TRUE ROMANCE.
Para Neshlud...por siempre ella.
Bo se pierde en la boca de Lauren. Intenta recorrer con suavidad todo el contorno de la misma con leves mordiscos, pero la ansiedad y la excitación la pierden y hunde su lengua sin remisión en el cálido pozo que la llama con ansiedad. Busca con urgencia la lengua de su amada. El primer contacto de las puntas, solo un leve roce, la arranca a la súcubo un gemido inconsistente pues Lauren insiste en el contacto y Bo debe de callar, concentrada en sentir el violento roce de toda la superficie de la lengua de Lauren contra la suya. La doctora muerde la punta de Bo, arrancando de nuevo un gemido esta vez más gutural y primario. Bo, ligeramente asustada de lo que su cuerpo la empieza a pedir, deshace el íntimo contacto y pone una leve y dolorosa distancia entre su boca y la de Lauren. La súcubo intenta controlar sus impulsos más animales mientras navega, ora en los ojos avellanas de Lauren, ora en la humedad pristina que tapiza los labios de su amada. Los labios de Lauren brillan, cargados de humedad, a la luz de la luna. Invitación y tentación. Promesa de placeres nunca ocultos y siempre deseados. La súcubo posa sus manos con suavidad a ambos lados de la cara de Lauren e intenta mantener una serenidad que ya empieza a ser imposible de mantener. La doctora tiene sus manos posadas en los hombros de Bo, como si quisiera protegerla del relente nocturno que ella cree que es lo que eriza el vello de su amada. Que equivocada está. No es el frío lo que altera a la súcubo. Es el calor. Un calor intenso e indómito que empieza a instalarse en el bajo vientre de la súcubo y la esta empezando a hacer perder el control.
—Lauren —gime Bo sin convicción.
Y la doctora, nuestra querida doctora, sabe que lo que está haciendo es muy peligroso. Que debería parar ya y tomarse el antídoto que lleva en uno de los bolsillos de la chaqueta. Bastante ha tenido su cuerpo con la arremetida de los poderes de Hades como para ahora tentar más a la suerte en una ruleta rusa de emociones primarias, que es lo que supone el más leve contacto con Bo. Pero Lauren quiere arriesgarse. Despedirse a lo grande de una faeidad inconclusa y errónea. Quiere hacerlo al modo fae con Bo. No quiere amor, ni siquiera ansia sexo…
Quiere una explosión atómica de placer. Quiere fundirse con Bo y hundirse junto a ella en los más recónditos senderos del placer más puro y doloroso. Ella todo quiere ser orgasmo. Y quiere a Bo, convertida en orgasmo puro para cabalgar juntas hasta lo más alto del mundo del placer. Y luego, sanadas por el sagrado contacto de sus cuerpos, emerger a un mundo muevo y maravilloso…
Un mundo sin Jack…
Un mundo con Bo.
Lauren canaliza los poderes de Bo y los lanza a través de los hombros de su amada, buscando el principio de todo…la emoción pura y primaria del placer en si mismo.
Bo se retuerce al sentir sus propios poderes, avalancha escarlata que se retrepa por sus hombros e invade todas y cada una de las células de su cuerpo. Un calor indómito y salvaje la domina. Los labios de Lauren, más que húmedos, inundados de una saliva excitante la llaman, tal y como hacían los cantos de las sirenas con los marineros, hacia la dulce perdición del placer sin parangón…
Lauren desabrocha con urgencia la parte superior del vestido de Bo. Dejando los pechos de la súcubo al aire.
Bo se corre. Solo un poquito. La punta del iceberg del gigantesco orgasmo que acecha, inclemente, entre sus piernas. La súcubo apenas tiene tiempo de dejar que un inmisericorde pensamiento recorra su mente antes de perder el control por completo: "Cuando llegue abajo me voy a morir de placer".
Los pezones de Bo, dulces flores tiernas y suaves, se agigantan y endurecen hasta convertirse en dos duros diamantes que refulgen a la luz de la luna. Una luna que asiste asombrada al despliegue de pasión que tiene lugar en la azotea. Lauren se aplica a la dulce tarea de desbastar esos diamantes con la humedad de su boca, con los embates de su lengua desenfrenada. Una de sus manos transmite más y más poder por el cuerpo de Bo. La otra desciende por el bajo vientre, buscando el húmedo destino que la aguarda entre las trémulas, vibrantes y anhelantes piernas de la súcubo.
Bo se corre…otro poquito.
No quiere dejarse ir. Todavía no. Se dice entre gemidos. No hasta que ella esté dentro mía.
A duras penas la súcubo logra desabrocharse el pantalón y dejar que este, junto con sus inundadas bragas, caiga hasta sus rodillas. Dejandro franco el camino a la mano de Lauren.
La doctora arremete sin piedad. Primero refrotando su mano por el interior de los muslos de Bo, recogiendo toda la humedad que se desliza de la dulce caverna que tiene intención de recorrer hasta el último de sus rincones. Los dedos de la doctora se hunden, inmisericordes, en el interior de Bo.
Bo se corre…demasiado esta vez.
Los dedos entran…
Bo se corre.
Los dedos salen…
Bo gime.
Lauren desliza su boca desde los pezones desgastados hasta la boca anhelante de su amante. Ojos convertidos en dos lapsilazules. El poder compartido la ayuda a tomar el chi de Bo. Una corriente azul de pequeños orgasmos que van creciendo…creciendo…creciendo…
Los dedos entran y salen…
La humedad desborda el interior de la súcubo…
Bo se corre…esta vez más allá del límite.
Lauren chupa con avidez el gigantesco orgasmo azulado que se vierte de la boca de Bo.
Los dedos entran y salen…
Bo ya no se corre…
La súcubo, toda ella, es orgasmo. Puro, dulce y doloroso orgasmo que amenaza con dividirla en partes infinitas de placer.
Lauren seca la boca de Bo.
La súcubo siente que la vida se le va por la boca, convertida en puro placer. Se rebela y reclama lo que es suyo. Sorbe el chi de Lauren como si la boca entreabierta de su amada fuera el último oasis de un desierto infinito. Bo golpea a Lauren con un salvaje toque de sus poderes. Lauren se sacude, presa de un placer sin límites y Bo aprovecha el ligero instante para tomar el control. Coge a Lauren por la cintura y la sienta en el alfeizar de la azotea. Arranca sus pantalones y destroza las bragas. Se permite un segundo para contemplar el hermoso objeto de su deseo. Hinchado, palpitante y húmedo…
Lauren abre las piernas. Se ofrece. Se entrega. Se derrite.
Bo hunde su cara entre las piernas de Lauren, dispuesta a devorarla hasta que el mundo mismo se detenga.
Lauren la recibe. La siente…
Bo la lame…la sorbe…la devora.
Lauren se corre…demasiado. La doctora no es capaz de aguantar el salvaje embate de una súcubo desatada.
La lengua de Bo recorre…
Lauren se corre…más allá de lo mentalmente permitido.
La lengua de Bo succiona…
Lauren se corre…navegando más allá del placer…cerca del dolor.
Bo muerde, destroza, arremete, devora…se lleva el alma de Lauren en húmedos orgasmos que se deslizan por las comisuras de sus labios.
Lauren ya no se corre…ella toda es placer volátil que fluye a la noche. Grita. La doctora grita como si la vida le fuera en ello.
Bo levanta la cabeza y sonríe. Sonrisa salvaje y animal de satisfacción.
Ambas se funden en un beso primario que acalla todo grito y gemido por breves instantes.
La luna se esconde tras una tenue nube…ligeramente ruborizada por la intensidad de lo que acaba de contemplar.
—Te amo, Lauren Lewiss —Bo separa sus labios de los de su amada para acertar a murmurar tan dulces palabras.
—Hasta el último aliento de nuestras vidas —gime Lauren acariciando el negro cabello de su amada.
