Un saludo muy afectuoso para ustedes, amigas, amigos!

Espero que estén muy bien y disfruten de una agradable lectura.


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Akihiko salió de su casa y caminó dando tumbos, con un rictus de dolor en el rostro. Su mirada reflejaba muchas cosas, tristeza, furia, decepción, pero sobre todo una enorme desolación. Dio unos cuantos pasos más y se dejó caer de rodillas. Entonces, aquel bravo samurái se soltó en llanto. Ya no pudo contener por más tiempo todos esos sentimientos negativos que se habían apoderado de él, desde el instante mismo en que había descubierto a su esposa en la cama, junto a su amante. Preso de un dolor aplastante y atormentado por el recuerdo de las atrocidades que había cometido hace minutos, se llevó las manos a la cabeza y lanzó un sollozante grito, potente y a la vez desgarrador, como si el alma misma se le escapase en aquella exclamación. Se quedó jadeante, intentando dominar el terrible dolor que hacía estremecer cada fibra de su ser. Su llanto se volvió muy profuso, las lágrimas escapaban de sus ojos de forma abundante, pero aun así el suplicio y la aflicción que lo embargaban, no se atenuaban en lo absoluto. Al contrario, con cada segundo que pasaba se sentía más devastado, en su mente se repetían sin control una y otra vez las imágenes de su esposa y de su hija, agonizantes, con la muerte reflejada en sus ojos, muerte que él mismo había traído a ellas. Cegado por la rabia y los celos, de una forma cruel y despiadada, les había quitado la vida a las dos personas que más amaba en el mundo y ahora... estaba solo. Ya no le quedaba nada por lo cual luchar y luego de haber cometido semejante barbaridad, sentía que ya no era digno de portar esa armadura que había recibido de manos de la mismísima diosa del sol, Amaterasu.

Dolorosamente se reincorporó y mirando hacia el cielo gritó con todas sus fuerzas el nombre de la Diosa, pero ésta no se presentó. La llamó en repetidas ocasiones, cada vez con mayor desesperación, pero nada sucedió, el hombre fue totalmente ignorado. Abatido y exhausto, bajó la mirada hasta el suelo y así permaneció durante un buen rato, hasta que un pensamiento sombrío cruzó por su mente. Rápido se despojó de la armadura, quitándosela de encima de forma violenta. A continuación se colocó de rodillas y se sentó sobre sus talones. Sin titubeos tomó una daga que portaba en su cintura y con ella realizó el ritual de suicidio, nombrado en el código samurái como seppuku. Sufrió una lenta agonía que duró varias horas, luego de las cuales finalmente la muerte decidió compadecerse del infeliz samurái y terminó así con su dolor físico, mas no con el espiritual, pues éste muy seguramente lo acompañaría por siempre, como justo castigo por su visceral y cruel proceder.

De esta manera, el camino de Akihiko llegó a su final prematuramente, pero por casualidades de la vida o quizá simplemente por caprichos del destino o de los dioses, quienes se entretenían y disfrutaban del sufrimiento humano, algo realmente siniestro surgió en aquella colina. Como por acto de magia, las piezas de la armadura que estaban desparramadas por el suelo, empezaron a moverse, al comienzo levemente, haciendo parecer que se movían a causa del viento que azotaba fuertemente en la cima de la colina. Poco después, un halo de color púrpura surgió alrededor de cada una de las partes de la armadura, las cuales se elevaron y como si algo las hubiese dotado de vida, se juntaron, como si cubriesen a un cuerpo invisible. En el momento en que la armadura terminó de rearmarse, las nubes taparon rápidamente al sol mañanero, haciendo que el día se obscureciera de golpe. El viento sopló con mayor fuerza; seis rayos zigzaguearon en el cielo, a los que le siguieron poderosos estruendos que hicieron estremecer al lugar y le dieron un aire más tétrico del que ya había adquirido. Luego de eso, el viento dejó de silbar y un silencio sepulcral invadió el sitio. Por un rato, la cima quedó sumida en la más completa calma, una aterradora quietud que parecía ser el preludio de algo más perturbador.

Un séptimo rayo iluminó el firmamento y segundos después un ensordecedor estruendo retumbó en toda la colina, rompiendo con el artificial silencio que se había instalado. Al mismo tiempo, la casa y el cuerpo de Akihiko se prendieron en llamas. La armadura que hasta entonces había permanecido firme como una estatua, increíblemente comenzó a moverse. Como si alguien estuviese en su interior, caminó hacia donde se encontraba la katana de Akihiko y se agachó para recogerla. Una vez que la tuvo, un aura de color púrpura surgió en sus pies y se alejó del lugar volando por los cielos, pero no se mantuvo así por mucho tiempo. Apenas divisó en tierra un pequeño poblado, descendió de forma violenta, levantando una gran nube de polvo y causando inquietud y desconcierto en los moradores del sector. Este grupo de personas que se preparaban para iniciar con sus actividades diarias, fueron despiadadamente asesinadas, desde los niños hasta los más ancianos, nadie se salvó. Una joven mujer que se encontraba agonizante, luego de haber recibido una herida terrible con la katana, se atrevió a decirle algo.

— ¿Por qué... por qué nos haces esto? ¿Por qué masacras hasta a nuestros inocentes infantes? — le preguntó con la voz entrecortada.

— Todos los humanos deben ser eliminados ya que albergan odio en su corazón y si no lo tienen ahora, tarde o temprano lo tendrán, pues así como aprenden a amar, aprenderán también a odiar — respondió con voz siniestra y gutural, aquella extraña entidad.

La desdichada mujer lanzó un chillido, segundos antes de que aquel monstruo despiadado la decapitara con su katana.

De esta manera, sin ningún tipo de contemplación, sin misericordia alguna, en tan solo tres días este ser desató una ola de muerte, destrucción y desolación en un sinnúmero de pueblos, matando a miles de personas, mujeres, ancianos, niños, incluso recién nacidos, todos sufrían el mismo destino. Pocos eran los afortunados que lograban escapar de sus garras y debido a uno de ellos, la noticia de las masacres llegó a oídos del Shogun, quien al igual que los demás, al escuchar la descripción del atacante pensó que se trataba de Akihiko, que él era el culpable de tantas muertes. Enfurecido por esta terrible traición, inmediatamente movilizó a su ejército y envío a cincuenta mil de sus mejores guerreros, pues sabía bien los alcances del poder de Akihiko, no podía subestimarlo, así que no se limitó y mandó a lo mejor de lo mejor que tenía a su disposición para detenerlo. Sin embargo, las cosas no salieron como el Shogun esperaba. Su ejército, pese a estar conformado por los de mayor élite, no duró ni cinco minutos. Todos y cada uno de ellos murieron en manos de este particular ser.

Las naciones vecinas, como Corea y China que contaban con varios espías, pronto se enteraron de que Japón había perdido a gran parte de su fuerza militar y sin dudarlo ni por un segundo, enviaron a sus tropas para invadirlo; no podían desaprovechar esta oportunidad de oro que se les estaba dando. Incluso las guerreras amazonas se movilizaron con el mismo objetivo. Todos ingenuamente creyeron que podrían hacerse fácilmente con esas tierras que tanto ansiaban poseer, pero apenas pusieron un pie en Japón, la armadura percibió sus malas intenciones y fue a su encuentro. En la costa este de la península de Shimabara, tanto chinos como coreanos y amazonas, fueron interceptados por este ser, que literalmente los destrozó. Gritos de angustia, de pánico, lamentos desgarradores, hicieron eco en el lugar. Ninguno había imaginado siquiera el macabro destino que les aguardaba, nunca antes habían enfrentado a alguien tan poderoso, tan sanguinario, que no parecía humano, sino más bien un arma de aniquilación masiva, un dios de la destrucción. Incluso los más experimentados temblaban como gelatina ante la presencia de este temible ser. Quienes no quedaban paralizados por el terror, inútilmente trataban de escapar de aquel que parecía ser la personificación misma de la muerte. En cuestión de minutos, el terreno se tiñó con la sangre de los invasores, que con impotencia veían como caían uno tras otro, tanto sus compañeros como sus adversarios. Con frustración y más que nada con angustia y pavor, miraban el panorama desolador que se abría ante sus ojos. Al ver la pila de cadáveres que dejaba la armadura a su paso, los que aún permanecían en pie, sabían que ya nada podían hacer, que no habría salvación para nadie. Con mucho pesar, tan solo les quedaba esperar a que les llegara el turno de ser aniquilados.

Para cuando las fuerzas japonesas arribaron al lugar, solo dos personas continuaban con vida: la líder de las amazonas, Xiao Yang y el general del ejército coreano, Choi. Aunque estaban severamente heridos, no se daban por vencidos y luchaban desesperadamente contra la armadura. Al verlos pelear juntos, pese a ser de distintas naciones, el que estaba al mando del ejército japonés, Asakawa Kai, comprendió que no era el momento para preocuparse por la invasión, entendió que más allá de todo, la mayor amenaza era Akihiko, así que envió a todos sus hombres a apoyarlos. Mientras tanto, él atendió y curó las heridas de la amazona y el coreano; conversando con ellos se enteró de algo que lo impactó bastante y que le costó mucho trabajo creer, pues pensaba que era Akihiko quien estaba usando la armadura, pero ahora resultaba que eso no era correcto. En el transcurso de la batalla, la amazona había descubierto que no se estaban enfrentando a un humano, pues sus inciensos con los cuales podía manipular a cualquier persona, no funcionaban en lo absoluto. Además, ninguna arma, ningún ataque había podido infringir daño alguno sobre la armadura. Se trataba de un singular ser en extremo poderoso, poseedor de una defensa prácticamente infranqueable, alguien a quien de ninguna manera podrían aniquilar, por lo cual solo quedaba un camino... sellarlo.

Los tres coincidieron en que debían sellarlo en un lugar apartado, donde nadie pudiese vulnerar el sello, un sitio seguro en donde pueda permanecer prisionero por siempre. Entonces, Kai propuso que lo sellaran en la isla de su clan. Acordado esto, la amazona con el apoyo del coreano, ambos usando técnicas marcadas como prohibidas en sus respectivas tierras natales, consiguieron llevarlo a dicha isla.

Una vez allí, Xiao Yang usó su técnica de sellado más poderosa. Juntó las palmas de sus manos a la altura del pecho y enseguida cuatro hexagramas (figura en forma de estrella con seis puntas) aparecieron en el suelo, uno en cada punto cardinal, alrededor de la armadura. Acto seguido, el coreano comenzó a mover los dedos índice y medio de su mano derecha, trazando de forma entrecruzada líneas horizontales y verticales, formando una red delante de su cuerpo para poder atrapar las malas vibraciones que provenían de la armadura y que intentaban turbar su mente. Luego, cruzó todos los dedos de ambas manos, excepto los índices que mantuvo rectos y hacia arriba. En ese momento, los cuatro hexagramas se unieron por medio de un haz de luz azulada, la cual posteriormente ascendió y formó un cubo perfecto de luz pura, en torno a la armadura. Por su parte, Kai situó los brazos estirados al frente con las manos abiertas, manteniendo la derecha por encima de la izquierda, recitó unas palabras y al siguiente segundo, el cubo de luz pura se materializó, adquiriendo un aspecto áspero y un color rojizo, muy similar al granito rojo. En el centro de una de las caras de dicho cubo, aparecieron unas manijas, seis en total, en formación circular.

Así finalmente lograron sellar a aquel monstruo, pero a cambio, la amazona y el coreano perdieron la vida, pues las técnicas prohibidas que habían usado, les exigían un precio muy alto en pago, sus vidas. Asakawa Kai también falleció a causa de las múltiples y graves heridas que tenía producto de su enfrentamiento con la armadura. Sin embargo, no murió al instante; tuvo el tiempo suficiente de explicarles a los demás miembros de su clan, lo importante que era el mantener puro aquel sello, les dijo que con el tiempo se debilitaría pero que nunca se rompería, siempre y cuando se mantuviese puro, es decir, nadie por ningún motivo debía tocar la cara del cubo que tenía las manijas, ya que de lo contrario las energías se verían perturbadas y el sello se rompería de forma definitiva, dejando nuevamente en libertad a aquel despiadado ser.

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Capítulo 23: ¡El sello se ha roto!

Megumi sonrió de forma lasciva, al tiempo que empezaba a desvestirse, pero casi al instante se detuvo, al divisar en el suelo una hoja de papel medio arrugada. La recogió y tal como lo había pensado, se trataba de la nota que Akane había escrito. Ranma se regañó mentalmente por este descuido. Había soltado aquel papel para ayudar a Kanori y después, con todo lo sucedido, había olvidado recogerlo.

La joven chasqueó los dedos y al ninja que apareció, le entregó la hoja y le ordenó que se deshiciera de ésta y del cadáver. Enseguida el sujeto tomó el cuerpo de Kanori, lo cargó sobre su hombro y se alejó saltando por los techos de las casas.

— Bien, ¿en qué estábamos? — le preguntó la chica, fingiendo haber olvidado lo que estaba haciendo antes de recoger el papel. Se llevó una mano al mentón con gesto pensativo, como si en realidad estuviese tratando de recordarlo. Después, ella mismo se contestó — ah, sí, ya lo recuerdo, estábamos por empezar nuestra gran noche, ¿verdad?

De un solo movimiento, se despojó de la blusa, dejando al descubierto el sujetador. Ranma desvió la mirada y entonces vio algo que podría serle de ayuda para salir del aprieto en el que se encontraba.

— ¡Espera! — exclamó el joven y con un tono de voz un tanto más bajo añadió — hay algo que debo confesarte.

La chica lo miró interrogante. Ranma caminó presuroso hacia un costado, en donde se encontraba una cubeta con agua. La tomó y vertió la mitad de su contenido sobre sí mismo.

— En realidad soy mujer — señaló.

— Imposible... tú... cómo — Megumi abrió mucho los ojos y se llevó las manos a la boca en gesto de sorpresa al ver la apariencia que ahora tenía Ranma.

— Caí en uno de los estanques malditos de Jusenkyo y debido a eso cada vez que me mojo con agua caliente me transformo en hombre, pero al hacerlo con agua fría, regreso a mi forma original, la de chica.

En respuesta Megumi aplaudió y se echó a reír, dejando al hijo de Nodoka en total desconcierto. No comprendía que era eso que le causaba tanta gracia. Hace instantes nada más, la había visto muy sorprendida y contrariada con la revelación que le había hecho y ahora en cambio estaba... ¿divertida?

— Muy buen intento — acotó la joven, sin dejar de reír — buen intento, pero...

Repentinamente la sonrisa se borró completamente de su rostro, el cual adquirió una expresión severa.

— Yo ya estoy al tanto de todo — sentenció frunciendo el entrecejo — cuando estuvieron en la isla, Kanori los investigó a todos, sé que tú te conviertes en chica, así como el de la pañoleta se convierte en cerdo, la descerebrada china se transforma en gata, en fin, sé todo acerca de sus maldiciones, así que no te quieras pasar de listo conmigo.

Ranma se lamentó para sus adentros y tragó saliva al sentir sobre él, el peso de la intensa e intimidante mirada de Megumi.

— Nada ni nadie evitará que esta noche enloquezcas de placer... vas a gritar mi nombre una y otra vez— advirtió, al tiempo que tomaba la cubeta de agua y sumergía parcialmente su mano en ella. Al cabo de unos segundos, el líquido se calentó debido a la energía que había emitido a través de su mano. Entonces arrojó el agua a Ranma y este inmediatamente recuperó su forma masculina.

— Así está mejor, mucho mejor — aseveró con una sonrisa perversa en el rostro y se lanzó sobre el chico.

Al día siguiente en casa de los Tendo, todos se encontraban reunidos en la mesa desayunando, pero contrario a lo que usualmente sucedía en momentos como ese, esta vez permanecían en completo silencio. Parecía que cada quien estaba muy sumido en sus pensamientos. Lucían nerviosos, en especial Akane y Nodoka, pues estaban a solo horas de la ceremonia de matrimonio entre Ranma y Megumi y no podían evitar sentir cierta preocupación. Ajenos a todo lo que había ocurrido la noche anterior en el hotel, ingenuamente esperaban a que el plan de Kanori resultara y esa boda no se llevara a cabo.

Un pequeño suspiro escapó de labios de Akane, cuando dirigió su mirada hacia el lugar en la mesa que estaba vacío. Extrañaba el bullicio que su bobo prometido armaba a estas horas con Genma, generalmente a causa de la comida, e incluso a veces hasta el maestro Happosai se les unía y el alboroto crecía aún más. Esta situación casi siempre terminaba molestándola, pero hoy extrañaba eso y más que nada, lo que en realidad echaba de menos, sin duda era la presencia de Ranma. Sí, ¿para qué negarlo? Lo necesitaba cerca, necesitaba que la rodeara con sus brazos y que le dijera que todo iba a estar bien. Una ligera sonrisa apareció en sus labios, cuando imaginó al joven abrazándola, susurrándole al oído dulces y tranquilizadoras palabras. Eso era algo que nunca había sucedido, pero Akane tenía la esperanza de que luego de todo este caos, algún día, eso llegara a suceder. Deseaba que en un futuro cercano, pudiesen estar juntos, como una verdadera pareja, deseaba muchas cosas, pero en este momento, por sobre todo, lo que más deseaba era que pronto él estuviera de vuelta en casa. Estaba segura de que no soportaría un día más sin verlo; esta lejanía se le hacía demasiado difícil, especialmente ahora que conocía los sentimientos del chico. A través de Kanori se había enterado de ello y a estas horas, Ranma probablemente ya estaría al tanto de los suyos, pues en aquella nota, sin querer le había revelado todo lo que sentía por él, esa nota, que por su contenido bien podría considerarse una carta de amor.

Un leve sonrojo apareció en sus mejillas, que de inmediato trató de ocultar con su tazón de arroz. Se apresuró en terminar y una vez que lo hizo, se levantó, agradeció y subió a su cuarto. Al igual que ayer, no iba a asistir a clases. Habría sido inútil ir a la escuela, pues con todo lo que estaba pasando, no podría concentrarse en lo absoluto. Tenía tantas cosas en la cabeza que le era imposible apartarlas, ni siquiera por unos instantes. Si no estaba pensando en Ranma y la reveladora carta que ya debía estar en sus manos, pensaba en Megumi y en sus maldades.

— Megumi — musitó apretando la mandíbula. De solo imaginar que aquella perversa chica estaba junto a Ranma en aquel hotel, le hervía la sangre. Sumida en una oleada de celos, intentó calmarse pensando en que dentro de unas horas, todo acabaría. Su prometido regresaría y entonces allí, sin Megumi de por medio, sin ninjas merodeando, sin sus vidas en peligro constante, por fin podrían sincerarse y hablar acerca de sus sentimientos, algo que debían haber hecho desde hace mucho, pero que quizá por cobardía u orgullo, habían dejado de lado. Estaba ansiosa porque llegara ese momento, pero a la vez, también sentía algo de temor. La ansiedad hacía que le asaltaran ciertas dudas. ¿Y si Kanori mintió y en verdad Ranma no siente nada por mí? O tal vez, ¿ella entendió mal y él no quiso decir eso? Se preguntaba visiblemente inquieta. Esas inseguridades que durante tanto tiempo la habían retenido y obligado a ocultar lo que en realidad sentía, por momentos surgían con fuerza y la llenaban de pánico. Si Ranma no hubiese leído la carta, entonces, todo podría seguir igual que siempre, no habría necesidad de hablar nada acerca del asunto, se decía la joven, en un intento por hallar una excusa, una razón para dejar de lado eso de los sentimientos o aplazar esa confesión por un rato al menos, pero luego se recriminaba por pensar de esa manera. ¡No! Definitivamente no podía dejar las cosas así. ¿Qué tal si más adelante, un nuevo enemigo aparecía y los separaba para siempre? Entonces, todos los días de su vida, se lamentaría por no haber sido sincera y tendría que vivir en la incertidumbre, sin saber si la amaba o no, imaginando que tal vez, si hubiesen sido sinceros, habrían podido disfrutar y compartir muchos momentos de alegría y felicidad plena, juntos como pareja, como auténticos prometidos.

En eso, un sonido familiar la arrancó de sus pensamientos.

— ¡P-chan! — exclamó la chica, acogiendo en sus brazos al cerdito, que gruñó feliz al hundir su rostro en el pecho de la joven.

Akane acarició suavemente a su mascota y caminó hacia el escritorio, donde estaba la invitación a la boda que "amablemente" les había enviado Megumi. Miró detenidamente aquel papel, justo en el sitio en donde estaba marcada la hora a la cual iniciaría la ceremonia.

— Tres horas, faltan tres horas para que todo acabe — comentó y volviendo la vista hacia su mascota, sonriente y con un brillo de esperanza en sus bellos ojos, agregó — así es, P-chan, pronto todo volverá a la normalidad, ya lo verás, esa boda no se realizará y él volverá a mi... a mi casa.

El semblante del cerdito cambió y se volvió frío, como el gélido aire del amanecer. No le agradaba para nada el que Ranma regresara. Contrario a la chica, lo que él más deseaba era que esa boda se llevara a cabo y el joven Saotome saliera de la vida de Akane, de una vez y para siempre.

Entretanto, en la terraza del hotel, Ranma caminaba de un lado para el otro, mirando en todas direcciones, tratando de descubrir el o los sitios en donde se escondían los ninjas que Megumi decía vigilaban sus movimientos. El joven tenía unas enormes ojeras, ya que no había dormido en toda la noche buscando infructuosamente la ubicación de esos tipos. Se sentía un completo inútil, pues luego de tantas horas no había tenido éxito alguno. Miraba con detenimiento los techos de los edificios y casas aledañas, inspeccionaba con la mirada cada centímetro, pero nada. En varias ocasiones se había visto tentado por la idea de abandonar el hotel y correr con todas sus fuerzas hacia el dojo, pero al final, siempre había desistido. No deseaba poner en peligro a los Tendo y a su familia por actuar de forma precipitada, no podía tomar las cosas a la ligera, pero sentía que tampoco podía quedarse de brazos cruzados allí en la terraza a la espera de lo que pueda suceder.

Una vez más escudriñó los alrededores y al hacerlo, en uno de los balcones del edificio de enfrente, divisó a una mujer junto a su esposo y su pequeño hijo. Los tres, muy risueños regaban las plantas, se veían tan felices. Al mirar aquella escena, el joven Saotome, casi sin darse cuenta, se imaginó de la misma manera, a él con su amada prometida y sus hijos, compartiendo uno de tantos momentos amenos, juntos, como una familia.

— Juntos — musitó y recordó las palabras finales que Akane le había dedicado en aquella nota: "... quiero que me tomes de la mano y que juntos, como pareja, recorramos el mismo camino hasta el final de nuestros días."

Ranma apretó los puños fuertemente, mientras decía para sí:

— Nada me detendrá, te prometo que como sea iré hasta donde ti, te tomaré de la mano y jamás me apartaré de tu lado.

El chico estaba decidido. En cuanto todo este suplicio acabara, lo primero que haría sin lugar a dudas, sería hablar con Akane. La miraría directo a los ojos y le haría saber que bajo cualquier circunstancia, siempre ella sería la única. Le diría lo mucho que la ama y que nada podría cambiar eso. Esta vez, por ningún motivo estaba dispuesto a echarse para atrás, pues la joven Tendo le había abierto su corazón, dedicándole en aquella nota, bellas y sinceras palabras, las cuales eran el reflejo mismo de sus más profundos sentimientos; en aquel papel, le había expresado que él era el hombre que ella deseaba para que estuviese a su lado por siempre, así que lo menos que él podía hacer, era comportarse como tal, como un verdadero hombre y sin temor alguno, sincerarse y hablarle del gran amor que siente por ella, hacerle saber que todos y cada uno de sus sentimientos son correspondidos con la misma intensidad. No podía ser más un cobarde, pues si nuevamente lo hacía, quedaría plenamente demostrado que alguien como él, no merece el amor de la joven Tendo, no merece tener el privilegio de admirar su angelical rostro, su hermosa sonrisa, quedaría demostrado que no merece nada de parte de Akane, ni siquiera una mirada de desprecio... en absoluto, ¡nada!

Consciente de todo ello y motivado por su único anhelo, el de volver al lado de su prometida, Ranma aspiró profundamente y con la mirada llena de determinación, continuó buscando a los ninjas. Confiaba en que algún momento, uno de ellos cometiera un error y delatara su presencia, así que debía permanecer atento todo el tiempo. No se daría por vencido jamás y menos sabiendo que uno de sus más grandes sueños, estar en el corazón de su prometida, se había hecho realidad. ¡Definitivamente no! No podía darse por vencido de ninguna manera.

Las horas pasaron y en casa de los Tendo, todos estaban hecho un manojo de nervios. La boda debía realizarse a las diez y ya eran más de las once y Ranma no llegaba al dojo, lo que hacía suponer que algo había ocurrido. Tal vez, las cosas no habían salido como Kanori tenía previsto.

— Mi hijo ya debería haber llegado — dijo Nodoka visiblemente preocupada.

— Esto no está bien, será mejor que vaya al hotel ahora mismo — señaló Akane impaciente.

Al oír esto, P-chan saltó de las manos de la chica y corrió rumbo al baño. Necesitaba urgente agua caliente.

— Voy contigo — dijo Nodoka.

— No tía, es demasiado peligroso.

— Y por eso mismo tú tampoco irás — sentenció Soun.

— Pero papá...

— Espere un poco, Tendo — le pidió Genma — me parece que ha llegado el momento de que nos muestre el resultado de su entrenamiento, además, creo que debemos confiar en Akane, así como hemos confiado en Ranma cuando ella ha estado en peligro

— Sí, confía en mí, papá, por favor.

Soun se negó a dejarla ir, pero al final, ante la insistencia de Akane y Genma, terminó por ceder. Aunque no muy convencido del todo, en parte estaba feliz por el interés que la menor de sus hijas mostraba por Ranma. Esto le hacía pensar en que pronto, cuando se resolviera este asunto de Megumi, las escuelas finalmente podrían unirse.

— Ten mucho cuidado, hija — dijo Soun, al borde de las lágrimas.

— Estaré bien y como sea, volveré junto con Ranma, lo prometo — aseguró la joven y presurosa, abandonó la casa y corrió a todo lo que daban sus piernas. Avanzó algunas cuadras rápidamente, cuando de repente, alguien apareció y se colocó frente a ella, bloqueándole el paso.

— Ryoga — musitó.

— Lo siento, Akane, pero no irás a ese hotel... no te lo permitiré.

— Ryoga, ya hablamos de esto antes, cuando quisiste evitar que fuera a la isla a rescatar a Ranma, te dije que aprecio mucho el que te preocupes por mí... eres un gran amigo, pero no puedes prohibirme nada, yo tengo derecho a tomar mis propias decisiones.

— Entonces, ¿por qué aceptas ese tonto compromiso que te impusieron?

— Bueno, eso — Akane desvió la mirada — es diferente.

— Acaso tú estás... ¿estás bien con ello? — habló Ryoga con un hilo de voz, pues le costaba mucho decir aquello que lo aterraba.

— La verdad, no me molesta — confesó la chica un tanto ruborizada, clavando la vista en un punto en el suelo.

Al escuchar esto, el joven sintió que su corazón se rompía en mil pedazos. Pese a que Akane no lo había dicho directamente, para Ryoga era evidente que si a ella no le molestaba el que la hayan comprometido con Ranma, era porque sentía algo por él. Supuso que a fuerza de convivir con él durante todo este tiempo, había terminado por desarrollar sentimientos hacia su prometido.

Preso de una gran tristeza, frustración e impotencia, el joven Hibiki agachó la cabeza y apretó los puños fuertemente, clavando las uñas en sus palmas. En ese instante, sintió deseos de correr, de huir de la presencia de Akane, pero no podía dejarla sola. Más allá de todo, estaba el bienestar y la seguridad de la chica a la que tanto amaba, así que sin importar el dolor que le causaba el simple hecho de verla tan preocupada por Ranma, la acompañaría y la protegería, con su vida misma de ser necesario. Pensó en pedirle que le permitiese ir con ella, pero esas palabras quedaron atoradas en su garganta, ya que una ola de sentimientos oscuros se apoderaron repentinamente de su ser y lo paralizaron.

Muy impactado, Ryoga sintió como en su corazón surgía un odio profundo hacia Ranma, uno tan grande, que pronto terminó por aterrarlo. Nunca antes había sentido algo así y menos por él. Lo consideraba su amigo y pese a que era su más grande rival tanto en el plano de las artes marciales como en el amoroso, nunca lo había despreciado. Al contrario, lo respetaba y se sentía alegre de tener ese tipo de rivalidad con él, pues eso siempre lo había motivado a volverse más fuerte, a seguir un camino de constante superación.

No se explicaba como es que este odio se había instalado en su corazón. Pero no era solo eso; también una serie de pensamientos lascivos empezaban a invadir su mente, sin que el pudiese hacer nada para evitarlo. ¡Nuevamente estaba esa sensación tan desagradable! Tenía la impresión de que alguien más controlaba tanto sus sentimientos como sus pensamientos. Cerró los ojos para intentar poner orden, retomar el control, pero al hacerlo, al concentrarse en su interior, el cerebro empezó a punzarle, parecía que miles de agujas se le clavaban de la forma más dolorosa posible.

Lleno de pánico, sin saber por qué le ocurría todo esto y preso de un insoportable dolor, Ryoga se llevó las manos a la cabeza y cayendo de rodillas, lanzó un fuerte grito. En ese preciso instante, de su boca salió una substancia blanca, como un vapor espeso, el cual lentamente ascendió, con movimientos en forma de espiral. Al mismo tiempo, en la isla de los Asakawa, un sector de la fortaleza volaba en pedazos, causando conmoción en los ninjas.

Atónita, Akane vio como aquel vapor continuó subiendo, hasta que se perdió de vista. Saliendo de la impresión que le había causado todo esto, la joven corrió hacia su amigo, el cual permanecía de rodillas, jadeante, con la cabeza gacha y un sudor frío resbalándole por la frente.

Lo llamó varias veces, pero no recibió contestación alguna. Le movió un hombro, pero nada, el chico continuaba en la misma posición, en silencio.

— Responde Ryoga... ¿te encuentras bien? — con cada segundo que pasaba, Akane se preocupaba más.

En eso, sintió que el joven la tomaba de la muñeca.

— Tú... eres mía... solo mía — lo escuchó decir al fin. Lentamente el chico alzó la vista y mirándola fijamente a los ojos agregó — nunca permitiré que te apartes de mi lado, aunque para eso tenga que romperte todos los huesos.

— Pero qué... — la chica no pudo seguir hablando, pues un grito de dolor escapó de su garganta, debido a la tremenda presión que Ryoga empezaba a ejercer sobre su muñeca.

En Tokio, Ranma se encontraba como león enjaulado, seguía dando vueltas por la terraza, mirando atentamente hacia todas partes a la vez que trataba de idear un buen plan para abandonar el hotel sin ser descubierto; tenía la impresión de que los ninjas estaban muy cerca, pero ¿dónde?
Le dolían los ojos de tanto buscarlos y lo peor de todo es que no había podido ubicar ni a uno solo de ellos. Furioso, lanzó una maldición y estrelló el puño contra el piso de la terraza en repetidas ocasiones.

— ¿Se puede saber qué te ha hecho el suelo para que lo golpees de esa manera?

Ranma se sobresaltó y giró rápido la vista hacia el lugar de donde había provenido esa voz.

— ¿Eh? ¿Quién eres, anciano?

— Soy Asakawa Showtaro, el abuelo de Megumi.

— ¿El abuelo? — repitió Ranma, mirando de pies a cabeza al visitante. Se trataba de un hombre de no menos de sesenta años, alto, dueño de un físico envidiable para su edad, de tez blanca y cabello encanecido. Vestía un elegante kimono azul oscuro y en su cintura, portaba dos armas. En el costado derecho una katana y una daga en el izquierdo.

— Así es... y tú eres Saotome Ranma, ¿verdad?

El joven asintió ligeramente.

— ¿Sabes en dónde está Megumi? Me dijo que el casamiento se llevaría a cabo en el salón de actos de este hotel, a las diez, pero ya son las once y treinta y ni tú ni ella están listos.

Con tono de voz casi inexpresivo, Ranma le dijo que Megumi se había ido repentinamente y quién sabe a dónde.

La noche anterior, justo cuando había estado a punto de desatar toda su pasión sobre Ranma, un ninja se había presentado en la terraza llevando un paquete que alguien había dejado en la recepción del hotel para ella. Entonces Megumi lo había abierto y descubierto que se trataba de un pequeño cuaderno. Lo había hojeado durante un rato y de repente, como una centella se había marchado, sin razón aparente.

— ¿A dónde habrá ido esta niña? — se preguntó Showtaro, cruzándose de brazos. En eso, alguien le habló a través del intercomunicador que portaba en su cuello. Intercambiaron unas cuantas palabras y de pronto, el anciano palideció. Por la expresión de su rostro, por el semblante que había adquirido, parecía que había visto algún espectro, algo realmente perturbador.

— Imposible... no, esto no puede estar pasando — balbuceó. Retrocedió varios pasos hasta que chocó con una pared, sobre la cual se recargó y allí quedó, inmóvil, con la mirada perdida y con una mueca de espanto en su rostro.

El hijo de Nodoka lo miró extrañado, muy desconcertado. No alcanzaba a comprender el motivo por el cual de un momento a otro, el anciano se había puesto así.

— El cubo explotó... el cubo, el cubo, él... él ha sido liberado — se lamentaba con voz trémula.

— ¡Hey, viejo! ¿Qué te sucede? — interrogó Ranma mirándolo inquisitivamente, pero no recibió respuesta alguna. El hombre continuó con sus lamentaciones durante un buen rato, hasta que finalmente calló.

Lentamente el chico se le acercó y lo inspeccionó con la mirada. De pronto, el anciano levantó la vista y clavó sus ojos en los del muchacho.

Ranma se estremeció al sentir la mirada de Showtaro. Sus ojos brillaban como dos carbones encendidos y sin previo aviso, se lanzó contra el joven. Furioso, lo tomó de la camisa y sacudiéndolo violentamente le reclamó:

— ¡Tú! ¡Fuiste tú! ¿Verdad? ¡Seguramente tú fuiste quien tocó esa puerta!

— ¡No sé de qué hablas! — respondió el joven Saotome, liberándose bruscamente del agarre de Showtaro, para luego saltar y asestarle un golpe en la cabeza.

— ¡Auch! ¡Oye, eso dolió! — protestó el anciano, masajeando el sitio en donde había recibido el impacto — ¿Qué? ¿Nunca nadie te enseñó a respetar a tus mayores?

Ranma no replicó nada. Simplemente se cruzó de brazos y lo miró con el ceño fruncido.

— Cuando estuviste en la isla, ¿te encontraste con una puerta extraña, bastante grande, como de cinco metros de alto? — interrogó, esta vez con tono sobrio.

— No — contestó secamente.

— ¿Estás seguro?

— Sí.

— ¿Has tenido últimamente pesadillas raras? ¿Has sentido gran debilidad?

Ranma negó con la cabeza y un tanto fastidiado, preguntó:

— ¿A qué vienen todas esas preguntas, viejo?

— Bueno, ¡es que ha sucedido algo realmente terrible! ¡El sello se ha roto! — profirió Showtaro, exaltándose nuevamente.

— ¿De qué hablas?

— Allá en la fortaleza, se encontraba prisionera, sellada, una entidad muy poderosa, pero parece que alguien vulneró el sello y ahora esa entidad se ha liberado — explicó el anciano, recuperando la calma.

— ¿Qué clase de entidad?

— Verás, en el periodo Edo existía un samurái llamado Tsuchigumo Akihiko, portaba una armadura prácticamente indestructible, era alguien a quien todos temían y respetaban, un guerrero excepcional que perseguía un único objetivo, erradicar el odio y alcanzar la paz absoluta... sin embargo, no pudo cumplir esa meta, su vida terminó de forma trágica y por alguna razón, su espíritu no abandonó completamente este mundo... parte de su energía espiritual se fusionó con la armadura, la cual cobró vida y adquirió una conciencia con el ideal torcido de Akihiko. Considera que para que haya paz, todos los humanos deben ser eliminados.

— Entonces, ¿es algo así como un fantasma?

— No, no es ni un fantasma, ni un espíritu, tampoco un demonio.

— ¿Qué cosa es entonces?

— No lo sé, nadie sabe bien qué rayos es, lo único cierto es que se trata de algo realmente poderoso y ahora que está libre, acabará con todos y cada uno de los habitantes de este mundo y tal parece que empezará contigo, Ranma.

— ¡¿Qué?! Conmigo? ¿Por qué dices que va a empezar conmigo?

— Porque tu nombre apareció grabado en el sitio en donde estaba sellado.

— Diablos, no entiendo por qué apareció mi nombre ahí, no entiendo nada, pero no importa, si quiere pelear, por mí está bien, aquí lo esperaré — comentó Ranma confiado, haciendo tronar sus dedos.

— Dudo mucho que venga al hotel, como recién se liberó su poder no está al cien por ciento, por tanto no podrá sentir tu energía, así que seguramente irá a tu casa. ¿Se encuentra cerca de aquí?

— Está en Nerima.

— Así que Nerima... está como a treinta minutos de aquí en auto, sugiero que vayas pronto hacia allá, muchacho, es muy probable que ese ser empiece buscándote por allí, vete con confianza, los ninjas no harán nada.

— ¡Maldición! — exclamó Ranma. Ya empezaba a preocuparse, pues si realmente aquel ser iba al dojo, él no podría llegar a tiempo. De solo pensar en que Akane y los demás podrían ser lastimados por esa entidad, el corazón se le estrujaba.

— Si quieres llegar enseguida, yo puedo ayudarte... puedo teletransportarte directo a tu casa.

— Tele... ¿qué?

— ¡Nah! Solo choca tu puño con el mío y piensa únicamente en tu casa... cierra los ojos, visualízala en tu mente, si lo haces bien, al instante aparecerás allí.

Un poco dubitativo, Ranma acercó su puño al del anciano, cerró los ojos y centró todos sus pensamientos en el dojo. Así se mantuvo durante unos segundos, al cabo de los cuales los abrió de nuevo y...

— ¡Oye! ¿Qué pasó, viejo? ¡¿No dijiste que aparecería en mi casa?!

— ¡Hey, muchacho! ¡No me mires así! No es mi culpa el que no seas capaz de concentrarte.

Ranma torció la boca en señal de disgusto. Muy molesto, lo intentó otra vez, pero seguía en la terraza del hotel.

— ¡Esto no funciona! — protestó.

— Tú no funcionas y te lo voy a probar, me teletransportaré a la isla — señaló Showtaro, al tiempo que cerraba sus ojos y se concentraba en dicho lugar. Al abrirlos, grande fue sopresa al ver que aún estaba en la terraza.

El hijo de Genma lo miraba fijamente, con los brazos cruzados, el entrecejo fruncido y golpeando el suelo con un pie de manera impaciente.

— Este... eh, ah, bueno, creo que mi glándula pineal ya no es la de antes, lo siento muchacho, pero comprenderás que los años no pasan en vano.

Ranma suspiró resignado. Sin la ayuda del anciano tardaría un buen rato en llegar.

— No te desanimes, veo que eres alguien fuerte, si corres, seguro llegarás más rápido que en auto. Mientras llegas, a los ninjas que vigilan tu casa les ordenaré que protejan a tu familia.

— Bien, gracias, viejo, debo irme ya.

— ¡Espera! — gritó Showtaro — déjame decirte brevemente un par de cosas.

Ranma lo miró expectante.

— Por ningún motivo dejes que la distancia entre tú y esa entidad supere los siete metros, ya que entonces usará una especie de estaca que lleva en su brazo izquierdo y no serás capaz de esquivarla, pues la velocidad a la que se mueve es diez veces superior a la de una bala... tampoco realices ataques concentrados de energía, puesto que a través de su katana puede absorberlos y reflejarlos... es todo, suerte.

El joven asintió y sin más, se marchó a toda prisa, saltando por los techos de las edificaciones.

— Suerte, Ranma, la necesitarás por toneladas, será un milagro si sobrevives pues... ¡Oh, no! ¡Rayos! Olvidé decirle que esa estaca está impregnada de un veneno letal — se lamentó, pero casi enseguida se calmó y agregó — en fin, de todas formas no creo que salga con vida de esto.

El anciano chasqueó sus dedos y cuando apareció un ninja, le ordenó que subiera sus maletas al auto, pues debía marcharse cuanto antes del hotel y regresar a la isla. Con esa entidad libre, Tokio pronto dejaría de ser un lugar seguro y pacífico, para probablemente convertirse en una zona de muerte y desolación.

En casa de los Tendo, Kasumi se disponía a recoger la ropa del tendedero, pues repentinamente el cielo de Nerima se había obscurecido y amenazaba con llover. El fuerte viento le alborotaba el cabello, quitándole a ratos visibilidad y dificultándole la tarea de retirar la ropa. Nodoka se acercó para ayudarla.

— Gracias — dijo Kasumi regalándole una sonrisa.

— Vaya, el clima no suele ser así de cambiante — comentó la señora exhalando un leve suspiro. Su aliento salió como humo, lo cual la dejó bastante desconcertada.

— El viento está soplando muy fuerte — comunicó la mayor de las Tendo, estremeciéndose de frío.

Todo esto era bastante extraño. El día se había sumido en una tremenda oscuridad y el viento azotaba con terrible fuerza; de rato en rato, el cielo era iluminado por el resplandor de los relámpagos. En eso, con el rabillo del ojo Nodoka alcanzó a divisar un bulto grande. Se giró y poco le faltó para soltar un grito a causa de la impresión.

En medio del jardín, se encontraba de pie, un sujeto alto, el cual portaba una imponente armadura, la que le cubría de la cabeza a los pies. De su cintura colgaba una larga katana. Se acercó a las mujeres y con voz gutural les preguntó:

— ¿Dónde está Saotome Ranma?

— Él no está aquí — contestó Kasumi y sin dejar de mirarlo, llamó a su padre, quien casi de inmediato acudió al llamado, en compañía de Genma.

— ¿Qué pasa hija?

— Este señor busca a Ranma — explicó la chica. Nodoka se había quedado sin palabras, así que simplemente se limitó a asentir.

Los patriarcas también quedaron impactados con el aspecto de aquel sujeto. Durante un rato, lo miraron con gran curiosidad, recorriéndolo con la mirada varias veces.

— ¡Oiga Saotome! ¿Acaso usted comprometió a Ranma con la hija de este tipo, con complejo de samurái y caballero medieval? — inquirió finalmente Soun, sin quitarle los ojos de encima a aquel inusual visitante.

— Me ofende con esa pregunta, Tendo — se quejó Genma — yo no he comprometido a Ranma con nadie más a parte de Akane.

— Y el resto de chicas que dicen ser prometidas de su hijo?

— Bueno, eso...

— ¿Dónde está Saotome Ranma? — insistió el tipo de la armadura.

— ¿Se puede saber para qué lo busca? — le preguntó Genma.

— Para eliminarlo — contestó, con un tono de voz que hizo estremecer a los presentes.

— Quien quiera que sea, será mejor que se vaya — advirtió Soun — es una tremenda falta de respeto entrar de esta manera a una casa ajena y decir ese tipo de cosas... además, con esa pesada armadura está arruinando el césped de...

No pudo terminar de hablar ya que el visitante le había propinado un golpe en el rostro, con la parte exterior del guante derecho de la armadura. Debido al fuerte golpe, salió volando hacia un costado y se estrelló de espaldas contra una de las paredes de la casa y la resquebrajó.

El sonido del impacto del cuerpo del patriarca contra la pared de concreto, alertaron a Nabiki y Happosai, quienes enseguida salieron al jardín para ver qué es lo que estaba ocurriendo; al ver a Soun tendido en el suelo, corrieron hacia allá para socorrerlo.

— ¿Quién es ese? — le preguntó Nabiki, clavando sus ojos en la gigantesca figura.

— No lo sé, dijo que estaba buscando a Ranma, así que pensé que era el padre de alguna otra prometida, pero luego confesó que lo buscaba para matarlo — informó Soun, con voz entrecortada a causa del dolor en su espalda.

— ¿Dónde está Saotome Ranma? — volvió a preguntar.

Inesperadamente, una decena de ninjas hicieron acto de presencia en el jardín y se agruparon en fila frente a la armadura.

Todos se sorprendieron aún más de lo que ya estaban. No daban crédito a lo que sus ojos veían, jamás habían esperado que los ninjas al servicio de Megumi se presentaran a defenderlos. Todo esto se había tornado demasiado raro.

El líder del grupo, desenfundó su katana y ordenó a tres de sus hombres que se lanzaran al ataque. Sin titubeos, obedecieron y raudos se aproximaron al objetivo, pero al chocar sus katanas con la armadura, increíblemente éstas se destruyeron. En vista de eso, uno de los ninjas conectó un puñetazo en el yelmo y su mano se quebró. Otro le lanzó una patada al abdomen, pero no consiguió moverlo ni un milímetro siquiera. El imponente sujeto continuaba en la misma posición, firme como una enorme roca.

Entonces, el líder empuñó fuertemente su arma, la levantó por encima de su cabeza y corrió hacia su rival. Lanzó la katana un poco hacia atrás para tomar impulso y asestar una poderosa estocada, pero ni él ni los presentes fueron capaces de ver el movimiento que a continuación realizó la armadura. Nadie vio cómo desenfundó su katana y partió en dos al jefe. Para cuando se dieron cuenta, el desafortunado ninja ya estaba en el suelo, muerto.

Los demás ninjas quedaron asombrados y más que nada aterrados por la velocidad de los ataques de aquel sujeto, quien con parsimonia se les acercó y con rápidos movimientos de su katana, despedazó a dos, sin que éstos pudiesen reaccionar. Siguió avanzando y una lluvia de shurikens (estrellas ninja) cayó sobre él, pero no le causaron daño alguno a la armadura. Giró ciento ochenta grados su katana y cortó las piernas a dos ninjas, le rompió el cráneo a otro y de un solo movimiento decapitó a tres.

Los que aún permanecían en pie, empezaron a temblar, el pánico los invadió y abrumó por completo. Decidieron huir, pensando que así podrían salvar sus vidas. Lejos estaban de imaginar lo que les aguardaba.

Al verlos correr despavoridos, aquel tipo extendió su brazo izquierdo hacia el frente. Allí, en la cara interior del antebrazo, se encontraba algo que parecía una estaca de aproximadamente treinta centímetros, que parecía estar hecha del mismo material de la armadura. Repentinamente la estaca fue envuelta por un aura púrpura y salió disparada en dirección a los ninjas. A descomunal velocidad, muchísimo más rápido que una bala y como conducida por una mano invisible, alcanzó a los fugitivos y les atravesó el pecho a todos y cada uno de ellos. Luego de eso, regresó y volvió a colocarse en el antebrazo de la armadura, momento en el cual, el halo púrpura que la rodeaba se desvaneció.

En ese instante, Happosai se dirigió a sus discípulos.

— Soun, Genma, creo que ha llegado el momento de intervenir.

— Pero... maestro, ¿cómo se supone que vamos a enfrentar a este tipo? — inquirió Soun.

— Es un monstruo — señaló Genma.

— ¿Qué les pasa? ¿Acaso ya olvidaron por qué éramos tan temidos en el pasado?

— Eh, bueno, según recuerdo, quienes nos temían eran las chicas, porque les robábamos su ropa interior — expresó Genma.

— ¡Bobo! No hablo de eso, me refiero a nuestra técnica conjunta — lo regañó su maestro.

— ¿Conjunta? — preguntó Soun, llevándose una mano al mentón. Luego exclamó — ¡Ah! Usted habla del HappoGenSou, ¿cierto?

— ¡Exacto! Es la técnica perfecta para este momento, como verán, el clima está a nuestro favor.

— Pero si la ejecutamos aquí, haremos pedazos mi casa y gran parte de Nerima — acotó Soun.

— Así es, por eso la vamos a realizar en pequeña escala, creo que será suficiente para dejarlo fuera de combate.

Genma y Soun cruzaron miradas y asintieron. Entonces, el padre de Ranma se acercó a los demás y con tono grave y serio les dijo:

— Nabiki, Kasumi, Nodoka, entren a la casa, recuéstense boca abajo en el piso, lejos de las ventanas, cierren bien los ojos y no salgan hasta que nosotros lo indiquemos.

— ¿Por qué? — protestó Nabiki.

— ¿Qué planean hacer ustedes? — interrogó Nodoka con preocupación.

— Vamos a derrotarlo— afirmó Genma, sonriendo de forma solemne. Dicho esto, se dio vuelta, caminó y se colocó junto a Happosai y Soun.

— ¿Listos? — preguntó Happosai, lanzando una fugaz mirada a sus discípulos.

— Sí, maestro — respondieron al unísono — hagamos el HappoGenSou.


Muchísimas gracias por continuar leyendo esta fic. Aquí concluye el presente capítulo. Espero haya sido de su agrado.

Al inicio del mismo, como una especie de prólogo, decidí colocar el resto de la historia de Tsuchigumo Akihiko. No podía prescindir de esta parte, pues consideré necesario exponer la manera en la que terminó en la isla de los Asakawa y previo a eso, explicar brevemente de dónde es que obtuvo esa armadura tan particular. No obstante, traté de sintetizarlo al máximo, para no apartarme demasiado del contexto, de la trama principal de este fic. Espero haber tenido éxito en eso y además, ojalá no hayan quedado partes demasiado confusas. Si es así, no duden en hacérmelo saber.

Permítanme, les comento también, que en la siguiente actualización, tengo planeado subir tanto el capítulo final como el epílogo.

Agradecimientos a los reviews:

Amigas, amigos, les reitero mi más sincero agradecimiento por invertir parte de su valioso tiempo en la lectura de cada capítulo de este fic y por además, darme a conocer sus valiosas opiniones.

Znta: Hola!
Totalmente de acuerdo contigo. En efecto, víctima de las circunstancias, Ranma estuvo sumido en un estado bastante lamentable, pero ha encontrado en aquella nota, la motivación suficiente para no dejarse manipular por Megumi. Las palabras de Akane no solo que han quedado grabadas en su mente, sino también en su corazón. Gracias a eso, ha recuperado su entereza y hará hasta lo imposible por volver junto a su amada prometida.
Muchísimas gracias por tu review.
Que estés muy bien.
Un abrazo.

Amigo: Un gran saludo para ti!
jeje Sí, pues, como he dicho, eres bastante perspicaz y claro, sospechabas de que algo se traía entre manos Megumi y así fue.
Como has mencionado, es terrible lo que le ocurre a Ryoga y esa manipulación, en el presente capítulo se ha podido ver en su máximo punto y quien está sufriendo las consecuencias de ello, es Akane.
En cuanto a Kanori, sí, fue triste y más debido a que su vida fue cegada por la persona que ella más quería.
Bueno, Megumi no apareció mucho en este capítulo, pero pese a su ausencia, Ranma y los demás igual están teniendo muchas dificultades y grandes problemas que deben atender imperativamente. Si se les va de las manos, el mundo podré llegar a su final.
Agradezco infinitamente el que continúes pendiente de este fic y también por tus comentarios.
Que la pases excelente.
Nos leemos!

Own son: Un gusto saludarte, amigo!
Así es, Ranma comprendió por fin que no puede darse por vencido tan fácil. Recordando las palabras que Akane le dedicó en aquella nota, ha encontrado la fortaleza para resistir lo que sea y está decidido a volver al lado de su prometida.
Ryoga está siendo manipulado debido a que de alguna manera, cuando tocó esa puerta allá en la fortaleza de los Asakawa, algo sucedió, se estableció una especie de vínculo con la entidad que permanecía sellada en aquel lugar. Esto no ha quedado muy claro en este capítulo, pero en el siguiente se explicará con un poco más de detalle.
jeje Sí, estuvo bastante corto, debido a que como me iba a tomar mucho más tiempo escribir el resto, tuve que dejarlo hasta allí para no tardar más en actualizar, pero ahora en compensación, digamos, este capítulo fue un tanto más largo que lo usual. Espero haya sido de tu agrado y hayas pasado un momento entretenido y agradable leyéndolo.
Mil gracias por tu review, estimado amigo.
Que estés muy bien.
Nos leemos!

Sav21: Hola, Sav!
Primeramente, permíteme agradecerte por tu review. Muchas gracias por eso y por seguir leyendo este fic.
Sí, infortunadamente, aunque Ranma trató de evitar la muerte de Kanori, al final, no lo consiguió.
Justo como dices, Megumi es terriblemente despiadada; guiada solo por sus sentimientos de odio y venganza, actúa de esa forma tan cruel. Esta vez terminó con la vida de Kanori a sangre fría, sin ningún tipo de contemplación ni remordimiento alguno.
En cuanto a la carta que Akane escribió, bueno, con la lectura de este capítulo seguramente habrás descubierto ya que por descuido de Ranma, terminó en manos de Megumi, quien a través de uno de sus ninjas, se deshizo de dicha carta. Pero aunque el joven Saotome no la tenga físicamente, el contenido de la carta ya quedó grabado perfectamente en su mente y sobre todo en su corazón.
Cuídate mucho, Sav!
Nos leemos!

Nancyricoleon: Hola Nancy!
Sí, Kanori la apreciaba mucho, tanto como si de su propia hija se tratara, pero Megumi, cegada por los sentimientos negativos que gobiernan sus actos, pensando que ella la estaba traicionando, acabó con su vida sin contemplación alguna.
Por el momento, ese reencuentro entre Akane y Ranma se ha visto postergado, pero esperemos que sin importar lo que suceda, puedan volver a estar juntos y expresarse por fin, cuanto se aman.
De Ryoga, tal como has citado, es bastante perturbador, parece que alguien más está metido en su mente; si bien en este capítulo se ha visto un poco lo que está sufriendo, no ha quedado muy claro aún, qué mismo le sucede, pero en el siguiente capítulo se explicará esto un poco más a detalle.
Muchísimas gracias por tu review y por seguir leyendo, pendiente siempre de este fic. En verdad, te lo agradezco muchísimo!
Espero que tengas una excelentísima semana.
Un abrazo.

Mina Ain0: Un saludo muy atento para ti!
Sí jeje aunque fue por equivocación, la cosa es que ahora Ranma, gracias a esa nota, ya sabe lo que Akane siente por él y eso sin duda, ha ayudado mucho a que recupere su fortaleza, para no dejarse manipular de Megumi y ahora esté resuelto a ser el también sincero con ella y de esta manera, puedan al final estar juntos como auténticos prometidos. No obstante, ha aparecido alguien más, que justo como has dicho, es un personaje bastante poderoso, que pretende separarlos y de una forma incluso más drástica que la de Megumi.
Muchísimas gracias por tu review y por dedicar parte de tu tiempo en seguir este fic.
Espero que estés muy bien.
Te envío un gran abrazo. Cuídate mucho.

Nicolás Tendo: Hola!
jaja una gran verdad la que has citado, mi amigo, jeje No todo es lo que parece. Y en efecto, así fue. Parecía que Megumi había sido detenida, pero al final, ella encontró la forma de burlar la técnica de Kanori y seguir libre.
Ahora, ha aparecido alguien más, a parte de Megumi que quiere separar a los jóvenes prometidos. Parece ser alguien bastante poderoso.
Gracias por seguir pendiente de este fic y por tu review.
Cuídate mucho.
Nos leemos!
P.D. Me tranquiliza saber que no desperdiciarás esa inversión! jeje La leyenda ha cambiado, pero la estatua permanece n.n

Auri22: Un gran saludo para ti!
jajajajaja Excelente! Eso estuvo excelente, querida Auri! jaja
Me has hecho reír como no tienes idea! Aunque debo decir que no capté la referencia enseguida jeje Cuando lo hice, me eché a reír y así permanecí durante un buen rato.
Me pareció genial esa, digamos, metáfora. jaja Sí, eres genial Auri!
Ahora, bien, respecto a Megumi, sí, has expresado una serie de calificativos que sin duda van bien con esta perversa chica y su oscuro proceder.
Respecto a Akane, bueno, iba justamente en camino, para traer a Ranma de regreso a casa, pero Ryoga no se lo permitió y repentinamente se ha armado un gran problema entre ellos.
Muchísimas gracias por tu review. Espero este capítulo haya sido de tu agrado n.n
Que la pases muy bien.
Un abrazo.

Maryviza: Hola, Mary!
Ciertamente que fue bastante amargo lo que le tocó vivir, pero como bien has mencionado, fue él quien desencadenó esto al descuidar casi por completo a su familia. Y al final, se dejó llevar por la ira y cometió esas atrocidades, las que justamente como planteaste, hicieron mella en su conciencia; lo abrumaron, lo agobiaron tanto, que no pudo soportarlas por más tiempo y desolado, decidió terminar con su miseria. Celebro que haya sido de tu agrado esa parte, pese a que de cierta forma, se salía un tanto del contexto general del fic.
Lamento haber hecho que te entristezcas con el deceso de Kanori; infortunadamente no consideró todos los alcances de Megumi y pagó un precio muy alto por ese error.
Nuevamente el destino y sus caprichosos giros, han hecho que la situación, que parecía por fin se solucionaría, volviera a complicarse y más ahora con la entrada en escena de alguien que parece ser peor aún que la misma Megumi. Pero bueno, más allá de eso, con la lectura de este capítulo, habrás descubierto ya que la última parte del anterior, que te traía con los nervios de punta, llegó a buen término; Ranma corrió con suerte, pero ya veremos si esa suerte continúa sonriéndole, especialmente ahora que va camino a enfrentar a un nuevo adversario, el cual amenaza no solo con liquidarlo a él y a su familia, sino a toda la humanidad.
Gracias por seguir leyendo este fic y por darme a conocer tu opinión.
Pásala muy bien.
Nos leemos!

Aquiles Vaesa: Un atento saludo para ti!
Muchas pero muchas gracias por tus reviews.
Ese capítulo quince, sí que fue bastante intenso, pues allí, tal como habrás descubierto con la lectura del mismo, se narró el pasado trágico de Megumi, el cual la marcó para toda la vida y forjó el carácter y la personalidad oscura que actualmente posee.
Muchas gracias por considerar emocionante al presente fic. Me alegra saber que fue de tu agrado el anterior capítulo y sinceramente espero que este también lo sea.
Cuídate mucho!

Akane Taishoval: Muchísimos saludos para ti!
Lamento no haber podido actualizar antes, pero ojalá que la espera haya valido la pena y leyendo este capítulo, hayas pasado un momento agradable y entretenido.
Agradezco enormemente tus amables palabras y permíteme decirte que me alegra mucho el saber que el presente fic es de tu total agrado y me emociona mucho el haber podido sorprenderte con esta historia. Gracias por ponerlo a mi conocimiento.
Muchísimas gracias tu review.
Que estés muy bien!
Te envío un gran abrazo.

Nos leemos en la próxima y última actualización!

Que tengan una muy buena semana.