NOTA: Los personajes pertenecen a la obra de Hellsing de Kouhta Hirano, solo los he tomado para la creación de esta historia.


Capítulo II - EL FÉNIX

Un hombre de gabardina roja, alto y dominante, aquellos ojos brillaban, reflejando como el mismo fuego desatados en el mas profundo averno, sus facciones eran muy bien definidas lo cual podría considerarse atractivo, mostraba esa expresión fría y atemorizante, la misma que Elizabeth vio hace 30 años cuando este se enfrentó a sus enemigos. - ¿Qué haces aquí vampiro? Pude sentir tu presencia, desde hace tiempo que la siento, aunque nunca tuve oportunidad de saber quien o que era- Dijo el vampiro al quedar frente a ella. -¿Cómo supo que era un vampiro?- Extrañada dijo la joven a aquel hombre que estaba parado ahí. -Porque un vampiro emana una extraña fuerza, oscura como la noche, ademas de que puedo ver como tus ojos reflejan un color muy llamativo, asemejando al crepúsculo-.

Elizabeth comenzó a dar unos pasos hacia atrás, tratando de alejarse de él, de huir, pero él seguía caminando -Los vampiros intrusos como tú deben ser eliminados, entrar a esta propiedad evadiendo a los soldados es causa de allanamiento y motivo suficiente para borrar toda existencia tuya-. Ella frunció el ceño, comenzó a correr, alejándose de Alucard, pero este en un abrir y cerrar de ojos estaba frente a ella frenando su camino, la tomo del cuello y sonrío de manera perversa -Quizás no me ofrezcas mucha diversión pero podría entretenerme un poco contigo...-. Elizabeth miró al vampiro, sus ojos se tornaron en un intenso rojo y golpeo a este obligandolo a soltarla.

La fuerza que aplico fue demasiada mandando a Alucard al fondo del pasillo, un silencio abrumador lleno ese momento, pronto una risa que comenzaba de un tono bajo hasta una carcajada, tan orgullosa rompio aquel molesto vacío. Ella se puso en posición esperando al vampiro. -Esto es interesante, eres una de nuestra familia, original y única, pero aun pareces novata-. Elizabeth se quedo atónita ante eso bajando la guardia. -¿Cuál es tu nombre?- Decía el vampiro mientras se acercaba, sus pasos retumbaban en el lugar, pesados pero firmes, ella no responde, -Te pregunte tu nombre, no seas descortés ni maleducada-, se acercaba hasta quedar una vez mas frente a la joven. -Nerta... sí, solo dígame Nerta-, a lo que él respondió -La diosa escandinava de la naturaleza, jajaja de acuerdo "Nerta"- Dijo cambiando su expresión a la de alguien juguetón, como si quisiera molestarla -¿No se te ocurrió algún otro nombre vampirita?- agachándose para que entendiera la indirecta, Elizabeth molesta le dio una bofetada -El hecho de que sea un poco pequeña no es motivo para atacarme de esa forma Alucard- este se quedo sorprendido, cambio su expresión a una seria, sin dejar de mirar a la joven, saco su arma y le apunto directo al corazón -Eres una vampira interesante, lastima que acabaré con tu miserable y ridícula existencia-, ella solo sonrío y le miro -¿Ridícula? ¿Dices que mi vida es miserable y ridícula cuando tu hace 30 años deseabas morir? ¿Acaso o deseabas que aquel católico te venciera? Yo aprecio esta vida que llevo, y no deseo morir, menos por alguien tan ridículo como tú-, el vampiro no cambiaba su expresión, tomo el arma y lo guardó, sin nada mas que decir continuo su camino a su morada evadiendo a la joven. -Déjame vivir aquí, y te mostrare que no todo es tan malo como parece, he aprendido a apreciarlo y yo lograré que tu tambien lo veas de otra forma, además tengo varios "juguetes" que te gusten, como aquella arma que traes-, aquél vampiro dio media vuelta y le miro por unos instantes -Si no lo logras te exterminaré como un insecto-, sonrío y se acercó a él -Y entonces ¿dónde dormiré?-, él la llevo a una de las habitaciones de la masmorra, la mas vieja y abandonada del lugar -Aquí dormirás-, ella miró el lugar y antes de decirle algo, Alucard ya se había ido.


Alucard residí en sus aposentos, tomo asiento sobre su trono, tomo una copa y sirvió un poco de vino, degusto de esta para después romper la copa en su mano, -Esa jovencita tiene algo interesante que aun no me explico. Nerta... ¿por qué no me dijo su nombre real? ¡Ah! esa pequeña es muy orgullosa. De alguna manera aquella vampira ... me recuerda a... mi-. Decía el vampiro, debido a tales pensamientos no notó que rompió la copa hasta que Seras grito asustada. -¡Master! ¿Esta bien?- El vampiro giró a ver a la draculina, miró su mano que sangraba, dejo caer los trozos de aquella copa, su herida pronto cerro, -¿Qué haces aquí Seras?- dijo un poco molesto a Seras, -Bu...bueno, es que escuche un fuerte golpe aquí y pensé que había pasado algo-. Se acercó a su maestro, ella rápidamente noto que su maestro estaba muy pensativo, como si algo hubiera robado su atención, -Ma... ¿Master? ¿Sucede algo? Esta algo... bueno, distraído?-. Este sacudió ligeramente su cabeza -No, nada Seras, solo pensaba en aquella vampira que hospeda ahora aquí, hay algo que envuelve mi atención, aunque no se porque...-, la draculina lo miró sorprendida al escuchar que había alguien ahí, pero noto que su maestro no estaba muy concentrado como para aclarar sus dudas, así que solo salió de la habitación y lo dejo solo.


Elizabeth observaba esa habitación tan abandonada, el tiempo había hecho de las suyas, suspiro y observo que había una cama, pero estaba podrida y rota -¿Y quiere ese maldito que duerma aquí? ¿En una porquería como esta? Cuando lo vea ya verá-. Continuo explorando la habitación, telarañas, ratas, tal lugar era decrépito y asqueroso, ella decidió salir de ahí, subió para explorar mejor la mansión, encontró una biblioteca, oficina, y una habitación con cierta decoración barroca -Jajaja aquí hay una habitación mejor que aquella, ¡Ja! creo que dormiré aquí- lo dijo mientras se aventaba sobre la cama, pronto amanecería por la cual ella quedo dormida.

Las horas pasaron, ella dormía hasta que Alucard la tiro de la cama -¿Pero que...? ¡Ah! Condenado vampiro ¿qué te pasa?-, este lo miraba algo molesto -Te dije que durmieras allá, al parecer quieres que te mate ¿verdad Nerta?- esta se asusto -Lo siento, pero la habitación es un maldito desastre, una dama como yo no puede dormir ahí- Alucard solo la tomo de la playera y la arrastró como un costal -El hecho de que este así es que nadie había ocupado esa habitación, después arreglaremos eso, además no puedo correr el riesgo de que Integra te vea... aun no es el momento- ella se giro y golpeo al vampiro para que la soltará -¿Era necesario recurrir a la violencia? Solo me lo hubieras dicho y me voy de ahí, que infantil...- se levanto y se retiro a la habitación de Alucard, esta vez ella quería irritarlo, encontró el ataúd de Alucard y se recostó en este, Alucard la siguió y la miro molesto, quería ahorcarla en ese instante, pero decidió esta vez hacerlo de manera sutil -Nerta, ¿podrías dejar mi ataúd e irte a tu habitación?- mientras presionaba los dientes por lo enfurecido que estaba, literalmente echaba humo por las orejas. Al ver que aquella no se movía la levanto y la dejo en el suelo.

Ella lo miró pero estaba agotada que no intento luchar, quedo dormida en el suelo, Alucard la miro, en ese momento su mirada mostró interés en Elizabeth, la tomo en sus brazos y la recostó de vuelta en el ataúd -Esta vez haré una excepción contigo...- suspiro, -Pero eres algo problemática, ya veré como me deshago de ti, aunque sería interesante ver como intentarás hacerme cambiar de opinión alguien tan infantil como tú- Sonrío dejando a la vampira ahí y tomando asiento una vez mas en su trono, este también, después de pensar en aquella vampira quedo dormido.