba su cabeza por el hombro del italiano —. Dime más.

Lovino refunfuñó algunas malas palabras que fueron incomprensibles para el dueño de aquel lugar. Se dio media vuelta y se acomodó a su lado, listo para seguir con la narración de sus aventuras en la capital del país.

—Está bien, rayos… —dijo de mala gana y comenzó.

Aquella cena había sido de las más incómodas en las que había participado. Aunque tenía un hambre voraz, no estaba seguro de cómo contárselo a su abuelo. Éste le miraba con muchísima curiosidad, sin dejar de tomar su copa de vino.

Lovino, sea lo que sea, dímelo —Luego, se le ocurrió una de las ideas más locas que pudo haber tenido. Definitivamente, ése era el motivo por el que su nieto deseaba tanto dinero y por el que no se animaba a hablar. Se acercó y le agarró del hombro. Por supuesto, esto asustó al muchacho.

¡¿Qué rayos haces?! —preguntó un poco molesto.

Lovino… —Una enorme sonrisa se dibujó en el rostro del hombre —. ¿No me digas que…? —Miró hacia los lados y luego terminó la frase —¿No me digas que has embarazado a una chica?

Esto volvió loco al muchacho, ante el estúpido planteamiento del hombre. Se enojó tanto que empujó al hombre y echó todo el plato al suelo. Acto seguido, se cruzó de brazos mientras que miraba con furia al caído.

Soy gay, idiota. ¡¿Cómo voy a embarazar a una mujer?! —exclamó sin sentir el más mínimo arrepentimiento por ello.

Éste después de recuperarse de aquel golpe que había sufrido, sonrió ampliamente. Por supuesto, seguía muy confundido respecto a la razón por la cual el otro le había el dinero.

Entonces, ¿qué puede ser lo que requieras de manera tan urgente? —indagó éste, todavía sobreponiéndose del golpe.

Mientras que los meseros limpiaban el desastre que había ocasionado Lovino, éste buscaba alguna forma de planteárselo. Debía darse prisa, ya que las cosas que el abuelo decía estaban escalando de mal a peor. Y antes de que dijera algo demasiado estúpido, debía comentárselo.

Es para Antonio —comentó el muchacho de mala gana. Cerró sus ojos, porque no estaba seguro de cómo habría de reaccionar aquel. ¿Le iba a retar? ¿Se levantaría y le dejaría ahí por su cuenta?¿Le diría que no? Había demasiadas posibilidades, pero no estaba seguro de ninguna de las cuales se haría realidad.

Sin embargo, sintió la mano de su abuelo sobre su hombro. Parecía darle una mirada comprensiva. Además, lucía como si se hubiera dado cuenta de algo tan obvio.

Debí haberlo adivinado —respondió con una sonrisa. Lovino no comprendía si era algo bueno o malo. Se estaba tomando todo el tiempo del mundo y le estaba impacientando —. Es por eso que Sadiq regresó solo, ¿verdad?

Lovino se limitó a asentir. De inmediato, comenzó a comer la lasaña que estaba frente a él, solamente para no tener que mirar a su abuelo. La verdad era que no estaba muy seguro de cómo le iba a contar sobre todo lo que había ocurrido durante su estancia en el pueblo. Sin embargo, sabía que si quería regresar junto a Antonio, debía explicarle todo.

Lo que pasa es que… —Pero nuevamente el otro le interrumpió antes de que pudiera decir algo más.

No te preocupes —comentó éste —. Hagamos lo siguiente: Quédate esta noche. Te dedicaré todo el día de mañana para conversar mejor —.Para ser sincero, quería hacerle un montón de preguntas. Sin embargo, al ver que el otro bostezaba de vez en cuando, no quería presionarlo demasiado.

En ese momento, Emma entró a la habitación y encontró a los dos allí. Respiró aliviada y no tardó demasiado en abrazar a Lovino. Era tal y cual como Francis se lo había dicho. Realmente estaba contenta de encontrarlo en la habitación de Antonio. Luego de separarse, sonrió ampliamente.

—¡Me alegro que hayas regresado, Lovino! —comentó. Lucía tan contenta como lo estaba Antonio en ese momento.

—Sí… —El italiano no estaba muy seguro de cómo contestarle. Aunque le alegraba ver que alguien no le andaba regañando por haber desaparecido de esa manera.

—Venía ver cómo estabas, Antonio. Pero… —vuelve a mirar al muchacho —. Parece que no me necesitas por aquí.

—¿Cómo va el negocio? Siento que lo descuido demasiado —preguntó con curiosidad el español y luego se rió.

—Bueno… —Si bien no le gustaba mentir a Antonio y prefería decirle la verdad, no quería arruinar el momento. Miró hacia el suelo y enseguida se dio media vuelta —. ¡No te preocupes por eso, Antonio! —exclamó un tanto nerviosa.

A Lovino le dio la impresión de que estaba ocultando algo, pero el español estaba demasiado contento como para notarlo. El primero no quiso decir mucho al respecto, porque en realidad no estaba completamente seguro de haberlo percibido. No quería alarmar al otro por alguna tontería que quizás ni siquiera estaba allí.

Despertó de sus pensamientos, cuando sintió la mano del español. Por un lado, hubiera deseado que la muchacha se quedara por un rato más. Así al menos, hubiera podido arreglar más sus pensamientos y tendría más tiempo para recordar todo lo que había pasado.

Sin embargo, no podía culpar a Antonio de querer saberlo todo enseguida. Si estuviera en su posición, inclusive sería más demandante respecto a la información. Así que no tardó en ponerse a narrar nuevamente.

Lovino se recostó sobre la cama de su vieja habitación, luego de haber llegado del restaurante. Aún no estaba muy seguro acerca de las verdaderas intenciones de su abuelo. ¿Acaso de verdad quería saberlo? ¿No había sido él mismo quien le había sugerido mudarse allí y comenzar de nuevo?

Se aguantó las ganas de agarrar el teléfono y llamar a Antonio. Tenía que ser una completa sorpresa, si es que conseguía el dinero. Y si no lo obtenía, no quería desilusionarlo. Por supuesto, moría de ganas de escuchar su voz y no quería darle más preocupaciones de las que ya le había dado, pero ésta vez era por una buena causa.

Al día siguiente, Lovino durmió hasta tarde. Lo cual, lo molestó muchísimo. No quería perder tanto tiempo en esa cuestión, pero ya era más del mediodía. Así y tal como estaba, fue hacia el comedor, esperando que su abuelo estuviera allí.

Aquel estaba esperando a que el almuerzo fuera servido mientras leía el periódico. Dado que a Lovino le era casi imposible moverse sin hacer un escándalo, enseguida se dio cuenta de su presencia. Levantó la mirada y sonrió ampliamente, mientras que el muchacho se sentaba a su lado.

¡Al fin te despertaste! —comentó, intentando hacer un poco de conversación.

Sí, sí —Lovino estaba más interesado en su desayuno que en otra cosa. Francamente, estaba molesto por haberse quedado dormido por tanto tiempo. Esperaba que pudieran hablar acerca del asunto por el cual había venido.

¿Qué tal estaba tu vieja habitación? ¿Has dormido bien? —le preguntó el dueño de casa, quien intentaba hacerle sentir cómodo. Por supuesto, estaba bien consciente de que no podría convencerle de que se quedara, pero al menos, quería que estuviese contento allí, mientras durara su estadía.

El muchacho no se molestó en contestar. Simplemente le dio una mirada casi mortal, pues estaba molesto con aquel por no haberle despertado antes. El otro hizo caso omiso, es decir, se mantuvo tan feliz a pesar de la expresión del italiano.

¿Vas a considerar mi petición? —indagó repentinamente Lovino. Francamente, esperaba no estar perdiendo su tiempo al estar allí.

El otro respiró profundamente y se puso de pie.

Vamos a dar una vuelta, ¿te parece? —El abuelo abrió las puertas que daban hacia el jardín y se quedó allí, observando por un buen rato el bello paisaje.

Mientras caminaban por la enorme pradera en la que se había convertido el patio trasero de aquella casa, el abuelo empezó con su interrogatorio.

Supongo que has regresado con Antonio —comentó y luego se rió —. Bueno, es obvio. No hubieras venido si no fuera así —se contestó a sí mismo —. Lovino, ¿estás seguro de que esta vez va a funcionar?

Antes de continuar contando lo que había contestado, el español le interrumpió. El muchacho le miró por un largo rato y de repente, sintió la mano de aquel aferrándose fuertemente a la suya. Enseguida, comenzó a acariciarle el rostro.

—Ah, no debiste meterte en tantos problemas —dijo finalmente el español, mientras se acercaba mucho más. Esto no significaba que no estuviera agradecido por todo lo que aquel había tenido que atravesar.

—Pues lo quise, idiota. Yo… —Estaba un poco avergonzado —. Yo quería hacer algo bueno por ti, después de todo lo que ya te ocasioné —explicó mientras que miraba hacia abajo.

Antonio le levantó el rostro y le dio un tierno beso en los labios. Luego dejó escapar una sonrisa sincera y alegre, mientras que seguía rozándole con los dedos. Lovino estaba un poco nervioso, pero era un buen método para olvidarse de todos los problemas por los que había pasado.

—Entonces, ¿qué le respondiste? —preguntó el español curioso. Aunque no quería meterle la presión, la verdad era que deseaba saber qué había dicho el muchacho.

Apenas su abuelo terminó de plantear aquella pregunta, Lovino sintió cómo el enojo le llegaba hasta las orejas. ¿Qué clase de estúpida pregunta era ésa?

¡Claro que sí! Lo que pasó antes no importa. ¡Yo voy a hacer lo que sea para estar de nuevo a su lado! —exclamó sin importarle demasiado si hubiera alguien más observando la escena. No le cabía ninguna duda, iba a hacer lo que creyera necesario para poder estar con Antonio y para que éste fuera feliz.

El mayor sonrió. Ya se esperaba semejante respuesta, aunque no creyó que lo diría con tal entusiasmo. Quizás si se había equivocado al pensar que podría separarles fácilmente. Le puso una mano sobre el hombro.

Lovino, sólo quiero evitar que seas lastimado —explicó mientras el otro miraba hacia el jardín, todavía rojo por la rabia que le había agarrado —. Pero si tú dices que es así…

¡Es así, maldita sea! ¿Qué tan difícil es de creer? ¡Rayos! —contestó a la vez que vociferaba algunas groserías más.

Entiendo… —dejó escapar un suspiro a la par que el otro continuaba con su rabieta —. De verdad, piensas seguir con esto.

Si no me apoyas, no me importa —respondió de inmediato —. Buscaré la forma de conseguir el dinero —Se dio media vuelta, preparándose para salir de allí. Sin embargo, cuando dio un par de pasos, sintió que alguien le estaba agarrando del brazo.

No te dije que no, ¿verdad? —explicó el abuelo, sin soltar al otro. Honestamente, no pensó que Lovino pudiera encapricharse de esa manera. Normalmente, perdería el interés en cuanto le pusiera alguna que otra traba. No obstante, se dio cuenta de que aquel estaba dispuesto a pagar cuál precio por Antonio.

En ese momento, el español volvió a interrumpir la narración de Lovino, con el consecuente enojo de éste. El italiano solamente quería terminar con la historia de una vez por todas, pero parecía que Antonio se había propuesto cortarle cada vez que se le presentaba la oportunidad.

—¿Y ahora, qué? —indagó éste, evidentemente molesto.

—¿De verdad le contestaste así a tu abuelo? —Si bien sabía que era algo bastante propio del muchacho, aún le costaba trabajo imaginarse aquella escena.

Lovino tomó una bocanada de aire para calmarse y evitar golpear al otro en la cara por semejante tontería.

—Si tienes otra estúpida pregunta, hazla ahora, imbécil —le amenazó impaciente.

—No tienes por qué enojarte. Sigue —le pidió con la misma curiosidad de siempre.

Después de unos breves minutos de silencio, el abuelo continuó hablando. Lovino lo miraba con suspicacia, ya que no estaba seguro de qué se traía entre manos.

Te ayudaré, Lovino —comentó —. Pero…


Me costó un poco este capítulo. Espero tener más inspiración.

¡Gracias por leer~!