Capítulo 6
Desesperación
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Nanami caminaba lentamente, mirándolos acechante, parecía un felino a punto de devorar a sus víctimas. Yukito trago grueso e hizo señales a los dos magos para que se escondieran de su vista. Ninguno de ellos era rival para Imai Nanami, ni siquiera el propio Subaru era capaz de derretir el hielo creado por la chica, la única capaz de neutralizarlos, era quien le había enseñado semejante magia.
-¿Qué está pasando? –pregunto Eriol confundido ante la reacción de Yukito, quien simplemente se limitaba a observar alerta los movimientos de Nanami. Syaoran resoplo ante la nula respuesta y dijo algo que sonó como "podemos vencerla sin problemas", el joven Tsukishiro prefirió ignorar el último comentario hecho e indico a Kero que buscara a Sakura tan rápido como pudiera.
-No te preocupes, yo la busco. –fue su corta y rápida contestación, antes de retirarse apresurado a buscar a la castaña. Yukito regreso su vista a donde se suponía debía estar Nanami.
-¿Dónde…? –pregunto alterado al haberla perdido de vista, recibiendo la respuesta junto a un doloroso golpe en el estomago que lo hizo salir disparado contra una enorme roca, producto de la anterior pelea entre Ayato y Sakura.
Tanto Eriol como Syaoran se miraron con genuina sorpresa, no se esperaban que una chica tan menuda tuviera semejante fuerza.
Syaoran frunció el ceño, tal vez el "sin problemas", era un término equivocado para aquella poderosa oponente.
-Debemos tener cuidado. Ha lanzado lejos a Yukito de un solo golpe, tiene mucha fuerza. –advirtió la reencarnación del mago Clow, fijando su vista en el báculo que acababa de invocar.
Syaoran asintió un par de veces, concordando con lo dicho por su mejor amigo. Al igual que Eriol, Li ya empuñaba su espada con firmeza entre sus manos.
-Si utiliza hielo, es mejor que usemos el fuego. –comento el castaño con serenidad, sin apartar la vista de la chica.
-¡No! –la voz de Yukito se alzo furiosamente por encima del ruido que se encontraba en el parque. Ambos magos se giraron hacia él con sorpresa. -¡No deben involucrarse en una pelea con ella!, ¡No son lo suficientemente poderosos para lograrlo! –expreso con voz ahogada, aquel golpe le dolía demasiado, de seguro le dejaría un buen moretón en el abdomen.
-Lanzas de Hielo –la voz de ultratumba de Imai interrumpió cualquier queja que los magos pudiesen haber soltado, limitándolos a obedecer a regañadientes. Esquivar las lanzas les fue fácil, pero cuando vieron venir a la albina corriendo hacia ellos con el puño en alto, se dificulto un poco más cualquier movimiento.
-¡Ah! –chillo Eriol al sentir como el ataque le alcanzaba casi de lleno, dándole en la espalda. Tanto Yukito como Syaoran se giraron de inmediato, viendo con horror al peli azul inconsciente en el piso.
-Uno menos. –susurro con esfuerzo la joven, que ahora caminaba hacia ellos con la mano izquierda alzada.
-Debemos movernos. –aviso Yukito al joven Chino, apresurándolo para que alcanzara a evitar el ataque. –Yo intentare hablar con ella…
-¡Yue! –aquel grito alterado distrajo a todo mundo de lo que estaba haciendo, a Nanami de atacar, a Syaoran de ocultarse y a Yukito de intentar llegar hasta la albina. Todos se giraron con sorpresa para ver a Kero volar con desesperación hasta donde se encontraban.
-¿Qué pasa?, ¿En dónde está Sakura? –pregunto el guardián buscándola con la mirada. Kero negó con la cabeza.
-La he encontrado…-dijo, cabizbajo.
-¿Por qué no está entonces aquí contigo? –pregunto ahora el castaño, confundido. El afelpado guardián alzo la cabeza.
-¡Porque ni siquiera está consciente! –chillo angustiado, ignorando momentáneamente la presencia de la chica de orbes azules. –Había…hay…demasiada sangre…ella no…-lagrimitas resbalaron por sus mejillas, mientras su voz se ahogaba por el llanto, dejando la frase inconclusa.
Tanto Syaoran como Yukito palidecieron al escuchar y procesar el "hay demasiada sangre", ¿Qué tanta habría perdido ya la joven maga de orbes jades?
-¿Seguro que es su sangre? –pregunto Yukito intentando tranquilizarse. –Quizás la sangre sea de Aya…
-¡No lo es! –interrumpió Kero. –La revise, la sangre es toda suya…ella…
Yukito frunció el ceño.
-Kero, hay que llevar a Sakura a un hospital. Nosotros distraeremos a Nanami y tú la llevas al lugar más cercano a Touya, deja que él se encargue. –expreso Yukito ahora nervioso, debían ser muy cautelosos al tratar de distraer a su ahora enemiga, si la castaña estaba tan mal como Kerberos había mencionado, habría que ser rápidos y sin errores.
El guardián asintió ante la mirada segura que Yukito le dirigió, ambos transformándose para llevar a cabo su tarea. El debía llevarla en su lomo con muchísimo cuidado de no dañarla más de lo que ya estaba.
-Me voy, tengan mucho cuidado. –Kero miro a Syaoran y luego a Yue. –Los dos. –dijo, retirándose del sitio para regresar al interior del cráter en donde se hallaba Sakura rodeada de las cartas Clow, todas le miraban preocupadas.
Si, Kero la había hallado rodeada de las cartas y había decidido omitir ese detalle a ambos chicos. No iba decirles que ellas habían salido sin ser llamadas, aunque el mismo sabía lo que ellas sentían por su adorada dueña.
-S-Saku…Saku...ra- tartamudeo Nanami con dolor, captando de nuevo la atención de Yue y Li. –Debo…debo ir…c-con e-ella –susurro con dificultad, tratando desesperadamente de ir en ayuda de la chica de cabellos castaños. –Ella…n-no…-repentinamente su voz se apago de nuevo y las lágrimas que antes resbalaban con abundancia por sus mejillas se detuvieron abruptamente. Su postura de abrazarse a si misma cambio a una de combate, de nuevo.
-Demonios. –farfullo Syaoran, pensó que tal vez ella reaccionaria por fin, pero una extraña marca brillaba sobre su frente con intensidad abrumadora.
-Eso debe ser lo que la obliga a pelear. –comento Yue con una serenidad que de lejos sentía. En sus ojos normalmente inexpresivos, se reflejaba la preocupación que tenia al saber del estado de Sakura Kinomoto.
-¡Furia del demonio de Hielo! –recito con voz fuerte y forzada, y un gran círculo de tonos azules claros se formo debajo de ella, brillando intensamente.
Yue palideció al escuchar que recitaba ese hechizo y pronto comprendió que ni uno ni otro tendría escapatoria de lo que vendría.
-Lo siento. –se disculpo con el castaño. –Debí quedarme yo solo aquí…
Syaoran lo miro sin comprender.
-Ese hechizo es muy peligroso, tanto para el usuario como para el que lo recibe. Cuando Sakura se lo enseño a Nanami le prohibió que lo utilizara, sin importar en qué situación se encontrara, le dijo que jamás lo intentara…-explico con un cierto temor en la voz.
-¿Entonces porque se lo enseño? ¿Y cómo es que Kinomoto lo conocía? –pregunto desconcertado. Yue suspiro.
-Furia del demonio de Hielo, es un hechizo que solo muy pocas personas pueden manejar, solo los mejores magos de hielo son capaces de controlarlo. Sakura jamás le dijo como se usaba, Nanami lo averiguo de otra manera y en cuanto le dijo a ella, Sakura le dijo que ni se le ocurriera utilizarlo. –continuo Yue. –Si algo hace mal, podemos despedirnos tanto de Nanami, como de nosotros. En un hechizo demasiado poderoso, está al nivel del "Palacio de Truenos" de Sakura. –menciono el guardián, dándose cuenta de que Nanami lo acababa de completar.
Pronto el cielo comenzó a tornarse gris y en sus manos una enorme esfera blanca esperaba para ser lanzada en su contra, haciéndose cada vez y mas grande, hasta quedar del tamaño de la albina. Imai se preparo para lanzarla y en menos de dos segundos, aquella esfera se acercaba para impactar contra ellos. Yue suspiro y Syaoran comprendió que sin importar lo que hicieran, no habría nada que pudieran hacer.
-De verdad que lo siento. –se disculpo el ángel, cerrando los ojos con pesar y Syaoran lo imito. Si iban a ser atacados por esa esfera, preferían no verlo. De todos modos, agradecía que aun estuviera Eriol para que por lo menos ayudara a Sakura llevándola a un hospital.
-¿Cómo estará, mi Sakura? –se pregunto el castaño, recordando su sonrisa al agradecer lo que había hecho el por ella.
Tenía la tranquilidad de que por lo menos, Eriol ayudaría en algo. La reacción de Yue al decirle sobre el hechizo lo hacía darse cuenta de que tal vez la consecuencia luego de recibirlo de lleno, era de estar un muy buen tiempo inconsciente, si no, la muerte.
El tiempo transcurrió lento, muy lento, tanto que al sentir el frio que la esfera emanaba ya muy cerca de ellos, lo hizo preguntarse si habrían pasado horas. Estaban a punto de ser consumidos por el ataque, solo esperaba no sentir demasiado.
-¡Loto carmesí! –aquella voz apagada de dolor pero firme y segura, los hizo abrir los ojos de inmediato sorprendidos, a tiempo para ver como una flor de loto hecha de fuego envolvía y derretía el hielo en menos de lo que ellos pudieran haber imaginado. Su sorpresa fue aun más grande al encontrarse con la espalda ensangrentada de Sakura Kinomoto, quien apenas y se mantenía en pie.
-¡Con cuidado, Sakura! –regaño Kero preocupado, viéndola desde su posición en el borde del cráter, con Ayato atado con una cuerda de fuego y quejándose de su suerte.
La Kinomoto asintió, decir que estaba muy enojada era quedarse corto y miraba a Ayato filosamente, tanto que el chico palidecía al verla.
-Solo espero que lo que me hayas dicho sea cierto, Ayato. –gruño. –Porque si no, no tendré piedad contigo, ¿me oíste? –siseo sin mirarlo, pero fue suficiente para que el malherido chico asintiera aterrorizado de la amenaza.
Decir que estaba malherido era poco, necesitaba atención urgente, la sangre emanaba inclusive más que lo que Sakura. Pero aunque ella no se quedaba atrás, permanecía de pie con una mirada seria. Tal vez no se podía mover bien, quizás no podía coordinar sus movimientos como se debía, tal vez sentía que el cuerpo se desarmaba, que la sangre salía con abundancia, pero no se quedaría tranquila hasta que Nanami estuviese de nuevo bien.
-¡Debemos llevarte a un hospital! –pronuncio Syaoran alterado, estaba demasiado angustiado de ver su condición, donde vieras tenía heridas, profundas y leves, moretones grandes y chicos. Golpes por doquier.
-Estoy bien. –contesto, comenzando a caminar en dirección a Nanami. –Creí haberte dicho que jamás usaras ese hechizo, Imai. –regaño con voz molesta, al mismo tiempo que la albina retrocedía intimidada, pero Sakura avanzaba firme y segura, cuando ya no tuvo escapatoria y la Kinomoto estuvo lo suficientemente cerca de ella, elevo su mano izquierda hacia la frente de la joven.
Con su mano blanquecina y lastimada, mancho su frente con su sangre, justo sobre la marca que brillaba tenuemente.
Los ojos opacos de la chica recobraron su usual brillo, cayendo de rodillas al suelo por el repentino cambio de mando.
Sakura sonrío contenta al notar que ella estaba bien, cerrando abruptamente los ojos y cayendo en la oscuridad que la envolvía. Pronto dejo de sentir el dolor que sentía y de nuevo las gotas de agua resonaban arrullándola.
Nanami la sostuvo antes de que cayera al suelo y comenzó a llorar, mientras sentía que la oscuridad comenzaba a nublarle la vista. Casi había olvidado su cuerpo lastimado por la tortura que Ayato y Kymiko forzaron en ella.
-Lo siento Yue. –musito al verlo inclinarse frente a ella, para tomar a su dueña en brazos.
-Parece que la sangre de Sakura neutraliza y elimina el hechizo de control de Ayato. –comento Kero, que había dejado al mencionado tirado en el piso. –Es mejor limpiar este desorden. –menciono, y fue entonces que todos cayeron en la cuenta del estado del parque.
-Yo lo arreglo. –hablo Eriol, quien recién se había despertado. Había presenciado como una enorme esfera había estado a punto de eliminar a Yue y a su mejor amigo. Era una suerte que la Kinomoto hubiese intervenido en el último segundo.
-Nosotros las llevamos al hospital. –dijo Yue transformándose en Yukito, sin soltar nunca a Sakura.
-Yo llevo a Nanami-san, ¿cierto? –inquirió el castaño mirándola con desconfianza, a lo que Tsukishiro asintió un par de veces.
-No tarda en quedar igual que Sakurita. –hablo Kero ya en su forma falsa. Miraba con preocupación el pálido rostro de la chica. –Solo espero que despierte pronto…-comento muy bajito, sin aparatar su vista de la chica.
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Tres semanas y media habían pasado ya desde lo sucedido en el parque. Tomoyo Daidouji había armado un escándalo al enterarse de lo acontecido tres días después del incidente. Touya casi machaca a golpes a Syaoran por haber dejado que Sakura hiciese lo que hizo, aun y cuando Yukito le decía que no era culpa suya.
-¡Pudo haberla detenido! –se quejo el joven por sabrá Dios cuanta vez. –Ella sigue sin despertarse. –musito enfadado. Yukito suspiro cansino y sonrío con pesar.
-Si vas a culpar a alguien, deberías culparme a mí. –repuso el joven con una mirada seria. Touya lo miro con desdén. –Yo sé perfectamente bien cuan peligroso es ese hechizo, si hubiera llegado antes, ella no hubiese tenido que utilizarlo. –dijo, sonriendo culpable.
-No digas eso, tú no podrías haber sabido que mi hermana iba a utilizarlo. –dijo el mayor de los hermanos con un tono de disculpa.
Yukito lo miro.
-Deberías saber que Li-kun mucho menos podría haber sabido eso. Él ni siquiera sabía que existiera semejante hechizo, y eso es porque fue Sakura quien lo creo. –explico solemne. Touya parecía bastante sorprendido ante lo último.
-¿Sakura lo creo? –repitió en una pregunta, sin ser capaz de imaginarse a su linda y tierna hermanita creando semejante cosa. Por lo explicado por Eriol, la magnitud de destrucción era genuinamente sorprendente. "Fue capaz de dejar un cráter del tamaño de mi casa en el parque", había dicho con una mueca de no creérsela aún.
Yukito asintió un par de veces con la cabeza, por su rostro, parecía estar recordando algo un tanto gracioso.
-¿Qué pasa? –pregunto Touya, mirándole curioso.
-Es solo que recordé cuando Sakura lo estaba desarrollando, fue…Jajajaja…no…es…imposible –dijo entre carcajadas, sosteniéndose el estomago. –Cuando lo llevo a cabo la primera vez, rostizo a una rana por equivocación. Ella se sentía muy culpable. Dijo que a esa pobre rana a un le faltaba por vivir y se echo a llorar. –recordó entre risas.
Touya suspiro, eso era algo bastante típico de su hermana. Aunque aun tenia la duda de porque la chica crearía algo tan peligroso de usar, inclusive para sí misma. No lograba captar la idea del todo.
-¿Por qué Sakura creó "El palacio de Truenos"? –cuestiono serio, al mismo tiempo que las carcajadas de Yukito paraban repentinamente.
-Eso es algo que no debo decir, aun no es tiempo. –menciono con serenidad. –El hecho es que cuando lo perfecciono, decidió que lo usaría solo cuando la ocasión lo ameritara. Ella misma se sorprendió de lo destructivo que resultaba ser y aun y con todo, en esta ocasión solo lo hizo a medias, el poder real del palacio de truenos es capaz de acabar con una ciudad entera. –explico.
El rostro de Touya Kinomoto era todo un poema en esos momentos. ¿Por qué su hermana crearía algo tan enormemente destructivo?, seguía sin entenderlo. Sinceramente dudaba que lo hubiese hecho por diversión o para pasar el rato.
-El hecho es que, el palacio de truenos no es el hechizo más poderoso de los que Sakura puede utilizar, ni el más destructivo de los que creo. –explico. –Las cartas son su mayor tesoro y solo las usa cuando es muy necesario, ella las quiere proteger…
Touya negó con la cabeza.
-Es suficiente, Yukito-san. –hablo una voz femenina, suave y tersa. Ambos chicos se giraron a ver a Imai Nanami, que recién salía de la habitación de la castaña para regresarse a la suya, aun tenía que permanecer en el hospital una semana más. –Sakura se molestara si te oye. Acabo de verla y ya está despierta. –le aviso a Touya.
El muchacho al escuchar esto, ingreso de inmediato a la recamara y cerró la puerta tras de sí.
-Casi hablas de más, si Sakura supiera que le dijiste a Touya-san algo como eso, le daría un infarto. –repuso con un tono bajito. Yukito sonrió culpable.
-No me gusta que no sepa lo que sucede. Pero creo que Saku tiene muy buenas razones para ocultar lo sucedido en Sephiro Fiore hace seis años, esa maldita academia debe pagar por lo que hizo. –gruño enojado, Nanami frunció el ceño ante la sola mención de la instalación.
-Créeme que yo quiero hundirlos con toda mi alma, pero debemos pasar desapercibidos por ahora y llevar a Sakura con la vieja Kaede. Temo que ella haya roto el sello luego de la pelea con Ayato y conmigo. –musito con él arrepentimiento impregnado en la voz.
Yukito asintió un par de veces.
-El maestro aun debe permanecer en el castillo de Kaede-san. Pero llegar hasta donde se encuentra el castillo es algo aun más complicado. –expuso con seriedad.
-Lo que tengo que decirte no es lo peor. –murmuro la chica un poco dudosa, pero la mirada amable y cálida de Yukito la invito a proseguir. –Cuando estuve en las mazmorras de Sephiro Fiore, me encontré con algo que no me hubiera esperado jamás.
Yukito arqueo una ceja expectante.
-En la celda que estaba frente a la que yo me encontraba, estaban Nagisa y compañía. Estaban peor que yo. –dijo, cerrando las manos alrededor de la esquina de su bata de hospital. –Me dijeron que estaban ahí encerradas desde hace dos a cuatro años. Sinceramente yo no puedo perdonarlas por lo que le hicieron a Sakura, pero no sé si deba decírselo. –explico tratando de borrar los horribles recuerdos.
Yukito la miraba sin poder creérselo del todo. Pobres chicas que estaban ahí en ese lugar tan desagradable.
Y al otro lado de la puerta, Sakura Kinomoto cerró sus manos con fuerza, formando puños y con la mirada encendida de furia. ¿Cómo se atrevían a hacer algo como eso?, ellas…ellas solo habían sido engañadas por Kymiko igual que ella.
Observo a Touya que se encontraba sentado en la silla a un lado de su cama, mientras partía una manzana.
No iba a abandonar a sus amigas, porque aun y con todo, en su momento la habían ayudado. Estaba decidida en ayudarlas y para eso, haría algo que tuvo que haber hecho desde hacía mucho. Tal vez una pequeña visita a Sephiro Fiore, fuese algo divertido.
Una sonrisilla maliciosa curvo sus labios, al mismo tiempo que se disculpaba con Touya mentalmente. Iba a jugar un poco con ellos, un calentamiento luego de casi un mes inconsciente, no le vendría nada mal.
-Tan solo esperen y verán, ustedes se metieron con algo que jamás debieron…mis amigos. –susurro tan bajo que solo ella pudo escucharlo, al mismo tiempo que regresaba a sentarse a la cama.
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Nagisa Furukawa suspiro por enésima vez en el día. Su mirada se perdía en el oscuro pasillo de las mazmorras y evitaba escuchar las riñas de Yukino y Meiko, sentía el cuerpo pesado y le ardían las heridas recién hechas por Ayato y Kymiko en su turno de tortura semanal.
-¡Ya cállense! –grito ya desesperada, sin moverse de su sitio. Lo último que quería era una jaqueca. Ambas se giraron sincronizadas hacia ella.
-Necesitamos estar unidas, no discutiendo. Ya se llevaron a Nanami-san hace un mes, no sabemos quién es la siguiente. –repuso una voz un tanto más madura desde la oscuridad de la celda.
-Setsuka –musitaron todas a coro.
-Nanami menciono que ha estado con Sakura-chan todo este tiempo, ¿no?, sabemos que sigue viva. –replico Yukino.
-No tenemos ni siquiera el derecho de decir su nombre, no lo hagan. –gruño Nagisa. –Fuimos la peor de las basuras con ella. No merecemos salir jamás de aquí.
-Sigue viva, no veo cual es el problema. –dijo Yukino cínicamente, fingiendo inocencia.
Nagisa frunció el ceño.
-El problema fue lo que nosotras le hicimos, no lo que Ayato y Kymiko hagan o dejen de hacer con ella. Sigue viva, si, pero a costa de que. –hablo Setsuka igual de molesta que Nagisa por el comportamiento de Yukino.
-De dolor, de perdidas, de sufrimiento. –prosiguió Meiko resentida consigo misma.
Yukino hizo un mohín con las manos y fijo su vista en Hazuki, que fingía no escucharlas.
-A mi no me veas. La más arrepentida soy yo. –hablo con seguridad. –Si me quedo toda la vida encerrada aquí, jamás me preguntare la razón de la crueldad del mundo conmigo. Es obvio que fuimos más crueles nosotras con ella.
Yukino se dejo caer en el húmedo suelo de las mazmorras.
-Tonterías. –farfullo en un gruñido.
-Tú dices eso porque temes más que nada, que Sakura jamás te perdone, ¿o no, Yukino? –espeto Nagisa, provocando que la chica se estremeciera. Si, había dado en el clavo, ella temía que Sakura no la perdonara jamás, porque la que estuvo más cerca de matarla tres años atrás, fue ella.
-Lo siento…-susurro arrepentida, nunca podría borrar de su mente la escena en la que su sangre, la sangre de ella, goteaba de su arma favorita, cuando Sakura Kinomoto se dejo atravesar por su espada y casi muere ahogada al caer en un lago. Jamás olvidaría cuando Ayato le dijo que Sakura era realmente inocente, que ella siempre dijo la verdad. –Lo siento…-repitió envuelta en llanto, ante las miradas comprensivas de sus amigas.
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Kymiko miro con desaprobación a Ayato, sentada tras su escritorio bien limpio y con su cabello rojizo perfectamente bien peinado, sus ropas pulcras y sus labios curvados en una fina línea de molestia, pidió al joven que se sentara frente a él.
-Estoy avergonzada con el resultado de todo esto, Ayato. –hablo con severidad, provocando que su hijo se encogiera en su lugar.
Si, Ayato Akashiya era el hijo de la mujer que más daño le había causado a la joven chica Kinomoto.
-Madre yo…-el chico trato de excusarse, pero la mirada furiosa reflejada en los ojos carmesís lo hicieron callar de inmediato.
-¡Quiero muerta a Sakura Kinomoto! –grito con furia. -¡No me importa lo que hagas, Ayato!, usa a tu hermana como carnada, finge que quieres ser su amigo, ¡Lo que sea!, pero ¡Mátala!
El chico asintió, mirándola con odio. El solo quería salvar a su hermanita Meiko, y lo de hacerse amigo de la enemiga de su madre, no resultaba tan mal plan. Ya era hora de dejar de fingir. Era hora de hacer a un lado su desesperación y hacer caso a la cordura.
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Continuara…..
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¡Hola a todos, gracias por leer!
A todas las personas que comentaron, se los agradezco mucho.
Nos leemos en la próxima, espero estén todos bien.
¡Hasta luego!
Atte: Maka Hanato.
