Capítulo 4
Promesas.
.
.
.
La tenue luz que desde afuera se filtraba por entre los barrotes, iluminaba levemente el interior de la mazmorra en la que se encontraba, pequeños rayos de luz que ni siquiera llegaban a tocarla, a pesar de que se esforzaba por alcanzarlos.
Un suspiro desesperanzador abandono sus labios con angustia, quería ir pronto al encuentro de Sakura, quizás debió haberle hecho caso a Subaru, pero eso ya no importaba, no cuando sentía la sangre resbalar de forma lenta y tortuosa por su piel.
-Sakura –murmuro con preocupación, alzando lentamente su mano en dirección al rayo de luz que comenzaba a desvanecerse. Tenía que hacer algo, no podía quedarse solamente así, ella estaba en peligro y lo único que estaba haciendo en ese momento era ver como la luz acababa de desaparecer.
En verdad esperaba que eso no fuera algún tipo de premonición o algo así, y mientras pensaba en ello, Imai Nanami se levanto con dificultad del piso y con paso forzado se acerco hasta la pequeña ventana.
-¡Ve! –ordeno, a la vez que aparecía una enorme águila. -¡Ve con Sakura, Rei! –dicho esto, el animal aleteo con ferocidad, antes de ascender hasta el cielo y desaparecer.
Nanami se recargo en la pared, respirando agitadamente. Había usado mucha energía para invocar a Rei y en esos momentos carecía de ella. Con cansancio y dolor, se deslizo hasta el piso, mientras escuchaba como la puerta de su celda se abría con un molesto rechinido.
-Vaya, que deplorable te vez. –se burlo una voz que reconoció enseguida.
-Ayato –siseo ella con furia, mientras el muchacho se acercaba a ella con una sonrisa arrogante, y cuando hubo estado lo suficientemente cerca, se agacho hasta quedar a su altura.
-Adivina que, preciosa. Tengo un pequeño trabajo para ti. –al decir esto, Ayato ensancho su sonrisa y la tomo del brazo para alzarla del suelo. –Así que estate agradecida, Nanami-chan.
La albina intento zafarse, pero lo único que consiguió fue que Ayato la golpeara en el estomago con fuerza y antes de caer inconsciente, vio la sonrisa triunfadora del joven.
-Te odio…-fue lo último que resonó en la mazmorra, antes de que todo regresara a un silencio aterrador.
.
.
.
"Un goteo insistente la hizo taparse los oídos con los brazos. Gotas cayendo, una tras otra, resonando en un eco interminable, hasta que desesperada, Sakura Kinomoto se levanto abruptamente hasta quedar sentada, pero al ver aquello, sus ojos verdes se abrieron sorprendidos.
-¿En donde…estoy? –se pregunto confundida, mirando desconcertada que estaba acostada en un mar interminable de agua, que, aunque no estaba mojada, el sonido de las gotas al caer en algún lugar, era lo que había estado escuchando. No sabía que estaba pasando, ni siquiera sabía con exactitud en donde se encontraba y lo único que lograba ver, era un mar, que seguía extendiéndose a la distancia.
Su única opción momentánea era buscar a alguien que la ayudara, pero temía que al moverse, terminara por hundirse.
-¡Alguien!, ¡¿Hay alguien aquí?! –grito tan fuerte como pudo, escuchando como su propia voz resonaba. El miedo comenzaba a invadirla, temía quedarse ahí y no volver a ver a Nanami ni a Subaru, ni tampoco a la vieja Kaede. Lagrimas resbalaron por sus mejillas y cayeron en el agua.
Quería salir de ahí, no entendía que estaba sucediendo, tenía mucho miedo, no quería ver nada, así que se abrazo a sus piernas, ocultando su rostro entre sus brazos.
-Tranquila, no llores. –suplico una voz tras de sí, posando su mano cálida sobre el hombro helado de la Kinomoto, quien sobresaltada, alzo el rostro bañado en lagrimas.
-¿Quién eres tú? –pregunto sin moverse, solo observando el rostro de aquel joven de ojos violáceos que derramaban calidez. Unos ojos que estaba segura que había visto antes.
-Mi nombre no importa ahora, pequeña Sakura, lo importante es lo que he venido a decirte. –sonrío con ternura, acariciando su mejilla izquierda. La castaña ladeo la cabeza sin comprender, mientras el desconocido le extendía su mano para levantarla, Sakura dudo unos instantes, pero termino por aceptarla.
-¿Qué es lo importante que quieres decirme? –pregunto curiosa, sin soltar la mano del muchacho.
-Tienes que ser fuerte y confiar en ti. Tu poder y tu luz podrán contra el dragón negro, pero debes tener cuidado. –su voz se torno preocupada. –Hay quienes quieren acabar con tu vida, ¡Eso no debe suceder!, tienes que vivir. –exclamo, apretando un poco el agarre.
-¿Qué quieres decir con "él dragón negro"? –pregunto confundida. -¿Qué está sucediendo?
El muchacho agacho la mirada.
-A su tiempo lo sabrás. Pero eso sí, no debes dudar nunca de tu luz, confía en el corazón de las cartas Clow. –dijo, suplicante. –Prométemelo.
Sakura le miro un tanto asustada, antes de asentir suavemente.
-Sí, te lo prometo. –susurro, mientras todo comenzaba a distorsionarse. Dejo de escuchar cualquier cosa y pudo notar que el joven decía algo, pero no lograba escuchar lo que era.
-…nos volveremos a ver. –fue lo último que logro escuchar, antes de que todo se volviera negro."
Sakura se despertó abruptamente, tan rápido que termino mareándose.
-¡Sakura! –exclamo Touya aliviado, deteniéndola antes de que se levantara de la cama. –No debes levantarte, quédate aquí. –pidió. La muchacha asintió un tanto confusa, no lograba recordar del todo bien lo que había sucedido, pero sí que recordaba la promesa. Con parsimonia, vio como su hermano abandonaba la habitación.
-¿Estás bien? –pregunto Kero preocupado.
-Sí, ¿en dónde está Subaru? –pregunto aun somnolienta, reprimiendo un bostezo que pintaba seria largo.
-Salió a comprar algo para comer. –contesto el guardián con simpleza. –El mocoso y la reencarnación de Clow continúan abajo. Por Tomoyo vinieron hace un rato.
Sakura asintió un par de veces, mientras observaba el cielo cubierto por nubes grisáceas. Tenía el mal presentimiento de que algo malo estaba por ocurrir y el encuentro con aquel muchacho aún rondaba por su mente. ¿De donde era que lo conocía?
-Estoy preocupada por Nanami. –comento la castaña, notando el visible sobresalto de Kero. -¿Qué pasa? –pregunto fijando su vista en el guardián.
Kero estuvo a punto de negar cualquier cosa, pero la mirada fija de su dueña lo hizo desistir de la idea.
-Llego Rei –dijo –Y traía un mensaje consigo. –murmuro.
Sakura lo miro esperanzada, tal vez el águila guardián de su amiga trajera buenas noticias.
-¿Qué tipo de mensaje? –pregunto. La criatura bajo la mirada.
-Nanami… ¡Nanami fue capturada! –soltó aprisa, desviando la vista de la Kinomoto.
La chica se levanto bruscamente de la cama al escuchar eso, con los ojos llenos de lágrimas.
-Entonces…lo que yo…-las palabras se atoraban en su garganta, las lagrimas resbalaban por sus mejillas sin parar y sus piernas le fallaron, haciéndola caer al suelo. -¡Lo que vi fue cierto!, ¡la van a torturar! –sollozo sin poder controlarse.
Pasos se escucharon por el pasillo y los cuales se detuvieron frente a su puerta, que se abrió dejando ver a Li Syaoran.
-¡Debes tranquilizarte! –soltó Kero. –Por favor…
-¿Qué pasa? –pregunto Syaoran desconcertado y ahora preocupado por el estado de la chica. -¿Qué le pasa? –pregunto de nuevo, acercándose hasta la castaña.
-Nanami –farfullo ella entre lágrimas.
-Oye, tranquila. –intento calmarla. –Dime lo que pasa. Quizás pueda ayudarte. –ofreció, palmeándole la espalda con suavidad. Ella negó con la cabeza y se abrazo con fuerza al chico.
-Lo siento…-se disculpo, aun sin soltarlo. Syaoran, que se había quedado quieto, se sorprendió al escuchar que la chica se disculpaba con él.
-¿Por qué…? –comenzó la pregunta, pero fue interrumpido por Sakura.
-Por no poder ayudarlos, no pude ayudar a nadie. Nunca pude hacerlo. –sollozo. –Pero ahora…-murmuro, separándose de Syaoran que no entendía nada y limpiándose las lágrimas recordó al muchacho de amables ojos violáceos. -…ahora será diferente.
.
.
.
Subaru se deshizo del papel de su comida, tirándolo en un cesto de basura cercano a la banca en la que estaba.
-Que día tan extraño. –comento mirando el cielo, ahora cubierto por nubes grisáceas que parecían traer la desgracia. –Hoy por la mañana estaba muy soleado…-recordó, pero el ruido de las ramas al moverse sobre él, lo regresaron a la realidad. -¿Una paloma? –se pregunto extrañado después de ver bien al pájaro.
La paloma voló hasta quedar frente a él y dejo una nota en sus manos.
-Una paloma mensajera de Nanami. –murmuro, abriendo el trozo de papel y lo que ahí leyó, lo dejo por completo helado. -¿El dragón negro esta dentro de la academia? –pregunto al aire alterado, leyendo una y otra vez las líneas escritas apresuradamente.
-¡Oh, vaya!, hemos llegado muy tarde. –hablo una voz con un tono fingido de lamento. Subaru se levanto de la banca como un resorte y frunció el ceño al reconocer dicha voz.
-¡Muéstrate, Ayato! –ordeno el pelinegro en un siseo, poniéndose a la defensiva.
-¡Por aquí! –exclamo Ayato burlón, detrás de Subaru. El muchacho se giro de inmediato y en el segundo en que lo hizo, se arrepintió de haberlo hecho.
-N-¡Nanami! –soltó incrédulo, al ver a la susodicha, parada a un lado de Ayato con la mirada perdida, estaba cubierta de heridas y vendas y sus ropas manchadas en tierra y sangre.
-¿Qué te parece el regalito que le traigo a Sakura Kinomoto? –pregunto inocentemente, acariciando el rostro de la albina. –Es de parte de Kymiko-sama. ¿No es muy amable de su parte, enviarle un presente a la traidora? –pregunto alegremente.
-¡No la toques! –gruño Subaru molesto, lanzándole un kunai al rostro a Ayato. -¡Aléjate de ella!
-Como quieras. –acepto sin más, mirándolo maliciosamente. -¡Ve! –y ante la orden, Nanami se dispuso a atacar a Subaru con una daga de hielo.
-La siguiente es Sakura Kinomoto. –aviso Ayato, desapareciendo de la vista de Subaru.
-¡Maldición! –chisto, intentando correr en dirección de la casa de la castaña, pero Nanami se lo impidió con una enorme barrera de hielo. –No puede ser…
.
.
.
-Siento de verdad el espectáculo, pero de verdad me ayudaste Li. –musito la Kinomoto avergonzada, sin notar que Syaoran estaba más rojo que un tomate. –Pero es que a veces me quiebro ante mis problemas…
-Oh vaya, ¿estás estrenando un nuevo tono de rojo? –pregunto Nakuru burlona, mirando con fijeza el rostro de Syaoran.
-¡Déjame en paz! –dijo el muchacho sobresaltado. –Y en todo caso, no sé si fui de ayuda, pero me alegro si así lo crees. –murmuro con una media sonrisa adornando su rostro.
La muchacha se sonrojo sin poder evitarlo, y en un intento de ocultarlo, termino por quedar de frente a la ventana en donde vio lo último que creería.
-Ayato…-soltó la chica en una exhalación, mientras que notaba como la sonrisa sádica en el rostro del chico se ensanchaba al ver la expresión horrorizada en el bello rostro de su víctima.
-Hola de nuevo, Sakura –susurro, pronunciando su nombre con un cierto tono de burla.
Syaoran y Eriol se observaron desconcertados al ver que la muchacha se alejaba de la ventana, quedando parada a varios pasos de ella.
-¡Tienen que esconderse! –chillo. –No puedo garantizar su seguridad si él llegase a entrar…-decía atropelladamente, los recuerdos la invadían y era como si todo se volviese a repetir.
-¿Qué es lo que pasa? –pregunto Syaoran asomándose a la ventana. Sus ojos se inundaron de furia al ver a Ayato ahí fuera.
-Ayato Akashiya –susurro con ira. -¿Por qué esta aquí?
Sakura negó con la cabeza varias veces, estaba asustada y no lo podía ocultar. Ayato traía los peores recuerdos a flote y con solo verlo, la sangre se le helaba. A esas alturas, ya no podía ocultarles a sus amigos la situación en la que se encontraba, o por lo menos, no toda.
-El está aquí…para matarme…-contesto como pudo y fue entonces, que el castaño se giro para mirarla incrédulo.
-¿Qué…? –dijeron todos los presentes a unisonó, mirando el rostro de la muchacha.
.
.
.
Continuara….
.
.
.
¡Por fin acabe el capitulo!~
Espero les haya gustado, y espero no haber tardado mucho en publicarlo, en fin.
Quiero agradecer a las personas que me mandaron review, se los agradezco mucho.
Espero estén todos bien.
¡Hasta luego!
Atte: Maka Hanato.
