Saludos cordiales, amigas, amigos! Espero que se encuentren muy bien.
Capítulo 17: noticias inesperadas.
En casa de los Tendo, todos estaban reunidos. Finalmente, luego de más de un mes parecía que las cosas volvían a la normalidad. Los patriarcas y el maestro Happosai ya habían sido dados de alta, Ranma había sido rescatado de manos de Megumi; Nabiki por su parte, había hecho reparar el dojo, usando el dinero que reunieron para el anuncio que pretendían poner en televisión. Todo estaba bien, o eso parecía. Kasumi tenía todo listo para servir el almuerzo, cuando Ryoga, repentinamente se desmayó. El doctor Toffu lo examinó brevemente y notó que tenía el pulso acelerado y una fiebre muy alta. Así que sin perder más tiempo, con el joven Hibiki en su espalda y junto a Akane, quien se ofreció a ayudar en todo lo que pudiera, partieron de inmediato hacia el consultorio.
Ranma desvió la mirada, evitando ver como su prometida se marchaba junto con Toffu y Ryoga; se dio media vuelta y caminó rumbo a las escaleras.
— No vas a almorzar? — le preguntó Nodoka, extrañada al ver que su hijo no se dirigía a la mesa.
— Ahora no tengo hambre — contestó con un tono de voz frío y apenas audible.
Nodoka no podía creer lo que había escuchado. Acaso había dicho que no tenía hambre? Por unos segundos se quedó como en shock. Ciertamente que llevaba poco tiempo de convivir con él, pero en ese corto periodo, jamás lo había visto con falta de apetito. Él nunca se perdía una comida. Luego entonces, seguramente había oído mal. Así que para cerciorarse, le preguntó:
— Qué dijiste hijo?
Pero el joven Saotome no contestó. Ya había empezado a subir las escaleras y estaba sumido en lo más profundo de sus pensamientos, por lo cual no escuchó las palabras de su madre, quien lo miró detenidamente hasta que lo perdió de vista. Ya no había duda, había escuchado bien, en verdad su hijo no tenía pensado almorzar.
— Ranma — musitó casi sin darse cuenta y repentinamente, sin que pudiera controlarlo, se le vino a la mente una gran preocupación. Empezaron a surgirle un sinnúmero de interrogantes. Se planteó la posibilidad de que tal vez, al igual que Ryoga, también estaba enfermo. No podía quedarse sin saber qué le estaba pasando a su hijo, a su único hijo, que se comportaba de una manera muy diferente y... algo extraña.
Con decisión se encaminó hacia las escaleras, pero Genma, quien había visto y escuchado todo, la alcanzó y la sujetó del brazo.
— Será mejor dejarlo a solas por un tiempo — señaló el hombre.
— Eh? Pero...
— Dijiste que Ranma estaba encerrado en una celda, verdad?
— Sí y qué con eso? — replicó Nodoka.
— Bueno, seguro esa es la razón por la cual está así, como deprimido.
Nodoka lo miró con gesto de desconcierto. No comprendía a qué razón se refería su esposo. En respuesta, Genma colocó una mano en el hombro de la señora y añadió:
— Lo hirieron en su orgullo, reteniéndolo como un animal en esa celda, y él no fue capaz de revelarse y escapar... seguro eso lo afectó mucho, ya sabes como somos los Saotome, muy orgullosos...jejeje... pero también somos muy fuertes y nos recuperamos muy rápido de lo que sea... así que no te preocupes más, ya verás que pronto estará armando pleito conmigo o con su prometida, igual que siempre.
— Bien, será como tu digas, querido, pero si se salta una comida más, entonces yo...
— jajaja — rio Genma — de veras crees que va a aguantar sin probar bocado todo el día? Te aseguro que para la cena, el será el primero en sentarse a la mesa.
— Eso espero.
— Ya, esposa mía, quita esa cara de preocupación y vamos a comer.
— Lo único que se me quitó fue el apetito.
— Oh! vamos Nodoka! — espetó Genma tomándola de la cintura y llevándola hacia el comedor — aunque sea come un poco, yo me encargo del resto y de la porción de Ranma.
Entretanto, el joven Saotome caminaba hacia el baño. Tenía un dolor de cabeza pesado, debido a la culpa tan grande que le taladraba el cerebro y al enorme temor que lo atormentaba. Sí, tenía miedo, quizá tal vez mucho más miedo que el que sentía cada vez que pensaba en confesar su amor. Estaba atemorizado, no podía negarlo, pues sabía que después de decir la verdad sobre lo sucedido con Megumi, tendría que marcharse de casa de los Tendo e irse muy lejos. Así lo había decidido, pues estaba consciente que no merecía estar más al lado de Akane; sin embargo, le causaba temor el simple hecho de pensar en que ya nunca más la vería, sus ojos jamás volverían a deleitarse con esa hermosa sonrisa que le cautivaba e hipnotizaba, que estremecía todos y cada uno de sus sentidos. Estaba seguro que iba a extrañar hasta los bien merecidos golpes que la chica le propinaba. Tenía miedo, mucho miedo, y cada vez que pensaba en ello, tenía la sensación de que perdía el corazón, como si se le escapara del pecho para sumirse en una cueva profunda y oscura. Y se preguntó, si existía algo más doloroso que alejarse de la persona a la que se ama con todas las fuerzas del corazón, del alma y de la mente.
Un dolor en el costado derecho del cráneo lo sacó de sus pensamientos. Definitivamente necesitaba tomar una ducha. Se quitó la ropa, caminó hasta colocarse bajo la ducha y dejó que el agua caliente fluya sobre él. Mientras el líquido vital chocaba contra su cabeza, las escenas de aquel día, cuando había despertado desnudo en la cama junto a Megumi, se reprodujeron de golpe en su mente. Deseaba que el agua borrara todo, que se llevara por el desagüe todo por lo que había pasado, pero eso era imposible. El agua ni siquiera podía borrar las huellas que Megumi le había dejado en el cuerpo, cuando aprovechándose de su falta de energía, lo bañaba y de paso lo besaba y acariciaba a placer. En su pecho, brazos y piernas aún habían varios chupetones y en la espalda todavía estaban las marcas de sus uñas. Además, aunque el agua pudiese borrar todos y cada uno de esos "recuerdos" que le había dejado, aún había una cosa que no podía eliminar, de ninguna forma: la traición que había cometido.
Veinte minutos después, salió cubierto solamente con una pequeña toalla enrollada alrededor de la cintura, pero casi enseguida regresó y se metió de golpe nuevamente al baño.
Qué diablos te pasó, eh? Es que te has convertido en un maldito cobarde? : se recriminó el chico mentalmente, al tiempo que estrellaba su puño contra la pared. Había sentido temor de que alguien viera las particulares marcas que tenía en su cuerpo y por eso había entrado otra vez al baño.
Lentamente giró el rostro hacia un costado, donde se encontraba un espejo y caminó hasta quedar frente a él. Entonces, pudo ver su deprimente reflejo. Su cuerpo escuálido debido a la falta de alimento a la que lo había sometido Megumi y a que además no había hecho ejercicio por más de un mes. Su rostro, aún después de haberse duchado lucía demacrado y con ojeras. Pero el verse así no fue lo que más le impacto. Por unos segundos le pareció ver que en su frente estaban escritas dos palabras... dos palabras que de cierta forma, sentía que lo describían perfectamente: cobarde traidor.
Con brusquedad se pasó el dorso de la mano por la frente varias veces. Desesperado se miró nuevamente en el espejo y suspiró aliviado al ver que nada estaba escrito en su frente. Cerró los ojos y agitó la cabeza un par de veces. No podía dejar que esto continuara así, de lo contrario seguro terminaría enloqueciendo. Por un instante, se imaginó a sí mismo con el cabello revuelto, los ojos desorbitados y riendo igual que Kodachi. Nuevamente agitó la cabeza para alejar de su mente aquella perturbadora visión. En eso, otra vez sintió un dolor agudo y punzante en el costado derecho de su cabeza. Parecía que su cerebro estaba demasiado cansado después de mucho pensar y estar sometido a tanta tensión. Además, desde que lo habían confinado a aquella horrible celda, no había podido dormir como era debido. Era evidente que necesitaba al menos unas horas de sueño reparador o su cabeza terminaría por estallar.
Con mucho sigilo salió del baño y se dirigió a su cuarto, donde una vez que se vistió, tendió un futón y se recostó sobre él para tomar una pequeña siesta, que tanta falta le hacía. Al sentir aquella gran comodidad, totalmente diferente al frío y duro suelo de la celda y sumado a eso el enorme cansancio mental que traía a cuestas, cayó en un profundo sueño casi de inmediato.
Cerca de allí, en el consultorio, Toffu miraba con cierta preocupación a Ryoga, quien permanecía recostado en la camilla en ropa interior, con la temperatura corporal aún demasiado alta. Akane, algo sonrojada, de rato en rato, dirigía fugazmente la mirada hacia su amigo para ver si mostraba algún signo de mejoría, pero nada. El chico seguía al borde de la inconsciencia, delirando y sufriendo alucinaciones.
— Hace media hora que le puse dos supositorios de aspirina, pero la fiebre no cede — manifestó Toffu viendo como a Ryoga cada vez se la hacía más difícil respirar.
— Y ahora qué hacemos doctor? — inquirió Akane con un temblor de preocupación en la voz.
— Su temperatura ha llegado ya a los cuarenta y un grados centígrados — comentó Toffu con una mezcla de frustración y pesar, mientras observaba el termómetro que acababa de retirar de la boca del joven Hibiki — tal vez pronto empiece a convulsionar.
— Convulsionar?
— Sí — contestó el doctor exhalando un profundo suspiro, al tiempo que en su mente decía:
Bien, no me queda más que usar eso, aunque no me gusta mucho la idea, no tengo más alternativa.
Luego miró seriamente a la joven Tendo y le pidió que trajera del baño una tina y la llenara con hielos. La chica obedeció y tan rápido como le fue posible cumplió con lo que el doctor le había solicitado. A continuación colocaron a Ryoga en aquella tina durante unos segundos nada más, pero bastaron para que el cuerpo caliente del joven derritiera algunos hielos. El agua fría entró en contacto con su piel, pero increíblemente éste no cambió a su forma maldita de Jusenkyo.
Toffu y Akane lo sacaron de la tina y lo llevaron de vuelta a la camilla, lo recostaron e inmediatamente empezaron a pasarle por todo el cuerpo esponjas empapadas con suero salino, para mantener la temperatura que debido a la inmersión en los hielos había caído hasta treinta y ocho grados y evitar que subiera nuevamente. Akane había manifestado que ayudaría en todo, pero jamás se había imaginado que tendría que hacer algo como eso. Tenía el rostro muy sonrojado y mientras pasaba la esponja dirigía la mirada hacia otro lado, para no ver el cuerpo desnudo de Ryoga (seguía solo en ropa interior). Pero aunque no lo veía, temblaba al sentir a través de la delgada esponja los músculos fuertes y bien marcados de los brazos y piernas del joven. Sus ojos como el metal es atraído por el imán, por un segundo se desviaban aun contra su voluntad hacia el cuerpo atlético del chico.
— Estás bien? Parece que tu también tienes fiebre, tu rostro está muy rojo — preguntó Toffu pensando que tal vez la joven también estaba empezando a sentirse mal.
— Eh, sssí estoy bien, no se preocupe doctor, yo estoy de maravilla jeje — reía nerviosamente mirando el techo del consultorio.
— En serio estás bien?
— Sí, de veras, no se preocupe — balbuceó la chica.
Horas después, Akane abandonaba el consultorio. Sentía un gran alivio pues finalmente habían logrado controlar la fiebre y ahora Ryoga dormía profundamente rendido por el agotamiento que le había provocado la alteración en su temperatura corporal. Había pasado prácticamente toda la tarde ayudando al doctor Toffu y hace rato que la noche se había hecho presente. Mientras caminaba de vuelta a casa, en su mente aún estaban las imágenes de Ryoga, en ropa interior, recostado en aquella camilla. Por más que quería, no podía apartar eso de su cabeza. De pronto, junto a la imagen del joven Hibiki, apareció Ranma, cruzado de brazos, mirándola fijamente con el ceño fruncido y moviendo la cabeza negativamente.
— Qué te pasa? Por qué me miras así, idiota? — vociferó golpeando fuertemente con el puño una pared y echándola abajo. Lo había hecho inconscientemente y cuando se dio cuenta, se llevó ambas manos a la boca en gesto de suprema sorpresa.
La pareja de recién casados que vivía en aquella casa salió como centella al escuchar el ruido del concreto haciéndose añicos. Antes de que la vieran, la chica se escondió detrás de un poste, apoyando la espalda en éste.
— Ves, te dije que en esta casa había un fantasma, pero tú como siempre ignoraste mis palabras — protestó la mujer.
— Pero qué clase de fantasma es este? — dijo el marido sorprendido al ver como la pared de su casa había sido reducida a un montón de escombros — parece que no es el espíritu de una persona sino el de un gorila.
Cómo que gorila?! gritó Akane en su mente y sin darse cuenta, movió su brazo, golpeando el poste con el codo. El ruido del golpe, tensó a la pareja que ya estaba con los nervios de punta. Ambos retrocedieron unos cuantos metros y se miraron con temor sintiendo que los cabellos se les erizaban.
La chica aprovechó esto y se echó a correr. A lo lejos escuchaba como aquel matrimonio seguía discutiendo acerca del "espíritu" que habitaba en su casa. Les habría ofrecido disculpas y pagado por los daños, pero qué rayos! La habían llamado gorila!
Se mantuvo corriendo unos segundos, para después reducir la velocidad y caminar, pero a grandes zancadas y con los puños apretados, al tiempo que decía para sí:
— Todo esto es tu culpa, bobo, por qué me miras así, si bien sabes que yo te ...
La joven Tendo calló de golpe y cortó el hilo de sus pensamientos, los cuales sin duda que se habían visto alterados debido a que por primera vez, había estado así, tan cerca de un chico que estaba prácticamente desnudo. No podía negar que le había causado cierta impresión, pues incluso había tenido que recorrerle el cuerpo con una delgada y pequeña esponja durante horas y la mayor parte de ese tiempo sola, pues Toffu se había ocupado con algunos pacientes que habían llegado al consultorio.
— No soy una pervertida, solo lo hice para bajarle la fiebre, no es como si me hubiese gustado, es más, fue bastante incómoda aquella situación, así que no podría decirse que esto fue una falta al compromiso o que yo... — Akane guardó silencio para exhalar un profundo suspiro — ash! ya no sé ni lo que digo, ni por qué estoy pensando todo esto!
En vista de ello, prefirió no pensar en nada, ni decir nada el resto del trayecto hasta llegar a casa.
Unos minutos después, en su habitación, Ranma miraba con detenimiento la hora que marcaba el reloj de pared. Hace poco más de media hora que había despertado, pero había permanecido recostado en el futón, pensando detenidamente en lo que iba a hacer. Sin embargo, ya no podía seguir meditando por más tiempo. El hambre que sentía era atroz, su estómago crujía cada vez con más frecuencia, como pidiendo, o mejor dicho, suplicando a gritos algo de alimento. Por fortuna era ya hora de la cena, así que como impulsado por un resorte se levantó y casi que voló hacia la puerta, pero antes de tocarla siquiera, se detuvo de golpe. Su mano tembló. El corazón empezó a latirle muy rápido, poseído por una enorme inquietud y ansiedad. Titubeó por unos instantes. Aún sentía temor del destino que le aguardaba, pero ahora, después del pequeño descanso que se había tomado, su mente estaba un poco más lúcida y había pensado las cosas de mejor manera. Aún estaba decidido a marcharse luego de confesar la verdad, pero no iba a huir como un cobarde, no, definitivamente no. No podía dejar a Akane sola, a merced de la crueldad y sangre fría de Megumi. Por lo tanto, después de salir de casa de los Tendo, tenía que regresar a la isla de los Asakawa y acabar, de una vez y para siempre con ella, con la mujer que de forma despiadada, había mandado a sus lacayos a quemar el dojo y matar a todos los que se le cruzaran en el camino y que no conforme con eso había lanzado una flecha mortal contra Akane, contra su gran amor, con el firme propósito de acabar con su vida.
No sabía por qué Megumi odiaba tanto a su prometida, por qué quería vengarse de ella, pero no le importaba saber los motivos de una demente. Sí, porque así es como Ranma la veía, una loca que sentía placer causando dolor a los demás. Decía que quería venganza, bueno, entonces él se encargaría de mostrarle lo que es la venganza realmente.
Sin pensarlo más, deslizó la puerta de su habitación, la cruzó y caminó en actitud resoluta hacia las escaleras. Escuchó voces que venían del comedor. Seguramente ya todos estaban reunidos en la mesa, listos para servirse la cena que amablemente Kasumi se encargaba de preparar día tras día.
— Bien, llegó la hora — dijo quedamente, a la vez que empezaba a bajar los escalones, uno a uno, lentamente pero con decisión, sin titubeos. Este era el momento preciso para hablarles a todos con la verdad y una vez que les dijera lo que pasó entre él y Megumi, tomaría sus cosas y se marcharía al puerto Takeshiba. Allí buscaría a Hirayama, esperaba que no hubiese zarpado ya hacia las islas Ogasawara, caso contrario tendría que ir con Cologne y quitarle el mapa, para luego buscar otro barco que lo lleve de vuelta a la isla de los Asakawa, donde Megumi había pisoteado su orgullo, su honor, destrozado sus sueños, anhelos e ilusiones. No tenía dinero para pagar el viaje de ida, mucho menos el de vuelta, pero con tal de que lo lleven a dicha isla ofrecería unirse a la tripulación y pasar años trabajando, toda la vida si era preciso. Claro, todo eso, en el supuesto caso de que lograra salir con vida de aquel infernal lugar. Estaba consciente de que en las condiciones físicas en las que ahora se encontraba era complicado salir triunfante de aquel sitio, pero de su lado estaba el factor sorpresa, además tenía en mente un plan con el cual, sin mayor esfuerzo, lograría estar a solas con Megumi y entonces le daría muerte, sí... aunque sonara despiadado, era tal vez la única forma de detenerla y evitar que lastimara a Akane o al resto de la familia. Ya lo había convertido en un traidor, y ahora, terminaría por convertirse en asesino, pero valía la pena, si así lograba poner a salvo a su amada prometida, no le importaba convertirse en un monstruo, igual que Megumi.
Ranma forzó una media sonrisa. Sonaba irónico también todo eso, pues se iba a convertir en lo mismo que Megumi, en aquello que tanto odiaba, pero no tenía otro camino. Su alma quedaría manchada para siempre, pero gustoso aceptaría esa oscuridad por el bien de Akane, y el de todos los que consideraba su familia. Y después, si salía con vida, suficiente castigo sería con quedar privado para siempre de la presencia de su amada. Y si moría y existía un infierno, allí pagaría eternamente por traidor y asesino, pero eso sí, nada ni nadie le quitaría el hermoso recuerdo que se llevaba de Akane: su sonrisa, su hermosa y cautivadora sonrisa que la tenía grabada en lo más profundo de su mente y corazón, nada le arrebataría eso y bastaría con recordarla por un instante, para soportar los tormentos que seguramente lo aguardaban.
Cuando llegó cerca del comedor, se escondió detrás de la pared, para ver detenidamente el bello rostro de su prometida y al igual que su encantadora sonrisa, grabarlo también, con precisión y detalle en su cerebro y especialmente en el corazón, pues mañana ya estaría muy lejos de Nerima y jamás tendría de nuevo el privilegio de mirar a la mujer de la cual se había enamorado. Ranma suspiró profundamente sin dejar de mirarla. Si alguna vez hubiese deseado sentir en su piel el tacto suave de una mujer, si alguna vez hubiese soñado con tener entre sus brazos a una mujer, esa mujer hubiese sido Akane, sin duda. Habría querido que ella fuera la primera y la única, pero por causa de Megumi, esa era imposible, al menos no en esta vida... ya no...
Mientras la miraba fijamente, escondido detrás de la pared, escuchaba como discutía con una de sus hermanas. En su rostro tenía un mohín de disgusto, pero no importaba que expresión tuviese, siempre la veía hermosa, bella como un ángel, aunque gustoso, daría mil veces su vida por verla siempre sonreír.
— Ya Nabiki basta!
— Así que ayudaste al doctor a controlar la fiebre de Ryoga, eh? — inquirió con tono divertido.
Akane no contestó, solo giró el rostro, para ocultar el sonrojo que se había apoderado del mismo.
— Y qué? Lo desnudaste y pasaste un paño húmedo por su cuerpo? — preguntó Nabiki, como si hubiese leído la mente de su hermana, que justo en ese momento, recordaba aquello.
Ante estas palabras, Akane se sonrojó aun más, mientras que a Ranma se le viró el hígado como calcetín.
Paño húmedo... por el cuerpo del cerdo...desnudo?: repitió en su mente el joven Saotome y de inmediato su rostro adquirió una expresión severa, fruto de los incontrolables celos. En ese momento, no pensaba en que si tenía derecho o no a sentir celos, simplemente los sentía y punto, era inevitable. De repente, la voz de su madre lo sacó de sus cavilaciones.
— Ey! Hijo! Qué haces ahí escondido?
— Yo?
Todos lo voltearon a ver con gesto interrogante.
— Sí, tú, quien más? — señaló Nodoka.
— Este, bueno, yo... pues, como vi que ya habían empezado a cenar, no quería interrumpir, por eso me quedé aquí.
— En serio? — dijo Genma incrédulo — como así tanta educación y delicadeza de tu parte?
El joven Saotome lo fulminó con la mirada.
— Vamos Ranma, siéntate por favor — lo invitó Kasumi cordialmente — y no te preocupes, llegas justo a tiempo, pues hace solo unos instantes que empecé a servir la cena.
El chico obedeció y se sentó en el lugar de siempre, junto a su prometida. De reojo la miraba, al tiempo que en su mente repetía lo que Nabiki había dicho sobre Ryoga. Akane no había respondido, pues su madre lo había descubierto detrás de la pared y había interrumpido la conversación de las chicas; debido a eso, ahora tenía esta incertidumbre. En verdad, Akane habría hecho tal cosa para ayudar a Ryoga?
De pronto, el teléfono sonó y Kasumi se levantó de la mesa para atender la llamada, situación que Nabiki aprovechó para comentar algo más:
— Ranma, no será que estabas escondido, mirando a tu prometida? Desde la posición en la que te encontrabas podías verla de frente y sin que nadie se diera cuenta fácilmente.
Akane abrió mucho los ojos en gesto de sorpresa.
Será posible que él... no, no lo creo: pensaba la chica sin dar crédito a lo que su hermana había planteado.
Nabiki por su parte, miraba divertida a los jóvenes prometidos. Parecía que siempre disfrutaba el ponerlos en situaciones incómodas.
De nuevo, todos dirigieron sus miradas hacia el chico, incluida Akane, quien lo veía expectante.
— Es cierto... — dijo de repente el joven Saotome, mirando intensamente un punto sobre la mesa.
— Quéé?! — exclamaron todos en coro ante la inesperada respuesta de Ranma, pero quien más gritó y hasta se puso de pie, fue Akane, quien había quedado enormemente sorprendida. Los patriarcas en cambio, estaban a punto de abrazarse, emocionados de que el chico haya aceptado que estaba mirando a su prometida. Sin duda que el chico había dado un gran paso y la boda tan ansiada, la unión de las escuelas bien podría estar más cerca de lo que imaginaban.
— Es cierto... — repitió Ranma sin dejar de mirar la mesa — es cierto que tú ayudaste a...
— Aprende a terminar tus frases! Bobo! — lo interrumpió Akane dándole un fuerte coscorrón. Esta vez su rostro estaba rojo pero de furia.
— Sí, Ranma, mira lo que provocaste, desilusionaste muy feo a mi pobre hermana — acotó Nabiki.
Akane iba a contestarle algo, cuando en eso, Kasumi irrumpió en el comedor y con un tono de voz inusual en ella, informó:
— Ha ocurrido una desgracia.
— Qué? De qué hablas, hija?
— El barco del señor Hirayama se hundió... el doctor Toffu dice que justo ahora están hablando de eso en las noticias.
Sin más, todos se acercaron al televisor que Kasumi encendió presurosa, para de inmediato sintonizar el canal de las noticias. El presentador estaba a punto de dar paso al corresponsal que habían enviado al puerto Takeshiba.
— Adelante, compañero, toda la nación te está mirando y seguro está ansiosa por escuchar lo que has logrado investigar acerca del hundimiento del barco del famoso cirquero, Hirayama Toshiyuki.
— Saludos estimados televidentes, como podrán ver, los miembros de la guardia costera, policía y paramédicos todavía están trabajando en el puerto, el cual continúa cerrado y seguirá así hasta media noche, cuando concluyan las investigaciones y el peritaje... según declaraciones del jefe de policía, dadas hace unos minutos nada más, los fragmentos del casco del barco que quedaron flotando en el sitio donde se produjo el hundimiento son pequeños, lo que ha llevado a pensar que se usaron explosivos... además, las tripulaciones de otros barcos que en ese momento estaban en el puerto dicen que escucharon varias explosiones, casi simultáneas y luego una mucho más fuerte, que al parecer fue la explosión de los tanques de combustible del barco; los buzos que examinaron el barco o lo que quedó de él en el fondo del mar, informaron que uno de los costados y la parte inferior del casco estaban destrozados y que hallaron restos de explosivos C4, así que ya no hay duda, el hundimiento fue provocado, pero quién lo hizo y por qué? Aún no lo sabemos, pero de fuentes confiables, conocemos que hubo un único sobreviviente, el cual fue llevado a un hospital cercano y permanece en estado crítico... si despierta, tal vez él podría contestar varias de las preguntas que nos hemos planteado...
Tanto los Tendo como los Saotome tenían toda su atención puesta en el televisor, cuando repentinamente, una de las paredes de la casa se vino abajo. Todos voltearon hacia allá, temiendo lo peor. Al parecer Megumi atacaba de nuevo. Un escalofrío le recorrió la espalda a Ranma quien por obvias razones lucía más preocupado y atemorizado que los demás. Sus ojos se movían inquietos tratando de distinguir algo entre la nube de polvo que se había levantado en el sitio en donde antes estaba la pared. Casi enseguida pudo distinguir la silueta de tres personas que avanzaban en medio de dicha nube. Al final, todos respiraron aliviados. Simplemente eran Shampoo, Ukyo y Kodachi, que habían llegado para alimentar a su prometido, quien al verlas esbozó una sonrisa nerviosa; jamás había pensado que un día se alegraría tanto de ver a las tres chicas destrozando una de las paredes de la casa de los Tendo, pero le fue inevitable sentir alegría, pues cualquier cosa era mejor que ver entrar a Megumi seguida de sus secuaces. Sin embargo, al verlo tan feliz por la presencia de las jóvenes, Akane se molestó, apretó los puños y giró el rostro bruscamente hacia un costado.
— He traído una docena de okonomiyakis, tus favoritos, Ran-chan, los preparé especialmente para ti — acotó Ukyo sin poder ocultar la emoción al pensar en los elogios que recibiría de parte del chico en cuanto los probara.
— Un momento chica espátula, de ninguna manera permitiré que le des esas porquerías — dijo Shampoo mirándola de forma retadora — él solo va a comer de mis sopas, las cuales por cierto, son mucho mejores que tus tontas bolas de masa.
— Te reto a que repitas lo que acabas de decir — contestó la joven Kuonji con el ceño fruncido y dando un paso al frente. El comentario de la amazona le había arruinado inmediatamente el buen humor que tenía.
Mientras ellas discutían, Kodachi se acercó a Ranma, pasó una mano por el cuello del chico al tiempo que con la otra señalaba hacia el enorme agujero que ahora había en la pared. Por allí entraron varios de sus sirvientes, cada uno llevando en sus manos un platillo diferente. Había pollo, pescado, brochetas de carne, vegetales a la plancha, arroz, curry, sashimi, en fin, una gran diversidad de aromas y sabores.
— Ven querido, yo misma te daré a probar las delicias que he traído para tí...vamos amor, no seas tímido — dijo la chica tomándolo de la mano y conduciéndolo hacia donde estaban sus sirvientes. El joven Saotome se dejó llevar pues estaba demasiado ensimismado en sus pensamientos como para poner resistencia... pensamientos que se habían apoderado de su cerebro cuando había creído que era Megumi quien hacía acto de presencia en casa de los Tendo.
Al percatarse de lo que hacía Kodachi, las chicas dejaron de pelear y sin perder más tiempo, le bloquearon el paso y como solía suceder en estos casos, empezaron a jalonear a Ranma y a tratar de engullirle los okonomiyakis y los fideos. Por su parte, la hermana de Kuno intentaba aparatarlas de su amado.
— Chicas, por favor! Este no es un buen momento para lo que están haciendo, mostremos un poco de respeto para con el señor Hirayama — intervino Nodoka.
Las jóvenes se detuvieron de inmediato y la voltearon a ver, interrogantes. Ranma por su parte, regresó a la realidad y ahora su mente se ocupó nuevamente con el asunto de Hirayama.
— El señor que los ayudó a llegar a la isla, murió hace pocas horas — explicó Kasumi.
— Te refieres al hombre del barco? — interrogó la joven amazona. La mayor de las Tendo tan solo se limitó a asentir. Había un deje de tristeza en su hermoso rostro.
— Así es, y no solo él, toda su tripulación pereció, excepto uno, pero bueno, ese no es el punto, la cosa aquí es que todo apunta a que fueron asesinados — dijo Genma.
— Ase...sinados? — repitió Ukyo con voz temblorosa. Le daba escalofríos de tan solo pronunciar esa palabra y más, al pensar en quien podría estar detrás de este hecho tran atroz.
— Sí, y creo que todos aquí sabemos quien lo hizo — agregó el esposo de Nodoka.
— Megumi — dijo Shampoo, con voz ronca. Ukyo tragó saliva.
— Mhmp...esa chica sí que está muy pero muy loca — aseveró la gimnasta.
— Mira quien lo dice — contestó Ukyo. Kodachi la miró con desdén y estaba a punto de responderle, cuando la voz de Shampoo las distrajo:
— Hey! Ranma! Espera! A dónde vas? Aún no has comida nada!
Al ver que el joven pretendía abandonar la sala y subir por las escaleras, sus auto proclamadas prometidas corrieron para interceptarlo, pero el chico de inmediato se dio media vuelta y las miró con seriedad.
— Si se atreven a seguirme, juro que jamás se los perdonaré — sentenció y apenas lo dijo, se marchó directo a su habitación. Se sentía mal por haberlas hablado de ese modo, pero necesitaba estar solo y pensar bien lo que iba a hacer, pues las cosas se habían complicado más de la cuenta. Hirayama estaba muerto, al igual que su tripulación así que ya no podía contar con él ni con su barco para ir a la isla. Ahora tenían que buscar otro navío, y necesitaba el mapa que Cologne tenía en su poder, pues ningún otro capitán conocía la ruta, así que era imperativo obtenerlo. Pero cómo? Cómo arrebatarle a la anciana? Sería difícil, pues si era descubierto, seguro le diría a Shampoo y ésta no lo dejaría ir solo. Sería imposible convencerla de lo contrario.
Abajo, las chicas quedaron enormemente desconcertadas y no atinaron a replicar absolutamente nada. Según recordaban jamás lo habían visto así. Su mirada había sido por demás severa y sus palabras tan cortantes como el filo de una daga. Pero no solo ellas estaban anonadadas; Nodoka, Akane y Genma cruzaron miradas llenas de interrogación y sorpresa y coincidieron en un pensamiento: ese no era el Ranma que conocían.
Entretanto, en el consultorio, Toffu apagaba el televisor. Su rostro tenía una expresión que reflejaba un dolor profundo y una enorme tristeza. Él también pensaba que Megumi estaba detrás de la muerte de Hirayama, pero no iba a quedarse con la duda, tenía que asegurarse. Miró a Ryoga que dormía profundamente recostado boca arriba y dijo quedamente:
— Siento tener que dejarte solo, pero debo averiguar qué fue lo que sucedió.
Con determinación, tomó su credencial de médico, cerró el consultorio y se dispuso a tomar un taxi para ir al hospital en donde estaba internado el único sobreviviente de la tripulación. De camino a la parada de taxis, el doctor pensaba seriamente en lo que haría si llegaba a comprobar que Megumi tenía algo que ver con la muerte de Hirayama.
Así terminó aquel día; con Ukyo, Kodachi y Shampoo visiblemente afectadas por las palabras de Ranma, o más bien por cómo las dijo. Ellas no eran de las que se daban por vencidas tan fácil, ni tampoco eran muy obedientes, pero esta vez, el chico las había mirado de una manera como nunca antes lo había hecho. Les había lanzado una mirada severa e intimidante, así que optaron por marcharse y no insistir más por ahora. No deseaban que las mirase otra vez de esa forma o las hablara tan secamente.
Por su parte, Akane y Nodoka se habían quedado bastante preocupadas. Las dos sospechaban que algo ocultaba Ranma, algo que lo atormentaba, pero no estaban ni cerca de imaginar de qué se trataba. La menor de las Tendo quiso hablar inmediatamente con él, pero la esposa de Genma se lo impidió y aunque con mucho esfuerzo, logró convencerla de que esperara hasta mañana; luego de la escuela, ambas platicarían seriamente con él.
Al día siguiente, como siempre, Kasumi ya estaba en pie, terminando de preparar el desayuno. Minutos después, todos estaban en la mesa desayunando. Akane, Ranma y Nodoka tenían los rostros demacrados, pues no habían dormido muy bien. Ranma se la había pasado ideando un buen plan para irrumpir en la casa de Cologne y quitarle el mapa, mientras que su madre y su prometida no habían sido capaces de conciliar fácilmente el sueño, víctimas de la preocupación que sentían por el joven. Ambas pensaban que tal vez lo sometieron a algún tipo de tortura, bastante severa como para dejarlo así, abatido, quizá sin poder más con recuerdos realmente terribles.
El desayuno transcurrió en absoluto silencio, algo muy inusual en esa casa. Akane, Nabiki y Ranma estaban a punto de salir rumbo a la escuela, cuando alguien tocó la puerta. El joven Saotome estaba más cerca de ésta, así que la abrió y su sorpresa fue tan grande que no atinó a decir nada. Simplemente vio como Cologne entraba a la casa, portando en sus manos el mapa que habían usado para llegar a la isla, al tiempo que decía para sí:
— Qué... qué rayos, acaso la vieja demonio esta, puede leer la mente?
— Y usted, qué hace aquí tan temprano? — interrogó Nabiki.
— El doctor Toffu me citó en este lugar, dijo que era urgente... además me pidió que trajera el mapa, dijo que el mapa tal vez no era el mapa... no le entendí muy bien esa parte.
— Qué habrá querido decir con eso?
— No sé, ah... miren ahí viene — contestó la anciana viendo como Toffu cruzaba la puerta de la casa. Tenía unas enormes ojeras, lo cual evidenciaba que no había dormido en toda la noche. Su rostro tenía una mueca de ira. No saludó con nadie, simplemente se limitó a decir con tono severo:
— Fue Masaru.
— Qué? A qué se refiere... espere, quiere decir que él mató...
— Sí! — interrumpió Toffu a la abuela de Shampoo — a todos, el único sobreviviente de esa masacre acaba de fallecer también, pero alcanzó a decirme que Masaru fue el maldito traidor, que siguiendo órdenes de Megumi mató a todos y hundió el barco.
— Masaru?... no, no puede ser — comentó Nodoka quien acababa de unirse a la conversación. Le parecía increíble que un chico tan dulce, tan atento y cordial hubiese sido capaz de cometer un acto tan terrible.
— Por qué Megumi querría hundir el barco del señor Hirayama? — inquirió Akane.
— Me importan poco los motivos de esa maldita! — vociferó Toffu — juro que la muerte de Hirayama no quedará impune, yo haré que Megumi pague con su vida el haberlo asesinado.
— Doctor! — exclamó Akane un tanto sorprendida por el tono vengativo de su amigo.
— Es lo que merece esa loca — acotó Toffu, sin ánimo de retractarse del juramento que acababa de hacer. Se lo veía muy decidido. Tenía los puños apretados, el ceño fruncido y los ojos inyectados de sangre y reflejando una ira abrumadora.
— Imposible! Maldito mocoso! — bramó Cologne, llamando la atención de todos los presentes, quienes posaron sus ojos sobre la anciana y al hacerlo, comprendieron por qué había gritado de esa forma. Sostenía entre sus manos el supuesto mapa desenrollado, poniendo al fin en evidencia la falsedad del mismo.
— Cómo pude ser tan estúpida! — se reprendió la mujer, llena de frustración e impotencia, al ver que el "mapa" no era más que un viejo pedazo de papel en blanco. Había sido demasiado ingenua, pero no solo ella, todos habían sido engañados por la excelente actuación de Masaru.
Al percatarse - aunque muy tarde - de que Masaru les había quitado el verdadero mapa, todos entendieron por qué Megumi había ordenado que hundiera el barco y matara a sus tripulantes. No se necesitaba ser Sherlock Holmes para deducir que ella no deseaba que alguien supiera la forma de llegar a su isla.
— Vaya, doctor, qué agradable sorpresa! — dijo Kasumi sonriente, pero aquella expresión risueña se desvaneció casi instantáneamente, al verlo hecho una furia. La mayor de las Tendo, junto a los patriarcas se había dirigido hacia la entrada de la casa al escuchar voces agitadas.
— No importa, con o sin mapa, yo iré a esa isla — aseveró el doctor, pues gracias a su memoria fotográfica él lo tenía muy bien grabado en su mente.
— Mapa? De qué hablan? — preguntó Soun. Brevemente, Nabiki les explicó a él, a Genma y a su hermana mayor, lo que estaba pasando.
— Espere doctor, no creo que sea buena idea ...
— Sí, tal vez sea una locura — interrumpió al señor Tendo, con voz fría — pero no me voy a detener por nada ni por nadie... ella mató a Hirayama y yo... vengaré su muerte... mataré a Megumi.
Dicho esto, se dio media vuelta dispuesto a cumplir con su promesa de venganza. Nadie fue capaz de reaccionar, detenerlo; todos quedaron como paralizados, estupefactos ante las últimas palabras que habían salido de boca del doctor, nadie hizo nada, excepto Kasumi, quien lo abrazó fuertemente por la espalda y con tono suplicante dijo:
— No, por favor, no lo haga.
Toffu se detuvo de golpe y tembló al sentir el contacto de su cuerpo con el de Kasumi. Apretó la mandíbula y todos vieron como su mirada se humedeció de lágrimas que no querían derramarse.
— Por lo que más quiera, no lo haga — dijo en voz baja la joven, apoyando su cabeza en la espalda del doctor, quien no dijo nada. Simplemente se desplomó de rodillas al suelo junto con Kasumi, y no pudo más con el peso de las emociones que en ese momento lo abrumaban. Se echó a llorar como un niño pequeño mientras balbuceaba una y otra vez:
— Lo siento... lo siento...
Akane se llevó una mano a la boca y sintió pena por Toffu. Los presentes estaban consternados al verlo así. Debieron pasar unos minutos para que se calmara, cosa que ni Ranma ni Akane pudieron ver, ya que junto a Nabiki tuvieron que dirigirse a la escuela, pues ya estaban demasiado retrasados.
Media hora después, Toffu caminaba rumbo al consultorio. Había sido realmente liberador llorar, aun cuando lo había hecho frente a tantas personas. Y no se sentía avergonzado por eso, sino más bien por haber mencionado que iba a matar a una persona. En aquel momento se había dejado llevar por la furia, el dolor, pero ahora, luego de haberse desahogado, podía pensar las cosas con claridad. Buscar venganza sería actuar igual que Megumi y eso no tenía sentido. Nada ganaría con matarla, su amigo Hirayama y sus camaradas igual seguirían muertos, nada cambiaría eso. Sin embargo, si bien no deseaba venganza, quería justicia, pero cómo hacer que Megumi pague por sus crímenes? No tenía pruebas y aunque las tuviese, ella era muy poderosa, tenía mucho dinero. Seguramente terminaría comprando su absolución y quedaría libre de cualquier cargo.
Por más que lo pensaba, no encontraba una manera de alcanzar esa tan ansiada justicia; pero ahora mismo, esos pensamientos estaban en segundo plano. Ahora en lo que más estaban enfocados su cerebro y su corazón era Kasumi y las sensaciones que le había provocado la joven el momento en que lo había abrazado. Al sentir su cercanía, todo el cuerpo le había temblado, su corazón se había desbocado y como por arte de magia, todo el odio que sentía, se había esfumado. Sin duda ella era la mujer de su vida. Aquella que con una mirada lo desarmaba, con una sonrisa lo enloquecía y con su sola presencia lo reconfortaba.
— Kasumi... — musitó Toffu con voz dulce y suave, cerrando los ojos y exhalando un profundo suspiro.
— No! Soy el oficial de policía Fushimi Reki.
— Eh! — al escuchar la voz de aquel hombre, Toffu se sobresaltó. Abrió los ojos de golpe y retrocedió un par de pasos. El policía se echó a reír a grandes carcajadas durante un buen rato, luego, mirándolo divertido afirmó:
— A leguas se nota que usted esté perdidamente enamorado... sí...lo está, verdad?
El doctor se rascó la cabeza avergonzado y empezó a balbucear palabras ininteligibles hasta que finalmente articuló algo coherente:
— Necesita de mis servicios como médico?
— No, vine a ver su jardín.
— Es una broma?
— No, es en serio... hace como una hora empezamos a recibir llamadas de varios de sus vecinos, todos con la misma queja, las plantas de su jardín se murieron de la noche a la mañana... se secaron como si llevaran días de no ser regadas.
— Pero cómo pudo pasar algo así?
— No sé, pero me dijeron que usted también tiene un jardín, así que quisiera revisarlo.
— Bueno, adelante — dijo el doctor abriendo la puerta e invitándolo a entrar — yo no pasé la noche aquí, apenas voy llegando, por lo que no sé si al mío también le sucedió algo similar.
— Así que no pasó la noche aquí, eh? Vaya, ya me imagino dónde la pasó o con quién...jajaja — de nuevo se echó a reír el policía, haciendo que Toffu se sienta más incómodo de lo que ya estaba. Una vez que llegaron al jardín, ambos se quedaron anonadados con lo que sus ojos veían. No podían creerlo!
— Pero, qué... — Toffu no daba crédito a lo que veía. Todas y cada una de sus plantas estaban secas, totalmente muertas. Las flores que con tanto esmero cuidaba estaban igualmente secas, deshojadas, con los pétalos regados por el suelo. Ya no tenían los bellos colores que alegraban su jardín; todos tenían un aspecto amarillento, seco, sin vida.
— Vaya, su situación es peor que la de sus vecinos.
— Por qué lo dice?
— Mire el suelo.
— No puede ser! — exclamó el doctor visiblemente perturbado. Su atención había estado puesta solo en las plantas, así que no se había percatado del estado en el que estaba el suelo, el cual estaba quemado, la tierra se veía negra, calcinada. Parecía que alguien le hubiese prendido fuego, pero lo extraño era que el césped no se había quemado, solo estaba seco, amarillento, igual que las plantas.
— Esto es muy extraño...por qué la tierra se quemó y no el césped?
— Ni idea, doctor... como policía he visto cosas muy raras, pero ésto, es por demás raro...e inexplicable.
Toffu miraba fijamente el suelo y trataba de encontrar una explicación lógica, pero era inútil. Qué clase de loco dañaría su jardín y el de sus vecinos? Y cómo le había hecho para quemar la tierra y no el césped? Por instante pensó que podría ser Megumi quien hizo eso, pero si hubiese sido ella, no solo le hubiese destrozado el jardín sino toda la casa. No tenía sentido.
— Bueno, lo dejo, doctor, más tarde enviaré a alguien del laboratorio para que tome muestras del suelo y las plantas, a ver si encuentran algo.
— Bien, gracias oficial.
Apenas se despidió del hombre, Toffu se dirigió a la habitación donde había dejado a Ryoga. Pensaba que tal vez él podría haber visto o escuchado algo, pero cuando entró, lo vio recostado en la camilla, parecía que aún dormía, pero en realidad ya estaba despierto desde hace un buen rato.
— Ryoga — dijo Toffu al verlo abrir los ojos.
— Buenos días doctor.
— Buen día, Ryoga! Dime, cómo pasaste la noche?
— La verdad, no pude dormir muy bien, me despertaba a cada rato.
— Y escuchaste o viste algo raro?
— Mmm...no... pero, por qué lo pregunta?
— Eh...no, por nada, no te preocupes.
— Por cierto, doctor, qué me sucedió? Cómo terminé aquí?
— Estábamos en casa de los Tendo y te desmayaste, tenías mucha fiebre y te traje hasta aquí... hice de todo para bajarte la fiebre hasta te puse supositorios.
— Su... su... supositorios?
— Sí, pero no sirvieron.
— Rayos! — farfulló Ryoga — me siento violado.
— Dijiste algo?
— Ah.. eh...yo, no, nada, que... que me siento aliviado.
— Sí, bueno, al final logré controlarte la fiebre... ah! y Akane estuvo a tu lado todo el tiempo.
— En serio? Ella estuvo aquí, conmigo?
— Sí, no se separó de ti hasta que la fiebre cedió.
— Akane — dijo quedamente, con una boba sonrisa, pero de pronto, su rostro adquirió una expresión seria. Había recordado el motivo por el cual había ido al dojo. Tenía pensado hablar con Soun y lo habría hecho ya, si no se hubiese desmayado. No podía dejar pasar más tiempo; sin más, se levantó de la camilla, pero apenas puso los pies sobre el piso, sus piernas se doblaron como si fueran de hule y cayó de bruces.
— Ryoga, estás bien? — preguntó Toffu ayudándolo a reincorporarse y regresándolo a la camilla.
— No, mi cuerpo... algo no está bien, lo siento demasiado débil.
— Y parece que aún tienes fiebre, no tan alta, pero la tienes... además, tus pupilas están muy dilatadas.
— Qué me pasa doctor? Por qué estoy así?
— A decir verdad, no sé exactamente qué es lo que tienes y no quiero especular... mejor esperemos a ver los resultados de los exámenes de sangre, estarán listos en un par de días... mientras, tendrás que estar aquí bajo observación.
A regañadientes, Ryoga aceptó, más porque no le era físicamente posible levantarse de esa camilla.
Las horas transcurrieron y la jornada de clases en la escuela Furinkan había terminado por hoy. El trayecto de regreso a casa, los jóvenes prometidos lo hicieron sin cruzar palabra, igual que en la mañana.
Una vez que llegaron al dojo, se cambiaron y almorzaron. Ranma fue el primero en terminar. Apenas agradeció, se retiró de la mesa, caminó hacia el patio y se detuvo frente al estanque, pensativo. No sabía que hacer, no tenía a Hirayama, tampoco el mapa, entonces cómo se supone que iría hasta la isla?
— Qué pasa contigo Ranma? — la voz firme de su prometida lo sacó de sus cavilaciones. La joven ni siquiera había terminado de almorzar. Simplemente se había levantado detrás de él, dispuesta a aclarar lo que estaba pasando, de una vez por todas. Inútilmente había dejado pasar él día, esperando a que él decidiera contarle lo que le sucedía. En la escuela, Ranma no había cruzado palabra ni con ella ni con nadie. Se la había pasado callado, apartado de sus amigos, totalmente ausente, perdido en lo más profundo de su mente.
Todo el día se había comportado extraño. Ni por un instante había mostrado esa personalidad explosiva que lo caracterizaba, era un Ranma completamente diferente. No había peleado con su padre ni en el desayuno, ni en el almuerzo, no había entrenado nada, ni siquiera había salido a correr o a caminar. Al inicio, Akane había pensado que tal vez estaba preocupado, pensando que en cualquier momento Megumi podría atacarlos nuevamente, pero todos en la casa tenían esa preocupación y no lucían tan mal como él. Así que definitivamente había algo más. Algo le estaba pasando y tenía que averiguarlo. Quería ayudarlo, pero cómo hacerlo? Si no sabía qué es lo que tenía así a su prometido.
Lentamente Ranma se dio vuelta, pero apenas se cruzó con los hermosos ojos de la chica, él desvió la mirada. Sentía como si ella pudiese ver la verdad a través de sus ojos. Se sentía indefenso si la miraba, por ello no le quedaba más remedio que ver hacia otro lado.
— Definitivamente algo te pasa, y ahora mismo me vas a decir...dime... qué te sucede Ranma, qué es lo que te tiene así? — preguntó Akane con voz intensa y severa. No comprendía porqué no le tenía confianza y le decía lo que le estaba pasando. Era obvio que algo le ocurría.
No es justo que hasta la haga preocupar, no, no...ya no! ya no puedo esperar más! Tengo que decirle la verdad: resolvió Ranma en su mente. Su plan era primero encontrar una manera de llegar a la isla de Megumi y después, contarles la verdad a todos y marcharse rumbo a dicha isla. Pero al ver la preocupación de su prometida ya no pudo más. Se sintió miserable, pues pensaba que un traidor como él, no merecía nada, ni siquiera lástima, alguien como él solo merecía el desprecio, el más grande desprecio.
No sabía si a Akane le importaba el compromiso tanto como a él. Si ella no lo amaba, tal vez la noticia le sería indiferente. Aunque no podía dejar de lado el hecho de que la mujer con la que se acostó fue Megumi, la peor enemiga de Akane, la que intentó matarla y no solo a ella, sino al resto de la familia. Eso seguramente haría que Akane se enfadara tanto con él, que le pondría una soberbia paliza y lo despreciaría por el resto de su vida. Toda la familia lo repudiaría por haber hecho algo tan bajo.
Sean cuales sean las consecuencias, debo asumirlas: se dijo Ranma. Respiró hondo, tomando fuerza para lo que iba a decir. Con mucha dificultad empezó a hablar, como si las palabras pesaran toneladas:
— Akane, yo... yo... la verdad es que...
— Perdóname Akane, pero es que no la pude detener — interrumpió Kasumi.
— Hola, encanto —ronroneó Megumi enviándole un beso volado al joven Saotome, quien palideció al instante. Luego, miró a la menor de las Tendo y como si aún fuesen las mejores amigas le preguntó — Akane, como has estado?
— Tú? Qué demonios haces aquí?! — le reclamó Akane, sintiendo como la sangre empezaba a hervirle. Aunque no tenía mucho sentido preguntar que estaba haciendo Megumi ahí, pues todos en la casa sabían que tarde o temprano ella volvería nuevamente a terminar con lo que había dejado pendiente.
— Les dije que no podían pasar, pero no me hicieron caso — añadió Kasumi. Megumi no había venido sola, a su lado estaba Kanori.
Ranma quedó petrificado, inmóvil mirando a Megumi con los ojos desorbitados. La expresión de su rostro hacía pensar que había visto un fantasma o algo realmente perturbador. No fue capaz de pronunciar palabra alguna, solamente pensaba en el motivo por el cual ella había venido.
Maldición! Seguro ha venido a atacarnos nuevamente, o tal vez...
Los pensamientos de Ranma fueron interrumpidos por la voz de Akane quien le exigió a Megumi que se marchara. Sin embargo, ésta se negó, por lo que la joven Tendo caminó hacia ella dispuesta a sacarla por la fuerza, pero Ranma la detuvo del brazo. Al escuchar los gritos de Akane, el resto de la familia: Nodoka, Nabiki, Soun, Genma se hicieron presentes en el patio para ver lo que ocurría. Happosai no se encontraba en casa, pues había salido a recuperar el tiempo perdido en el hospital (en otras palabras, ahora estaba ocupado recolectando ropa interior)
— Ranma, Akane... qué está pasando? — inquirió Soun.
— La señorita Megumi no ha venido a pelear, tan solo quiere hablar con Ranma — dijo Kanori — después de eso, nos iremos.
— Vaya, así que tu eres la famosa Megumi — comentó Genma, lanzándole a la joven una de su peores miradas. Era la primera vez que la veía, pero ya estaban al tanto de todo. Sabía que ella era quien estaba detrás de lo malo que últimamente les había ocurrido. Igual Soun, solo que a diferencia del padre de Ranma, él la volvía a ver después de años.
— No puedo creer que una chica tan noble se haya convertido en... en esto — dijo el patriarca con un deje de tristeza y decepción.
— Solo he venido a hablar con Ranma, a solas — insistió Megumi, ignorando por completo lo dicho por Soun.
Todos la miraron incrédulos, especialmente la pareja de prometidos.
— Tu no tienes nada de que hablar con él y menos a solas — le aseguró Akane frunciendo los labios. Luego, volviéndose hacia el oji azul le ordenó:
— Y tú, ya suéltame!
Él obedeció y dejó libre el brazo de su prometida, sin dejar de observar a Megumi, con la mirada fija como un halcón. No podía perderla de vista, pues sabía lo rápida que era esa chica.
— Si quieres hablar con mi hijo, adelante, no creo que haya problema en que escuchemos esa conversación —espetó Nodoka.
— Supongo que no — contestó Megumi dibujando una sonrisa en sus delgados labios. Luego, guardó silencio, como para agregarle suspenso al asunto.
— Habla de una vez muchacha — le exigió Genma.
— Bien, sepan ustedes que hoy debía venir a matarlos, sin embargo en vista de que ha surgido algo imprevisto, me temo que eso ya no va a poder ser, al menos no por ahora.
— Qué dices?! — musitó Akane furiosa. No entendía como podía Megumi decir que los iba a matar, como si fuera de lo más natural y normal entrar a una casa y decir que asesinaría a todos. Esto irritaba aún más a la menor de las Tendo.
Ranma en cambio, se mantenía expectante a los movimientos de Megumi y a todo lo que ella decía. Estaba muy nervioso. Tenía el alma en un hilo, pues sentía que de un momento a otro, se le podría ocurrir contar que habían pasado la noche juntos. Quería que Akane supiera la verdad, de hecho estaba a punto de decírselo cuando los interrumpieron, pero quería ser él quien le dijera todo, no Megumi.
— Y se puede saber cuál es ese imprevisto del que hablas? — preguntó Nabiki.
— Sí, por supuesto — contestó la joven. Luego, con su mano le hizo una seña a Kanori. La mujer, abrió un bolso que colgaba de su brazo y extrajo algo que se lo entregó a la mediana de las Tendo.
— Y esto? Un sobre? — dijo desconcertada, al tiempo que empezaba a abrirlo. Soun, Genma, Nodoka y Kasumi se colocaron detrás de ella para ver que contenía aquel sobre.
Nabiki sacó la hoja de papel que estaba en aquel sobre, la desdobló y le hechó un vistazo rápido. Soun, Genma y Nodoka se acercaron un poco más para leer lo que allí estaba escrito.
— Qué es? Algún examen médico? — preguntó Nodoka al ver que en la parte superior derecha de la hoja estaba el logo del Hospital de Nerima.
— Sí, miren...al parecer es el resultado de la estimación del beta hCG — dijo Nabiki. Luego miró un poco más abajo y la expresión de desconcierto en su rostro, cambió de inmediato a una de sorpresa. Levantó la vista y dirigiéndose a Megumi dijo — aquí dice que tu estás... embarazada.
Muchas gracias por continuar leyendo este fic, a pesar de que me he demorado mucho en actualizar. Por cierto, ya solo restan cinco capítulos y el epílogo. Al menos ya tengo escrito el "borrador" de cada uno de ellos, así que espero subir los capítulos máximo cada quince días.
Agradecimientos a los reviews (de los capítulos 16 y 16½):
Znta: Hola!
Aunque la fiebre que Ryoga tenía ya fue controlada, todavía no se ha recuperado por completo y habrá que esperar a los resultados de los exámenes que le practicaron. Ranma por su parte, aunque ya ha pensado mejor las cosas, todavía está decidido a marcharse luego de confesar la verdad de lo sucedido entre él y Megumi. Sin embargo, parece que Megumi podría adelantársele en contar su versión de lo que pasó.
Gracias por tu review. Un abrazo. Hasta el próximo capítulo. Que pases bien!
Amigo: Un cordial y atento saludo para ti!
Tienes mucha razón, prácticamente sería inútil que Ryoga tratara de convencer a Soun de que anule el compromiso, y bueno, el joven Hibiki, ni siquiera ha tenido tiempo de intentarlo debido a la repentina fiebre y debilidad que ahora tiene, y que tal como dices, bien podría ser causado por el ente que está detrás de esa poco normal puerta. Veo que sospechas que no es humano lo que está ahí, y en parte es correcto. En el penúltimo capítulo se revelará la verdad sobre ese asunto, pero poco a poco presentaré detalles pequeños que nos irán abriendo el camino hacia esa verdad. Es más, en este capítulo están dos de estos "detalles".
Respecto a lo sucedido entre Megumi y Ranma, también tienes razón. En efecto, hay algo en ese video que a ella no le conviene mostrar. Por cierto, no te preocupes por "insistir" con esto; siéntete libre de plantear lo que sea. Agradezco mucho que te tomes el tiempo para dejar un comentario; yo responderé a cada uno de ellos, tratando eso sí, de no hacer spoilers para no arruinarte el final.
Euridice Hibiki: Saludos cordiales, amiga hermosa!
Efectivamente, muy a su pesar Hirayama tuvo que quitarle la vida a Masaru, pues sabía que era la única manera de detenerlo. Ahora, respecto a la decisión de Ranma, tienes toda la razón; él no lo hizo consciente. Y por muchas veces que él manifieste que se irá una vez que confiese la verdad, llegado el momento, le será muy difícil hacerlo. Además, quien tendría la última palabra, sería Akane y si él le explica bien como se dieron las cosas, todo lo que Megumi le hizo, la joven Tendo seguro que lo comprenderá y no permitirá que se marche.
En cuanto a lo de Ryoga, de nuevo tienes razón. Todo apunta a que el haber estado frente a esa puerta, el simple hecho de haberla tocado, le infringió algún tipo de daño. Lo afectó física y también emocionalmente (como se verá más adelante). La verdad sobre eso, será revelada en el penúltimo capítulo, pero poco a poco se presentarán indicios de lo que se avecina (en este mismo capítulo ya se han presentado dos de ellos).
El joven Hibiki está desesperado por salir del consultorio y hablar con Soun, pero aún no está del todo recuperado y aunque hablara con él, difícilmente Soun terminaría con el compromiso. Por ahora, quien parece que tiene más posibilidades de lograr la disolución de dicho compromiso, es Megumi.
Me alegra enormemente saber que te gustó el capítulo anterior. Quise aprovechar la fecha para mostrar un poco de como eran en el pasado Akane y Megumi, lo buenas amigas que solían ser y qué mejor que presentar una de las tantas navidades que compartieron.
Por cierto, muchísimas gracias por tus buenos deseos y por continuar siguiendo esta historia. Es una gran suerte el poder contar con tus comentarios.
Pásala muy bien!
Nancyricoleon: Hola Nancy!
Sí, justamente como lo has citado, el amor que sentía Masaru por Megumi, lo cegó y no le importó si lo que hacía estaba bien o mal, solo quería complacerla, y al final, pagó con su vida el terrible error que estaba cometiendo.
Que estés bien, amiga! Hasta el próximo capítulo.
Serena Tuskinoo: Un fraternal saludo para ti, Serena!
Es verdad, Ryoga está mal de salud; aunque ya le controlaron la fiebre todavía no está del todo recuperado. Y Ranma, pues está en un gran aprieto; a ver si Megumi no se le adelanta y cuenta su versión de lo sucedido entre ella y Ranma.
Me alegra mucho saber que te gustó el anterior capítulo. Ojalá este también sea de tu agrado.
Muchas gracias por tus reviews y por tus buenos deseos.
Hasta el próximo capítulo. Pásala bien!
Own son: Saludos!
Gracias a ti, estimado amigo, por continuar pendiente de esta historia. Cuídate mucho!
Angie-chan: Un saludo muy cordial y atento para ti, Angie! Espero que te encuentres muy bien. Muchas gracias por tus buenos deseos y por tus amables palabras.
Me da mucho gusto saber que te gusta el fic. Ojalá este capítulo también haya sido de tu agrado.
Pásala excelente! Hasta el próximo capítulo!
Kane: Un saludo muy afectuoso para ti!
Gracias por haberle dado una oportunidad a este fic y haber continuado leyéndolo.
Y sí, tienes mucha razón; Megumi si que se pasa de arrogante y atrevida; por su parte, Ranma estuvo a punto de caer en sus redes, pero por fortuna reaccionó a tiempo.
Muchísimas gracias por tus comentarios. Cuídate mucho!
Gracias también a todos quienes no dejan reviews, pero siguen leyendo, pendientes de esta historia.
Nos leemos en el siguiente capítulo.
