Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

TOCANDO FONDO

CAPÍTULO 26

Edward

Mi relación con Victoria no acababa de recuperarse y, volver a lo que había sido antes de la muerte de Seth Swan, no estaba resultando sencillo.

Por mucho tiempo que pasara con mi novia, ella no dejaba de molestarse cada vez que hablaba con Bella, o nos veíamos en casa de Esme.

Y mis conversaciones con Bella acabaron por convertirse en habituales, casi diarias, incluso.

Y que Bella me llamara cuando Victoria y yo estábamos juntos, no me estaba ayudando demasiado.

Bella, por su parte, estaba cada vez más recuperada y parecía estar empezando a tomar el control de su vida.

Acudía diariamente a sus clases de repostería, y pasaba muchas tardes cocinando en su departamento.

Acompañada por su amiga Tanya, había ido a la que había sido su casa, y después de que Leah le manifestara su acuerdo, la había vaciado, cerrado y puesto a la venta.

Sus planes consistían en, no bien obtuviera la custodia legal de su hermana, buscar juntas un lugar donde vivir.

Un lugar sin recuerdos y al que juntas acabaran convirtiendo en un hogar.

Y yo estaba seguro de que lo lograrían.

Y, egoístamente, deseaba que todo sucediera tan rápidamente como fuera posible, ya que solo entonces podría asegurarme de recuperar mi relación con Victoria.

Después de esos últimos cuatro meses, había reconocido que era imprescindible que Bella lograra hacer su vida y se alejara de mí, porque yo era incapaz de alejarme de ella.

Después de haber visto a Bella ese fin de semana en casa de mi madre, y ante la incomodidad de mi novia, reservé una mesa en el Firefly para una cena romántica.

Victoria, enfundada en un vestido azul que se adhería a su cuerpo como un guante y quitaba el aliento, abrió la puerta de su departamento haciéndome trastabillar.

—Estás preciosa, cielo —susurré rodeando su cintura con un brazo para abocarme sobre sus labios.

—Vas a quitarme el maquillaje —rió Victoria alejándose de mí.

—No puedes ponerse ese vestido y pretender que no te bese.

—Pues deberás guardar tus ganas hasta nuestro regreso —replicó burlona.

—Pues estoy pensando en cambiar la cena por un simple café.

—Ni se te ocurra —rió Victoria saliendo del departamento y cerrando la puerta tras de sí.

La cena fue romántica y muy agradable, pero yo no veía el momento de acabarla para ir al departamento de Victoria y poder hundirme en su cuerpo.

—En el bufete me han ofrecido un caso bastante interesante —dijo Victoria mientras acabábamos los postres.

—¿De qué se trata?

—Es una demanda bastante importante contra una compañía química. Un caso de delito medioambiental —me explicó mostrándose extrañamente reticente.

—Es genial, Vic.

—Sí —contestó dubitativa.

—¿Qué es lo que no te gusta?

—Es en San Francisco —soltó por fin y me aterrorizó aunque intenté ocultarlo.

—¿En San Francisco?

—Sí —dijo levantando por fin la mirada y clavándola en mi rostro —Aún no he aceptado.

—Tienes que hacerlo, Vicky. Es una gran oportunidad.

—Lo sé. Serían solo unos dos o tres meses y les he dicho que si acepto debería poder volver los fines de semana. No puedo imaginar estar tres meses sin ti —murmuró con preocupación.

—No tienes que pensar en eso, Vic. Tú y yo nos organizaremos. Tú vendrás a la ciudad cuando puedas y sino yo iría a visitarte. Es una gran oportunidad, cariño.

—Lo sé, pero no quisiera dejarte aquí solo... —confesó y supe que yo sentía su mismo temor.

—No creo que vaya a perderme... —reí

Victoria me miró dubitativa y me vi obligado a calmarla.

—Cariño, nada va a pasar porque nos veamos solamente un par de días a la semana durante un par de meses. —aseguré —Podremos sobrellevarlo —murmuré seductor acercándome a ella —Aunque lo que podríamos hacer desde ahora es recuperar el tiempo que vayamos a perder —susurré bajando mis labios sobre su cuello.

—¿Eso qué significa?

—Que deberíamos irnos ahora mismo y hacer el amor hasta tu partida.

—Aún no he dicho que sí —sonrió —Pero me parece una buena idea —agregó haciéndome reír.

Cuando llegamos al departamento de Victoria, ya nuestro nivel de excitación amenazaba con romper nuestro autocontrol.

—Ven aquí, preciosa —murmuré atrayéndola a mis brazos en cuanto cerré la puerta tras de mí.

Victoria rió seductora dejándose abrazar, mientras la estrechaba contra mi cuerpo y me abalanzaba sobre sus labios.

La levanté entre mis brazos y me dirigí a la habitación.

Nos besamos mientras nos desnudábamos dejando nuestras ropas regadas por la habitación.

Victoria me empujó sobre la cama para sentarse a horcajadas sobre mi cuerpo desnudo.

Bajó su rostro sobre el mío mientras sus exquisitos rizos rojizos caían como una cortina sobre mí.

Mi miembro se mantenía erecto entra las piernas de mi novia, golpeando su sexo, cuando Victoria con su lengua bajaba por mi rostro y mi cuello para bajar por mi cuerpo.

De forma completamente inoportuna mi teléfono móvil hizo sentir su melodía.

Bufé sintiéndome molesto y terriblemente frustrado cuando mi erección se sacudió impaciente rogándome a ignorar el molesto sonido.

Pero mi odioso sentido de la responsabilidad se hizo presente y mi chica lo notó en la repentina tensión de mi cuerpo.

—No contestes… —pidió Victoria en un susurro mientras sus labios recorrían mi pecho desnudo.

—Tengo que contestar, cariño —dije intentando alejarme de ella aunque con reticencia.

—No contestes —repitió acostándose sobre mí mientras restregaba sus pechos desnudos en mi pecho.

—Podría ser importante —expliqué besando su nariz antes de alejarme de ella para alcanzar mi teléfono que sonaba en el bolsillo de mi chaqueta.

Me preocupó ver el nombre de Bella en el identificador y contesté de inmediato.

—¿Bella?

—¡Edward! —gimió su voz sollozante al otro lado de la línea, inquietándome.

—¿Bella, qué sucede?

—Oh, Edward… no puedo… —lloró y mi inquietud se incrementó.

—Bella, tranquila, cálmate, ¿qué sucede? —pregunté sentándome en la cama junto a Victoria en cuyo rostro se leía una clara molestia.

—Dios, Edward, lo siento. Siento mucho haberte llamado… pero… Dios, Edward, tengo miedo.

—Por favor, Bella —rogué —Dime qué sucede, por Dios.

—Es Jacob —me explicó gimiendo.

—¿Qué sucede, Bella? ¿Qué ha pasado? ¿Dónde estás? —pregunté a la vez que buscaba mi ropa en el suelo y me la ponía sin soltar el teléfono que sostenía entre mi rostro y mi hombro.

—Estoy en casa…

—¿Estás en casa? —me extrañé —¿Jacob está contigo?

—No, acaba de marcharse…

—¿Qué sucede, Bella? ¿Te ha hecho algo Jacob?

—No, pero… ha dicho unas cosas horribles, y... me ha dejado cocaína y no sé qué hacer… —lloró con desconsuelo y por fin pude comprender su miedo.

Bella llevaba un mes fuera de la clínica y estaba completamente limpia, pero la tentación de tener las sustancias frente a ella, a su total disposición, era más de lo que podía manejar ella sola.

—Lo siento, Edward. Quise llamar a Tanya, pero se ha ido a Alaska y su teléfono está apagado… —lloró desgarradora.

—No te preocupes, cariño, no pasa nada. Voy para allí ahora mismo —prometí poniéndome la camiseta.

—Gracias, Edward —suspiró.

—Tú solamente no toques nada. Yo lo solucionaré.

—Gracias, Edward —dijo y colgué.

—¿Qué tiene ahora? —preguntó Victoria con un tono molesto.

—Lo siento, Vic —me disculpé —Está muy angustiada. Su ex novio ha estado en su casa y ha dejado drogas allí.

—¿Y?

—No sabe manejarlo.

—¿Y te llama a ti? —gruñó mi novia levantándose de la cama para ponerse sus braguitas y la camiseta que solía utilizar para dormir.

—Ha llamado a su amiga pero ésta está fuera de la ciudad y no le ha contestado.

—Pues no veo por qué tiene que llamarte a ti —rugió Victoria furiosa —Y lo peor es que no entiendo por qué tú tienes que salir corriendo.

—Me necesita, Vic —dije intentando calmarla aunque sin éxito.

—¡Y yo te necesito aquí! Eres mi novio, no entiendo que tengas que salir corriendo. Si no es capaz de resistirse a un poco de droga, pues que se la tome de una vez y deje de meterse en medio de nosotros.

—Vamos, Vicky, no se está metiendo en medio de nosotros…

—Sí lo hace, si tú estás dispuesto a salir corriendo y dejarme a mí colgada, tras solo una llamada de ella.

—Venga, Vic, no digas eso…

—Sería mucho más sencillo que volviera a drogarse y acabara como su hermano. —rugió Victoria.

—No digas eso, Victoria. Sabes que no lo piensas realmente.

—¡Ya no sé lo que pienso, Edward! —gritó.

—Victoria, por favor, compréndeme.

—¿Qué diablos es lo que quieres que comprenda? Ya no lo soporto. Se acabó, Edward. No voy a seguir soportándolo —gruñó mi novia furiosa —No soy estúpida. Esa chica no es una niña. Es una mujer de veintidós años. No voy a aceptar que te vayas con ella así sin más.

—Por Dios, Victoria, no estarás celosa, ¿o sí? —indagué intentando sonreír divertido aunque no creía que Victoria pudiera, en ese momento, llegar a apreciar mi sentido del humor.

—¡Pues puede que lo esté! —gritó —Y si quieres demostrarme que no tengo razones para estarlo, entonces llámala y dile que no irás a verla ahora y quédate aquí conmigo.

—Victoria, no puedo hacer eso —pedí —Me necesita.

—Y yo te necesito aquí. Si sales ahora por esa puerta, Edward, no hace falta que vuelvas porque lo nuestro se ha acabado —dijo amenazante con sus brazos fuertemente cruzados sobre el pecho.

—Venga ya, Vicky, no digas eso… —le pedí acercándome a ella para besarla y calmarla.

Victoria puso su mano sobre mi pecho y me empujó.

—He dicho mi última palabra, Edward. Si sales ahora al encuentro de Bella Swan, considera nuestra relación acabada.

—No puedes estar hablando en serio, Victoria.

—Intenta averiguarlo si quieres, pero yo ya he dicho todo lo que tenía que decir, y es mi última palabra.

—Tengo que ir, Victoria.

—Muy bien, hazlo. —espetó volviéndose altiva de espaldas a mí.

—Pero no quiero terminar contigo.

—Haz de una vez tu elección, Edward.

—Por Dios —gemí exasperado pasándome las manos por entre el cabello —Compréndeme.

—Tú eliges, Edward —repitió sin siquiera mirarme.

Suspiré sintiéndome entre furioso, indignado y dubitativo.

No quería perder a Victoria, pero no estaba dispuesto a dejar caer a Bella y que en su caída arrastrara a Leah.

—¿Lo dices en serio? —suspiré cansado.

—Completamente.

—De acuerdo —acepté cogiendo mi chaqueta antes de abandonar el departamento de Victoria.


Gracias a todos por los alertas, favoritos y reviews.

Besitos y gracias por leerme.

Gracias a Florencia Lara y las chicas de FFTH por la portada del fic que me regalaron y la promoción que están haciendo en su grupo. Un honor!

Adelanto:

—Ven aquí —susurró Edward tirando de mi mano hasta la habitación —Vamos a la cama.

Abrió las mantas de la cama y me empujó sobre ella para que me sentara antes de obligarme a recostarme.

—Tienes que descansar —ordenó en un susurro

—¿Vas a irte? —le pregunté temerosa

—No voy a dejarte sola —dijo mientras se quitaba los zapatos y se acostaba junto a mí.

Me puso de espaldas a él y me recostó contra su pecho, antes de cubrirnos con las mantas.

—Ahora quiero que descanses —susurró en mi oído mientras su mano, delicadamente acariciaba mi cintura.