Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
TOCANDO FONDO
CAPÍTULO 5
Bella
Seth había cumplido veintitrés esa semana, y ese sábado íbamos a celebrarlo con nuestros amigos a una fiesta en Venice Beach.
Los últimos días había estado más apagado de lo habitual, taciturno y pensativo. Pero yo estaba segura de que se animaría cuando llegáramos a la playa.
Salimos de casa después de que Leah se fuera a la cama.
Cuando llegamos a la playa, la fiesta estaba en su apogeo, y todos nuestros amigos estaban allí.
También estaba Claire, la pequeña mojigata rubia que estaba loquita por mi hermano y con quien él se acostaba últimamente, bastante más de lo que yo deseara.
Esa chica me caía muy mal. En realidad la odiaba.
Había habido algunos días que Seth me había dejado colgada para salir con ella, y eso era algo que Seth nunca hacía.
Seth nunca me había dejado sola por nadie, y que lo hiciera por esa mojigata, que no hacía más que quejarse de todo, me ponía de los nervios.
Claire era una chica de diecisiete que parecía una muñeca de porcelana, toda pálida y delicada.
No fumaba, no bebía, no se drogaba. Sólo se acostaba con Seth, y nunca delante de nadie.
Todos nos reíamos de su actitud remilgada, mojigata y puritana, pero Seth siempre estaba con ella.
Seth detuvo el coche en el aparcamiento del Breaking Dawn, un complejo hotelero cuyo dueño era Aro Vulturis, el padre de Marco y Caius.
Marco y Caius Vulturis, eran dos tipos muy divertidos que organizaban las mejores fiestas de Venice Beach.
Lo mejor de esas fiestas, era que si bien se desarrollaban en la playa, los Vulturis tenían habitaciones disponibles para los invitados que quisieran utilizarlas.
—Tengo un regalo de cumpleaños para ti —le dije a mi hermano abriendo mi pequeño bolso.
—¿Qué es? —sonrió volteándose hacia mí. Saqué de mi bolso un pequeño paquete y lo abrí frente a él. —Sabes que no me gusta el éxtasis.
—Venga ya, Seth, es divertido. Te prometo que te ayudaré a sobrellevar el bajón del lunes —aseguré viéndole sonreír.
—Te lo recordaré —prometió sonriendo a la vez que cogía una de las pequeñas pastillas y se la metía en la boca.
—Feliz cumpleaños, Seth.
—Gracias, preciosa —dijo rodeándome con sus brazos y besándome con ternura —Te quiero, Bells —murmuró contra mi rostro.
—Te quiero, Seth. Más que a nada en el mundo. Y odio pensar que esa tonta de Claire Adams nos vaya a separar.
—Nadie nos separará jamás, Bells. Lo sabes. Vamos, tonta. No te pongas sentimental —dijo revolviendo mi cabello y abandonamos el coche para adentrarnos en la muchedumbre.
Todos estaban allí y la fiesta fue increíblemente divertida.
Seth estaba todo el tiempo con Claire, pero cada poco se acercaba a alguno de nosotros, a mí, Jacob, Sam, Marco, o cualquiera de nuestros amigos, para, ocultándose de los ojos de su chica, dar una calada a un cigarrillo de marihuana, aspirar una línea de cocaína, o tomarse alguna pastilla.
Se reía con nosotros cuando nos burlábamos de su chica pero siempre volvía a ella.
Finalmente desaparecieron, seguramente en alguna habitación del complejo.
—Hola, preciosa —se me acercó Marco por la espalda cogiéndome por la cintura para pegarme a su pecho.
Su erección golpeaba contra mi espalda y no pude evitar restregarme contra él.
Marco era todo un hombre, sexy, masculino y viril.
Dydime Volterra era su novia, con la que planeaba casarse dos años después cuando ella regresara de Francia, donde estudiaba finanzas en La Sorbonne.
Mientras tanto, regaba sus encantos en nosotras, las chicas locales que amábamos la fiesta y la juerga tanto como él.
Yo sólo me había acostado con Marco dos veces en mi vida, pero las dos me habían dejado ansiosa por repetirlo.
—Hola, bombón —ronroneé seductora girándome en sus brazos para quedar de frente a él.
Sus manos bajaron raudas a mis glúteos y me estrechó contra él.
—No hace falta que te diga que tengo unas habitaciones… —sonrió.
—No esperaba menos de ti —reí enredando mis brazos en su cuello para lanzarme sobre sus labios.
Sus manos levantaron mi minifalda dejándola recogida en mi cintura, y sus dedos hábiles desanudaron mi bikini.
Sin dejar de besarme, sus manos sobaron mis glúteos y mis pliegues humedeciéndome.
—Búscate una habitación, Marco —murmuró Caius pasando junto a nosotros con una risueña y borracha pelirroja colgada de su brazo.
Marco se separó de mí con una carcajada.
—Vamos, muñeca —dijo volteándose y guiándome hacia el hotel con su mano aún en mis glúteos desnudos.
El complejo Breaking Dawn, era espectacular.
La zona que Marco y Caius solían destinar a sus invitados, quedaba fuera del edificio principal, y estaba formada por una treintena de bungalows de distintos tamaños y distintas comodidades, que daban a la enorme piscina central.
La única condición era que quedaran abiertas las puertas de las habitaciones que estuvieran desocupadas, y así encontramos un bungalow en la zona más alejada de la entrada.
Marco tiró de mí dentro de la habitación y me empujó sobre la cama acostándose sobre mí.
—¿Te importa que dejemos la puerta abierta? —preguntó cuando bajó sus labios sobre mi cuello.
—En absoluto —confesé sintiéndome demasiado caliente como para aceptar que se alejara de mí, aunque nomás fuera para ir hasta la puerta.
Sabía que la puerta abierta era una invitación, pero no me importaba en absoluto, siempre que pudiera follar con Marco.
Marco se desnudó con premura a la vez que yo lo hacía, y erecto como estaba me penetró de un golpe.
De allí en más mi noche fue la más salvaje de la que tenía recuerdo.
La puerta abierta invitaba a entrar, y su invitación fue más que aceptada.
En poco tiempo éramos varias las parejas, y algún trío, que seguíamos de fiesta en esa habitación donde circulaban el alcohol y las sustancias.
En algún momento me dormí sobre la cama con Marco aún clavado en mi interior.
Cuando desperté, Jacob había tomado el lugar de Marco y bombeaba contra mí.
Se corrió en mi interior y exhausto se dejó caer a mi lado.
Con las sábanas de la cama me limpié antes de levantarme.
A duras penas encontré mi minifalda y una camiseta que, si bien no era mía, se le asemejaba bastante.
Me vestí y encontré mi bolso bajo la cama. En él estaba mi teléfono.
Eran las cinco.
Trastabillando salí de la habitación a la vez que marcaba el número de mi hermano.
Llamaba varias veces antes de derivarme al buzón de voz.
Le dejé el mensaje de que me llamara y caminé hasta la playa. Aún quedaban algunas personas bailando y bebiendo, pero Seth no estaba entre ellas.
Di varias vueltas antes de decidir sentarme a esperarle en el coche, aunque no tuviera las llaves.
De cualquier forma, me dirigía hacia el aparcamiento cuando vi a Claire hablando divertida con un tipo con cuerpo de guardián de la playa, que parecía sacado directamente de un capítulo de Bob Esponja.
—Claire —le llamé acercándome a ella. Su sonrisa se volvió una mueca de desprecio al mirarme. —Hey, Claire —repetí.
—¿Qué quieres? —preguntó desdeñosa y solo pude pensar que esa chica no duraría mucho con mi hermano.
—Creía que estabas con Seth.
—Lo estaba.
—¿Y? ¿Dónde está él?
—¿Qué sé yo?
—¿Qué quieres decir?
—Mira, chica, tú no me soportas así que no sé por qué te molestas en fingir que te importa que no esté con tu hermano.
—Desde luego que no te soporto, pero quiero saber dónde está mi hermano.
—No lo sé, ni me importa.
—¿Por qué? ¿Qué pasó?
—Estoy harta de vosotros. No sois más que unos estúpidos drogatas. Estoy harta de que tu hermano finja estar limpio para acostarse conmigo. ¿Qué se cree? ¿Que soy idiota? ¿Creéis que no sé que estuvo consumiendo todo lo que pudo hoy? —rugió furiosa —Pero no voy a permitir que se pique esas mierdas delante de mí.
—¿De qué hablas? Seth nunca se picaría delante de ti porque sabe que eres una mojigata.
—Vete a la mierda, estúpida —me gruñó —Me dijo que iba al baño y cuando entré me lo encontré pinchándose con no sé qué mierda. Yo no estoy para esas gilipolleces.
—Tú eres la gilipollas. ¿Dónde está?
—¿Qué sé yo? No lo he vuelto a ver ni me interesa. Por mí puede matarse.
—Mátate tú, puta zorra. ¿En qué habitación estabais?
—Búscalo, puta —me gritó y la hubiese golpeado si no hubiese estado acompañada por Larry la langosta.
Volví sobre mis pasos y me dirigí de nuevo al hotel.
Para mi suerte, me crucé con Caius nada más llegar.
—Hey, Caius, ¿has visto a Seth?
—La última vez que le vi entraba con Claire en la diecisiete.
—Gracias, Caius.
Me dirigí al bungalow número diecisiete y abrí la puerta.
Algo no estaba bien pero no podía discernir qué era.
Abrí completamente la puerta y la luz del exterior se coló en la habitación.
Entonces le vi.
Seth estaba en el suelo sobre la moqueta que parecía manchada a su alrededor, como si se hubiera hecho sus necesidades encima.
—Seth —le llamé tocando su pierna con mi pie desnudo. Estaba helado —Venga, Seth, te congelarás —volví a llamarle
Nunca le había visto así, en ese estado catatónico.
—Seth —volví a llamarle inclinándome sobre él.
Le cogí por los hombros y lo zarandeé, pero no reaccionaba.
Fue entonces que me empecé a preocupar.
Fui al baño y llené con agua el vaso que había sobre el lavatorio.
—Venga, gilipollas —le grité a la vez que le lanzaba el agua en el rostro.
No se movió, ni tan solo un espasmo.
Lancé el vaso al suelo y me tiré sobre mi hermano a la vez que lo zarandeaba y le llamaba a gritos, mientras las lágrimas rodaban por mis mejillas.
Todo lo demás sucedió sin que tuviera verdadera conciencia de ello.
Saqué mi teléfono y llamé a emergencias.
Cuando dos tipos de uniforme entraron por la puerta abierta, yo sólo podía pensar en abrazar a Seth e intentar mantenerle caliente hasta que llegaran los médicos y le estabilizaran.
Triste :(
Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos.
En el grupo de Facebook: Las Sex Tensas de Kiki, comentamos ésta y mis otras historias.
Besitos y gracias por leerme.
Gracias a Eli Val por las geniales portadas que me hizo para el fic.
Y para todos FELIZ NAVIDAD!
