Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

TOCANDO FONDO

CAPÍTULO 14

Edward

Leah.

La pequeña Leah.

La pequeña y adorable Leah Swan se ganó el corazón de los Cullen en las primeras horas que estuvo instalada en la casa.

Recuerdo lo nerviosa y aprensiva que se había mostrado cuando la asistenta social y yo la habíamos acompañado a la casa de mi madre, después de recogerla en su casa.

Cuando regresé tres horas más tarde, después de haber estado nuevamente en la casa de los Swan con Bella, Leah, acompañada de mi hermana Alice, hacían vestidos de papel, para unas muñecas que Alice había recortado de una revista.

—Hola, Leah —le saludé sentándome en el sofá cercano a ella, que se ubicaba en la alfombra.

—Hola —me saludó con timidez escondiendo su mirada en el papel de colores que estaba recortando tal como Alice le había indicado.

—¿Cómo estás?

—Bien.

—¿Qué hacéis? —pregunté interesado.

—Alice me está ayudando a hacer vestidos para esas muñecas —me explicó mostrándose tímida.

—Suena divertido —sonreí.

—Sí —aceptó aún sin mirarme.

Alice a su lado, la miraba con cariño.

—Acabo de estar con tu hermana —le dije bajándome del sofá para sentarme en la alfombra a su lado.

Eso llamó definitivamente su atención y me miró interesada.

—¿Has estado con Bella?

—Sí. Me ha dado algo para ti —le dije entregándole la pequeña bolsa de papel en la que Bella había guardado el portarretratos con su foto y la carta que había escrito para su hermana.

Leah sacó ambas cosas de la bolsa y leyó la carta con interés.

—Dice que vendrá a buscarme —me dijo mostrándose entusiasmada.

—Lo hará —le aseguré —Tal vez tendrá que tomarse unos días pero lo hará.

Leah me observó mirándome preocupada.

—¿Por qué no puedo quedarme con Bella? —preguntó y su inocente pedido me partió el corazón.

—Es difícil de explicar —reconocí bajando del sofá para sentarme a su lado —Ahora mismo tu hermana está enferma…

—¿Bella está enferma? —inquirió con sorpresa y preocupación.

—Sí, pero no tienes que preocuparte ya que va a ponerse bien.

—¿De verdad?

—Claro que sí. Va a ponerse bien pero seguramente deberá seguir un tratamiento, ingresar a un hospital…

—¿Tiene cáncer? —preguntó sorprendiéndome.

—Hey, no ¿Por qué dices eso?

—La madre de una compañera de mi colegio tenía cáncer —me explicó Leah —Estuvo ingresada en el hospital mucho tiempo, pero no se mejoró. Se murió.

—No tienes que preocuparte por eso —le aseguré —Tu hermana no se va a morir. Va a curarse, pero puede ser que le lleve un tiempo.

—¿Y por qué no puedo quedarme con ella? ¿Es contagioso lo que tiene?

—No, no lo es. Pero no es conveniente que te quedes con ella, porque ella no podría cuidarte. Tiene que estar muy pendiente de su recuperación y no podría estar contigo tanto como tú necesitas.

—Entiendo. ¿Y yo voy a quedarme aquí mientras Bella se pone buena?

—Sí.

—Entiendo. ¿Podré ir a visitarla al hospital?

—Tendremos que esperar a ver qué dicen los médicos. Tal vez no puedas ir los primeros días pero podrás hacerlo más adelante.

—Entiendo —me aseguró una vez más, pero yo no podía estar seguro de cuán cierta era su afirmación.

—Pero estoy seguro de que podrás escribirle cartas, todas las que desees y yo mismo me encargaré de que las reciba. —le prometí.

—De acuerdo. —aceptó con un gesto triste y resignado.

—No quiero que estés triste. Te aseguro que aquí te lo pasarás muy bien con Esme y Alice, y yo mismo vendré a visitarte todo el tiempo. Nosotros nos ocuparemos de cualquier cosa que tú necesites o desees —aseguré pensando en el enorme cheque que su hermana me había entregado para que compráramos a Leah cualquier cosa que se le antojara para hacer su estancia más cómoda.

No es que la niña fuera a pasar ninguna necesidad, pero también era justo que contando con una situación económica tan desahogada como la que tenían las Swan, Leah pudiese al menos, personalizar su habitación hasta llegar a sentirse como en casa.

Esa semana visité a Leah cada día, y hablé con su hermana cada noche.

Mientras la pequeña se veía cada día más animada y más conforme con su situación, Bella cada noche se escuchaba más hundida y desesperada.

—Creo que te estás involucrando demasiado —me dijo Victoria el domingo por la noche, recostándose a mi lado en el sofá, cuando corté la comunicación con Bella.

Ese día lo habíamos pasado con mi familia, y yo, que cada vez adoraba más a Leah, me había pasado la tarde entera ayudándola a montar una casa de muñecas que le había regalado.

—¿Lo crees? —suspiré rodeándola con mis brazos para atraerla hacia mí y sentarla en mi regazo.

—Completamente. Estás prácticamente enamorado de Leah, y has depositado toda tu fe y tus esperanzas en su hermana. ¿Cómo te sentirás si ella no lo supera? ¿Si finalmente Leah debiera entrar en el régimen de adopción? ¿Vas a pedirle a tu madre que la adopte?

—Bella lo logrará —aseguré no queriendo siquiera imaginar una opción diferente.

—¿Y si no lo lograra, Edward?

—Cruzaré ese puente cuando llegue a él.

—No, Edward, piénsalo bien y verás que te equivocas —me dijo irritándome —Te estás apoyando demasiado en esa niña y le estás permitiendo que ella lo haga contigo.

—¿Qué quieres que haga? —gruñí bajando a Victoria de mi regazo y estirándome hacia la mesita de café para coger mi paquete de cigarrillos y encender uno —¿Que la ignore? ¿Que haga de cuenta que no existe? Existe, Victoria. Existe y yo le prometí a ella y a su hermana que este tiempo sería como unas vacaciones. Les prometí que Leah estaría bien y sería feliz.

—Y lo estará sin necesidad de que tú crees con ella un vínculo tan fuerte. Tienes que pensar que Bella podría no lograrlo, Edward. No sería la primera ni la última chica que no lograse salir. Y si eso sucediera Leah quedaría bajo la tutela del estado y podrían darla en adopción. ¿Qué harás tú cuando una familia la adopte?

—No voy a pensar en eso, Victoria, porque estoy seguro de que Bella se recuperará y recuperará la custodia de su hermana.

—¿Y si no lo hiciera? —insistió Victoria logrando irritarme.

—Pues ¿quién dice que no pueda adoptarla yo mismo, llegado el caso? —espeté sintiéndome molesto con mi novia, sin una verdadera razón para ello.

Victoria se sorprendió y dio un respingo mientras me observaba estupefacta.

—¿Adoptarías a Leah? —inquirió extrañada y sorprendida.

—¿Por qué no? Tengo treinta y cuatro, edad suficiente para ser padre. Siempre he querido tener hijos algún día.

—Eso es una tontería —discutió Victoria mostrándose más molesta de lo que yo creía que podría molestarse —Si quieres tener hijos no tienes por qué adoptar a una niña de nueve años.

—No veo por qué no. —repliqué displicente poniéndome en pie para ir a pararme junto a la chimenea en la que ardían algunos leños —De cualquier forma no dije que vaya a hacerlo, sino que sería una opción factible en el caso de que Bella no se recuperase, cosa que hará.

—¿Puedo preguntarte dónde entro yo en tus planes? —inquirió Victoria encogida en su asiento llamando mi atención.

—¿Qué quieres decir?

—Sí. Tú y yo estamos juntos y yo creía que íbamos en serio y dirigiéndonos a algo serio.

—Y así es —aseguré.

—Sí, pero hablas de adoptar una niña. Una hija.

—¿Tú no quieres tener hijos?

—Sí, desde luego que sí, pero no estoy tan segura de querer una hija adoptada y de diez años.

—Por Dios, Vicky. Esta conversación es ridícula. Yo tampoco estoy pensando en adoptar a Leah. Es solo una opción, nada más. Me gusta esa niña. Me he encariñado con ella y detestaría verla sufrir más de lo que ya ha sufrido. —expliqué —Aún no ha vivido diez años y ya ha perdido a sus padres, a su hermano, y su hermana no puede hacerse cargo de ella ahora mismo. Creo que ha tenido suficientes pérdidas para una vida. Si yo pudiera hacer algo para suavizarle lo que resta, quiero hacerlo. Eso no tiene nada que ver con lo que tú y yo tenemos, y que yo deseo mantener.

—No sé, Edward —replicó Victoria mirándome aprensiva —Es que hablas de tu futuro como si yo no tuviese ningún lugar en él.

—Hey, nena —le calmé acercándome al sofá para ponerme de rodillas en la alfombra frente a ella.

Bajé sus piernas que tenía sobre el asiento, para que me rodeara con ellas, y me acerqué a ella acariciando sus brazos con ternura.

—Tú eres mi presente, Vic, y tengo grandes planes para nosotros dos en el futuro.—aseguré mirándola con ternura —Tú me gustas mucho, Vicky. Mucho, de verdad. Creo que tal vez aún es pronto para que formemos una familia, pero desde luego que yo no iniciaría una familia sin hablarlo contigo.

—Me preocupa que esa chica acabe defraudándote y te lastime —susurró enredando sus dedos con los míos.

—No lo hará —aseguré antes de bajar mis labios sobre los suyos —Estoy seguro de que no lo hará.

Al día siguiente el juez dio su respuesta a la apelación de Bella Swan para recuperar la custodia de su hermana.

Tal como esperábamos, ordenó su ingreso a un centro de desintoxicación donde debería permanecer por el tiempo que el centro considerara necesario para darle el alta.

A partir de ese momento, podría obtener la custodia temporal de su hermana nuevamente por un período de tres meses, durante los cuales se realizaría el mismo régimen de analíticas que esta vez no había logrado superar.

Si entonces se mantenía limpia de drogas, le otorgarían la custodia definitiva de Leah.

Nos encontramos a la salida del juzgado.

Bella estaba acompañada por su abogado.

Su rostro, hasta entonces tan altivo se mostraba sereno y apesadumbrado cuando me acerqué a ella.

—¿Cómo estás, Bella? —inquirí con interés, cuando su abogado se marchó.

—Bien, supongo —me dijo esbozando una mueca que pretendía simular una sonrisa —Es lo que esperábamos.

—Sí. —reconocí —¿Ya has elegido el centro donde ingresarás?

—Sí. Es el Betty Ford en Rancho Mirage. Ya he organizado todo para ingresar mañana.

—Bien. Cuánto antes lo hagas, antes estará terminado. ¿Ya sabes cuánto tiempo estarás allí?

—No. Mañana me lo dirán.

—De acuerdo. ¿Quién te acompañará? —pregunté con interés.

Bella bajó la mirada y su rostro se ruborizó.

—Iré sola. —musitó —No necesito que nadie me acompañe.

—Por supuesto que no. No permitiré que vayas sola. Yo te acompañaré.

—No tienes por qué hacerlo —discutió levantando su rostro y vi su mirada empañada por las lágrimas —No lo necesito.

—No. Tal vez tú no, pero yo quiero ver en el lugar que estás para poder contárselo a tu hermana. Le gustará saber dónde te encuentras y cómo es ese lugar.

Su rostro se iluminó en cuanto nombré a Leah.

—¿Crees que podré despedirme de Leah? —me pidió con agitación.

—Lo arreglaré —prometí —Mañana te recogeré e iremos a ver a Leah antes de ir al centro.

—Gracias. Es muy importante para mí.

—Lo sé —reconocí —Y sé que para Leah también lo será.

A través de la ventana de la cocina de Esme observaba a las hermanas Swan sentadas en uno de los bancos del jardín bajo el cálido sol del mediodía de Los Angeles.

—Es muy hermosa —musitó Esme parándose junto a mí para observar la escena.

Hacía ya media hora que habíamos llegado a la casa de mi familia.

Había recogido a Bella en su casa y la había llevado allí para que viera a su hermana antes de ingresar en el centro de rehabilitación.

Leah había estado esperándola toda la mañana y la agitación y el entusiasmo que mostraba en cuanto llegamos a la casa, fue lo único que logró poner en el rostro de Bella una exquisita sonrisa que iluminaba su cenicienta tez.

—Lo es —reconocí —Pero se le nota que está consumida.

—Será mucho más hermosa en cuanto deje de una vez todas esas… porquerías —agregó Esme mostrando su completa disconformidad.

—Sí, supongo que sí.

—Es muy triste que una chica tan joven esté tan sola y desamparada.

—Sí. Hoy no tenía a nadie dispuesto a acompañarla al centro. —le expliqué a mi madre, cuya congoja e indignación se reflejó en su mirada azul.

—Creo que todos nosotros acabaremos todo esto con una nueva familia.

—¿Lo crees? —pregunté sonriéndole a mi madre, mientras en el jardín Bella y Leah se fundían en un tierno abrazo.

—A todos nos haría mucho bien —me explicó Esme —Y sin dudas Leah ya se ha ganado todos nuestros corazones.

—Ya lo creo que lo ha hecho —reconocí —Y Bella ha hecho mucho ya para ganarse el mío, a pesar de nuestro triste y turbulento comienzo.

—Me alegro de que pueda contar contigo. Lo necesitará.

Esme me rodeó con sus brazos y apoyó su cabeza en mi pecho con cariño, mientras yo observaba a las hermanas sonriéndose con amor.


Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos y bienvenidos a los nuevos lectores.

Nos vemos en el grupo de Facebook: Las Sex Tensas de Kiki.

Besitos y gracias por leerme.

Gracias a Zoffyx Mar Kruzz por las portadas.

Un pequeño adelantito del próximo capítulo:

—Hoy redacté las modificaciones a mi testamento —le informé a Edward en cuanto subimos al coche después de cerrar la casa.

Se volteó a verme sorprendido antes de poner en marcha el coche.

—¿Tu testamento?

—Sí. El que tenía estaba desactualizado —expliqué con la mirada clavada a lo lejos a través del parabrisas —En aquel repartía mis bienes entre Seth y Leah, pero ahora Seth no está. Quería dejar todo organizado para que, en caso que me suceda algo, sea todo lo más sencillo posible.

La mano de Edward se posó en mi mentón y giró mi rostro hacia él.

—¿Tienes miedo, Bella? —indagó en voz muy baja.