Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

TOCANDO FONDO

CAPÍTULO 8

Edward

Al salir de la estación me dirigí a Beverly Hills.

La mansión de los Swan era grande y ostentosa, y desde dentro abrieron el portón automático que mantenía fuera a los intrusos.

Después de recorrer el camino de entrada, detuve el coche frente a la pequeña escalinata que llevaba a las acristaladas puertas de entrada.

Una mujer en los cincuenta abrió observándome con curiosidad.

—Buenos días. Inspector Cullen. Policía de Los Angeles —le dije enseñándole mi placa.

—¿Policía? —inquirió curiosa y extrañada.

—¿Es usted la persona a cargo de la casa?

—Sí, algo así. Soy la niñera de la hermana menor del dueño de casa, Seth, pero ni él ni su hermana mayor están aquí. —explicó —Salieron ayer por la noche pero aún no han regresado —agregó haciendo un mohín de fastidio —No es que eso sea de extrañar.

—Lo sé —reconocí sintiéndome incómodo, cuando la mujer me observó escéptica.

—¿Lo... sabe? —preguntó repentinamente más nerviosa.

—Sí. El señor Seth Swan ha sido hallado muerto en una habitación del hotel Breaking Dawn de Venice Beach —le expliqué y la mujer tambaleante se apoyó en la puerta que cerró a sus espaldas.

—Dios mío —gimió cubriéndose la boca con la mano, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas —¿Seth está muerto? ¿Cómo es posible? ¿Qué sucedió?

—Se le ha realizado la autopsia y el motivo del fallecimiento ha sido una sobredosis de estupefacientes.

—¿Sobredosis? —jadeó —Dios santo, no puedo creerlo. Sabía que consumía drogas, ambos, Bella también, pero nunca hubiera pensado... Dios mío, ¿y Bella?

—La señorita Isabella Swan está ingresada en el Greenbridge Medical Hospital. Fue ingresada en estado de shock, presentando un cuadro de intoxicación.

—¿Drogada también? —me preguntó la mujer mirándome con aprensión.

Asentí sin palabras y la mujer se recostó en la puerta dejando salir el llanto.

—Lo siento, señora...

—Heggins. Senna Heggins.

—Señora Heggins. Tengo entendido que Seth tenía la custodia de su hermana menor.

—Sí. Cuando sus padres fallecieron Seth asumió la custodia de sus hermanas.

—Bien. De momento, imagino que la custodia temporal recaerá en su hermana Bella.

—¿Temporal? ¿De momento?

—Hasta tanto se establezca la custodia definitiva.

—No entiendo —dijo la mujer mirándome confusa —¿Quiere decir que Bella no se quedará con la custodia de Leah?

—Tenemos que esperar a saber lo que dictamine el juez, pero en principio no habrá problema para que la chica se haga cargo de la menor siendo, como es, mayor de edad —expliqué evitando hacer alusión alguna a mis temores respecto a las adicciones de la hermana mayor.

—Oh, bien. ¿Cuándo darán el alta a Bella? —inquirió preocupada.

—Imagino que en el correr del día o a más tardar mañana. Seguramente en el hospital le podrán informar.

—Bien, me comunicaré al hospital, ya que no quisiera dejar sola a Leah.

—De acuerdo.

—Inspector, ¿debo comunicarle a Leah sobre...?

—Tal vez pudiera esperar a que su hermana regrese —recomendé sin poder imaginar a lo que tendría que enfrentarse esa mujer, por culpa de las malditas drogas.

Aunque eso no era del todo cierto. Había vivido en carne propia la pérdida de alguien muy cercano, por culpa de las drogas.

Había visto lo que esa mierda le había hecho a mi hermano, y lo que eso había provocado en mi madre. En mi padre. En mi hermana. En mí mismo.

Intentando mantenerme lo suficientemente alejado de esta familia, para no resultar afectado y poder ser objetivo e imparcial, me despedí de la mujer y me marché.

Era cerca del mediodía cuando por fin me dejé caer sobre la cama de mi departamento intentando descansar algo, antes de tener que volver a la estación para mi guardia nocturna de ese día.

Di vueltas en la cama pero no podía sacar de mi cabeza a los Swan y a la pequeña hermana que aún no conocía.

Impotente, cogí el teléfono y llamé a Victoria. Ella podría ayudarme y distraerme.

—¿Edward?

—Hola, Vic. ¿Cómo estás?

—Bien —respondió dubitativa —¿Tú cómo estás? Me sorprende que me llames, deberías estar durmiendo.

—Lo sé, debería dormir, pero estoy en medio de un caso y no me lo puedo quitar de la cabeza.

—¿Quieres contarme?

—Ha muerto de sobredosis un chico de veintitrés años —expliqué.

—Vaya. Entiendo —me dijo comprensiva —Piensas en Emmett.

—No puedo negarlo, desde luego. Pero no es eso lo que me tiene preocupado —expliqué queriendo evitar pensar en mi hermano, por mucho que me resultara imposible no comparar la visión de Seth Swan con la de Emmett, de hacía tantos años.

—Cuéntame.

—El chico en cuestión tenía la custodia de su hermana menor, una chica de ocho años.

—¿Qué pasó con los padres de la niña?

—Ambos muertos.

—¿No tiene más familia? —preguntó Victoria poniéndose de inmediato en modo abogada.

—Sólo una hermana de veintidós años.

—La custodia pasará a la hermana —me aseguró.

—¿En cualquier caso?

—A menos que a la hermana se le declarara algún tipo de incapacidad —me explicó —¿Es ese el caso? ¿La hermana mayor tiene alguna incapacidad?

—No lo sé. No lo creo. Pero sospecho que puede ser adicta.

—Oh, vaya. Ese sí podría llegar a ser un problema.

—¿Podrían negarle la custodia?

—Si se probase que es adicta y su adicción puede afectar a la menor, entonces podrían negársela, sí. ¿Tú crees que deberían quitarle la custodia?

—No lo sé, Vic. No he tenido contacto con la chica, pero no quisiera que la pequeña se quedara con una hermana que no es capaz de cuidarla y ocuparse de ella. Si prefiere las drogas antes que a su hermana, entonces no se merece la custodia.

—No seas tan duro, Edward —me dijo mi novia intentando aplacarme —Sabes que las adicciones son una enfermedad. El adicto no siempre las puede controlar.

—Lo sé —bufé sintiéndome agotado —Pero he visto tanta mierda en todo esto, Vicky, que realmente ya no sé qué pensar.

—No la condenes sin un juicio justo, Edward. Dale una oportunidad.

—Tienes razón —acepté —Lo intentaré. ¿Puedo contar contigo para los trámites legales?

—Intentaré colaborar, Edward, pero sabes que ése no es mi campo, probablemente alguien especializado en derecho familiar podrá ayudarte mejor. De cualquier forma yo puedo contactarte con algún abogado especializado.

—Gracias, Vic. Hay mucho que hacer antes que eso, pero te mantendré informada.

—Hazlo, cariño. Y ahora descansa un rato, por favor. Ya mañana nos veremos.

—De acuerdo. Te veo mañana. Gracias, Vic.

—No tienes nada que agradecerme. Te quiero, Ed.

—Y yo —me despedí antes de colgar y volver a la cama para intentar descansar.

La guardia de esa noche fue tranquila.

Al llegar a la estación me encontré la información sobre el estado de salud de Isabella Swan, y las noticias me irritaron.

En el organismo de Isabella Swan se habían encontrado restos de diversas sustancias, entre ellas marihuana, cocaína, éxtasis y alcohol.

Tal como había sospechado la chica era tan adicta como su hermano, y su destino, tristemente, tenía grandes posibilidades de ser el mismo que el de aquel.

Y yo no podía dejar a Leah Swan en sus manos.

A la mañana siguiente, después de mi guardia, me dirigí al hospital directamente de la estación de policía.

Tal como Victoria me había explicado, la joven podría tener problemas para obtener la custodia de su hermana, si el juez era puesto en conocimiento de su adicción. Yo iba a asegurarme de que el juez lo supiera.

Después de hablar con el médico que atendía a Bella y que éste me comunicara su intención de dejarla marchar ese día, me dirigí a verla.

—Bella —le llamé adentrándome lentamente en la habitación.

La chica, con la mirada perdida a través de los cristales de la ventana, ni siquiera se inmutó.

—Bella —repetí sentándome en la butaca junto a la cama intentando llamar su atención —Bella, ¿te acuerdas de mí? Soy el inspector Cullen de la policía de Los Angeles, pero puedes llamarme Edward —dije con voz suave y monótona —Tenemos que hablar, Bella.

La chica continuaba absorta y yo no sabía cómo hacerla reaccionar.

Pero no podía evitar hablar con ella. De alguna forma ella era ahora la responsable de su pequeña hermana, aunque en su estado difícilmente pudiese hacerse responsable de un cactus enano.

—Es sobre tu hermana, Leah —dije y por fin me miró —¿Te acuerdas de ella? —pregunté pero no me contestó —Bien, Bella, tenemos un problema. Leah es una menor que estaba bajo la tutela de tu hermano Seth. Ahora que Seth no está, tú pasarías a obtener su custodia —expliqué y Bella se recostó en su almohada cerrando los ojos de los cuales escaparon dos tímidas lágrimas —Dependerá de ti, Bella, obtener su custodia o entregarla al estado.

Los ojos de Bella se abrieron de golpe y su mirada vacía se clavó en mí.

—¿Al estado? —inquirió y su voz sonó como un graznido.

Era la primera vez que la escuchaba hablar desde que le había gritado a su hermano muerto tres noches atrás.

—Sí, en principio se harían cargo los servicios sociales, hasta tanto pudiera ser adoptada. Hasta ese momento la colocaríamos en casas de acogida.

—¿Casas de acogida?

—Sí. Es la mejor opción si tú quieres renunciar a su custodia.

—¿Por qué voy a renunciar a su custodia? No quiero que vaya a una casa de acogida. Seth me mataría. —sollozó.

—Pues no tendrá que hacerlo si tu asumes su custodia.

—Desde luego que lo haré —aseguró mientras las lágrimas desbordaban sus ojos con fluidez y corrían por sus delgadas mejillas.

—Bien —suspiré —Si estás decidida a hacerte cargo de Leah, hay algunas cosas que tendrán que cambiar.

—¿Qué cosas?

—Cuando te ingresaron, tus análisis dieron positivo para varias sustancias estupefacientes y alcohol. —expliqué —¿Recuerdas lo que consumiste esa noche?

—Nada. Tonterías.

—¿Qué tonterías? —insistí.

—Qué sé yo. Tonterías. Había bebido un poco pero nada más.

—Tus análisis dieron positivo para marihuana, cocaína y éxtasis, además de alcohol.

—No fue para tanto. Tal vez me fumara un porro o me metiera una línea, pero nada del otro mundo —comentó displicente haciéndome enfurecer.

—Ese nada del otro mundo es el que impedirá que puedas obtener la guarda legal de tu hermana.

—¿De qué estás hablando? —dijo mirándome con odio.

—No le darán la guarda a una persona que tiene problemas con las drogas.

—Yo no tengo problemas con las drogas —gruñó indignada.

—¿No?

—Claro que no. ¿Qué te crees, cabrón? ¿Quién coño eres tú para presumir que tengo problemas con las drogas? Tomo drogas porque me gusta y lo hago esporádicamente, pero no estoy enganchada ni mucho menos. Puedo dejarlo cuando quiera.

—¿Estás segura de eso, Bella? —pregunté con suavidad.

—Desde luego que sí, cabrón.

—Entonces no tendrás problema ninguno. Cuando el juez pueda constatar que las drogas no son un problema para ti, te dará la custodia de tu hermana.

—Claro que me la dará —gritó furiosa —Es mi hermana y nadie va a quitármela. ¿Qué coño te crees?

—Nadie quiere quitártela, Bella. Todos queremos lo mejor para tu hermana.

—Yo soy lo mejor para mi hermana.

—Seguramente lo seas, si eres capaz de cuidar de ella. Tu hermana no se merece perder a más personas, pero si no puedes cuidarla como corresponde y darle el hogar que toda niña se merece tener, entonces lo mejor será que lo haga una familia que pueda hacerlo.

—Yo puedo hacerlo —aseguró vehemente —Yo puedo hacerlo —repitió con un gemido y quise creerle.

Por Dios que quise creerle.

Esperaba que Bella Swan no me defraudara.


Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos.

Nos vemos en el grupo de Facebook: Las Sex Tensas de Kiki.

Besitos y gracias por leerme.

Gracias a Sofía Moreno por las geniales portadas que me regaló.

Carmen: No sé si sigue este fic, pero me dejó un rr en Perversamente Prohibido y no tengo dónde contestarle. Por si acaso sigue esta historia, tengo pensado acabar la historia de Perversamente Prohibido, sólo que ahora mismo no sé cuándo lo podré hacer. Pero puedes estar segura de que la acabaré. Gracias por la comprensión.