Capítulo 7
Rescate
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Sus ojos comenzaban a cerrarse de manera involuntaria, mientras escuchaba a lo lejos el leve goteo de una llave mal cerrada. Aunque para Nagisa Furukawa ese era el único sonido que la hacía permanecer despierta vigilando el pasillo de los calabozos.
-¿Nada aun? –pregunto Yukino un poco exasperada a la chica medio dormida. Nagisa se giro hacia ella con una mueca de disgusto.
-No, nada. –contesto irritada. Llevaba varios días ya sin dormir, aunque en ese lugar jamás lograba conciliar el sueño cien por ciento.
-Me preocupa que se hayan llevado a Meiko, el día de hoy no vino Ayato a burlarse de nosotras. –comento Hazuki preocupada por el destino de la joven chica. Yukino se estremeció de imaginarse lo que le estarían haciendo a la joven muchacha.
-Será mejor permanecer alertas, así que no te estés durmiendo Nagisa. –repuso Setsuka con serenidad. La mencionada asintió un par de veces forzosamente.
-Lo lamento, es que no lo puedo evitar. –Se disculpo con sinceridad, regresando su vista al oscuro pasillo. En esos momentos Nagi se preguntaba la razón de su vigilia, si ni siquiera podía ver más allá de sus manos por lo oscuro del sitio durante la noche.
-¡Escucho pasos! –exclamo Hazuki alerta, levantándose del suelo tan rápido como un resorte.
Las demás ocupantes de la celda la siguieron en sus movimientos precisos, esperando lo que sea que se estuviese acercando tan lentamente al sitio.
Los barrotes rechinaron ruidosamente al abrir la pequeña puerta, justo para dejar dentro a una inconsciente Meiko, que sangraba alarmantemente.
-Fue un tanto divertido. –sonrío Kymiko alumbrada ahora por una vela mágica, mirando con desprecio el rostro surcado por el dolor de su hija. –Aunque esa inútil no aguanta nada, justo ahora que puedo tortúrala un poco. –se lamento mirando hacia otro lado. –Así que alguna de ustedes tendrá que compensarme por esta falta de respeto. –los ojos gatunos de Kymiko se pasearon por las chicas y su mirada se fijo en Yukino, que automáticamente retrocedió un paso.
-No se atreva…-susurro con terror, antes de ser arrastrada fuera de la celda por un hombre, aquel salvaje que tanto disfrutaba mirando resbalar la sangre.
-Se que apenas ayer fue tu turno, pero es que debes comprender que hay que sacar tanta información como sea posible, querida. –hablo alegre. –No te preocupes, hoy estoy de buen humor. A lo mejor te mato para acabar con tu sufrimiento. –una sonrisa torcida hizo que Yukino temblara al saber que esa mujer hablaba en serio acerca de matarla, una muerte lenta y dolorosa la esperaba en el laboratorio y eso lo sabían todas.
-Yuki…-fue el ultimo susurro que la chica escucho antes de que Kymiko la dejara inconsciente y todo se volviese negro.
Hazuki se dejo caer al suelo, sin poder evitar que su amiga fuese llevada a la peor de las muertes. De alguna forma sabían que eso era para desatar la furia de la única persona que podía sacar de quicio a Kymiko Akashiya, Sakura Kinomoto.
-¡Hay que hacer algo! –expreso Setsuka saliendo del horror del momento, mirando con desesperación los malditos barrotes que la separaban del exterior.
-Yuki debe estar inconsciente todavía, mientras no despierte, Kymiko no le hará nada. –comento Hazuki espabilando, acercándose al cuerpo de Meiko.
-También hay que auxiliar a Mei. –comento Nagisa acercándose a la chica. –Yo no puedo hacer nada, no tengo como ayudarla…-se lamento Nagi furiosa consigo misma.
Setsuka gruño sin saber exactamente qué hacer.
-¡Ayuda, necesitamos ayuda! –grito Hazuki histéricamente al ver sus manos manchadas en sangre, comenzando a retroceder asustada. Nagisa parpadeo desconcertada.
-Cálmate…-pidió Setsuka tratando de silenciarla, pero ella parecía fuera de sí. Solo miraba con horror sus manos antes de comenzar a gritar nuevamente pidiendo ayuda.
Pasaron unos diez minutos y ambas chicas solo lograban que Hazuki empeorara, gritando cada vez más fuerte.
-¡Ayuda! –aquel fue el último grito que la chico dio, antes de que las puertas de la celda se abrieran.
-¡Cállense de una maldita vez! –gruño el mismo hombre que se había llevado a Yukino hacia varios minutos, captando así la atención de Setsuka.
-¿Dónde está Yukino? –pregunto dejando de lado el ataque de histeria de Hazuki. Aquel hombre de intensos ojos negros visualizo el rostro valiente de la chica, su exagerado largo cabello castaño rojizo, sus ojos azul verdoso y su piel blanquecina surcada por heridas largas y profundas.
-¿Quién sabe? –pregunto con burla, escuchando desde afuera las voces de los cientos de guardias que se encontraban apoyando la causa de Kymiko, vigilando todo el edificio dedicado a los oscuros secretos de la mujer.
Setsuka se aguanto las ganas de ser irrespetuosa y miro filosamente al hombre.
-Se que están esperando a que despierte para torturarla, ¿Cuánto tiempo durara dormida? –pregunto con cautela.
-Le quedaran unos veinte minutos más. –comento con simpleza, mirando con aburrimiento el cuerpo de Meiko.
Si bien a aquel hombre le gustaba ver como Kymiko torturaba a las chicas que mantenía cautivas en los calabozos, jamás había entendido porque a aquella chica, Meiko, se había salvado hasta ese día.
-¡Ayúdala! –el grito que la chica de largos cabellos negros propino repentinamente, provoco que el hombre la mirara con odio.
-No tendría porque, mocosa. –gruño molesto. –Tu voz ya me saco de quicio. –expreso acercándose a ella con una filosa daga en mano.
Setsuka reprimió un grito ante la escena de lo que pasaría, Nagisa alzo la vista con horror y Meiko gimió ante el punzante dolor en su cuerpo.
-Será mejor que te mate de una vez. –dijo, acercando la daga al cuello de Hazuki, quien ya comenzaba a forcejear tratando de zafarse.
-¡Suéltame! –grito pateándolo en el estomago, logrando alejarse de él, a tiempo para que Nagisa lo golpeara con una piedra que se había caído de una de las paredes.
Hazuki corrió hasta Setsuka y se refugió en sus brazos, asustada de lo que había provocado con su imprudencia.
-¡Ustedes! –siseo con furia, tomando a una desprevenida Nagisa por el cuello, alzándola.
-¡Nagisa! –gritaron ambas en una exhalación. El hombre hizo una mueca y apretó el agarre, provocando que la chica comenzara a toser por la falta de oxigeno.
Setsuka trato de ayudarla, de golpear al hombre, pero solo logro que la lanzara contra la dura pared.
-¡Setsu! –ahora sí, no tenía idea de que hacer. Setsuka estaba fuera de combate por el golpe, apenas y se podía sentar, Meiko se estaba desangrando, Yukino estaba siendo probablemente torturada y Nagisa estaba muriendo asfixiada. -¡Por favor, alguien que nos ayude! –suplico, mientras las lagrimas resbalaban por sus mejillas hasta chocar contra el suelo.
De pronto la temperatura comenzó a descender, cada ver más rápido, hasta el punto en el que una fina capa de hielo cubrió todo a su alrededor. Barrotes, el suelo, el techo, las paredes, todo estaba cubierto por el hielo. El hombre miro desconcertado y soltó a Nagisa, quien cayó inconsciente al piso.
Hazuki miro horrorizada las moradas marcas en el cuello de su amiga y se apresuro a acercarse a ella.
-¡Esta viva! –aviso a Setsuka, quien miraba seriamente el hielo. -¿Qué, que pasa? –pregunto con extrañeza.
Setsuka hizo un movimiento con la cabeza.
-Este hielo, este frío, me es completamente familiar. –dijo, sosteniéndose el brazo que se había lastimado al caer. –Ella está aquí, esto es la prisión de Hielo. –musito con una leve sonrisa.
Hazuki ladeo la cabeza con desconcierto. ¿De qué estaba hablando Setsuka?, el sonido de pasos la hizo olvidarse un momento de lo anteriormente dicho y presto atención a lo que sea que venía.
Una figura femenina encapuchada apareció en el umbral de la celda con Yukino al hombro, miraba fijamente al hombre que temblaba de frío.
-Sí que eres bruto. –comento la chica con decepción. –Me dijeron que tú serías el mayor problema aquí, pero veo que no. –suspiro alzando su mano. –Duérmete un rato. –sentencio antes de que el hielo lo cubriera por completo y lo dejara inmóvil.
La joven deposito a Yukino justo a un lado de Nagisa y se paro perfectamente derecha.
-Veo que has cambiado. –hablo Setsuka mirando la figura que parecía imponente. –No me extraña, después de todo fue nuestra culpa. –sonrío. –Sakura Kinomoto.
Hazuki miro con desdén a la ya no tan desconocida muchacha, mientras ella dejaba al descubierto su rostro. Su perfecto y hermoso rostro.
-Veo que no soy la única que ha cambiado. –suspiro Sakura sacudiéndose la larga gabardina negra. –Me sorprendió saber que Yukino estaba en ese odioso laboratorio. La encontré inconsciente y la traje conmigo…
Setsuka río con diversión y la Kinomoto se encogió de hombros.
-¿Qué paso con el laboratorio?, ¿No estaban Kymiko y Ayato en él? –cuestiono Hazuki confundida. Sakura la miro y ella sintió como si esa mirada la hubiese atravesado.
-Al laboratorio lo desaparecí, y no, Kymiko no estaba en él. –contesto, ignorando el hecho de que le habían cuestionado acerca de Ayato. Sakura se estiro cual gato, sobándose la espalda con una notable mueca de dolor.
-Parece que la traidora desapareció mi preciado laboratorio. –la voz de Kymiko resonó en toda la estancia y Setsuka se encogió al oírla.
Sakura se giro hacia ella, parándose frente a las cinco chicas, bloqueando así la vista de Kymiko.
-Me pareció un lindo agradecimiento a tu regalo de la otra vez, ya sabes, Nanami y Ayato. –una sonrisa burlona cubrió sus labios.
Kymiko la miro con verdadero odio y Sakura se cruzo de brazos, con aires de diversión.
Setsuka miro su espalda, ella tenía un aura peligrosa y misteriosa, ¿Cuánto habría cambiado aquella niña alegre y amable?, la respuesta le venía con solo mirarla, demasiado.
-Tienes una gran habilidad para molestarme, niña. –escucho a Kymiko decir, mientras Sakura soltaba una ligera risita.
-Supongo que es una habilidad que tú también posees. –menciono señalándola.
-En todo caso, me sorprende que hayas tenido el valor de venir hasta aquí, sobre todo cuando acabas de tener una gran pelea con mi hijo hace pocas semanas. –comento con fingido tono de inocencia. Sakura arqueo una ceja. –Es más, ¡Ayato, ven aquí! –llamo sonriente. La Kinomoto amplió su sonrisa.
-Me parece que no estás entendiendo, Kymiko. –musito Sakura burlona. -¿Quién crees que me ayudo, a entrar a Sephiro Fiore para que pudiera ayudar a Meiko?
Kymiko abrió la boca y segundos después la volvió a cerrar.
-¿No querrás decir que…?
-Sí, eso es exactamente lo que quiere decir, madre. –la voz de Ayato secundo lo que Sakura dijo, apareciendo a su lado.
-Gracias por la ayuda, Ayato –dijo Sakura sin mirarlo, concentrándose en el rostro iracundo de Kymiko.
-Espero que podamos ser un buen equipo, Kinomoto. –susurro con una media sonrisa, ignorando todo lo demás. -¡Allá vamos! –dicho esto, Ayato se lanzo para atacar a su madre.
Kymiko retrocedió unos cuantos pasos, distrayéndose en el acto, cosa que fue aprovechada por Sakura para ayudar a las chicas heridas.
-Espero que puedan moverse rápido. –murmuro bajito, tomando a Yukino y echándosela al hombro y tomando a Nagisa. –Ustedes lleven a Meiko, no quisiera lastimarla. ¡Rápido! –apuro, saliendo de la celda, seguida por Hazuki y Setsuka, quienes llevaban cuidadosamente a Meiko.
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-¡¿Cómo que no está?! –el grito que pego Touya Kinomoto al averiguar que su hermana había desaparecido del hospital, resonó en toda la estancia.
-¿No sabe a donde pudo haber ido? –pregunto Yukito preocupado, al doctor que miraba espantado a Touya.
-N-no. –contesto en un murmullo, tratando de evitar la ira de Touya, quien escucho la suave risa de Imai Nanami tras de sí.
-Parece ser que Saku la hizo de nuevo. –río con diversión. Touya se giro para mirarla fijamente y el doctor aprovecho su distracción para escabullirse y desaparecer por los pasillos del hospital.
-¿Qué quieres decir con eso? –pregunto el muchacho con un tono severo y duro. Nanami sonrío.
-Quiero decir que Sakura ha ido a hacer las cosas por su cuenta de nuevo, eso es lo que quiero decir. –dijo, sentándose en las sillas de la sala de espera. –Esta mañana la note algo seria, supongo que estaba furiosa. –recordó la albina. Touya la miro esperando una mejor explicación.
-¿No querrás decir que fue a ese lugar, o si? –interrumpió Yukito alarmado. –No pensé que nos hubiera escuchado ese día…
Nanami apoyo su barbilla en la palma de su mano y miro con una sonrisilla a los dos chicos.
-Sí, Sakura fue a rescatar a las chicas. –contesto lo que Yukito estaba pensando, una pregunta que el guardián no quiso hacer en voz alta.
-¿Por qué la dejaste ir? –pregunto Tsukishiro alterado. -¿Por qué no me dijiste que nos había escuchado?
La albina se levanto de nuevo, acercándose más a ellos.
-¿Quizás porque yo tampoco lo sabía? –cuestiono con tranquilidad. –De todas maneras cálmate, tan furiosa como esta, no habrá nada que le impida destrozar Sephiro Fiore.
-¿Sephiro Fiore? –la voz de Touya los saco de su mini discusión, provocando que ambos lo miraran. -¿No es esa la academia en donde Sakura está estudiando? –pregunto confundido, Nanami hizo una mueca de sorpresa y Yukito suspiro resignado.
-Sí, pero es algo que…-el guardián dudo.
-No es nada. –mintió Nanami, tratando de sonar convincente. –Es solo que…-de nuevo el silencio.
-Es solo que Sakura fue expulsada. –Subaru se unió a la conversación. –Hace casi seis años. –dijo, ignorando la mirada asesina que Nanami le envió.
-¡¿Qué se supone que estás haciendo, Subaru?! –preguntaron guardián y chica al unisonó, mirándolo filosamente. El pelinegro se encogió de hombros.
-Solo hago lo correcto. Ya va siendo tiempo de que sepan aunque sea algo. –contesto, fijando su vista en Touya, quien esperaba impaciente una explicación convincente.
-¡No digas nada! –exclamo Imai tratando de silenciarlo. -¡No debemos…!
-¡Nanami! –gruño Subaru molesto. -¡El es su familia, su hermano! –espeto callándola.
-Nanami tiene razón, Subaru. Nosotros no debemos decir nada…-Yukito fue silenciado por una mirada fúnebre del pelinegro.
-Syaoran y Eriol pueden ayudarla, tenemos que protegerla. Sakura es el objetivo principal de Kymiko y tenemos que buscar todavía a la salvadora. –explico, ignorando las quejas de Nanami.
-Es definitivamente muy importante encontrarla. –comento Tsukishiro. –Me preocupa lo que pueda sucederle a Sakura…
-A todos nos preocupa, sobre todo si el sello que tiene se rompe sin preparación. Kaede quiere que la llevemos con ella cuanto antes…
-Sí, pero si Sakura sigue luchando una tras otra vez, no lograremos llevarla a tiempo. –menciono Nami un poco preocupada, ignorando el hecho de que Touya se encontraba escuchándolos.
-Es mejor llamar a Kaede, tal vez pueda decirnos alguna solución de emergencia mientras logramos llegar hasta ella. –repuso el joven guardián.
Subaru asintió.
-Estará bien, solo espero que no se encuentre con Kymiko en el camino a la salida. –mascullo el muchacho haciendo una mueca de desprecio.
-Tal vez muera congelada. –murmuro Nanami divertida.
-¿De qué hablas? –pregunto Yukito desconcertado por el comentario, sin imaginar que Touya estaba peor que él.
-¡Oh! –expreso Subaru cayendo en la cuenta de lo dicho. –Puede ser…
-No entiendo nada…-farfullo Yukito.
-La prisión de hielo. –dijeron ambos a unisonó, a lo que el chico termino por entender.
-Definitivamente está furiosa si la usa. –susurraron los tres, soltando un largo suspiro. –Lo está…
Touya termino por fruncir el ceño. ¿De qué se suponía que hablaban esos tres?, ¿Cómo que Sakura había sido expulsada de Sephiro Fiore?, no lograba entender nada y ellos parecían haberse olvidado de él. Parecía más importante hablar sobre la vieja Kaede y esa "prisión de hielo". En definitiva no entendía nada.
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-¡Solo cúbrete, Ayato! –el grito de Sakura Kinomoto retumbo en los oídos de una adormilada Meiko, que recién abría los ojos con dolor.
-¿Qué está pasando? –pregunto asustada al ver que estaba fuera de las mazmorras y del laboratorio.
-Una pelea. –susurro Setsuka, que se encontraba sentada a su lado izquierdo, oculta tras una gran roca.
¿Una pelea?, ¿Quiénes se suponían que estaban peleando?
Meiko se sentó con lentitud y asomo su cabeza para visualizar el campo de batalla, que era el patio principal de la institución o lo que quedaba de él. Meiko también logro visualizar a su hermano luchando contra su madre y a una chica de largos cabellos castaños.
-¡Lanzas de Hielo! –la voz que recito el hechizo le pareció ridículamente conocida, casi como si perteneciera a Sakura Kinomoto, ¿Pero eso era imposible, no?
-¡Ten cuidado idiota, casi me das a mí! –reclamo Ayato enfadado y asustado, el ataque casi le había dado de lleno a él.
La chica río a carcajadas, no lo pudo evitar.
-¡No te rías, es en serio! –gruño el pelirrojo molesto.
-Lo siento, lo siento. Es solo que es más una reacción natural contra ti. –mascullo entre risas.
-¿Así que lo hiciste con toda la intención? –pregunto fingiendo temor. Ella asintió con alegría, antes de sentir como Ayato le daba un leve golpecito en la frente con su dedo.
-¡Oye! –se quejo sobándose. El muchacho suspiro con resignación antes de volver a buscar su madre con la vista.
-Sakura, hace un largo rato que no siento la presencia de mi madre…-hablo el muchacho seriamente, provocando que la Kinomoto se cruzara de brazos.
-Creí que habías notado que se oculto en el bosque…-señalo los grandes árboles que rodeaban la academia. –Voy a completar el hechizo que utilice al llegar, revisa a tu hermana mientras. –eso casi había sonado como una orden.
-Sí, sí, sí. –musito dejándola sola en el campo, acercándose al lugar en donde habían escondido a Meiko de la vista de Kymiko.
-¿Esa es Sakura? –pregunto la aludida incrédula, mientras la veía fijamente, no podía creer que estuviese ahí y mucho menos trabajando junto a su hermano como un equipo.
-Sí, nosotras tampoco podíamos creerlo. Vino a ayudarnos. –exclamo Hazuki animada.
-¡Prisión de Hielo, completar! –la voz de Sakura resonó en todo el lugar y de pronto todo lo que estaba alrededor de ella comenzó a congelarse, tal y como las mazmorras. El edificio, el patio, los arboles, el piso, todo comenzaba a cristalizarse, ante la sonrisa de suficiencia de la joven.
-Oigan, muévanse. –la voz de Ayato las sobresalto, logrando que Meiko soltara un leve chillido. –Aprovechemos que Kymiko se fue al bosque para irnos, no debemos cargarnos tanto en Sakura, acaba de escaparse del hospital para ayudarme a rescatarlas…
Las tres chicas que se encontraban conscientes lo miraron con desdén.
-¿Ayudarte? –pregunto Meiko curiosa.
-¿Se escapo del hospital? –ahora fue el turno de Setsuka de hablar, pero antes de que Ayato contestara nada, Sakura se acerco corriendo hacia ellos.
-¡Muévanse, ahí viene Kymiko! –exclamo sobresaltada, tratando de controlar su respiración. –Yo ya no puedo más, es mejor irnos, de todas formas le deje un pequeño regalo…-susurro divertida, mientras un enorme monstro de tierra comenzaba a formarse.
-¿Qué es eso? –se atrevió Hazuki a preguntar.
-Saluda al Golem. –pronuncio con cuidado, mientras Ayato preparaba el portal que los sacaría de ahí.
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Li Syaoran suspiro por novecientas vez en el día, mirando el libro que se suponía estaba leyendo.
-¿Qué tienes Romeo? –pregunto Eriol, quien se acercaba con su te en la mano, para sentarse junto a él en las sillas del jardín.
Syaoran soltó un gruñido ante el apodo.
-¿No tienes nada mejor que hacer, que venir a fastidiarme la existencia? –cuestiono el castaño irritado, mirando la fuente.
-Honestamente, molestarte es mi pasatiempo predilecto. –sonrío con alegría.
Syaoran fingió que no escucho lo último, "concentrándose" de nuevo en su libro.
-No te enojes, de todas maneras, creo que Sakurita está bien…
Syaoran omitió cualquier opinión y no pudo evitar pensar en ella. En su cabello, sus ojos y su suave voz, estaba sin duda más hermosa que nunca, tenía un lindo cuerpo y… ¡Y qué demonios se suponía que estaba pensando!
Syaoran se sonrojo y tapo su rostro por inercia.
-¿En qué pensabas? –pregunto Eriol en tono pícaro, sabiendo perfectamente bien lo que el chico pensaba, después de todo a él le pasaba lo mismo con Tomoyo.
-En…-su voz fue opacada por un extraño sonido, luego una luz muy brillante y para finalizar, un grupo de voces quejándose en el interior de la fuente.
-¡Serás idiota, Ayato! –la voz de Sakura fue lo primero que percibió. -¡¿Por qué demonios no te fijas a donde nos mandas con tu tonto portal?! –pregunto molesta, tratando de salir de la pila de cuerpos sobre ella.
Ayato mascullo una maldición y salió de encima de ella, llevándose consigo a las demás.
-¡Lo siento su alteza, es solo que no especificaste a que parte de Tomoeda! –espeto mirándola desafiante. Sakura se levanto chorreando agua, encarando al muchacho.
-¡Ni siquiera me dejaste decírtelo, pedazo de...! –el insulto fue opacado por la exclamación de Nakuru, quien había salido de la mansión ante el curioso sonido.
-¡Sakura! –la muchacha se giro para mirar a la que osaba interrumpirla y sintió como un balde de hielo le caía encima.
-C-chicos…-susurro horrorizada, a sabiendas de que volvía a estar herida y además en compañía de Ayato. Sakura observo a Syaoran y por un momento sus miradas chocaron y ambos parecieron perderse en la vista del otro, olvidando a los demás.
-S-Sakura, creo que debemos llevar a Meiko al hospital. –la voz de Setsuka la hizo aterrizar de nuevo en la tierra y recordándole la situación.
-¡Es cierto! –chillo saliendo de la fuente con la ayuda de Ayato.
-También debes regresar tú, de seguro Imai y Sumeragi te estarán esperando con muchísimo enfado. –repuso el pelirrojo burlón, ganándose un golpe en la cabeza por parte de Sakura.
-Mejor cállate y muévete. –ordeno molesta. Ayato suspiro.
-Un momentito, ¿Qué estás haciendo tu con Ayato y esas chicas? –interrumpió Eriol desconcertado, acercándose junto a Syaoran y Nakuru. La castaña arqueo una ceja confundida.
-Si, además, ¿Por qué te escapaste del hospital? –cuestiono Nakuru uniéndose al interrogatorio.
-¿Te escapaste? –preguntaron Eriol y Syaoran a unisonó sorprendidos.
La Kinomoto suspiro, escuchando desde atrás los quejidos de Nagisa despertándose.
-¿Qué paso? –pregunto un tanto mareada, sentándose en el suelo a duras penas.
-¿Estás bien? –pregunto Sakura acercándose a ella con un gesto preocupado. Nagisa reacciono con tanta sorpresa, que termino soltando un chillido.
-¡Sakura! –aquella exclamación provino de Yukino, quien se levantaba del suelo sin dificultad.
La castaña suspiro y espero a que las dos chicas asimilaran el hecho de que ya no estaban en las mazmorras, si no bajo su cuidado.
-Responde Sakura. –la voz insistente de Eriol la hizo girarse a verlo.
-No te incumbe. Solo te digo que no ataques a Ayato, está bajo mi protección, igual que ellas. –señalo al grupo de chicas que la miraban con rostro de cachorritos a medio morir. –Por ahora si me disculpan, me regreso al hospital, me duele todo. –sentencio sobándose la espalda y los brazos.
La declaración los había dejado helados a todos en su sitio. ¿Sakura Kinomoto protegiendo a Ayato Akashiya?, ¿Qué demonios estaba pasando por su cabeza?
-¿Tengo que ir contigo? –cuestiono el Akashiya caminando a su lado, mientras cargaba a Meiko en su espalda.
-¿Tu qué crees, genio? –gruño ella molesta, ante la sonrisilla divertida de Hazuki.
Tras de ellos, Syaoran fruncía el ceño bastante enojado. ¿Quién se creía Ayato para hablarle así a Sakura, su Sakura?, si bueno, lo aceptaba, jamás dejo de amarla.
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Sakura Kinomoto se tapo los oídos con fuerza al escuchar los gritos de Touya que resonaban en toda la habitación del hospital.
-Me vas a dejar sorda, hermano. –mascullo entre dientes, molesta.
-¡Debería hacerlo!, mira que escaparte del hospital para hacer sabrá dios que cosa. –regaño mirándola duramente.
Esa era una mirada que anteriormente la hubiese hecho pedir disculpas, pero ahora solamente le miraba como si fuera un dragón con treinta cabezas.
-Quiero decirte que lo que fui a hacer era muy importante. –dijo, sin inmutarse.
Touya respiro para tratar de calmarse.
-De todos modos, ¿Quiénes son ellas? –cuestiono señalando al grupo de chicas que rodeaba la cama de Sakura. Ella se encogió de hombros.
-Amigas. –contesto indiferente, mientras Yukino la abrazaba protectoramente.
-Así que son tus amigas. –murmuro con una venita palpitándole en la sien. –Entonces, ¿Podrías decirme porque demonios esta ese aquí? –cuestiono exaltado, mirando fulminante a Ayato, quien miraba a Touya aburrido.
Sakura se encogió de hombros.
-No tiene a donde ir, así que simplemente le ofrecí unirse a mí. –contesto despreocupada, aunque sabía que Subaru y Nanami hervían del coraje.
-Bueno, ya que eso quedo claro, ¿podrías decirme porque regresaste peor que cuando te fuiste? –pregunto tratando de sonar amable.
La castaña harta del interrogatorio, alzo la vista y encaro al furioso Kinomoto.
-No, no te lo digo. Es un secreto. –farfullo fastidiada, regresando su vista hacia Yukino, que le hacía unas extrañas señas. -¿Qué cómo te saque del laboratorio? –repitió confundida, mientras la rubia asentía alegremente. –Lo congele…
-Usaste la prisión de Hielo, ¿verdad? –interrumpió Nanami, ante el asentimiento de cabeza por parte de la muchacha.
-Había demasiados guardias y yo estaba de mal humor, así fue más simple. –suspiro cansada. Nanami suspiro cansada.
-Deberías saber que Kaede te está esperando…
-Lo sé, dentro de muy poco iré a verla…-murmuro ignorando a todo y a todos.
Tenía unas cuantas preguntas que hacerle a la anciana que la esperaba impaciente en el castillo, pero debía ser paciente, no debía apresurarse, o por lo menos, eso es lo que le había pedido aquel extraño que seguía apareciendo en sus sueños.
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Gotas de agua caían por doquier, alrededor de un encantador chico que miraba con preocupación el rostro de Sakura a través de su reflejo en el agua.
-Espera por mí, pronto estaré contigo, mi Sakura…-susurro con una media sonrisa, al verla quedarse dormida en el hombro de Yukino. –Pronto…
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Continuara…..
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¡Hola a todos, gracias por leer!
A todas las personas que comentaron, se los agradezco mucho.
Nos leemos en la próxima, espero estén todos bien.
¡Hasta luego!
Atte: Maka Hanato.
