Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

TOCANDO FONDO

CAPÍTULO 13

Bella

No sé cuánto tiempo permanecí sentada sobre el frío suelo de mármol del hall de la enorme casa casi vacía.

Solo sé que el silencio se volvió ensordecedor, hasta que Senna lo rompió acercándose a mí con una mirada furiosa en su rostro adusto.

Llevaba consigo su abrigo y dos maletas.

—Me voy —dijo parándose frente a mí.

Levanté la mirada para enfocarme en la mujer que desde su altura me observaba con desprecio.

—¿Por qué te vas?

—No tengo nada más que hacer aquí. Se han llevado a Leah y ella era todo lo que me ataba a esta casa.

—Leah volverá —espeté con seguridad —Hablaré con J.J. y la recuperaré.

—¿Es que aún no te enteras? Esto no lo arreglarás con dinero ni con la ayuda de tus estúpidos amigos —gruñó la mujer alterada —No te das cuenta. Eres una tonta drogadicta. Lo peor que pudieron hacer vuestros padres fue dejaros esa estúpida enorme cantidad de dinero. Todo ese dinero no te servirá para recuperar lo único que podría mantenerte viva, Leah. Has perdido lo único que tenía valor en tu vida, tu hermana.

—Voy a recuperar a Leah —aseguré

—Si es lo que quieres realmente, entonces madura. Crece de una vez. Deja realmente de drogarte. Deja de andar con esos imbéciles que tienes por amigos, que en realidad no les importa en absoluto nada de lo que pueda sucederte, siempre que puedan follarte. Deja de culpar a tus padres por ser tan decadente. Coge las riendas de tu vida, demuestra que puedes hacerlo, que puedes ser una mujer seria y responsable, si es que puedes y recupera a tu hermana e intenta darle la vida feliz que se merece y nunca ha tenido.

Sin decir más, cogió sus maletas y se marchó dejándome sola en la enorme mansión de quinientos metros que se sentía más vacía que nunca, pero paradójicamente me oprimía como si las paredes se estuviesen cerrando a mi alrededor.

No sé cuánto tiempo estuve allí sentada simplemente sin pensar.

Necesitaba fumarme algo, pero por primera vez en mi vida manejé la posibilidad de que tal vez, sí tenía un problema y no sabía cómo salir de él.

Tenía que hablar con mi abogado pero sospechaba que si no dejaba de consumir de una vez y para siempre, no habría nada que pudiese hacer.

No sé cuántas horas llevaba allí cuando el timbre de la casa sonó. Podían irse al demonio porque no fui capaz de levantarme para abrir la puerta.

Mi visitante no tenía ánimo de esperar porque escuché claramente cómo se abría la puerta de entrada.

Cuando levanté la mirada me encontré con el maldito cabrón del inspector Cullen recostado en el vano de la puerta y mirándome con compasión.

—¿Qué coño haces aquí, cabrón? ¿Vienes a regodearte?

—No hace falta —dijo con indolencia —Ya tú sola te recreas revolcándote en tu miseria.

—¿Qué coño te pasa? ¿No estás contento? Ya has logrado quitarme a mi hermana.

—No, Bella. Te equivocas. Nadie te ha quitado a tu hermana. Tú has decidido perderla. Tú sola lo has hecho.

—Vete al infierno.

—¿Y qué haces ahora? —continuó con desdén —Te sientes una víctima del sistema y te revuelves en tu mierda, cuando en realidad deberías estar buscando la forma de recuperar a tu hermana.

Sus palabras me sacudieron. Él tenía razón. El maldito poli tenía razón y yo tenía que reconocer que no sabía cómo hacerlo.

Después de un largo silencio, con la mirada del inspector clavada en mí, me derrumbé.

Abracé mis piernas y hundí mi rostro entre las rodillas.

—No sé cómo hacerlo —gemí llorando lastimosa —Tal vez sea lo mejor para ella —reconocí —Seguramente es lo mejor para Leah estar alejada de mí, pero es todo lo que me queda y no puedo pensar siquiera en no volver a verla —lloré —Es mi hermanita pequeña...

—Ya está, Bella —dijo el oficial sentándose en el suelo a mi lado y rodeándome con sus brazos para estrecharme contra su pecho —Ya, no llores. Tienes que ser fuerte y tienes que luchar por tu hermana. Ella te ama y tú a ella. Ella se merece estar con la persona que más la ama en el mundo y ésa eres tú.

—Yo solo sé hacerle daño...

—No. Tú estás enferma, Bella y debes curarte para poder tener a tu hermana contigo y darle la vida que se merece. La vida que toda niña de nueve años se merece.

—No estoy enferma —gemí contra su pecho mojando su camisa con mis lágrimas —Solo soy una estúpida drogata.

—No, cariño —me dijo con una dulzura que nadie había utilizado conmigo más allá de Seth —Es una enfermedad, Bella. Es algo que no puedes controlar. Necesitas ayuda.

—Tú no lo entiendes. Nadie va a ayudarme. No le importo a nadie. Las únicas dos personas que han sentido algo por mí, una está muerta y la otra en una casa de acogida. Y tienen razón, yo tampoco ayudaría a una estúpida drogadicta consentida que siempre ha hecho lo que ha querido sin importarle nada ni nadie.

—No es así, Bella. Yo voy a ayudarte —ofreció y me alejé para mirar su rostro —Yo voy a ayudarte pero solo si tú me dejas hacerlo. Tú tienes que poner de tu parte. Eres tú la que tendrá que hacer todo el esfuerzo, pero yo estaré contigo para apoyarte y acompañarte.

—¿Y qué vas a querer a cambio, inspector Cullen? —inquirí sintiéndome repentinamente recelosa.

—Llámame Edward —pidió —No querré nada a cambio. Solo voy a exigirte el compromiso de que harás todo para recuperarte.

—Todo el mundo quiere algo a cambio —aseguré con desconfianza.

Él sonrió con una sonrisa tierna, y esa sonrisa transformó su rostro normalmente rígido en un semblante cálido y confiable.

—Yo no —aseguró secando mis mejillas con sus dedos —Yo solo voy a pedir que te comprometas con tu recuperación. Que me prometas que lo intentarás y pondrás todo de tu parte.

—No podré hacerlo —discutí —Ya lo has visto. Solo han pasado tres semanas antes de que no pudiera evitar buscar drogas.

—No puedes hacerlo sola, Bella.

—¿Qué quieres decir?

—Tienes que buscar un centro de desintoxicación.

—Oh, no —discutí enérgica poniéndome en pie y alejándome de él —No, señor, no voy a internarme. Esos lugares te lavan el cerebro.

—Es la única solución, Bella —dijo mirándome desde su sitio aún sentado en el suelo donde yo había estado.

—No, qué va.

—De hecho, es lo que seguramente te exigirá la jueza para devolverte la custodia de tu hermana.

—¿Qué quieres decir? —sollocé

—Te han dado la oportunidad de demostrar que podías hacerlo sola y has dejado claro que no puedes. Esta vez te exigirán un compromiso mayor.

—Pero eso tardará mucho tiempo —me quejé.

—Seguramente, sí. Un par de meses o tres, pero es importante que cuando te cures, sea para siempre, Bella. Tu hermana se lo merece.

—Sí, sé que se lo merece —grité —Pero estaré meses ingresada y ¿qué será de ella en ese tiempo?

—Se quedará en una casa de acogida. Estará bien.

—¡Las casas de acogida son una mierda! Solo tienen a los niños para cobrar el dinero que el estado les da por ello. ¡Son mercenarios!

—No todas son así —discutió poniéndose en pie para acercarse a mí.

Me rodeó con sus brazos y besó mi coronilla con una ternura que solo había recibido de mi hermano mayor.

—Estará bien —susurró —Te prometo que estará bien. Yo me encargaré de ello, te lo prometo.

Me separé un poco de él aunque no lo suficiente para que me soltara y levanté la mirada hacia su rostro.

—¿Por qué harías eso por mí? ¿Por qué, si me desprecias?

—¿Por qué dices eso? No te desprecio, claro que no. Sé demasiado bien cuánto has sufrido y por lo que estás pasando como para despreciarte.

Sus palabras me sorprendieron. Escondían una tristeza que no me imaginé que ese hombre pudiera sentir y no sabía a qué se debía.

—¿Qué quieres decir?

—Mi hermano murió por sobredosis —dijo alejándose de mí para darme la espalda y caminar rumbo al salón.

Se dejó caer en el amplio sofá de piel. Fui tras él sorprendida y me senté a su lado.

—Lo siento mucho —murmuré —¿Cuándo?

—Oh, no —sonrió —Hace mucho tiempo ya. Dieciocho años. Pero no hay un solo día que no lamente no haber podido hacer nada por él.

—Pero serías muy joven.

—Tenía dieciséis. Emmett veintiuno. Llevaba unos tres años metido en ese mundo y yo no tenía idea. Su novia de entonces era una zorra pero nunca nos dijo nada de lo que estaba pasando con Emmett —explicó con la mirada llena de recuerdos clavada en la mesa de café que había frente a él —Yo le encontré muerto en el suelo de su habitación —agregó dirigiendo su mirada hacia mi rostro.

Entonces lo entendí. Había vivido la misma situación que yo había vivido con Seth. Él había encontrado a su hermano muerto, tal como yo había encontrado al mío.

Él sabía exactamente lo que yo había sentido y lo que sentía aún.

Sabía lo que era sentir que la persona que más querías estaba muerta y tú no habías podido hacer nada para salvarle. Sabía lo que era pensar que debías ser tú quien muriese en su lugar.

Él sabía lo que significaba sentir que esa persona a la que amabas no volvería nunca más, que ya no le volverías a ver, no volverías a reír con ella, a besarle, a abrazarle.

—Nunca me perdonaría si en un par de años, Leah tuviese que vivir lo mismo que tú y yo hemos vivido —dijo haciéndome estremecer ante la imagen que sus palabras dibujaron frente a mis ojos. —Estoy seguro de que eso no es lo que tú quisieras para ella.

—No, claro que no —reconocí —¿De verdad crees que Leah estará bien?

—Completamente —aseguró confiado —Yo me encargaré de visitarla y hacerle saber que tú volverás por ella.

—¿Harías eso por mí? ¿Podrás visitarla?

Suspiró mirándome con atención antes de hablar.

—Cuando mi hermano murió por sobredosis, mi madre se desmoronó. En ese momento se volcó en mi hermana pequeña que tenía solo tres años. Mi padre, capitán de policía, se volcó a trabajar en casos de narcotráfico, hasta que le asesinaron siete años después. Mi madre, con el tiempo, también sintió que debía hacer algo para ayudar a las familias que sufrían por estas mierdas —explicó con tono furioso —Entonces se ofreció como madre de acogida. Durante muchos años ha acogido a niños cuyos padres han muerto por sobredosis, cumplen condenas por delitos relacionados con el tráfico o consumo de drogas o están internados en centros de desintoxicación.

—Vaya —exclamé sorprendida —¿Me estás queriendo decir que tu familia se está haciendo cargo de mi hermana?

—Sí. Leah se quedará con mi madre y mi hermana en su casa hasta que tú puedas hacerte cargo de ella.

—¿Y si nunca me dan la custodia? ¿Qué sucederá si nunca me dan la custodia de mi hermana?

—Te la darán, Bella. Cuando te cures y estés realmente limpia, verán que el mejor lugar para tu hermana es a tu lado y te darán la custodia.

—¿De verdad lo crees?

—Totalmente.

—¿Me llevarías a verla? —rogué y vi su rostro palidecer.

—Hagamos las cosas correctamente, Bella. Si no cumplimos las órdenes del juzgado podrían llevarse a la niña a otro lugar. Habla con tu abogado. Presenta una apelación, ofreciendo ingresar a un centro de rehabilitación y veamos qué dice el juez.

—Tienes razón —acepté sintiéndome abatida.

—Pero si quieres puedes darme algo para llevarle, no sé, algo que te una a ella, algo tuyo para que se sienta conectada a ti, no sé, quizás una nota.

Escribí una nota para Leah expresándole cuánto la amaba y prometiéndole que iría a buscarla tan pronto como me fuese posible.

Le envíe junto con la nota el portarretratos que Leah tenía en su habitación y en el que estábamos juntas en la foto con Seth, en los parques de Disney el año anterior, cuando habíamos ido a celebrar su cumpleaños.

En mi nota prometí que volveríamos allí, cuando pudiera ir por ella.

Y esa era una promesa que estaba más que dispuesta a cumplir.


Al menos parece que se están acercando un poco nuestros protas.

Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos y bienvenidos a los nuevos lectores.

Les espero en el grupo de Facebook: Las Sex Tensas de Kiki.

Besitos y gracias por leerme.

Gracias a Pao Sierra por las portadas.

Un pequeño adelantito del próximo capítulo:

—Acabo de estar con tu hermana —le dije bajándome del sofá para sentarme en la alfombra a su lado.

Eso llamó definitivamente su atención y me miró interesada.

—¿Has estado con Bella?

—Sí. Me ha dado algo para ti —le dije entregándole la pequeña bolsa de papel en la que Bella había guardado el portarretratos con su foto y la carta que había escrito para su hermana.

Leah sacó ambas cosas de la bolsa y leyó la carta con interés.

—Dice que vendrá a buscarme —me dijo mostrándose entusiasmada.

—Lo hará —le aseguré —Tal vez tendrá que tomarse unos días pero lo hará.

Leah me observó mirándome preocupada.

—¿Por qué no puedo quedarme con Bella? —preguntó y su inocente pedido me partió el corazón.