Capítulo 5
Palacio de Truenos.
.
.
.
"Está aquí para matarme", esa declaración los había dejado a todos helados en sus sitios, todos mirando a la castaña con expresiones de sorpresa y desconcierto. ¿Había dicho que cosa?, ¿matarla?, ¿Por qué demonios querrían matarla?
-Sakura-expreso su hermano en un tono de preocupación, mirándola como temblaba. ¿Y es que como no querían que ella se pusiera así?, a decir verdad, Ayato era su peor pesadilla, la más terrible y sanguinaria.
-Repite eso. –continuo Syaoran, intentando hacer que Sakura le prestara atención. Pero ella parecía más concentrada en intentar controlar los temblores y los latidos desenfrenados de su corazón, de seguir así, terminaría por darle un paro cardiaco.
-L-lo siento de veras. –se disculpo con un hilillo de voz, sus verdes ojos reflejaban el miedo que ver a Ayato implicaban, pero sabía que tarde o temprano terminaría por enfrentarlo, siempre conseguía encontrarla, sin importar a donde fuera.
-¿Aún me temes? –pregunto, con su voz filosa como un cuchillo y una sonrisa que no presagiaba nada bueno, ingresando en el hogar de los Kinomoto. Sakura trago grueso e intento que su mente quedara en blanco. Que las imágenes de hace años se repitieran constantemente en su cabeza no la iban a beneficiar mucho, por eso mismo, debía vaciar su mente de todo recuerdo.
Sakura suspiro, en cuanto sintió que dejo de temblar, se levanto del suelo y se separo de su hermano, quien la abrazaba protectoramente.
-Que me traigas los peores recuerdos, no quiere decir que no tenga la convicción de vencerte, Ayato. –expreso con ferocidad, mostrándose serena e irascible, aunque en realidad se sintiera desprotegida. El chico sonrío de nuevo.
-¿De verdad? –pregunto con fingida alegría, sin mostrar debilidad alguna.
Ella frunció el ceño, caminando hasta quedar justo frente a él.
-Vamos Sakura. Tranquila. –se dijo a sí misma, tratando de mostrarse siempre imperturbable.
-Honestamente, pero hay que ver que es un poco más difícil, si tomamos en cuenta que te odio. –ahora fue su turno de sonreír ladina. –Pero que se le va a hacer. –suspiro resignada. Ayato borro su sonrisa y la miro con molestia. –No eres mi persona favorita en este mundo. –sentencio ahora seria.
Ayato se acerco un paso más a ella y la miro con severidad.
Tal vez yo no lo sea, pero creo que tengo mis serias dudas respecto a Imai Nanami, tú mejor amiga.-ante lo dicho, Ayato sonrío de nuevo, burlándose de ella. Sakura frunció el ceño enfadada.
-¡¿Qué fue lo que le hiciste?! –exclamo exaltada, sin poder contener la furia que sentía al ver como Ayato solo sonreía.
-Yo nada. Quizás deberías preguntar que le hizo ella a tu amiguito. El pobre debe haber recibido una tremenda paliza de su parte. –comento fingiendo pena. Sakura apretó las manos, formando puños. –Pero nada se comprara a lo que yo te hare a ti…-susurro con una nueva sonrisa formándose en sus labios. –Ansiaba que este día llegara. Llevas mucho tiempo escondiéndote, traidora.
Sakura soltó una exhalación, fingiendo que las tres personas que se encontraban detrás de ella no estaban, solo debía concentrarse en Ayato, Nanami y Subaru. Eso era todo.
-Creo haberte mencionado ya que yo no soy ninguna traidora, aquí los únicos traidores son ustedes, aunque honestamente dudo que alguna vez hayan tenido buenas intenciones conmigo, así que realmente da lo mismo. –menciono con fingida tranquilidad, observando a Syaoran y a Touya por el rabillo del ojo.
-¿Importan nuestras intenciones iniciales ahora?, después de todo ya deberías saber que te queremos muerta, Kinomoto. –dijo, fingiendo que aquello realmente le apenaba.
Sakura sonrío de nuevo.
-Y desde que lo intentaron la primera vez ya han pasado varios años, ¿no es así? –musito con diversión, recordándole así a Ayato, cuantas veces había fallado ya en su misión.
-Pareces bastante confiada, Sakura. –gruño Ayato realmente molesto. La castaña no dijo nada y continuo mirándolo con odio, a estas alturas, ella ya se encontraba mas enojada que asustada y por ello, estaría dispuesta a combatir contra él a cambio de una buena explicación de lo sucedido a Nanami.
-Lo estoy. –afirmo segura, sin apartar su vista de él. Ayato se llevo una mano al mentón y durante algunos segundos medito algo que Sakura estaba segura, no sería nada bueno. –De todas maneras, ¿Qué demonios le hiciste a Nanami? –pregunto de nuevo, ignorando el brillo siniestro en los ojos del chico.
Ayato sonrío y se encogió de hombros.
-Digamos que solo la estamos utilizando para nuestros propósitos, ella lloraba como nunca en cuanto le dijimos que tendría que dañarlos. ¡La hubieras escuchado, no dejaba de llamarte! –río con fuerza, burlándose. Sakura apretó las manos, sintiendo como la furia invadía cada vez más su mente.
-¡¿Cómo pudiste?! –exclamo furiosa, sintiendo como las lagrimas resbalaban por sus mejillas al siquiera pensar en la desesperación de Nanami, en su dolor.
-Tan fácil como simplemente hacerlo. –contesto él con tranquilidad. –Aunque bueno, tu amigo Subaru si que la tendrá difícil, la he dejado jugando un poco. –aquello hizo que Sakura intensificara la presión que ejercía en sus manos hechas puños.
-¡Tu! –siseo Sakura con una mirada asesina. Ayato jugueteo con un mechón de su propio cabello, fingiendo que la mirada asesina de Sakura no le afectaba.
-De todas maneras, hagamos un trato. –Sonrío –Si tú me das tu vida, yo dejo a Nanami libre, ¿Qué te parece?
La muchacha le miro recelosa, tardando unos cuantos segundos en digerir la propuesta de Ayato.
-Esta b…-Sakura estuvo a punto de contestar, pero Touya se apresuro a tomarla del brazo y hacerla retroceder hasta donde se encontraban ellos, impidiendo que ella formulara en voz alta lo que todos sabían que diría.
La chica parpadeo confusa ante el repentino jaleo y miro con molestia a su hermano y sus dos acompañantes.
-¿Se puede saber que estuviste a punto de contestar, Sakura? –cuestiono su hermano furioso, mirándola con suma preocupación mezclada con desconcierto, sorpresa y enfado. La chica se encogió de hombros.
-Creo que es obvio que diría que sí. –señalo Syaoran.
-Sacrificarse uno mismo por el bien de otro puede causar dolor a la persona que quieres salvar, y más aún cuanto más importante sea para ti. –expreso Eriol serio, mientras que la chica sentía las lagrimas resbalar. -¿Es ella importante para ti, Sakura?
La muchacha asintió silenciosamente. ¡Desde luego que Nanami era importante para ella!
-Nanami es…ella es…la única que acudió a mi desesperado llamado de ayuda, cuando más lo necesitaba. –susurro dolida. -¡Yo no puedo dejarla sola, justo ahora que puedo hacer algo por ella, justo cuando se que ella esta rogando por alguien que la ayude!, ¡Yo no podría dejarla sola! –exclamo con un cierto tono de desesperación.
Touya la miro con tristeza, ¿esa chica era de verdad tan importante, que estaba dispuesta a dar su vida a cambio?
-Pero…yo no puedo morir, no aun. –sentencio, dejando a los tres chicos sorprendidos. –Yo le hice una promesa a ese chico, le prometí que viviría. ¡Por eso, Ayato! –ante lo dicho, se giro hacia el chico de ojos carmesís, quien se encontraba recargado en la pared, bastante aburrido.
-¿Qué? –pregunto.
-Tengamos un combate, el trato es el mismo. Si yo gano, Nanami será libre y yo viviré, pero si pierdo…ya lo sabes. –dijo, con una mirada desafiante. Ayato sonrío de una manera bastante extraña.
-Me parece perfecto, ¡hagámoslo!, vayamos al parque ese, hay más espacio. –declaro, desapareciendo de la vista de los cuatro ocupantes de la casa.
La muchacha se giro de nuevo hacia Eriol, Touya y Syaoran, quienes la miraban con sorpresa.
-¡¿Acaso estás loca?! –grito Eriol, que siendo el primero en reaccionar, dudo un poco de la sanidad mental de su amiga.
-No eres nada comparada con él, Kinomoto. –musito Syaoran preocupado. –Eres extremadamente débil. Quizás deberías hallar otra manera de solucionar esto…
La chica se encamino a la puerta, ignorando olímpicamente los comentarios negativos acerca de su idea, pero le parecía tierno que aun se preocuparan por ella.
-¡Pase lo que pase, todo estará bien! –pronuncio, aquellas palabras que hacía tiempo no era capaz de pronunciar, porque ya no había verdad en ello, pero ahora, sentía que eso era cierto.
Touya intento caminar hacia ella, en un vano intento de detenerla.
-¡Me voy! –aviso, mientras salía corriendo de la casa. Estaba feliz de que ellos aun sintieran cariño por ella, su buen amigo Eriol, su molesto pero querido hermano y su…su… ¡buen amigo Syaoran!, no sabía cómo debía llamar a Li, pero llamarlo amigo estaba bien, ¿no?
La chica se abofeteo mentalmente por pensar en esas cosas cuando iba a un campo de batalla, no debía estar pensando en amistades y en esas cosas, debía concentrarse en lo importante, ganarle a Ayato.
La chica se apresuro a llegar al parque anteriormente mencionado por su enemigo, en cuanto estuvo en el, sus ojos verdes se llenaron de horror al presenciar como Subaru era apuñalado por Nanami.
-¡Subaru! –grito entrando en pánico de nuevo, intentando llegar hasta él.
-¡Lanzas de Hielo! –conjuro Nanami, con voz vacía. Esas lanzas iban directamente dirigidas a ella y en menos de un segundo, Sakura detuvo su carrera y elevo su mano izquierda.
-¡Cancelación! –ante lo dicho por la castaña, un extraño círculo mágico apareció justo frente a su mano, uno de brillos dorados y platas y el cual hizo que las lanzas se desvanecieran.
Al estar libre de peligros, Sakura reanudo su carrera.
-¡Subaru! –exclamo preocupada, llegando junto a él.
-¿Sakura? –su voz sonaba débil y la sangre brotaba de su pecho con abundancia. –Ella esta implorando por ayuda…-tosió la sangre que se había acumulado y se llevo una mano a la herida.
-¡Lo sé, pero ella estará bien y tu también! –musito con lagrimas en los ojos, escuchando la voz de su hermano en la entrada del parque.
-¿En donde están? –escucho a Touya preguntar.
-¡Es por aquí! –le contesto Eriol.
-Sakura, prométeme que pase lo que pase, tú no te dejaras vencer. –hablo Subaru de nuevo. –Debes vivir. –sonrió.
La castaña asintió, escuchando la estruendosa risa burlona de Ayato.
-Ahora sigues tú. –murmuro Nanami, dirigiéndose ahora a ella. Sakura alzo la vista y la miro con dolor.
-¡Sakura! –esa era la anhelada voz de su hermano, justo era a quien necesitaba. -¿Pero qué paso? –pregunto sorprendido de ver sangre en el suelo del parque, busco con la mirada y encontró el origen.
-¡Ayúdalo, por favor! –suplico, mientras Touya se acercaba hasta Subaru, quien sostenía la mano izquierda de Sakura.
-Es fácil perder la calma, mas difícil es mantenerla, querida Sakura. –menciono Subaru, cada vez más débil, hasta que su mano soltó la de Sakura y sus ojos se cerraron. Touya lo tomo y lo puso sobre su espalda.
-Debo llevarlo al hospital. –aviso a Sakura y a los dos magos que se miraban mutuamente.
-Gracias, hermano. –susurro la Kinomoto cabizbaja.
Eriol la observo, ella estaba frente a una chica albina, quien parecía llorar y también estaba frente a Ayato.
-Esto no está bien. Tengo la sensación de que esa chica es quien dejo así a Sumeragi. –comento Syaoran por lo bajo, al notar lo que Eriol había notado ya.
-Sí, y nosotros no debemos intervenir en esto, Syaoran. Creo que esa chica es de quien hablaba Sakurita, ella es Nanami. –dijo, mirando como la albina trataba de alcanzar a Sakura extendiendo su mano hacia ella.
-Creo que es hora de empezar. –comento Ayato, haciendo que una larga espada apareciera en su mano. Sakura asintió, sin poder evitar sentir esa opresión en el pecho. Necesitaba saber que había pasado con Subaru.
Ayato no espero a que ella sacara con que defenderse, se lanzo contra ella con las claras intenciones de asesinarla. Sakura retrocedió y esquivo a tiempo el ataque de Ayato, pero nunca espero el que Nanami le lanzo por la espalda.
-Lanzas de Hielo. –musito sin expresión, y la Kinomoto sin poder evadirlo, sintió como las dos lanzas de hielo se encargaban de perforar su piel.
-Por cierto, seremos dos contra ti. –menciono Ayato alegremente, disfrutando de la situación. Syaoran estuvo a punto de correr hacia ella, pero la mano de Eriol lo detuvo en seco.
El castaño le lanzo una mirada molesta, pero el simplemente negó con la cabeza.
-Esto es algo de lo que ella debe encargarse. –sentencio severo, por un minuto, pareció realmente Clow.
-Tormenta eléctrica. –susurro ella casi sin aliento, a la vez de que una esfera de electricidad comenzaba a formarse en sus manos y la cual fue lanzada directamente a Ayato, quien al no esperase algo como eso, fue a parar contra una roca. -¡Cancelación! –pronuncio ahora contra la magia de hielo de Nanami, una magia que ella misma le había enseñado.
Sakura aprovecho el repentino desconcierto de la albina para acercarse hasta ella y ponerse detrás.
-Muro de roca. –murmuro bajo, un estruendo hizo que ambos magos prestaran atención. Varios muros de roca aparecieron alrededor de Nanami, dejándola encerrada dentro. –Una menos.
-Yo sigo aquí. –gruño Ayato con molestia, blandiendo su espada en contra de la chica, quien se vio acorralada por el filo.
-Demonios. –soltó, al sentir como la espada atravesaba su brazo izquierdo. Ahora sí, su pierna derecha, su vientre y su brazo izquierdo heridos, estaba en desventaja.
-Confía en el corazón de las cartas. –repentinamente, esa misma voz resonó en su cabeza, recordándole que aun no había peleado con todo lo que tenia.
-Es hora del espectáculo. –musito Sakura, más confiada que antes, invocando su báculo.
.
.
.
Touya se sentó en el sillón que se encontraba en la sala de espera del hospital, necesitaba que alguien le dijera que ese chico se salvaría, porque de lo contrario, Sakura no lo soportaría.
No era capaz de comprender del todo, como es que su hermanita término involucrada con gente tan peligrosa como lo era Ayato. Tampoco tenía la más mínima idea de por qué esa chica Nanami era tan importante para ella.
Pero tenía algo que daba por seguro. Subaru había hecho de todo por ayudar a Sakura y como pago a eso, el intentaría que él estuviera a salvo. No necesitaba ser un genio para darse cuenta de que él era un apoyo necesario en la vida se su hermana, al igual que lo era Nanami. Tenía la leve noción de que entre ellos había una especie de vínculo que nadie más poseía.
Tal vez no era consciente de la razón o el motivo, pero estaba bastante seguro de que existía. Tenían un lazo definitivamente fuerte, compartían cosas que él desconocía, conocían el dolor que Sakura experimentaba, sabían lo que la chica quería hacer y tenía la sensación de que ellos tenían un mismo objetivo, una meta en común.
-¿Qué tipo de meta te has puesto, Sakura? –se pregunto, una cuestión que por el momento quedaría sin respuesta, como otras tantas que tenia. Definitivamente, ahora tenía dos cosas por las cuales preocuparse, el combate de su hermana y ese chico, Subaru.
.
.
.
Yukito frunció el ceño, cada vez más. ¿Qué demonios estaba haciendo Ayato en Tomoeda?, ni siquiera quería pensar en lo que estaría planeando ahora.
Camino más aprisa, con Kerberos guardado en el bolsillo de su abrigo y un muy mal presentimiento acerca de todo.
-Yue está inquieto, ¿verdad? –escucho que le pregunto la criatura con tranquilidad.
Yukito asintió sin decir nada, apresurando de nuevo el paso. Sentía la presencia de su dueña en el parque que estaba en la siguiente cuadra de donde se encontraba. La manera en la que volvería a verla no era la mejor. Nanami siendo controlada por Ayato.
-Ya casi estamos ahí. –comento Kero, tornándose inquieto. Yukito asintió. -¿Por qué siento que Sakura ha liberado el poder de las cartas? –se pregunto con seriedad.
-No lo sé, pero esta ahora mismo con ese tipo. –sentencio, se encontraba enojado y preocupado. Y como no estarlo, sabía que querían muerta a Sakura y ahora ella estaba en el mismo lugar con él.
Yukito ingreso en el parque, al mismo tiempo de que un estruendoso ruido alarmaba a los dos guardianes. El joven corrió hasta el sitio y se congelo al ver a la chica que era su dueña, en pleno combate contra Ayato.
-Ola de muerte. –expreso Ayato, mientras una ola oscura comenzaba emanar de Ayato, dirigiéndose a Sakura y destruyendo todo a su paso.
-¡Vuelo! –grito ella, sacando rápidamente la carta. La muchacha observo desde arriba la destrucción en el parque y en su persona y la de Ayato. El había usado sus mejores hechizos y ella se limitaba solo a esquivar. Podía notar como el chico estaba ya cansado y casi sin energías.
Ese último hechizo lo había dejado agotado.
-Creo que es mi turno. –hablo desde el cielo, captando la atención de todos los presentes. –Un hechizo que nunca habías visto.
Yukito capto enseguida la información y se alarmo de solo imaginarlo.
-¡Detente Sakura, no lo hagas! –pidieron Kero y Yukito al mismo tiempo. La castaña sonrió de una manera demasiado extraña, casi como arrepentida.
-Lo siento. –murmuro, antes de girarse a ver a Ayato. -¡Palacio de Truenos! –pronuncio con cuidado, mientras que varias esferas contenidas de electricidad comenzaban a aparecer alrededor de Ayato y de sí misma, flotando a su alrededor.
-¿Qué harás con esto? –cuestiono su enemigo ya no tan tranquilo.
La chica solo observo las esferas. Tal vez lastimaría un poco su cuerpo, pero valía la pena si con eso conseguía que Nanami fuera libre del hechizo de Ayato.
-¡Actívate, palacio de truenos! –ordeno, y rápidamente, rayos comenzaron a chocar directamente con lo que había debajo de las esferas y sobre ellas, comenzando a hacer el circulo de su alrededor cada vez más pequeño, hasta que encerró a Sakura y Ayato, golpeándolos a ambos. El dolor del impacto no era comparable a nada, era un dolor extremo. Ayato sentía como si su piel le fuera arrancada en jirones y su carne quemada por los rayos.
-¿Qué demonios…? –fue lo único que Syaoran fue capaz de formular, al ver la magnitud de destrucción de ese hechizo.
-¿Dónde está ella? –cuestiono Eriol preocupado, al no ser capaz de distinguir nada por la nube de polvo.
-Vi como la golpearon los rayos. –comento un desesperado Syaoran.
Yukito apretó las manos, Sakura lo había hecho.
¿Qué le había sucedido? Y lo peor, la pared de rocas acababa de romperse, dejando salir a Nanami.
-Ustedes son los siguientes. –susurro con un tono sin vida, acercándose a ellos.
-¡Ocúltense! –ordenaron Yukito y Kero asustados. -¡Ustedes no serán capaces de enfrentar a Nanami, ella es demasiado poderosa!
Syaoran y Eriol se miraron con sorpresa, sintiendo como Nanami comenzaba de nuevo con los ataques.
Yukito estaba desesperado, sabía que solo Sakura podría contenerla y ella no aparecía en la decreciente nube de polvo. ¿Qué se suponía que harían ahora, si la albina seguía estando bajo el control de Ayato?
.
.
.
Continuara…..
.
.
.
¡Hola a todos, gracias por leer!
A todas las personas que comentaron, se los agradezco mucho.
Nos leemos en la próxima, espero estén todos bien.
¡Hasta luego!
Atte: Maka Hanato.
