Gracias a su hermana mayor, Phineas y Ferb lograron escapar de la casa y librarse de una confrontación con sus padres.

Ambos, plenos adolecentes, estaban caminando por el vecindario, respiraban tranquilamente al estar alejados de su propia casa, sabían que tenían que volver pero preferían disfrutar el poder estar solos como ahora, poder olvidarse de sus padres y sus problemas y solo pensar en ellos.

Daban un paseo tranquilo, Ferb miraba a su alrededor, notando algunas casa nuevas y algunas personas que nunca había visto por el vecindario. Su novio le explicó que varias casas fueron construidas en el tiempo que Ferb estuvo fuera y algunas familias se fueron y otras se mudaron aquí.

-De lo que me pierdo. Varias cosas han cambiado – Mencionó el peli verde, asombrado como su propia calle había cambiado en este tiempo.

-No es lo único, tú también has cambiado mucho Ferb – Una sonrisa tierna se dibujó en el rostro de Phineas al decir estas palabras.

-¿Tú crees? – Miro de reojo a su compañero, sin creer mucho sus palabras, si era consciente de que había crecido en este par de años pero pensaba que su apariencia hubiera sufrido algún cambio radical.

En actitud era el mismo, su rostro tampoco había cambiado mucho pero a los ojos de Phineas, su amado hermanastro estaba en camino de convertirse en todo un hombre, ya ahora, Ferb se veía como todo un adolecente, era alto, atractivo, la ropa que estaba usando actualmente era unos pantalones azules, una chaqueta que estaba abierta, dejando ver su camisa blanca. Tenía todo el aspecto de un hombre joven aunque su pubertad apenas comenzaba.

Y para el pelirrojo, Ferb era un chico absolutamente guapo y seguramente cualquier muchacha que lo viera, pensaría lo mismo.

Hablaban tranquilamente sin percatarse de las personas a su alrededor y las innumerables miradas que estaban encima de ellos. Varios adultos que estaban o regando sus patios o barriendo el polvo de la acera los miraban entre impresionados e incrédulos, los jóvenes que también pasaban por allí, los miraban con diversión y otros más bien confundidos.

La joven pareja no se dio cuenta de estas cosas hasta después de una cuadra más cuando vieron a unas personas susurrando entre ellos y mirándolos de reojo.

-Ferb… ¿No sientes que algo raro está pasando?

-¿Qué está ocurriendo aquí?

Los dos miraban a las personas del otro lado de la calle, que a pesar que algunas tenían la delicadeza de disimular, las otras no tenían la vergüenza de ocultar sus risas y platicas.

Los dos hermanastros se sentían muy incomodos y extrañados por la extraña atención y comportamiento de todos los del barrio. Entre más caminaban, no parecía que ese extraño comportamiento en la gente disminuía, parecía como si todo el mundo se comportara así de pronto a entorno a ellos.

-Vaya, si no son más que la pareja del momento – Una dura voz masculina y rasposa sonó delante de ellos. Buford Van Stormm apareció arrastrando detrás de el a Baljeet – Creí que estarían encerrados en su casa el resto del año, admito su valor – Se burló el bravucón al mismo tiempo que empujaba a Baljeet hasta al frente y luego pasar su fuerte brazo por el cuello del moreno.

-Creo que debimos hacer eso mismo, todo el mundo está actuando de una forma muy inusual- Phineas se volteo a todas direcciones viendo como unas personas fingían naturalidad al percatarse de la mirada del pelirrojo.

-¿Y te extraña que se comporten? – Preguntó el grandulón.

-¿Qué sucede? – Preguntó sin rodeos Ferb.

Esta vez fue Baljeet quien intentó explicar la situación a pesar que le costaba un poco hablar por el apretón de Buford.

-Es que ya todos saben lo de ustedes.

-¡¿Qué?! – Exclamaron atónitos los hermanastros.

Pronto sus mentes le encontraron lógica a la conducta de todos los vecinos hacia ellos, esto era una cadena de chismes entre todos por la nueva noticia.

-Pero… ¿Cómo se enteraron? – Pregunto Phineas pasando una mano por su cabello.

-¿Qué tal si el culpable lo dice por sí mismo? ¡Ya sal de ahí tarado! – Grito con fuerza Buford hacia un arbusto detrás de los chicos. Los susodichos se voltearon a ver aquella planta, al principio pensaron que Buford estaba bromeando pero entonces, un chico de cabello anaranjado y de enormes gafas salió del arbusto de un solo salto.

-¡AH! – Phineas se asustó por el repentina aparición del chico, por instinto se abrazó de Ferb para buscar protección entre sus brazos.

-Hola chicos – Este muchacho llevaba unos pantalones cortos de color marrón griseado, una camisa celeste de manga larga con la imagen de las iniciales de Phineas y Ferb en el pecho y unos zapatos blancos.

-¡Irving! Eras tu… - Suspiro con más calma el pelirrojo al notar que era su amigo.

-Me sorprende que no habían notado a este loco siguiéndolos todo este tiempo – Dijo el bravucón rodando los ojos por lo despistados que fueron el par de hermanastros – A propósito, mejor sepárate de tu novio antes que el chismorreo continúe – Sugirió apuntando a las personas del otro lado de la calle que ahora charlaban con más ímpetu los unos con los otros al ver a los novios abrazados.

Al notarlo, Phineas se separó de su pareja con la cara casi enteramente sonrojada.

-Irving, ¿Tu sabias lo de Phineas y de mí? – Pregunto cautelosamente el peli verde.

-Así es, cuando me entere que finalmente ayer ibas a llegar, me quede hasta muy tarde en la fiesta para tomar más fotografías de mis héroes y fue cuando me entere que ustedes habían iniciado una relación – De uno de los bolsillos de su pantalón sacó una cámara negra y con una correa la colgó de su cuello – Y como el fan número uno de ustedes dos, era mi deber repostar esta increíble noticia a todo el mundo – Su voz desbordaba entusiasmo, tomo su cámara y sin más, comenzó a tomar docenas de fotografías de sus ídolos.

Los dos se notaban muy avergonzados por la explicación de Irving, ellos no querían que su relación se supiera tan de golpe, querían tomar las cosas calmadamente pero eso ya no era posible. Phineas desvió la mirada hacia un lado sin saber que decir, solo dejando que el chico de las gafas siguiera tomando fotos. Y su hermano, solo en respuesta, dio un largo y profundo suspiro resignado.

Buford y Baljeet se quedaron mirando esta escena solo unos segundos antes que el enorme chico soltara al hindú y fuera a tomar a la pareja por los cuellos de sus ropas y llevárselos lejos de su fanático.

Los aturdidos no reaccionaron a tiempo cuando fueron llevados a fuerza hacia donde fuera que los llevaba el gran chico de cabello castaño. Aunque preguntaron reiteradamente que estaba haciendo o a donde los llevaba, él no les dijo nada, solo se los llevo en silencio hasta llegar a su casa, al llegar allí, prácticamente los arrojó dentro como si fueran unos sacos.

-Al fin, ese tipo da más miedo que esa mocosa de Susi – Se quejó en voz alta, el recordar a la hermanita menor de Jeremy siempre le causaba un mal sabor de boca a Buford.

-Oye, ¿Por qué nos trajiste aquí? – Cuestiono el británico.

-¿No es obvio? Para escapar de ese loco fanático y de esos metiches que no paran de hablar a sus espaldas, rayos, pareciera como si nadie hubiera visto a un par de chicos saliendo antes – Se fue hacia la cocina para buscar un refresco. Los demás lo siguieron y se sentaron alrededor de la mesa para descansar.

Se quedaron en silencio por un rato, pareciera que todo el mundo estaba sumergido en sus pensamientos pero al final, Baljeet decidió romper el silencio.

-Vaya día, eh – Intento romper la tensión que obviamente sus amigos sentían.

-Sí, no esperaba que tan solo un día después que nuestros padres lo supieran, toda la ciudad lo sabe también – Dejó salir una risa sin humor el joven británico, recargo su cabeza en su mano derecha y rodo los ojos hasta el techo.

-Bueno, vean el lado positivo, si antes ustedes eran reconocidos en toda la ciudad por sus locas cosas, ahora serán tan famosos como una estrella de rock o de cine.

-Jamás quisimos tanta atención Buford – Phineas dejo recargar su cabeza encima de la mesa, se sentía cansado por alguna razón.

-Pero siempre lo han tenido, en la escuela ustedes dos son los más populares, también en el barrio – Explico antes de beber todo el contenido de su lata de refresco.

-Sabes bien que nunca hemos hecho ninguno de nuestros inventos para llamar la atención, todo lo que hicimos fue solo por diversión.

-Da igual, lo que importa es que ustedes dos estarán en boca de todos por una larga temporada – Cuando acabó con su refresco, aplasto la lata contra su frente y la lanzo al bote de basura.

Baljeet le mando una mirada molesta a su viejo amigo por tener tan poca delicadeza con los hermanos Flynn-Fletcher, el hindú se volteo a ver a sus amigos, los pobres parecía que no podían estar un momento en calma, ni siquiera en la calle ahora.

-Oigan…. ¿Qué les parece si van a la ciudad?

-¿A la ciudad? – Pregunto Phineas un poco confundido.

-Claro, estoy seguro que allí no abran chismosos para molestarlos, pueden pasar un buen rato allá.

Phineas y Ferb se miraron por unos segundos, como si estuvieran teniendo una conversación sin pronunciar una sola palabra, solo se veían a los ojos, pronto unas sonrisas se dibujaron en sus rostros. Desde hace un tiempo demasiado largo desde su última cita, en verdad disfrutarían de al fin algo de paz.

-Gracias Baljeet pero como saldremos sin que todas esas personas estén viéndonos como si fuéramos algún tipo de show o algo así – Jeet se quedó pensando unos momentos, debe de haber algun camino que los llevase a la ciudad sin que todo el mundo estuviera hablando a sus espaldas cuando los vieran.

Hubo silencio unos momentos antes que fuera roto por un suspiro profundo de Buford.

-Andando tortolitos – Ordenó caminando hacia la puerta que llevaba a su patio. Los demás, aunque confundidos, siguieron al musculoso muchacho. En el patio, lo vieron empujando unas tablas de madera viejas de la cerca que estaban detrás de un árbol, espacio que había entre el árbol y la cerca era un poco angosto para Buford pero el ignoraba ese detalle.

-Atrás hay una calle casi completamente desabitada por lo vieja que es, pueden ir por allí y llegar fácilmente a la ciudad.

Los chicos sonrieron ampliamente, no dudaron ni un momento en pasar por ese pequeño hueco que Buford abrió para ellos, antes de irse les dieron las gracias a sus amigos y después salieron corriendo por la calle.

-Eso… fue muy amable de tu parte Buford- Se atrevió a decir Baljeet.

-Bien, con todo el drama que tienen en casa, merecen un segundo al menos para divertirse – Miraba la dirección que habían tomado la pareja, intentó ocultar su sonrisa de su compañero, aunque el romance le parecía desagradable, deseaba ver a esos dos felices, como siempre habían sido cuando eran niños –Ahora, ¿En que estábamos? – Volvió a pasar su brazo por el cuello del chico más pequeño, casi estrangulándolo y lo arrastro de vuelta a su casa.

Sería un bello día para Phineas y Ferb pero no para Baljeet.

Tardaron unos veinte minutos llegar a la ciudad, estaban un poco cansados por haber tenido que caminar todo el camino pero se les olvidó ese detalle pronto cuando llegaron a su destino. Era la primera vez que ellos estaban en la ciudad sin tener a sus padres o algún adulto con ellos.

Baljeet tenía razón, allí nadie estaba mirándolos de una forma rara o hablaba a escondidas de ellos, se mesclaron fácilmente en la multitud.

Los dos se sentían muy felices y relajados. Caminaron por una calle, viendo las diferentes tiendas que habían, algunos restaurantes, pequeños hoteles, entre muchas cosas más. Los dos se detenían de vez en cuando veían algo que les llamaba la atención.

-Oye Phineas, ¿Te gustaría comer algo?

-Pero no tenemos dinero.

-No realmente, tome algo de dinero que tenía ahorrado antes que saliéramos, así que, ¿Qué dices?

El pelirrojo se tomó un minuto para pensar, no tenía demasiada hambre pero la idea de comer solos en un restaurante le gustaba mucho.

-Está bien, adonde vamos.

-Recuerdo que había un café cerca de aquí, sino lo han cambiado de lugar, claro- Con todas las cosas que habían cambiado desde que se fue, no estaba seguro si ese lugar seguía abierto o no.

Se fueron caminando por una calle algo atestada de personas, los dos tuvieron que tomarse de las manos para evitar que toda esa multitud los separara por accidente, era algo difícil caminar con tan poco espacio que había por todas esas personas pero lograron llegar al supuesto café en una sola pieza.

Era un establecimiento bastante grande y tenía un aire muy elegante a pesar que no era demasiado costoso, había muchas personas pero también se notaban varias mesas desocupadas. Los adolescentes caminaron hasta la recepción donde se encontraba un mesero, estaba escribiendo algo en una libreta, se detuvo en su actividad cuando notó las presencias de los nuevos clientes.

-Buenos días caballeros.

-Buenos días, ¿Tiene una mesa para dos? – Pregunto el británico.

-Por supuesto joven, por aquí – Los guió hasta una mesa que estaba casi al centro del salón, esa mesa tenía un manto blanco y pulcro, en los bordes tenía unas figuras de muchas rosas, encima se encontraba un pequeño adorno de flores falsas y unas servilletas. Los chicos se sentaron y casi inmediatamente el mesero les dio unos menús.

-Volveré en unos momentos para tomar su orden – Se retiró a atender a otros clientes.

Los hermanos abrieron los menús. Ese café tenía mucha variedad, tenían todo tipo de pasteles, sándwiches y varias bebidas y claro, jugos, café y té.

No tardaron mucho en decidir lo que querían pero tuvieron que esperar a que el mesero volviera para pedir lo que querían. Se demoró bastante en regresar pero era comprensible, había mucha clientela.

-Perdonen la demora, ¿Qué desean?

-Bien, yo quisiera un sándwich y una bebida – Dijo el peli verde.

-Y yo un pastel de crema y un jugo de durazno.

-En seguida caballeros, volveré en unos minutos con su comida – Anotó todo lo que dijeron los adolescentes en su libreta y se retiró.

Ambos chicos se quedaron conversando un rato y apreciando el bello lugar donde se encontraban, a su alrededor habían no solo familias disfrutando de una comida, también varias parejas, incluso habían unas personas que estaban trabajando en sus computadoras portátiles mientras bebían un café.

Esperaron unos diez minutos por su comida. Le dieron las gracias al mesero cuando les sirvió y comenzaron a comer, era delicioso tanto como el sándwich como el pastel de crema, no era raro que tuvieran tantos clientes si tenían tan buena comida.

Pasaron un rato muy divertido allí, cuando acabaron y Ferb pagó la cuenta, los dos decidieron ir a un centro comercial que no estaba demasiado lejos de donde se encontraban.

Este era el centro comercial más grande de toda la ciudad, la pareja se pasó por un sin fin de pasillos para ver las numerosas tiendas, aquí vendían prácticamente cualquier cosa, muebles, ropa especial para deportes, artículos electro domésticos, como refrigeradores, lavadoras, secadoras, planchas, incluso vendían unos autos cerca del estacionamiento.

Caminaron cerca de una heladería y a su lado vieron una tienda de revistas, se detuvieron allí y leyeron un poco.

-Mira Ferb, esta revista de aquí, muestra las mejores construcciones del mundo – El mencionado se acercó más para leer la revista, distraídamente, puso su mano en el hombro de Phineas cuando estuvo a su lado.

Phineas se sonrojo un poco cuando la mano de su hermanastro lo toco pero pronto sonrió suavemente.

Ellos no se habían dado cuenta pero en la larga fila que había en la heladería, había un grupo de chicas que los habían reconocido, ellas se habían enterado de la relación de los hermanastros Flynn-Fletcher, igual que a todos los demás, ellas estaban sorprendidas, esa noticia era tan increíble que llegaron a no creerla pero el escenario que estaba delante de ellas, demostraba que esa noticia era verdad.

-Creo que era cierto, véanlos.

-Si…No pensé que ellos se enamorarían pero me equivoque.

-No se chicas, a mí me parecen muy felices juntos – Menciono una chica sonriendo tímidamente al ver a los muchachos de lejos.

-Bueno… En eso tienes razón, Phineas se ve realmente muy feliz pero….

-¿Qué pasa Gretchen? – Dijo una chica de coletas.

-Es que… ¿Qué haremos con Isabell…? – No pudo completar la frase porque sintió la presencia de alguien justo detrás de ella y fue justamente su ex líder del equipo de exploradoras. La chica tenía el cabello suelto, llevaba un vestido rosa sin mangas, solo tenía tirantes y una blusa de un tono morado muy claro, tenía unos tenis también de color rosa con una franja blanca cruzando por justo en medio.

Ella miraba fijamente a la dulce pareja que estaba completamente concentrada en su revista, poco a poco, sus ojos azules adquirieron una apariencia estremecedora y oscura, la mirada de la chica pronto fue la mescla perfecta entre los celos, odio y una profunda ira, que parecía crecer más al ver la felicidad en el rostro del chico que alguna vez fue toda su ilusión.

Estiro el brazo y con su mano, le arrebato el helado que una de sus amigas había comprado y sin más, lanzo ese postro con todas sus fuerzas a la cabeza de Phineas.

El aludido de pronto sufrió de un terrible temblor en todo su cuerpo cuando ese cono de helado le golpeo con fuerza en la cabeza, el cono callo a sus pies, su rojo cabello quedo todo pegajoso por el helado.

-¿Estas bien? – Pregunto angustiado el mayor.

-Si pero ¿Qué fue eso?

Sin que ellos lo notaran, gracias al alboroto que se causó por ese golpe con ese postre, ese grupo de chicas salieron corriendo de allí, llevándose consigo a Isabela que aún no apartaba la vista de ellos.

Phineas intento limpiarse el helado del cabello con unas servilletas que la heladería, aunque consiguió quitarse bastante del helado, su cabello acabo todo pegajoso.

-Tal vez… deberíamos volver a casa para que puedas limpiarte mejor.

-No te preocupes, solo es helado – Sonrió lo mejor que pudo para convencer a su novio. No quería que este momento con Ferb acabara tan rápidamente – Ven – Tomo la mano de Ferb y lo llevo a las escaleras eléctricas – Hay una película que me gustaría ver, la estrenaron hace poco, se ve divertida – Otra de las numerosas cosas que habían en ese centro comercial era que tenía un cine incorporado, se encontraba en el primer piso.

Compraron un boleto de entrada y mientras Phineas hacía fila, Ferb fue a comprar unas palomitas para los dos.

La película que iban a ver era una cómica, basado en una serie de televisión, se encontraban varios niños en la fila pero también algunos adolecentes que se notaban muy entusiasmados por ver la película.

Ya dentro de la sala, a Phineas se le olvido casi de inmediato su problema con el cabello, se distrajo mucho por la película. El y Ferb se rieron en varias ocasiones, había escuchado muy buenas opiniones de esta película y confirmo que eran ciertas, era muy graciosa.

Posó su cabeza en el hombro de Ferb, se encontraba muy cómodo con el habiente que se encontraba, lo estaba disfrutando mucho.

La película duro casi dos horas, dos horas que todos gozaron mucho, al salir de la sala, los hermanastros estuvieron hablando de lo divertido que fue la película hasta que oyeron un sonido raro.

-Oye Ferb, ¿Qué es eso?

-Me suena a… - Siguiendo su suposición, Ferb corrió hasta una ventana que había cerca de un asesor, lo que vio a fuera era exactamente lo que había imaginado.

Lluvia.

-Rayos – Exclamo Phineas al ver también por el vidrio -¿Qué hacemos? No tenemos sombrilla.

-No habrá remedio, tendremos que ir a casa caminando, se me acabo el dinero – Los dos suspiraron suavemente, su hogar no estaba muy cerca del centro comercial, así que terminarían completamente empapados.

Caminaron tranquilamente hacia la salida, se quedaron quietos unos momentos para ver la lluvia, no caía demasiado fuerte por suerte.

-Muy bien, aquí vamos- Dijo Ferb poniéndose en posición.

-1…. 2…3! –Los dos salieron corriendo lo más rápido que podían cuando Phineas dijo ese último número.

Los dos rápidamente estuvieron completamente mojados de los pies a la cabeza pero ellos comenzaron a reír, se estaban divirtiendo mucho con su carrera, sus veloces pisadas hacían que cada charco con el que se encontraban, salpicara hasta sus rodillas.

No tenían idea de cuánto les tomo llegar a casa pero no les importaba, el final de su carrera ocurrió cuando llegaron al patio de atrás, entraron a la casa por la puerta que daba a la cocina.

-Creo que fue empate – Dijo sonriendo Ferb, le faltaba un poco el aliento.

-Sí pero al menos la lluvia arreglo el problema de mi cabello – Gracias a toda esa agua, se le quito lo pegajoso a todo su pelo.

-Vaya, por un momento pensé que pasarían la noche afuera – Dijo una conocida voz a sus espaldas.

-Hola Candace – Saludo alegremente el menor de los tres.

La universitaria sonrió amablemente, desde hace tiempo que no veía una sonrisa tan luminosa en el rostro de su hermano menor.

-Sera mejor que vayan a cambiarse antes de que pesquen un resfriado.

-Es verdad pero…. Oye Candace, ellos…

-Tranquilo hermanito, papa está en su trabajo y mama fue a ver a la señora Garcia-Shapiro, estamos solos aquí – Explico la peli naranja.

Los hermanastros suspiraron aliviados de saber que ninguno de sus padres se encontraba en la casa.

Fueron directamente a su habitación para cambiarse de ropa.

-Oye Ferb… ¿Cuándo hablaremos con mama y papa? – Pregunto de la nada Phineas ya con su piyama puesto y sentado en el borde de su cama.

-No podremos evitar esa plática para siempre… Tenemos que hacerles entender que nosotros hablamos en serio y que no tienen que preocuparse tanto – Explico el mayor, llevaba solo sus pantalones del piyama.

-¿Entonces dices que…?

-La próxima vez que los veamos, hablaremos directamente con ellos, les haremos entrar en razón – La voz del británico sonaba determinada, no quería separarse nunca más de Phineas. Nadie, ni Isabella, ni sus padres, ni nadie se interpondrán.

Phineas se sintió más aliviado y seguro al oír el tono de voz de su hermanastro y sus palabras, se puso de pie y abrazo al mayor suavemente. Pronto sintió los brazos del otro alrededor de su cintura.

Todo saldría bien, sin importar el resultado, los dos permanecerán juntos.