Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

TOCANDO FONDO

CAPÍTULO 11

Bella

Habían pasado dos semanas desde la muerte de Seth y, muy poco a poco, yo estaba comenzando a aceptarlo.

En esas dos semanas, mi abogado se había estado encargando de todos los trámites legales que la muerte de Seth traía consigo.

Trámites respecto a la herencia de sus bienes, para lo cual nos habíamos tenido que cerciorar de la inexistencia de hijos y tendríamos que esperar unos meses antes de poder disponer libremente de sus bienes.

Me importaban una mierda los bienes materiales de Seth, pero nunca permitiría que la estúpida de Claire Adams recibiera nada, aún cuando se quedase embarazada e intentase adjudicarle un bastardo a mi hermano.

La odiosa de Claire Adams no había hecho nada para evitar que mi hermano se pinchase sin control aquella noche. De hecho yo era capaz de afirmar que debió ser alguna discusión con esa chica lo que había llevado a Seth a perder el control de esa forma, porque Seth siempre había sido muy cuidadoso.

Y, solo por encima de mi cadáver esa chica recibiría algún beneficio.

Además de la herencia de Seth, J.J. se encargó de los trámites relacionados con la custodia de Leah. Él fue el que me informó de los requerimientos del juzgado.

El fiscal pedía, para otorgarme la custodia de mi hermana, que demostrase no tener problemas con las drogas, ya que, según ellos, Seth los tenía.

Por alguna razón, olía la mano del maldito inspector Cullen metida por ahí en medio. Pero no iba a permitir que me quitaran a mi hermana, y ese estúpido arrogante tendría que tragarse sus palabras.

Sabía que podía hacerlo. De hecho en esas dos semanas no había consumido nada, salvo marihuana, pero eso era entendible. Había necesitado relajarme y comenzar a adaptarme a mi vida sin mi hermano. Mi vida sin la única persona que me había acompañado durante veintidós años. Nadie iba a juzgarme por eso.

Finalmente recibí una citación del juzgado para tratar el tema de la custodia legal de Leah.

J.J. me acompañó y allí nos sentamos frente a la jueza encargada del caso. La resolución no fue muy diferente de lo que esperábamos. Tres meses sin consumir ningún tipo de sustancias estupefacientes, lo cual sería controlado por análisis de sangre y orina que me harían en el hospital día por medio.

Era como una condena de esas que te imponen presentarte en la estación de policía todos los días, salvo que yo me presentaría día por medio y en el hospital.

Encontrarme a la salida con Edward Cullen no levantó mi ánimo, pero J.J. me recordó lo imprudente que podía ser golpear, insultar o escupir a un agente policial por lo que preferí ignorarle.

Las primeras semanas las pude sobrellevar, aunque no sin esfuerzo. Me volví adicta al tabaco y al café.

Los cigarrillos me calmaban y el café me estimulaba. Y así, entre uno y otro me convencí de que no eran tan difícil no tomar drogas.

Iba al hospital, dejaba mis muestras de sangre y orina, y todo seguía su curso.

Pero tuvo que llegar aquel maldito viernes.

La semana anterior a las vacaciones de acción de gracias, Senna llegó junto a mí y me informó que la semana siguiente viajaría a Vancouver para pasar las vacaciones con su hija.

—¿Qué quieres decir? —inquirí confusa

—Me marcharé el miércoles, pero regresaré el domingo.

—¿Cómo que te marcharás el miércoles? No puedes irte.

—Lo siento, Bella, ya tengo los billetes.

—Pero... ¿y Leah?

—¿Qué pasa con Leah? —preguntó la mujer con insolencia.

—¿Qué voy a hacer yo sola con Leah durante cinco días?

—¿Cuidar de ella? —inquirió con irónico desdén.

—No puedes irte, Senna. Lo siento, pero yo no puedo quedarme sola con Leah. Tendrás que dejar tu viaje para más adelante.

—Discúlpame, Bella, pero tengo derecho a coger mis vacaciones. Serán solo cinco días.

—He dicho que no puede ser, Senna —rugí con autoridad —Tendrás que cancelarlas. Ya cogerás tus vacaciones más adelante.

—No puedes hacer esto, Bella. Lo siento, pero me marcharé el miércoles.

—Si te marchas el miércoles, entonces no hará falta que regreses —espeté molesta —Estás despedida.

Senna dio un respingo mirándome con sorpresa antes de hablar con petulancia.

—¿Estás segura de querer que me marche, Bella? —dijo arrogante —¿Estás segura de querer quedarte sola con tu hermana?

—No me desafíes, Senna.

—No lo hago. Simplemente te informo de mi intención de tomarme unos días de vacaciones. Tú haz lo que debas hacer que yo, por mi parte, haré lo mismo. —soltó antes de girar sobre sus pies para marcharse dejándome furiosa golpeando los muebles de mi habitación.

Mi humor empeoró cuando Leah llegó del colegio hablando sobre la fiesta que darían en el colegio por acción de gracias y para la cual necesitaba comprar un traje.

Después de discutir nuevamente con la niñera, me sentía frustrada y alterada. Después de mi cuarto cigarrillo sabía que solo algo de hierba podría relajarme.

Lo sabía y lo necesitaba.

Llevaba tres semanas sin consumir nada y no tendría que hacerme los análisis hasta el lunes siguiente. Estaba segura de que mis pruebas estarían limpias para entonces.

Me llevó menos de dos minutos tomar la decisión. Era una mujer responsable y sabía que podía cuidar perfectamente de mi hermana, aún si me fumase un porro.

Sin pensarlo más levanté mi teléfono.

—Diga —respondió la voz al otro lado de la línea.

—Sam.

—Bella, cariño. ¿Cómo estás, cielo?

—Bien. Sam, necesito que me ayudes.

—¿Qué necesitas, preciosa?

—Tráeme algo, lo que sea, Sam. Al menos un porro. No tengo nada, Sam y me voy a volver loca.

—No, Bella. Lo siento, cariño, pero no puedes fumarte un porro.

—Mierda, Sam —gruñí nerviosa —Deja esa mierda. Tráeme algo o voy a terminar matándome.

—Lo siento, Bella.

—¡Coño, joder, Sam! ¡Solo un puto porro o una puta pastilla! Lo necesito.

—No puedo hacerlo, Bella. Tienes que dejarlo, lo sabes. Por tu hermana, Bella.

—A la mierda con eso. ¿Crees que no puedo cuidar a mi hermana porque me fume un jodido porro? —grité exasperada pero supe que ese no sería el modo de conseguirlo —Por favor, Sam, sabes que uno no me hará daño. Venga, cariño, tráemelo. Te daré lo que quieras —ofrecí sugerente —Y tú y yo sabemos bien qué es lo que quieres.

—Lo siento, Bella.

—Vamos, Sam. ¿No te gustaría hacérmelo tú sin tener que esperar a que Jake me folle antes? Vamos, Sam, te dejaré que me folles por detrás, pero tráeme un puto porro.

—Lo siento, Bella. Esto es lo mejor para ti. —dijo y cortó la comunicación

Jodido cabrón.

—Maldito cabrón hijo de puta. —gruñí antes de llamar a Jacob. Sabía que él no me diría que no.

—Pero si es la preciosa Bella Swan —contestó con voz risueña.

—Hola, Jake.

Llevaba semanas sin hablar con Jacob. No había dado señales de vida desde que Seth había muerto en aquella estúpida fiesta.

Si había hecho falta algo para demostrarme que Jake era un cabrón, el hecho de no volver a hablarme después de ello no me había dejado ninguna duda.

Aquella noche habíamos estado juntos. La última vez que nos habíamos visto él había estado corriéndose en mi coño, pero aún así, no había considerado necesario llamarme siquiera para contarme cuánto le apenaba que mi hermano se hubiese muerto.

Yo, sin embargo, no podía olvidar que había sido Seth quien le había dado apoyo a Jacob cuando The Wolves se había disuelto y, si alguien recordaba quién era Jacob Black, se lo debía a que Seth lo llevaba donde fuese.

Pero de cualquier modo, éste no era el momento para remilgados reproches. Perdonaría todos sus desplantes si hacía lo que le pedía.

—Hola, muñeca. ¿Cómo estás?

—Putamente jodida, Jake. Necesito que me traigas algo.

—¿Algo como qué?

—Lo que sea. Me conformaría con un porro, así que de ahí para arriba lo que sea.

—No sé, cielo. Todos dicen que estás limpia.

—Demasiado limpia, Jake, y ya no puedo con ello. Por favor, ven a casa, tráeme algo. Haré lo que quieras.

—¿Lo que quiera?

—Sí, lo que quieras.

—Ya sabes lo que quiero…

—Haré lo que quieras, Jacob, pero por favor tráeme un gramo de algo.

—De acuerdo, preciosa. Estaré allí en una hora.

—Que sea media —pedí y rió divertido.

—De acuerdo. Veinte minutos.

En quince minutos el portón de la casa se abrió para que entrara el Porsche negro de Jacob.

No venía solo. Le acompañaba Quil Ateara.

Quil Ateara era un muy buen amigo de Jacob al que yo odiaba. Le había visto portándose como un jodido cabrón con unas niñas de instituto a las que había metido drogas hasta dejarlas semiinconscientes. Después las había follado.

Cuando yo le había visto, Jacob había detenido el coche junto a él.

Jake y yo volvíamos entonces de una fiesta. Quil se había subido al coche dejando a las dos chicas durmiendo en la acera.

Desde entonces quería hacerlo conmigo y Jacob quería que lo hiciera, pero yo nunca había accedido.

Aparentemente, ésa sería una nueva primera vez.

—Hola, preciosa —dijo Jacob bajando del coche y rodeándome con sus brazos —¿Cómo estás?

—¿Qué tienes, Jake?

—Lo que quieras. ¿Qué tienes tú para mí?

—Lo que quieras. Ven, a la casa de invitados —dije tirando de él para guiarlo hasta la casa en la que tantas veces habíamos compartido sexo y drogas.

Entramos y Jacob se dejó caer indolente sobre un sofá.

—Ven aquí, preciosa.

—Primero dame lo que tienes —ordené.

—Ven a por él —sonrió bajando sus pantalones y sus bóxer para sacar su erección. Sobre el glande apoyó una pastillita blanca. —Cógela, cariño.

Caí de rodillas frente a él y me introduje el pene en la boca con desesperación.

La mano de Jacob se apoyó en mi nuca y me empujó sobre él hasta que estuvo casi por completo dentro de mi boca. Me folló la boca y se corrió con premura.

Por el rabillo del ojo vi como Quil dibujaba tres gruesas líneas de polvo blanco sobre la mesita del café mirándome sonriente.

—¿Las quieres, preciosa? —ofreció y sentí mi boca hacerse agua.

—Sí.

—Entonces pueden ser tuyas —dijo ofreciéndome un fino tubito plástico.

Cogí el tubo y le miré esperando que me dijera qué quería a cambio.

Quil señaló la mesa y me giré hacia ella.

Rápidamente entendí su intención cuando sus manos se apoyaron en mis caderas.

Bajó mi pantalón y mis braguitas y me penetró desde atrás mientras yo aspiraba las exquisitas líneas de cocaína.

Me embistió hasta correrse y siguió haciéndolo después. Volvió a empalmarse y a correrse sin sacar su polla de mi coño.

Finalmente salió dejándome adolorida pero completamente satisfecha con mis dosis de drogas.

Fue entonces el turno de Jacob, y durante las tres horas siguientes, lo hicimos de todas las formas que se les ocurrieron.


Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos y bienvenidos a los nuevos lectores.

Nos vemos en el grupo de Facebook: Las Sex Tensas de Kiki.

Besitos y gracias por leerme.

Gracias a Eli Val por las geniales portadas.

pera l.t: Gracias por tus reviews y por tus constantes palabras de cariño. Son importantes para mí.

Reva4: Gracias también por tus rr. De momento no tengo una fecha para PP, pero solo puedo decir que la continuaré aunque aún no sepa cuándo. Gracias por la paciencia.

Y a pedido de Deborah les dejo un adelanto del próximo capítulo:

—¿Quiénes son ustedes y qué hacen aquí?

—¿Bella Swan? —inquirió Ben entregándole el documento con la orden para llevarse a Leah, en cuanto Bella asintió —Venimos en busca de la niña Leah Swan.

—¿Qué? —preguntaron a coro la hermana y la niñera de Leah —¿Qué significa esto?

—Los resultados de sus analíticas realizadas el día de ayer han revelado que ha incumplido la orden de abstinencia requerida para mantener la custodia legal de su hermana.

—¿De qué está hablando? —rugió Bella mientras detrás de ella, Senna se llevaba las manos a la boca en un gesto sorprendido.

—Lo que ha escuchado. Tenemos órdenes de llevarnos a la niña.

—Ustedes no van a llevarse a nadie —gruñó.