Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

TOCANDO FONDO

CAPÍTULO 16

Edward

Bella Swan me volvía loco. No podía evitarlo.

Siempre había pensado en ella como en una chiquilla malcriada, arrogante, consentida, y soberbia. Pero los últimos días me había llegado al corazón.

El amor que sentía por su hermana flotaba en el aire a su alrededor. Adoraba a esa niña tanto como alguna vez había adorado a su hermano mayor. Con completa devoción.

Pero el problema estaba en que no sabía relacionarse con su hermanita, mientras que con su hermano su relación había fluido con naturalidad.

Era entendible ya que ella y su hermano se habían criado juntos, habían crecido juntos y habían compartido todo a lo largo de toda su vida, mientras que la pequeña Leah, teniendo tanta diferencia de edad con ellos, no había compartido el mundo en el que Bella y Seth habían vivido. Sin dudas, eso era algo de agradecer.

Ahora que había conocido un poco más a Bella y le había dado el beneficio de la duda, me había dado cuenta que era una chica hermosa que estaba destrozada.

Iba por la vida dando tumbos, viviendo como podía y de la única forma que sabía: llena de excesos.

Después de conocerla había investigado un poco sobre los Swan y lo que había encontrado en los informes policiales me había espantado.

Su madre había sido detenida por consumo de drogas, conducción imprudente bajo los efectos del alcohol y sustancias estupefacientes y exhibicionismo y atentados a la moral, más veces de las que pudiera contar.

Su historial delictivo era prominente, pero todas y cada una de las veces sus condenas habían sido subsanadas mediante fianzas y gracias a la actuación de Charlie Swan, un productor musical que tenía más dinero e influencias que sentido común.

Había estado a punto de perder la custodia de sus hijos, lo que habría sido bueno para ellos, cuando apenas eran unos niños.

Más de una vez había sido denunciada por organizar fiestas en su casa, donde se daban todo tipo de depravaciones, y sus hijos siempre habían estado ahí.

Había ingresado a clínicas de desintoxicación pero siempre había recaído.

El día de su muerte, ella y Charlie Swan, habían estrellado su coche al salirse de la autopista.

Ambos estaban alcoholizados y drogados, y al momento del accidente, Renée estaba desnuda y su pareja con los pantalones a mitad de los muslos.

Se había especulado que estuvieran manteniendo relaciones sexuales cuando el accidente aconteció, pero eso solo era un ítem más en el largo historial de excesos de los Swan.

Dudaba que Bella conociera tantos detalles sobre la muerte de sus padres, pero estaba seguro de que debía haber enfrentado situaciones del estilo con frecuencia a lo largo de su vida, y solo tenía veintidós.

Que una chica con esa vida familiar y esos ejemplos de vida, pudiese sentarse con su hermanita de nueve años durante dos horas para jugar y hablar como grandes amigas, me hacía pensar que aún había esperanzas para ella.

En ese frágil y delgado cuerpo, Bella escondía un gran corazón.

El viaje de dos horas hasta el centro Betty Ford se nos hizo muy largo a ambos.

Bella se mantenía en silencio aunque respondía cuando yo hablaba.

No obstante, no fue mucho lo que dijo ni muy comprometido.

Su cuerpo se desinfló en cuanto detuve el coche en el aparcamiento del centro.

—¿Estás nerviosa? —pregunté en voz muy baja al ver su mirada clavada en las manos que retorcía en su regazo.

No contestó. Simplemente encogió los hombros.

Cuando llevé mi mano a su cara y levanté su rostro hacia mí, vi el terror que escondían sus ojos húmedos por las lágrimas no derramadas.

—Hey, cariño —murmuré soltando el anclaje de su cinturón de seguridad y la atraje hacia mí para rodearla con mis brazos.

Entre ellos se veía pequeña y desvalida, aunque sentí el mismo estremecimiento que había sentido cuando me había abrazado en el jardín de la casa de mi madre.

—No tienes de qué preocuparte, Bella. Todo estará bien —le aseguré.

—¿Y si no lo logro?

—Claro que lo lograrás, cariño. Eres fuerte, Bella.

—¿Cuidarás de Leah si yo no logro salir de esto? —me suplicó separándose de mí para enfrentar mi mirada.

—Tú saldrás de esto —dije enfático —Saldrás porque no tienes más opción, Bella.

—No soy tan fuerte —me corrigió —Ahora mismo me fumaría un porro si alguien me ofreciera uno —sollozó —Y puedes estar seguro de que no me arrepentiría en absoluto.

—No lo harás, cariño —le aseguré —Ahora estás asustada, pero tú eres increíblemente fuerte, terca y cabeza dura. Tú te meterás ahí dentro y le demostrarás a todo el mundo lo que eres capaz de hacer. Le demostrarás a ese juez que no serás una adicta toda tu vida. Le demostrarás que puedes salir de esto y que eres la persona que puede cuidar de tu hermana, porque puedes cuidar de ti.

—Si tan solo estuviera Seth —se quejó —Él sí supo cuidar de nosotras, de Leah.

—Bella —le corregí sintiéndome molesto por la devoción que Bella sentía por ese hombre irresponsable y perdido que había sido su hermano —Seth solo tuvo suerte. Suerte de que nunca le cogieran en uno de esos momentos en que estaba drogado o ebrio, o de que alguien a quien vosotras dos le importases, denunciase a tu hermano y revieran vuestra custodia. Nadie habría dejado a dos niñas a cargo de tu hermano si hubiesen sospechado el estilo de vida que llevaba.

—Seth fue un buen padre para Leah.

—No, Bella —discutí —No lo fue. Apenas cubrió las necesidades básicas de tu hermana y contrató una niñera que jugara a ser su madre. Pero no voy a criticar a tu hermano, porque creo que no fue su culpa sino simplemente le pusieron ante una situación que no le correspondía. Él era vuestro hermano, no vuestro padre y como tal no tenía que ocupar el lugar de padre. No quiero que te sientas mal pero la culpa de todo la tuvieron tus padres, pero ahora están muertos y no pueden asumir la responsabilidad de lo que hicieron.

—Leah estaría mejor con unos padres que la adoptasen —dijo lastimera.

—Ni se te ocurra, Bella —gruñí —Ni se te ocurra darte por vencida, porque yo mismo te daré una paliza —le amenacé y estremeciéndose se refugió en mis brazos. —Y ahora, vamos. Bajemos. —dije separándome de ella para dirigirnos hasta la puerta.

El edificio del centro era diáfano y moderno. Rodeado de amplios jardines, caminos y un lago habitado por decenas de patos.

Se respiraba calma y paz, sin dudas muy necesaria para los objetivos que tenían las personas que habitaban el lugar.

Cargando la pequeña maleta de Bella nos adentramos en el hall del edificio, donde después de identificarnos con la recepcionista, quedamos a la espera de que nos recibieran.

La mujer que lo hizo, una de las directoras, resultó ser una mujer bastante agradable pero me molestó que se mostrara más interesada en mí que en Bella.

Ella nos explicó el funcionamiento del centro y las reglas a las que Bella debería atenerse.

En principio su estadía duraría noventa días, pasados los cuales, si sus médicos lo considerasen conveniente, sería dada de alta para continuar por noventa días más con un tratamiento ambulatorio, por el cual debería acudir a visitas semanales con sus médicos y terapeutas.

En el centro sería visitada por médicos y psicólogos, acudiría a grupos de ayuda y dedicaría su tiempo a distintas actividades.

Desde luego no tendría acceso a ningún tipo de fármacos o bebidas alcohólicas, y serían revisados y controlados su dieta y sus hábitos.

Durante las primeras tres semanas no tenía autorización para recibir visitas pero podía realizar una llamada telefónica semanal, cada fin de semana, a partir de la segunda semana de estadía.

Al encontrarse ingresada de forma voluntaria, podía marcharse en cuanto quisiera pero, debido a la naturaleza de su ingreso, su evolución sería informada a la jueza que había decidido mantener en suspenso la resolución de la custodia de Leah.

Tenía todas mis esperanzas puestas en Bella y mucha fe en que lo lograría, sin embargo, cuando la mujer dijo que su único contacto con el mundo exterior, durante las primeras tres semanas se reduciría a una llamada telefónica semanal, la vi achicarse en su butaca y supe con certeza lo difícil que le estaba resultando seguir adelante con su decisión.

Después de explicarnos el funcionamiento del centro y el reglamento, la directora mandó llamar una de las internas que se encargaría de ayudar a Bella a instalarse, antes de dejarnos a solas para despedirnos.

Me puse en pie y ayudé a Bella a levantarse.

En esas semanas la había visto en muy diferentes estados de ánimo pero nunca la había sentido tan frágil, pequeña y necesitada como en el momento en que la rodeé con mis brazos y la estreché contra mi pecho.

Bella levantó sus manos y se aferró a mi espalda escondiendo el rostro en mi camisa.

—Bueno, Bella, ahora comienza la que tal vez sea la pelea más dura que te toque pelear en la vida —susurré con mi barbilla apoyada en lo alto de su cabeza.

—Sé que no voy a lograrlo…

—Y yo sé que sí lo harás —discutí.

Bella alejó su rostro de mi cuerpo y levantó la vista hacia mí. Por sus mejillas sonrojadas rodaban lágrimas silenciosas y su mirada reflejaba una profunda mezcla de temor y anhelo.

—¿Cuidarás de Leah? —suplicó una vez más.

—Lo haré —le aseguré con una sonrisa que intentó resultar reconfortante aunque dudo que lo lograra.

—¿Podré utilizar mi llamada para hablar con ella?

—Desde luego, cariño. Esperaremos tu llamada cada sábado o domingo. —prometí llevando mis manos a sus mejillas para secar con mis pulgares la humedad de sus lágrimas.

Bella cerró los ojos y por un momento me sentí transportado a un universo diferente.

Un universo en el que ella y yo estábamos en una situación completamente distinta.

Un universo en el que Bella era mía y yo era suyo y tenía derecho a besar sus labios rosados que se abrían hacia mí.

Por un momento me vi inclinándome hacia ella y, sin soltar su rostro, bajaba mis labios hasta los suyos para recorrerlos con mi lengua antes de acceder a su boca e internarme en ella para saborearla.

En ese universo, Bella se amoldaba a mi cuerpo y respondía a mi beso con suavidad.

En ese universo las drogas no existían y Bella era una chica completamente sana y llena de vida que había llegado a mi vida para sanar mis heridas y que yo sanara las suyas.

En ese universo, ella y yo compartíamos un futuro y el pasado que había marcado nuestras vidas, solo nos unía y nos hacía más fuertes.

En ese universo el pasado era curado, el presente era fácil y el futuro prometedor.

Por un momento, deseé que ese universo fuese real y que ella y yo pudiésemos vivir en él.

Solo un instante después, supe que debía largarme de allí.

Besé su frente y la estreché contra mí antes de soltarla y marcharme dejándola de pie en medio de la sala.

Conduje como un loco hasta la ciudad y dos horas después me encontraba perfectamente clavado en el cuerpo de Victoria, bombeando en su interior con desespero hasta alcanzar el clímax y derramarme en su interior, seguro de que era ése el universo en el que yo debía estar.


Gracias por los reviews, alertas y favoritos y bienvenidos a los nuevos lectores.

Les espero en el grupo de Facebook: Las Sex Tensas de Kiki.

Besitos y gracias por leerme.

Gracias a Isa Labra por las portadas.

Adelanto del próximo capítulo:

Tanya se dejó caer sobre mi cama mientras yo abría la maleta para comenzar a guardar la ropa en el armario ropero.

—¿Quiénes son éstos? —preguntó levantando el portarretratos que puse sobre la mesita de noche.

—Mis hermanos —le respondí con rudeza a la vez que le quitaba de las manos la última foto que tenía de Leah, Seth y yo juntos.

—Tu hermano es guapísimo. ¿Está soltero? —dijo con un tono apreciativo.

—Está muerto —espeté incomodándola.

—Oh, vaya, lo siento. —se disculpó dedicando una última mirada a la foto.

—¿Qué le sucedió?

—Murió por sobredosis —gruñí y supe que con cada palabra la incomodaba aún más.