Notas antes del capítulo:
Marthiis: *alzando una banderita blanca* ¡Estoy viva! *sonríe* Esta vez he tardado mucho tiempo en actualizar y no tengo perdón…. Realmente me apena mucho decirlo pero es que ya entré a la escuela y los maestros me llenan de trabajos por el simple hecho de que me gusta el yaoi y no quiere que actualice *se cruza de brazos*
Tamaki: No seas mentirosa *le da un golpe en el hombro* Bueno, en el aspecto de tareas si ha estado un poco ocupada… Sobre todo con dos materias.
Marthiis: Anatomía y Bioquímica *aura negra a su alrededor* Sin embargo, ya estoy organizando mis tiempos y podré seguir escribiendo. *sonríe* No piensen que dejaré mis fics en el olvido… En serio… ¡En serio! *grita*
Tamaki: *le da otro golpe en el hombro* Creo que ya entendieron. Aparte, Marthiis ya tenía listo el capítulo desde hace tres semanas pero las betas de plano no pudieron conectarse en todo ese tiempo y como siempre, Marthiis dudaba en actualizar pero una de sus amigas vio las notas desesperadas en su muro de Facebook y por fin lo pudieron revisar.
Marthiis: Bueno, luego de dar las explicaciones correspondientes quiero agradecerles a las siguientes personas: Izumi Miyu O.O, Brye, SmileSkuashSKII, saskenaru xD, hao3572, Tsukimine12, kaRura-UchihaI-wtf, camiSXN, Moon-9215, kitzuneluna (Marthiis: que es del mismo estado que yo (; ), Katari-chan, Fanny Razo, Vane, TheRusso, Laso, Darth Sethbek, Brendittha Uchiha, Yuki-2310, nayki, Manzanita Girl, KyuChanxD, CallMeKarla, Likeanotherone.k, Metherlence Reverie.
Tamaki: Y por su puesto a nuestra querida Daneshka Botticelli que ya casi no la vemos pero aún así la queremos con locura *sonríe* Gracias por tu amistad mi querida Suke, Marthiis y yo te queremos mil ocho mil.
Marthiis: Sep, la queremos mil ocho mil… Por cierto, me divertí muchísimo con los reviews *se acuerda y se ríe* ¡Es que estaban tan graciosos! Los amé *vuelve a reír* Bueno, bueno… Ya los dejo con el capítulo… Hasta la próxima actualización, saludos.
1.-
Sasuke Uchiha estaba quieto, en completo silencio mientras miraba alrededor en búsqueda de algo interesante que le quitara las ganas tremendas de dormir. Era su primer día en el jardín de niños y sus padres –debido al absorbente trabajo de llevar las riendas de una compañía multimillonaria– apenas habían ido a inscribirlo. Su mente de infante perdonaba las faltas de sus progenitores gracias a que ellos le recompensaban el tiempo perdido con regalos y juguetes caros. Por lo tanto, Sasuke se convirtió en un niño extremadamente mimado y engreído que imaginaba que todo lo conseguiría a base de la primera petición-orden que hiciera.
Bostezó, el cansancio lo dominaba por haberse pasado la noche jugando con sus preciados videojuegos pese a que su niñera le había ordenado que fuera a dormir temprano. Pero obviamente no hizo caso, después de todo esa mujer horrorosa de piel arrugada y cabello grisáceo no era nadie y no tenía motivos para obedecer. Sin embargo, mientras bostezaba por segunda vez en los últimos cinco minutos se dio cuenta de que pagaba las consecuencias de su acto. Se restregó los ojos con su manita derecha y al ver que sus padres no saldrían nunca de la oficina del director fue a dar una vuelta por el lugar.
La decoración de la oficina le pareció estúpida: conejos rosas y flores en las paredes y un horrible tono amarillo en las puertas. Los muebles tenían formas extrañas y de colores estridentes que no le parecieron para nada relajantes; tal vez le diría a su padre que tratara de convencer al dueño para que cambiara todo aquello por algo más neutro. Sí así estaban las oficinas administrativas, no quería ver los salones. Se preguntó si en verdad la escuela tenía la milésima parte de calidad educativa que los anuncios promocionales anunciaban.
La oficinista estaba centrada en sus papeles; Sasuke pensó que a esa chica tenía más pechos que cerebro cuando se escapó con suma facilidad a pesar de haber sido encargado con ella. Se notaba a leguas que todos ahí subestimaban a los niños por el mero hecho de ser pequeños, sólo esperaba que su inteligencia dignamente privilegiada no terminara desapareciendo por una escuela de tan mala categoría. Sonrió socarronamente, notando que los pasillos estaban vacíos pues ya habían iniciado las clases matutinas. Metió las manos en los bolsillos de sus pantaloncillos cortos y comenzó a caminar como si fuera el dueño del lugar. En su mentecilla si circulaba esa idea.
El lugar estaba callado y Sasuke pudo observar varias puertas en ambos extremos del pasillo. Dedujo que ya todos se hallaban inmersos en las clases, sin tener en cuenta de que un niño pequeño estaría rondando por ahí. Quería asomarse por las ventanitas de las puertas para ver qué tipo de compañeritos tendría, no obstante por su diminuta estatura no pudo hacerlo. Con el orgullo herido corrió hacia la puerta que estaba hasta el final del corredor, tal vez llevaría al comedor o probablemente al patio. Minutos antes, del coche a la entrada del pequeño lugar, había visto con verdadero fervor el patio de juegos, mismo que lo dejó alucinado.
Con la emoción recorriéndole cada parte del cuerpo, llegó rápidamente a la puerta. ¿Por qué los adultos tenían que hacer todo más difícil? Tuvo que ponerse de puntitas, estirando el brazo hasta tocar el pomo, bastaba hallar la posición correcta para girarlo y abrir el camino hacia la libertad. Pero no contó con que del otro lado de la puerta, alguien estuviese haciendo lo mismo para entrar. Así que cuando el objeto de madera fina cedió, su cuerpecito terminó rodando por el piso con un ligero golpe en la cabeza como premio a su desenfreno.
— ¡Oh! Perdona, pequeño— La voz cantarina y suave de una mujer le llegó de repente, dejándolo estupefacto. Su orgullo no le permitiría que alguien le viese llorar; el chichón que comenzaba salirle en la frente le dolía horrores pero eso no sería un impedimento para aparentar seriedad. Estuvo tentado a ponerse de pie e ir a buscar a sus padres, ellos lo protegerían de la desalmada mujer que intentaba noquearlo. Pero su mentecita voló al sentirse envuelto por unos acogedores brazos que le ayudaron a levantarse— ¿Estás bien? ¿No te hiciste mucho daño?
—Querida, deja respirar al pobre; tu fuerza sobrehumana lo dejó aparentemente sin habla.
— ¡¿Qué estás diciendo? — La mujer gritó y Sasuke pensó que se quedaría sordo— ¡No te hagas el gracioso!
El Uchiha se removió, incómodo ante los alegatos. No conocía a esas personas, ¿y sí intentaban secuestrarlo? Con el miedo a flor de piel, hizo un movimiento brusco, ocasionando que la mujer terminara dejándolo caer. Sasuke ya no quiso que le abrazaran; prefería mil veces los brazos de su madre a los de esa desconocida, por muy acogedores que fueran. Miró a sus interlocutores: el hombre rubio, grandes ojos azules y expresivos; carácter aparentemente vivaracho y alegre. La mujer era pelirroja y poseía orbes violetas que brillaban con entusiasmo.
—Lo lamento, amor. Pero mira en qué condiciones lo dejaste. —El rubio movió negativamente la cabeza, colocándose en cuclillas, a la altura de un lastimado Sasuke que había logrado pararse— Discúlpala, a veces ella no mide su fuerza
— ¡Hablas de mí como si yo fuera una niña! — La pelirroja se cruzó de brazos e hizo un gracioso mohín. Sin embargo, unos segundos después de dejar atrás aquél sentimiento de algarabía, ella consultó el reloj, quedándose pálida— ¿Qué haces parado ahí? ¡Llegaremos tarde para inscribir a nuestro Naruto! — Tomó del antebrazo al rubio y salió corriendo, arrastrando al que debía ser su esposo.
Sasuke no entendió la broma de mal gusto que se estaba desarrollando y sin decir nada aprovechó que la puerta estaba abierta, cerrándola una vez que estuvo afuera. La vista lo dejó enormemente maravillado: bancas de colores alineadas irregularmente por todo el entorno, árboles frondosos, flores que llenaban al lugar de un agradable aroma y sobre todo: juegos para divertirse. Su mente de niño le indicaba que debía subirse primero a la resbaladilla pero su mente Uchiha le indicaba que volviera a la oficina.
¿Ser desobediente y dejar atrás la pose seria que estaba rigiendo su vida infantil? Una idea bastante tentadora que no le tomó mucho tiempo en seleccionar. Pensándose ajeno de toda clase de miradas, subió por las escaleras para luego deslizarse por el tobogán. El vértigo fue placentero y el cosquilleo en su estómago le dejó en claro que no sería la única vez que pasaría en aquél lugar. Extrañaría el viejo jardín de niños pero éste prometía mejores cosas y Sasuke estaba dispuesto a hacer un diminuto sacrificio para adaptarse.
Los minutos se deslizaron como agua entre juegos, risas y diversión en solitario. Después de todo el pequeño estaba acostumbrado a la soledad pues como se había mencionado antes sus padres se ocupaban en el trabajo la mayor parte del día pese a querer pasar más tiempo con sus querubines. Su hermano mayor ya estaba a un año de finalizar la primaria, pero ante la inminente cantidad de tareas y trabajos extracurriculares su presencia en el hogar era cada vez más nula. A Sasuke ya no le importaba quedarse solo, gozando del entretenimiento en la privacidad de su habitación, después de todo los Uchiha debían habituarse a esa clase de cosas.
Pronto, se encontró harto de estar subiendo una y otra vez en la resbaladilla y examinando el sitio vio que a unos cuantos pasos se hallaba la zona de los columpios. Sonrió con la idea de pasar sus últimos momentos en uno de sus juegos favoritos, ya que faltaba poco para que sus padres fueran a buscarlo; pero con lo emocionado que estaba, no se percató de la presencia de un chiquillo bajo de estatura y menudo. De no ser por la mata de cabellos rubios cortos, peinado en puntas marcando una inexistente rebeldía lo habría confundido con una chica.
—Hey, niño. — Sasuke se animó a hablarle por el mero hecho de que "ese" estaba sentado en el columpio derecho y él siempre se sentaba en ese lado— Quítate, ¿no ves que estás en mi lugar?
— ¿Cómo te llamas? — El infante volteó a verlo, ignorando la pregunta y el de cabello azabache advirtió que sus ojos azules eran igualitos a los del señor que había visto con anterioridad. Sin embargo se enojó ante la asquerosa idea de que una de sus órdenes fue incumplida, frunció el ceño, dispuesto a todo para apartarlo.
— ¿Para qué quieres saber?
— ¿Tus papis no te enseñaron que no se evade la pregunta?
— ¡Me llamo Sasuke Uchiha! — Respondió, harto de que ese niño se pusiera a hacer preguntas estúpidas.
—Ahh… Eres Sasuke— El rubio sonrió y se puso de pie; apenas sus pies tocaron el suelo, Sasuke estuvo a punto de empujarlo para ocupar el lugar que había dejado pero no contó que el otro se le adelantaría— No tan rápido— Infló los mofletes y tomó el columpio, examinándolo con exagerado escrutinio, luego unos segundos de intensa búsqueda, lo dejó justo como estaba— Tu nombre no está aquí, así que no eres dueño del columpio— Le enseñó la lengua al niño y se subió al juego para comenzar a mecerse.
— ¿Tú cómo te llamas? — Sasuke estaba haciendo un esfuerzo sobre humano para no lanzarse encima del ese niño que hacía caso omiso a sus órdenes. Se mantuvo lo suficientemente cerca, aguardando con cuidado para poder actuar como todo un Uchiha, se las pagaría muy caro por meterse en su camino a la diversión.
—Naruto, Naruto Uzumaki
El Uchiha sonrió con desdén y sin ningún tipo de miramiento, alzó sus pequeños pero fuertes brazos, logrando empujar al cuerpecillo del de ojos azules, que fue a dar al suelo terroso. De inmediato se escuchó un grito y seguido un sollozo lastimero. Sasuke se cruzó de brazos, sin dejarse amedrentar por los lloriqueos de nenita de ese chiquillo insolente. El se lo había buscado por desobedecerlo.
—Pues tu nombre tampoco está
— ¡Tonto! — Naruto se levantó, sus rodillas le dolían y sintió como de sus heridas salía sangre. Con las piernas lastimadas pero el ego en alto, corrió hacia Sasuke, arremetiéndolo con un potente golpe. Eso sin duda, había sido sorprendente. ¿Cómo un pequeño cuerpecito podía almacenar esa cantidad de firmeza? Ahora a Sasuke le tocó estar en el suelo. — ¡Eres un tonto!
Sasuke se quedó quieto... Por primera vez en su corta vida, alguien le estaba llevando la contraria a las órdenes que imponía. ¿Por qué no simplemente le había cedido el columpio? Apretó sus puñitos que fueron a parar al rostro del rubio, mismo que ya tenía tres marquitas en cada mejilla, pero eso no era lo importante. Creyó que eso sería suficiente para que saliera huyendo, no obstante el rubio le regresaba los golpes con igual resistencia. Patadas, manotazos, rasguños, gritos e improperios. Respiraciones agitadas, ropas rasgadas, cabello revuelto y las miradas de profundo enojo.
Ninguno de los dos quería dar tregua a lo que estaban sintiendo en ese instante. Era la batalla para ganarse el poderío del columpio. Mirada azul contra mirada negra. Sasuke siempre fue un chico paciente, pensar antes de actuar y al parecer Naruto resultaba ser todo lo contrario pues no tuvo miramientos en continuar con los golpes. Pronto, terminaron en el piso, rodando sobre éste para obtener la victoria. Arriba, abajo, arriba, abajo. Un ciclo irregular, lleno de adrenalina. No dejarían de pelear, estaban concentrados en lo suyo como para darse cuenta de que las ropas de ambos estaban llenas de barro y una que otra gota de sangre.
— ¡Sasuke!
— ¡Naruto!
Los niños se detuvieron abruptamente al escuchar las voces de sus madres, llamándolos para que detuvieran todo aquello. Sasuke, quien fue el que se quedó encima de Naruto, lo observó con miedo. Los dos estaban en problemas, muy serios problemas. Lo supo cuando en una milésima de segundo, había buscado la mirada de su madre, y al hallarla fría como toda una Uchiha, fue lo peor. Naruto se hallaba en las mismas condiciones, tragó saliva y se separó de Sasuke. La mirada de su pelirroja madre fue todo un shock emocional para su pobre cabeza infantil y se alejó todo lo que pudo del niño tonto que pegaba sin razones.
— ¿Alguien quiere decirnos quién fue el que causó este alboroto? — Preguntaron ambas señoras con el tono de enojo que hasta sus mismos esposos temían.
El Uchiha buscó a su padre pero no se encontraba ahí, a lo mejor y para evitarse tantos problemas que salían sobrando en una discusión común, le había dejado a su madre todo el derecho de regañarle por si causaba alguna situación no deseada. Su papá era un traidor por haber hecho semejante cosa; los nervios aumentaron cuando la mujer que lo empujó minutos antes lo estaba viendo con acusación. Ahora entendía de donde había sacado Naruto el pésimo carácter que llevaba. Pero Sasuke era un Uchiha; educado, formal, serio y poco comunicativo a pesar de su corta edad; resultaba obvio que explicaría cómo había surgido el problema.
— ¡Fue Naruto!
— ¿Eh? ¿Por qué me echas la culpa, tonto? ¡Tú me empujaste primero!
— ¿Yo? ¡Tú no me quisiste ceder el columpio!
— ¡Tu nombre no está en él!
— ¡Pues el tuyo tampoco!
Y los niños volvieron a sumergirse en una pelea sin sentido, golpeándose y empujándose sin poner atención a las miradas de comprensión que compartían tanto la Uchiha como la Uzumaki.
Sasuke arrojó el control del videojuego al piso, en el momento en que había perdido la partida cuando el personaje que controlaba había sido atrapado por una tortuga o algo así. Maldijo a la princesa que no se hallaba en el castillo. Llevaba recorriendo el mundo del videojuego y aún no podía hallarla; resultaba que siempre se equivocaba de reino. Dejó caer su cabeza en el respaldo del cómodo sofá y de sus labios salió un gruñido de molestia. Las cosas en el jardín de niños no estaban yendo tan bien y hasta su habilidad en los juegos había sido perjudicada.
—Estúpido, Naruto— No pudo evitar mascullar ese nombre entre dientes. El niñito rubio era una molestia; siempre mostrando sus sonrisas a los demás y a él le dedicaba una mirada furibunda, como si quisiera enviar el odio que tenía a través de los ojos. Un día intentaron ponerlos en equipo para que de esa manera, lograr que llevaran una buena relación… Pero todo salió contraproducente porque el maestro Iruka terminó llevándolos al despacho del director al comenzar a pelearse por el resistol y dicho sea de paso, la sustancia pegajosa había terminado en el cabello del castaño.
Sus padres se enteraron un rato más tarde y no pudo salvarse de una buena regañada pero ellos tampoco fueron tan crueles como para quitarle los videojuegos y la televisión. Y por eso odió a Naruto, porque él hacía que su vida perfecta se viese afectada por tales nimiedades.
¿Por qué Naruto miraba a otros niños y a él no?
¿Por qué Naruto sonreía a todos y a él no?
¿Por qué Naruto lo ignoraba?
—Sasuke— La voz de Itachi lo sacó de sus cavilaciones— Has vuelto a perder, ya te dije como puedes pasarte el juego en menos de cinco minutos— Su hermano mayor estaba a punto de cumplir doce años pero aún así hacía lo posible para estar a su lado todo el tiempo que pudiese. — ¿Te ocurre algo?
—Nada— El menor desvió la mirada a la pantalla donde el fondo negro hacía que el "Game Over" de letras blancas se viera más brilloso que nunca. Se cruzó de brazos, dispuesto a ignorar completamente a su hermano que no tardó en sentarse a su lado para molestarle un poco fingiendo que le "ayudaría". Sintió como le revolvían el cabello, eso fue suficiente para soltar un suspiro y resignarse a contar lo que pasaba— Hay un niño…
—Sasuke, ¿no crees que es muy pronto para que te enamores?
— ¡¿Y quién te dijo que yo estoy enamorado?— El menor gritó, con un notorio rubor en sus mejillas que no pasó desapercibido por los ojos expertos de Itachi— Eso es para niñas y yo soy un niño, hermano, a veces eres muy tonto.
—Bueno, bueno… ¿Entonces qué es lo que te pasa? Tú nunca estás tan molesto a esta hora.
—Es que un tonto se la pasa ignorándome y por su culpa me han llevado varias veces con el director… ¡Me ignora, Itachi! ¡Él ignorándome a mí! ¡Ignora a un Uchiha! — Sasuke hacía graciosos mohines, con la incredulidad grabada en sus infantiles facciones. — ¡Odio a Naruto!
Itachi lo miró por unos breves instantes y luego comenzó a reír al darse cuenta del motivo por el cual, su hermano menor estaba tan exasperado. A principio de cuentas, era un Uchiha y a los Uchiha rara vez los ignoraban; destacaban por la perfección en todas las actividades que realizaban y por eso eran respetados y admirados. Segundo, Sasuke era estaba acostumbrado a recibir las atenciones que demandaba y por eso no podía concebir que alguien no tomara en cuenta su presencia.
—Sasuke, según nuestra madre, Naruto y tú se pelearon por un columpio, ¿no es así? — Itachi consideró que eso era algo demasiado estúpido pero no podía decirlo en voz alta porque su hermano apenas era estudiante de jardín de niños y al menos no se había peleado con alguien por una roca o algo por el estilo— ¿Te disculpaste? Después de todo él llegó antes que tú.
—No me disculpé.
—A lo mejor por eso sigue molesto contigo y te ignora. Creo que…— El mayor iba a darle algunos consejos a su hermanito para que supiera cómo tratar a la gente pero el sonido del timbre le interrumpió. Las sirvientas estarían ocupadas con otras cosas puesto que a pesar del insistente ruido, nadie fue a abrir y Sasuke no se iba a parar por ningún motivo. —Ahora vuelvo.
Sasuke se encogió de hombros y tuvo deseos enormes de gritar una serie de groserías que había escuchado en algún programa de televisión que sus papás acostumbraban a ver por las noches, de esos donde las pistolas no eran de juguete y cuando salían balas y le daban a una persona, chorros de sangre emanaban de las heridas. Bueno, eso no era lo que importaba. Lo que importaba ahora era hacerle entender a Naruto que a un Uchiha no se le rechazaba.
¿Pero qué era lo que debía hacer?
Nunca le había pasado algo semejante. Sasuke se revolvió los cabellos en señal de incomprensión. Sus orbes negras se pasearon por la habitación de juegos, como si alguno de sus juguetes fuera capaz de darle una respuesta clara y concreta. Naruto era un niño diferente a sus compañeritos, demasiado diferente. Tan diferente que ignoraba su maravillosa presencia. Eso, en definitiva era lo más raro del mundo. Sasuke aún era muy pequeño para entender que no siempre sería "monedita de oro" para todos.
—Mira quién está aquí, hermano.
La voz de Itachi parecía divertida, algo que le resultó bastante extraño. Como si de repente, la gente se hubiese puesto de acuerdo para hacerle sentir ajeno a lo que ocurría a su alrededor. Sasuke se levantó del sofá, dispuesto a decirle a su hermano mayor que dejara de hacer cosas tontas y se pusiera a ayudarle con el idiota que no le hacía caso. Sin embargo, cuando sus ojos buscaron unos muy parecidos a los suyos, se topó con unos increíblemente azules. Orbes azules, piel bronceada, marquitas raras en las mejillas.
—Naruto… — Fue lo único que pudo mencionar Sasuke con voz incrédula. Aquello no se lo había esperado. Un sonrojo se posó en sus pálidas mejillas, cuando también se dio cuenta de que el rubio parecía estar igual que él. — ¿Q-qué haces aquí? ¿Qué es eso? — Si la sorpresa de haber encontrado a Naruto en la sala lo había dejado sin habla, verlo cargando una cesta negra con tonos anaranjados a los costados le llenó de curiosidad.
—Yo…
—Ánimo, pequeño. ¿Por qué no le dices a Sasuke lo que hiciste? — El mayor le acarició la espalda al niño para infundirle valor.
—Vengo a disculparme… Mi mami me dijo que yo me portaba mal contigo y me ayudó a hacer galletitas— El Uzumaki cerró sus ojitos, la vergüenza de estar en una casa ajena, en compañía de su peor enemigo era demasiado para él y más aún, el hermano mayor estaba detrás de él. ¿Le golpearía por tratar mal a Sasuke? — Mi papi me dejó venir aquí un rato para jugar juntos.
— ¿Y q-quién dice que tú vas a usar mis juguetes? — El menor se cruzó de brazos y desvió la mirada, para no ver ni a su hermano ni a Naruto.
—Oh…
—Sasuke, esa no es forma de tratar a Naruto. —Regañó Itachi, fingiendo un poco de enojo para que su hermano aprendiera algunos de los modales que tanto le hacían falta.
—E-está bien, sólo no rompas nada. — Su pequeño corazón estaba azorado, no sabía el por qué de esas extrañas sensaciones. No obstante, se dio cuenta de que en esa ocasión el mismo rubio había ido a buscarle –quizá obligado por las circunstancias, peor él dio el primer paso a fin de cuentas– y eso lo hizo sentir feliz
Sasuke estaba a punto de cumplir seis años, por lo tanto algunos temas del corazón eran difíciles de entender, y se sintió más confundido cuando la sensación cálida que le inundó el pecho apareció en el momento en que un rubio de ojos azules se abalanzaba sobre él. Fue un extraño comienzo, pero no dudó en pensar que ese niño estúpido iba a ser su primer amigo. Su primer, único y mejor amigo.
2.-
—Amigo…— Sasuke abrió los ojos cuando terminó de susurrar la última palabra. Un rayo de luz le dio directo, haciendo que cerrara los párpados por inercia, gruñó fastidiado y se cubrió con la sábana para quedar resguardado de tan duro "golpe" que le había dado la realidad al momento de despertar. Estaba en su cama, su gran y cómoda cama; con el aire acondicionado en la máxima potencia pues ese jodido día estaba inusualmente cálido. Claro, como si cálido pudiera usarse para describir la temperatura del infierno.
Su humor también sufrió cambios por el clima tan caluroso y en vez de despertar alegre por la reconfortante noche de sueño, terminaba peor que cuando había ido a dormir. Más que nada su enojo y frustración se debía por el mismo puñetero sueño que se encargaba de acosarlo todas las noches desde hacía una semana. Una semana que además de ser estresante y poco agradable, le dejaba un ligero pesar en el pecho cada vez que se topaba con la mirada gélida de su "mejor amigo".
Por si fuera poco, su mente disfrutaba de hacerle malas pasadas porque daba la casualidad que el sueño se instaló en el pozo de la consciencia cuando todo hubo terminado con Naruto Uzumaki. Claro, faltaba aclarar que los cuatro estúpidos ex novios de su ahora ex novio estaban como fieras intentando por todos los medios mantenerlos alejados a una buena distancia. Y es que por más que había querido acercarse a él para intentar arreglar los malentendidos, siempre sucedían ciertas "cosas" que los terminaban separando. Obviamente el rubio no hacía algo para remediarlo y todo finalizaba con un Uchiha loco por la furia que le dominaba.
Lo peor de todo es que aquél grupito que servía más como algún equipo del Servicio Secreto Japonés –de esos dónde agentes secretos se hacían pasar por jóvenes universitarios para completar misiones ultra secretas–, le dejaban claro en su propia cara que ellos harían lo posible para que jamás volviera a cruzar palabra con Naruto.
Ino era una chica refinada, que usaba sus encantos de damita inocente como arma de doble filo. Dos días después de la "ruptura", Sasuke por fin había logrado concretar una cita con Naruto. No resultó fácil convencerlo pero por fin tuvo la oportunidad de hablar con él. Todo empezó con trivialidades pero cuando estuvo a punto de tocar el tema de los insultos, apareció la rubia despampanante, interponiéndose entre las dos.
— ¡Naruto! ¡Que maravilla encontrarte por aquí! — La rubia se abalanzó sobre un confundido chico de ojos azules que no sabía ni donde esconderse ante la sorpresiva muestra de afecto. Ino, al colgarse del cuello de su "amor" miró escuetamente a Sasuke—Sin embargo, todo lo bueno viene con algo malo.
— ¿Quieres largarte? — Sasuke desvió la mirada, cruzándose de brazos para no ver la "alegre" escena— Naruto y yo estamos hablando de algo importante. Vete de una vez, Yamanaka.
—No me voy— Canturreó la rubia sonriendo ampliamente, pegando sus atributos al rostro enrojecido del Uzumaki— Es que no entiendo como Naruto sigue hablándote después de lo que le dijiste. Eres un mal novio y un mal amigo. —Dijo, enseñándole la lengua.
— ¡Pues eso es problema entre él y yo! — Exclamó Sasuke enfurecido— Aparte, yo no le tengo miedo a las preferencias de Naruto. ¡Sé que no me va a contagiar de sus gustitos raros!
—Imbécil…— Naruto apartó con suavidad a Ino, dedicándole una mirada de profunda decepción a Sasuke. Se puso de pie y con la rubia pegada como lapa, se marchó de ahí silenciosamente.
El Uchiha supo en seguida que lno ya sabía cuáles eran sus reacciones y bastaba sólo molestarlo un poco para soltar comentarios tontos como ese; se dio cuenta en el momento en que la rubia se volteaba y le guiñaba el ojo coquetamente, para después abrazar a Naruto lo más que pudo.
Gaara era silencioso pero bien dicen que los callados siempre tienen intenciones no muy sanas. Eso se lo había demostrado tres días antes, cuando Sasuke iba caminando a una de las aulas en búsqueda de su rubia frustración; encontrándolo apoyando la cabeza sobre el escritorio, apaciblemente dormido. Entró, dispuesto a despertarlo y hacerle entender que sus palabras no habían sido en serio, que sólo fueron producto de un terrible lapso de celos sin escrúpulos. Pero cuando vio quien estaba acompañándolo se detuvo en seco, unos ojos verdes le retaron en silencio; no obstante, eso no lo detendría. Por los suyos no lo haría.
—Si intentas tocarle un sólo cabello, juro que te lo haré pagar —Habló el joven cuando el azabache estuvo a unos centímetros de acariciarle la cabeza al de ojos azules, quién se removió un poco al sentir el tacto.
Sasuke sintió un ligero escalofrío recorrerle la espina dorsal. Nunca había sido una persona miedosa y menos ante la mirada fría gélida de alguien pero las palabras de Gaara iban cargadas con cierto tono de superioridad que le dejó un intenso malestar en la boca del estómago, indicándole que aquella expresión iba muy en serio. Por lo tanto, se marchó con la poca dignidad que le quedaba, después de todo el Uzumaki también tenía mal genio cuando le despertaban y prefería dejarle dormir.
Hinata Hyuuga era adorable. Pero lo que ella tenía de ingenua, Sasuke lo tenía de tierno borreguito. Ella había sabido mover bien sus piezas en el juego durante la semana, pues a pesar de que unos días estuvo como mártir tratando de ayudarlo a acercarse a Naruto, en realidad fue una careta para confabular en su contra. Como pasó el día anterior, después de una ardua sesión deportiva a primera hora de la mañana. Naruto y Hinata compartían esa clase, por lo tanto no era raro encontrarlos juntos de vez en cuando. Sasuke aprovechó para colarse e intentar hablar con el rubio.
—Naruto… ¿Estás seguro de no querer hablarle a Sasuke? — La chica preguntaba con timidez y un notorio rubor en sus pálidas mejillas se hizo presente como de costumbre— Tan sólo míralo, se ve muy afligido.
—Hinata, ¿por qué tienes tanto interés en que lo perdone? — Replicó el rubio con un tono demasiado frívolo para el gusto del Uchiha. Le miró con gesto despectivo para luego sonreír con altanería— Los de mi "calaña" también tenemos orgullo.
—Mira idiota, ya te pedí perdón… ¿Qué mierda quieres que haga para que aceptes mis disculpas? —Sasuke iba decido a todo.
—Hinata, no andes solapando a este sujeto— Comentó, mirando a la de ojos perlados con cariño, para luego agregar con desdén— Se te puede pegar la estupidez y para eso no hay cura.
—Lo siento tanto, Naruto… En realidad…— La chica comenzó a hiperventilar, los nervios la estaban carcomiendo por dentro y sólo pudo atinar a sostenerse del hombro del Uzumaki— Por favor, es que yo quiero que tú estés bien… Discúlpame.
— ¡¿Ves lo que causas? ¡Hinata está sufriendo un ataque por tu culpa! — Naruto se mostraba enfadado. Sujetó a la joven de la cintura, permitiendo que ella se agarrara del brazo para llevarla a la enfermería antes de que la situación se tornara mucho peor. — ¡A la próxima, ve a causarle problemas a otros!
Sasuke hubiese sentido remordimiento, en verdad que sí. Porque a pesar de ser altanero, orgulloso y déspota, él tenía un corazón como el de cualquier otra persona. Pero de no haber sido por la señal de burla que Hinata hizo con las manos detrás de la espalda cuando fue sujetada por Naruto como si fueran la típica pareja de un cuento de hadas, ni él mismo, siendo un Uchiha –mentiroso y manipulador por naturaleza– se hubiera dado cuenta del engaño. Fingir ser la princesa moribunda para causar lástima y tristeza; quedando el pobre de Sasuke como el malo del cuento.
Sai era un poco más directo al momento de dirigirse hacia él. Por lo regular era quién pasaba más tiempo con Naruto –claro, contando las horas que esos dos debían estar juntos en el departamento cuando no tenían algo que hacer– y procuraba no dejarlo solo ni un instante. Sasuke se preguntaba si su copia barata también era capaz de acompañar a Naruto al baño con tal de no dejarle sin su "maravillosa" compañía. Por alguna extraña razón, Sasuke sentía que una tensa competitividad había surgido en el momento en que su noviazgo terminó.
Una competencia donde la finalidad era cortejar a Naruto y quedarse con él.
El Uchiha se incorporó sobre la cama, estirándose para destensar los músculos. Aquellas ideas a pesar de parecer inverosímiles, no dejaban de ser imposibles. Los cuatro ex's le habían dejado prácticamente en claro que aún seguían queriendo a Naruto. Lejos de causarle alivio al saber que ellos se tomarían la molestia de mitigar la depresión post ruptura, le causaba un terrible malestar al verse fuera de todo eso. Después de todo el rubio era su único amigo y no iba a perderlo tan fácilmente.
Se levantó con la determinación de arreglarse lo más presentable que podía y de esa manera ir a buscar a Naruto. No debía dejar pasar más tiempo. En verdad no quería aceptarlo pero extrañaba mucho las conversaciones con el idiota, también cuando salían al cine o a comer algo y sin duda le hacía falta verlo con esa agradable sonrisa que compartía con los demás, menos con él. Justamente lo mismo que pasó años atrás, en el jardín de niños cuando Naruto no deseaba brindarle su amistad.
Su móvil comenzó a sonar, como venía sonando desde hacía tres días a la misma hora. En la pantalla se anunciaba el nombre de Sakura, que no se cansaba de hablarle cada vez que podía y es que ella había tomado el rol de ser una especie de madre sustituta para saber de su estado cuando tenía algún minuto libre. Sasuke se había arrepentido de besar a la chica la otra vez, pues ella había atribuido equivocadamente que él quería tener una relación afectiva con ella. Al principio así era pero ahora tenía prioridades y la más importante en esos instantes era recuperar la confianza de su amigo.
3.-
Naruto se sintió agobiado después de la cuarta hora de clase. Gaara y Sai se habían puesto en un terrible plan de atosigarlo y perseguirlo por todo el campus cada vez que se encontraban con él ó cuando les tocaba alguna clase y eso lo estaba cansando demasiado. No sólo tenía que lidiar con profesores amargados, sino también con lo pesados que se estaban convirtiendo sus amigos. Al principio de la semana fue divertido pero era como si en verdad estuviesen tomándose en serio su papel de guardaespaldas o algo por estilo y eso no era lo suyo. Odiaba la sensación de sentirse acosado y aunque aseguraba que sus amigos sólo buscaban la manera de hacerlo sentir bien, lograban todo lo contrario.
El rubio se puso de pie, guardando sus cosas para asistir al laboratorio de ciencias donde harían una práctica de Química Orgánica, misma que también serviría como un pase para presentar el examen mensual de la materia. Como pensó, Gaara ya se encontraba afuera, esperándolo pacientemente para ir juntos al mismo lugar. Suspiró, mirando hacia los lados para ver si Sasuke también se encontraría ahí pero gran sorpresa se llevó al no verlo; tal vez se había cansado de buscarlo para pedirle disculpas y lo dejaría en paz de una vez. Eso le hizo sentir bien porque ya no tendría que verlo.
Naruto se consideraba a sí mismo como una persona tolerable, respetuosa, divertida y comprensiva pero existían cosas que no podía perdonar por más bueno que él fuese. No sabía si era una tontería pero las palabras de Sasuke le habían hecho mucho daño; el juicio de los demás no suponían algo tangible para él pero si provenía de un amigo todo era muy diferente. Así que, al haber acabado con la "relación" supuso que el trago amargo se le pasaría con más facilidad. Hinata, siempre adorable e indulgente se había encargado de escuchar todas las quejas dirigidas hacia el Uchiha. Ella sólo asentía y sonreía con la dulzura que le caracterizaba.
La situación era hasta cierto punto desconcertante para el rubio, pues él, más que nadie, había sido el único capaz de poder llevar una amistad tan larga con el Uchiha y eso le hacía sentirse tremendamente afortunado pero sabía que algo más pasaba. ¿Por qué su corazón latía con fuerza cuando se encontraban juntos? ¿Por qué sintió un calorcillo abrumador en su pecho cada vez que Sasuke le daba un beso ó le tomaba de la mano? Respuesta sólo había una pero ahora no tenía ningún tipo de importancia porque Sasuke ya había elegido a alguien con anterioridad y a Naruto lo había insultado.
—Infeliz— masculló el rubio haciendo que rechinaran sus dientes.
— ¿Qué ocurre? — preguntó Gaara mirando con cara de circunstancias a su amigo, quien se estaba apretando los puños con fuerza exagerada y en su rostro brillaba cierto halo de enojo. — ¿Recordaste algo que te hizo enfadar?
—No tengo nada, no me pasa nada de nada— respondió Naruto desviando la mirada un poco al escuchar el tono curioso del pelirrojo. — Es sólo que… Aún no puedo acostumbrarme a estar sin Sasuke, es decir… Tú entiendes. Siempre hemos estado juntos y pues, aún no me hallo estando sin él— No pudo evitar sonrojarse al decirle ese pensamiento; conocía los sentimientos de Gaara pero aún así tenía que ser sincero.
—Te entiendo— Afirmó el pelirrojo con el mismo tono impertérrito que tanto lo caracterizaba— Sé lo que se siente estar sin la persona que uno aprecia— Gaara sonrió de forma diminuta y miró a Naruto con profundo interés— Aquí la pregunta es… ¿Qué tanto aprecias a ese Uchiha? Piénsalo bien, no vaya a ser que te suceda como a mí: pensé muchos las cosas y a causa de eso perdí a la persona que más quiero—
—Gaara, ¿pero de qué estás ha…?— Naruto iba a rechistar pero el trigueño lo agarró rápidamente de la barbilla y le dio un suave beso en los labios. No duró mucho tiempo y fue apenas un leve roce pero lo suficientemente real como para que el rubio se sonrojara ante el sorpresivo movimiento. Hacía mucho tiempo que Gaara no lo besaba y sentirlo tan cerca le había dejado descolocado, cuando se separaron Naruto no pudo mirarlo a los ojos; sentía que si lo hacía iba a perderse en un mar de pensamientos del cuál no podría salir hasta pasado un tiempo.
Sabía que sus compañeros los estaban observando pues los murmullos que emitían resultaban muy molestos, realmente eso no importaba sin embargo por algo estaban haciendo comentarios, no lo comprendió hasta que escuchó como alguien hacía un ruido con la garganta, volteó hacia donde provenía y como si fuera una jugada del destino se encontró con las orbes resentidas de Sasuke. Se sintió desconcertado pero entendía que no había motivo para ponerse de esa manera, las cosas habían terminado mal con el Uchiha y ninguno de los dos tenía el derecho de reclamar algo. No obstante, la mirada dolida que Sasuke le enviaba le causaba mucha curiosidad. ¿Por qué se veía de esa forma? Quiso preguntarlo pero la cuestión se le quedó atorada en la boca, no quería hace comentarios.
Naruto aún estaba muy ofendido con él y no quería perdonarlo tan fácilmente. Simplemente iba a ignorar a Sasuke, pasar de largo, aplicar la ley de hielo contra él; tomaría de la mano a Gaara para largarse de una buena vez del pasillo rumbo al salón, alejarse de sus compañeros entrometidos e ir a refugiarse en la comodidad que un poco de silencio le brindaría. Pero el día estaba lleno de sorpresas y cuando advirtió que Sasuke alargaba la mano hacia él y lo agarraba del antebrazo con brusquedad para después jalarlo, lo aturdió. Pasos torpes, el apretón fuerte contra su piel y el dolor del pecho lo estaban carcomiendo por dentro mientras iban hacia un lugar desconocido. Intuía que al día siguiente todos estarían comentando la escenita que estaban montando pero el ansia de saber que ocurriría le hacía continuar caminando sin replicar.
No le importó Gaara, no le importó lo que dijeran los demás. Estaba idiotizado por el chico que andaba con zancadas rápidas en busca de un lugar solitario; Hinata estaba por ahí e intentó acercarse a hablar con él pero Sasuke no lo permitió y continuó con su caminata, al parecer iba decidido a todo. Aquello comenzó a cansarlo, de por sí llevaban subiendo y bajando escaleras, no podía creer que no hubiese algún lugar disponible.
— ¿A dónde me llevas? — Preguntó el rubio algo enfadado, los pies comenzaban a dolerle— Si quieres hablar conmigo, puedes hacerlo aquí— Utilizó algo de fuerza para detenerse y apartar a Sasuke de un manotazo. —Hiciste que dejara a Gaara solo, otra vez.
— ¿Puedes dejar de hablar de Gaara? Creo que ya he escuchado suficiente de él en todo el día… Todos andan diciendo que volvieron— replicó Sasuke con rapidez y antes de que pudiera continuar con sus reclamos, Naruto lo jaló y ambos entraron a una elegante oficina, que estaba lujosamente amueblada. Ambos estaban sudados y agitados por el recorrido; el aire acondicionado hizo que sus cuerpos se refrescaran en cuanto entraron— Al principio fue divertido, pero también te han visto con Sai, Hinata e Ino… Eres la comidilla de todos, Naruto. —Finalizó una vez que recuperó el aliento.
—No entiendo de qué te quejas… Tú y yo ya no fingimos que somos novios, además creo que nuestra amistad terminó gracias a tus comentarios ofensivos— protestó Naruto disgustado. Se cruzó de brazos y desvió la mirada haciendo una mueca de fastidio. Se estaba arrepintiendo de haber quedado a solas con el Uchiha. —Si es por el "contagio" de mi bisexualidad, no te preocupes, no afecta a imbéciles como tú… Así que déjame en paz de una buena vez.
— ¡Joder! ¿Es que no lo entiendes? — Gritó Sasuke— ¡Todos dicen que andas de ramera barata! — Notó que Naruto abría los ojos con conmoción al escuchar el apelativo; guardó silencio, no había sido la palabra correcta y la gente no pensaba eso del rubio. Sasuke estaba formulando todas esas ideas por el mero hecho de que sentía rabia al ver a Naruto con otras personas, en especial con las ex parejas. Cuando sintió el puño del Uzumaki estampándose contra su rostro, sintió un profundo alivio.
— ¡¿Siempre tienes que decir esas cosa? ¡Lo arruinas todos con tu boca suelta, idiota de mierda! — Contradijo Naruto fuera de sí, sus nudillos le dolían por el golpe que le había dado a Sasuke pero ni así se contuvo de volver a hacerlo; pensó que el Uchiha se quedaría quieto pero su corazón se aceleró al ver que le correspondía a los golpes. Puñetazos al estómago, rasguños a la cara, brazos lastimados, respiraciones agitadas y miradas de resentimiento por parte de ambos.
Sí, viejos tiempos.
— ¡Tú tienes la culpa de todo! — Exclamó el Uchiha.
— ¡¿Qué te pasa? ¡Tú eres el jodido culpable!
— ¿Yo? ¡Tú eres el que anda con tu banda de ex novios!
— ¿Por qué te interesa tanto? ¡Tú tienes a tu Sakura! ¡Si tanto te gusta, ve a juntarte con ella! ¡Hazla tu novia! ¿Es lo que querías no? ¿Por qué no lo haces de una buena vez? — Por cada reclamo, intercambian un nuevo golpe. Naruto estaba enfurecido.
— ¡¿Quieres saber por qué? — Los ojos de Sasuke brillaban con un tenue tono carmesí.
— ¡Le harías un jodido favor al universo!
—¡Estoy celoso! — Gritó Sasuke— ¡Estoy celoso, maldita sea! — Su respiración se agitó al darse cuenta de lo que había dicho pero no se arrepintió, un golpe más a su estómago, esta vez siendo el más doloroso de todos. — ¿Querías saberlo no? ¡Pues ahí lo tienes! ¡Estoy celoso de que estés con Gaara, de que Hinata te tome de la mano, de que Ino ande todo el tiempo arriba de ti y de que Sai viva contigo!
Naruto se desplomó sobre el suelo, incapaz de poder apalear una vez más al Uchiha. Su respiración arrítmica le impedía pensar con coherencia y el digerir aquellas palabras parecía ser una misión imposible. Sus mejillas se hallaban rojas y no precisamente por los porrazos que había recibido por parte de Sasuke. ¿No se suponía que el aire acondicionado de la oficina estaba en su máxima potencia? ¿Entonces por qué sentía la cara tan caliente? Miró hacia el suelo, había esperado cualquier explicación pero lo que Sasuke le había dicho fue el colmo.
—He soportado de todo, Sasuke pero… ¿Eso? ¿Es necesario que mientas de esa manera?
—Naruto… Lo que digo es verdad— Sasuke se colocó a la altura del rubio, tomándolo de los hombros, jalándolo para darle un abrazo. Era tan difícil poder confesar algo de aquella naturaleza y mucho más difícil decirle aquellas palabras a su amigo de la infancia, sin embargo todo aquello llevaba una gran verdad y era imposible mentir sobre algo que venía sintiendo desde hacía mucho tiempo, sólo que había batallado mucho para darse cuenta. Tendría que mejorar en muchos aspectos: conocer a los papás del rubio, saber un poco más de la historia de la familia Uzumaki y sobre todo poner las cosas en orden con Sakura. Aparte, debía saber cómo no pudo darse cuenta cuando Naruto tuvo tantas relaciones.
— ¿Y tenías que decir esas cosas terribles? ¿Por qué, Sasuke? ¿En serio te causo tanto asco? — Naruto intentó empujar al Uchiha pero éste hizo más presión y no permitió que se fuera a algún lado… Se sentía tan sumiso y eso le incomodaba mucho, quería sacar esa parte rabiosa de él y golpearlo.
— ¿No escuchaste lo que dije? Estaba celoso y lo sigo estando… Porque Sai hizo algo que detesté— Musitó Sasuke mientras lo agarraba de las mejillas y lo besaba en la boca. Era la primera vez que se besaban en mucho tiempo y el tacto no le disgustó en absoluto, al contrario, era muy diferente a todos los besos que se habían dado antes… Incluso cuando ellos eran pequeños, pero eso era otra historia y Sasuke no planeaba recordarlo, al menos, no aún.
Naruto sintió que el corazón se le saldría del pecho, le fastidiaba la actitud tan dócil que estaba tomando, así que se irguió un poco y pasó sus brazos por el cuello de Sasuke, haciendo que ambos se juntaran mucho más. El beso poco a poco fue cambiando de tranquilo a uno más pasional, como si todo lo que estuvieron aguantándose estuviera quedando en evidencia en ese instante. Las lenguas se movían desesperadas, ansiando profundizar cada vez más el contacto; el calor entre sus cuerpos iba incrementándose y entonces por fin comprendieron lo mucho que habían deseado hacer eso. Separándose un poco, Sasuke bajó hasta el cuello del rubio y le mordió ligeramente, dejando una marca visible. Sonrió complacido; para después introducir las manos bajo la camisa del uniforme de Naruto, quién se estremeció ante el inesperado roce.
—Idiota, ¿tienes idea en dónde estamos? — Reclamó el rubio, alejándose un poco del Uchiha.
—No, no creo que ninguno de los dos tenga idea de dónde se encuentran— Interrumpió una divertida voz, haciendo que los chicos se separaran rápidamente. —Supongo que venir a la oficina del director a satisfacer sus deseos hormonales debe ser una experiencia gratificante e interesante, ¿verdad, queridos alumnos?
— ¿Director Namikaze?
— ¿Papá? —
Sasuke tuvo la idea de que debía de limpiarse bien los oídos pues por alguna razón había escuchado que Naruto le decía "papá" al director lo cuál era remotamente imposible. Se pusieron de pie y en cuanto el Uchiha observó al hombre sintió que algo dentro de él se removía con mucha incomodidad, al ver que el director de la escuela era la copia exacta de su amigo. Sonrió con un poco de nerviosismo e hizo una nota mental:
Conocer a los papás de Naruto: 50% Completado.
Después de esa bochornosa situación Naruto se daría cuenta de que había mucha diferencia entre un "Estoy celoso" a un "Me gustas". Pero a veces las lecciones vienen acompañadas de mucho dolor y él tendría que hallar la fortaleza necesaria para seguir adelante, a pesar de las circunstancias…
4.-
—Gaara, has estado más callado de lo usual en esta clase— Rock Lee era un chico de lo más enérgico pero ese día lucía extrañamente tranquilo, por eso de forma apacible le había ido a preguntar al pelirrojo por su estado. — ¿Te pasa algo? ¿Por qué Naruto no llegó? ¿Acaso le pasó algo? — Aunque su tono de voz no sonara tan fuerte, la velocidad con la cuál salían esas preguntas era igualmente rápida.
—Nada, se fue a hablar con Sasuke… Tal vez arreglen las cosas entre ellos— Respondió el pelirrojo con simpleza, dentro de él habían un terrible remolino de emociones encontradas pero se le hacía una pérdida de tiempo tener que demostrar cada una de ellas, así que prefirió concentrarse en la práctica que le estaba poniendo el maestro de Química Orgánica. — Tú también has estado raro—
— ¿Sabes? Yo espero que no arreglen las cosas— comentó Lee un poco contrariado, logando captar la atención de Gaara— Yo… Vi algo que me dejó consternado y no he tenido el valor de decírselo a Naruto pero tú eres su amigo y sé que me aconsejarás bien— Miró al Sabaku y luego de tomar algo de valor se animó — Hace poco, vi que Sasuke y Sakura se estaban besando… No era un beso de amigos, Gaara… Parecían novios o algo así… — Lee suspiró.
—Esto… Es interesante— Gaara pareció meditarlo unos instantes, sonriendo complacido, tendría algo bueno que contarles a Sai y a las dos chicas; tenían un motivo para alejar a Sasuke y a Naruto definitivamente porque ese maldito Uchiha no poseía ningún derecho de tener que herir los sentimientos del Uzumaki. —No te preocupes, Lee… Yo me encargaré de todo, por lo pronto, puedes volver a tu insoportable humor de siempre—
Y Rock Lee sintió temor al notar cierto brillo en los ojos de Gaara.
Notas después del capítulo:
Marthiis: *cubriéndose los ojos* ¿Está mal? ¿No les gustó? ¿Demasiados horrores ortográficos?
Tamaki: Tranquila, tranquila… Todo estará bien *le da palmaditas en la espalda*
Marthiis: *Se quita las manos de la cara* Espero que les haya gustado, personalmente me divertí con la parte de los niños *ríe* Pero bueno, espero que les guste… ¿Merezco reviews?
Tamaki: Por cierto… Diles eso…
Marthiis: Ah, sí… A los que se queden leyendo las notas finales, ¿alguien quiere platicar conmigo por msn? *ríe con vergüenza* Se los dejaré pero no se rían porque es muy infantil é.e correo caliente .com (Lo de correo caliente me dio risa, vaya nombre traducido de hotmail xD) Y una cosa más… ¿A alguno de ustedes le gustaría ser mi beta? Es que en verdad necesito que alguien me revise los escritos…
Tamaki: Bueno, sin más preámbulos, ya nos vamos porque Marthiis tiene que estudiar. ¡Sayonara!
