Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
TOCANDO FONDO
CAPÍTULO 10
Edward
—Esa niña me saca de quicio —gruñí cuando me ubiqué nuevamente tras el volante de mi coche.
—¿Qué pasó? —preguntó Victoria que había estado esperándome y, a la distancia, había presenciado mi encuentro con Bella Swan.
—Sigue insistiendo en que su consumo de drogas es eventual —rugí.
—Y tú no crees que esto sea así —comentó Victoria haciéndome molestar.
—Sé cómo se mueve este tipo de gente, Victoria —expliqué sintiéndome molesto con mi novia por su intento de defensa de lo que yo consideraba indefendible —Creo que no tengo que recordarte lo que esa chica había consumido según sus análisis clínicos.
—Lo sé, Edward —aceptó intentando sosegarme —No te enfades conmigo. Solo intento asegurarme que eres objetivo con esa joven, Edward. Creo que estás tratándola como si fuese una delincuente sin darle la opción a defenderse o demostrarte lo contrario. Todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario.
—Apostaría lo que fuera, a que el dominio de Bella Swan sobre su consumo de drogas no es tal como ella dice. Ojalá me equivocara, Vic, pero no creo equivocarme al pensar que más pronto que tarde, me demostrará que tengo razón.
—Ojalá te equivoques.
—Ojalá, pero no me confiaría en ello.
Pasaron tres días antes de que Eric Yorkie, el abogado que llevaba el caso de la custodia de Leah Swan, se pusiera en contacto conmigo para informarme sobre el caso.
Eric había trabajado con Victoria cuando ella acababa de salir de la universidad y fue gracias a mi novia que pude mantenerme al tanto de este caso que sentía me tocaba tan de cerca.
—La jueza ha decidido darle la tenencia temporal de la niña a Isabella Swan, su hermana —me comentó.
—¿Así, sin más? —inquirí sintiéndome algo frustrado —¿Han investigado los antecedentes de la hermana?
—Sí. Edward intenta no tomártelo como algo personal. Está claro que la mejor opción para una niña es permanecer con su familia de sangre, con la que ha vivido desde su nacimiento, en este caso su hermana. No obstante, esta guarda es temporal y se convertirá en definitiva si en los próximos tres meses, Isabella Swan se mantiene limpia de todo tipo de sustancias. Para ello se le realizarán análisis día por medio.
—Explícate —ordené algo más tranquilo.
—Durante los próximos tres meses, y basándose en los resultados obtenidos en el hospital, además de los antecedentes familiares, en este caso la muerte del anterior tutor por sobredosis de estupefacientes, la jueza ha decretado que día por medio Bella Swan acuda al hospital para realizarse análisis clínicos, de sangre y orina. Ante el primer resultado positivo, le será retirada la custodia.
—¿Qué sucedería en ese caso?
—Se verá en su momento. En principio la niña quedaría bajo la tutela del estado. Luego podría volver a su hermana, si ésta fuese capaz de demostrar su recuperación o, en caso contrario, sería dada en adopción.
—De acuerdo —acepté mucho más sosegado. —¿Se le ha informado ya la resolución a los Swan?
—Están citados mañana en el juzgado.
—Bien. Allí te veré, Eric.
Esa noche cené en casa de mi madre.
Alice había salido con un chico de la universidad y Esme estaba entusiasmada a la vez que nostálgica.
—Sé que es joven pero también sé que no tardará en marcharse de casa —me explicaba mientras preparaba la ensalada para acompañar la carne que habíamos preparado en la barbacoa.
—Alice está demasiado cómoda aquí en casa contigo como para irse a vivir sola.
—Está bastante entusiasmada con ese chico, Jasper.
—Puedo espantárselo si quieres —ofrecí divertido.
—No harías eso —rió —y yo no te lo pediría. Pero si quieres hacer algo por mí, podrías darme nietos.
—Jajaja —reí —Lo pensaré.
—¿Cómo estáis tú y Victoria? —inquirió —Me gusta mucho esa chica.
—Y a mí, pero le preocupa un poco mi trabajo.
—Lo imagino y la entiendo, desde luego. Sabes que preferiría que te pasaras al papeleo.
—No volvamos a eso, mamá, por favor —pedí una vez más como tantas veces lo había hecho.
—De acuerdo, no te molestes. Cuéntame en qué estás ahora.
—Tengo un caso que me afecta bastante —expliqué destapando un botellín de cerveza que había sacado de la nevera
—Cuéntame.
—Hace algunas semanas, murió un chico por sobredosis.
—Oh, por Dios.
—Sí. Cuando llegamos al lugar, su hermana estaba con él.
—Dios, Edward —suspiró mi madre imaginando la situación que me debía haber encontrado y la forma en que debía haberme afectado.
—Sí. La hermana también está bastante metida en drogas y, por si fuera poco, tienen una tercera hermana, una niña de ocho, casi nueve años cuya custodia obtendrá su hermana.
—¿Y sus padres?
—Muertos en un accidente de tráfico hace un par de años.
—Oh, por Dios, Edward. ¿Qué va a ser de la niña?
—No lo sé, sinceramente no lo sé. —reconocí volviendo a sentir la desazón que esos días tanto me apremiaba.
Al día siguiente me presenté en el juzgado, ocupando un asiento al fondo de la sala.
Bella Swan estaba sentada junto a su abogado en la parte delantera.
Tenía que reconocer que parecía otra persona completamente diferente a la que había conocido días atrás, semidesnuda, demacrada, con el cabello enredado, sucio y despeinado y ojerosa. La nueva Bella vestía un impecable traje oscuro de pantalón y chaqueta. Tenía su largo cabello castaño rojizo recogido en un moño estirado. El rostro suavemente maquillado le confería un aire serio y responsable.
Incluso yo, viéndola así, estaba dispuesto a otorgarle la custodia de su hermana. Pero yo la había visto en su peor momento, y sospechaba que era aquel su estado más habitual.
Las palabras de la jueza fueron contundentes. Si Bella Swan podía mantenerse limpia de drogas durante tres meses, entonces su hermana se quedaría con ella para siempre, o al menos hasta que le encontrase muerta por sobredosis, tal como Bella había encontrado a su hermano.
No podía decir que estaba conforme con la resolución pero, de acuerdo a lo que Victoria me había explicado, no podía pedir, de momento, más que eso.
Bella se puso en pie, acompañada de su abogado, un hombre de unos cuarenta y tantos, regordete y con un traje oscuro que debía costar bastante más de lo que yo mismo cobraba en un mes.
Evidentemente, ser el abogado de los Swan, era un buen trabajo.
Bella se detuvo frente a mí cuando salía de la sala junto a su abogado.
Me dedicó una mirada cargada de desdén antes de hablar.
—Inspector Cullen —me saludó altiva desde su imagen de señorita responsable y sus tacones de diez centímetros.
—Señorita Swan —le respondí con formalidad.
—Me gustaría poder decir que me sorprende verle aquí —me dijo con sarcasmo —pero lamentablemente, me imagino que ha venido a ver cómo me quitan a mi hermana. ¿Cree que ya puede regodearse o prefiere esperar unas semanas? O hasta tres meses, ¿no?
—No tengo intención alguna de regodearme si pierde la custodia de su hermana —aclaré —Pero porque desearía que su hermana fuese feliz. Imagino que hoy mismo su hermana no estaría feliz de tener que dejar su casa y alejarse de la única familia que le queda, aunque eso pudiera ser lo mejor para ella.
—"Yo" soy lo mejor para ella —recalcó —Estar con su hermana, la única familia que tiene, es lo mejor para cualquier niña y, sin dudas, lo mejor para Leah. —dijo entre dientes.
—Espero que sí, señorita Swan. Tiene tres meses para demostrarlo. No será tan difícil mantenerse limpia para alguien que no tiene un problema de drogas —expliqué con sarcasmo.
—Vete al infierno, cabrón —rugió furiosa y se adelantó un paso hacia mí con gesto amenazante.
El abogado la tomó del brazo deteniéndola y dejándome a mí con las ganas de llevarla al calabozo a pasar la noche, por agredir a un agente policial.
—Calma, Bella —le dijo el hombre.
—Sí, calma, Bella —repetí con retintín —No querrá ser detenida por agresión.
La chica bufó molesta, me dirigió una mirada despectiva y se giró sobre sus tacones para abandonar la sala del juzgado.
Salí del juzgado sintiendo un sabor amargo. Deseaba equivocarme. Deseaba sinceramente estar equivocado.
Bella Swan era sin dudas una chica arrogante y altanera, pero yo no podía dejar de verla como una víctima más.
Imagino que mi benevolencia para con ella se debía al hecho de haberla visto llorando desgarrada aferrada al cuerpo sin vida de su hermano.
En ese momento había sentido una suerte de hermandad para con la chica y desde entonces no podía dejar de verla como una víctima.
Pero sus actitudes altivas, frías y arrogantes me sacaban de mis casillas. Me exasperaban y me daban ganas de darle una sacudida para hacerla entrar en razón.
Pero ante todo, no quería que perdiera a su hermana, porque estaba seguro que de hacerlo, su vida no duraría mucho.
Era inevitable. Sin su hermana pequeña para darle sentido a su vida y darle una razón a su abstinencia, Bella Swan estaría perdida y seguiría el camino de su hermano.
Estaba convencido que, si perdía a Leah, no pasaría mucho tiempo antes de tener que enfrentarme a que fuera a Bella a quien encontrasen en una habitación de hotel.
Los primeros días después del juicio, cada día me ocupé de hablar con Eric Yorkie.
Bella Swan se realizaba las analíticas que le requerían día por medio y, por el momento, todas resultaban perfectamente libres de sustancias prohibidas.
No pude evitar relajarme y sentirme completamente en paz.
Pero tres semanas después, todo se derrumbó.
Estaba en el departamento de Victoria, ese lunes por la tarde, cuando mi teléfono sonó.
—Cullen —me saludó el jefe Da Revin.
—Jefe, buenas tardes.
—Buenas tardes. Lamento molestarte en tu día libre, Cullen, pero pensé que querrías estar enterado.
—¿Qué sucede, jefe? —inquirí completamente descolocado por las palabras de mi jefe.
—Los de servicios sociales requieren para mañana un oficial para llevar a cabo una recogida.
—¿Una recogida?
—Sí. Isabella Swan ha incumplido la orden de abstinencia —me explicó y el impacto de la noticia me hizo caer contra el respaldo del sofá en el que estaba sentado —En el día de mañana, la niña Leah Swan será recogida en su domicilio por los servicios sociales para dejarla a su cargo.
—Mierda —suspiré —Finalmente lo hizo.
—Tenías razón, Cullen. La chica no es capaz de cuidar de su hermana.
—¿Qué sucederá con la menor?
—Irá a una casa de acogida, en principio. Luego dependerá de si su hermana apela la sentencia o no, si la niña entra en el régimen de adopción.
—Entiendo —acepté mientras en mi cabeza comenzaba a formarse una idea que podía hacerme sentir un poco mejor ante estas circunstancias. —Jefe, ¿cree que es posible influir en la elección de la casa de acogida?
—¿Tienes alguna casa a la que quieres que vaya?
—Mi madre ha sido madre de acogida durante años. Creo que podría convencerla de recibir a la niña.
—Bien. Si ella está dispuesta a acoger a la menor, tal vez podamos conseguir que la destinen allí.
—Gracias, jefe. Hablaré con mi madre y, si le parece bien, me gustaría ser yo quien vaya a recoger a la niña con los de servicios sociales.
—Lo imaginé. Te veré mañana.
Estaba decidido. Leah tenía que quedarse con Esme, porque Bella tendría que salir de esa mierda a como diera lugar, y yo no le permitiría abandonar.
Y estaba claro que con el odio que la chica sentía por mí, haría cualquier cosa para llevarme la contraria.
Incluso limpiarse completamente.
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Nos vemos en el grupo de Facebook: Las Sex Tensas de Kiki.
Besitos y gracias por leerme.
Gracias a Zooffyx Mar Kruzz por la portada que me regaló para este fic.
