Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

TOCANDO FONDO

CAPÍTULO 27

Bella

Después de que Jacob se marchara y yo hablara con Edward, me vestí con los pantalones de deporte y la camiseta que solía usar para dormir, y me senté en la cocina a esperar que Edward llegara tal como había prometido.

No me atrevía a esperarle en el salón, donde un pequeño paquete de cocaína estaría gritándome para que lo hiciera desaparecer.

¡Maldito Jacob Black! ¡Cómo odiaba a Jacob Black! ¡Cómo odiaba en ese momento recordar todo lo que le había dado a ese maldito hombre!

No solo había tomado mi virginidad respecto a todo lo importante, sino que se había burlado de ello, compartiéndolo con mi propia madre y mi idolatrado hermano.

Seth.

¿Cómo podía Seth haberme humillado de esa forma? A mí, que hubiera hecho cualquier cosa por él.

Nunca había esperado nada de Renée y, desde luego, nada de lo que Jacob me hubiera podido decir sobre ella me había sorprendido realmente, pero aún así, había sido muy duro reconocer que mi madre, hubiese disfrutado tirándose al hombre que sabía era lo más parecido a un novio que yo había tenido jamás, y que, peor aún, hubiese disfrutado escuchando todo lo que él y yo hacíamos, mientras él se lo demostraba.

El maremoto de pensamientos azotaba mi cabeza cuando el timbre resonó sobresaltándome.

Corrí a la puerta y me lancé a los brazos de Edward en cuanto la abrí.

—¡Bella, cariño! —dijo él rodeándome con sus brazos mientras se adentraba en el departamento.

—Oh, Edward, gracias por venir —gemí y no pude evitar soltar el llanto.

—Tranquila, Bella —susurraba Edward contra mi pelo mientras acariciaba mi espalda.

Edward caminó conmigo hasta el sofá del salón. Se sentó en él conmigo en su regazo

—Lo siento —sollocé escondiendo mi rostro contra su pecho —Lo siento, no quería molestarte, pero no sabía a quién llamar...

—No te preocupes, Bella —dijo buscando calmarme sin dejar de deslizar sus manos por mi espalda —Has hecho bien. Sabes que puedes contar conmigo siempre que me necesites. Pero ahora quiero que intentes tranquilizarte y me expliques lo que sucedió.

—Jacob estuvo aquí —expliqué —¿Sabes quién es Jacob Black? —pregunté de pronto separándome de él para mirarle.

No estaba segura de que Edward supiese quién era Jacob ni la relación que él tenía conmigo y mi hermano, pero no dejaba de reconocer que Edward siempre se había mostrado muy enterado de todo lo que rodeaba a los Swan. Y, siendo policía, estaba segura de que debía saber mejor que yo misma, quién era Jacob.

—Le conocí aquella noche en el Breaking Dawn —confesó.

—¿Cuando murió Seth?

—Sí. Estaba allí con los Vulturis. Debo reconocer que no se mostró demasiado colaborador.

—Si considero la forma en que ha actuado desde que Seth murió, no me sorprende que no fuese colaborador —reconocí con tristeza.

—¿Quieres hablar sobre ello? —preguntó Edward con suavidad instándome a recostarme en él.

Me bajé de su regazo para sentarme en el sofá a su lado, mientras mi cabeza se llenaba de cientos de imágenes de mi vida con Jacob Black.

—Conocí a Jacob cuando era una niña. Tenía doce años. Jacob era un gran amigo de Seth, aunque le llevaba diez años. Él no se fijó en mí hasta que cumplí catorce —expliqué sintiéndome por primera vez en mi vida avergonzada de la vida que había llevado.

Edward me escuchaba con atención y notó claramente mi reticencia.

Tomó una de mis manos entre las suyas para infundirme valor.

—Puedes hablar conmigo de lo que sea —susurró con suavidad.

—Lo sé —reconocí —Es solo que... ahora, cuando miro hacia atrás... me avergüenzo de lo idiota, incrédula, e inmadura que fui siempre...

—Bella, todos somos inmaduros a los catorce, es solo que no todos nos enfrentamos a situaciones tan cruciales como las que tú tuviste que enfrentar...

—No sé... creo que solo quería sentirme parte de algo... pertenecer a un grupo... y ése era el grupo que tenía más cerca...

—Lo entiendo, Bella. No fue tu culpa aferrarte a las personas que tenías más cerca...

Suspiré sintiéndome agotada.

—¿Qué significa Jacob Black para ti? —preguntó Edward obligándome a reflexionar...

—Durante años fue lo más parecido a mi pareja, aunque el hecho de que me compartiera con todos sus amigos, creo que podía hacerme dudar de esa definición...

—¿Le quieres, le querías?

—No —contesté rotunda y supe que no estaba engañándole —Lo pasaba bien, me divertía... qué sé yo... me creía la más lista de la ciudad...

—¿Cómo llegó Jacob hoy aquí?

—Uno de sus amigos me vio entrar al edificio. Jacob sabía que mi familia tenía este departamento, así que simplemente se presentó aquí...

—¿Para qué vino?

—No lo sé —reconocí escondiendo mi rostro entre las manos —Creo que solo vino para atormentarme...

—¿Atormentarte con las drogas?

—No sólo eso —lloré recordando todas las confesiones que Jacob había soltado esa tarde sobre mí —Me contó cosas horribles...

—¿Qué cosas? —preguntó Edward curioso

Levanté la cara y le miré incapaz de explicar todas las asquerosas y enfermizas revelaciones que Jacob había hecho sobre mi familia.

—Jacob no solo se acostaba conmigo —rugí —¡Se acostaba también con mi madre y mi hermano! —grité esperando ver en el rostro de Edward una repulsión que nunca llegó.

Sabía que Edward era policía y sin dudas debería haber presenciado cientos, o miles incluso, de situaciones enfermas y desagradables como ésas, pero no verlo siquiera parpadear me asustó.

—¿No te sorprende? —pregunté recelosa.

—No, en realidad —confesó viéndose culpable.

Fue entonces que imaginé que debía saberlo. Tenía que ser consciente de esa situación, porque de cualquier otra forma, se hubiese al menos, sorprendido.

—¿Lo sabías? —inquirí en voz muy baja —¿Tú lo sabías? —repetí ante su mirada impertérrita —Tú lo sabías —reconocí por fin —¡Tú lo sabías! —gemí llorosa poniéndome en pie.

Deambulé por la habitación intentando no sentirme sucia, pero no podía hacerlo.

Saber que Edward era consciente de la sucia sangre que corría por mis venas, no solo me avergonzaba sino que me asustaba.

Él, un hombre tan íntegro, no podía pasar por alto esos conocimientos. Él no podía aceptar sin más que una chica con mi enferma genética se hiciese cargo de mi hermana.

Y por un momento temí que me abandonara. Que al reconocer el mundo en el que yo había vivido la mayor parte de mi vida. Mundo en el que, por otra parte, yo me había sentido completamente a gusto y feliz, Edward reconociera que no fuera la mejor decisión ayudarme a recuperar a Leah.

Y por si había algo peor aún, yo sabía con seguridad que no lo era.

Pero no podía permitirme, ahora mismo, perder a mi hermana. Lo único que tenía sentido en mi vida.

—¿Cómo lo supiste? —pregunté con los ojos llenos de lágrimas mientras detenía mi deambular.

—Lo siento, Bella. Tal vez me extralimitara. Sé que no tenía derecho a hacerlo, pero quería saber quién podría intentar arrastrarte de nuevo a aquella vida así que, lo he investigado...

—¿Qué más averiguaste?

—No mucho... ha sido detenido varias veces por posesión de drogas, consumo, conducción temeraria... qué sé yo...

—¿Sabías que se acostaba con mi madre y mi hermano? —murmuré avergonzada.

—Lo sabía —aceptó contrito.

—¡Dios! —gemí volteándome de espaldas a Edward —No puedo creerlo...

—No es importante, Bella...

—¿Cómo puedes decir eso? Tú no puedes aceptar que yo obtenga la custodia de mi hermana...

—Por favor, Bella, ¿qué tiene eso que ver con nada?

—Los Swan estamos enfermos... la vida que yo he llevado... —sollocé —Yo no puedo estar bien para ocuparme de mi hermana... ¿Qué vida voy a darle? ¿Qué ejemplo puedo darle?

—¡Oh, por favor! —rió Edward y sentí sus brazos rodeándome desde mis espaldas —Lo que haya sucedido en tu otra vida, no influirá en lo que harás de ahora en más.

—Tú no lo entiendes —expliqué girándome en sus brazos para mirarle de frente —Ésa no era mi otra vida. Es la única vida que yo he conocido. La única que he vivido y la única que sé vivir.

—Pues yo voy a ayudarte a conocer una nueva vida —prometió sonriendo con la sonrisa más dulce que le había visto jamás.

—¿No te preocupa que pueda llevarla a la vida que yo he llevado?

—Bella, las drogas y los excesos no es algo que se lleve en los genes...

—Es que es lo único que yo sé hacer...

—Bella, tú has aprendido que hay otra forma de vivir. Lo estás haciendo fantásticamente bien y lo vas a hacer mejor. Yo no voy a dejarte caer —prometió rodeándome con sus brazos y estrechándome contra él .

—¿Me ayudarás?

—Desde luego que sí. Ya te lo he asegurado más de una vez.

—Tengo miedo de no poder hacerlo —reconocí con tristeza.

—Lo haremos, Bella. Tú y yo juntos lo haremos. Y te prometo que la vida que le darás a Leah será maravillosa.

—Espero que no te equivoques —supliqué.

—No lo haré. Y ahora ven aquí —susurró Edward tirando de mi mano hasta la habitación —Vamos a la cama.

Abrió las mantas de la cama y me empujó sobre ella para que me sentara antes de obligarme a recostarme.

—Tienes que descansar —ordenó en un susurro.

—¿Vas a irte? —le pregunté temerosa.

—No voy a dejarte sola —dijo mientras se quitaba los zapatos y se acostaba junto a mí.

Me puso de espaldas a él y me recostó contra su pecho, antes de cubrirnos con las mantas.

—Ahora quiero que descanses —susurró en mi oído mientras su mano, delicadamente acariciaba mi cintura.


Hoy ha sido un día de locos. Disculpas por subir tan tarde.

Gracias a todos por los alertas, favoritos y reviews.

Besitos y gracias por leerme.

Adelanto:

—Me voy, Edward.

—¿Qué quieres decir, Victoria? ¿Dónde te vas? —pregunté extrañado

—He aceptado el trabajo en San Francisco —explicó levantando la vista hacia mí.