Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

TOCANDO FONDO

CAPÍTULO 19

Bella

—Hola, muñeca —saludó Diego a Bree besando su boca mientras la estrechaba contra él y colaba sus manos bajo el pantalón deportivo —¿Qué me has traído? —preguntó contra sus labios, con una sonrisa depredadora.

—Es mi nueva compañera. Bella Swan —dijo la chica volteándose a verme —Bella, este es Diego, mi hombre.

—Hola, Bella —me saludó el chico, soltando a Bree para acercarse a mí invadiendo mi espacio personal.

Diego Ferland, vestido únicamente con unos pantalones de cuero negro ajustados, era un chico extrañamente exquisito aun con sus ojeras azuladas y su cuerpo extremadamente delgado.

Tenía el pelo muy negro con algunos mechones azules y completamente liso.

Sus ojos, de un negro profundo, marcados con delineador negro en todo su contorno parecían incluso más hundidos.

La piel increíblemente pálida se adhería a sus costillas y sus brazos estaban llenos de tatuajes.

No era muy alto, no creo que llegara al metro setenta, y se veía tan menudo como su novia.

Formaban sin dudas una pareja extraña.

Bree tenía el pelo completamente platinado y el lado izquierdo de su cabeza estaba totalmente rapado.

Sus ojos azules estaban delineados igual que los de Diego y su piel era casi más translúcida que la de aquel.

Diego se acercó a mí y hundió su nariz en mi cabello aspirando mi olor como si fuera una droga.

Detrás de él Bree se desnudó antes de que yo pudiera convencerme de que quería estar en un trío con ellos dos.

—Así que estás necesitando un poco de diversión —susurró Diego en mi pelo mientras colaba sus manos bajo mi camiseta para llevarlas a mis pechos y sobarlos.

—Preferiría un poco de coca, en realidad —confesé arqueando mi espalda hacia él.

Diego se carcajeó y tironeó de mis pezones, divertido.

Bree, también sonriente, se acercó a mí y levantó mi camiseta para sacármela por la cabeza.

—Esto te gustará —dijo la chica llevando su boca a uno de mis pechos para chuparlo y succionarlo haciéndome tambalear.

Diego me empujó hasta la cama y me tumbó sobre ella. Me quitó mi pantalón corto y mis braguitas y pasó su lengua lasciva sobre mi raja inflamada.

Bree subió a la cama y se sentó detrás de mí. Levantó mi cabeza y la puso sobre su regazo desnudo.

Mientras su novio se comía mi coño, las manos de Bree masajeaban mis pechos.

—¿Has tenido muchos tríos? —preguntó ella viendo mi cuerpo arquearse excitado.

—Nunca con una chica —confesé.

—Mi primer trío fue con Diego y Fred —me contó Bree. Diego continuaba con su tarea metiendo sus dedos en mi interior —Los tres éramos hermanos de acogida —explicó, y fueron esas últimas palabras las que me calaron más hondo.

—¿Qué? —dije sentándome en la cama alejando así a Diego que me observó sorprendido.

—¿Qué sucede, cariño? —me preguntó el chico moviendo sus dedos aún dentro de mí.

Con mi mano alejé la suya y un ruido húmedo resonó en la habitación cuando salió de mi interior, haciéndome pensar en la sordidez de la situación.

Me puse en pie y cogí mi pantalón del suelo, mientras buscaba mi ropa interior.

—¿Sois hermanos? —pregunté poniéndome los pantalones aún sin haber encontrado mis bragas.

—Hermanos de acogida —dijo Bree apoyando su peso sobre el colchón llevando su mano libre a su vagina para meter los dedos en ella —Vivíamos en la misma casa de acogida —explicó —¿Tienes algún problema con que no seamos unos niñitos bien como tú? —inquirió despectiva.

En ese momento sentí asco y repulsión por mí misma.

Yo estaba en ese lugar para limpiarme, para dejar las drogas y los excesos y convertirme en alguien capaz de darle a mi hermana una buena vida y un buen hogar. Y en lugar de poner todas mis fuerzas en eso, estaba allí, haciendo un trío con dos personas tan decadentes como yo misma.

Leah era lo único que me importaba, lo único puro que quedaba en mi vida y en ese momento, y por mi culpa, estaba viviendo en una casa de acogida.

No creía que nada tan sórdido pudiera sucederle en la casa de los Cullen, pero si yo no salía de toda la mierda de una vez por todas, Leah podría pasar su adolescencia yendo de una casa de acogida a otra.

No sería extraño que algún día mi preciosa hermanita se encontrase con su Diego personal y al llegar a los veinte acabase viviendo la vida de Bree Tanner.

Eso era algo que yo no podía permitir.

Odiándome por ser la persona que era, odiando a Renée y a Charlie por la persona en la que me habían llevado a convertirme, odiando a Seth por haberme permitido llegar hasta ese lugar, me acerqué a la puerta de la habitación.

—Me importa una mierda lo que seáis —gruñí poniéndome mi camiseta antes de calzarme mis Converse —Pero yo no puedo seguir en toda esta mierda. No es a lo que he venido. —expliqué asqueada.

Abrí la puerta y salí. Corrí por el pabellón masculino y volví al mío sin importarme si alguien me veía.

Entre a mi habitación, me desnudé y me metí al baño.

Sentada bajo la ducha, dejé que el agua me limpiara por fuera mientras las lágrimas me limpiaban por dentro.

En ese momento me di cuenta que realmente había tocado fondo.

Más bajo no podía caer, así que de ahí en más solo podía hacer algo para salir a flote, y me prometí, una vez más, que eso era lo que haría.

Los días siguientes fueron muy duros, más de lo que había sido enterrar a Seth, más que haberlo encontrado muerto.

El síndrome de abstinencia no tenía nada que ver con lo que hubiera podido leer o escuchar sobre él.

Me volvía loca. Por momentos eufórica y por momentos pareciendo un zombi.

Constantemente me debatía entre mi enorme necesidad de droga, la que manifestaba gritando, peleando e insultando a celadoras, médicos, compañeras y terapeutas, y el sentimiento de culpa que me embargaba cuando me calmaba.

En un arranque de ira había roto platos y vasos en el comedor, y uno de los terapeutas me había hecho correr seis kilómetros por el campo del centro.

Otro de mis episodios de ansiedad me había llevado a cortar en diminutos pedacitos, todas y cada una de las páginas de la libreta que mi psicóloga me había entregado para que la utilizara como diario.

Tanya se había desternillado de risa en mi habitación cuando al entrar me había encontrado sentada en el suelo, recostada en la pared, moviéndome adelante y atrás como una niña poseída de una mala película de terror y mascando chicle. Junto a mí, una montaña de papelitos cuadrados de aproximadamente dos centímetros de lado.

—¿Qué haces? —preguntó sentándose en la cama frente a mí.

—Cuadraditos de papel —expliqué sin abandonar mi tarea.

—¿Para qué?

—Para no cortarme las venas.

—¿Con qué te las cortarías? —inquirió burlona

—Con el filo de uno de estos papeles —dije enseñándole la página que acababa de arrancar de la libreta.

—¿Esas son tus únicas opciones de diversión?

—No —respondí sarcástica —También podría irme al ala masculina para hacer un trío con Bree Tanner y su novio.

Tanya hizo una mueca de disgusto.

—No vale la pena —me aseguró —Diego la tiene tan delgada como su dedo meñique y la lengua de Bree no encontraría un clítoris ni aunque estuviera señalado con luces de neón —explicó y mis ojos se abrieron desmesuradamente para observarla.

—¿Hiciste un trío con Bree y Diego? —inquirí anonadada.

—Sí y fue lo más desagradable que puedas imaginar.

—¿Cuándo?

—Cuando llevaba unos cinco días aquí. Fue asqueroso, sórdido y completamente insatisfactorio. Tuve que masturbarme yo misma para llegar a tener un orgasmo ¿Qué tal fue el tuyo?

—No llegamos lejos. Diego empezó a comerme el coño y Bree a sobarme los pechos, hasta que entendí que eso era lo más idiota que podría hacer.

—Me alegra que te dieras cuenta.

Sintiéndome frustrada dejé caer mis manos y las hundí en la montaña de papelillos.

—Tengo que hacerlo bien esta vez —gemí sin atreverme a observar a la chica que tenía frente a mí —Voy a perder a mi hermana si no lo hago y no puedo ser tan hija de puta como para permitirlo.

—Vas a lograrlo, Bella.

—No lo creo —discutí levantando la vista para mirarla acentuando mis palabras —Soy un desastre, Tanya. Aún no llevo una semana aquí y no sé cómo voy a sobrevivir. Necesito drogas desesperadamente pero no las voy a obtener y aún no encuentro un sustituto que me satisfaga. Mírame nada más —dije levantando mis manos temblorosas frente a ella —Ni siquiera puedo detener este estúpido temblor.

—Tiempo al tiempo, Bella. Llevas solo una semana. Lo lograrás. Solo tienes que buscarte distracciones.

—¿Qué puta distracción puedo encontrar en este lugar? —gruñí

—Acompáñame mañana a la clase de repostería —me invitó como lo venía haciendo los últimos tres días.

—No quiero aprender repostería —le respondí desdeñosa.

—No tienes que convertirte en Buddy Valastro, pero es divertido. Además meter tus manos en la masa, amasarla, hundirlas en el azúcar, es completamente relajante.

—Nunca he cocinado ni agua —discutí.

—Ni yo, cielo. De hecho sigo sin saber hacerlo. No puedo hacer un huevo frito, pero no comerás un Apple Pie mejor que el Denali's Apple Pie.

—¿Denali's Apple Pie? —pregunté alzando una ceja.

—Sip. —sentenció con orgullo —Y si te portas bien y eres una buena niña, mañana te prepararé uno.

—No soy, nunca he sido, ni nunca seré una buena niña —decreté.

—Pues después de probar mi pastel querrás serlo solo para ganarte otro trozo —rió feliz sorprendiéndome una vez más con su inexplicable buen humor.

Al día siguiente la seguí y fuimos juntas a la clase de repostería.

Yo estaba bastante reacia pero la profesora del curso no se amedrentó ante mi mal humor y mi ceño fruncido, sino que se burló de mí y mi mal carácter, haciéndome quedar en ridículo.

Debo reconocer que cuando por fin me relajé, me divertí y lo pasé genial. Tanto que los siguientes días no me perdí ni una sola clase y una semana después ya era capaz de cocinar unas galletas de mantequilla sin quemarlas, sin que parecieran hechas de piedra o de cartón.

Cuando hablé con Leah el fin de semana siguiente, al menos tenía algo sano y saludable para compartir con mi hermanita pequeña.

Su sincero entusiasmo me obligó a continuar por ese camino. Y por un momento, creí que tal vez, realmente lo lograría.


Gracias por los reviews, alertas y favoritos y bienvenidos a los nuevos lectores.

Les espero en el grupo de Facebook: Las Sex Tensas de Kiki.

Besitos y gracias por leerme.

Gracias a Maia Alcyone por las portadas.

Adelanto:

—Cielo, Vicky —insistí —Es por Leah, lo sabes…

—No sé, Edward. No sé de cuál de las dos hermanas debo estar más celosa, si de la pequeña o de la mayor.

—De ninguna de las dos, cariño —repetí una vez más acercándome a ella para abrazarla y estrecharla contra mí —Sabes que de ninguna de las dos. No puedo negarte que siento algo especial por Leah —expliqué ocultando lo confuso de mis sentimientos respecto a la hermana mayor —Es como una hermanita pequeña…

—Pero no es tu hermanita pequeña —rezongó recostándose en mi pecho.

—Lo sé, cielo, pero a veces siento que no tiene nadie que cuide de ella y cuando la miro veo a Alice y lo que hubiese tenido que pasar si mi madre y yo mismo no hubiésemos estado allí para ella cuando tan solo era una niña. Leah y Bella han tenido la desgracia de tener unos padres que más les hubiese convenido no conocer.

—¿De verdad no sientes nada por su hermana? —preguntó mirándome a los ojos, mientras su mirada reflejaba una inseguridad que nunca hubiera pensado que pudiera sentir una mujer tan hermosa e inteligente como lo era mi novia.