Nota importante: Este capítulo del fic fue reescrito, así como todos los demás lo serán en su debido tiempo. En los capítulos posteriores que vean esta nota significara que ya está debidamente reescrito y corregido; la historia en sí no tendrá cambios tan significativos, pero sugiero que si ya lo habían leído, lo hagan nuevamente. De todas formas tienen cambios y diálogos que anteriormente no tenía, ya sea porque por la prisa de hacerlo los olvide o porque decidí (al leerlos nuevamente) que hacían falta. Vayan ustedes a saber por qué, pero los cambie. Espero les guste y gracias por su atención (:

Disclaimer: SCC no me pertenece, así como tampoco sus personajes. Son propiedad de CLAMP.

Aclaraciones:

-Hablan los personajes –

'Sueños'

"Recuerdos"

-Hablan los personajes en otro idioma. – (Usualmente será Sakura la que lo hace)


Capítulo 2

Peticiones

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Uno, dos, tres…y la cuenta reiniciaba. No iba mucho más allá de esos tres números, el péndulo del reloj solo iba de izquierda, centro a derecha. No había mucho más en ello. Y a pesar de lo sencillo de la acción, Sakura Kinomoto parecía bastante concentrada en su movimiento lento y parsimonioso, escuchando el suave tic-tac que emitía con cada movimiento. Un sonido que estaba comenzando a fastidiarla un poco.

Tras un par de segundos bostezo y se limpio las lágrimas que escurrieron por la comisura de sus ojos, regresando su vista al péndulo. El suave oscilar la estaba adormilando.

La castaña movió un poco su cabeza y trato de buscar otra fuente de entretenimiento, sí seguía así de seguro terminaría durmiéndose. Y a pesar de que anteriormente lo único que quería era dormir, ahora prefería tener insomnio. Dormir conllevaba soñar…y soñar conllevaba tener sus pesadillas. Horribles pesadillas.

Sakura recargo su espalda en la pared y observo la hora, evitando mirar el péndulo moviéndose. Las cuatro de la mañana. Negó con la cabeza y miro a Kero dormir, envidiaba profundamente la habilidad de su guardián para dormir con esa tranquilidad. Ella apenas y podía descansar algunas horas.

Aun recordaba que solía dormir muchísimo, alrededor de diez u once horas seguidas; logrando así llegar tarde a cualquier lugar al que iba. Extrañaba los viejos tiempos, en donde no era consciente de nada.

Pero de eso había pasado mucho tiempo ya. Y aparentemente nada había cambiado, pero era solo eso, aparentemente.

-Soy un completo desastre. –susurro llevándose las manos al rostro, tratando de reprimir las lágrimas. Estaba cansada de llorar, cansada de huir, cansada de sufrir…estaba cansada de todo. Y apenas estaba iniciando. Aun le faltaban muchísimas cosas por las cuales debía pasar y todo ese dolor solamente seguiría ahí, como el recordatorio que era.

Como le gustaría volver a ser la Sakura de hacía seis años, pero ni por asomo lo era. Por supuesto que no, eso era imposible. Ellos le habían arrebatado todo, la habían roto. Ya no podía ser esa niña inocente y noble. Ya no lo era.

Cerró los ojos un momento, sintiendo como lentamente todo el cansancio acumulado la golpeaba, sin dejarla con fuerzas para volver a abrir los ojos. Solamente sintió como resbalaba hasta terminar recostada en la cama, y de ahí todo se envolvió en la oscuridad.

'-¡Por Dios Sakura, más rápido! –Imai Nanami la jalaba del brazo con desesperación mientras corrían, pero el dolor de la reciente golpiza le estaba dificultando la huida y el helado viento invernal la estaba lastimando profundamente.

Tampoco ayudaba que el sendero comenzaba a ser cada vez más riesgoso por las múltiples raíces, piedras y troncos destrozados esparcidos por el camino. Los desniveles solo la hacían soltar un gritito de vez en cuando e incluso ya sentía la hinchazón de su tobillo palpitarle con fuerza. Incluso el aroma de la sangre la estaba comenzando a marear.

-¡Y-ya no puedo! –logro articular mientras terminaban de internarse en el bosque, ambas tomadas de las manos. Sus respiraciones desacompasadas delataban el cansancio que sentían.

-¡Por favor no te rindas, solo un poco más! –trato de animarla la chica albina, apretando un poco más el agarre que ejercía en la mano contraria.

Sakura bajo la cabeza y las lágrimas volvieron a descender por sus mejillas. Un sutil –gracias- abandono sus labios y simplemente escucho la risita nerviosa de Nanami como respuesta. No hacía falta más para saber que era un de nada.

En ningún momento dejaron de correr por el sendero cubierto de hielo y nieve, más peligroso por las trampas que la nieve pudiese tener escondidas. Y a pesar del miedo, ninguna de las dos dejo de tener cuidado, no queriendo que la otra se lastimase.

Imai observo de reojo a su amiga y se preocupo al ver que las heridas solo podían sangrar cada vez más. Quizás en poco tiempo se desmayaría por tanta perdida.

-Debemos sacarte de aquí como sea. –murmuro deteniéndose, tirando de la castaña para esconderse detrás de un gran árbol. Sakura tosió un poco de sangre, tratando de silenciar el sonido con sus manos.

-Tú…cof…también de-debes irte…es mi culpa que hayas terminado en-envuelta en todo esto. –la escucho decir Nanami, mientras giraba su cabeza para verla.

-Tú habrías hecho lo mismo por mí. –sonrío. –Además de que todo esto es injusto ¡Tú eres inocente! –dijo molesta, retomando su carrera por el bosque. La oji verde sonrío tristemente.

-No me creen Nanami…nadie lo hizo. –susurro dolida. La albina estuvo a punto de replicar, pero la presencia de alguien cerca a su posición la hizo ponerse alerta. El sonido de pisadas se hizo oír en todo el lugar, provocando un tenebroso eco.

La castaña se soltó de Nanami y la hizo detenerse. -¡Vete! –ordeno apurada. -¡Debes ir con Kero y avisarle! –

-¡Eso no…! –

-¡Vete! –grito de nuevo y esta vez Nanami asintió lentamente con la cabeza.

-¡No mueras, debes regresar con vida! –suplico antes de alejarse corriendo, ante la mirada de Sakura.

-No puedo prometer nada… -susurro con tristeza. –Solo puedo prometer que lo intentare. –

La Kinomoto aspiro un poco de aire y reanudo su carrera. Cada vez más rápido. A todo lo que sus piernas podían dar en ese momento, aspirando el helado viento de diciembre.

-¡No puedo rendirme ahora! –susurro esquivando una rama que colgaba flojamente. –Debo…debo seguir. –se dijo como incentivo, recordando a sus guardianes y a su albina amiga.

A lo lejos pudo divisar otro desnivel y lo bajo de un salto, sin notar jamás que más delante había una raíz. Sakura tropezó y cayó al helado suelo. Era evidente que ya no podía más, estaba cansada, adolorida, herida, asustada…muy asustada.

-Vaya, vaya… ¿pero que tenemos aquí? –aquella voz la hizo asustarse aun más, mientras una imponente sombra se alzaba sobre ella…'

-¡Despierta Sakura! –el ligero zarandeo la hizo volver a la realidad de golpe. Sus ojos se abrieron con susto, mientras se sentaba en la cama casi de un salto.

-¿Qué? ¿Qué pasa? –pregunto tras un momento, tratando de regularizar su respiración. Fujitaka se acerco lentamente y se sentó al borde de la cama, llevando su mano a la cabeza de su hija. Estaba preocupado, Sakura lo noto al instante.

-Eso me gustaría a mí saber. –señalo Touya. –Estabas gritando como si te estuvieran matando. –

Sakura se tenso ante las palabras que tenían un mayor peso de lo que Touya pretendía en realidad. Se limpio las lágrimas con la mano y sonrío un poco.

-Solo era una…una pesadilla. –dijo con duda. -….solo era eso. –

Touya frunció el ceño. El conocía bien a Sakura como para saber cuando estaba mintiendo, y ciertamente odiaba descubrirla haciéndolo. Pero la mirada asustada, los restos de las lagrimas y el ligero temblor; le hicieron saber que realmente ella no le diría nada. Y muy probablemente el tampoco desearía saberlo.

A pesar de que tenía curiosidad.

-¿Segura? –insistió Fujitaka. Ella asintió.

-S-sí. –respondió. -¿Qué hora es? –pregunto para cambiar el tema, quitándose la pesada cobija azul de encima. Touya señalo el reloj que estaba frente a la cama de la chica y ella sonrío irónica al verlo; el reloj con el que se entretuvo casi toda la noche. –Huh, ya son las siete y media. –

Fujitaka palmeo una última vez la cabeza de su hija y posteriormente se levanto de la cama. Antes de salir la miro nuevamente.

-El desayuno ya está listo. –sonrío tranquilamente. –Touya lo hizo. –tras decir aquello Fujitaka salió de la alcoba, encaminándose por el pasillo hasta las escaleras. Sakura dirigió su vista a Touya y lo miro un momento, aun sintiendo los ojos algo irritados después de haber estado llorando por largas horas.

-¿Qué fue lo que paso? –interrogo el mayor sin moverse de su sitio. –Anteriormente tú casi nunca tenías pesadillas…por lo menos no tan grotescas como para hacerte…esto. –la señalo. Sakura parpadeo.

-Bueno, no te hagas ideas. –se encogió de hombros. –Las pesadillas no pasan de ser solo sueños ¿sí? No es para tanto. –

-Lo es si te hacen ponerte así, además dicen por ahí que los sueños algo tienen que ver con la realidad ¿no? –se cruzo de brazos. –Principalmente si se trata de ti, pequeña maga. –

Sakura entrecerró los ojos. –Ten cuidado con lo que dices hermano. –

-¿Por qué? Papá hace rato que está en el piso de abajo, no nos escucha. –se acerco un paso más a los pies de la cama. -¿O es que acaso existe alguna otra razón por la cual te pongas así si lo digo? –

Sakura se tenso. –No sé de que hablas. –se levanto de la cama y lo miro fijamente. –Pero ten cuidado. Estoy segura de que Yukito también te lo ha dicho. –

Touya suspiro exasperado y se alejo el paso que avanzo. No había manera en que pudiera provocar lo suficiente a su hermana como para hacerla hablar. Por el momento no. Ella realmente estaba negada a decir cualquier cosa y por experiencia sabía lo terca que podía llegar a ser. Momentáneamente la dejaría en paz. Solo momentáneamente.

-En fin, baja a desayunar ¿quieres? Hace hambre. –

Sakura asintió, viéndolo salir de la alcoba.

-Eso ha sido peligroso. –musito Kero desde el marco de la ventana. –Casi nos descubre. –

-No. No ha estado ni cerca. –resoplo la castaña. –No tiene ni idea de lo que ha pasado, sabe que algo sucedió, pero no sabe lo que es. –

-Nadie podría imaginarlo en realidad, Saku. –Kero se acerco volando hasta ella. –Es algo lejos de la imaginación de cualquiera. –

La Kinomoto suspiro y se acerco al armario. De adentro saco su maleta y la abrió sobre la cama, buscando algo cómodo para utilizar. Un pantalón de mezclilla, una blusa negra y una sudadera algo holgada de cierre color azul. Kero salió por la ventana para dejarla vestirse y se quedo volando cerca.

-Ya puedes pasar. –escucho el suave llamado. –Y necesito ayuda. –

Kero suspiro divertido e ingreso a la habitación, sacando del cajón del escritorio el libro de las cartas. Con esfuerzo lo dejo en la superficie y lo abrió. Miro el interior un momento y tomo entre sus patas la carta del espejo, quien salió al escuchar la voz de su dueña llamándola.

-Oh…veo que necesitas ayuda. –río divertida, tomando el cepillo que Sakura le extendía algo avergonzada. Con cuidado comenzó a cepillar el largo cabello castaño platino de la chica, bastante contenta de ser quien la ayudaba en ello. Sonrío al ver su trabajo finalizado, contemplando el largo, que era hasta casi los muslos.

-No lo dejare crecer más allá. –comento la Kinomoto girándose para mirarla, tomando de la maleta una liga para recogerlo. –Solo hasta ahí. –

Espejo le sonrío y asintió.

-Gracias. –

-No hay de que, Sakura. –se despidió con la mano, regresando al interior del libro. Kero lo regreso al cajón.

-Es bueno que las tomes en cuenta aunque sea para algo como esto. –le comento el guardián posicionándose en su hombro. –Les hace feliz. –

Sakura salió de la habitación. –Lo sé, por eso lo hago de vez en cuando. Aunque jugar a las carreras con la carta Carrera no es la mejor idea que he tenido, si debo decir. –

Kerberos se río al recordar esa ocasión. Y pese a que Sakura perdió rotundamente, la carta estaba bastante contenta por haber jugado con su dueña. Y porque no, la propia Sakura estaba feliz.

-O cuando jugaste a saltar la cuerda con la carta del Salto. –Sakura se estremeció al recordarlo, las piernas le habían dolido por semanas luego de eso.

-Sí bueno, admito que esa fue una peor idea que la de La Carrera. –sonrío. –Ahora haz silencio o papá podría oírte. –

El guardián obedeció y se calló, mientras Sakura ingresaba a la cocina con una media sonrisa. Se detuvo frente al retrato de Nadeshiko e hizo una ligera reverencia, contemplando el hermoso rostro que sonreía amablemente.

-Ya me tengo que ir. –Fujitaka se levanto de la silla. –Hoy aplico examen y es importante que este temprano en la universidad. –tomo en sus manos el almuerzo que Touya le extendió. –Cuídense y… ¡Ah, Sakura! Toma tu copia de la llave de la casa. –le dio el objeto que venía incluido con un lindo llavero de conejito. La chica asintió.

-Gracias, ve con cuidado. –

Fujitaka le sonrío y se alejo con apuro. Desde donde se encontraban ambos hermanos se logro oír el sonido de la puerta cerrándose.

Touya regreso al interior de la cocina y le sirvió un plato a su hermana, quien ya se iba sentando en donde hacía años era su lugar habitual. Ahora se preguntaba si alguien habría ocupado ese lugar los años en los que estuvo ausente. Y se dijo a si misma que de haberlo hecho, era mejor a que estuviera simplemente vacio. Eso era peor a que alguien más lo hubiese ocupado, ciertamente no le disgustaba del todo la idea.

-Toma. –Touya tomo asiento frente a ella, recordándole esos días en los que ambos estaban solos almorzando antes de irse a la escuela. Ella siempre apurada por poder ver a Yukito. Y ahora solamente eran recuerdos.

-Gracias. –

Comenzaron a comer en silencio, con los años la cocina de Touya se había vuelto aun más deliciosa de lo que ya era. Y ella misma se preguntaba si sería aun capaz de cocinar, después de todo hacía mucho tiempo que no lo hacía. Mucho, mucho tiempo.

Antes de notarlo su hermano ya se había levantado para lavar su plato, tras haber repetido dos veces.

-¿Ya no comerás? –pregunto el mayor parándose a su lado, observando seriamente el desayuno a medio comer. Ya ni siquiera estaba luchando por comer, se había quedado quieta y silenciosa. La chica alzo la mirada, que por un instante se distinguió algo sombría, y sonrío un poco.

-Creo que no, ya estoy muy llena. –

El Kinomoto frunció el ceño, retirándole el plato. ¿Desde cuándo su hermanita comía tan poco?

-…oye ¿estás bien? –pregunto preocupado. Sakura alzo una ceja sin entender. –Me refiero a que antes comerías el doble de lo que te serví…antes normalmente repetirías hasta tres veces. –trato de explicarse.

Sakura recargo su barbilla en la palma de su mano, observando con ojos enigmáticos a su hermano mayor. –La gente cambia Touya, para bien o para mal, todos cambian. –se levanto de la silla. –Estaba delicioso. –dijo, tomando camino hacia el jardín.

-¿Qué fue eso? –se pregunto sorprendido. -¿Tanto has cambiado, Sakura? –

-Solo déjala. –Kero salió de donde él venía, con uno de los flanes. –Tal y como ella dijo: todos cambian…incluso tú. –

-¿Debo suponer entonces que ella cambio para mal? –pregunto encarando al peluche. -¿Qué son esas pesadillas, de todos modos? –

-Ya te lo ha dicho ella antes ¿no? Solo son pesadillas. –

-No me vengas con eso, si fueran simplemente eso ¡ella no se pondría así! –gruño. El guardián dejo de revolotear por todos lados para ponerse frente a él.

-Yo sé porque te digo las cosas, esto ya no tiene solución pacifica –susurro lo ultimo muy bajo, pero aun así, el joven fue capaz de escuchar lo dicho.

-¿Qué quieres decir con eso? –exigió saber, tirando de sus orejas.

-Ay, ay, ay, ¡Me duele!... –

-Vamos hermano, no lo molestes. –la voz de Sakura y el hecho de que hizo que soltara a Kero, sorprendió al mayor, quien se giro sorprendido a verla ¿en qué segundo se le había acercado? Ni siquiera la había escuchado llegar. Y ni hablar de haberla sentido.

La menor dejo unas flores que llevaba en brazos frente al retrato de su madre y se sentó en la silla, mientras Kerberos seguía comiendo su flan al lado de la castaña. Touya los miro a ambos y negó con la cabeza ¿Qué demonios estaba sucediendo?

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Yukito Tsukishiro estaba un tanto nervioso, hacía varias horas que recibió la llamada de Touya y este no parecía muy feliz. Saber que Sakura había regresado a la ciudad lo sorprendía, sobre todo porque ella le había dicho años atrás que no regresaría. A menos de que estuviera preparada para lo que vendría después en la guerra que llevaba contra esas personas. ¿Eso quería decir, pues, que Sakura estaba lista incluso para morir?

No, no, no. Él no permitiría semejante barbaridad. Sakura no moriría, no aún y mucho menos por esas personas. Porque adelantando hechos, lo más probable es que su dueña estuviese pensando en algo peligroso. De un tiempo para acá lo hacía siempre.

-¿Estás bien? –Miyako Shiromiya, compañera suya de la universidad, lo miraba con preocupación. –Hace días que estas algo raro, Tsukishiro-kun. –

-Jeje, lo lamento. –suspiro. –No me pasa nada, estoy un poco cansado solamente, Shiromiya-san. –no le iba a decir que tenía pesadillas con un evento ocurrido hacía varios años. No, eso solo despertaría la curiosidad de su compañera. –Perdona pero ¿me repetirías lo que estabas diciendo? -

Miyako asintió y se encogió de hombros. –Solamente te decía que mañana tendrás guardia en el hospital, dile a Kinomoto que a él le toca hoy por la noche. –

-Ah sí, yo le digo. –

Miyako se alejo caminando en busca de su siguiente clase. El último semestre en la universidad siempre era el más pesado. Sobre todo para él que cargaba con algo más que simplemente expedientes médicos.

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Akizuki Nakuru suspiro un tanto frustrada al ver el rostro irritado de Syaoran, quien fulminaba con la mirada a Eriol, quien a su vez se limitaba a entablar una "interesante" conversación con Spinel Sun. Los cuatro metidos en sus propios pensamientos, aunque todos en un cierto punto coincidieron al pensar en un nombre en común Sakura Kinomoto. Aunque todos con distintos motivos e intenciones.

-No quiero que vayas a buscarla, Eriol. –rugió el castaño cuando ya no pudo contener más su furia. -¡Yo puedo hacerlo solo! Porque en serio ¿la has visto? ¡No podría ni defenderse de una mosca! –

Eriol se giro hacía él y frunció el ceño. –No digas disparates ¿quieres? Nuestra misión es encontrar a Sakura y lograr que nos ayude, si no lo hacemos nos castigaran, Syaoran. –

-¡No lo harán si hablo con mi madre! –replico. –Solo olvidémonos de ella y ya. –

Eriol entrecerró los ojos. –No trates de mezclar lo que ocurrió antes de marcharnos con esto, Syaoran. –el peli azul lo miraba severo. –Lo que ocurrió antes de marcharnos de Tomoeda fue completamente tu culpa, sabes bien que Sakura reacciono como cualquiera lo hubiese hecho estando en esa situación. –

El castaño se tenso.

-¡¿Yo como demonios iba a saber que mi madre me había comprometido con alguien más?! –pregunto alterado. -¡Pensé que con lo de Meiling todo había quedado claro! –

-Cuando te enteraste no lo arreglaste. –señalo Eriol. –Tomoyo tampoco parecía muy feliz cuando te volvió a ver ayer. Todos sabemos que tenías bien merecido que Sakura dejase de hablarte. –

-Ni siquiera me dejo explicarle. –

-No había nada que explicar, Syaoran. –el oji azul poso su mano en el hombro del muchacho. –Cuando te enteraste debiste hablar con tu madre enseguida y después comunicárselo a Sakura, ella te hubiese entendido y la tía Ieran también. Si tan solo le hubieras dicho a tu madre que querías a Sakura, te aseguro que habría roto el compromiso enseguida. –

El castaño se mordió el labio inferior. –Como sea, al final el compromiso se rompió porque ella se enamoro de alguien más. –se sentó en el sillón. –Y ahora soy libre de elegir con quien casarme, mi madre hablo con el consejo y ya no harán más eso. –

-Demasiado tarde. –Eriol se alejo hasta quedar parado en la puerta que conectaba el salón con el recibidor. –Ahora Sakura no parece muy feliz, seguramente no ha olvidado él porque te marchaste hace siete años. –

-No me importa. No es como que yo sienta algo por ella. –

Eriol Hiraguizawa negó con la cabeza. –Te arrepentirás de esas palabras, los mentirosos no son buenos. –

Tras decirle aquello, Eriol se retiro sin dejarle tiempo al castaño a rebatir. El no tenía nada de lo cual arrepentirse, esas palabras no eran más que la verdad. El hacía mucho que no sentía nada por la maestra de cartas, solamente sentía rechazo. Inicialmente le había dolido la separación tan dolorosa, la pelea en la última vez que la vio. Pero todo eso había quedado solo como un recuerdo muy en lo profundo de su mente. Muy, muy en lo profundo. No cambiaría de idea, ni porque Sakura estuviera hermosa ni nada.

Syaoran se abofeteo mentalmente al darse cuenta de lo pensado. ¿Sakura hermosa? Bueno, no podía negar lo evidente, pero eso no quería decir que la quisiese aún. No ¿verdad?

-Te serviré el desayuno. –Nakuru le dijo antes de retirarse, dejándolo solo con Spi.

El guardián sobrevoló al hechicero y sonrío felinamente. -¿Sabes una cosa? –dijo al aire, a sabiendas de que el otro lo estaba escuchando. –Lo que hiciste no estuvo bien, ella realmente te amaba. –

Li se tenso, pero no dijo nada. –Pues yo ya no. –

-Yo te lo he dicho en pasado, jamás dije nada del presente. –la cara de estupefacción que le mostro Syaoran lo hizo ampliar su sonrisa. -¿No será que el que no la olvidado es otro? –

-No digas idioteces, yo no la amo. –sentencio saliendo de la sala, caminando hasta el comedor. –No la amo. –

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Cuando abrió la puerta no estaba muy segura de quien sería. Esa mañana habían llegado como tres personas que le eran desconocidas a ella, pero que eran amigos-compañeros de la universidad de su hermano. Por eso dudo en abrir, sobre todo porque hacía varios minutos que todos se habían marchado a sus respectivas actividades y Touya se había ido a ver a Yukito, por lo que se había quedado sola. Aunque no es como que no pudiese defenderse sola.

-Ah, eres tu Eriol. –suspiro un tanto aliviada. –Pensé que sería otro amigo de mi hermano. –

Hiraguizawa relajo sus facciones al verla y le regalo una genuina sonrisa, mientras la chica se apartaba para dejarle espacio para pasar. Cerró la puerta y guio a Eriol hasta la sala, en donde ambos tomaron asiento en los cómodos sillones.

-¿Y Kerberos? –pregunto al no verlo rondando alrededor de su amiga. Sakura suspiro.

-Fue con mi hermano a ver a Yukito, quería hablar el primero con Yue antes de que nos viéramos. –se encogió de hombros.

-Vaya, parece que Kerberos te tiene bastante sobreprotegida. –sonrío.

-Um, algo. –acepto ella sonriéndole.

Ambos se quedaron un momento en silencio, Eriol meditando que podría decirle y Sakura pensando en lo que Kero y Yue podrían estar hablando. Aunque presentía lo que era.

-¿A qué has venido realmente, Eriol? –pregunto tras un largo momento de silencio. –No creo que estés aquí para hablarme sobre Kero. –

El peli azul sonrío misteriosamente. –Tienes razón, estoy aquí por algo distinto. –se cruzo de brazos. –Es una petición, te ruego que la aceptes. –

-No puedo aceptar hasta saber que es, Eriol. –entrecerró los ojos. –Aunque hay algo que me dice que no me gustara lo que es. –

El oji azul se río entre dientes. –Por favor, déjame entrenarte. –la miro seriamente. –Es completamente necesario, muy necesario. –

Sakura no dijo nada, solamente era capaz de verlo incrédula. Había escuchado mal ¿verdad? Eriol no le dijo eso ¿cierto? Solo estaba imaginando cosas ¿verdad que sí?

-Estás jugando ¿verdad? No estás hablando en serio ¿a qué no? –

-Lo hago, estoy siendo muy serio con esto. –

Sakura negó con la cabeza y luego río un poco. –No Eriol, no puedo aceptar una petición tan absurda como esa. –

-¿Por qué no? –

-Eriol, un entrenamiento dura mucho tiempo. –señalo lo evidente. –Y yo no tengo ese tiempo. –sonrío. –Además…no quiero hacerlo. –añadió.

-Entiende una cosa Sakura, eres muy débil. –aclaro severamente. –Y no está a discusión, fueron órdenes del concilio. –

Sakura afilo su mirada, su ceño se frunció y repentinamente Eriol se encontró con la chica furiosa. La Kinomoto fijo su furiosa mirada en el peli azul.

-Vamos aclarando algunas cosas, Eriol. –siseo. –Yo no tengo porque obedecer al concilio, no tengo nada que ver con esa gente. Segundo: No voy a entrenar porque no quiero, si soy débil o no es mi problema. –se levanto del sillón. –No pueden obligarme, no pudieron obligarme a nada antes, nadie hará que lo haga ahora. –

Hiraguizawa estaba bastante sorprendido. Pensó que con eso ella cedería, pero tal parecía que solo había logrado despertar a una fiera.

-Otra cosa, no voy a durar mucho tiempo en Tomoeda, solo vine a ver a mi familia y a Yue, nada más. –

-¿Qué? ¿No viniste a quedarte? –

-Por supuesto que no, hay cosas que debo hacer. Vine aquí solamente a descansar un poco y esperar a alguien. –se encamino a la puerta. –Por favor vete y dile a los del concilio que me dejen en paz, esa gente siempre ha sabido como fastidiarme. –

-Hablas por lo de Syaoran ¿verdad? –

La castaña río de forma amarga. –No, no hablo de lo de Syaoran, aunque eso también influencio mucho. –se llevo un mechón de cabello tras la oreja. –Ahora por favor vete, Kero tiene razón al decir que no debes involucrarte conmigo. –

El peli azul se dirigió a la puerta que era sostenida por la chica, quien lo miraba con fijeza.

-Syaoran no quería que viniese a verte. –se detuvo. –Porque el aun recuerda lo que ocurrió ese día…esa pelea. –

-Dile que solo lo olvide, no tiene caso seguir con eso. –

-¿Tu ya lo has olvidado? –pregunto con tranquilidad. Sakura no lo miro.

-Algo así, hay tantas cosas que debo resolver que esa dejo de ser prioridad. –suspiro. –No porque no haya sido importante, si no que ya no había caso seguir pensando en eso si el ya me había dicho que me odiaba. –

La reencarnación del mago Clow negó con la cabeza, mientras salía definitivamente de la casa. Sakura cerró la puerta y se dirigió a su alcoba. Ella ya no podía amar a Syaoran. Simplemente eso era imposible.

-…era mejor simplemente olvidarlo. –

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-¿Eso te dijo? –Tomoyo observo preocupada a Eriol. -¿No te dijo cuando se iba? –

El peli azul negó con la cabeza. Hacía diez minutos que había decidido pasarse por la casa de Tomoyo para hablar un poco con ella y está estaba bastante histérica. Quizás no había sido buena idea decirle que Sakura no planeaba quedarse en la ciudad.

-También le mencione lo de Syaoran. –

Tomoyo paro de parlotear para mirar al mago. –No debiste hacerlo, sabes bien lo que ocurrió. –

-Él no sabía qué hacer, Tomoyo. –lo defendió. –A los diez años ninguna madre te creerá que estas enamorado y que en el futuro te casaras con esa persona. O más bien, quería, porque ahora es imposible que eso ocurra. –

-No todas las madres son Ieran Li. –contraataco Tomoyo. –Ni usan magia y saben cosas que los demás no. –

-Está bien. Entiendo tu punto y el de ella. Pero él también sufrió por eso, ahora esa chica rompió el compromiso y se caso el mes pasado con sabrá Dios quien. –

-Bien por ella. –gruño la pelinegra.

-De todas formas Sakura me dijo que ya lo olvido todo. –

-¿Y tú? –la joven entrecerró los ojos. –Te recuerdo que lo nuestro tampoco quedo claro. –Eriol se tenso.

-Tomoyo…yo… –

-Olvídalo, no dije nada. Solamente seamos amigos como siempre. –se sentó al borde de su cama. –Eso es en lo que quedamos hace tres años cuando nos encontramos de nuevo en Francia. –sonrío. –No debí sacar el tema, lo lamento. –

-¿Me amas? –pregunto dubitativo. La Daidouji no lo miro.

-No preguntes algo que no quieres saber, Hiraguizawa. –se cruzo de piernas. –Eso es algo que tu rechazaste, si aun lo hago no es tu problema. –

-Lo es. –

-No, no lo es. Y no te culpo por ello, tu no me amabas, no, más bien no me amas. Tampoco es tu culpa, tú no mandas sobre tus sentimientos. –le dedico una media sonrisa.

Francia había sido el lugar en donde finalmente ella había podido poner un fin a su angustia y al dolor que le provoco el no recibir respuesta de Eriol cuando este se marchaba de Tomoeda; anhelo mucho tiempo la respuesta y mentalmente se preparo para el rechazo. Cuando llego fue duro, pero fue mejor que seguir en la incertidumbre. Él le pidió seguir siendo amigos y ella acepto a regañadientes, pero después de eso no volvió a saber de él. Pensó que así era mejor, no saber de él, que así lo olvidaría más rápido; pero esa impaciencia por querer saber algo de su persona le hizo darse cuenta de que no lo podría olvidar. Sin importar cuán mucho o cuan poco supiese.

Era patética.

Y siempre lo había sido.

-Es mejor que te vayas. –suspiro la pelinegra. –Saldré con mi madre y no me parece correcto dejarte aquí solo. –

-¿O es que no me quieres ver? –alzo una ceja. Tomoyo no contesto. –Está bien, volveré luego. –

-No lo hagas. –alzo la vista. –Me hace daño. Si vendrás procura no venir solo. –

El chico asintió un tanto dolido. No entendía porque le dolía ver a esa chica así, porque le daban ganas de abrazarla y consolarla. La miro un momento y le partió el corazón ver los inicios de su llanto.

Era…era tan cruel.

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Cuando Sakura llego a la casa de Tomoyo eran apenas las tres de la tarde, y debía decir que estaba bastante confundida por la llamada que recibió de una de las sirvientas de la casa Daidouji. Ingreso casi al instante de que Sonomi le abriera la puerta y le diera un abrazo de bienvenida.

-¿Qué pasa? –interrogo tras separarse. –Me extraña que me llame a estas horas, usualmente está usted trabajando. –

Sonomi señalo las escaleras que llevaban al segundo piso, y Sakura siguió la dirección señalada.

-¿Algo le paso a Tomoyo? –pregunto preocupada.

-No lo sé. Ha estado llorando desde que ese chico…Um ¿Cómo se llamaba? ¿Eliot? No, no ¡Eriol! –recordó. –Desde que Eriol vino a verla. No sabemos bien qué hacer. –

-Oh. –

No tenía que ser un genio para saber porque Tomoyo estaba así. Seguramente el peli azul la había rechazado o le dijo de forma brusca que no ¿Quién sabe?

-Subiré a verla ¿puedo? –Sonomi asintió a la petición y observo la elegante figura de la castaña ascender las escaleras con algo de rapidez.

Camino por el pasillo y se detuvo ante la puerta que rezaba con un "Tomoyo" en letras grandes y pulcras. Toco levemente y no recibió respuesta. Toco nuevamente.

-¿Quién? –voz temblorosa le contesto del otro lado.

-Sakura. –respondió lentamente. –Déjame entrar, por favor, Tomoyo. –o bien podría tirar la puerta, pero esa no era una opción que le fuese a decir en voz alta. Tras unos segundos de duda, finalmente Tomoyo le abría, mostrándole su rostro surcado de lágrimas.

-Soy patética ¿eh? –dijo con burla hacia sí misma. Sakura negó con la cabeza.

-Por supuesto que no. –cerró la puerta tras ella. -¿Qué fue lo que te dijo? –

-Nada que no supiera ya. Aunque debo admitir que fue mi culpa, yo saque el tema a colación. –sonrío. –Fui yo la que comento lo que sucedió en Francia hace tres años. –

-¿De qué hablas? –interrogo confundida. Tomoyo tomo asiento en el suelo, con la espalda recargada en la base de la cama.

-Hace tres años me encontré con Eriol mientras estudiaba en Francia. –explico con un tono neutro. –El estaba por un favor a Li. Ese día nos pusimos al día con la vida del otro hasta que accidentalmente llegamos al día en que se marcho de Tomoeda, cuando me le confesé y el no pudo contestarme. Me atreví a confesarme otra vez y él se disculpo conmigo, diciéndome que no me correspondía, pero que le gustaría seguir siendo mi amigo. –

-Ya veo. –susurro. -¿Y para que se lo recordaste, Tomoyo? –

-Se me salió. –se río. –Fui tonta…muy tonta. –

-No…solo estás enamorada. –le sonrío, sentándose a su lado. –Todos tienen el derecho a estarlo, eso no significa que sean tontos. –la abrazo con suavidad, sintiendo como Tomoyo recargaba su mejilla en su hombro y volvía a llorar.

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-¿Crees que las cosas se compliquen aun más? –Yukito miro a Kero. –Me preocupa. –

Kero tomo asiento en la mesa frente al joven y se cruzo de brazos. –Lo harán, esa gente ha estado muy tranquila. –dio un sorbo al té. –Algo están planeando. –

El chico se acomodo los lentes y se recargo por completo en la silla. Afortunadamente Touya ya se había ido a hacer su guardia y podía hablar con completa libertad. Kero miro el techo un poco hastiado.

-¿Cuándo ira a vivir una vida tranquila otra vez? –pregunto a nadie en particular. Yukito cerró los ojos.

-No lo sé. –susurro. –No lo sé. –

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Continuara~….

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Hola, hola. Sin mucho que decir ahora jeje. Solo que espero hayan disfrutado del capítulo ya reescrito.

Gracias a todas/os por leer.

Nos leemos luego, espero estén todos muy bien.

Ciao, ciao (: