-James –repetí.
Se acercó hasta quedarse a dos metros de mí. Mi corazón latía a mil por hora. Estaba realmente nerviosa, pero si le llegaba a manifestar aquello, iba a pensar que era porque su presencia me engatusaba. Pero sólo podía sentirme nerviosa al cruzarlo a aquellas horas, cuando no había ningún automóvil en la calle, o gente cerca que pudiese calmar el ambiente. Éramos solo nosotros dos.
-¿Acaso mi mente te trajo aquí?
-No, vine sola –largó una carcajada. Por más que estuviese nerviosa, mi boca lograba hablar por sí misma, aunque no eran específicamente halagos los que de ella salían.
-Eso es lo que me encanta de ti –suspiró-. No eres como las otras muchachas, a las que se les dice "hola" y ya están a tus pies. Eres tenaz, te resistes. Pero vamos, tú también me deseas, sé que lo haces. Solo falta que presione un poco y…
-Basta –le interrumpí riendo-. Es patético. Eres patético.
La luna parecía haber perdido un poco de brillo, me sentía cada vez en una oscuridad avasalladora. Quería irme urgentemente de allí.
-¿Por qué te resistes?
-No lo hago.
-¿Te han dicho alguna vez que eres tan bonita como poco encantadora?
-No. Sólo soy así contigo.
Su semblante se ensombreció y tuve una punzada de alerta que, en el siguiente segundo, ya me encontraba escalando aquél árbol en el que había subido tantas veces.
Por un momento sentí su mano sobre mi pie, pero no hubo presión alguna. Cuando terminé de escalar, dirigí mi mirada hacia abajo.
No puede ser.
En el lugar donde hacía unos minutos me encontraba recostada, estaban James y otro joven peleando. No podía distinguir al otro ya que se encontraba mirando fijamente a James.
Era una pelea bastante aparejada. Mi aparente salvador parecía tener conocimientos, técnica. James, en cambio, descargaba toda su fuerza, pero sin movimientos premeditados.
Fue un ida y vuelta que duró muy poco, afortunadamente, si se podía decir eso.
En un descuido del joven James le pegó un puñetazo en la mandíbula, desestabilizándolo por un momento, pero al segundo volvió en sí y le devolvió el ataque a James, dejándolo peor y tomado en sus rodillas.
-Vete –fue lo único que dijo en toda la pelea, y James, resignado, hizo caso, antes de enviarme una mirada bastante amenazadora y escalofriante. Pero más que por su mirada, me quedé helada al reconocer la voz de mi protector, quien se encontraba recostado en el árbol, recuperándose.
Sigilosamente, salté del árbol, cayendo sobre cuclillas y me acerqué a él.
A la luz de la luna, parecía irreal. Era el sueño de cualquier adolescente, que le causaba ganas de correr hacia él y abrazarlo para no dejarlo escapar jamás.
Pero la realidad era que aquel joven no era otro que Edward Cullen.
Me paré frente a él.
-¿Edward?
Alzó la mirada y me encontré con aquello ojos verdes, que estaban volviendo a su color esmeralda. Era tan…
-¡Por Dios! ¡Mira cómo estás! –su cara tenía una hinchazón en su labio y sobre el párpado derecho. Iba a tener moratones. Además, su labio sangraba.
-¿Estás bien? –me preguntó, sin darle importancia a mi comentario.
-¿Estás de broma? Acabas de ser golpeado, ¿y te preocupas por mi estado? –su mirada seguía manteniendo la mía, insistente. Terminé desviándola-. Estoy bien.
-¿Segura? No me molestaría para nada seguirlo. Seguro se fue por…
-Basta. Estoy bien –no podía dejar de observar sus heridas-. Ven aquí.
Hice que se sentara a mi lado en la orilla del lago. Tomé un pañuelo de mi bolsillo y lo mojé en el agua, para luego dirigirla a sus heridas. Cuando estaba por limpiarlo, puso su mano sobre la mía.
-Mancharás el pañuelo, no lo hagas –lo miré incrédula y moví su mano para poder seguir con mi labor. Ante el primer tacto frío se estremeció e hizo una mueca de dolor.
-Ya está, ya se va a pasar –repetía mientras seguía limpiándole, mojando el pañuelo y volviendo a sus heridas.
Por un momento desvié mi mirada a la suya, descubriendo que me observaba indiscretamente. Era una mirada diferente a la de James, pero ésta sí me intimidó y provocó que me sonrojara. Aunque esperaba que contando sólo con la luz de la luna él no lo notase.
Volví mi mirada al pañuelo, dándome cuenta que mis movimientos se habían entorpecido, e intentaba disimularlos.
-Gracias –logré decir, en un tono bastante bajo, pero suficiente para él me escuchara, ya que nos encontrábamos en un silencio total, a excepción del agua. Extrañamente no me sentía incómoda en un silencio así con él, hasta que recordé que estuve evitándolo por unos cuantos días.
Hizo un intento para sonreír, pero enseguida se transformó en una mueca.
-¡Lo siento! ¡Lo siento! –colocó su índice sobre mi labio, congelándome y enviando una corriente mucho más eléctrica que la anterior. Le miré a los ojos.
-Si hay algo por lo que debería perdonarte, sería por no haberme hablado y dejarme de lado en estos días. ¿Por qué, Bella? –sus ojos reflejaban un dolor y resentimiento que no pude comprender. ¿Por qué le dolía tanto? ¿Por qué sentía que me dolía tanto como a él?
Bajé la vista. Mi respuesta podía ser tan estúpida como coherente a la vez.
-Tengo que irme –atiné a levantarme pero Edward tomó mi mano, haciendo que volviese a mi lugar- ¿Qué haces por acá? Tu no vives por esta zona.
-Te he preguntado algo.
-¿No preguntarán por ti en tu hogar?
-Alice me está cubriendo, sabe que estoy aquí –respondió con impaciencia, pero se dio cuenta de algo. Como yo.
-¿Sabe que estás aquí? ¿Se supone que ibas a estar aquí? ¿Qué haces aquí? –las preguntas brotaban inconscientemente, pero no podía cerrar mi boca.
Su mirada se enfocó por un instante en la mía. Luego la corrió, pero podía notar que se puso un poco nervioso, inclusive que un poco de sangre había subido a su rostro, ya que de la lastimadura brotó un poco de sangre.
-Edward –intenté hacer que volviera a la conversación.
Volvió a mirarme, y supe que quizás su respuesta le parecía tan lógica como la mía, sólo que ambos no conocíamos la respuesta del otro.
Esta vez fui yo quien bajo la mirada, y luego la dirigí hacia el río, quedando un rato así, hasta observar que ciertas casas ya habían apagado sus luces, dando por terminado otro día.
-¡No puede ser! –me levanté al instante y mi acompañante me imitó-. Joder, van a matarme. ¡Mira la hora!
Edward observó su reloj, para luego verme asombrado.
-Debo volver a casa –dije en voz baja.
-Te acompaño.
-No, es demasiado tarde para que camines desde mi casa hasta la tuya –emprendí camino hacia casa, si me quedaba discutiendo allí con él, íbamos a estar horas.
-Y es demasiado tarde para que estés caminando sola en la calle.
-Puedo cuidarme sola.
-Permíteme dudarlo. Si mal no recuerdo, hace un rato estabas en un apuro, y de no haber sido…
-No me conoces, Edward –estaba siendo demasiado ruda con él, pero no podía permitirme otra forma. La otra opción era perder frente al joven de ojos esmeralda. Pero tenía razón. De no haber aparecido no sé qué hubiese pasado con James, y no era algo que quería pensar en ese momento.
El joven de cabello cobrizo frunció el ceño y me dolió ver su posterior expresión de dolor.
-Perdona –repetí alejándome.
-Déjame acompañarte… -insistió.
De repente, una luz pasó sobre nosotros. Un automóvil. Éste se estacionó al lado del parque y bajó un hombre del mismo.
Mientras seguía dando pasos, intentando ser lo más sigilosa posible, escuché a Edward pronunciar un Diablos.
-¿Edward? –llamó el hombre que se había bajado del automóvil- Edward, hijo –creo que cuando se acercó a él su expresión cambió a sorpresa en lugar de ira-. ¿Qué te ha ocurrido? Por Dios.
El interpelado seguía en silencio, o por lo menos eso me pareció.
Su padre le examinó el rostro, tomando su barbilla entre sus manos y girándola para tener una mejor visión con la luz del auto.
-¿Qué hacías solo aquí? –logré escuchar.
-No estoy solo, estoy con… -y se giró hacia donde me encontraba minutos atrás. No pude ver su expresión, ya me encontraba bastante alto en aquel árbol, en una parte donde nadie podía verme desde abajo, pero donde yo podía verlos a ellos…-. Joder.
-¿Qué sucede, Edward?
-Nada, padre. Vámonos. Espero que no haya nadie por aquí.
Y vi cómo emprendían camino desde su automóvil de alta clase hacia su enorme casa.
Esto debería ser lo correcto. Debería, pero no entendía por qué la idea de perder me resultaba tentadora…
Hola! estoy feliz! por fin puedo subir capitulos con mas frecuencia. por favor, comenten que les parece la historia y que creen que va a pasar o les gustaria que pase. Gracias por leer!
