Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
TOCANDO FONDO
CAPÍTULO 22
Edward
Desde el asiento trasero del coche, Leah hablaba entusiasmada sobre su hermana.
Sobre sus piernas traía la caja de cupcakes que Bella había cocinado para ella este fin de semana.
Bella llevaba más de dos meses en el centro Betty Ford, y en solo dos semanas saldría para volver a casa.
Esos dos meses habían sido duros a la vez que reconfortantes para todos nosotros.
Desde aquel primer fin de semana en que le habíamos visitado, solamente nos habíamos saltado uno, porque Bella no nos había podido recibir debido a que había sufrido una crisis y se negaba a permitir que Leah le viera así.
Finalmente se resolvió y no nos perdimos ni una sola visita más.
De alguna forma, en estos dos meses yo había cambiado todas mis guardias de fin de semana, a fin de poder llevar a Leah a ver a su hermana. Victoria no había estado feliz, ya que estos cambios me habían obligado a trabajar más durante la semana, pero finalmente había optado por no discutir.
Bella había tenido altibajos, y había vivido algunos episodios bastantes difíciles a medida que el síndrome de abstinencia había alcanzado su pico más duro, pero finalmente parecía estarlo superando.
Aún decía que no se sentía segura de no caer si se le presentasen las drogas frente a ella, pero desde luego, esperábamos que no tuviera que enfrentarse a esa situación.
En este tiempo había continuado su curso de repostería y se le veía entusiasmada y feliz. Cada sábado, Leah y yo volvíamos a la ciudad con algún dulce; galletas, cookies, cupcakes, muffins, e incluso un pastel.
Aunque no todos eran perfectos, se le daba bastante bien. Se notaba claramente cómo iba evolucionando y aseguraba que continuaría haciéndolo cuando por fin abandonara el centro.
En estos meses, Bella y yo nos habíamos vuelto muy cercanos, y yo me estaba sintiendo demasiado confuso al respecto.
Durante las visitas, cuando Leah se quedaba con las niñas con las que había hecho amistad aquel primer día, Bella y yo compartíamos un largo rato solos que acababa resultando bastante íntimo.
Bella había cambiado en esos días, y el hecho de dejar el consumo de sustancias, había permitido que su físico se viera realmente saludable.
Había ganado un poco de peso, obteniendo unas exquisitas curvas femeninas. Su rostro se veía más rosado y había perdido aquella cenicienta palidez que tenía cuando la había conocido. Ya no había ojeras ni bolsas bajo sus preciosos ojos e, incluso su cabello se veía más sedoso y brillante.
Yo no había dejado de notar su cambio, lo que no me habría preocupado de no ser porque últimamente me sentía más atraído por ella de lo que era recomendable para un tipo como yo, que mantenía una relación estable con una chica preciosa y adorable.
Victoria se quejaba de mis visitas al centro, pero principalmente porque pensaba que me había encariñado más de lo recomendable con la pequeña Leah Swan.
Yo sabía que había algo más allí, además de mi devoción a la niña, pero no sabía cómo solucionarlo. Esto no podía estar bien, pero yo no tenía idea de cómo corregirlo.
Sabía que Bella era bastante más joven que yo, pero no podía dejar de sentirme atraído hacia ella.
Suponía que se debía a un instinto protector y paternal que ella me despertaba, pero cuando se recostaba contra mí, o cuando me miraba los labios, con los suyos entreabiertos, y el deseo se reflejaba claramente en sus pupilas, no podía dejar de reconocer que no había nada de paternal en mis sentimientos.
Victoria estaba sentada con mi madre en el salón cuando Leah y yo llegamos.
—¡Hola! —saludó Leah cuando entró corriendo en el salón.
—Lee, cariño —respondió mi madre poniéndose en pie para besar y abrazar a la niña —¿Cómo te fue? ¿Cómo está Bella?
—Muy bien —sonrió la pequeña con entusiasmo —Me ha regalado una caja de cupcakes —explicó con orgullo.
—Vaya, cariño, es magnífico. ¿Qué te parece si preparamos la merienda para acompañarlos?
—¡Genial! —contestó la chica con entusiasmo antes de seguir a Esme a la cocina.
—Hola, Vic —la saludé dejándome caer en el sofá a su lado.
—¿Cómo ha ido? ¿Cómo está la chica? —indagó mi novia con un mohín molesto.
Sabía que no era feliz con mis visitas semanales al Betty Ford, pero las soportaba solo porque sabía cuánto estaba yo dispuesto a hacer para ver feliz a Leah.
—Muy bien. Hoy la he visto realmente bien, calmada, tranquila. Las últimas semanas se siente realmente fuerte y parece que los episodios molestos ya han acabado. Tiene un poco de miedo aún respecto a lo que sucederá cuando abandone el centro, pero está bastante tranquila.
—¿Cuánto tiempo le queda para salir?
—Dos semanas, si todo va bien.
—Al fin —suspiró Victoria —No veo la hora de que acabe tu obligación de visitarla cada semana.
Entendía sus miedos y sus molestias. Era inevitable que se sintiera incómoda ya que mis viajes semanales al centro de rehabilitación habían incidido sobre el tiempo que teníamos disponible para pasarlo juntos.
—Lo siento, Vic. Te prometo que en cuanto Bella esté fuera, tú y yo nos tomaremos un fin de semana para nosotros solos.
—¿Lo prometes? —dijo recostándose contra mí.
La situación con Victoria estaba resultando un poco difícil para mí. Me gustaba mucho esa chica y había estado seguro de estar enamorado de ella durante mucho tiempo, pero tenía que reconocer que las últimas semanas mis sentimientos por ella eran confusos.
No sabía cómo continuaría mi relación con ella cuando Bella hubiera salido del centro porque, honestamente, sabía que algo cambiaría. Por mucho que le dijera a Victoria que ya me mantendría apartado después de su alta, sabía que no podría hacerlo.
No me imaginaba alejándome de ella ni de Leah. Bella recibiría el alta, pero eso no significaría que estuviese completamente recuperada y no tuviera que mantenerse en vigilancia.
Según lo que habíamos hablado y lo que yo mismo había hablado con su abogado, en un principio se trasladaría a un departamento que su familia tenía en Wilshire, y desde luego, no obtendría la custodia de Leah nada más salir, sino que para ello se requerirían algunas audiencias y trámites legales.
Durante ese tiempo Leah continuaría viviendo en casa de mi familia, por lo que al menos por un par de meses o tres más, las Swan y los Cullen seguiríamos en contacto.
Aun cuando Leah se mudase a vivir con Bella, dudaba que Esme fuese a perder contacto con ellas, y seguramente yo mismo no lo haría.
Evitar que mis sentimientos por Bella se confundieran, o que Victoria se molestase por nuestra cercanía, sería un trabajo de siete días, veinticuatro horas.
Esas dos últimas semanas no fueron suficientes para convencerme de que no tenía por Bella sentimientos diferentes a los fraternales, pero ocuparme de organizar todo para su salida del centro de rehabilitación, ayudó bastante.
En esas semanas me puse en contacto con su abogado y, a pedido de Bella, nos encargamos de organizar y arreglar el departamento donde había decidido instalarse.
Bella no creía conveniente volver a su casa de Beverly Hills y yo estuve de acuerdo con ella. Se instalaría en el departamento que su familia tenía en Wilshire y, con el tiempo, en cuanto obtuviera legalmente la custodia de Leah, pensaba ocuparse de encontrar una casa para ellas. Una nueva casa donde comenzar una nueva vida y que no estuviera empapada de recuerdos de sus padres, de Seth, y de la vida de excesos y desmanes que Bella había vivido y Leah presenciado a lo largo de sus vidas.
Esas dos semanas me resultaron demasiado cortas para todo lo que había querido hacer, pero cuando finalmente me presenté en el Betty Ford, ya había organizado con Jason Jenks, para que presentara ante el juez, en nombre de Bella la solicitud de custodia de su hermana.
Según Jenks, era de esperar que el juez le impusiera a Bella un período de observación, donde la mantendrían vigilada a fin de constatar que realmente había ganado su batalla contra las drogas.
Yo estaba seguro de que lo lograría, pero por si acaso, en esos meses había estado siguiendo de cerca a Jacob Black. El hombre que, tal como había podido averiguar, había sido un constante catalizador de los excesos de Bella.
Jacob Black.
Un músico de treinta y tantos, que había contado con bastante éxito una década atrás, y que actualmente vivía, básicamente, de lo que había obtenido en ese entonces, más algún que otro pequeño concierto o bolo en pequeños bares o pubs de la ciudad.
Había sufrido algunas detenciones policiales por posesión de drogas, conducción temeraria y algunos delitos menores del estilo.
Por lo que había podido averiguar, había mantenido una estrecha relación con los hermanos Swan, y en el ambiente en que se movían, era conocido como el novio, amante y algo así como proxeneta de Bella.
Según me había informado, mantenía una relación física y sexual con Bella, desde que ella era una adolescente, aunque no era un noviazgo exclusivo, ya que ambos compartían relaciones con otras personas, habiendo participado en tríos y orgías juntos.
Black, acostumbraba además a proveer drogas a los Swan, y era habitual que Bella tuviera sexo con él y sus amigos a cambio de drogas.
Toda la situación me asqueaba, y sabía que debía mantener a Bella alejada de ese hombre, pero las últimas informaciones que recibí, esa última semana antes de que Bella abandonara el centro de rehabilitación, me habían estremecido, incluso a mí, un policía acostumbrado a enfrentarse con lo más bajo y denigrante de la sociedad.
De acuerdo a mis últimas averiguaciones, Jacob Black, no sólo había sido el amante de Bella Swan, sino que durante años había mantenido relaciones con Renée Swan y, lo que para mí había sido un descubrimiento aún peor, Jacob Black, se follaba también, de tanto en tanto, al mismísimo Seth.
Gracias por los reviews, alertas y favoritos y bienvenidos a los nuevos lectores.
Mis disculpas por no haber podido actualizar el martes pasado, pero he tenido unos días de trabajo realmente absorbentes.
Agradezco la comprensión.
Recuerden que les espero en el grupo de Facebook: Las Sex Tensas de Kiki.
Besitos y gracias por leerme.
Gracias a Eli Val por las portadas.
Adelanto:
Cuando Sulpicia, una de las recepcionistas del centro, me avisó que habían venido a recogerme, yo sentí una imperiosa necesidad de pedir asilo y quedarme en el centro por una temporada más.
—Hola, Bella —Edward me saludó con una sonrisa radiante cuando me encontré con él en el hall de entrada.
—Hola.
—¿Lista para marchar? —preguntó mirándome emocionado.
—No —respondí con sinceridad haciéndole carcajear —, pero tendré que hacerlo.
—Venga, cobardica —rió cogiendo la maleta de mis manos y entrelazando su mano libre con la mía —El mundo exterior te espera.
