Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

TOCANDO FONDO

CAPÍTULO 20

Edward

El segundo sábado después de dejar a Bella ingresada en el centro, me encontraba en casa de mi madre cuando el teléfono sonó.

—¿Diga?

—¿Edward? —la voz al otro lado del teléfono me hizo estremecer —Hola. Soy Bella.

—Hola, Bella, ¿cómo estás?

—Oh, bien. Muy bien —dijo y me sentí tranquilo y feliz —Creo que al fin he encontrado algo que me distrae y me hace bien.

—¿Sí? Qué bueno, Bella. Me alegra mucho por ti, cariño. Cuéntame.

—Oh, bien. —suspiró —He pasado unos días bastante difíciles al principio. Incluso algún día creí que me cortaría las venas, si hubiese tenido con qué… —dijo y me preocupé

—Hey, Bella, ni se te ocurra hacer ninguna tontería, ¿me oyes? —rugí autoritario

—No, claro que no. Ahora ya no lo siento, aunque estoy segura de que volveré a sentirme así en algún momento, pero ahora mismo no.

—Bien, mejor así.

—Sí. Sabes, ahora estoy yendo a clases de repostería —me contó sorprendiéndome

—¿Clases de repostería?

—Sí. Tanya me convenció para que fuera con ella y aunque le hice rogar bastante, finalmente accedí y… me encanta, Edward. En realidad se me da fatal y soy muy mala pero me encanta de cualquier forma, así que he pensado que tal vez podría cocinar unas galletas para Leah.

—Vaya, Bella, me encanta, cariño. Y estoy seguro de que Leah estará encantada también.

—¿Tú crees?

—Sí, desde luego que sí.

—De acuerdo. Entonces me esforzaré e intentaré hacerlas para cuando tenga autorizadas las visitas y Lee pueda venir a visitarme. ¿Crees que alguien podrá traerla a visitarme? —pidió y supe que debería pedirle a Alice o a Esme que lo hicieran.

Pero tan seguro como estaba de ello, lo estaba de que no sería capaz de permitir que alguien que no fuera yo, llevara a la niña a visitar a su hermana.

—Estoy seguro que sí, Bella. Yo mismo la llevaré.

—Oh, no, Edward. No hace falta que vengas tú personalmente, de hecho tal vez simplemente pueda contratar algún taxista que pasara a recogerla y la devuelva a casa luego —ofreció

—No, Bella, claro que no. Leah es muy pequeña para viajar sola.

—Oh, no, desde luego que sería alguien de confianza, por supuesto.

—No hará falta, Bella. Yo mismo llevaré a Leah a visitarte.

—Es que me sabe mal molestarte…

—No solo no me molesta, sino que quiero hacerlo porque yo también quiero verte —le aseguré y creí oírla suspirar satisfecha.

Esto no estaba bien. Yo lo sabía pero no podía hacer nada por evitarlo.

Quería pensar en Bella como en una hermana menor. Al fin y al cabo ella tenía casi la misma edad que Alice, y adoraba a su hermanita como si fuera la mía.

Intentaba con todas mis fuerzas no pensar en ella como en una mujer, y me sentía terriblemente culpable con mi novia por pensar en otra chica de esa forma, pero no sabía cómo cambiar lo que me provocaba Bella.

Desde que nos habíamos acercado, antes de que ingresara al centro, no era extraño encontrarme pensando en ella.

En su cuerpo pequeño y frágil, aunque tan femenino. Su rostro dulce pero que yo sabía era capaz de convertirse en una dura máscara cuando alguien la atacaba, a ella o a su familia.

La vulnerabilidad de todo lo que le había tocado vivir, la había hecho fuerte como una estatua de hierro y había aprendido a sobrevivir de la única forma que había encontrado.

Es cierto que su forma de sobrevivir no era la adecuada y que a la larga le haría más mal que bien, pero ella la había defendido y, de alguna forma, había salido adelante.

Leah estaba muy entusiasmada cuando supo que el siguiente fin de semana la llevaría a ver a su hermana y, tal como me explicara mi madre, durante días no habló de otra cosa.

Para el siguiente fin de semana tenía prevista una guardia de cuarenta y ocho horas en la estación, pero conseguí que mi jefe me permitiera cambiarla cubriendo todas las noches de esa semana.

Victoria no estuvo muy contenta cuando se lo dije.

—¿Qué quieres decir con eso de que te toca trabajar cada noche de esta semana? —preguntó claramente molesta el lunes a la noche, mientras cenábamos en su departamento.

—Solo así pude conseguir librarme de la guardia del fin de semana.

—No entiendo, Edward. He organizado mi viaje a Chicago para el fin de semana porque tú tenías que trabajar —argumentó molesta —Mañana llegan Alec y Jane y me prometiste que saldríamos con ellos cada noche de esta semana.

—Lo siento, cariño. Lo olvidé.

Y era verdad, lo había olvidado. Jane, la hermana de Victoria y su marido, Alec, vivían en Manchester y estaban de visita en los Estados Unidos. Esa semana vendrían a Los Angeles para ir el fin de semana a Chicago a visitar a sus padres. Victoria había decidido acompañarles después de que yo le asegurara que dedicaríamos la semana entera a llevarles de visita por la ciudad, con tours diurnos y nocturnos.

—¿Lo olvidaste? —gruñó indignada —¿Llevamos semanas planeando esto y tú simplemente lo olvidaste?

—Lo siento, cielo.

—Entonces si no tienes guardia el fin de semana, podrás acompañarnos a Chicago —rugió molesta y supe que tenía un problema.

Victoria no estaba llevando muy bien mi relación tan cercana con las hermanas Swan. Saber que no podía viajar con ella porque tenía pensado ir a visitar a Bella, no iba a caerle bien y yo lo sabía desde mucho antes de siquiera decir las palabras.

—Vic… —dije en un lamento y su mirada se volvió más dura.

—Vic ¿qué? —rugió lanzándome dagas desde sus preciosos ojos azules, poniéndose en pie para dejar su plato sobre la encimera.

—Vic, sabes que he conseguido el fin de semana para llevar a Leah a ver a su hermana —expliqué esperando pudiese ser comprensiva respecto a algo que yo no estaba seguro que hubiese podido serlo, si la situación hubiese sido la inversa.

—No entiendo que no pudieras tener libre el fin de semana para acompañar a tu novia a Chicago pero sí puedas tenerlo libre para ir a ver a esa chica.

—Cielo… —pedí acercándome a ella para rodearla con mis brazos.

—Déjame —espetó revolviéndose en mis brazos para alejarse de mí.

—Cielo, Vicky —insistí —Es por Leah, lo sabes…

—No sé, Edward. No sé de cuál de las dos hermanas debo estar más celosa, si de la pequeña o de la mayor.

—De ninguna de las dos, cariño —repetí una vez más acercándome a ella para abrazarla y estrecharla contra mí —Sabes que de ninguna de las dos. No puedo negarte que siento algo especial por Leah —expliqué ocultando lo confuso de mis sentimientos respecto a la hermana mayor —Es como una hermanita pequeña…

—Pero no es tu hermanita pequeña —rezongó recostándose en mi pecho.

—Lo sé, cielo, pero a veces siento que no tiene nadie que cuide de ella y cuando la miro veo a Alice y lo que hubiese tenido que pasar si mi madre y yo mismo no hubiésemos estado allí para ella cuando tan solo era una niña. Leah y Bella han tenido la desgracia de tener unos padres que más les hubiese convenido no conocer.

—¿De verdad no sientes nada por su hermana? —preguntó mirándome a los ojos, mientras su mirada reflejaba una inseguridad que nunca hubiera pensado que pudiera sentir una mujer tan hermosa e inteligente como lo era mi novia.

—No, cariño. Es solo un instinto protector, no sé, como un hermano… No sé, supongo que quiero cuidar de ellas de la forma que no pude hacerlo por Emmett cuando lo necesitó.

—No puedes culparte por lo que sucedió con Emmett, Edward —aseguró mi novia tomando mi rostro entre sus manos. —Él era mayor que tú, Edward. Él era quien debía protegerte a ti y no al revés.

Cerré mis ojos intentando sacar de mi mente las imágenes que me asaltaban últimamente más de lo que lo habían hecho en los últimos dieciocho años.

—En lugar de ayudarle a salir de esa mierda yo me tiraba a su novia, Victoria.

—Eras un crío, Edward…

—No lo era para follarme a su novia.

—Lo eras incluso para eso, Edward. No te atormentes más por eso, Edward. Ella era una zorra que se aprovechó de ti.

—Tenía dieciséis años, Victoria —dije con una triste sonrisa sardónica —Sabía perfectamente lo que estaba haciendo. Pero en ese momento Rosalie era la mujer de todas mis fantasías y no quise perder mi oportunidad, aun sabiendo que se trataba de la mujer de mi hermano.

—Te equivocaste, Edward. Tú lo sabes y yo lo sé. Te equivocaste, cometiste un error, pero no fue tu error lo que llevó a tu hermano a la muerte, fueron las drogas…

—El último año de vida de mi hermano, yo debí haberme preocupado por llevarlo a mi casa, por que viera a mi madre, tal vez podría haber salido a flote, sin embargo preferí dedicarme a visitar su casa en su ausencia para follar con su novia.

—No puedes culparte por eso, Edward. Entonces eras un crío pero ahora eres un adulto y sabes cómo son las cosas.

—Ahora soy un adulto, Victoria, y tengo en mis manos ayudar a dos chicas que están viviendo una situación terrible que podría acabar como la de mi propia familia. Haré todo lo posible para ayudarles y que eso no suceda. Que el fin de Bella no sea el de Emmett y el de Leah no sea como el mío. Necesito hacerlo, sé que lo entiendes —la presioné y vi en su rostro generoso su claudicación.

Victoria bajó la mirada y se recostó contra mí.

—Grrr —gruñó —Lo sé. Lo sé y sé que tienes razón. No voy a pedirte que no lo hagas, pero tendrás que compensarme por esto, Cullen —dijo y me hizo reír.

—Comenzaré a compensarte desde ya, cariño —aseguré levantándola en mis brazos y llevándola a la habitación donde hicimos el amor hasta agotarnos, para dormirnos por fin cuando el cielo comenzaba a clarear.


Gracias por los reviews, alertas y favoritos y bienvenidos a los nuevos lectores.

Les espero en el grupo de Facebook: Las Sex Tensas de Kiki.

Besitos y gracias por leerme.

Gracias a Sofía Moreno por las portadas.

Adelanto:

—¿Qué te pasa, Bella? —indagó mostrándose realmente preocupada.

—Necesito un porro —gemí

—No, no lo necesitas.

—Sí lo hago. Desesperadamente. Necesito un porro pero no sé cómo conseguirlo. Si al menos pudiese llamar a Jacob…

—¿Quién es Jacob?

—Algo así como mi novio, o un folla—amigo.

—¿Quieres echarte un polvo con él?

—No. Jacob siempre tiene drogas del tipo que quieras.

—Y quieres llamarlo para que te traiga algo

marme: No sé si lees esta historia. Me dejaste un review en Perversamente Prohibido y sólo quería contestarte que Sí, me afecta en lo personal continuar escribiendo la historia en el punto en el que estaba. Por esa razón la dejé detenida un tiempo. Ahora mismo estoy re enganchándome a escribirla pero sí la dejé fue por razones personales y realmente importantes.