Un saludo muy atento para todos ustedes, amigas y amigos! Un gusto saludarlos! Espero que se encuentren muy bien.
Capítulo 14: falsa victoria.
Siguiendo el plan de Toffu, Shampoo y Mousse bajo su forma maldita de Jusenkyo, junto con el perro ninja (propiedad de Hirayama) salieron en pos de ubicar a Ranma a través del rastro de olor que debería haber dejado en aquella enorme fortaleza. Los demás, se quedaron esperando a que trajeran con buenas noticias. Mientras tanto, en su celda, Ranma, con mucho desconcierto y sorpresa notaba que ya no le absorbían la energía. En primera instancia se alegró por eso, pero luego, al pensar en que seguramente algún oscuro motivo tenía Megumi para permitirle recuperar su poder, no pudo evitar sentir una gran preocupación. El tiempo siguió avanzando y ya habían pasado dos horas desde que los jóvenes chinos y el can partieran en búsqueda del hijo de Nodoka. El resto de chicos, quienes aguardaban ansiosos su regreso, lucían muy preocupados al ver que no aparecían. Cuarenta minutos después, finalmente llegaron y reportaron que habían avanzado hasta una puerta vigilada por dos guardias. Sin perder más tiempo, luego de una acalorada discusión, se dirigieron hacia aquel sitio, sigilosos, conscientes de que en cualquier momento podrían caer en alguna trampa. Una vez que llegaron a la puerta, Kuno y Ryoga noquearon a los guardias, que a fin de cuentas resultaron ser simples maniquíes, situación que sorprendió y alertó a todos. No salían de su sorpresa, cuando en eso, inesperadamente una docena de ninjas hicieron acto de presencia y los rodearon completamente.
— Maldición, ingenuamente, caminamos directo hacia una trampa — musitó el doctor apretando los puños con rabia. Akane, se colocó frente a Nodoka y extendió los brazos en gesto protector. Ryoga, Kuno, Ukyo y Kodachi miraron a su alrededor, solo para constatar que no había escapatoria. No tenían más alternativa que pelear, pues rendirse no era una opción. Toffu les pidió a los chicos que se colocaran en círculo, y dejaran a Nodoka en el centro del mismo.
Los doce ninjas, en perfecta sincronía desenfundaron sus katanas al mismo tiempo y se colocaron en guardia, listos para atacar a los intrusos. Ryoga levantó sus brazos y adoptó una posición de guardia básica, con el pie izquierdo adelante y el derecho un poco retrasado y abierto, su mano izquierda (con el puño cerrado) al nivel de los pómulos y la derecha abierta (con la palma hacia adelante), un tanto más retrasada que la otra, a la altura del mentón.
Por su parte, Kuno separó los pies y flexionó ligeramente las piernas, a la vez que con la mano derecha empuñaba su inseparable boken (sable de madera) y lo levantaba colocándolo horizontalmente a la altura del mentón (treinta centímetros delante de éste). Finalmente, la punta del boken la asentó sobre la palma de su mano izquierda, adoptando de esta manera la postura para ejecutar su nueva técnica, que la tenía reservada especialmente para su más grande rival: Ranma, pero que hoy obligado por las circunstancias tendría que usarla en los ninjas que pretendían acabar con su vida. Su técnica consistía en concentrar en la mano izquierda, durante un segundo, la máxima cantidad de energía posible y luego soltarla de golpe, haciendo que el boken girara hacia adelante violentamente, descargando un brutal golpe contra su adversario. Pero realmente no era un solo golpe, sino dos, pues debido a la vertiginosa velocidad con la que era impulsado el boken, el aire se agitaba tanto que el contrincante primero era azotado por el viento generado y fracciones de segundo después recibía el golpe del sable de madera.
Durante un breve instante, todos permanecieron inmóviles y en silencio, mirándose fijamente. Luego, uno de los ninjas dio la orden de atacar, a la cual sus compañeros obedecieron en el acto y se abalanzaron sobre los chicos de Nerima, iniciando así una lucha, tal vez a muerte.
Cuando Kuno estuvo frente a frente con su oponente, concentró energía en la palma de su mano izquierda y sin darle tiempo a nada ejecutó su nueva técnica. Aquel hombre no supo qué ni quien lo golpeó, simplemente cayó al piso inconsciente. El relámpago azul sonrió triunfante, pero aún era demasiado pronto para celebrar. Otro ninja se aproximaba al chico por la espalda, raudo y silencioso con la katana en alto, dispuesto a herirlo mortalmente.
Cerca de allí, Toffu combatía al mismo tiempo contra dos ninjas. Con agilidad sorprendente esquivaba las espadas de ambos guerreros, las cuales pasaban a escasos milímetros de su cuerpo. Debía mantenerse así hasta que descubriera una apertura en la defensa de alguno de sus contrincantes, algún resquicio que pudiese aprovechar para acercarse y desarmarlo. Una vez que consiguiera arrebatarle la katana, podría enfrentar al otro en igualdad de condiciones.
Kodachi, al igual que Toffu también estaba ocupada con dos, sin embargo a diferencia del doctor, la gimnasta no peleaba con las manos desnudas. En ellas sostenía un par de cintas las cuales movía continuamente, formando en el aire, serpentinas y espirales. Los ninjas más se preocupaban de mantenerse lejos del alcance de éstas que de atacarla, puesto que la primera vez que la chica agitó las cintas, habían visto que de ellas prácticamente llovían pétalos de rosas negras, cargadas de un poderoso narcótico. Estaban conscientes de que si caían bajo esta inusual lluvia, perderían la batalla irremediablemente.
Por otro lado, Akane luchaba cuerpo a cuerpo con un ninja. De todos los chicos de Nerima, ella y Ryoga eran los únicos que habían logrado desarmar a sus oponentes y lo habían hecho con gran facilidad. La joven Tendo había golpeado el suelo bajo los pies de su rival, haciendo que éste se sacudiera y se partiera en pedazos, provocando que el ninja perdiera el equilibrio, situación que ella había aprovechado para despojarlo de su espada, golpeándole fuertemente en la muñeca con su empeine derecho. El hombre lanzó un quejido al tiempo que daba un salto hacia un costado, para quedar sobre suelo firme. La chica, lo siguió, pero éste la recibió con una salvaje patada. Sin embargo, Akane se le adelantó y le dio en una espinilla un golpe tan violento y certero que de nuevo le sacó al ninja un grito de dolor. Hubo un instante de tenso silencio y luego, lanzando un rugido de rabia, se arrojó sobre la garganta de la chica, pero ella se escurrió de sus tendidos brazos y cuando pasaba velozmente de largo, le asestó un tremendo derechazo directo en un lado de la mandíbula. El corpulento sujeto giró como un trompo, y cayó de rodillas.
Ryoga en cambio, había usado el truco de la explosión para hacer añicos la espada de su adversario. El tipo no podía dar crédito a lo que sus ojos veían, pero el joven Hibiki no le dio tregua, y empezó a golpearlo con violencia. Sus golpes y patadas caían sobre aquel hombre a raudales, los cuales pronto lo hicieron tambalear y su cabeza comenzó a dar vueltas.
La batalla que Ukyo sostenía contra otro de los ninjas, se mantenía pareja. Al comienzo, lo primero que el guerrero hizo fue tratar de embestirla como un toro, pero la joven cocinera era demasiado rápida para él, y cada vez que esquivaba sus arremetidas, pasaba de largo a su lado, sólo para recibir un golpe con la espátula en la cabeza o la espalda. Al poco rato ya le manaba sangre de media docena de heridas menores. Entonces el ninja decidió cambiar su táctica y pelear cautelosamente y con extremada habilidad, en lugar de hacerlo por medio de la fuerza bruta. El sujeto era un excelente espadachín y de no haber sido por la maestría con que Ukyo movía su gran espátula y la notable agilidad que poseía, no hubiera sido capaz de sostener una lucha contra aquel hombre por tanto tiempo. Su gran e imponente katana se movía vertiginosa, lanzando una y otra vez letales estocadas, pero que sin embargo eran bloqueadas perfectamente por la chica de la espátula. Así mismo, cuando ella pasaba al ataque, el ninja bloqueaba los embates de la joven y cada vez que lo hacía, su katana y todo su cuerpo se estremecían debido al tamaño del arma de Ukyo y a la fuerza que le imprimía a cada uno de sus ataques. Ambos estaban igual de cansados, pero ninguno daba su brazo a torcer, la lucha continuaba pareja, era un combate de pronóstico reservado.
Kuno por su parte, afortunadamente se había percatado del avance traicionero del ninja que espada en alto se le acercaba por la espalda, así que esperó hasta el último segundo y justo cuando iba a ser embestido por la katana, dio un gran salto y giró en el aire, pasando por encima de su adversario y cayendo justo detrás de él.
Desde el aire, Mousse veía como sus compañeros peleaban y se sentía impotente, frustrado, pues él también deseaba luchar, en especial para mostrarle a su adorada Shampoo las habilidades que poseía, con las que seguramente quedaría impresionada. Pero para ello necesitaba volver a su forma humana y Toffu era él único que tenía agua caliente, y ahora mismo era imposible llegar hasta donde él, así que estaba obligado a ser solo un simple espectador. Mientras observaba el campo de batalla, alcanzó a divisar algo. Del cinturón de uno de los ninjas colgaban un par de llaves, las cuales debido a la luz de la luna llena, emitían un débil brillo así que sin pensarlo dos veces, descendió a gran velocidad sobre aquel sujeto y empezó a picotearle una y otra vez. Con cada picotazo le arrancaba un trozo de la máscara que le cubría el rostro. Aquel ninja no podía defenderse con la katana pues podía lastimarse él mismo con ella, ya que Mousse estaba muy cerca de su cabeza. En vista de eso, la soltó e intentó apartar y golpear al pato usando sus manos, pero todos sus esfuerzos eran inútiles. Shampoo, quien había escuchado los graznidos del joven chino, se dirigió hacia allá tan rápido como pudo y dando un ágil salto tomó con su boca las llaves que pendían de la cintura del ninja, corrió hasta donde Nodoka y se las entregó. Luego volvió con Mousse para apoyarlo.
En ese momento un ninja se dispuso a atacar a Nodoka, pero Akane, quien ya había vencido a su oponente, al ver que la señora estaba en peligro corrió hacia donde ella y se interpuso. En un rápido movimiento, sujetó la muñeca de la mano con la que sostenía la katana y la torció, haciendo que soltara la espada, pero antes de que ésta tocara el suelo, Akane la tomó y con el mango descargó un fuerte golpe en la cabeza del ninja, noqueándolo en el acto. Luego, con dicha espada bloqueó el ataque de otro ninja que se acercaba con la katana en alto, empuñándola con ambas manos, dispuesto a descargarla y a cortar con ella de un solo tajo la cabeza de la chica. El tipo quedó con la guardia baja, cosa que Akane aprovechó para contraatacar. Giró la espada en ciento ochenta grados golpeándole en las piernas, pero cuidando de hacerlo con la parte plana de la espada para no herirlo, con la rodilla lo golpeó en el vientre y después retrocedió hasta donde se encontraba Nodoka.
El ninja, estaba muy adolorido producto de los golpes recibidos de parte de la menor de las Tendo, pero su orgullo no le permitía renunciar y menos ante una chica. Se reincorporó empuñando nuevamente la katana que había soltado luego del golpe que Akane le había propinado en el vientre. En eso, un ninja más se le unió para apoyarlo y terminar de una vez por todas con la vida de ambas mujeres. Pero Toffu y Ryoga aparecieron y les bloquearon el paso.
— Akane! Señora Nodoka, ustedes sigan! — gritó Toffu — yo me quedaré a apoyar a los grupos uno y dos.
— Pero...
— Descuida! Estaremos bien! Y mejor apresúrate y ve a salvar a ese bobo! — la interrumpió Ryoga a la vez que empezaba a repartir golpes a diestra y siniestra. Toffu de igual manera, empezó a combatir.
Akane no replicó nada más. Tomó a Nodoka de la mano y la llevó a toda prisa hasta la puerta. Una vez que la cruzaron, la cerraron y se adentraron en lo que parecía ser un largo y estrecho pasillo. Caminaron, hasta que llegaron a otra puerta. La pasaron y se encontraron con otra puerta que daba a unas escaleras, las que cuales descendían en forma de caracol. Aquello resultaba una tortura. Parecía que Ranma estaba cerca, pero cada vez que cruzaban una puerta, los conducía a otro nivel o simplemente era un pasillo que terminaba en otra puerta. No había nada más. Debido a la poca iluminación, (tan solo una antorcha en cada pasillo) no podían caminar rápido y debían avanzar tanteando las paredes. Pero no importaba cuanto tuviesen que caminar, dondequiera que tuvieran encerrado a Ranma, lo encontrarían.
Con el corazón golpeándoles el pecho, se acercaron a otra puerta. Esperaron un instante y al igual que en las anteriores, primero la abrieron parcialmente y miraron dentro, tratando de divisar si había guardias rondando por esos lugares. Lo único que descubrieron, fue un pasadizo de piedra negra. Akane vislumbró que se extendía unos tres metros antes de perderse en la oscuridad. La joven le hizo una seña a Nodoka y empezó a caminar sigilosamente, seguida de la señora. El pasadizo permanecía en silencio. Avanzaron hasta el final, donde se encontraron con una bifurcación. Por un lado habían unas escaleras en espiral, las cuales indudablemente que llevaban a otro nivel más bajo todavía. Junto a éstas, había en cambio, una puerta, pero a diferencia de las otras, tenía una pequeña ventana en la parte superior. Las dos mujeres se miraron interrogantes. No sabían si bajar por las escaleras o cruzar la puerta. Al final, optaron por lo segundo.
Pero... conduciría esa puerta, al igual que la anterior a otro pasadizo? O quizá a otro nivel? se preguntaban.
Akane se acercó un poco más a la puerta y alcanzó la ventana. Miró a través del vidrio y su rostro, rígido por la ansiedad, se tornó de repente flácido por el asombro y su boca quedó abierta. Tardó un segundo en darse cuenta y cerrar la mandíbula de golpe; el ruido cortante de sus dientes rompiendo el silencio y la estremeció.
— Hay dos guardias vigilando algo...algo que parece ser una celda — dijo Akane volviéndose hacia Nodoka.
— Seguro ahí debe estar mi hijo — dijo la esposa de Genma sin poder ocultar la emoción. La chica asintió un par de veces.
— Usted espere aquí tía... yo me encargaré de los guardias y veré si Ranma está allí.
— De acuerdo, me quedaré aquí en la puerta, vigilando por si alguien viene.
Con sumo cuidado y muy despacio, la menor de las Tendo abrió la puerta solo lo suficiente para poder pasar de lado. Debía avanzar cinco metros hasta donde se encontraban los guardias, sentados sobre el suelo, uno frente al otro. Aquel pasadizo estaba parcialmente iluminado tres antorchas que permanecían colgadas en la pared de la derecha. Akane se pegó a la pared de la izquierda y así, lentamente avanzó, tratando de hacer el menor ruido posible. El silencio reinaba en aquel lugar, pues si bien los dos tipos conversaban, lo hacían en voz muy baja, así que si ella hacía algún movimiento brusco, se pondría en evidencia al instante. Casi conteniendo la respiración, continuó avanzando y cuando le faltaban solo dos metros, uno de ellos se percató de la presencia de la chica.
— Quién rayos! Una...una chica? — dijo uno de los guardias y se quedó mirándo fijamente el esbelto cuerpo de la joven.
— Sí, una mujer... no sé qué esté haciendo aquí ni cómo llegó, pero eso no importa, hace tiempo que no he tenido a una mujer entre mis brazos— dijo el otro sonriendo de forma lasciva.
Los dos sujetos, muy confiados, se retiraron las máscaras de cuero que cubrían sus rostros. No podían ocultar la pasión enfermiza que se estaba apoderando de ellos. Por fin, una chica con la cual podrían saciar sus deseos carnales. Sonreían divertidos y muy seguros, pues no tenía escapatoria, estaban convencidos de que no podría huir de los dos. Uno de ellos, quien estaba más ansioso, empezó a quitarse los pantalones, mientras imaginaba todo lo que le iba a hacer a la joven. Pero Akane, rápida como un rayo se acercó a él y con el codo le propinó un potente golpe en la mandíbula. El tipo se desplomó de inmediato, como un costal de harina y ya no se levantó más. Al ver esto, el otro hombre dio un paso hacia atrás, temeroso al ver la fuerza y velocidad de la joven Tendo. Trató de desenfundar su katana, pero antes de que lo hiciera, Akane le asestó una fortísima patada en la cabeza, tan fuerte que lo impulsó hacia un lado, haciéndolo estrellar duramente contra la pared, antes de caer al piso inconsciente.
Sin nadie más que se interponga en su camino, avanzó hasta el final de aquel callejón donde estaba la celda que los dos hombres custodiaban. El aire estaba viciado y húmedo, y olía a óxido. Se inclinó hacia delante y observó el escenario que se abría frente a ella. La sangre le bombeaba tan fuerte que se sentía mareada. Era él. Sin duda era Ranma quien estaba recostado, a centímetros nada más. Solo una rejilla de gruesos barrotes se interponía.
La chica regresó sobre sus pasos para buscar las llaves que abrían aquella rejilla que la separaba de su prometido. Uno de los guardias debía tenerlas así que los registró rápidamente. Un par de lágrimas corrían por sus mejillas, pero eran de felicidad, de una emoción desbordante que se había apoderado de ella al verlo. Necesitaba desesperadamente lanzar sus brazos alrededor de él y decirle que ya todo estaba bien, que la pesadilla había terminado y que pronto estarían lejos de aquel maldito lugar.
De repente, escuchó algo que le heló la sangre y le erizó la piel. A sus oídos llegaban ruidos extraños, sonidos guturales, tal vez provenientes de niveles más bajos. La joven podía escuchar algo así como quejidos de dolor, gritos angustiosos, lamentos que parecían de ultratumba, los cuales hacían eco por todas partes. Seguramente bajando por las escaleras que estaban junto a la puerta, habían otras celdas donde probablemente se encontraban más prisioneros... o quizá no. Tal vez esos quejidos misteriosos, venían de espíritus o almas en pena, fantasmas que vagaban por allí, sin poder encontrar el camino al más allá. La chica sacudió la cabeza tratando de apartar aquellos terribles pensamientos que se estaban apoderando de su mente. Intentó convencerse de que esos sonidos no eran más que producto de su imaginación, quizá por la tensión del momento. Respiró y exhaló profundamente para controlar la respiración y su ritmo cardiaco, a la vez que intentaba no prestar atención a lo que escuchaba. Esto lo repitió algunas veces y al cabo de un rato, cuando estuvo ya un poco más calmada, prosiguió con la búsqueda de las llaves.
Una vez que las encontró, abrió la rejilla y entró. El ruido que hizo, alertó al joven Saotome, quien yacía en el suelo recostado de lado, con la espalda hacia la reja, fingiendo estar dormido. Desde que se había dado cuenta de que ya no le absorbían energía, había pensado en que seguramente Megumi lo quería así, tal vez para llevar a cabo algún otro descabellado plan. Él no imaginaba que era Akane quien acababa de entrar en su celda. Creyendo que se trataba de Megumi, furioso, apretó los dientes y tensó todo su cuerpo. Habían pasado poco más de dos horas desde que las paredes habían dejado de drenarle su energía, así que ahora tenía algo más de fuerza, tal vez no la suficiente como para intentar escapar, pero al menos, le daría un par de buenos golpes a aquella demente. Ya no se tocaría más el corazón, pensando en que iba a golpear a una mujer.
Esa no es una mujer, sino más bien un demonio con forma de mujer: es lo que repetía Ranma en su mente una y otra vez. Ya no estaba dispuesto a tener más consideraciones con ella, después de todo lo que le había hecho.
Akane se quedó inmóvil, quería acercarse más, pero una emoción paralizante se lo impidió. De pronto, Ranma, como impulsado por un resorte, se levantó de golpe y se abalanzó sobre la joven. Colocó ambas manos en el cuello de la chica y apretó tan fuerte como pudo.
— Ya déjame en paz! Maldita loca! — gritó el chico. Luego, un poco desconcertado al ver que tenía el rostro cubierto por una ridícula máscara, pensó: definitivamente está chiflada.
La chica entrecerró los ojos y frunció el ceño, ahora estaba tan o más furiosa que el mismo Ranma. Atrás quedó la emoción que sintió al verlo de nuevo y la sorpresa que le había provocado el ataque del joven. De la nada sacó un enorme maso el cual lo estrelló con brutalidad en la cabeza del chico, quien dejó escapar de su garganta un grito de dolor al tiempo que se desplomaba viendo estrellas a su alrededor.
— A quién le dices loca? Ranma idiota! — vociferó la joven Tendo totalmente fuera de sí. Furiosa como estaba, no le importaba si había más guardias que pudiesen escucharla. El asunto era que estaba enfadada y dolida por el "gran recibimiento" que le estaba dando su tonto prometido.
Lentamente el joven se reincorporó, sobándose la cabeza, en el sitio en donde empezaba a formarse un prominente chichón, causado por el violento golpe que había recibido. Un tanto aturdido, clavó su mirada en la máscara que cubría el rostro de la chica. Algo le decía que esa no era Megumi. Ella le había hecho de todo, pero jamás le había golpeado. Pero si no era ella, entonces, quién era la mujer que tenía en frente? Que hasta conocía su nombre! Y esa voz, esa voz parecía la de...
Ranma cortó el hilo de sus pensamientos y negó con la cabeza. Eso no podía ser verdad, a menos que estuviese soñando. Su cabeza empezaba a convertirse en un remolino de confusión. No sabía qué pensar, guardó silencio durante unos breves segundos y después se animó a preguntarle algo.
— Quién... quién rayos eres? Por qué llevas esa máscara tan ridícula? — la interrogó. Allí recién Akane se dio cuenta de que aún llevaba puesta la máscara que Hirayama les había dado a ella y a los otros chicos para ocultar sus rostros y evitar que Megumi los reconociera. La ira se le esfumó al instante y de inmediato se retiró la careta, junto con la peluca que cubría su hermosa cabellera azul.
— Soy yo... Akane — contestó y se sintió mal por haberlo golpeado de esa manera. La culpa había sido de ella, por olvidar quitársela.
Al verla, Ranma se quedó anonadado, sus ojos se abrieron desmesurados, sin dar crédito a lo que veía.
No, este debe ser otro sueño, otra pesadilla, no puede ser Akane: pensó de nuevo el joven, cerrando los ojos con fuerza. Le era imposible creer que su prometida estuviese allí frente a él. Aunque le parecía tan real, ya había tenido esa sensación antes y resultó ser una ilusión creada por su mente a causa de las drogas que Megumi le suministraba.
— No, eso es imposible, tu no puedes ser Akane — farfulló Ranma.
— De qué hablas?! — lo increpó Akane. Ya estaba comenzando a enfadarse de nuevo. Ignoraba todo lo que su prometido había pasado desde que fue raptado — por supuesto que soy yo!
Seguramente este es otro de sus trucos: pensó el joven Saotome a la vez que cerraba los ojos, como si intentara escapar de aquella que creía era una ilusión. Pero al abrirlos, vio que ella seguía de pie frente a él, mirándolo muy desconcertada por su actitud.
El joven la miró de pies a cabeza una y otra vez, haciendo que la chica se sintiera incómoda y se sonrojara al sentir la intensa mirada de su prometido encima de ella. La chica iba a decirle algo, pero el muchacho se le adelantó.
— No, no...tú no eres real... no puedes ser real — dijo Ranma aún incrédulo. Luego, apuntándola con su dedo índice y mirándola fijamente agregó — además, Akane es gorda pero no tanto.
La menor de las Tendo enarcó una ceja al tiempo que cerraba las manos y las apretaba con fuerza. Su rostro se encogió en una mueca de rabia y al siguiente segundo, su puño se estrellaba con violencia en la cabeza de Ranma, haciendo que éste besara el piso nuevamente.
— Cretino mal agradecido! Todavía que arriesgo mi vida para venir hasta aquí y tu solo... — la joven calló de golpe. Ya no fue capaz de seguir hablando, al sentir como Ranma la abrazaba. La expresión del rostro de la chica pasó de la ira al desconcierto y finalmente a la felicidad. No pudo evitar que los ojos se le llenaran de lágrimas de alegría, una inmensa alegría. Un temblor de alivio la atravesó y en un impulso, correspondió al abrazo con la misma intensidad con que su prometido la hacía, hundiendo los dedos en la espalda del joven, arrastrándolo más contra ella. Lo necesitaba cerca, de una manera que nunca antes había sentido. Todo este tiempo lo había echado de menos, pero no tenía idea de cuanto. Hasta ahora se daba cuenta de ello, de lo mucho que le hacía falta su presencia.
Ranma por su parte, estaba quizá hasta más sorprendido que su prometida. Su cuerpo se había movido solo, como impulsado por una fuerza misteriosa, superior a él. Para cuando se dio cuenta, ya estaba abrazándola. Ya no le cabía la menor duda de que la mujer estaba ahí junto a él era su prometida, la mujer a la que amaba con todo su ser. Ella era la única capaz de hacerle sentir lo que ahora mismo sentía. El contacto físico con su prometida lo llevó al cielo. Por primera vez desde que Megumi lo había secuestrado se sintió aliviado. Una gran paz se apoderó de corazón y de su alma. Esta cercanía fue capaz de hacerle olvidar todo lo que lo atormentaba. Hubiera dado su vida por alargar ese momento hasta la eternidad.
De pronto, la chica vio fuego por el rabillo de su ojo. Al inicio pensó que una de las antorchas que alumbraba el pasillo se había caído. Pero luego, notó que la llama danzaba en manos de alguien. La chica se sobresaltó, y se apartó de Ranma, prácticamente lo empujó y se puso en guardia, lista para enfrentar a la persona que se aproximaba a ellos.
— Tranquila, soy yo — dijo Nodoka acercándose. La joven Tendo respiró aliviada y relajó los músculos de su cuerpo.
Nodoka fijó la mirada en el chico que estaba junto a Akane. Al verlo, sintió como el corazón le saltaba del pecho y las lágrimas le llenaban los ojos. Las palabras que debieron ser ecos de su alegría y brotar de su boca cual torrente impetuoso, quedaron ahogadas en su garganta. Tan solo abrió los brazos y en ellos recogió a su adorado hijo.
— Madre — musitó el chico pasando sus brazos por la espalda de Nodoka. Así permanecieron unos momentos hasta que la señora se separó un poco y mirándolo inquisitivamente dijo:
— Hijo... estás bien? No te lastimaron?
El rostro de Ranma se ensombreció ante estas preguntas. No fue capaz de articular palabra alguna, simplemente desvió la mirada. Sin querer, su madre le había hecho recordar de golpe, todo lo que últimamente le abrumaba. Recordó la traición que había cometido y la enorme culpa volvía para atormentarlo. La presencia de su gran amor lo había hecho olvidar todo eso, pero ahora, las palabras de su madre lo traían de nuevo a la realidad. Y se sintió como el más cerdo y miserable de los hombres. Se recriminó por haber tocado a Akane, después de que había pasado la noche con otra mujer, después de que la había traicionado.
— Tenemos que salir pronto, ya luego hablarán todo lo que quieran — señaló Akane inquieta. No quería permanecer más tiempo allí, especialmente porque temía que volvieran aquellas voces y lamentos espantosos que había escuchado hace poco, y la llenaran de miedo nuevamente.
Nodoka asintió, dándole la razón a la joven Tendo. Luego, tomó de la mano a su hijo y juntos, los tres caminaron dispuestos a salir de aquel lúgubre lugar.
Afuera, la situación estaba casi controlada por parte de los chicos de Nerima. El ninja que peleaba contra Ukyo, dándose cuenta de que se estaba cansando más que la joven, y al ver como el resto de sus camaradas empezaban a caer derrotados uno tras otro, decidió huir. Para ello arrojó su katana en dirección a Ukyo, quien usó su espátula cual bat de béisbol, para desviarla. El sujeto aprovechó ese instante para estrellar contra el suelo un par de bombas de humo, y así cubrir su escape.
Ryoga se percató de esto y sin perder tiempo, de un salto trepó al techo de una de las torres. Desde allí pudo ver a lo lejos, como aquel ninja corría a gran velocidad en dirección al patio central. Ryoga se tensó. No podía dejarlo escapar. Si no le daba alcance, alertaría a los cientos de ninjas que veían el espectáculo del circo y sin esperar más, se lanzó a perseguirlo, saltando de torre en torre para no perderlo de vista. Al poco rato logró alcanzarlo y cuando estuvo detrás de él, a solo un metro de distancia, con increíble celeridad, Ryoga se arrojó al suelo, apoyó una mano en éste y lanzó su pierna hacia adelante para asestarle un golpe en la cara interna de la pierna de su oponente, haciéndolo caer estrepitosamente y rodar varios metros por el piso, debido a la velocidad con la que corría. Jadeante y atontado, el sujeto se levantó y miró con furia asesina al joven Hibiki.
— Maldito hijo de...
— No te metas con mi madre! — el puño de Ryoga se estrelló como mazo de acero en el rostro del ninja, quien cayó al instante, sin sentido. Cuando alzó la vista, se dio cuenta de que se había alejado bastante de los demás. Estaba perdido.
Mientras tanto, alguien se aproximaba a la habitación de Megumi, quien se había salido antes de que terminara la función del circo, pues aún faltaba poco menos de media hora para que concluyera. Cuando esa persona llegó a la puerta, la golpeó suavemente con los nudillos y pidió autorización para entrar, a lo cual la chica respondió:
— Adelante, pasa...
— Permiso — un joven se inclinó ante ella. Megumi le hizo un gesto con la mano para que se levantara. Luego, el muchacho añadió:
— Aquí está el mapa.
— Bien hecho, Masaru — lo felicitó Megumi — según me informaste ellos tenían planeado sacar a Ranma mientras nos distraían con el circo, no?
— En efecto, ahora mismo deben estar buscándolo, si es que no lo encontraron ya, pues iban a usar un perro ninja para rastrear el olor.
Megumi sonrió divertida, pero luego su rostro adquirió una expresión severa y dijo para sí:
Estúpida mosca muerta, seguramente cuando liberes a Ranma, pensarás que has triunfado sobre mí, pero no sabes que tu victoria es más falsa que la amistad que un día me ofreciste y en la cual yo ingenuamente creí.
Desde que se había llevado a Ranma de casa de los Tendo, había dejado a Masaru vigilando. Todos los días, él le enviaba reportes a través de aves mensajeras. Gracias a ello, se había enterado oportunamente de los planes de Toffu y para suerte de ella, habían encajado perfectamente con su nuevo plan.
— Esos estúpidos y su patético plan, no sé qué fue más divertido, la función de circo o ver a todos esos idiotas corriendo como animales asustadizos, temerosos de que alguien los descubra...jajajaja... bola de imbéciles — se burlaba Megumi.
La joven lo había visto todo, desde que habían iniciado la búsqueda de Ranma con ayuda del can. Cuando estaba en el patio, mientras veía a los cirqueros, de rato en rato desviaba la mirada hacia una pequeña pantalla que sostenía en sus manos, pues a ésta le llegaban las imágenes en tiempo real que captaban las cámaras de seguridad frente a las cuales pasaban los chicos de Nerima, quienes nunca se percataron de que a lo largo y ancho de la fortaleza habían decenas de cámaras que vigilaban cada rincón de la misma.
— Me retiro entonces, señorita Megumi — dijo Masaru, pero la chica lo detuvo del brazo y lo atrajo hacia ella.
— Lo hiciste bien Masaru, por eso eres uno de mis favoritos — le dijo susurrándole suevamente al oído y mientras le acariciaba la espalda agregó:
— Tu siempre cumples todas mis órdenes al pie de la letra, en cambio esa metiche de Kanori, a pesar de que ordené que no intervinieran y dejaran que se lleven a Ranma, estoy segura de que fue ella quien mandó a esa docena de ninjas a interceptarlos... en fin ya luego le daré el castigo que merece a esa estúpida anciana.
—Bueno, me alegra haberle sido de utilidad, y le juro que yo jamás la traicionaré... ahora, con su permiso, me retiro... debo regresar con la señora Cologne para terminar con lo que usted me ordenó —musitó el chico con voz temblorosa a causa de la caricia recibida. Le dirigió despacio la mirada hacia los pechos, luego volvió a subirla hacia la cara.
— Aún hay tiempo, recuerda que los tengo vigilados a todos...todavía no han salido de los calabozos, así que... que te parece si mientras tanto, tu y yo nos relajamos un poco... qué dices? — inquirió la chica con voz seductora, al tiempo que acariciaba suavemente los bíceps del brazo derecho del chico. Masaru era un joven alto y apuesto, no muy corpulento, pero tenía unos músculos bien marcados.
— Yo soy suyo, haga conmigo lo que quiera — murmuró, rozándole el puente de la nariz con los labios.
En seguida, Megumi tomó los temblorosos labios de Masaru con los suyos, mientras le sujetaba la nuca con una mano. El beso empezó siendo el roce suave y seco de unos labios cerrados y fue aumentando de presión hasta abrirle despacio la boca. Él notó la invasión sutil de la lengua de Megumi, mientras el repentino martilleo de su corazón le bombeaba la sangre a toda velocidad. El deseo empezó a apoderarse del muchacho. Llevado por la pasión, la estrechó totalmente contra su cuerpo y la besó con un ardor inusitado. La boca de Masaru se apoderó de la de Megumi, mientras con las manos le acariciaba el cuerpo. La joven notó cómo él le separaba los pies con los suyos y aumentaba el contacto de sus cuerpos. La incitó y la acarició con sus besos hasta que ella tembló entre sus brazos. Para cuando sus labios se separaron, ella estaba exhausta, con toda la conciencia concentrada en las sensaciones que la conducían hacia el placer ansiado. Pero cuando abrió los ojos, lo miró aturdida. No era el rostro de Masaru el que veía, sino el de Ranma.
Qué pasa? se preguntó y parpadeó varias veces hasta conseguir apartar aquella visión.
Ajeno a esto, Masaru le quitó la chaqueta y le acarició suavemente los pechos mientras con el pulgar le buscaba el pezón. Ansioso, deslizó sus labios por el cuello de la chica, a quien se le tensaron las piernas y se aferró de los hombros del joven para no perder el equilibrio. Masaru suspiró y la atrajo con más fuerza hacia su cuerpo. Cuando volvió a besarla, ella ya no pudo contener los gemidos mientras se excitaba más y más.
— Ran...ma — gimió la muchacha, y apenas escuchó aquello que había escapado de sus labios, se cubrió la boca con las manos y se apartó de Masaru.
— Sucede algo? — le preguntó extrañado Masaru. Jamás la había visto desconcertada, y menos en un momento como éste.
— No...no es nada — contestó la chica al darse cuenta de que él no la había escuchado pronunciar el nombre de Ranma.
De nuevo se fundieron en un apasionado beso, pero en ese momento, en la mente de la chica solo había una cosa presente, o más bien, solo una persona: Ranma. Mientras besaba y acariciaba a Masaru, no podía dejar de pensar en el joven Saotome. Intentaba por todos los medios apartarlo de sus pensamientos, pero era inútil. Otra vez se separó de Masaru.
— Está usted bien?
La chica no contestó. Le rodeó el cuello con sus brazos y le dio otro beso apasionado, rudo y dulce a la vez, con el que le devoró la boca y le saboreó y lamió el paladar. Él sintió un placer tan intenso que casi se desmayó. Pero ella en cambio, no sintió el placer que esperaba. Varias veces había estado con Masaru y sus besos y caricias la enloquecían, pero ahora... nada. Conforme Ranma se apoderaba de cada rincón de su mente, ella dejaba de sentir el deleite que en otras ocasiones le provocaba Masaru o cualquier otro muchacho al que se entregaba.
— Vete — le ordenó Megumi llena de desconcierto. No comprendía lo que le estaba sucediendo. Por qué no dejaba de pensar en Ranma? Aun cuando estaba en los brazos Masaru, seguía teniendo al oji azul muy presente en su mente.
— Pero es que...
— Solo vete! — gritó Megumi interrumpiéndolo. El joven, muy triste y lleno de desconcierto, tuvo que obedecer; agachó la cabeza y se marchó dejándola sola en su habitación. Lentamente y con el cuerpo aún temblando, la joven retrocedió y se dejó caer en la cama.
— Qué... que me está pasando? — musitó con voz temblorosa, mientras apretaba las manos fuertemente contra su pecho.
Entretanto, Ryoga caminaba buscando alguna cosa que lo ayudara a ubicarse, pero era inútil. Aquel lugar parecía un enorme laberinto y con su sentido de la orientación, le resultaba difícil encontrar el camino para volver con los demás.
— Maldita sea! No se hacia donde debo ir! — se lamentaba mirando a su alrededor. Parecía que mientras más caminaba, más se perdía.
Continuó la marcha por casi veinte minutos más, hasta que se encontró con un largo callejón iluminado por un sinnúmero de enormes velas ubicadas a lo largo del mismo. Dicho callejón, tenía aproximadamente veinte metros de longitud y estaba cubierto por un techo desde el principio hasta el final, en donde había una puerta, la cual llamó su atención, pues le pareció bastante extraña, diferente a cualquiera que hubiese visto antes. Era bastante ancha y parecía estar hecha de piedra. El joven se acercó y una vez que estuvo frente a ella, pudo verla claramente.
Tenía aproximadamente tres metros de alto y casi cinco metros de ancho, y no era de piedra como había pensado en un principio. Al parecer estaba hecha de granito rojo. Sobre ella estaban grabados un sinnúmero de símbolos extraños. Además, en el centro de ésta y formando un círculo, habían seis manijas giratorias. Al parecer, había que girarlas a las seis en algún orden específico para que la puerta se abriera.
— Hmph...qué cosa más rara — dijo, mientras acercaba su mano a una de las manijas. Apenas la rosó, su cuerpo se estremeció de pies a cabeza. Un escalofrío cosquilleó su columna, y de repente se vió envuelto en una densa obscuridad.
— Qué...qué demonios! — exclamó sorprendido y desconcertado por lo que acababa de ocurrir. No salía de su asombro, cuando escuchó una voz gutural que le decía:
— Sí... puedo sentirlo, hace tanto tiempo que no lo sentía.
— Qué? Quién dijo eso? — Ryoga se tensó y dio vueltas mirando en derredor, pero no podía ver nada en medio de tanta oscuridad. Después, escuchó una risa siniestra, que le puso los pelos de punta. Pero reuniendo valor, se atrevió a decir:
— Quién diablos está ahí?
— Mocoso! Tú...dime...a quién odias? — de nuevo aquella voz grave y enigmática hizo eco en los oídos del chico.
— Muéstrate de una vez... payaso! — lo retó Ryoga, quien permanecía inmóvil con los puños al frente. Seguí sin poder ver nada. Estaba demasiado obscuro.
— Vamos! Dimeeee! A quién odias? Puedo sentir el odio que guardas en tu mente y corazón... li-bé-ra-lo — insistió la voz.
Inesperadamente, un fuerte dolor de cabeza se apoderó del joven. Preso del dolor, cerró los ojos y se llevó las manos a la cabeza, e hizo presión sobre ella.
—Maldito...qué... qué me... estás ha...cien...do — dijo con la voz entrecortada y apenas audible. Sentía que la cabeza le iba a estallar. Era como si alguien estuviese hurgando en su mente, viendo cada uno de sus recuerdos, buscando hasta en lo más profundo de su subconsciente y eso le provocaba un terrible dolor.
— Aaaaaaah! — gritó cayendo de rodillas y cerrando los ojos.
De pronto, el dolor desapareció y cuando abrió los ojos, vio que se encontraba nuevamente frente a aquella extraña puerta. La obscuridad a su alrededor ya no estaba más. Se puso de pie de golpe y sin más, corrió en dirección contraria. Bastante impresión le había causado todo esto y aunque no entendía lo que había ocurrido, no deseaba quedarse para averiguarlo.
El joven corrió y se mantuvo así un par de minutos, al cabo de los cuales se vio obligado a disminuir la marcha, pues empezó a sentirse muy fatigado, respiraba agitadamente y un sudor frío resbalaba por su frente. Esto lo dejó muy desconcertado, pues se había enfrentado a los ninjas, había corrido un buen tramo persiguiendo a otro, después había deambulado por la fortaleza por casi media hora buscando el camino de regreso a donde estaban los demás chicos y con todo esto, su cuerpo no había dado muestras de cansancio. Sin embargo, ahora, después del extraño suceso frente a esa misteriosa puerta, había corrido durante no más de dos minutos y estaba exhausto. Sentía que las fuerzas empezaban a abandonarlo.
Parecía que de alguna forma, le habían absorbido una gran cantidad de energía.
Pero cómo? Quién lo hizo? Acaso, el sujeto que le había hablado en medio de la oscuridad en que se vio envuelto de repente?
Muchas interrogantes empezaban a surgir en la mente de Ryoga, pero al final prefirió no profundizar más en el tema. Tal vez, al verse en medio de tan enorme construcción, solo, y completamente perdido, su mente le hizo ver cosas que en realidad jamás pasaron.
En eso, una voz familiar la sacó de sus cavilaciones:
— En dónde diablos te metiste?
Ryoga volteó y se encontró con Ukyo, quien lo miraba con cierta molestia.
— Qué pasó? Por dónde andabas? — le reclamó la chica.
— Eh...no...no sé, creo que me perdí — dijo Ryoga.
— Qué raro — comentó con sarcasmo la joven cocinera.
— Cómo me encontraste?
— Mousse te ubicó desde el aire.
— Y Akane? Que pasó? Está bien?
— Sí, ella está bien — contestó la chica sin mucha emoción.
— Y Ranma?
— Finalmente libre — el rostro de Ukyo se iluminó — junto con los demás chicos debe estar por llegar al punto donde Cologne y Masaru los esperan con el bote para llevarlos a la embarcación... por cierto, será mejor que nos apresuremos, hace unos minutos que la función terminó y los ninjas seguramente deben estar regresando a sus puestos de vigilancia... no quiero tener que pelear nuevamente, hoy ya tuve suficiente.
Apenas lo dijo, la joven empezó a caminar a paso rápido. Ryoga la siguió con desgano. En el fondo tenía la esperanza de que Ranma no apareciera. Estaba consciente de que pensar así no era correcto, pero lo que hacía Ranma tampoco era correcto. Muchas veces le había escuchado decir que no le interesaba el compromiso, y sin embargo no terminaba con aquella unión, manteniendo atada a Akane a aquella absurda imposición. Y por si eso fuera poco, tenía también otras prometidas. No era justo, definitivamente nada de eso era justo para Akane. Ella no se merecía algo así.
Por qué Ranma no terminaba el compromiso y la dejaba libre?: se preguntaba Ryoga y cada vez que pensaba en ello la ira lo poseía.
No comprendía por qué razón no la dejaba libre, para que pudiera tener un novio como cualquier otra chica de su edad, un novio al que ella elija voluntariamente. Un novio que la ame, que le de toda la felicidad que ella se merece. Si Ranma fuera una buena persona, hace tiempo que la hubiese liberado de aquel compromiso. Eso pensaba Ryoga y por ello lo odiaba. Detestaba al joven Saotome, porque solo le traía problemas a la vida de su amada Akane.
Entretanto, en una de las partes más alejadas de aquella enorme construcción de los Asakawa, en la extraña puerta frente a la que Ryoga había estado hace unos minutos nada más, algo fuera de lo común sucedía. Un punto luminoso recorría una de las esquinas de aquella puerta. Era como si se moviera escribiendo algo. Segundos después, aquel punto de luz desaparecía y en dicha esquina se podía ver que efectivamente algo estaba escrito. Un nombre se había grabado en aquel sitio:
SAOTOME RANMA
Por qué ha quedado grabado el nombre de Ranma en aquella misteriosa puerta? Quién o qué se esconde detrás de ésta?
Y Megumi, sorprendentemente, ha permitido que el chico sea rescatado y no ha hecho nada para impedirlo, al contrario, deseaba que así sucediera. Qué es lo que trama ahora?
Muchísimas gracias por seguir leyendo esta historia. Ojalá este capítulo no les haya resultado demasiado largo, aunque bueno, podría decirse que de cierta forma tuvo de todo. Espero haya sido de su agrado.
Agradezco mucho su apoyo, el tiempo que se toman para leer este fic y dejar sus valiosas opiniones.
Agradecimientos a los reviews:
Znta: Un afectuoso saludo para ti!
Sí, quienes custodiaban la puerta no eran más que simples maniquíes. Megumi los puso ahí solo para burlarse de Toffu y los demás (esto será explicado un poco más en el siguiente capítulo). A los verdaderos ninja en cambio, los envió Kanori, pues ella no estaba de acuerdo con Megumi, quien por cierto, piensa cobrarle caro esta afrenta.
Te agradezco enormemente por continuar pendiente de este fic y por tus reviews.
Suerte para ti también. Pásala bien! Nos leemos en el siguiente capítulo.
Amigo: Un saludo cordial y atento! Cómo has estado? Muchas gracias por tu review. Como siempre es un gusto leer tus comentarios, así como los de todos y cada de los lectores y lectoras que se toman el tiempo de escribir uno. Y bueno, debo decir que tus razonamientos son totalmente correctos. Y recuerda también que las hipótesis y sospechas que has planteado anteriormente, la mayoría resultaron muy apegadas a lo que terminaba sucediendo. Ciertamente Megumi ha causado mucho daño y parece que continuará haciéndolo. Quién sabe qué rayos esté tramando ahora en contra de los jóvenes prometidos!
Ranma ha sido rescatado y volverá a Nerima, pero su calvario aún no ha terminado. Deberá reunir el valor para confesar lo que hizo, o más bien, lo que prácticamente le obligaron a hacer. Y justamente como has citado en tu review, Akane tendrá la última palabra. Sin duda que Ranma la tiene complicado, pues sabemos como es la chica cuando está enfadada, difícilmente entiende de razones. Y realmente que sería terrible si esto causa la ruptura definitiva del compromiso. Pero, confiemos en el amor que sienten el uno por el otro.
Nuevamente muchas gracias por tu comentario y también mil gracias por tu sentido pésame y tus confortables palabras.
Pásala bien! Hasta el próximo capítulo.
Euridice Hibiki: Un saludo muy afectuoso para ti!
Ahora que Ranma ya ha sido rescatado y finalmente volverá a Nerima, llegó el momento de confesarle lo ocurrido con Megumi. La pregunta es: tendrá el valor de hacerlo? Y si lo hace, esperemos que Akane quiera escuchar la versión completa, pues si se enfada y se pone fuera de sí, seguro no prestará atención a las explicaciones de Ranma.
En cuanto a Megumi, hasta ahora no ha habido la oportunidad de que le expliquen lo que realmente pasó entre Satoshi y Akane. A parte de Satoshi, solo las hermanas Tendo y Toffu conocen la verdad y si en algún momento surge la oportunidad de que alguno de ellos hable con la chica, difícilmente ella creerá en sus palabras, pues no hay nada que pruebe o respalde lo que digan. Tal vez si encontraran a Satoshi y lo obligaran a confesar la verdad, solo ahí quizá ella podría creerles y probablemente moriría del dolor al darse cuenta de lo injusta que ha sido con quien fue su entrañable amiga.
Por otra parte, en este capítulo ha quedado evidenciado que el interés que tenía Megumi por Ranma, se ha vuelto más que eso, o al menos eso parece. Aparentemente, ya no es una simple atracción física lo que siente por el chico. Justo cuando estaba en los brazos de Masaru, Ranma se apoderó de su mente y la chica no pudo entregarse a Masaru, cosa que la dejó muy desconcertada.
Cologne tampoco apareció en este capítulo, pero ya en el siguiente, veremos como le hizo Masaru, qué excusa puso para dejarla sola e irse a la alcoba de Megumi.
Muchísimas gracias por tus palabras y tus buenos deseos. Que estés bien! Cuídate muchísmo. Hasta la siguiente actualización!
Nancyricoleon: Hola Nancy!
Sí, la chica ya sentía una gran culpa, y encima Ukyo, Kodachi y Shampoo le hacen sentir peor todavía con lo que le dijeron. Y claro, tal como lo mencionas, Ranma también se siente culpable por haber traicionado a su prometida, pero ahora que la joven Tendo logró liberarlo y ponerlo a salvo (por el momento) ella al menos ya no se sentirá tan mal como hasta ahora.
Y cuando lleguen a Nerima las cosas se pondrán peor para Ranma, deberá reunir valor para confesarle a Akane lo que pasó entre él y Megumi, pues está consciente de que no puede ocultarle algo así, aunque revelarle eso podría significar el final de su compromiso, pero ante todo está la honestidad y eso él lo sabe muy bien.
Gracias por continuar pendiente de este fic y me alegra saber que lo consideres interesante. Ojalá y este capítulo también haya sido de tu agrado.
De nuevo, muchas gracias y cuídate mucho! Hasta el próximo capítulo.
Astrid Saotome: Saludos cordiales!
Sí, finalmente desembarcaron pero desgraciadamente para caminar directo hacia una trampa, que no fue obra de Megumi, sino de Kanori. Y tal cual como lo has dicho, Masaru fue quien mantuvo a Megumi al tanto de todo, pero ella permitió que llegaran, pues afirma que eso va de acuerdo a su propio plan. Y bueno, en este capítulo fue dedicado casi en su totalidad al rescate de Ranma, pero sigue sin aparecer en escena Cologne. Sin embargo, ya en el siguiente capítulo veremos que le sucedió. Además, sabremos que excusa puso Masaru para dejarla sola e irse a la habitación de Megumi.
Por cierto, no te preocupes por no haber dejado un comentario. Y además que fue por mi culpa el que te confundieras, pues subí dos capítulos en la misma semana, cuando había venido haciéndolo solo una vez por semana.
En fin, muchas gracias por seguir pendiente de este fic y ojalá este capítulo también haya sido de tu agrado.
Te envío un fuerte abrazo. Pásala bien! Hasta el siguiente capítulo.
Serena Tsukinoo: Un saludo cordial para ti, estimada amiga!
Finalmente lograron rescatar al chico, aunque claro, Megumi se los permitió porque eso según ella está dentro de sus planes.
Respecto a lo de Shampoo y Mousse, tal como dices lo hicieron por una buena causa, aunque a Mousse no le interesa mucho rescatar a Ranma, siempre estará ahí para apoyar a su querida Shampoo. Y Toffu, pues, supo sacarles el mayor provecho para la búsqueda del joven Saotome.
En cuanto a Akane, nuevamente tienes mucha razón, sentía una profunda culpa, pero por suerte Nodoka la hizo entrar en razón y comprendió que nada ganaba con hacerlo, simplemente debía rescatarlo y llevarlo de vuelta a casa.
El plan del doctor fue bastante bueno, pero aun así, cayeron en una trampa, que según dice Megumi, fue Kanori quien envió a esos ninjas. Por fortuna, los chicos de Nerima lograron salir victoriosos, al menos por el momento.
Muchas gracias por leer y tomarte el tiempo de escribir un comentario.
Te envío un fuerte abrazo. Cuídate muchísimo!
Un especial agradecimiento también para Yosshino, por haber agregado este fic a su lista de historias favoritas. Mil gracias, y de todo corazón, espero que el fic siga siendo de tu agrado hasta el final.
También, gracias a todos los que no dejan reviews, pero siguen atrapados con la historia, pendientes de ella.
Hasta el próximo capítulo!
