Capítulo 3: ¿Por qué?

-¿Que hace esta hermosa señorita bajando de un árbol? Eso no es propio de una dama, Bells –comencé a reírme.

-Jasper. Dios, que bueno verte.

Jasper Hale era mi primo materno, pero no era judío, por cuestiones que nunca entendí. Lo que sí sé es que era mi primo totalmente. Era el único hijo del único hermano de mi madre, el cual tampoco era judío.

Cualquiera que lo viera nunca pensaría que era mi primo. En lo único en que coincidíamos era en nuestra tez pálida. Por lo demás, Jasper tenía un pelo rubio dorado que brillaba en todo momento, el cual combinaba con sus ojos celestes. Un cuerpo completamente escultural, junto con una altura envidiable. Según mi tío, mi primo fue un galán en sus épocas de secundaria. Tenía diecinueve años y ya trabajaba en la panadería de mi tío. Una de las más importantes y conocidas de Erfurt.

Lo malo era que no podíamos decir que éramos primos a cualquier persona, ya que si no él podría correr riesgo por tener lazos sanguíneos con judíos. Por lo que muchos pensaban que éramos pareja o amigos bastante cercanos.

Luego de estrechar a mi primo en un fuerte abrazo, emprendimos camino hacia mi casa. Miré el reloj, la campana ya había sonado.

Cuando íbamos pasando enfrente de mi escuela, fue inevitable echar una mirada, pero me arrepentí inmediatamente.

Edward se encontraba recostado contra la pared. En cuanto me vio su cara se deprimió completamente, luego observó a Jasper y su cara mostró una confusión total.

Omití aquello y miré al frente totalmente decidida a ignorar a aquellas personas.

-¿Debería saber quién es aquel muchacho? Está mirando fijamente hacia nuestra dirección.

-No, solo… sigue caminando –estaba tensa, lo cual era una desventaja frente a Jasper. Él podía darse cuenta de cómo me sentía sólo con pararse a mi lado.

Pasó uno de sus brazos por mis hombros, transmitiéndome esa paz que solo él podía irradiar, y comenzó a hablar sobre trivialidades. Esa era una de las cosas que amaba de Jasper, sabía cómo tranquilizarme y hacerme olvidar de mis preocupaciones, por un tiempo.

Llegamos a mi casa, donde mi madre se encontraba preparando la cena.

Hoy mi tío y Jasper cenaban en casa, era el cumpleaños de mamá.

Mi tío llegó un cuarto de hora después, trayendo consigo un pastel de su panadería.

Tuvimos una cena bastante agradable, mi tío, Karl, nos relataba sobre las diversas cosas que sucedían en su negocio, desde el primer cliente de las seis treinta de la mañana, hasta el último de las doce del mediodía.

Por supuesto, era inevitable que los problemas que había en nuestro país salieran a colación.

Cuando esto sucedió, Jasper me envió una mirada significativa y salimos de mi casa.

Eran cerca de las nueva treinta de la noche y la charla parecía tener un plazo bastante grande de tiempo.

Empezamos a caminar calles abajo con mi primo. No eran las mejores horas para que un judío esté fuera de su casa, pero siempre nos ha gustado la adrenalina. La ventaja era que, si un policía nos observaba y no notaba la estrella de David en mi brazo, ya que mi primo intentaba taparla con su cuerpo, no tendríamos ningún problema. Cada vez que Karl y él iban a cenar a casa, luego de la cena, Jasper y yo caminábamos hasta su hogar, donde me quedaba a dormir.

Se podría decir que Jasper era como un hermano para mí. Hemos vivido juntos desde que nací. Era la persona en la que más confiaba, que me salvaba de cualquier situación, el que nunca me abandonaba y se quedaba despierto toda la noche con tal de que yo no tuviese pesadillas, era mi mejor amigo. A pesar de que él tuviese un grupo de amigos, siempre prefería pasar su tiempo conmigo, ya que él también me decía que era su mejor amiga y que me quería como a una hermana. Simplemente amaba a mi primo. Era como una bendición tener a alguien así a tu lado.

La casa de los Dwyer estaba ubicada en una de las zonas más ricas de la ciudad. Como había dicho, mi tío tenía la panadería más importante de Erfurt, por lo que podía darse el lujo de vivir en tal zona residencial.

Las casas eran simplemente increíbles. Cada una tenía una decoración y estructura diferente, mostrando la autenticidad del establecimiento y, por lo tanto, de sus habitantes.

Llegamos, finalmente, a la casa de mis familiares.

Estábamos preparando café caliente para tomar antes de dormir cuando escuchamos la puerta.

Como siempre, me quedé en la cocina, ya que no podíamos correr el riesgo de que sea un integrante de la Gestapo o algo por el estilo.

Jasper fue a atender la puerta mientras yo ponía la pava a calentarse.

De repente, escucho una voz sumamente familiar, una voz chillona y estridente. Podía ser esa persona, pero no estaba segura.

Como la intriga me pudo ganar, asomé la cabeza para ver quién era.

Alice. Joder.

Antes de poder desaparecer y seguir con lo mío, escucho:

-Bella, ¡Bella! No sabía que vivías aquí. ¿Cómo estás? –Rayos.

-Pues… -dudé mientras me acercaba hacia ella-. No lo hago. Jasper es mi primo.

Mientras ella se presentaba a mi primo, hubo un pequeño detalle que no pude omitir. "Vivimos en la casa de al lado" había dicho la recién llegada.

Esto tenía que ser una broma. No podía encontrarme con los Cullen en medio de la escuela y ahora me entero de que son los nuevos vecinos de mi primo.

Esto era el colmo.

Luego de hablar un rato "animadamente", Alice volvió a su casa, ya que era un poco tarde.

-Bueno… me vas a decir que está pasando –sentenció mi primo mientras nos sentábamos en la cocina.

No tuve más remedio que relatarle lo que pasó aquellos dos días. No podía mentirle a Jasper. Manifesté mi enojo frente al gobierno de nuestro país, a la incapacidad de poder establecer relaciones con personas que consideraba puras, pero en cuanto a alma. Sin embargo, le dije que estaba totalmente decidida a cortar cualquier tipo de vínculo que los hermanos Cullen intentaran establecer conmigo. Jasper era una persona totalmente razonable, por lo que apoyó mi idea, ofreciendo su ayuda en cualquier cosa que necesitara, como siempre.

Aquella noche, mientras escuchaba a mi primo dormir mi cabeza comenzó a divagar, nuevamente.

Si bien los Cullen podían aparentar ser buenos, no lo eran. Eran puros. Las únicas personas no judías que conocía que poseían un corazón completamente bueno eran mi tío y primo. Nadie más. Los demás puros eran iguales. Seguramente lo eran. Y los Cullen no serían la excepción…

Hola! Perdón por tardar tanto tiempo en subir. Estuve muy complicada y no podía organizarme para poder sentarme un rato y dejar que la imaginación volara, por lo que prefería esperar a que ese momento llegara y no escribir cualquier cosa. Parece que el momento llegó.

Espero que les guste. Por favor dejen un comentario de que les va pareciendo la historia. Honestamente, por más que a uno le apasione escribir, son los comentarios un gran factor en que uno siga escribiendo. Gracias!