Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
TOCANDO FONDO
CAPÍTULO 28
Edward
Pasé la noche con Bella durmiendo entre mis brazos.
Y se sintió bien. Demasiado bien. Mucho mejor de lo que me merecía.
Solo unas horas antes, yo había estado en la cama de mi novia, ambos desnudos, excitados y más que dispuestos a hacer el amor.
Y solo un par de horas después me encontraba en otra cama y con otra mujer. Es cierto que las circunstancias eran completamente diferentes y no había nada de sexual allí, pero en ese momento yo no sentía el menor deseo de salir de ese lugar.
Y que se helara el infierno si yo me creía esa tontería de que no había nada de sexual en esa situación.
Bella estaba vestida con una camiseta muy suelta y unos pantalones de deporte nada sexys o sugerentes, pero su trasero respingón se pegaba a mis ingles y mi pene luchaba por no saltar en una erección que sería imposible de ocultar.
Su espalda se pegaba a mi pecho y su mano se entrelazaba con la mía cuyo brazo rodeaba su cintura.
Me resultó casi imposible dormitar siquiera durante la noche, por lo que cuando los rayos de sol se colaron entre las cortinas, decidí irme a mi casa para poder dormir algo antes de tener que presentarme en la estación al mediodía.
Me moví intentando no despertar a Bella y entré en el baño para refrescarme un poco.
Bella estaba sentada en la cama cuando volví a la habitación.
—Lo siento, no quería despertarte —expliqué en susurros acercándome a ella.
—No te preocupes, no fue tu culpa. ¿Tienes que irte? —preguntó con la voz llena de ansiedad.
—Sí —respondí sentándome en el borde de la cama a su lado —Tengo que ir a casa.
—¿Puedo ofrecerte un café al menos?
—No hace falta, cariño. Duerme un poco más. Aún es temprano.
—Gracias por quedarte conmigo, Edward —susurró clavando la mirada en las manos que retorcía en su regazo —Gracias también por venir.
—Sabes que puedes contar conmigo —le aseguré una vez más mientras enredaba un dedo en uno de sus mechones castaños.
—Lo sé —reconoció —Aunque es la primera vez en mi vida que puedo contar con alguien para las cosas importantes de mi vida, y eso es algo difícil de aprender y entender.
—Pues tendrás que aprender rápido, porque no voy a ir a ningún lado —sonreí.
—Gracias, Edward —musitó rodeándome con sus brazos y estrechándose contra mí.
—No tienes nada que agradecerme, Bella —aseguré hundiendo mi nariz en su cabello fragante —No voy a dejarte caer.
Su cuerpo cálido apretado contra el mío, su olor a fresias que se colaba por mi nariz, y su suave respiración tibia en mi cuello, me confundieron.
Dejé suaves besos en su cabeza hasta alcanzar su rostro.
Sus ojos oscuros se clavaron en los míos llenos de dudas y confusión.
Bajé mis labios por sus mejillas hasta posarlos en sus labios sin quitar la mirada de la suya.
Bella me observaba y yo a ella, mientras nuestros labios se debatían con suavidad y calidez.
Su lengua se coló en mi boca y su dulce sabor me embriagó.
Bella gimió y se arqueó hacia mí, pero fue al cerrar sus ojos y ocultarme su mirada que me llegó la lucidez.
Abandoné su boca y me alejé de ella sosteniendo su rostro entre mis manos.
Apoyé mi frente en la suya buscando calmar mi respiración.
—Tengo que irme, Bella —susurré.
—Lo sé —musitó aún sin mirarme.
—Te ruego me disculpes— pedí por fin aunque mis disculpas no eran sinceras. No me arrepentía en absoluto de haberla besado aunque sabía que no debía haberlo hecho.
Yo no era un hombre libre, y no podía ofrecerle a Bella lo que ella se merecía.
Bella se merecía un hombre que fuera suyo y que le ofreciera una relación fiel y honesta, algo que yo no podía hacer.
Yo tenía pareja. Una pareja que me gustaba mucho y por la que tenía profundos sentimientos y respeto, aunque ahora mismo nuestra relación se estuviese tambaleando.
Y Bella se merecía mucho más.
—No tengo nada que disculpar...
—Sí. No debí besarte.
—Yo quería que lo hicieras.
—Yo tengo novia, Bella —dije sintiéndome culpable —Tengo novia y no es justo para ti. Tú te mereces algo más. Un hombre que sea solo tuyo.
Bella palideció al escuchar mis palabras y su rostro se volvió confuso e inseguro.
—Lo siento, Edward. —dijo mostrándose más culpable de lo que debía —Lo siento. No debí besarte. Sé que tienes novia y respeto eso.
—Tú no hiciste nada —discutí —Yo fui quien te besó.
—Yo no te detuve. De hecho hubiera querido que continuaras.
—Y yo hubiera deseado continuar —confesé ganándome una mirada interrogante que preguntaba claramente por qué diablos me había detenido, entonces.
Pero yo no tenía respuesta para esa pregunta, así que simplemente solté un suspiro y besé su frente,
—Será mejor que me vaya.
—Sí —aceptó saliendo de la cama para acompañarme a la puerta.
—Cuídate, Bella, y no dudes en llamarme si me necesitas
—De acuerdo
—¿Prometes que lo harás?
—Lo prometo —aseguró sonriendo.
Intentando no pensar en nada de lo sucedido desde que la noche anterior había abandonado a Victoria, me tumbé en mi cama y me dormí.
Me levanté solo para ir a la estación y ya era tarde cuando salí de allí para dirigirme al departamento de Victoria.
—¿Qué quieres? —espetó mi novia cuando abrió la puerta y me encontró delante con una botella de vino blanco en las manos.
—¿Oferta de paz? —sonreí enseñándole la botella.
Victoria se volteó sin contestarme y se adentró en el departamento. Que no me cerrara la puerta en las narices me pareció una buena señal
Se dirigió a su habitación sin invitarme a seguirla. Entré en la cocina, descorché la botella y serví dos copas de vino antes de ir tras ella.
—¿Qué haces? —pregunté sorprendido en cuanto la vi.
Sobre la cama de Victoria había abiertas dos maletas que ella se ocupaba de llenar.
—¿Qué significan estas maletas?
—Me voy, Edward.
—¿Qué quieres decir, Victoria? ¿Dónde te vas? —pregunté extrañado
—He aceptado el trabajo en San Francisco —explicó levantando la vista hacia mí.
—¿Cómo? ¿Cuándo lo has hecho? ¿Hoy? —inquirí extrañado.
—Sí —contestó displicente —Hoy mismo.
—¿Pero cómo pudiste hacerlo? ¿Hasta ayer mismo no estabas segura de querer aceptarlo?
—Diría que el día de ayer acabó de una forma que me hizo muy sencillo decidirme —explicó apática
—¿Cómo puedes decir eso, Victoria? ¿Por una simple discusión? ¿Así es como tú resuelves las discusiones de pareja? —le reproché sintiéndome indignado y molesto.
—No fue una simple discusión y lo sabes, Edward. No intentes hacerme quedar como una necia, histérica e intransigente.
—¿Acaso no te estás comportando como una? —rugí
—Si tú crees que es histeria molestarme porque mi novio elija a otra mujer por encima de mí, entonces sí, soy una histérica —gruñó elevando el que había comenzado siendo un suave tono de voz.
—No estaba eligiendo a otra mujer y lo sabes.
—¿Dónde pasaste la noche, Edward? —preguntó clavando su mirada azul en mi rostro sonrojado y culpable.
—¿Qué tiene eso que ver? —dije intentando evitar contestarle.
Victoria cruzó sus brazos sobre su pecho sin dejar de observarme.
—Tus planes eran pasar la noche conmigo, tu novia, pero no lo hiciste. Quiero saber dónde pasaste la noche en realidad.
—Es una estúpida pregunta retórica —gruñí —Porque sabes exactamente que pasé la noche en el departamento de Bella. Pero ella me necesitaba. Estaba muy angustiada y confundida. No podía dejarla sola y arriesgar que volviera a caer. Tenía un paquete de cocaína sobre la mesita del café. Su ex novio le confesó cosas horribles sobre toda su familia y sobre ella misma. No podía dejarla recaer.
—Y preferiste dejarme a mí.
—Venga ya, tú no estabas pasando un mal momento, Victoria.
—¡Desde luego que pasé un mal momento! —gritó molesta —Cuando preferiste marcharte y dejarme sola arruinando una noche por la que habíamos esperado durante semanas, pasé un mal momento. Uno muy malo y tú no estabas aquí.
—¿Qué coño querías que hiciera, Victoria? —gemí pasando repetidamente las manos por mi rostro y mis cabellos.
—Ya no importa, Edward —dijo con un tono resignado —Ya no importa lo que yo quisiera o necesitara. Lo dije ayer y lo repetiré hoy, tú hiciste tu elección y yo he hecho la mía. Y mi elección es no aceptar un hombre que pone a otras mujeres por delante de mí.
—No he puesto a nadie por delante de ti —aseguré sintiendo que la situación se me estaba yendo de las manos —Por Dios, Victoria, ¿cómo puedes pensar eso?
Victoria se mantuvo en silencio y me observó durante tanto tiempo que comenzó a impacientarme.
—Te haré una sola pregunta, Edward, y solo voy a pedirte que seas completamente honesto conmigo —dijo por fin.
—¿Qué? —inquirí con tono cansino mientras me dejaba caer en la butaca que había en una de las esquinas de la habitación. —¿Qué quieres saber?
—¿Realmente no sientes nada por esa chica? ¿No te sientes atraído siquiera por ella? ¿No te has imaginado a su lado, besándola, acariciándola, haciéndole el amor? ¿Nunca has siquiera pensado en ello? —preguntó haciéndome palidecer.
Antes de contestar supe que Victoria conocía la respuesta.
No pude engañarla porque ella ya lo sabía. Ella sabía la confusión que me atormentaba y no tenía sentido mentirle.
—Te quiero, Victoria —aseguré sin responder realmente a su pregunta —Te quiero a ti. Estoy enamorado de ti, no de Bella.
—¿No te atrae siquiera? —preguntó dedicándome una mirada llena de dudas.
Bufé escondiendo mi rostro entre las manos con los codos apoyados sobre mis rodillas.
—Lo siento, Victoria. No sé qué me pasa con Bella. Me confunde. En cierto punto me atrae, me gusta, pero...
—Lo sabía.
—No —discutí —No es lo que estás pensando. No hay nada entre ella y yo.
—Excepto que te atrae, te gusta...
—Pero es contigo con quien quiero estar —debatí sintiendo que la perdía.
—¿Estás seguro, Edward?
—Desde luego que sí —aseguré.
—¿Estás seguro de que no quieres tener nada con Bella? ¿De que puedes dejarla ir sin tener nada con ella? ¿Dejarás de verla?
—Me siento protector con Bella, pero es por la vida que le tocó vivir. Tú lo sabes, Vic.
Victoria se sentó en el suelo frente a mí y apoyó su rostro en mis rodillas para mirarme con atención.
—No lo sé, Edward —discutió en voz baja —No lo sé y no puedo continuar viviendo en esta incertidumbre.
—No digas eso...
—No puedo ni quiero seguir viviendo con el temor de no saber si algún día acabarás acostándote con ella.
—No voy a hacerlo —aseguré.
—De acuerdo, Edward. Haz lo que debas hacer, pero tú y yo lo hemos dejado.
—No, ¿por qué? —batallé.
—Porque yo voy a irme a San Francisco durante tres meses, y en esos tres meses tú serás un hombre libre y podrás decidir lo que quieres hacer. Nos tomaremos este tiempo para decidir cómo queremos seguir si es que queremos hacerlo.
—¿Me estás dejando? —indagué sintiéndome iracundo.
—No —dijo poniéndose en pie —Te estoy dando la libertad y la oportunidad para que aclares tus sentimientos. Tus sentimientos por mí y por ella. Dentro de tres meses podremos volver a hablar.
—No hablas en serio —discutí, pero supe que me equivocaba cuando se levantó y salió de la habitación.
La seguí hasta la puerta sin que me diera otra opción.
—¿Estás segura de esto, Victoria? —dije de pie bajo el resquicio de la puerta.
No hicieron falta las palabras.
Me marché sin rumbo, sintiéndome completamente descolocado.
Gracias a todos por los alertas, favoritos y reviews.
Besitos y gracias por leerme.
