Capítulo 16 ½: hermanas de corazón (especial de Navidad).
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Dedicado a ustedes, queridas lectoras y estimados lectores...
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Especialmente, para quienes (al igual que yo) todavía le dejan leche y galletas a Santa Claus n.n
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Una niña de no más de diez años de edad, de cabello castaño y ojos azules, caminaba pensativa por la acera de una de las principales calles de Nerima. Era veinte y cuatro de diciembre y las tiendas y calles estaban abarrotadas de gente. Hace ya media hora que había dejado de nevar, pero hacía frío, mucho frío. Quien no saliese con un buen abrigo sin duda que la pasaría mal.
— Una navidad más — musitó exhalando un leve suspiro. Su aliento salió como humo; detuvo la marcha, se abrazó a sí misma y movió sus pies, conservando un poco de calor, mientras se sumía de nuevo en sus pensamientos...
Navidad, el momento del año en que menos se sentía a gusto. Por estas fechas, sus padres solían salir de viaje y la dejaban sola en casa. Ni siquiera tenía la compañía de la servidumbre, pues nadie quería trabajar aquel día, en vez de pasar la nochebuena con su familia. Así era, al menos desde que tenía memoria y este año no fue la excepción. Con la excusa de que tenían que atender urgentemente unos negocios, habían viajado al extranjero y no regresarían hasta después de año nuevo. Y aquí estaba, sola, deambulando por las calles, pues era mejor sentir el frío que venía del clima, que aquel que sentía en casa, debido a la soledad provocada por la ausencia de sus padres. La pequeña de cabello castaño frunció los labios. Padres? se preguntó con una mezcla de frustración y tristeza. Es que acaso esas dos personas merecían ser llamados padres? Si ni siquiera en navidad y fin de año se dignaban en compartir tiempo con ella. Siempre estaban preocupados de sus negocios. Todo en su vida giraba en torno a sus trabajos, a la empresa que manejaban y jamás tenían tiempo para ella, su hija, su única hija, que hace mucho que se había cansado de rogar por un poco de atención, por un poco de cariño, de amor. Por fortuna, al menos contaba con los vecinos de la casa de enfrente, los cuales resultaron ser buenas personas y poco a poco se habían convertido en algo así como su segunda familia. Gracias a ellos, su vida no estaba del todo vacía, pero aun así, le hacía falta sentir el afecto de sus padres y en esta época del año era cuando más sentía la ausencia del amor maternal y paternal. Pero más allá de todo eso, le encantaba salir a la calle los días anteriores al veinte y cinco de diciembre y ver a la gente comprando regalos, la alegría de los niños mirando los adornos y luces navideñas de las tiendas que recibían a los ávidos compradores.
Continuó caminando un rato más, hasta que finalmente dieron las cuatro de la tarde. Ansiosa y apresurando el paso se dirigió hacia una papelería, para retirar un pedido especial que había hecho hace poco más de dos semanas. Cuando le entregaron aquel pedido, no pudo evitar esbozar una enorme sonrisa. Estaba totalmente complacida con lo que sus ojos veían y sin más, pidió que lo envolvieran en papel regalo. Acto seguido, lo guardó en una funda de papel y abandonó aquel sitio. Avanzó un par de calles más, hasta un teléfono público, e iba a usarlo, cuando su mirada se fijó en una joven pareja de esposos que caminaba con su pequeño hijo, el cual iba en medio de los dos, tomándolos a cada uno de las manos. Por un instante se imaginó a sí misma, caminando de la misma manera, feliz, junto a sus padres, pero enseguida interrumpió sus pensamientos, antes de que sus ojos se llenaran de lágrimas.
— No es momento para deprimirse, hoy tengo algo muy importante que hacer — se dijo la niña y sin pensar más, marcó un número que se lo sabía de memoria, como si lo marcara con mucha frecuencia. Habló rápidamente con alguien y después de colgar caminó hacia una esquina, donde se detuvo.
Durante los próximos veinte minutos, permaneció allí, de pie, mirando con insistencia la hora que marcaba su reloj de pulsera y un punto en la acera de enfrente, hasta que por fin, sus ojos vieron que alguien conocido se aproximaba. De inmediato la expresión de su rostro cambió y esbozó una cálida sonrisa al ver que una hermosa niña de cabello azulado cruzaba presurosa la calle y se paraba justo frente a ella.
— Siento llegar tarde, Megumi — se disculpó la pequeña haciendo una reverencia.
— Descuida Akane, seguramente fue por el señor Tendo, verdad?
— Sí, ya sabes como es mi papá, tuve que insistir e insistir para que me dejara venir… por cierto cuando me llamaste por teléfono, creí que estabas en tu casa.
— No, salí a caminar un poco y mientras lo hacía, se me ocurrió algo, así que decidí llamarte, porque necesito tu ayuda, amiga.
— Mi ayuda? — inquirió Akane intrigada.
— Hoy en la mañana recibí un sobre que mis padres me enviaron, un sobre con mucho dinero… el suficiente como para comprar toda una juguetería — aseveró Megumi.
— Vaya, sí que son generosos — comentó Akane — pero ni con todo el dinero del mundo podrán compensar su ausencia.
— Tienes mucha razón amiga… pero en fin, recuerdas que el año anterior mis padres hicieron lo mismo y con el dinero que me dieron compré esa enorme casa de muñecas?
— Sí, y esta vez que piensas "regalarte"?
— Nada, quiero hacer algo diferente.
— A qué te refieres? — preguntó la niña de cabello azul, sin comprender las palabras de su amiga.
— A que la anterior vez fui demasiado egoísta… pero ahora lo he pensado mejor y usaré ese dinero para comprar muchos, muchos juguetes y regalarlos a los niños y niñas de Nerima que en esta navidad, por diversos motivos, no recibirán ningún regalo…que te parece, eh?
— Me parece… — Akane guardó silencio por unos segundos y luego, mirando con admiración a su amiga, agregó con un tono de voz más alto — genial, Megumi!
— Bien, entonces vamos a comprar juguetes!
Sonrientes, las dos chiquillas ingresaron a la primera de las muchas tiendas que visitarían ese día. En el transcurso de dos horas, entraron a una decena de tiendas y compraron juguetes de todo tamaño para niños y niñas, además de un sinnúmero de dulces y golosinas.
Salieron cada una con dos grandes fundas repletas de obsequios. Para Akane no fue problema cargarlas, pero si para Megumi, por lo cual, la pequeña Tendo, tuvo que llamar a su padre para que las ayudara. Así, junto a él se dirigieron a la zona más pobre de Nerima. En las calles de dicho sector, habían muchos niñas y niños jugando con la nieve. A pesar de que no estaban cubiertos con abrigos caros, ni llevaban guantes o bufandas, parecía que no sentían frío, simplemente corrían, compartiendo un rato agradable con sus amigos, lanzándose bolas de nieve o deslizándose sobre ésta, otros estaban muy entretenidos haciendo muñecos de nieve. Akane, Soun y Megumi aprovecharon esto, para repartirles los juguetes y dulces que habían comprado.
Luego, fueron de casa en casa golpeando las puertas, y en cada hogar donde había niños o niñas dejaban obsequios. Así lo hicieron hasta que la noche los sorprendió, poco antes de que se quedaran sin juguetes. Aún faltaba visitar algunas casas, pero ya era muy tarde como para ir a comprar más obsequios. Además, las pequeñas estaban exhaustas, pero había valido la pena todo ese esfuerzo; les había sido gratificante ver la alegría de los niños y niñas cuando recibían los juguetes y golosinas. Pero por ahora, no podían continuar y no les quedó más opción que dejar las cosas así, pero se prometieron regresar mañana, pues a Megumi le sobraba aún mucho dinero y qué mejor que seguirlo compartiendo y haciendo felices a más chicos.
Una vez que estuvieron de vuelta en casa, Megumi le agradeció a Akane y también al buen Soun.
— Muchas gracias, señor Tendo.
— No hay de qué — contestó el hombre, revolviendo los cabellos de la niña — y más bien, déjame felicitarte Megumi, lo que hiciste fue muy noble, tienes un gran corazón, nunca cambies pequeñita… cuando crezcas, sin duda te convertirás en una jovencita hermosa y de buenos sentimientos.
Megumi, muy conmovida por las palabras de Soun, no supo qué decir. Se sonrojó mucho y clavó la mirada en el piso. Sintió una enorme felicidad y calidez en su corazón, pero también le fue imposible no pensar en su padre, quien según recordaba ella, jamás le había dicho algo así, nunca le había dirigido alguna palabra de cariño. Es más, casi ni lo veía, pues se iba temprano a su trabajo y regresaba en la noche cuando ella ya estaba dormida.
— Megumi, estás bien? — le preguntó Akane al verla tan pensativa.
— Tal vez dije algo que la molestó — acotó Soun.
— No! — gritó Megumi, casi sin darse cuenta de su tono de voz.
— No? — preguntaron Akane y su padre al mismo tiempo, mirándola interrogantes.
— Sus palabras fueron muy amables señor, no me molestaron, al contrario.
—Entonces, qué te pasa? — inquirir Akane con preocupación.
—Nada, solo estoy algo cansada.
—Claro, fue una tarde muy agitada — aseveró Soun — descansa un poco, para que recuperes fuerzas para la cena, recuerda que como siempre, estás cordialmente invitada.
Megumi asintió sonriente.
—Nos vemos en la cena— dijo Akane retirándose junto con su padre.
La pequeña Megumi caminó dispuesta a cruzar la calle e irse a su casa, pero no quería estar sola, así que se dio vuelta y le habló a su amiga:
—Akane, qué te parece si vemos una película navideña hasta que sea hora de la cena?… Tengo muchas en casa.
La niña de cabello azulado, miró a su padre, como pidiéndole permiso con la mirada.
—Adelante, ve con tu amiga, aún falta hora y media para la cena.
—Gracias papá! — exclamó y luego, volteando a ver a su amiga dijo —podrías adelantarte? En seguida te alcanzo.
—De acuerdo, pero no te tardes —señaló Megumi y cruzó la calle.
Una vez que Akane quedó a solas con su padre, le hizo a éste una seña para que se agachara. Acto seguido, le susurró algo al oído. El rostro de Soun adquirió una expresión de sorpresa. La menor de sus hijas lo miró suplicante.
El hombre suspiró resignado. Era imposible negarle algo cuando lo miraba de esa forma.
—Está bien, hija, lo haré.
—Muchas gracias papá, eres el mejor papá del mundo — dijo Akane pasando sus brazos por el cuello de
—Sí, lo sé —contestó el "modesto" padre, al tiempo que se reincorporaba y levantaba en brazos a su pequeña y adorada hija.
Una hora después, Akane y Megumi se encontraban en la habitación de esta última, mirando entretenidas la película. De pronto, escucharon un ruido extraño que parecía venir del techo de la casa.
—Escuchaste eso? — Megumi se puso de pie inmediatamente y pausó la película.
—Qué podrá ser? — dijo Akane fingiendo desconcierto.
Ambas se quedaron inmóviles, a la expectativa, esperando a ver si escuchaban algo más, pero nada, solo silencio.
Mientras, en el techo, vestido con un traje idéntico al de Santa Claus, Soun trataba de entrar por la chimenea, pero tenía problemas para hacerlo. El relleno que se había colocado en el vientre para lucir igual de llenito que Santa, le dificultaba la entrada por aquella angosta chimenea.
—Rayos, me gustaría saber cómo le hace para entrar con un abdomen tan abultado — masculló Soun, quien luego de mucho forcejeo, finalmente logró meterse a la casa. Pero todo estaba muy oscuro, así que al primer paso que dio, sin darse cuenta, con el brazo rozó y echó abajo un enorme y costoso jarrón de porcelana, el cual apenas tocó el suelo se rompió en pedazos. El patriarca se quedó inmóvil sin saber qué sucedía.
En ese instante, en el piso de arriba, las niñas escucharon ruidos en la planta baja de la casa. Megumi supuso lo peor, pensó que algún ladrón había entrado.
—Espera aquí —le dijo a Akane y como centella, bajó por las escaleras hasta la cocina. Tomo una sartén y caminó rumbo a la sala. Allí, forzando su vista al máximo, descubrió un bulto grande en medio de ésta.
—El ladrón—musitó la niña. Sus manos empezaron a temblar. Estaba nerviosa, pero no podía darse el lujo de sentir miedo. De cualquier forma, tenía que encargarse del malhechor y proteger a su mejor amiga. Así, pensado en el bien de Akane, controló el miedo que sentía y con gran determinación, avanzó con sigilo hasta donde estaba aquel sujeto, el cual se había agachado, pero para tratar de ver qué había roto, y no para ocultarse, como Megumi supuso.
La niña conocía muy bien la casa, y la ubicación de cada cosa, por lo que a ella le fue fácil caminar sin chocar con nada. Cuando estuvo lo suficiente cerca del ladrón, con ambas manos sujetó fuertemente la sartén por el mango, la levantó y con ésta, golpeó violentamente la cabeza del intruso.
Ajena a todo esto, Akane permanecía en el segundo piso, pensando en la sorpresa que le aguardaba a su amiga.
La pequeña Tendo se había dado cuenta de que Megumi estaba algo triste, seguramente porque sus padres de nuevo la habían dejado sola. En vista de eso, le había pedido a Soun que se vistiera como Santa Claus y que entrara por la chimenea de la casa, para sorprender a Megumi y alegrarle al menos un poco esta noche del veinte y cuatro de diciembre. Luego, los tres juntos, cantarían algunas canciones navideñas, para después, con Nabiki y Kasumi, cenar y desearse feliz navidad.
—Akane! Akane!
Los gritos de Megumi la sacaron de sus pensamientos. Notó angustia en la voz de su amiga. Preocupada y algo desconcertada bajó tan rápido como pudo y grande fue su sorpresa al ver a Megumi junto a "Santa", que yacía tendido de espaldas sobre el suelo de la sala.
—Creo…. Creo que noquee a Santa —comentó Megumi con voz temblorosa. Todavía sujetaba fuertemente el mango de la sartén.
Akane corrió a auxiliar a su padre. Se arrodilló junto a él y golpeándole suavemente las mejillas dijo:
—Papá! Papá! Estás bien?
—Papá? —inquirió Megumi desconcertada.
—Perdón… perdón maestro… ya no me golpee más, por favor, le prometo que voy a robar la ropa interior de todas las chicas del pueblo, pero ya… no me golpee — balbuceo el hombre.
—Pero qué dices papá?! Reacciona! — Akane estaba empezando a preocuparse; afortunadamente, Soun se recuperó enseguida y se puso de pie.
—Qué ocurrió? —preguntó aun aturdido por el golpe.
Megumi se inclinó ante Akane y Soun y se disculpó.
—Perdónenme por favor, creí que era un ladrón y por eso lo golpee con la sartén. Akane se acercó a ella y la obligó a levantarse.
—No te preocupes, no fue tu culpa, en tal caso fue mi culpa, porque el plan que se me ocurrió no fue muy bueno, después de todo.
—Qué plan? —preguntó Megumi intrigado.
Akane le explicó brevemente lo que había planeado, a lo cual, Megumi agradeció y de nuevo se disculpó por haber golpeado a Soun y haber arruinado el plan de su amiga.
—Siento haberlo golpeado, señor Soun, si quiere regañarme…
—Ya olvídalo, pequeña, aquí no ha pasado nada.
—Pero es que lo golpee muy fuerte y….
—Descuida —la interrumpió Akane — mi papá es el hombre más fuerte de este mundo.
—Así es, ese golpe no significó nada… recuerda que soy un consumado artista marcial — rio Soun, sacando pecho y colocando las puños en la cintura.
—Pero parecía que estaba casi inconsciente — comentó Megumi algo incrédula.
—Ah! Solo bromeaba… jajajaja — mintió el padre de Akane.
—Y eso, no le duele? —preguntó Megumi apuntando con el dedo el enorme chichón que el patriarca tenía en medio de la frente.
—No para nada— le aseguró, forzando una amplia sonrisa, a la vez que apretaba los dientes con fuerza, para contener el dolor que sentía.
—Qué alivio — suspiró Megumi — me alegra saber que está bien, señor Tendo.
—Bueno niñas, yo iré a ver si no hace falta algo para la cena.
Apenas dijo esto, Soun salió corriendo como centella, cruzó la calle, entró al dojo y ahí, le dio rienda suelta a su dolor. Empezó a saltar de un lado para el otro, mientras gritaba agitando las manos:
—Ayayayayay! Ay! Ay! Qué dolor! Que dolor! Cómo duele esto, maldición! Por todos los renos de Santa! Como me duele!
Quince minutos después, Akane y Megumi terminaban de mirar la película que se había visto interrumpida por el incidente de "Santa", que más bien resultó ser Soun. Ambas se disponían a abandonar la casa y dirigirse a la de los Tendo, pues ya faltaban escasos minutos para la hora de la cena, pero antes de salir, Megumi le entregó a Akane el obsequio de navidad que había recogido esta tarde, en la papelería.
—Feliz navidad, amiga.
—Muchas gracias Megumi — contestó Akane muy contenta.
—Adelante, ábrelo!
Lentamente la pequeña Tendo le quitó la envoltura y descubrió lo que se ocultaba debajo de ésta.
Era una especie de cuaderno, de más o menos veinte centímetros de largo por quince de ancho. Pero tenía una portada bastante inusual. Estaba hecha de un material similar al cuero, tinturado de un color rosa muy suave, y en ésta, con letras doradas estaba grabado su nombre: Tendo Akane.
—Vaya, es un… cuaderno? — dijo Akane algo desconcertada y luego añadió— pero… está muy lindo, muchas gracias Megumi.
—No es un cuaderno, Akane, bueno, sí, lo es, pero no lo es… ay! Lo que quiero decir es que ese cuaderno es para que lo uses como tu diario, mira, yo tengo uno igual, pero con mi nombre en la portada... allí, a partir de ahora, escribiremos todo lo que hagamos día a día y en el futuro, cuando seamos abuelas, nos sentaremos juntas a tomar el té y leeremos nuestros diarios para recordar con nostalgia y a la vez con alegría, todas las cosas que compartimos a lo largo de nuestra vida... que te parece?
Akane no dijo nada, simplemente la abrazó con fuerza. Megumi de inmediato correspondió al abrazo con igual intensidad. Así permanecieron un buen rato, hasta que finalmente se separaron.
— Me encanta la idea y me gusta mucho este diario — aseveró Akane, pero de repente su rostro se ensombreció.
— Akane? Qué pasa? Por qué de repente te pones triste.
— Es que yo... yo... no tengo un obsequio para ti — dijo Akane con cierto pesar en su voz — este año hemos estado cortos de presupuesto y los pocos ahorros que teníamos papá los gastó en la cena, ya sabes, cuando se trata de comida, el no escatima en gastos y bueno... yo no.
— Akane — Megumi pusos sus manos en los hombros de la pequeña Tendo — no te preocupes, tu ya me diste lo más grande y más valioso que existe.
— A qué te refieres? — inquirió algo desconcertada la niña de cabello azulado, pues no recordaba haberle obsequiado nada.
—Hablo de tu amistad, Akane, me diste tu amistad y eso es lo más valioso que tengo, y lo atesoraré por siempre... eres mi mejor amiga y te quiero, te quiero mucho.
— No solo somos amigas, Megumi — sonrio Akane — somo hermanas.
— Hermanas? — ahora la joven castaña era quien se veía desconcertada.
— Sí, hermanas, no de sangre, pero somos hermanas de corazón — señaló Akane mirándola fijamente a los ojos.
— Hermanas — repitió Megumi dibujando una amplia sonrisa en sus delgados labios— sí, mejores amigas y hermanas... de corazón, suena bien, suena muy bien.
— Yo también te quiero mucho, hermana.
De nuevo, las niñas se fundieron en un cálido y tierno abrazo que duró mucho más que el anterior.
Ambas estaban unidas por una amistad que parecía que nadie más destrozaría, y a partir de ese día se forjaría una hermandad tan fuerte, que no pasaría desapercibida para los habitantes de Nerima. A partir de aquí, se comenzaría a escribir una hermosa y a la vez triste historia de dos grandes amigas, que convivieron juntas y que compartieron muchos momentos felices.
— Feliz navidad, hermana Akane.
— Feliz Navidad, hermana Megumi.
Juntas, con una hermosa sonrisa en sus infantiles rostros y tomadas de la mano, cruzaron la calle, entraron a casa de los Tendo y caminaron hacia el comedor en donde Nabiki, Kasumi y Soun las esperaban para empezar con la cena de nochebuena.
Espero que este corto capítulo haya sido de su agrado; y aprovecho este medio para desearles de todo corazón:
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*::::::::: FELIZ NAVIDAD y PRÓSPERO AÑO NUEVO :::::::::::*
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Pásenla muy bien con su familia, con sus amigos... con todos sus seres queridos. Ojalá que los recuerdos que hagan esta Navidad sean mágicos. Que este nuevo año esté lleno de éxitos y logren alcanzar todas y cada una de sus metas y anhelos.
Desde Ecuador, les envío inalámbricamente un abrazo enorme, junto con mis mejores deseos para el año venidero. Sinceramente, espero que el 2015 les traiga muchas alegrías y les colme de satisfacciones.
Que todas y todos se la pasen excelente!
