Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
TOCANDO FONDO
CAPÍTULO 24
Edward
Las últimas dos semanas me había sumergido en el trabajo y había intentado alejarme de Bella Swan tanto como me fuera posible, aunque gracias a Esme, seguía de cerca sus progresos.
J.J., su abogado, había presentado la solicitud de la custodia de Leah a nombre de Bella y tras una semana el juez había emitido la que ya imaginábamos, sería su decisión. Durante los próximos tres meses, Bella debería someterse reconocimientos semanales, para constatar la ausencia de cualquier tipo de sustancia de su organismo. De lograrlo, al cabo de tres meses le sería otorgada la custodia definitiva de su hermana.
Durante ese tiempo, la niña permanecería en casa de mi madre donde Bella podría visitarla con frecuencia, siempre bajo la supervisión de Esme, la madre de acogida de Leah.
Con el tiempo, si no se veía ningún tipo de comportamiento nocivo para la menor, se autorizarían las visitas no supervisadas, algo que, podía imaginar, debía haber hecho daño a Bella.
Saber que no se le permitía ver a su hermana a solas, para que Leah no resultara dañada no debía haberle hecho feliz, pero yo esperaba que eso solo le diera fuerzas para obligar al mundo a aceptar que ella nunca dañaría a su hermana.
Pero yo sabía que lo lograría, de la misma forma que sabía que Esme solo se encargaría de ayudarles.
Eso tranquilizaba mi conciencia, cada vez que decidía no ponerme en contacto con Bella y mantenerme alejado de ella.
Quería pensar que me habría acercado a ella si no le estuviera resultando fácil seguir adelante pero, según lo que Esme y la misma Leah me habían explicado, Bella lo estaba haciendo realmente bien.
Tanya Denali, una chica con la que había hecho gran amistad en el centro de rehabilitación, estaba a su lado ayudándola y apoyándola.
Así había sido cómo había decidido inscribirse en un curso de repostería para continuar con las clases que había estado siguiendo en el centro, y de esa forma se mantenía ocupada y entusiasmada con su nueva vida.
Y a mí, permitía mantenerme coherente y enfocado en recuperar mi relación con Victoria, antes de tenerla completamente perdida.
Era una tontería, pero no podía olvidar aquel diminuto roce de labios que se había dado entre Bella y yo, el día que la había recogido del centro y la había llevado a su casa.
Bella estaba enfrentándose a demasiadas novedades y desafíos como para agregar la complicación de algún tipo de extraña relación romántica con un hombre comprometido. No podía permitir que se confundiera creyendo que había, o podía haber entre nosotros, algún tipo diferente de relación a la que había en realidad.
Por otra parte, yo mismo estaba demasiado enamorado de mi preciosa novia como para buscar destruir lo que teníamos .
Fue por esa razón que me enfrasqué en el trabajo para conseguir tres días libres, sin teléfonos ni buscas, para poder irme unos días con Victoria y meternos de lleno en nuestra relación.
Reservé una habitación en L'Auberge del Mar, a una media hora de San Diego y el viernes a la mañana conduje durante casi dos horas intentando no pensar en otra cosa que no fuese dedicarle a Victoria lo mejor de mí.
La suite era acogedora y romántica. Con una terraza privada sobre las piscinas y con una increíble vista al mar azul, esos tres días se llevarían un buen mordisco de mis ahorros, pero Vicky se lo merecía y lo necesitaba.
Ella, y yo también.
Victoria estaba apoyada sobre la balaustrada de la terraza, cuando me acerqué a ella después de despedir al botones que nos había acompañado a la habitación.
—Al fin solos —exhaló Victoria volteándose hacia mí y rodeándome con sus brazos —Echaba de menos poder estar contigo sin interrupciones.
—Pues aquí estamos —murmuré atrayéndola hacia mí para besarla.
Los próximos tres días que teníamos por delante, esperaba que por fin pusieran en orden mis pensamientos respecto a Bella.
Con esa idea, me volqué en mi novia, dispuesto de una vez por todas a recuperar mi relación.
La besé con lentitud a la vez que tironeaba de ella hasta el interior de la habitación.
Victoria rió cuando la empujé sobre la cama cayendo yo mismo sobre su cuerpo.
Nos desnudamos con ansiedad y nos hicimos el amor con un desespero rayano a la violencia. Para cuando ambos gritamos al unísono al alcanzar un voraz clímax, estaba seguro de que habíamos hecho temblar los cimientos del hotel.
—Te echaba de menos —susurró Victoria tumbada sobre mi pecho desnudo.
—Hablas como si hubiésemos pasado meses sin vernos —reí.
—Tal vez no literalmente, pero desde que las Swan entraron en la vida de la familia Cullen, no has tenido mucho tiempo para mí.
—Vicky...
—Es la verdad, lo sabes. Últimamente has pasado más tiempo con Bella Swan que con tu propia novia —dijo intentando insuflar a sus palabras una dosis de despreocupación que yo sabía bien no existía.
—Sabes lo que esas chicas significan para mí —discutí empujándola para recostarla en la cama y acostarme entre sus piernas.
—No estoy segura de saberlo.
—Poder salvarlas de aquello que no pude salvar a mi hermano, me reconforta.
—Lo que tú digas, Edward. Pero he visto a Bella Swan...
—¿Eso qué significa?
—La he visto. La he visto y sé que no es una chiquilla como tú lo haces ver. Ni tampoco está consumida, desgarbada o destrozada. Tiene veintitantos, es guapa, tiene un buen cuerpo, una cara que pareciera estar pidiendo atención...
—No puedo creer que estés celosa —me burlé, aunque yo mismo era consciente de haber notado todos esos atributos que Victoria acababa de enumerar.
—¿Tengo razones para estarlo? —preguntó insegura.
—¿Tú qué crees? —respondí burlón aunque sin dar realmente una respuesta.
Me volqué sobre sus labios y penetré en su cuerpo para hacerle el amor una vez más, intentando borrar sus dudas y por qué no, borrar, o al menos disipar un poco mis propias dudas.
A partir de entonces, Victoria no volvió a traer a Bella a colación, pero mi cabeza no era tan olvidadiza y más de una vez y más de dos, me encontré pensando en Bella y recordándola. Recordando sus labios muy tibios, muy suaves, bajo los míos. Su pequeño cuerpo encajado perfectamente entre mis brazos, y su mirada temerosa pidiendo mi ayuda y mi protección sin atreverse a reconocerlo en palabras.
El fin de semana llegó a su fin demasiado pronto, pero nuestras pequeñas vacaciones fueron completamente relajadas.
Y sexuales.
La maleta que Victoria había llenado con modelitos para el día y la noche, resultó ser completamente superflua. Durante esos días no nos vestimos más que con batas de baño y algún bañador para bajar a la piscina o relajarnos en el spa.
Pero nuestras ropas más utilizadas fueron las sábanas de la cama king size.
Para cuando conduje de regreso a Los Ángeles, Victoria se sentía mucho más relajada y confiada, y yo me sentía más tranquilo al saber que mi chica había podido alejar sus recelos.
Pero mi calma no duró mucho.
Después de dejar a Victoria en su departamento, y antes de dirigirme a mi propio hogar decidí pasar de visita por la casa de mi madre.
No fue una buena idea.
En la entrada había aparcado un New Beetle cabrio rojo del año que no reconocí.
Entré en la casa y seguí los ruidos de voces y música que me guiaron hasta el jardín trasero.
En el patio, mientras Esme se ocupaba de asar unas hamburguesas en la barbacoa, se desarrollaba un partido de fútbol en el que participaban Alice y su novio, Jasper, Leah y, cómo no, Bella.
—¡Edward ! —Leah corrió hasta mí en cuanto me vio llamando la atención de todos los presentes que no se habían percatado de mi llegada.
—Hola, cariño —le saludé levantándola en mis brazos para estampar un enorme beso sobre su mejilla —¿Cómo estás?
—Bien. Bella ha venido a cenar y ha traído un pastel que ha hecho ella —me explicó con entusiasmo.
—Pues qué suerte que he venido para probarlo —sonreí antes de acercarme a mi madre para saludarla con la niña en brazos. —Hola, mamá.
—Hola, cariño. ¿Cómo fueron las vacaciones?
—Muy bien, relajantes —expliqué aún sin mirar hacia donde Bella se acercaba a nosotros acompañada por mi hermana y su novio.
—Podías haber traído a Victoria a cenar —dijo mi madre y no se me pasó por alto el mohín que hizo Leah.
—Mañana tenía que trabajar bastante temprano.
En ese momento, Alice, Jasper y Bella llegaron hasta nosotros.
—Hola, Edward —me saludaron varias voces.
No interactué mucho con Bella mientras cenamos, más que para enterarme de que estaba encantada con su curso de repostería y que ésa sería la primera noche que dormiría sola en su departamento, ya que hasta entonces su amiga Tanya la había acompañado.
Después de comer el pastel que Bella había preparado y de que todos lo halagaran hasta hacerla sonrojar, Bella se despidió, rechazando la oferta de mi madre de que se quedase a dormir en la casa.
Se despidió de todos y me incomodó verla mantenerse algo distanciada de mí, por lo que me ofrecí a acompañarla hasta el coche.
—Bonito coche —dije cuando las luces del New Beetle se encendieron al ser desconectado el cierre automático.
—Gracias. Necesitaba un coche para moverme y no quería ir a recoger alguno de los que hay en mi casa —explicó con una sonrisa triste.
—Entonces, ¿cómo te está resultando volver a vivir fuera del centro?
—Bien, creo —reconoció dubitativa deteniéndose recostada en el coche —Aunque hasta ahora no he dormido sola en mi departamento, pero espero saber llevarlo.
—¿Estás segura de no querer quedarte a pasar la noche aquí?
—Estoy segura —asintió —Quiero creer que puedo hacerlo.
—Puedes —aseguré.
Bella me miró cuando escuchó mi categórica respuesta y sonrió con una sonrisa tímida.
Finalmente bajó la vista mientras sus manos jugaban con la llave de su coche.
—Yo quería disculparme contigo —dijo por fin con un tono monótono.
—¿Disculparte conmigo? ¿Por qué?
—Por lo que sucedió en mi departamento el día que me llevaste desde el centro.
No respondí. No sabía qué decir, así que esperé que ella continuara. Mi silencio llamó la atención de Bella, que levantó la vista y me miró.
—Sé que tú tienes novia, y te aseguro que nunca querría meterme en medio de tu relación. Sé que estuvo fuera de lugar que te besara, no sé por qué lo hice. No quiero ser la persona que era antes y no quisiera que tú pensaras que lo soy. No puedo evitar recordar la forma en que me comporté contigo el día que se llevaron a Leah y no quisiera que pienses que soy la misma que entonces. —explicó con nerviosismo y el rostro rubicundo —Lo que sucedió el otro día fue una tontería de mi parte y te puedo asegurar que no volverá a suceder. No quisiera perder tu amistad —agregó finalmente en voz muy baja a la vez que bajaba la vista hasta sus manos.
No pude evitarlo. La rodeé con mis brazos y la estreché contra mí.
—Nunca perderás mi amistad, Bella, no te atormentes con ello. Puedes contar conmigo, siempre. Sé quién eres, Bella. Sé que no eres la misma chica confundida que eras entonces. Tampoco te culpes por ese beso, Bella, no fue tu culpa, ni fuiste tú la única protagonista. Ambos lo fuimos sacudidos por la enormidad del momento que estábamos viviendo. No te preocupes más por ello —pedí levantando su rostro hacia mí —No volverá a suceder, y tú tampoco nunca me perderás.
Su sonrisa llenó de calor rincones de mi cuerpo, y que se aferrara a mi cuerpo con un abrazo tan sincero, me hizo sentir completo.
Gracias por los reviews, alertas y favoritos y bienvenidos a los nuevos lectores.
Les esperamos en el grupo de Facebook: Las Sex Tensas de Kiki.
Besitos y gracias por leerme.
Gracias a Sofía Romero por las portadas.
Y solo me queda recordarles que el jueves, si no pasa nada extraño, vuelve PERVERSAMENTE PROHIBIDO, así que para aquellas personas que lo seguían, ya queda una corta espera.
Adelanto:
—¿Jacob? —pregunté sorprendida en cuanto abrí la puerta para encontrarme con quien había marcado una gran parte de mi vida. —¿Qué haces tú aquí?
—¿Cómo estás, preciosa? —dijo entrando en el departamento sin esperar a ser invitado —Supe que estabas viviendo aquí y se me ocurrió venir a verte —dijo sonriendo.
