Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
TOCANDO FONDO
CAPÍTULO 29
Bella
A pesar de lo que Edward dijera, durante las siguientes semanas, no le vi.
No creía que me estuviera evitando, pero no me atrevía a descartarlo, después de lo que había sucedido aquella mañana en mi departamento.
Le había besado y me había olvidado por completo de su novia. Sabía que no había actuado bien, pero aunque en mi defensa podía decir que él también me había besado, incluso era quien había comenzado el beso, no me sentía tan inocente como para eximirme de culpa.
Pero en esas semanas, que Edward no se comunicara conmigo, me entristecía aunque yo misma no había buscado ponerme en contacto con él, porque la culpa y las dudas me carcomían.
Por un lado no me gustaría que Edward rompiera su relación con su novia, debido a mí, porque estaba segura de que él la amaba y yo creía que él se merecía ser feliz con ella. Pero sería una hipócrita mentirosa si no reconociera que parte de mí soñaba con su separación, lo que podría darme a mí una oportunidad con Edward.
No estaba segura de merecerme una oportunidad, pero la deseaba con ansias.
Pero también tenía muy claro que, si algún día Edward rompía con su novia, y yo quería una oportunidad con él, debía convertirme en una mujer digna de él.
Y en eso estaba volcando todas mis fuerzas.
Por ese motivo, había logrado enredar a Tanya para establecer un negocio.
La idea de ser llamada "empresaria" entusiasmó a mi amiga y después de solo haber soltado la idea en una conversación de viernes a la noche, frente al televisor, pizzas y cervezas sin alcohol, Tanya se había dedicado a hacer cientos de averiguaciones para poner en marcha nuestro negocio.
—Sería una locura abrir un local —le expliqué a mi amiga discutí ojeando los papeles que me había entregado con ofertas de locales en alquiler —Apenas estamos comenzando a hacer pasteles y cupcakes, no tiene sentido intentar abarcar tanto.
—Creí que habías dicho que querías comenzar a comercializar dulces.
—Sí, pero si abriéramos un local necesitaríamos contratar personal ya que tú y yo solas no podríamos generar una producción suficiente.
—¿Y cuál es tu idea, entonces?
Mi idea.
Mi idea, gracias a unos oportunos comentarios de mi profesora de repostería, era dedicarme a vender cupcakes y galletas, ya que cocinaba mucho más de lo que podía consumir y, para una chica como yo, sin familia ni amigos, a menudo no sabía a quién regalar mis productos.
—Ya sabes, no puedo continuar comiendo cupcakes y galletas cada día y, aunque los Cullen están encantados con mis regalos, no creo que les dé tiempo a comérselos al ritmo que yo los cocino —expliqué —Por eso creo que deberíamos intentar venderlos, pero de momento podríamos vender on line, es decir, nos hacemos una página web y cocinamos contra pedidos.
—¿Pero cómo crees que alguien llegará a conocernos?
—Puedo permitirme pagar por publicidad en todas las principales páginas y blogs. —reconocí —Contrataremos un publicista que nos confeccione unas buenas fotos y una buena campaña publicitaria, luego que estemos dentro, la calidad es lo que nos abrirá las puertas. Y creo que solo podremos ofrecer buena calidad si no intentamos abarcar más de lo que podemos.
—¿Y qué si recibimos cientos de pedidos?
—No soy tan ilusa. No recibiremos tantos pedidos en principio, creo que para cuando finalmente suceda, ya seremos bastante más experimentadas y podremos llegar a contratar ayuda.
—Supongo que tienes razón —reconoció Tanya —pero ¿estás segura de querer ponerte a trabajar?
Dejé salir un bufido agotador.
—Si de algo estoy segura, Tan, es que no puedo seguir pasando todos los días en casa mirando televisión o leyendo. Volver a drogarme será cuestión de tiempo si continúo así. Lo único que hago para distraerme es cocinar, y ya no sé qué hacer con tantas galletas.
—Tienes que buscarte un novio —me aconsejó Tanya con diversión.
—Si lo hiciera, seguramente sería alguien que también trabajase así que estaría en la misma situación.
—De acuerdo —aceptó Tanya por fin —Cuenta conmigo, ahora pensemos un nombre y busquemos la mejor agencia de publicidad. —aconsejó y nos pusimos manos a la obra.
Finalmente Tanya y yo nos enfrascamos en nuestro proyecto y al cabo de una semana ya teníamos un plan de acción y yo, sentía que por primera vez en mi vida estaba actuando como una adulta útil y responsable y no como una cría mantenida, malcriada, egocéntrica e irresponsable..
Fue así como me presenté en el juzgado, para mi vista ante el juez.
Me sorprendió encontrarme con Edward en la puerta del juzgado ya que no había hablado con él en las últimas tres semanas y no tenía noticias de que pensara acompañarme.
—Hola, Bella —me saludó cuando me encontré con él en la entrada, acompañada por mi abogado.
—¿Qué haces aquí? —pregunté extrañada.
—No pensarías que te dejaría venir sola —sonrió al responderme aunque su sonrisa era triste.
—Oh, no sé —confesé —Llevo semanas sin saber de ti.
—Sí, lo sé —reconoció y me sorprendió ver su rostro ruborizarse —Lo siento, Bella. He tenido unas semanas algo difíciles y... no quería confundir las cosas...
—Lo siento, Edward. Yo no quisiera que las cosas se volvieran extrañas entre nosotros... —dije, pero Edward me calló poniendo su dedo sobre mis labios.
—Shh, ya hablaremos luego. Ahora vamos a ocuparnos de lo más importante, y lo más importante es ver cómo va la custodia de Leah.
—Lo sé. Vamos a ello —sonreí y nos dirigimos al interior del juzgado.
La resolución del juez, una vez más, era la esperada.
Estaba conforme con mi accionar de los últimos meses y con los resultados de mis analíticas.
Durante los siguientes tres meses, el régimen sería el mismo, con la diferencia de que tenía permitido pasar una noche a la semana con Leah en mi departamento y dos días completos para ella y yo.
Juntas.
Juntas y a solas.
No pude evitar estremecerme y sollozar al escuchar la resolución.
Finalmente, mi hermana y yo, podríamos comenzar a vislumbrar lo que sería una vida juntas. En familia.
Como la familia que éramos y que nunca habríamos debido dejar de ser.
Edward me rodeó con sus brazos en la escaleras del juzgado.
—Bien, Bella —nos interrumpió J.J. —Deberíamos irnos.
—Sí, claro —dije separándome de Edward.
—Te llevo a casa —nos detuvo Edward en lo que sonó como un impulso repentino.
Me volví hacia él.
—Digo, si quieres, te puedo llevar a casa...
—¿De verdad?
—Sí, desde luego. —aseguró —Podemos ir a cenar algo antes... si te apetece...
—Sí, claro, desde luego. Si no tienes inconveniente...
—No, al contrario, me encantaría —insistió y sin dudarlo me despedí de mi abogado.
Edward me llevó a una pizzería italiana pequeña y acogedora.
Pedimos una pizza margarita y la devoramos mientras le explicaba con detalle mi pequeño proyecto empresarial.
El entusiasmo que Edward demostró y el apoyo incondicional que me ofreció fue mucho más de lo que esperaba y exactamente lo que anhelaba.
—Creo que puede ser un poco difícil al principio, pero si me baso en cuánto me han gustado a mí tus cupcakes, estoy seguro de que será un éxito. ¿Ya tienes nombre?
—Sí —reconocí vergonzosa —Sweets California. —dije intentando ver su reacción.
—Sweets California. Suena bien.
—¿De verdad lo piensas?
—Claro que sí. Es claro, directo, pero suena bien. Me gusta.
—Tenemos un logo también —expliqué animada sacando mi teléfono móvil para enseñarle el logo que nos habían diseñado en la agencia de publicidad.
Sobre un ovalo color rosa chicle letras blancas con el nombre. Era simple, clásico, pero se veía delicado y algo femenino.
Fue la primera opción que nos dieron y nos encantó desde el momento en que lo vimos.
—¿Y seréis socias Tanya y tú?
—Algo así. Yo pongo el capital, por lo que Tanya no quiere considerarse una socia, pero quiero que trabaje conmigo y está dispuesta a hacerlo. Así que trabajaremos juntas, codo a codo y ya que de momento reinvertiríamos los beneficios, más adelante supongo que decidiremos las participaciones correspondientes. Hemos hablado ya con una asesoría legal y financiera, pero creemos que todo saldrá bien.
—Me gusta verte así —reconoció Edward con una sonrisa sincera —Verte entusiasmada, con tantos planes... Es genial, Bella y será grandioso para ti y para Leah.
—Sí, yo también lo creo.
Cuando Edward detuvo el coche frente a mi edificio, aún no habíamos hablado de "el incidente", como yo le llamaba.
"El incidente" se refería al beso que nos habíamos dado tres semanas antes en mi departamento.
Estaba segura de que Edward se arrepentía de eso tanto como lo estaba de que yo no me arrepentiría nunca del mejor beso que me habían dado en mi vida.
Pero no sabía cómo disculparme por haberle puesto en una situación incómoda, respecto a mí, a nosotros y a su novia.
Porque no me parecía honesto disculparme cuando en realidad yo estaba feliz de que hubiese sucedido aunque tristemente no significara nada.
Inspiré profundamente antes de poder decidir cómo decir lo que quería decir.
—Edward... yo...
—¿Qué? —preguntó volviéndose hacia mí con la cabeza recostada en el asiento.
—Yo... siento mucho lo que sucedió el otro día en mi departamento... —dije sin mirarle
—No quiero que te disculpes por ello, Bella.
—Quiero hacerlo —reconocí —Yo... tú... —dudé —Tú me gustas, aunque creo que es evidente. Pero más que eso, te aprecio mucho y te necesito y no quisiera perderte. No quisiera perder la relación que tengo contigo...
—Tampoco yo quiero perderla, Bella.
—Y te agradezco eso —aseguré —Por eso necesito disculparme por lo que sucedió. Yo no quisiera que tú... ya sabes... tú tienes novia, y yo, no quisiera que lo que sucedió pueda causar problemas con tu novia... y que tú te alejes de mí...
—Ya no —dijo Edward y me volteé a verle extrañada.
—¿Cómo dices?
—Ya no —repitió.
—Ya no ¿qué?
—Victoria y yo hemos roto —explicó con simplicidad.
—¿Habéis roto? —inquirí realmente sorprendida.
—Sí.
—¿Cuándo?
—Hace tres semanas —confesó con una tranquilidad pasmosa que me costó mucho interpretar.
—Oh, Dios —gemí al comprender lo que explicaba —Dios, Edward, lo siento... ¿ha sido por... ya sabes... por lo que sucedió entre nosotros?
Edward me observó durante lo que me pareció una eternidad antes de hablar.
—No. —negó con determinación —No y sí —matizó de inmediato confundiéndome —No rompimos porque te hubiese besado sino porque no logro encontrar la fuerza necesaria para mantenerme alejado de ti —dijo por fin estirando su mano hacia mi rostro para acariciar mi mejilla.
—¿Por qué? —murmuré nerviosa y extasiada.
—No lo sé —explicó con un suspiro —No sé qué es lo que no me permite mantenerme alejado de ti, pero no puedo hacerlo y creo que no quiero siquiera intentarlo...
—No lo hagas —supliqué y me estiré hacia él acercando mis labios a los suyos.
La boca de Edward se lanzó sobre la mía.
Entrelacé mis brazos tras su cuello enredando mis dedos en sus cabellos cobrizos.
Sus manos recorrían mis costados subiendo y bajando por los lados de mi cuerpo sin que nuestras bocas se separaran.
Nuestras lenguas luchaban entre ellas y la temperatura dentro del coche aumentaba junto con la de mi cuerpo.
Las manos de Edward se colaron bajo mi camiseta hasta alcanzar mis pechos, mientras yo acariciaba el bulto que crecía dentro de su pantalón.
Mis pezones se endurecían entre sus dedos mientras su miembro se engrandecía bajo mi mano.
Nuestros gemidos y jadeos resonaban tras los cristales empañados del coche plateado.
Tomé una de sus manos y la dirigí al sur de mi cuerpo colándola bajo mis bragas antes de hacer lo propio para acariciar su erección bajo sus calzoncillos.
—Oh, Edward... —gemí sintiéndome completamente excitada.
Pero algo en mi excitación lo detuvo.
En solo un instante alejó sus manos de mí y detuvo sus besos.
—Espera, Bella, espera... —pidió incomodándome —Espera un momento, detente...
Al momento me sentí como una puta. Como la puta que toda la vida había sido y me di cuenta que esa vida volvía a pasarme factura.
Había vivido una vida entera como una puta y no podía sorprenderme que el primer hombre decente que conocía, no quisiera nada conmigo. ¿Qué más podía esperar?
—Oh, Dios mío —gemí alejándome de él —Oh, Dios, lo siento, Edward... lo siento —me disculpé mientras luchaba sin éxito por abrir la puerta del coche.
—Hey, hey, Bella, espera —dijo tirando de mí para rodearme con sus brazos —Espera un momento, cariño.
—Lo siento, Edward —gimoteé escondiendo mi rostro en su pecho.
—¿Por qué? ¿Por qué lo sientes?
—Oh, ya sabes, yo... no quería... tú... —balbuceé nerviosa.
—Hey, yo sí, Bella... yo sí quería, y aún quiero...
—¿Tú...?
—Sí, yo —aseguró —Yo quiero. Quiero hacerte el amor. Quiero hacer el amor contigo, sin ninguna duda. Pero no quiero hacerlo así —dijo tomando mi rostro entre sus manos —No voy a tener mi primera vez contigo dentro de un coche.
—Pero tú... —pregunté sintiéndome nerviosa y tímida de una forma que nunca me había sentido. —¿Tú quieres... ya sabes... quieres una primera vez conmigo?
—Y una segunda y una tercera —afirmó con una sonrisa —Pero no será aquí, dentro de un coche. Te mereces más, Bella. Te mereces mucho más.
—¿De veras lo crees?
—Desde luego que lo creo y ha llegado el momento de que tú también lo creas. —dijo antes de besarme con devoción.
Antes que nada, disculparme por no haber podido actualizar este fic la semana pasada pero entre el trabajo nuevo, el fin de curso escolar y su fiesta y algunos inconvenientes leves, me fue imposible hacerlo.
Pero aquí he vuelto y con un capi que espero que les gustara.
Gracias a todos por los alertas, favoritos y reviews.
Besitos y gracias por leerme.
A-Cipriano Cullen: no sé si sigues este fic pero no podía contestarte al rr que me dejaste en PP. Solo quería comentarte que no odio a Jasper, todo lo contrario y aunque sí es cierto que en la historia del duque es muy mala gente, en otras como Rancho Masen por ejemplo es un buen chico, solo por nombrarte una historia. Además en El Duque hay muchos malos muy malos, como Esme y Carlisle.
