Un gran saludo para ustedes, amigas y amigos!
Capítulo 16: la determinación de Hirayama y Masaru.
Día y medio después de haber dejado la isla de los Asakawa los chicos de Nerima a bordo del barco de Hirayama llegaban al puerto de Takeshiba. Allí se despidieron de él y le agradecieron por toda la ayuda que les había brindado. Luego, se dirigieron hasta la parada del autobús que los dejaría en el parque central de Nerima. Al poco rato llegó aquel bus, rápidamente subieron a éste y cuarenta minutos después finalmente llegaban a dicho parque. Mientras, en el puerto, Hirayama regresaba a su embarcación, listo para partir a las islas Ogasawara, pero al abordarlo se extrañó de no ver a nadie en cubierta. Bajó hacia los camarotes y se encontró con una escena impactante: todos sus camaradas habían sido asesinados, y el perpetrador de esto era nada más y nada menos que Masaru, quien le informaba que tan solo estaba siguiendo órdenes y que después tendría que dar muerte también a Toffu y Cologne. Al escuchar esto, se abalanzó sobre Masaru, dispuesto a detenerlo, especialmente para que no atente contra la vida de su amigo Toffu, pero el chico no lo dejó ni acercarse. Con gran fuerza, agitó sus manos horizontalmente, primero la derecha y luego la izquierda, lanzando los kunais hacia Hirayama, quien haciendo enormes esfuerzos consiguió esquivar y desviar a cinco de ellos, pero los restantes se le clavaron en el pecho. Aquel hombre profirió un grito de dolor y cayó de bruces lastimándose aún más con los kunais. La sangre empezó a brotar incontenible de las heridas.
— De veras, lo siento — musitó Masaru, para luego revisar un reloj que llevaba en la muñeca izquierda. Faltaban ya solo tres minutos para que los explosivos que había colocado en el barco hicieran explosión. Pronto todo se convertiría en un infierno, así que debía marcharse cuanto antes.
El chico miró con tristeza a Hirayama. Luego volteó y caminó hacia cubierta. Una vez allí, se dirigió a la popa y entró a la sala de mandos. Elevó las anclas, encendió el motor y lo puso en marcha para que se aleje del muelle y explote lejos de éste. Hecho eso, caminó hacia babor, donde había dejado inflado un bote salvavidas, con el cual regresaría a la costa, lo arrojó al agua y se dispuso a abandonar el barco, cuando de pronto, alguien lo sujetó fuertemente por el cuello.
— Pero qué... — Masaru estaba enormemente sorprendido. Pensando que a parte de él ya nadie estaba con vida en aquel barco, había bajado la guardia totalmente.
— No voy a dejar que mates a Toffu.
EL jovven reconoció aquella voz y abrió los ojos desmesuradamente, sorprendido aún más de lo que ya estaba. Era Hirayama, quien increíblemente aún seguía con vida, tal vez gracias a su corpulencia. A pesar de las heridas que le habían provocado los tres kunais y del dolor que le causaban, se las había desenterrado del pecho una a una y rápidamente había corrido hacia cubierta para detener a Masaru. Con mucho sigilo, se le había acercado por la espalda y aplicado una conocida llave de judo. Desde atrás, con su brazo rodeó el cuello del chico. Luego, apoyó la mano derecha sobre el bíceps izquierdo. Y finalmente, dobló el brazo izquierdo y apoyó la palma de la mano izquierda sobre la nuca de Masaru. A pesar de su edad, todo esto lo hizo en un segundo, demostrando por qué en su juventud había sido un reconocido judoca.
Desesperado intentaba liberarse por todos los medios. Sentía la presión que Hirayama ejercía sobre su cuello, comprimiendo directamente las arterias, evitando así que la sangre llegue al cerebro. Su frecuencia cardíaca estaba cayendo rápidamente. La vista se le empezaba a hacer borrosa, pronto quedaría inconsciente. Exasperado, el chico empezó a lanzar sus codos hacia atrás, impactando con toda su fuerza el pecho de Hirayama, una y otra vez sobre las heridas causadas por los kunais, haciéndolo gritar de dolor. Sin embargo, no logró hacer que lo soltara. Eso sí, por un momento aflojó la presión sobre el cuello de Masaru, pero casi enseguida volvió a apretar con fuerza. En vista de esto, el joven siguió golpeándolo. Ninguno de los dos estaba dispuesto a rendirse. Ambos tenían motivos muy fuertes para no darse por vencidos y seguir luchando.
Hirayama estaba resuelto a detener a Masaru a como diera lugar. El dolor de sus heridas era tremendo y había perdido ya mucha sangre, pero tenía que evitar que el chico matara a Toffu, quien años atrás había salvado la vida de su hijo mayor, Takayuki.
Poco después de haberse recibido como médicos, Takayuki y Toffu habían entrado a trabajar en una base militar japonés ubicada en la prefectura de Okinawa. En sus días libres solían frecuentar un conocido bar del lugar. Allí, el hijo de Hirayama había conocido a Tomoe, una hermosa mujer con la cual empezó un romance. Salieron durante un par de semanas, hasta que un día mientras estaba en una cita con ella, sucedió un altercado que marcaría un punto de inflexión en las vidas de Toffu, Takayuki y Tomoe. Aquel día, se presentó ante ellos alguien que afirmaba ser el esposo de Tomoe. El hijo de Hirayama de inmediato lo reconoció, pues se trataba nada más y nada menos que del comandante de la base en la cual trabajaba: Sugiyama Sanosuke. Aquel hombre, furioso y cegado por los celos golpeó brutalmente a Takayuki quien no hizo nada para defenderse, simplemente se limitó a aguantar la tremenda golpiza que le propinó el comandante. Después, quiso llevarse a su esposa a la fuerza, pero ésta se rehusó y delante de toda la gente que estaba presente mirando aquella escena, la joven mujer gritó que el comandante era un misógino, patán, insensible y cruel que desde que se habían casado la maltrataba diariamente y que ya estaba harta de tanto maltrato. Al escuchar esto, Takayuki, ignorando el dolor de los golpes y poseído por una furia enorme se levantó dispuesto a golpear al comandante por ser tan canalla, pero Toffu intervino a tiempo y lo detuvo, pues sabía que por agredir a un superior, su amigo sería dado de baja y condenado a años de prisión por insubordinación.
Así, el hijo de Hirayama, sin poder hacer nada, tuvo que ver con impotencia como aquel cretino se llevaba a Tomoe. Pero no se iba a quedar de brazos cruzados. A la mañana siguiente, muy temprano se presentó en la base militar y encaró al comandante. Éste, en respuesta le propuso algo que Takayuki no pudo rechazar: un enfrentamiento sin riesgo a ser dado de baja y si lograba vencerlo, le daría el divorcio a Tomoe. Ingenuamente siguió al comandante hasta el edificio donde almacenaban el combustible para los aviones de combate, sin saber que allí le esperaba una emboscada. Cuatro soldados más aguardaban su llegada y junto con el comandante golpearon a Takayuki hasta dejarlo al borde de la inconsciencia. Luego, provocaron una gran explosión a la entrada de aquel edificio y se alejaron.
Toffu por su parte, estaba muy preocupado por su amigo, que no aparecía por ningún lado. Después de lo sucedido en el bar, temía que cometiera una locura, así que decidió buscarlo y lo mejor era empezar por la oficina de Sanosuke. Como un rayo se dirigió hacia allá y al llegar vio que el comandante no estaba solo. Muy despacio, se acercó a la puerta que permanecía entreabierta y pudo ver que quien lo acompañaba era el general Aoshi. Además, escuchó de lo que hablaban. Sanosuke le reportaba al general lo que según él había sucedido en el edificio de almacenamiento de combustible, hace minutos nada más. Dijo que Takayuki, junto con cuatro cómplices lo habían golpeado y luego habían prendido fuego al edificio pero que él había logrado someter a Takayuki y ahora mismo estaba atrapado en aquel lugar. El general creyó en las palabras del comandante, pues no tenía motivos para desconfiar. No así Toffu, quien presentía que todo esto era una vil mentira del comandante, una trampa urdida por él, para hacer parecer a Takayuki como un saboteador y así tener motivos de peso para eliminarlo y que nadie pensara que lo hacía para vengarse por haber estado saliendo con su esposa. Así que sin esperar más, se marchó de allí, dispuesto a salvar a su amigo.
Mientras tanto, en el edificio, las llamas generadas por la explosión, empezaban a cobrar fuerza. De inmediato los bomberos llegaron para hacer frente a aquel incendio que amenazaba con destruir la base militar. Sin embargo, con el pasar de los minutos, el siniestro cobraba enormes proporciones y hacía inútiles los esfuerzos de los bomberos por contener el fuego. Las llamas estaban cada vez más cerca de los tanques de almacenamiento de combustible. Pronto la base volaría en mil pedazos, así que sin más opción se ordenó la evacuación de todo el personal.
Cuando Toffu llegó al lugar, y vio que los bomberos se retiraban, él los interceptó y los tachó de cobardes por huir de esa manera. Éstos trataron de calmarlo y le explicaron que no había forma de contener le fuego y que lo único que podían hacer era evacuar a toda la base antes de que las llaman alcancen a los tanques de combustible. En eso, al doctor Toffu se le ocurrió una idea. Si iba a entrar al edificio a rescatar a su amigo, de paso podría cerrar los conductos de los tanques de combustible y evitar la explosión de los mismos. Así que sin pensarlo más, arrojó agua sobre su cuerpo, se cubrió con la chaqueta de uno de los bomberos, se arrojó agua un par de veces más y con decisión corrió hacia el edificio en llamas. Todos lo miraron con asombro, admiración y tristeza, pues lo que Toffu hacía era temerario pero suicida. Sabían que no iba sobrevivir. Algunos trataron de detenerlo, pero fue inútil. El doctor estimaba mucho a su amigo Takayuki, a quien consideraba su hermano del alma. No lo iba a abandonar por nada de este mundo y si no podía salvarlo, al menos compartiría su mismo destino y moriría a su lado.
Los bomberos lo siguieron con la mirada hasta que se perdió de vista entre las llamaradas y columnas de humo espeso. Sabían que el doctor iba a una muerte segura, pues si las llamas no devoraban su cuerpo, en unos segundos seguramente perecería ahogado por el humo. El edificio se había convertido en un infierno. En pocos segundos el fuego había invadido el primer piso y ya empezaba a extenderse hacia los pisos superiores. Toffu avanzaba dificultosamente, buscando a su amigo, sus ojos estaban ya muy enrojecidos por el tremendo calor, su cuerpo estaba bañado completamente en sudor, y de su nariz brotaban dos hilos de sangre, debido a la congestión pulmonar causado por el denso humo que inhalaba. Sentía que de un momento a otro caería inconsciente, más sin embargo su determinación lo mantenía en pie y lo hacía avanzar, aunque lentamente. La tos se volvía cada vez más fuerte provocándole violentos espasmos que hacían que su cuerpo se estremeciera. Solo habían pasado unos minutos, pero a Toffu le parecía que habían transcurrido horas desde que entró en el edificio, hasta que por fin en el tercer piso encontró a su amigo sobre el suelo, sin sentido pero aún con vida, junto a las llaves de los conductos de los tanques de combustible. Sin perder más tiempo, el doctor trató de hacerlas girar para cerrarlas, pero esto le significó un enorme esfuerzo, pues estaban atascadas por el calor, y las fuerzas de su cuerpo mermadas debido al humo tóxico que había inhalado en el trayecto.
Una vez que logró cerrarlas, tomó a su amigo y quiso cargarlo sobre su hombro, pero ya no tenía fuerzas, así que tuvo que arrastrarlo hasta una de las ventanas de aquel piso, que en ese momento era su única vía de escape. Estaba a solo unos metros, pero a Toffu le parecían kilómetros. Le costaba mucho dar un simple paso. La asfixia y el calor intenso lo habían agotado casi por completo. Desesperado, veía como las llamas empezaban a invadir el piso en el que ahora se encontraba. Se detuvo un instante para ponerle a su amigo la chaqueta de bombero y luego de inmediato reanudó la marcha. Avanzaba lentamente, sintiendo como las llamas empezaban a quemarle la piel. El humo tóxico le hacía ahogarse y sufría una tremenda hemorragia por nariz y boca.
Afuera, los bomberos, por respeto a la valentía que había mostrado Toffu, aguardaban por si sucedía un milagro y lograba salir con vida de aquel infierno. Era lo menos que podía hacer después de que se habían rendido y encima de todo, habían permitido que entrara solo al edificio. De pronto, vieron que alguien se asomaba por la ventana del tercer piso. Asombrados, veían como Toffu hacía señas desesperadas. Sin embargo, debido a las llamas no podían acercar una escalera para rescatarlo, así que solo les quedaba una alternativa, tenían que colocar una colchoneta junto al edificio para que el doctor saltara. Así lo hicieron, pero los ojos de Toffu, terriblemente enrojecidos e hinchados por el calor y el humo, le impedían ver con claridad para calcular el salto que debía dar para caer en la colchoneta. Parpadeó varias veces para tratar de aclarar la vista, pero nada, seguía viendo borroso y el tiempo se le agotaba, tenía que saltar ya. Con sus últimas fuerzas cargó a Takayuki en su espalda y sin pensarlo más, saltó hacia el vacío. Por breves instantes, su cuerpo giró en el aire y luego cayó pesadamente sobre la colchoneta, quedando inconsciente.
Los bomberos acudieron de inmediato a atenderlos. Takayuki también estada sin sentido, pero con un poco de oxígeno se recuperaría. En cambio Toffu tenía quemaduras en todo el cuerpo, las ropas destrozadas y sangraba de boca y nariz. Estaba al borde de la muerte. Lo llevaron al hospital más cercano donde por fortuna lograron salvarle la vida. Toffu tuvo que pasar allí casi dos años, sometido a un sinnúmero de tratamientos y a varias operaciones para recuperarse de las quemaduras. La milicia corrió con todos los gastos, pues gracias al arrojo y valentía del doctor, la base no había sido reducida a un montón de cenizas y escombros. Sin embargo, los ojos de Toffu no volvieron a ser los mismos de antes. A causa del intenso calor, las córneas se habían visto gravemente afectadas. Por suerte no quedó ciego, pero perdió el cuarenta por ciento de la visión en su ojo derecho y el sesenta por ciento en el izquierdo. Tendría que usar lentes por el resto de su vida y tenía terminantemente prohibido hacer actividades que demanden demasiado esfuerzo físico. Podía hacer ejercicio, pero no levantar pesas, ni practicar artes marciales, pues las córneas habían quedado muy débiles y con algún movimiento brusco, podrían desprenderse y quedar ciego irremediablemente. Takayuki por su parte, fue encarcelado y considerado terrorista. Pasó casi dos años en prisión hasta que descubrieron que el culpable de aquel incendio había sido el comandante Sanosuke, pues era un espía y saboteador que trabajaba para un país enemigo. No obstante, jamás pudieron apresarlo ya que consiguió huir al extranjero, no sin antes asesinar a su esposa, Tomoe.
Hirayama sabía muy bien todo lo que Toffu había hecho por su hijo. Estaba consciente de que él bien hubiese podido escapar de la base junto con el resto del personal de la misma, pero en lugar de eso había elegido ir a rescatar a Takayuki, así que ahora lo menos que podía hacer era detener a Masaru, quien en cambio, debía cumplir las órdenes de Megumi a toda costa. No podía fallarle, y aunque no tenía nada en contra de Hirayama o de Toffu, tenía que matarlos, pues su lealtad estaba con ella... con la chica de la cual se había enamorado.
Después de haberla salvado de aquellos ninjas, se había quedado al lado de la joven. Ni siquiera se preocupó de su entrenamiento. Lo único que le importaba era estar junto a ella y apoyarla en su recuperación. Así, se mantuvo a su lado, a pesar de que ella no le dirigía la palabra, es más, ni siquiera lo volteaba a ver. Con la única persona con la que hablaba a veces era con Kanori. Sin embargo, Masaru seguía allí, acompañándola en su recuperación. No sabía lo que le sucedía, esa chica le hacía sentir cosas que nunca antes había sentido. Cuando estaba junto a ella sentía como si tuviese mariposas revoloteando en el estómago. Con solo verla sentía un extraño bienestar. Cada vez que miraba su bello rostro quedaba como hipnotizado y se perdía en esos hermosos ojos azules. Poco después, se dio cuenta de que se había enamorado perdidamente de ella, pero esperó hasta que se recuperara por completo para confesarle sus sentimientos y cuando lo hizo, ella no le contestó nada, simplemente lo besó y se acostó con él. Aquel encuentro fue memorable y Masaru se sintió como en las nubes y pensó que ese era el inicio de una historia de amor que duraría para siempre. Lejos estaba de imaginar el infierno que le esperaba. No sabía la forma en que ahora pensaba Megumi, no sabía que ella había decidido cerrar su corazón al amor y que de ahora en adelante, simplemente usaría a los hombres como simples objetos para divertirse y saciar sus pasiones y más bajos deseos. Ver cómo la mujer a la que tanto amaba salía con uno y con otro chico le trajo a Masaru mucho dolor, sufrimiento, celos, impotencia, no sabía que hacer para hacerla recapacitar. Al final, no lo quedó más remedio que convertirse en uno más, en una simple "herramienta" de la chica. Solo así podría estar a su lado, pero tendría que ser cuidadoso y nunca fallarle, o de lo contrario ya no le permitiría estar junto a ella. Se convirtió en su más fiel sirviente y en "agradecimiento" de vez en cuando pasaba la noche con él. Masaru debía conformarse con eso, pero en el fondo, tenía la esperanza de que una vez que llevara a cabo su venganza en contra de Akane, finalmente las heridas de su corazón sanarían y volvería a amar.
Por eso no podía fallarle a la chica. Tenía que cumplir con lo que le había ordenado y luego ayudarle a consumar su venganza. Estaba determinado a concluir con la misión que tenía, así que sacando fuerzas de flaqueza siguió golpeando el pecho de Hirayama, pero sus esfuerzos eran inútiles. El hombre seguía apretándole el cuello, cortándole el flujo normal de la sangre hacia el cerebro y dificultándole la respiración. Una persona ordinaria hace mucho que habría caído inconsciente, pero Masaru no. Motivado por el gran amor que sentía por Megumi y alimentado por la esperanza de que algún día, cuando todo esto terminara, ella correspondería a sus sentimientos, seguía luchando por zafarse del agarre de Hirayama. Pero estaba llegando a su límite. Tenía que hacer algo o pronto quedaría sin sentido. Llevado por la desesperación y la angustia, introdujo su mano en el pequeño bolso que portaba en la cintura y extrajo un kunai, el último que le quedaba, lo empuñó fuertemente y lo clavó en el vientre de Hirayama, quien apretó la mandíbula para evitar gritar y contener el dolor tan atroz que le había provocado Masaru al apuñalarlo.
— Detente Masaru, detente por favor — dijo en tono suplicante y con voz entrecortada, pero el joven hacía caso omiso a sus palabras. Giraba el kunai en el interior de las entrañas del padre de Takayuki, causándole aún más daño y un dolor insoportable.
— Detenteee! — gritó Hirayama, pero en respuesta el chico desenterró violentamente el kunai y se lo volvió a clavar en el vientre. El dueño del barco abrió la boca desmesuradamente, pero su grito quedó ahogado en el fondo de su garganta. Sin embargo, a pesar de todo esto, seguía apretando el cuello de Masaru, quien ahora movía horizontalmente el kunai.
Hirayama, al sentir como aquella arma le habría poco a poco el vientre, muy a su pesar se vio obligado a hacer lo que desde un inicio podía haber hecho, pero que se abstuvo de hacerlo pensando que tal vez podría detenerlo sin tener que matarlo.
— Lo siento Masaru, pero no me dejas alternativa — murmuró, y con un movimiento de su brazo izquierdo rompió el cuello del chico.
El amigo de Toffu, sin fuerza ya, se desplomó junto con el cuerpo inerte del joven. De pronto, sintió frío, mucho frío...un frío que le calaba hasta los huesos. Todo su cuerpo temblaba, su visión cada vez se hacía más borrosa. Trató de ponerse de pie, pero le fue imposible. Solo pudo levantarse levemente del suelo y luego cayó de bruces sobre el gran charco formado por la sangre que había perdido y que continuaba perdiendo. Estaba solo en su barco, nadie podía ayudarlo y el tampoco estaba en condiciones de salir en busca de ayuda. Había llegado su final, hoy era el último día de su vida. Con cada segundo que pasaba, sentía a la muerte más cerca de él. Resignado, forzó una sonrisa y antes de exhalar su último aliento, dijo en su mente:
Perdón Toffu, creo que lo que te dije de charlar y beber sake ya no podrá ser, pero al menos... con esto, la deuda que tenía contigo ha quedado saldada... cuídate... amigo...
Sus ojos se cerraron para siempre y segundos después, se escuchó el ruido sordo de una explosión, y luego más y más explosiones. Los explosivos que Masaru había colocado estaban detonando uno tras otro. De esa forma, la embarcación también moría al igual que su capitán y tripulación. En pocos segundos, se vio cubierto por grandes llamaradas. El fuego rápidamente llegó a los tanques de combustible, los cuales no tardaron en explotar, al igual que el motor. El barco se partió en dos, para después lentamente hundirse hasta desaparecer en la profundidad del océano.
Mientras, en Nerima, Akane, Ranma y Nodoka, junto a Toffu y Ryoga finalmente llegaban a casa. El doctor había decidido acompañarlos, pues como ya era la hora del almuerzo, tenía la esperanza de que Kasumi lo invitara y así poder disfrutar de su grata compañía, al menos por unos minutos. El joven Hibiki en cambio, solo tenía una cosa en mente: hablar con Soun Tendo acerca del compromiso entre Akane y Ranma. Ukyo, Shampoo (junto a Mousse y Cologne) y Kodachi habían ido directo a sus respectivas casas, para preparar la mejor comida para el joven Saotome. Kuno quiso acompañar a la joven Tendo hasta su casa, pero su hermana se lo impidió y se lo llevó con ella, a rastras.
Cuando Nodoka y los demás entraron, se encontraron con la noticia de que Soun, Genma y el maestro Happosai ya habían sido dados de alta. Al fin, después de varias semanas, estaban todos juntos nuevamente. Pero aún había algo más. Nabiki los condujo al dojo y con alegría vieron que éste se encontraba en perfectas condiciones, como si jamás se hubiese quemado. Ella había invertido en la reparación del dojo el dinero que reunieron para el anuncio que iban a sacar en televisión.
— Muchas gracias Nabiki — dijo Akane y la abrazó. Saltaba a la vista lo feliz y aliviada que estaba, al ver al dojo como nuevo, pues también le afligía el saber que por causa suya éste había sido quemado. Sin embargo, ahora ya no había de que recriminarse o culparse, pues tanto el dojo como su prometido estaban bien, o eso creía.
— Yo también quiero un abrazo! — exclamó Happosai lanzándose al pecho de la chica, quien no se lo permitió y de una patada lo mandó a surcar los cielos.
— Akane, eso saldrá de tu mesada — acotó Soun señalando con el dedo índice el agujero que había dejado el maestro en el techo del dojo.
— Lo siento, papá — se disculpó la joven, apenada.
Ranma por su parte ni se inmutó. Su rostro no reflejaba emoción alguna y su mirada continuaba perdida en el infinito. Sin embargo, la voz de Kasumi lo trajo de vuelta a la realidad. La joven los llamó a la mesa, pues el almuerzo estaba listo y tal como Toffu lo esperaba, él también fue invitado, al igual que Ryoga, quien no dejaba de mirar intensamente a Soun. Luego de comer, hablaría con él de hombre a hombre. De repente, mientras caminaba hacia el comedor, algo le sucedió. Sintió que todo daba vueltas en torno a él y se desplomó. Toffu, que estaba cerca, lo sujetó evitando que cayera al suelo. Todos reaccionaron con preocupación. El doctor lo recostó en el suelo para revisarlo.
— Qué le pasó a Ryoga? — interrogó Akane visiblemente preocupada.
— Se desmayó y está ardiendo en fiebre — contestó el doctor al tiempo que empezaba a tomarle el pulso.
— Pero por qué? — inquirió Nodoka intrigada.
— Bueno, seguramente esa fiebre se debe a una infección viral o bacteriana que contrajo.
— Él estaba bien antes y durante el viaje, pero después, justo antes de subir al bus que nos trajo a Nerima vi que tenía un semblante terrible, pero me dijo que solo estaba cansado— comentó Akane — tal vez en la isla se contagió de algo.
— Puede ser... lo llevaré a mi consultorio para examinarlo con más detenimiento y controlar la fiebre alta que tiene, cualquier novedad les avisaré de inmediato — contestó cargando a Ryoga en su espalda.
— Sí, por favor doctor — pidió la madre de Ranma — si es algo viral, tal vez todos...
— No nos adelantemos, en cuanto tenga el diagnóstico hablaremos — la interrumpió Tuffu.
— Lo acompaño a la puerta — dijo Kasumi con su tono amable de siempre, lo cual puso nervioso al doctor, quien a pesar de que había tomado sus calmantes, se tensó y más cuando la joven se colocó a su lado.
— Eh... gracias — balbuceó con una boba sonrisa en el rostro, mientras en su mente se quejaba: Ay Ryoga! Qué inoportuno eres!
— Espere doctor, yo también voy — dijo Akane acercándose a Toffu — tal vez Ryoga esté así por haber ido a esa isla... su ayuda al igual que la de todos fue importante para rescatar a Ranma, así que lo menos que puedo hacer en este momento es acompañarlo y ayudarlo en lo que pueda.
El doctor asintió. El joven Saotome al ver como su prometida tomaba la mano de Ryoga y lo miraba con una profunda preocupación, no pudo evitar ponerse celoso. Sintió que la sangre le empezaba a hervir. Apretó con furia los puños, pero de inmediato se cuestionó: tenía derecho a sentir celos después de haberse acostado con Megumi? Poco a poco sus manos se relajaron y su mirada, antes iluminada por los celos y la rabia, se apagó nuevamente.
— No puede ser, de verdad, tiene mucha fiebre — comentó Akane con preocupación, cuando su mano hizo contacto con la de su amigo. Parecía que había tocado un carbón al rojo vivo en lugar de la piel del joven.
— Sí, hay que controlar esa fiebre cuanto antes, además su pulso está bastante acelerado... será mejor que nos apresuremos!
Qué está pasando con Ryoga? Será que se contagió de alguna enfermedad infecciosa allá en la isla? Y de ser así, los demás también lo estarán?
Perdón por no haber subido este capítulo la anterior semana, pero como ya les había comentado, últimamente el tiempo se ha vuelto mi más grande enemigo. Este capítulo originalmente debía ser del doble de longitud, sin embargo, por falta de tiempo no me fue posible terminar y para no dejar otra semana sin actualizar el fic, me vi obligado a dejarlo hasta aquí. Espero haya sido de su agrado, a pesar de que de nuevo no aparecieron mucho en escena los jóvenes prometidos.
Agradecimientos a los reviews:
Znta: Hola! Espero que todo te esté yendo de maravilla.
Entiendo perfectamente tu sentir y creo que muchos nos hacemos la misma pregunta y es que la chica ha hecho méritos para que todos le deseemos lo peor. No conforme con hacerle daño a Akane y su familia, ahora también se fue en contra de Hirayama y sus camaradas, quienes por el simple hecho de haber ayudado a su enemiga y porque sabían como llegar a la isla, decidió que debían ser eliminados. Afortunadamente Hirayama logró detener a Masaru, aunque a costa de su propia vida, así al menos vengó la muerte de su tripulación y salvó a Toffu y a Cologne, quizá de una muerte segura.
Gracias por continuar leyendo esta historia. Hasta el próximo capítulo. Cuídate!
Amigo: Un gran saludo para ti!
Sí, ciertamente que Ranma piensa que debe alejarse y terminar con el compromiso luego de decir la verdad; más allá de que haya sido obligado a traicionar a su prometida, él está consciente de que al final de cuentas, lo que cometió fue una traición y por eso ya no puede estar más al lado de Akane. No obstante, justamente como lo has citado en tu review, dependiendo de como Akane lo tome, es probable que ella no le permita marcharse y comprenda su situación.
Ryoga, tal como lo afirmas, iba a convertirse en un obstáculo más para los jóvenes prometidos, pero por el momento no ha podido hacer nada debido al estado en el que ahora se encuentra. Eso sí, en cuanto se recupere (si es que se recupera), lo primero que hará será buscar la forma de terminar con el compromiso entre Akane y Ranma.
Masaru fue detenido por Hirayama y ya no sabremos que hubiese pasado si se llegaba a enfrentar con Toffu y Cologne, aunque como tu dices, seguramente que no hubiese podido contra ellos.
Muchas gracias por tu valiosa opinión. Nos leemos en el siguiente capítulo.
Nancyricoleon: Muchísimos saludos para ti, amiga!
Sí, realmente que Megumi sufrió mucho, pero si hay un culpable de todo lo malo que vivió, ese es Satoshi y justo como lo has señalado, Akane no tuvo la culpa de nada e incluso fue también víctima, pues satoshi trató de abusar de ella y sin mostrar arrepentimiento alguno, se marchó diciendo un sinnúmero de mentiras que terminaron por enemistar a dos entrañables amigas.
Gracias por continuar leyendo este fic. Pásala muy bien con tu familia! Hasta el próximo capítulo.
Euridice Hibiki: Saludos cordiales, querida amiga!
Me alegra mucho saber que sigues atrapada por la trama de esta historia.
Concuerdo totalmente con lo que dices de Megumi, lo que le sucedió no justifica para nada el mal que ha causado hasta ahora.
Es cierto, qué iras con el abuelo de Megumi y Kanori. Ninguno de los dos buscó otra alternativa para ayudar a Megumi. Aunque Kanori en un principio no estuvo de acuerdo en culpar a Akane de lo que le pasó en la fortaleza, al final lo hizo, aumentando así el odio de Megumi hacia la joven Tendo.
Ahora, Ranma está decidido a marcharse después de contar la verdad, pero como dices, esperemos que Akane lo perdone.
Hirayama, gracias a su corpulencia y a su férrea voluntad, sobrevivió al ataque de Masaru y sacrificó su vida para detenerlo y así vengar la muerte de sus camaradas y sobre todo evitar que Toffu, quien en el pasado salvó la vida de su hijo, corra algún riesgo.
Y Ryoga, bueno, fue llevado al consultorio, y seguramente Toffu encontrará que está provocando esa fiebre tan alta y la alteración de su ritmo cardiaco.
Tú también, espero que hayas tenido una excelente semana y que en ésta, de igual manera, te esté yendo de maravilla. Cuídate mucho! Hasta el siguiente capítulo!
Serena Tsukinoo: Un cordial y atento saludo!
Me encuentro muy bien, aunque más ocupado que baño público, pero estoy bien. Gracias por preguntar.
Me da gusto saber que el capítulo anterior te pareció interesante.
Lo que dices de Megumi es muy cierto. Sería injusto no reconocer y comprender que ha sufrido mucho, pero eso no la exenta de un merecido castigo por sus malas acciones.
Por culpa de las mentiras de Satoshi, Megumi terminó odiando a Akane, pensando lo peor de ella, creyéndola una traidora. Y después, cuando su abuelo, Showtaro, contrató ayuda profesional para tratar de que supere la muerte de sus padres, el psicólogo encontró en Megumi un odio profundo hacia una sola persona: Akane. En cuanto Showtaro se enteró de esto, se valió de ese odio para hacerla recuperar la voluntad de vivir. Luego, Kanori hizo lo mismo. Ambos dirigieron toda la culpa hacia la joven Tendo, sin saber que el culpable, quien inició todo, fue Satoshi.
Y bueno, ahora que los chicos están de vuelta en Nerima, casi todo ha regresado a la normalidad. Sin embargo, tal como has dicho, solo Ranma y Ryoga están diferentes a como suelen ser.
Cuídate mucho! Nos leemos en el próximo capítulo.
Astrid Saotome: Hola Astrid!
Masaru supo ganarse la confianza de todos. Desde un inicio se mostró como alguien ingenuo, pero muy atento, siempre dispuesto a ayudar en todo lo que podía. Tal es así que hasta colaboró con algunas ideas para el plan de Toffu. Se ganó el cariño y aprecio de todos, así, ninguno podría sospechar de él y confiarían ciegamente en cada palabra que el dijera. Motivado por el gran amor que sentía por Megumi, se esforzó para aparentar a la perfección ser un aliado y que nadie descubriera lo que realmente era, para cumplir a cabalidad la misión que la chica le había encomendado. Hirayama afortunadamente logró detenerlo, aunque pagó un precio muy alto, pero evitó que Cologne y Toffu se conviertan en las siguientes víctimas y por el momento, están a salvo.
Como has citado en tu review, Ranma está muy afectado, y bueno, en el próximo capítulo sí, por fin veremos que sucede entre los chicos, pues hoy tampoco aparecieron mucho en escena.
Es impresionante todo lo que vivió Megumi, e indignante saber que de cierta forma, quien desencadenó todo eso, fue Satoshi y sus mentiras, debido a las cuales, Megumi, Kanori y Showtaro piensan que la culpable es Akane, quien como tu bien dices, fue una víctima más de aquel embustero, que en mala hora apareció en sus vidas.
Ryoga, cada vez está peor. Tiene mucha fiebre y está con el pulso acelerado. Toffu se lo llevó al consultorio para controlar esos síntomas y determinar que los está provocando. Sin embargo, lo que encuentre, lo va a dejar muy desconcertado.
Un abrazo para ti también. Hasta el siguiente capítulo. Pásala bien!
Muchas gracias también a quienes no dejan reviews, pero continúan pendientes de este fic.
Pásenla bien! Nos leemos en el próximo capítulo. Cuídense mucho!
