Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
TOCANDO FONDO
CAPÍTULO 1
Bella
Tenía trece años el día que fumé mi primer cigarrillo de marihuana.
Los había cumplido una semana atrás y Seth se lo había perdido, por haber sido invitado a la gira nacional de "The Wolves", la banda de rock de su amigo Jacob Black.
Ese día, Seth había ido a buscarme a mi habitación y me había dicho que tenía un regalo para mí.
Huyendo de Zafrina, la niñera que tuvimos entre mis doce y mis dieciséis, habíamos subido al tejado de la enorme y moderna casa que Charlie le había comprado a Renée unos meses atrás, en cuanto ella se había quedado embarazada de Leah.
—¿Qué es eso, Seth? —pregunté arrugando la nariz mientras él encendía el pequeño cigarrillo —Huele fatal.
—No lo huelas. Verás que te encantará —dijo dando una calada —Intenta aguantar el humo tanto como puedas, pero tienes que tragarlo, no basta que lo dejes en la boca.
Mirando dudosa del cigarrillo a mi hermano, ida y vuelta, lo acerqué a mi nariz.
El olor era terrible y el humo que se coló en mis ojos me hizo lagrimear, pero llevé el cigarrillo a mis labios de todos modos.
—Mierda, Seth, esto es una mierda —me quejé después de aspirar el humo amargo, y soltarlo de inmediato tosiendo asqueada.
—Venga, gilipollas, te aseguro que está bueno. ¿Cuándo te he mentido?
Volví a aspirar y confié en mi hermano. Era lo único que sabía hacer, confiar en mi hermano.
Y como siempre, Seth tenía razón.
La marihuana me produjo unas cosquillas en el estómago que me hicieron reír.
Todo parecía ir más lento pero a la vez más auténtico. Después de un momento de silencio, Seth comenzó a decir todas las tonterías que cruzaban por su mente, pero por alguna razón todas ellas parecían lo más real y profundo que se le hubiese ocurrido jamás. Y todo resultaba ser graciosísimo y divertidísimo.
Mi boca estaba seca, pero Seth había tenido la precaución de traer consigo dos botellas de agua.
Para cuando mi estómago empezó a reclamar comida, mi estado de relajación era total.
Esa tarde reímos durante horas sobre el tejado, eludiendo a Zafrina.
Seguimos haciéndolo el resto de la semana, y tal vez del mes.
En cuanto Zafrina nos traía a casa de vuelta del instituto, Seth y yo nos escondíamos para fumar marihuana.
Ese fue mi inicio en el mundo de las drogas. Al menos mi inicio en carne propia, ya que habiendo vivido toda mi infancia con Renée, las drogas habían sido moneda corriente en nuestra casa.
Era más sencillo encontrar en la alacena de la cocina un kilo de cocaína, que un mendrugo de pan.
Mi madre era Renée Higginbotham, aunque todos le conocían simplemente como Renée.
A los diez años había participado como bailarina en El club de Mickey Mouse, y de allí en más su vida se había vuelto increíblemente mediática.
A los quince años, Charlie Swan, la había sacado de la factoría Disney para producir su carrera como cantante.
Renée se había convertido en la joven promesa más exitosa del momento y su fama había alcanzado cotas insospechadas.
Pero después de cuatro años el éxito la sobrepasó, y cuando Charlie declaró que su carrera estaba acabada, ella hizo lo imposible por seducirlo y se embarazó de su primer hijo, Seth.
Charlie reconoció al niño, pero nunca se casó con Renée.
Su relación enfermiza produjo un nuevo embarazo y entonces nací yo, solo once meses después que mi hermano.
Después de mi nacimiento, Renée volvió a subirse a los escenarios y por un par de años, parecía que realmente había vuelto a ser la joven a la que todos los adolescentes y jóvenes idolatraban y amaban.
Pero entonces se encontró con las drogas y durante cuatro años, mientras mi hermano y yo éramos criados por criadas y niñeras, nuestra madre organizaba fiestas y orgías en nuestro salón, donde corrían las drogas, el alcohol y el sexo.
Cuando, acusada por unos vecinos curiosos, la policía desmanteló una de las fiestas de Renée, y Seth y yo estuvimos a punto de ir a parar a servicios sociales, Charlie obligó a Renée a ingresar a una clínica de rehabilitación.
Cuando finalmente salió de allí de forma definitiva, yo tenía doce y Seth trece. La mejor idea que se le ocurrió a Renée entonces, fue embarazarse una vez más, y así llegó Leah a nuestras vidas.
Por dos años parecimos casi una familia, pero al cabo de esos dos años Charlie encontró a Renée en un trío con dos bailarines, y toda nuestra "maravillosa" familia se acabó de desmoronar.
A los catorce yo me creía la reina del mundo.
Nadie me controlaba. Iba al instituto porque había sido la única condición que Charlie había puesto para que nosotros cobráramos nuestra cuota alimentaria y no tuviera que pasar por las irresponsables manos de Renée.
Pero salvo eso, hacíamos lo que queríamos.
Salíamos de fiesta, organizábamos reuniones con amigos en la casa de invitados de la mansión.
Fumábamos, bebíamos, y nos codeábamos con todos los "hijos de" del mundo del espectáculo.
Para mi cumpleaños número catorce, mi hermano organizó una súper fiesta.
Estaban allí todos los que eran alguien en el Hollywood de la juerga.
En mi fiesta tocó "The Wolves", la banda de rock de su gran amigo Jacob Black.
Jacob era un icono.
Tenía veinticuatro y había llegado a Los Ángeles desde una tribu nativo americana del oeste del estado de Washington.
Jacob era guapo como el mismísimo demonio. Una melena larga y renegrida, ojos negros y profundos. Una sonrisa blanquísima resaltando en su rostro de piel cobriza.
Era guapo y sexy, y con su guitarra, su eterno acompañante, las chicas se derretían.
Esa noche, después de tocar un repertorio exclusivo a pedido del público, se dejó caer junto a mí en el sofá.
—Hola, preciosa —me dijo seductor.
—Hola.
—Feliz cumpleaños.
—Gracias. Gracias por el concierto.
—Ha sido un placer, preciosa —aseguró estirando su mano para enredar sus dedos en los mechones oscuros de mi cabello —Tu hermano sí que sabe montar una fiesta.
—Se le da bien —sonreí —Creo que lo ha heredado de mi madre.
—Tu madre —suspiró divertido —Es un encanto tu madre —agasajó pero yo no supe qué pensar sobre su cumplido. Mi madre nunca había sido santo de mi devoción —¿Qué has heredado tú de ella?
—Nada en realidad —aseguré riendo divertida —Es evidente que no tengo ni su encanto ni su carisma, y muchísimo menos su talento artístico.
—No te he visto actuar, pero respecto a tu encanto... —me aduló.
—Gracias, pero sé lo encantadora que puede llegar a ser Renée y puedes estar seguro de que yo no me acerco a eso.
Jacob inclinó la cabeza y me dedicó una sonrisa seductora antes de hablar.
—Tengo un regalo para ti —dijo manteniendo su actitud sugerente y sonreí sintiéndome más que orgullosa de que ese hombre hubiese pensado en mí —Pero prefiero dártelo a solas. ¿Qué dices? ¿Podemos ir a alguna de las habitaciones?
—Desde luego —le respondí poniéndome en pie para dirigirlo a una de las habitaciones que aún estaba vacía.
La mansión que Charlie había comprado para Renée en Beverly Hills, contaba con casi quinientos metros cuadrados edificados, más de dos mil metros cuadrados de patios y jardines, y una casa de invitados con tres habitaciones junto a la piscina.
La casa de invitados, la habíamos adoptado mi hermano y yo, y Renée nos permitía hacer en ella lo que deseáramos.
Allí era donde montábamos fiestas que duraban toda la noche y en las que las drogas, el alcohol y el sexo eran moneda corriente.
Y desde luego, las habitaciones de la casa de invitados estaban disponibles.
Nada más entrar en la habitación, Jacob cerró la puerta tras él y tiró de mi mano acercándome a la cama.
Después de sentarnos sobre la cama, del bolsillo interior de su cazadora sacó una pequeña agenda de piel negra y un paquetito de papel plateado.
—¿Has probado coca? —me preguntó abriendo el paquete y dejando caer sobre la agenda el polvillo blanco.
—No, nunca.
—Pues he traído ésta de nuestra última gira y es la mejor que he probado jamás. He pensado que para empezar, hay que hacerlo con la mejor. —me explicó mientras formaba dos gruesas rayas blancas sobre la cubierta oscura.
De su billetera sacó un billete de cien dólares y lo enrolló formando un fino tubo.
Me lo entregó con una sonrisa radiante.
—Adelante, muñeca. Haz los honores.
—¿Cómo lo hago?
—Deja que te enseñe. —dijo cogiendo el billete de mis manos y colocando una punta en su narina y la otra en el extremo de la línea —Inspira muy profundamente y todo de una vez —dijo, y acto seguido la línea de polvo blanco desapareció en los confines de su nariz —Mierda. Esta coca es genial. —exhaló.
Algo nerviosa y expectante inspiré hondo y seguí sus instrucciones.
Mis ojos se volvieron llorosos y sentí cierto picor en mi conducto nasal, pero la sensación fue extrañamente excitante y agradable.
En sólo unos momentos empecé a sentirme eufórica. Como si de pronto me hubiese vuelto súper activa, como si acabara de despertar del sueño más relajante y reconfortante de mi vida. Me sentía enérgica y optimista. Era una sensación maravillosa que tenía miedo que desapareciese.
Antes de que me diera cuenta Jacob estrelló su boca con la mía y me besó de forma brutal.
Me empujó sobre la cama y sin dejar de besarme comenzó a sobar mis pequeños pechos por debajo de mi camiseta.
—¿Has hecho esto alguna vez, Bella? —preguntó con ansiedad, mientras sus manos amasaban mis pechos y sus dedos estiraban los pequeños pezones que se endurecieron ante su asedio.
—Un poco —respondí sinceramente y se alejó de mí para observar mi rostro.
—¿Qué es un poco? ¿Te han besado? ¿Muchos chicos?
—Cinco. —expliqué.
—¿Cinco chicos?
—Sí. Chicos del instituto.
—¿Y te han tocado los pechos?
—Sí.
—¿Todos ellos?
—Sí. A los chicos de mi instituto les encanta sobar pechos —expuse condescendiente —Ya sabes, no tienen muchas oportunidades de estar con chicas que les permitan hacerlo.
—Entiendo —concedió dedicándome una sonrisa torcida —¿Y te han tocado aquí abajo? —preguntó colando su mano bajo mis pantalones cortos.
—También.
—¿Y qué te ha parecido? ¿Te ha gustado?
—No es gran cosa —aseguré con desinterés haciéndole reír.
—No es gran cosa —rió divertido—Yo creo que sí lo es —aseguró —Y creo poder hacerte cambiar de opinión. ¿Me dejarías probar?
—Adelante —acepté desabrochando mis pantalones, pensando en lo envidiosas que se sentirían mis compañeras del instituto, si supieran que un hombre como Jake había estado interesado en hacerlo conmigo.
Jacob me quitó mis pantalones junto con las braguitas y me quitó también la camiseta, dejándome completamente desnuda sobre la cama.
Con sus manos, sus labios y su lengua me provocó y me excitó. Sus dedos recorrían mi cuerpo y su lengua me lamió el cuerpo entero, hasta detenerse en mi sexo.
Las sensaciones se volvieron insoportables. Necesitaba más pero no sabía qué. Me retorcía jadeando y gimiendo mientras él continuaba con su boca en mi vagina.
Expertamente clavó dos dedos en mi interior y succionó mi clítoris y allí finalmente supe a lo que se refería todo el mundo.
Mi cuerpo se partió en dos y mi alma me abandonó para mirarme desde el techo y verme caer en un clímax extenuante.
Jacob se acostó sobre mí y llevó sus labios a los míos.
Sentí cierto rechazo ante su sabor, sabiendo que había salido de mi sexo, pero pronto se volvió algo sexy e íntimo.
—¿Sigues pensando que no es gran cosa? —sonrió petulante.
—Creo que estaba equivocada —reconocí haciéndole reír.
Salió de la cama y se desnudó. Enfundó su pene en un preservativo que sacó de su chaqueta y volvió a acostarse sobre mí.
—Aún tengo más cosas para enseñarte —dijo cuando sentí su pene golpeando contra mi cuerpo —¿Quieres hacerlo?
—Sí —acepté ansiosa por conocer aquello por lo que tanta gente se volvía loca.
Al principio fue doloroso, pero Jacob sabía lo que hacía y después de correrse logró darme otro orgasmo.
Esa fue la primera vez que probé la cocaína, y también la primera vez que tuve sexo con Jacob Black.
No imaginé en ese momento cuánto se relacionarían a lo largo de mi vida, las drogas, el sexo y Jacob Black.
Ese fue el inicio de una nueva vida para mí.
Y aquí Kiki aguanta la respiración a la espera de vuestras opiniones. :D
Espero que les gustara el capi.
Antes que nada gracias a todos por los reviews y las palabras de ánimo.
Si todo va bien, el martes el segundo capítulo. En ese caso un poquito de la historia de Edward para ir conociéndole.
Siempre pueden visitar el grupo de Facebook: Las Sex Tensas de Kiki, donde nos reuniremos para comentar y compartir ésta y mis otras historias.
Besitos y gracias por leerme.
Gracias a Eli Val por la genial portada que me hizo para el fic.
mabel95: No sé si sigues este fic, pero me dejaste un rr en PP haciéndome una pregunta y no tengo dónde contestarte. Si me envías un correo a kikicullenswan(arroba)Hotmail(punto)com te contestaré allí.
Odio tener que comenzar con este tipo de réplicas en el primer capi de esta historia, pero no me dejan opción.
A la persona que me dejó un rr diciendo que decepciono a quienes siguen mis historias, al haber dejado Perversamente Prohibido en stand by:
No me interesa ventilar mi vida personal ni las circunstancias que rodean mis decisiones pero me parece bastante injusta su opinión por diversas razones. Primero, creo que no "dejé a medias" la historia, he dejado dos notas informándoles que "ahora mismo" no podía continuar el fic, pero que lo haría cuando pudiera. A veces leo eso de "las autoras hacen esto" o "las autoras hacen aquello" y yo podría decir lo mismo, "las lectoras son así o asá", pero no me gusta generalizar porque tengo grandísimas y grandiosas lectoras que no se merecen que las generalice poniéndolas en la misma bolsa que otras personas incomprensivas, o críticas sin fundamentos. Pero me gustaría que antes de juzgar lo que yo hago con mis fics se pasen por mi perfil y vean que tengo 17 historias, 15 terminadas, y luego PP y Tocando Fondo que acaba de empezar. Tengo historias de más de 50 capítulos acabadas en un par de meses. Creo que si alguien se "decepciona" porque yo tenga un problema personal que me impide escribir una historia en concreto, entonces puede dejar de leerme sin el más mínimo remordimiento y sin darme ninguna explicación, que a mí no me molestará perder un lector deshumanizado que piensa en mí como en una máquina creada para complacer desconocidos por encima de mi salud física o mental.
Si alguien necesita alguna aclaración más sobre mis motivos para tomar la decisión tomada y no puede hacerlo desde una cuenta de FF donde pueda responderle, puede enviarme un correo a kikicullenswan(arroba)Hotmail(punto)com y estaré encantada de contestarle.
