Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
TOCANDO FONDO
CAPÍTULO 12
Edward
Esme me observó preocupada cuando nos sentamos en el sofá de su salón, esa tarde.
—Me preocupas, Edward. Cuéntame lo que sucede. —pidió sentándose frente a mí después de servir las tazas de café.
A mi lado, Victoria apretó mi pierna en señal de apoyo.
—Necesito tu ayuda —expliqué —Sé que lo que voy a pedirte puede ser demasiado para ti, pero de verdad lo necesito.
—Lo que quieras, Edward —aceptó frunciendo el entrecejo —Pídeme lo que quieras, cariño.
—Hay una niña...
—¿Una niña? —inquirió Alice sentada junto a mi madre en el sofá frente a nosotros.
—Sí. Sé que esto también va a afectarte a ti, Alice, pero necesito que acojáis a una niña.
—¿Quieres que acoja a una niña, Edward? —inquirió Esme —Oh, cariño, no lo sé... —dudó —Sabes que ya soy mayor...
—Dios, mamá... Sé que tal vez sea demasiado, pero necesito que la recibáis aquí en la casa. Yo te ayudaré en todo lo que necesites...
—¿Por qué? —preguntó Alice sorprendida ante mi vehemencia —¿Por qué es tan importante para ti esta niña?
Suspiré sintiéndome agotado, apoyé mis codos sobre mis rodillas y dejé caer la cabeza entre las manos.
Las manos de Victoria acariciaban mi espalda arqueada, sabiendo lo difícil que era para mí todo lo que tenía que ver con lo sucedido con los Swan.
—Sus padres murieron hacen un par de años. Su hermano mayor tenía su custodia. Murió hace algunas semanas por sobredosis.
—¡Dios! —exclamó mi madre recordando la historia que le había contado hacía ya un tiempo —¿Es esa chica?
—Sí.
—¿Qué chica? —repitió Alice
—Su otra hermana, quien ahora obtendría la custodia de la niña, le encontró muerto en una habitación de hotel. Cuando nosotros llegamos al lugar, la chica estaba acostada sobre el cuerpo sin vida, sacudiéndolo como si intentara hacerlo revivir —expliqué pero en mi mente no era a Bella a quien veía, sino a mí mismo intentando revivir a Emmett.
—Oh, vaya —exclamó Alice comprendiendo de pronto mi malestar.
Alice, prácticamente no había conocido a Emmett. Él había muerto cuando ella solo tenía tres años, y aún entonces, él no había vivido con nosotros luego de que Alice cumpliera solo tres meses de vida.
Pero eso no significaba que él no fuera su hermano también. Además de que durante años había escuchado todo lo que había sucedido con él desde que se había ido con Rosalie.
—La hermana sigue consumiendo drogas y le retirarán la custodia. Confío que apele la sentencia si ingresa a algún centro de rehabilitación.
—Y tú quieres que la niña se quede aquí
—Sí. Acaba de cumplir nueve años. Estoy convencido de que será lo mejor para ella.
—Oh, Edward... no sé... —dudó mi madre mostrando su rostro acongojado.
—Por favor, mamá. Me siento responsable de la niña. Siento que si no lo hago, si no la ayudo, cuando la joven muera por una sobredosis, yo seré parte responsable. Sé hacia dónde va, tengo que hacer algo para detenerla.
—Te estás involucrando demasiado en este caso, Edward —dijo Esme mirándome compasiva.
—No puedo evitarlo, mamá —me lamenté bebiendo mi último trago de café.
Esme dejó su taza sobre la mesa y se levantó de su lugar para sentarse junto a mí.
—Nada traerá a Emmett de regreso, Edward.
—Lo sé, mamá. Pero no sé si alguna vez podré dejar de culparme por no haber hecho nada. No haberlo visto.
—No podías saberlo, Edward. Ninguno de nosotros. Rosalie debió decirnos lo que sucedía, pero ni ella fue capaz de ver la real magnitud del problema de Em. No te fustigues, Edward.
—Dios, mamá —me quejé —¿Puedes imaginar lo que sentí al entrar en esa habitación?
—Lo sé —aseguró comprensiva acariciando mi espalda.
—Ver a ese chico fue como ver a Emmett. La desesperación de la chica. Verle gritarle al cadáver de su hermano. Me vi, mamá. Me vi a mí sacudiendo a Emmett incapaz de aceptar que ya no estaba allí —sollocé recordando la imagen de mi hermano, tirado en el suelo de su habitación, sin respiración.
—Tranquilo, cielo —me consoló mi madre rodeándome con sus brazos —Calma, cariño.
—Necesito ayudarles, mamá —supliqué —Necesito hacer algo por ellas. La chica va por el mismo camino, mamá. No puedo permitir que esa mierda se lleve a otra persona más. No podría mirarme al espejo si algún día le encontrasen muerta por sobredosis.
—Lo entiendo, cariño. Te entiendo. Puedes traer a la pequeña, cariño —aceptó mi madre por fin —Sabes que le daremos todo el amor que necesite. —aseguró mirando a mi hermana que asintió comprensiva.
—Será sólo hasta que su hermana se recupere. Hasta que logre salir de esta mierda.
—Cielo, cuida tu vocabulario —me regañó con una sonrisa.
—Lo siento, mamá.
—¿Crees que logre salir?
—Sí. —dije con convicción —Tienes que verla. Es una tigresa, una leona. Es una luchadora. No será fácil, pero sé que puedo convencerla de que lo haga. Me odia lo suficiente como para curarse solo para tocarme las narices —reconocí sonriendo.
—Edward, temo que te estés tomando esto de forma muy personal.
—Es probable —aceptó —Es probable que lo esté haciendo, pero no puedo evitarlo.
—Solo quiero que seas cuidadoso con las expectativas que depositas en la chica. No quisiera que sufrieses si te defraudase.
—Lo sé. Intentaré ser tan objetivo como me sea posible —prometí abrazando a mi madre agradecido.
Al día siguiente me apersoné en la mansión de Beverly Hills junto a Angela Webber, la asistenta social y Ben Cheney, el representante del juzgado.
Bella Swan se presentó ante nosotros en cuanto la niñera que nos había abierto la puerta, la llamó.
—¿Qué sucede? —inquirió mirándonos de uno en uno especulativa.
Eran media tare pero la chica estaba vestida aún en pijama y con el cabello desordenado y los ojos hinchados como acabada de despertar.
—¿Quiénes son ustedes y qué hacen aquí?
—¿Bella Swan? —inquirió Ben entregándole el documento con la orden para llevarse a Leah, en cuanto Bella asintió —Venimos en busca de la niña Leah Swan.
—¿Qué? —preguntaron a coro la hermana y la niñera de Leah —¿Qué significa esto?
—Los resultados de sus analíticas realizadas el día de ayer han revelado que ha incumplido la orden de abstinencia requerida para mantener la custodia legal de su hermana.
—¿De qué está hablando? —rugió Bella mientras detrás de ella, Senna se llevaba las manos a la boca en un gesto sorprendido.
—Lo que ha escuchado. Tenemos órdenes de llevarnos a la niña.
—Ustedes no van a llevarse a nadie —gruñó.
Ignorándola, Angela se dirigió a Senna para pedirle que trajera a la niña junto con una bolsa con sus pertenencias necesarias para pasar la noche, y que al día siguiente volverían para recoger las demás pertenencias.
—Senna no te muevas —ordenó Bella sin voltearse a mirarla.
La mujer, con los ojos llenos de lágrimas me miró interrogante. Con un gesto afirmativo de mi cabeza, se volteó para dirigirse a las escaleras que la llevaban a la primera planta.
—Un momento. Ustedes no pueden llevarse a mi hermana —dijo mostrándose bastante más insegura que un minuto antes.
—Tenemos una orden del juez.
—Me importa un pimiento su jodida orden.
—Tal vez deba hablar con su abogado —aconsejó el hombre.
—Desde luego que hablaré con mi abogado —gritó —Pero usted no va a llevarse a mi hermana.
El delegado me miró expectante y me vi obligado a actuar.
—Hay una orden judicial por la cual la niña Leah Swan se irá ahora mismo acompañada de la representante de Servicios Sociales.
—Tú no te metas, cabrón —me rugió mirándome indignada —Crees que te has salido con la tuya, ¿verdad? Estarás contento, ¿no?
—¿Bella? —le llamó su hermana que bajaba la escalera acompañada por la niñera.
—Lee, cariño —gimió Bella volteándose hacia su hermana y poniéndose en cuclillas para quedar a su altura.
—Dice Senna que tengo que irme con estas personas.
—Tranquila, cielo. No te preocupes, no tienes que ir a ninguna parte —aseguró Bella y las lágrimas corrieron por su rostro.
—Tienes que venir con nosotros, Leah —le informó la asistenta social ganándose una mirada furiosa de la hermana mayor.
—¡Cállese!
—Vendrás a pasar la noche a casa de una familia.
—¿Qué familia? —preguntó la pequeña y sentí mi corazón partirse en pedazos.
—Te gustará —intervine aunque no me correspondía hacerlo —Te divertirás. Serán algo así como unas vacaciones.
—Pero ¿por qué? —inquirió mirándome dudosa —Bella, ¿tú vendrás también? —dijo dirigiéndose a su hermana que dejaba salir su llanto silencioso con la cabeza gacha.
—Tu hermana no puede venir ahora mismo pero te irá a buscar tan pronto pueda.
—¿Tengo que hacerlo, Bella? —gimió Leah en una voz tan baja que estuve a punto de marcharme para evitar presenciar esa situación que me estaba rompiendo el alma.
—Te prometo que serán solo unos pocos días, Lee.
—¿Por qué? ¿Es por lo de mi traje para la fiesta del colegio? —sollozó y finalmente dos gordos lagrimones rodaron por sus rosadas mejillas.
—No, cariño —lloró Bella estrechando a la niña entre sus brazos. —Es por mi culpa, cielo, pero te juro que lo arreglaré. Te quiero, Lee. Te amo y te prometo que voy a solucionarlo e iré a buscarte.
—¿Cuándo?
—Tan pronto como sea posible, cielo. Lo prometo. —aseguró
—Vamos, Leah —dijo Angela tomando la mano de la niña que la miró dudosa y luego a su hermana.
—No quiero ir —gimió la pequeña
—Te iré a buscar —prometió Bella que, aunque reticente, la dejó ir.
Pero solo por un momento.
En cuanto Angela salió con la niña acompañada de Ben, Bella se levantó de un salto lanzándose hacia la puerta.
—No se la lleven —gritó sollozante.
Me interpuse en su camino para detenerla tomándola por los brazos.
—¡Por favor! —gritó la chica desesperada viendo cómo se llevaban a su hermana desde mis brazos —¡Por favor no se la lleve! —gritó retorciéndose entre mi agarre.
—Cálmate, Bella —ordené llamando su atención —No se lo hagas más difícil a tu hermana.
Fue entonces que por fin me vio realmente.
—Por favor —suplicó con lágrimas corriendo raudamente por sus mejillas —No os la llevéis. Soy todo lo que tiene. Ella es todo lo que tengo. No os la llevéis, por favor.
—No eres capaz de vivir sin drogarte, y tu hermana no puede vivir con una persona así.
—Por favor —rogó cogiéndome por la camisa —Por favor, no te la lleves. Haré lo que quieras —ofreció y en un principio no logré entenderla —Haré lo que quieras —repitió dejándose caer de rodillas frente a mí y llevando sus manos a la bragueta de mi pantalón.
—¿Qué haces? —inquirí anonadado intentando coger sus manos.
—Soy muy buena, todos lo dicen —aseguró luchando contra mis manos que intentaban alejarla de la bragueta de mi pantalón —Haré lo que quieras. Puedes hacérmelo por detrás. Todos los hombres aman eso. Te dejaré que lo hagas, pero, por favor, no te lleves a mi hermana.
Los sentimientos que me asaltaron me golpearon como un muro de concreto.
Sentí asco, repulsión y muchísima pena, todo a la vez.
Tener que ver en qué se había convertido esa pequeña niña de veintidós años, me trastornó.
—Levántate, Bella —ordené alzándola por los hombros.
—Por favor —sollozaba —Haré lo que quieras.
—Esto no funciona así, Bella.
—Todo funciona así —discutió.
—No —sentencié —No en mi mundo. Si quieres luchar por tu hermana, primero tienes que luchar por ti, y luchar contra las drogas. Hasta que no puedas cuidar de ti, nadie creerá que eres capaz de cuidar de tu hermana, como tu hermano no fue capaz de hacerlo.
—¡Tú no sabes nada de mi hermano! —gritó furiosa golpeando mi pecho.
—Sé que las drogas fueron para él más importantes que cuidar de sus hermanas.
—¡Tú no tienes ni idea! ¡Ni se te ocurra hablar de mi hermano, cabrón!
—Ahora solo debes preocuparte por tu hermana. Debes decidir qué es lo que quieres.
—A mi hermana —aseguró —Quiero a mi hermana.
—Entonces lucha por ella —sentencié antes de soltarla y abandonar la casa con el corazón estrujado.
Para mí, el capítulo más duro de este fic. Espero que les gustara.
Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos y bienvenidos a los nuevos lectores.
Nos vemos en el grupo de Facebook: Las Sex Tensas de Kiki.
Besitos y gracias por leerme.
Gracias a Sofía Moreno por las geniales portadas.
Y por qué no un adelanto del próximo capítulo:
—Leah volverá —espeté con seguridad —Hablaré con J.J. y la recuperaré.
—¿Es que aún no te enteras? Esto no lo arreglarás con dinero ni con la ayuda de tus estúpidos amigos —gruñó la mujer alterada —No te das cuenta. Eres una tonta drogadicta. Lo peor que pudieron hacer vuestros padres fue dejaros esa estúpida enorme cantidad de dinero. Todo ese dinero no te servirá para recuperar lo único que podría mantenerte viva, Leah. Has perdido lo único que tenía valor en tu vida, tu hermana.
—Voy a recuperar a Leah —aseguré
—Si es lo que quieres realmente, entonces madura. Crece de una vez. Deja realmente de drogarte. Deja de andar con esos imbéciles que tienes por amigos, que en realidad no les importa en absoluto nada de lo que pueda sucederte, siempre que puedan follarte. Deja de culpar a tus padres por ser tan decadente. Coge las riendas de tu vida, demuestra que puedes hacerlo, que puedes ser una mujer seria y responsable, si es que puedes y recupera a tu hermana e intenta darle la vida feliz que se merece y nunca ha tenido.
