Hola, cómo les ha ido? Espero que hayan tenido una excelente semana!

Gracias por darle una oportunidad a este fic.

Para quienes han leído mis otros fics o les interesa leerlos: El elixir de la juventud eterna, y su secuela lo que el destino depara (pueden encontrarlos en mi perfil), el final que le dí quedó bastante abierto. Por ello, voy a empezar a escribir la continuación de lo que el destino depara, para darle así un mejor final. Eso sí, después de que termine de publicar este fic: venganza implacable.

Bueno, sin más que decir, les dejo con un nuevo capítulo.


Capítulo 2: traidora.

Alguien trató de terminar con la vida de Akane, lanzándole una flecha que le habría causado una herida mortal de no ser por la intervención de Ranma, quien la interceptó. Pero infortunadamente, ésta tenía una especie de explosivo adherido a ella. Antes de que explotara, el joven Saotome apenas tuvo tiempo de lanzarla unos centímetros lejos de ellos y arrojarse al suelo junto con Akane, quedando encima de ella, para protegerla con su cuerpo. La explosión logró alcanzarlos y quedaron cubiertos por una nube de humo.

Apenas notaron aquella sorda explosión, quienes circulaban por ahí entraron en pánico. Desesperados, algunos se arrojaron al suelo, otros corrieron para alejarse de aquel sitio y ponerse a salvo. No entendían que estaba pasando, quién los estaba atacando. Solo sabían que debían salir de allí pronto.

Hubo una caótica estampida de gente corriendo en todas direcciones, gritos escalofriantes de pánico. Para Ranma, todo se ralentizó alrededor,
se volvió borroso. Aun así, haciendo un gran esfuerzo, se deslizó hacia un lado del camino junto con su prometida, tratando de evitar que los pisotearan. El eco de la explosión todavía retumbaba en los oídos del muchacho. Sin apartarse de Akane, Ranma giró la cabeza en dirección de donde había venido la flecha, pero en medio de tanta confusión y humo, fue imposible ver algo. Además, seguro que quien la lanzó ya estaba muy lejos de allí. Nuevamente se volvió hacia su prometida para ver como se encontraba.

—Estás bien? Akane! Akane! — preguntaba preocupado. Pero no obtuvo respuesta. Ella tenía los ojos muy abiertos por la impresión, la cabeza la deba vueltas. Los oídos le zumbaban. Casi no podía escuchar lo que Ranma decía. Las palabras borrosas sonaban demasiado lejos en los oídos de la chica.

Casi toda la calle quedó desolada, excepto por unos cuantos curiosos, además de la pareja de prometidos quienes aún permanecían en el suelo. Debieron pasar un par de minutos para que finalmente el cuerpo de Ranma dejara de temblar y Akane saliera del estado de shock en el que se encontraba. Ranma fue el primero en ponerse de pie. Ahí fue donde empezó a notar diversas líneas de intenso dolor en la parte de atrás de los brazos y en su espalda. Al respirar, un dolor más sordo en el costado izquierdo. Le costó mucho pararse, pero una vez que lo consiguió ayudó a que Akane también se pusiera de pie.

— Qu...que...qué fue lo que pasó? — se preguntó Akane sin poder asimilar, ni entender lo que había sucedido.

— Akane... estás bien? — le preguntó de nuevo.

— Si, yo estoy bien, pero tú...estás herido — contestó Akane apenada, pues ella estaba ilesa gracias a que Ranma la había cubierto con su cuerpo.

Un hilo de sangre brotaba de la cabeza del joven. Además, la parte trasera de su camisa estaba hecha girones, por lo cual podía verse las heridas que tenía en la espalda producto de la fuerza de la explosión, las cuales sangraban aunque no de forma abundante.

— No es nada — mintió Ranma para no hacerla preocupar, pero en verdad el dolor que sentia era bastante fuerte y conforme pasaba el tiempo y el nivel de adrenalina disminuía, el dolor aumentaba, especialmente en su espalda. Intentó caminar, pero no fue capaz de dar ni un paso. Un dolor paralizante en la columna, lo hizo detenerse de golpe y caer de rodillas.

Al verlo, Akane se acercó rápidamente. Con mucho cuidado, lo ayudó a levantarse.

— Debes tener alguna lesión en tu espalda, apóyate en mi...hay que ir con el doctor — sugirió, mientras pasaba el brazo de Ranma por su cuello, para que el joven pueda apoyarse y caminar hasta el consultorio del doctor Toffu.

Con mucha dificultad, después de unos minutos pudieron llegar con el doctor. Por fortuna no estaban muy lejos. Rápidamente los hizo pasar y atendió a Ranma. Lo hizo recostar boca abajo en la camilla y se apresuró en cortar lo que quedaba de su camisa para empezar a curarlo.

— Pero qué fue lo que pasó? — inquirió el doctor con un inconfundible tono de preocupación en la voz. Según recordaba, jamás lo había visto tan herido.

— No...no se...yo ... — la menor de las Tendo no podía articular palabra. Todo esto, la tenía descontrolada y muy nerviosa. Ver a Ranma así de herido le destrozaba el corazón. Se sentía culpable del estado actual de su prometido, pues él había usado su cuerpo como escudo para protegerla de la explosión.

— Tranquilízate por favor, Akane! Toma un poco de agua o té, eso te ayudará a calmarte — dijo señalando un rincón del consultorio.

Un par de minutos después, una Akane ya más calmada y con la ayuda de Ranma, le explicaban al doctor todo lo sucedido, al menos lo que vieron.

— Ahora entiendo por qué tienes esas heridas — comentó Toffu.

— Y bien? Cómo me ve? — preguntó Ranma ansioso por saber el diagnóstico del doctor.

— Tienes una herida en la cabeza, dos costillas rotas, y media docena de heridas en brazos y espalda... te voy a poner un vendaje en el tórax para las costillas, pero antes, debo coser algunas de las heridas de tu espalda, las otras no necesitan que suture...pero...

— Qué pasa doctor? — preguntó angustiada Akane, al ver que a Toffu se le dificultaba seguir hablando. Presentía que había algo más grave y por desgracia, no estaba equivocada.

— Ya dígalo de una buena vez! Quiere? — le exigió el muchacho.

— Ranma, parece que la fuerza de esa detonación, afectó las vértebras de tu espalda, están desalineadas, así que antes que nada, debo arreglar eso, no sé cómo es que pudiste caminar hasta aquí...

— Qué? No... no puede ser — se lamentó Akane con un temblor en la voz.

— Maldición... — masculló Ranma.

Maldita sea! Todo ocurrió tan rápido que no pude concentrar más energía para protegernos de la explosión: se lamentó el muchacho en su mente.

— Puedo corregirlo manualmente y esperemos que con eso baste y puedas caminar, de lo contrario tal vez requiera cirugía... Eso sí, el proceso manual te va a doler, y mucho... — aseveró Toffu. Luego se giró hacia Akane y dijo — será mejor que esperes afuera.

— Si Akane, no es necesario que veas esto — dijo Ranma.

— No, no me voy a ir — señaló la joven con decisión.

— Akane...

— No pienso moverme de aquí ... no puedo ni imaginar el dolor que te aguarda, pero si lo compartes conmigo, seguro será mucho menor— expresó Akane, y le extendió su mano.

Ranma la miró enternecido y lentamente movió su mano hasta tomar la de Akane. El solo hecho de tenerla ahí junto a él, ya lo confortaba de sobremanera, pero por supuesto, no era capaz de decirle algo como eso a su prometida.

Al encontrarse con la mirada de su prometido, la joven sintió como si se detuviera su respiración. Pudo ver todo lo que quería en esos profundos ojos azules.

— Prepárate Ranma...aquí voy — advirtió el doctor.

Apenas inició, el joven Saotome sintió un dolor tan terrible, Sentía como si su columna estuviera siendo destrozada de la forma más dolorosa posible. El joven apretó con gran fuerza la mano de su prometida y emitió un fuerte grito el cual resonó por todo el consultorio. Akane sintió mucho dolor en su mano, pero no lo soltó. Al contrario, ella también apretó la mano de su prometido, para de esa manera hacerle saber que no estaba solo, que ella estaba ahí junto a él, apoyándolo.

Media hora después, Ranma abría los ojos lentamente. El joven se había desmayado a mitad de la sesión, a causa del enorme dolor.

Al verlo despertar, Toffu y Akane se acercaron a la camilla donde aún permanecía recostado boca abajo.

— Por suerte todo salió bien, no necesitarás cirugía... eso sí, será mejor que no te muevas, hasta mañana al menos — sugirió Toffu.

—Lo siento —dijo, enormemente consternada, mientras dos gruesas lágrimas escapaban de sus ojos. De inmediato, la joven se apresuró a secar las lágrimas de su mejilla con el pulgar.

—No. No lo hagas, no tienes por qué disculparte, tampoco llores... Akane, no es tu culpa... además, gracias a ti, pude soportar esto — se le partía el alma al joven Saotome al verla así, tan afligida.

Ciertamente, Akane no era una chica débil, que se desmoronaba fácilmente con cualquier cosa. Siempre había demostrado ser fuerte de carácter, valiente, temeraria, pero todo esto superaba su resistencia. Nunca había visto a Ranma lastimado tan severamente, y lo peor de todo era que él estaba así por culpa suya.

—Estás mejor? — preguntó la chica, abatida.

Él asintió y sonrió, pero su sonrisa era forzada y sus ojos estaban llenos de dudas y preocupación, pues estaba casi convencido de que volverían a intentar lastimar a Akane y en el estado en el que ahora se encontraba, no sería capaz de protegerla. Por fortuna, la joven no notó eso y la sonrisa de su prometido le transmitió algo de calma a su atormentado corazón.

— Bien, yo voy a llamar a su casa, para decirles lo que pasó y que ustedes están aquí — les informó Toffu.

— No, no les diga nada doctor, especialmente a mi madre, no quiero preocuparla, además, para mañana ya voy a estar mejor no?

—Si, te conozco bien, y se lo rápido que mejoras, así que... creo que tienes razón.

— Lo ve? No es necesario que se enteren.

— Pero, cómo vas a justificar tu ausencia hasta mañana? — preguntó Akane.

— Les dirás que...bueno, que de última hora decidí hacer un pequeño viaje de entrenamiento, pero que volveré mañana temprano a tiempo para ir a la escuela.

— De acuerdo, me marcho entonces.

— Espera! No puedes ir tu sola! qué tal si intentan algo nuevamente?— protestó Ranma.

— No te muevas Ranma! — le ordenó Toffu sujetándolo de los hombros, luego agregó — tienes toda la razón, es peligroso que vaya sola a casa, pero yo la voy a acompañar, tu quédate aquí, recuerda que no debes moverte o complicarás tu recuperación.

— Gracias doctor — dijo Akane —y tu, no te muevas, entendido?

Ranma hizo un mohín de disgusto. Aun cuando Toffu había dicho que la acompañaría, no estaba tranquilo. Pero no importaba lo mucho que deseara levantarse, en ese momento le resultaba imposible hacerlo.

Al llegar a casa, los dos quedaron estupefactos, parados frente a la puerta no fueron capaces de moverse ni decir palabra alguna durante un rato. Nunca imaginaron que una visión tan impactante los aguardaba. El dojo, estaba totalmente quemado, las paredes de madera ahora tenían un horrible tizne. Aún había humo saliendo del dojo, y el ambiente tenía impregnado un desagradable olor a quemado. Además, parecía que el fuego que lo había estado consumiendo había sido sofocado justo antes de que la madera se debilitara más y se viniera abajo, y las llamas se extendieran a la casa.

— No puede ser... qué ha sucedido? — se lamentó Akane. Su rostro se puso pálido y desencajado después de ver aquello. Sin esperar más entró a la casa. Toffu la siguió.

— Kasumi! Papá! Tío Genma! Tía Nodoka! — los llamó a todos, gritando desesperada, a punto de sufrir un colapso nervioso. Primero lo de Ranma y ahora esto. Por qué las cosas se habían complicado tanto de un momento a otro?, se preguntaba.

— hasta que al fin apareces... dónde andabas? Acaso en una cita con Ranma? — comentó Nabiki tranquilamente, mientras bajaba por las escaleras.

— No es momento para tus bromas! Responde! Qué pasó? Dónde están los demás? — la interrogó Akane ansiosa y angustiada.

— La verdad es que no sé muy bien lo que pasó, cuando llegué los bomberos ya estaban aquí tratando de controlar las llamas— confesó Nabiki.

— Y los demás? Dónde están todos? —se desesperó Akane.

— Cálmate y déjame terminar — le regañó Nabiki — Kasumi y los demás están en el hospital, yo no los acompañé porque nuestra hermana me pidió que me quedara para decirte esto en cuanto llegaras.

— Tengo que ir allá ahora mismo — la mente de Akane empezó a imaginar un sin fin de posibilidades. Alguien habrá sido alcanzado por las llamas? Se habrán asfixiado? Rápidamente se vio atormentada por pensamientos oscuros y negativos. Tenía que ir de inmediato al hospital o esta angustia definitivamente la consumiría. Eran demasiadas malas noticias para un solo día.

— Si, ve con tu hermana y no te preocupes por Ranma — dijo Toffu.

— Gracias de nuevo doctor, gracias por todo agradeció Akane haciendo una reverencia.

— Oye Akane, dónde está Ranma? Qué pasó? Por qué no está contigo? — inquirió Nabiki intrigada.

— En el camino te cuento — contestó Akane. Al tiempo que se apresuraba a salir de la casa. Nabiki la siguió.

El doctor Toffu se quedó un momento mirando el estado en el que había quedado el dojo y pensando en cómo le iba a decir todo esto a Ranma.

Las hermanas Tendo, tomaron un taxi para llegar rápido al hospital. En ese momento, Akane era un manojo de nervios. No sabía cómo estaba el resto de la familia, solo rogaba a los dioses para que ninguno estuviera herido de gravedad. La preocupación la estaba matando y los minutos en el taxi le parecían horas. En contraste, Nabiki se mantenía muy calmada.

Cuando por fin llegaron y averiguaron en recepción la habitación en la que se encontraban, en algo se aminoró la enorme angustia que tenía Akane, pues les informaron que solo Soun, Genma y Happosai habían sido ingresados pero que ya estaban fuera de peligro.

Apenas entraron a la habitación que les indicaron, Akane corrió a abrazar a su hermana mayor.

—Qué bueno que estén bien todos, no saben lo mal que la pasé desde que me enteré que los habían traído al hospital — dijo la joven respirando aliviada. Su hermana estaba ilesa, igual Nodoka, aunque ésta tenía un moretón en el rostro. Akane rompió el abrazo y se acercó hacia donde estaban su padre, Genma y Happosai, quienes permanecían recostados en camillas. Estaban conscientes, pero eso sí, tenían vendajes por todas partes.

— Nos dijeron que se recuperarían — agregó Akane, dibujando una tibia sonrisa en su rostro.

— Si, fuimos muy afortunados... corrimos con mucha suerte, aunque no lo parezca — afirmó Soun.

— Y dónde está mi hijo? — inquirió Nodoka extrañada de no verlo.

Esa pregunta tomó totalmente desprevenida a Akane, quien no pudo contestar de inmediato.

— Eh...este...eh Ranma, ya sabe... a él no le gustan mucho los hospitales, así que se quedó en casa — atinó a decir finalmente. Por fortuna, Nabiki guardó silencio, pues mientras venían al hospital, Akane le había contado todo lo que pasó con Ranma, y le pidió que no les dijera a los demás.

— Cuando llegué a casa, tú estabas a punto de subir a la ambulancia, y no pudiste explicarme nada— intervino Nabiki.

— Si quieres saber lo que pasó, será mejor que les preguntes a ellos — dijo Kasumi, señalando con la mirada a Soun, Genma y Happosai — pues yo no estaba en casa, cuando todo pasó.

— Que ocurrió, papá? — preguntó Akane.

— Ay... hija — suspiró Soun en forma dramática — fuimos atacados por unos tipos extraños... y no eran peleadores ordinarios, eran ninjas.

— Ninjas? — repitió Nabiki incrédula.

— Si hija, vestían como ninjas, y no solo eso, peleaban como ninjas y golpeaban como ninjas.

— No tuvimos oportunidad contra ellos — señaló Genma — eran como veinte.

— La primera a la que golpearon fue la señora Nodoka — continuó Soun — fuimos en su ayuda, incluso con el maestro, pero aún así nos derrotaron, era imposible vencer a treinta.

— un momento, contra cuántos mismo se enfrentaron? Veinte o treinta? — preguntó confundida Akane.

— No puedo creer que ni siquiera en un momento como éste puedan portarse serios — acotó Nodoka con cierta molestia— la verdad es que fueron tres los tipos que nos atacaron... quemaron el dojo y justo cuando iban a darnos el golpe final, alguien los llamó y se fueron de inmediato, eso fue lo que pasó... nos salvamos de milagro.

— No entiendo! Quién está haciendo todo esto? Y por qué? — se preguntó Akane. Aún estaba preocupada, sin embargo, la expresión de su rostro reflejaba más ira que preocupación o angustia. En ese momento no sabía cómo, pero de alguna forma encontraría al infeliz que estaba haciendo todo esto y le haría pagar muy caro. Sí, definitivamente lo haría.

Mientras, ya de regreso en el consultorio, el doctor Toffu preparaba una inyección. Ranma lo miraba de reojo, hasta que se animó a preguntar:

— Para qué es eso?

— Ah! Es un sedante — contestó Toffu.

— Un sedante? Y para qué? — inquirió extrañado.

— Es por precaución.. verás, hay algo que debo decirte — el rostro del doctor adquirió una expresión severa. Ranma se extrañó de verlo así.

— Qué? Qué es lo que quiere decirme?

— Sucedió algo en tu casa.

Ranma hizo ademán de levantarse, como si pensara salir corriendo de la habitación, pero antes de nada, el doctor se apresuró a detenerlo, y de inmediato le suministró el sedante que no tardó mucho en hacer efecto.

— Lo siento, pero no me dejaste otra alternativa, mañana cuando estés mejor te lo contaré, por ahora descansa — dijo Toffu. Dicho esto, apagó la luz del consultorio y se retiró. Con la dosis que le había dado, Ranma no se levantaría hasta mañana.

Cerca ya de que anochezca, en el hospital, Akane, Kasumi y Nabiki se despedían de Soun, Genma y Happosai. Ellos tendrían que quedarse allí por lo menos unas tres semanas. Nodoka también se quedaba, pues había decidido pasar la noche en aquel lugar acompañándolos.

Al día siguiente, Akane se levantó temprano, desayunó rápido y fue directo hasta el consultorio del doctor para ver cómo se encontraba Ranma.

— Buenos días Akane — saludó Toffu de forma cordial apenas la vio llegar.

— Buenos días doctor.

— No debo preguntar a qué has venido verdad?

— Cómo está él, doctor Toffu?

Una risa nerviosa escapó de los labios del doctor.

— Perdón Akane, pero no vas a poder hablar con él, ya que ayer tuve que sedarlo, pues intenté contarle lo que había pasado con el dojo y bueno, se impacientó y no me quedó otro remedio.

Al oír la explicación del doctor, la joven sonrió moviendo la cabeza negativamente. Nadie más que ella sabía lo impaciente que era su prometido, y también lo descuidado y torpe que podía llegar a ser a veces, actuando sin pensar en las consecuencias.

— Pero no te preocupes, se va a recuperar — comentó sinceramente Toffu.

— Sí, lo sé — Akane miró el reloj, ya no le quedaba tiempo para seguir allí, tenía que dirigirse a la escuela si es que no quería llegar tarde y ser castigada. Así que se despidió prometiendo volver luego de que terminaran las clases.

Cerca del mediodía, Ranma despertó finalmente. El doctor lo examinó y afortunadamente todo estaba bien. Al constatar esto, decidió platicarle lo que le había pasado ayer al dojo,también le dijo que Akane había ido al hospital, así que ella debía saber más detalles respecto a lo ocurrido. Por último, le indicó todo el proceso que debía seguir para rehabilitar su espalda.

— Ya puedes irte, pero recuerda bien, en las próximas tres semanas nada de movimientos bruscos, suspende completamente tus entrenamientos y solo limítate a realizar los ejercicios de rehabilitación que te acabo de explicar.

— Entendido, gracias doctor.

— Te veo dentro de tres días — le recordó Toffu, e iba a meterse al consultorio, cuando recordó algo, así que se volvió para decir: — Ah! por cierto, Akane vino a verte hoy, pero tú estabas dormido… dijo que regresaría después de clases, no hagas que venga hasta acá en vano.

Al escuchar aquello, Ranma se alegró. El solo hecho de pensar en la posibilidad de que su prometida estuviese preocupada por él, hacía que un leve sonrojo se apoderara de sus mejillas y que una sonrisa asomara en sus labios.

— Ve a verla a la escuela — insistió varias veces el doctor al no obtener respuesta de parte del distraído joven Saotome.

— Aaah... sí, claro, lo haré — dijo Ranma saliendo de su ensoñación. El doctor sonrió al ver la cara de enamorado que tenía el muchacho.

— Por qué no se lo dices?

— Decirle qué? A quién? — preguntó Ranma fingiendo desconcierto.

— Sabes muy bien a qué y a quién me refiero — dijo Toffu — dile lo que sientes... en la vida hay que tomar riesgos, si quieres obtener recompensas... arriésgate Ranma, vale la pena el riesgo, especialmente tratándose de una mujer como Akane... si esperas demasiado puede que la pierdas y ahí te arrepentirás, cuando ya sea demasiado tarde.

Toffu era el menos indicado para hablar de aquello, pues el tampoco se animaba a confesarle sus sentimientos a Kasumi. Sin embargo, no deseaba que Ranma pasara por lo mismo que él estaba pasando. Sabía lo mal que se sentía vivir día a día, con esa incertidumbre, pensando y preguntándose una y otra vez: será que ella siente lo mismo? Haré bien en decirle lo que siento?

El doctor sabía muy bien eso. Por eso le había dicho todo esto, esperando que a diferencia de él, Ranma tenga el valor de decirle a Akane lo que verdaderamente siente.

El joven Saotome lo miró por unos instantes. No contestó nada, tan solo se despidió agitando la mano, para luego dar media vuelta y empezar a caminar, mucho más lento de lo que acostumbraba y no por los barandales como solía hacerlo. Aún sentía un ligero dolor en la columna.

Mientras se dirigía a la escuela, no podía dejar de pensar en lo que Toffu le había dicho sobre Akane. Sin embargo, en ese momento había algo más importante en que pensar: el ataque al dojo. Las cosas estaban mucho peor de lo que imaginaba, pues al parecer no solo querían acabar con Akane. Y quien quiera que estuviese detrás de estos ataques, seguramente no se detendría y tarde o temprano atacaría nuevamente.

Cuando llegó a la entrada de la escuela, no tuvo que esperar mucho para ver a Akane, pues las clases habían finalizado y su prometida, al igual que el resto de estudiantes se dirigía a la salida.

Akane lo vió allí esperándola en la puerta, y no pudo ocultar su sorpresa y alegría. Sin más, corrió hasta donde estaba Ranma.

— Hola — saludó la joven — veo que ya estás mejor... qué bueno!

— Si, aunque me prohibió entrenar y hacer movimientos bruscos — dijo Ranma un tanto frustrado.

— Pero es por tu bien — le contestó su prometida.

De esa manera, los dos emprendieron el camino de regreso a casa. Mientras, Akane le platicaba todo lo que le había dicho Nodoka ayer en el hospital, complementando lo que Toffu le había contado hace unos minutos nada más. Cuando llegaron al lugar en donde sucedió lo de la flecha y la explosión, Ranma se detuvo de repente.

— Te pasa algo? — preguntó Akane volteando a verlo preocupada pensando que tal vez el dolor en su espalda había vuelto.

—Estoy bien, no te preocupes.

Se sostuvieron la mirada unos instantes, pero los ojos de Ranma reflejaban una oscuridad tan insondable que parecían evocar los terribles sucesos del día anterior. Ante esto, Akane recordó aquel traumático momento.

— Aquí fue donde ocurrió, no?— dijo la joven y su rostro se ensombreció.

Al verla triste, Ranma se sintió mal y desvió la mirada, pues por causa suya, Akane ahora estaba deprimida recordando la explosión y seguramente de nuevo se estaba culpando por las heridas que él tenía. Pero es que Ranma no pudo evitar detenerse, ya que al llegar a aquel lugar sintió un fuerte dolor en el pecho y de inmediato llegó a su mente la imagen de la flecha aproximándose hacia Akane, inexorable. Si no hubiese llegado a tiempo? Si no la hubiese podido salvar? se preguntaba Ranma. De solo pensar en lo que hubiera sucedido si fallaba, un frío extraño le recorría el cuerpo. Ahora estaba más convencido que nunca, de que si por alguna razón la llegara a perder, su vida quedaría vacía, ya nada tendría sentido para él. Ella sin duda, era lo más valioso en su vida.

Lo único que importa, es que tú estás bien...soy muy afortunado de tenerte a mi lado y pase lo que pase, yo te voy a proteger: es lo que en ese momento Ranma quería decir, pero como siempre, no fue capaz de expresarlo. Esas palabras se quedaron atoradas en su garganta y terminó diciendo algo completamente diferente.

— No sé a qué te refieres...— dijo Ranma, intentando así evitar hablar del tema de la flecha— y ya vamos...déja de hacerme perder el tiempo!... el hambre me está matando, no he probado bocado desde la mañana de ayer, sabes?

El chico reanudó la marcha, mientras una enfadada Akane lo seguía.

— Idiota! Dices que estoy retrasándote pero fuiste tu quien se detuvo...hey! Me estás escuchando?

Una vez que llegaron a la casa, se cambiaron y bajaron al almuerzo cuando Kasumi informó que ya estaba listo. En la mesa, estaban solo las hermanas Tendo y Ranma, pues el resto de la familia permanecía en el hospital.

Mientras disfrutaban del almuerzo, una limusina se estacionaba frente a la casa de los Tendo. El timbre de la puerta sonó, así que Kasumi se levantó presurosa para ver de quien se trataba. Al poco rato volvió a la mesa y dijo:

— Akane, hay una muchacha allá afuera, dice que ha venido a saludarte.

— A mí? Pero... quien podrá ser? — se preguntó la joven desconcertada. No esperaba a nadie. De hecho, apenas hace unos minutos se había despedido de sus amigas al salir de la escuela Furinkan. Entonces, quién quería verla ahora? El hilo de sus pensamientos se cortó al escuchar una voz femenina.

— Hola a todos! Perdón por entrar así, pero es que no pude esperar más...

Akane levantó la vista para ver quien los saludaba. Cuando se encontró con la mirada de aquella persona, tal fue su sorpresa y desconcierto que los palillos resbalaron de su mano. El rostro de la menor de las Tendo mostraba tensión y conmoción.

— No puede ser... eres tú? Megumi? — dijo Akane titubeante.

— Así es, cómo has estado amiga?...o mejor dicho. . . traidora!


Bueno hasta aquí este capítulo. Espero que no les haya resultado largo y aburrido. Pero en el capítulo siguiente, habrá más emoción y tensión con la llegada de la joven Megumi.

Own son, Azucenas45, gracias por dejar sus comentarios. Un agradecimiento especial también para Znta por agregar este fic a sus historias favoritas (espero no defraudarte). Y gracias a quienes no dejan reviews, pero que continúan leyendo este fic, de veras gracias por dedicar parte de su valioso tiempo en leerlo. Espero que disfruten cada capítulo y los entretenga y distraiga aunque sea un poco.

Nos vemos la próxima semana. Cuídense!