THE SHORTEST STRAW.
Para Anika, la nueva…Bienvenida a la familia LG.
Bo está apoyada en la barandilla de la terraza. La visión que tiene es majestuosa y llena de dicha y alegría su corazón. Una hermosa playa de finas arenas doradas que precede a la suavidad del mar Mediterráneo rompiendo en dulces y pequeñas olas cuajadas de una espuma blanca que reluce al sol del atardecer. Puede adivinar, entre otras personas a Dyson y a Alicia paseando, pies descalzos en contacto con la humedad de la arena, por la orilla.
La súcubo ahoga un suspiro de genuina preocupación por el lobo. Sabe que la muerte de Trick quizás haya dejado en Dyson un hueco más profundo de llenar que el que ella misma tiene en su interior. Todo aquello que contribuya ha hacer más fácil la vida de su amigo siempre será bienvenido. En cuanto a Alicia, Bo nada malo puede decir de la humana. No la culpa en absoluto por lo que ha hecho: contarle a su marido todo lo que sucedió mientras él estaba en coma. Bueno, todo no. Alicia ha pasado de largo sobre el tema de los faes y ha incidido en el hecho de que ella y Dyson se acostaron, algo que le ha costado a la mujer la ruptura de su matrimonio…
—Algo quizás buscado —se dice Bo con una sonrisa recordando la pícara mirada y el nerviosismo que acompañaban a Alicia cuando se presentó en la casa de la playa buscando al lobo.
Pues si algo tiene claro Bo es que un amante como Dyson es muy difícil de olvidar, incluso para una fae. Así que supone que para Alicia tuvo que ser toda una revelación descubrir aquel potencial en la cama. Algo de lo que Bo sabe bastante. La súcubo les dedica una tierna mirada, desde la distancia, mientras piensa, bueno, más que pensar se reafirma en la idea de que de no haber estado Lauren a su lado, nunca hubiera podido librarse del la irremediable atracción que desprende Dyson…
Lauren, siempre Lauren.
Bo ahoga el estremecimiento y la ligera excitación que le supone pensar, e incluso pronunciar el nombre de su amada, para dar la espalda a la playa y buscar el contacto visual con Lauren. La doctora está sentada en una silla, con la mirada fija en la pantalla del ordenador, pero parece que un sexto sentido la advierte de que Bo la está mirando y desvía, por un momento, los ojos del ordenador para posar su intensa mirada color avellana en la súcubo. Bo no puede dejar de maravillarse ante la hermosura de su amada y, entre la rotundidad de lo que está viendo, y algún que otro pensamiento ligeramente oscuro sobre los paseantes de la playa que se le acaban de ocurrir, no puede disimular la excitación que empieza a brillar en sus ojos, acompañada de unos suaves y felinos movimientos en dirección a Lauren.
—No —niega con suavidad Lauren luchando contra los efectos del beso que Bo acaba de depositar en su cuello—. Estoy acabando algo importante. Además —Lauren le da una rápida mirada a la pantalla del ordenador, buscando centrarse— Kenzi estará a punto de regresar con los demás. ¿No querrás que tengan que esperarnos mientras oyen nuestros gritos retumbar por la casa?
—Como quieras —Bo mordisquea con suavidad la oreja de Lauren—. Esta noche no podrán dormir por los mismos gritos. Así que no se que es peor, que esperen ahora, o que no duerman a la noche.
—¿Quizás deberíamos ir a pasear por la playa después de cenar? —Lauren hace un vano intento por centrarse en el ordenador.
—¿Estás hablando de volver a asustar a la Luna, igual que hicimos en la azotea, mientras el agua del mar corre por nuestros cuerpos desnudos? —Bo está entrando en modo súcubo y empieza a ser imparable.
—Ven —Lauren le señala una silla que está al lado de la suya—y ayúdame a acabar el trabajo. Ya tendremos tiempo de hablar de eso esta noche.
Bo, con cierta pena, desconecta su parte súcubo y presta atención a lo que le está enseñando Lauren. Hay que decir que nuestra querida súcubo ha puesto todo el empeño de su parte por ser de alguna utilidad para el trabajo de Lauren y, poco a poco, lo está logrando.
Por que nuestra querida doctora y Bo han hecho de la casa su residencia permanente, compartiendo la mansión con su legítima dueña, Kenzi. La doctora se ha instalado un pequeño laboratorio en la parte de atrás de la casa, donde hace sus extraños experimentos, buscando, como ella gusta de decir: "El matrimonio entre magia y ciencia". Ese es el legado que le dejó Trick y a ello se dedica. Bueno, no solo se dedica a los experimentos. También ha puesto en marcha un pequeño consultorio donde atiende a las gentes del lugar y les trata de sus dolencias. Todo de forma altruista. Y ahí es donde entra en escena Bo. La perfecta enfermera siempre dispuesta a ayudar a su amada. Una nueva dedicación que, a tenor de los resultados, está llenado el hueco dejado por la muerte de su abuelo.
El ruido del motor de un coche, un camaro amarillo para ser más exactos reclama la atención de nuestra querida pareja y ambas salen al porche de la casa para recibir a los recién llegados. Al volante está Kenzi, risueña y alocada como siempre.
—Hola, BoBo —la menuda morena frena con suavidad el coche y se baja del mismo, levantando el asiento para que los ocupantes del asiento trasero se bajen del camaro.
Mark ha venido a ver a su padre, dejando por unos días el cuidado del Dal Rialta a Bruce, el bondadoso ogro amigo de Kenzi que ahora trabaja en el bar. Vex, bueno Vex nadie sabe por que ha venido. Lo único que sienten todos es que el retorcido y socarrón Mesmer fue de gran ayuda en los días oscuros y su presencia es bienvenida.
Del asiento del copiloto se baja, portando una pequeña cesta de mimbre que acuna con suavidad, la paciente de Lauren. Una Evony reluciente y hermosa. Vestida con la elegancia que solo ella sabe tener. Una Evony más fae que nunca, pero a la vez, y eso es algo que lleva impreso en la mirada, más tierna y humana de lo que nunca fue nuestra querida Morrigan.
El primer trabajo que hizo Lauren nada más llegar a la casa de la playa fue ese precisamente. Deshacer un gran error del pasado y devolver a Evony su faeitud. Algo que no fue en absoluto fácil. Sortear la maldición impresa en las células de Evony le costó a Lauren más de una noche en vela…y a nuestra querida súcubo más de una noche de reprimir los deseos de su naturaleza. Sea como fuere, lo acontecido con Evony fue el primer paso correcto que Lauren dio en su búsqueda incesante del ese extraño matrimonio entre ciencia y magia que se ha convertido en el motor de su vida…pues Bo ya no es el motor de su vida.
Bo es su vida en si misma, igual que Lauren es la vida de Bo…
Ciencia y magia…
Perfecto matrimonio.
—¿Y Tamsin? —Bo deja caer la obvia pregunta al notar la ausencia de la valquiria en el interior del camaro.
—Sigue en el Tártaro —Kenzi sacude la cabeza con cierto pesar—. Ya sabes que solo ahí puede vivir. Si abandona el reino oscuro se empieza a morir y eso es algo que ella no desea en absoluto.
—La semilla maldita de mi padre —Bo deja salir su frustración con un bufido.
—Algo que yo puedo intentar arreglar —Lauren acaricia con suavidad el brazo de Bo, aportándole la calma que nuestra súcubo necesita en este momeneto—¿Se lo hiciste saber, Evony?
—Si —la mórrigan se adelanta un poco, acercando la cesta hacia Lauren y Bo—. Yo misma fui la prueba viviente de que si alguien puede rescatarla de su condición, esa eres tú, Lauren.
—¿Y? —Bo se empieza a enojar por la testarudez de la que está haciendo gala Tamsin al no querer abandonar el Tártaro.
—Bueno —Vex toma la palabra. Parece ser que el mesmer ha sido el acompañante de Evony en su viaje a la oscuridad—. Resulta que el cadáver de tu padre no se ha descompuesto, ni desaparecido. Su cabeza está en lo más profundo de las mazmorras del Tartaro, y su cuerpo lo más alejado y vigilado que se puede. Pero, siempre según palabras de Tamsin, todavía no podemos estar seguros de que la amenaza haya desaparecido. Así que Tamsin se niega a abandonar el Tartaro hasta estar completamente segura.
Un ligero ruido proveniente de la cesta reclama la atención de Lauren y de Bo.
—¿Es? —Lauren murmura la palabra con emoción.
—Tamsin dijo que el Tártaro no es sitio para una pequeña valquiria —Vex se encoje de hombros.
—Ava Adaline —Evony acerca la cesta a las dos mujeres y, con suavidad, retira ligeramente una pequeña sábana bordada para que Bo y Lauren contemplen a un bebe rollizo, con pequeños rizos dorados, que extiende sus manitas buscando el contacto—. Así la ha llamado Tamsin.
Bo extiende un dedo y deja que la pequeña valquiria coja con fuerza su dedo. Una lágrima, plateada y pequeña, rueda por la mejilla de la súcubo.
—Ava Adaline Dennis lewis —sentencia risueña Kenzi—. Siempre y cuando acepteis la responsabilidad.
—Oh, Dios —gime Bo.
Lauren se aproxima a la canasta y acerca su dedo para que Ava Adaline lo coja con la mano libre. Le dedica a Bo una intensa mirada y ambas se funden en un tierno beso.
—Hasta el último aliento de nuestras vidas —sentencian las dos mujeres separando sus labios y sonriendo de pura felicidad…
