Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

TOCANDO FONDO

CAPÍTULO 30

Edward

Frente al espejo anudaba mi corbata sintiéndome un adolescente antes de recoger a la chica para el baile de graduación.

Salvo porque yo nunca había acudido a mi baile de graduación y esa noche mi cita no era para asistir a una reunión de adolescentes sino para llevar a cenar a una joven, que, por otra parte, había vivido la vida de una complicada adolescente hasta hacía unos pocos meses atrás.

Sabía exactamente lo que Bella esperaba de ese encuentro. Me lo había dejado más que claro la noche anterior.

Sabía también exactamente lo que yo esperaba de esa noche, porque era algo que, en mayor o menor medida, había venido deseando, temiendo e imaginando infinidad de veces en los últimos meses.

Pero más allá de mis deseos y los suyos estaban mis enormes miedos de no hacerlo bien y acabar haciéndole a Bella más daño que bien. Algo más de lo que ella estaba preparada para soportar.

No sabía en qué medida podía afectarla que nuestra relación se volviera más íntima, pero no podía imaginarme dejándolo pasar.

No estaba enamorado de Bella, en absoluto, pero la atracción que sentía por ella era demasiado fuerte como para continuar resistiéndome. Por eso era que no iba a hacerlo, no iba a resistirme, pero no por eso dejaba de preocuparme que fuese Bella quien se acabara enamorando de mí.

Bella no era una niña, sino una mujer de veintidós años, pero la vida que había llevado no le había ayudado a madurar y por esa razón, no estaba seguro de qué tanto sabría enfrentarse a una relación romántica o al menos íntima entre nosotros.

De cualquier forma, yo era lo suficientemente egoísta como para negarme a perder la oportunidad de estar con ella.

Cuando finalmente llamé a la puerta de Bella, estaba completamente convencido de que ése era el lugar en el que debía estar y que todo lo que surgiera de allí en más, estaría bien.

Bella abrió la puerta viéndose con una timidez encantadora que se contradecía con la imagen de mujer sensual que su atuendo le confería.

Llevaba el cabello recogido en un moño desenfadado y el rostro suavemente maquillado. Su cuerpo, envuelto en un vestido rojo hasta la rodilla revelaba sus curvas femeninas y seductoras.

Sin dudas el tiempo pasado en la clínica y su largo período de abstinencia de drogas y excesos, había actuado en su favor y la había convertido en una mujer deliciosa, en contraposición a la joven delgada, demacrada y macilenta que yo había conocido hacía ya varios meses en aquella habitación de hotel.

—Hola —me saludó con voz errática haciéndome bajar a tierra.

—Hola —murmuré adentrándome en el departamento —Estás preciosa —susurré a la vez que rodeaba su cintura con mis brazos y bajaba mi boca sobre la suya para devorarla.

—Gracias —musitó contra mis labios fundiéndose contra mí.

El beso que comenzó suave y delicado se volvió hambriento cuando mis manos recorrieron sus costados con ansiedad.

Bella arqueó su cuerpo pegándose al mío y pude notar con certeza su temblor al notar mi erección golpeando contra su vientre.

Haciendo un esfuerzo hercúleo me obligué a alejarme, consciente de que de no hacerlo perdería la reserva que había hecho en un restaurante de la ciudad.

El cuerpo de Bella siguió al mío cuando intenté separarme de ella haciéndome carcajear.

—Tengo una reserva en The Lodge —le informé —y no quisiera perderla.

—Que le jodan a The Lodge —musitó sin abrir los ojos acercándose a mí.

—Quiero el paquete completo contigo, Bella —aseguré —Y eso incluye una buena cena en un buen restaurante.

—¿Y después?

—Después lo que nos depare la noche —respondí sugerente alzando una ceja —Y la noche promete...

—De acuerdo —aceptó girándose para coger su bolso.

El restaurante The Lodge no llevaba mucho tiempo abierto pero desde su inauguración estaba siempre completo. Conseguir una reserva me había costado un poco pero lo había hecho y el lugar no me estaba defraudando.

El restaurante era cálido y acogedor y su carta era bastante más elegante de lo que yo estaba acostumbrado, pero para una chica como Bella que, de haberlo querido, siempre habría podido acceder a los sitios que quisiera, buscaba ofrecerle algo que la impresionara.

No sabía entonces que Bella no necesitaba grandes cosas para impresionarse. Había vivido colmada de desenfrenos y desmanes, así que el sólo hecho de ofrecerle una salida relajada y tranquila era más que suficiente.

Después de una exquisita aunque algo escasa cena repleta de bocados de mariscos, con nombres tan largos que se tardaba más en decirlos que en comerlos, Bella hundió su tenedor en un fragante couland de chocolate blanco.

Verla lamer el tenedor hacía cosas a mi cuerpo que no me atrevía a explicar con palabras, pero basta decir que me vi obligado a removerme en mi asiento intentando calmar la erección que sentía empezando a emerger entre mis piernas.

Cuando finalmente y, tras haberme comportado como un perfecto caballero durante un par de horas, la cena acabó, nos dispusimos a marchar.

—¿Te ha gustado la cena? —pregunté al poner el coche en marcha junto a una Bella extrañamente silenciosa.

—Sí, mucho —sonrió ruborizándose —Nunca había venido a este sitio.

—Tampoco yo —reconocí —No hace mucho que lo inauguraron. Me gustaba la idea de traerte a un sitio que no conocieras —confesé sonriente.

—Gracias —murmuró recostando la cabeza en su asiento.

Viajamos en silencio hasta el edificio de Bella.

Se volteó a verme cuando aparqué el coche.

—¿Quieres subir? —preguntó aun sabiendo cuál sería mi respuesta.

—Supongo que sí —respondí aunque ambos sabíamos que no había forma de que yo rechazara su invitación.

Bella sonrió y se dispuso a bajar del coche. La detuve poniendo mi mano sobre su brazo antes de bajar para abrirle la puerta del coche.

Por el gesto de su rostro, puedo decir con seguridad que no había visto mucha caballerosidad en su vida y, conociendo a Jacob Black —el hombre que había actuado de novio o algo similar para Bella— no me extrañaba.

Bella se veía nerviosa y algo descolocada cuando entramos al departamento.

—¿Quieres beber algo? —ofreció aún sin mirarme.

—No —Bella se sorprendió ante mi respuesta.

—¿No?

—No. —repetí cogiendo su mano para tirar de ella hacia el salón —Quiero que te relajes. Ven, vamos a sentarnos al salón y quiero que me cuentes todo sobre tus planes para tu nueva empresa.

—¿Quieres hablar sobre... la empresa? —inquirió mirándome sorprendida.

Sin lugar a dudas, Bella había tenido otros planes y parecía que había pensado que simplemente me tiraría sobre ella al entrar al departamento.

Y no es que una parte de mí no desease hacer exactamente eso, pero yo sabía que Bella se merecía más. Y estaba dispuesto a dárselo aunque mi cuerpo no se sintiera satisfecho con mi decisión.

—Quiero que nos relajemos. —expliqué —Quiero que te relajes y no me parece que estés muy relajada exactamente.

—Yo... pensé...

—No quiero que pienses en nada —susurré acercándome a ella —Lo que deba suceder, sucederá, Bella. Tú solo déjate llevar. —murmuré sin poder evitar acercarme a ella para besar sus labios.

No lo tenía previsto, pero el simple roce de nuestros labios mandó toda mi prudencia por el desagüe y antes de siquiera darme cuenta, Bella y yo nos devorábamos con desesperación.

En algún momento nuestras ropas comenzaron a volar, mientras empujaba a Bella lentamente por el pasillo hacia la habitación.

De mi primera idea de relajarme pasé a un estado de excitación imposible de sofocar.

Nuestras manos por sí solas nos desnudaron mientras nuestras bocas batallaban besándonos uno a otro con ansiedad, devoción y desespero.

Todo sucedía demasiado rápido. En un momento estábamos junto a la puerta de entrada nerviosos y dubitativos y al siguiente nuestros cuerpos cubiertos solo por la ropa interior, se enredaban sobre la cama de Bella.

Percatándome de que me correría en unos segundos si no me detenía, me obligué a parar.

Alejé mi boca del rostro de Bella y la empujé suavemente por los hombros cuando quiso volver a mí.

—¿Qué... sucede...? —murmuró extrañada.

—Solo... dame un momento... —resoplé buscando calmarme.

—Pero... ¿tú... no...?

—Yo, sí, Bella —le corté —Yo sí, pero necesito un momento... o si no esto acabará antes de empezar...

Bella pareció entender mi renuencia y esperó pacientemente unos segundos antes de que volviera a deslizar mis labios por su rostro.

Lentamente le quité las últimas prendas que cubrían su exquisito cuerpo.

Mis labios bajaron por su cuello para alcanzar sus pechos que se irguieron y endurecieron ante mi asedio.

Bella jadeaba y gemía retorciéndose contra mí mientras besaba y acariciaba su cuerpo con lascivia y devoción.

Bajé por su cuerpo con mi lengua lamiendo cada centímetro de piel clara hasta alcanzar el triángulo de vello suavemente recortado que coronaba la unión entre sus muslos.

—Eres deliciosa —aseguré susurrante a la vez que mis dedos separaban los pliegues de su sexo que recatados escondían la llave de su sexualidad.

Bella soltó un delicioso gritito cuando mis labios se cerraron sobre el nudo e nervios inflamado que palpitaba rogando mi atención.

Para cuando mis dedos la penetraron, su sexo ya húmedo los presionó con fuerza.

Ver su rostro desencajado y escuchar sus jadeos y gemidos era un espectáculo digno de admirar, por lo que no pude quitar la mirada de su cara mientras mis tres dedos bombeaban con rudeza contra su cuerpo.

—Sí, Edward, sí... por favor —gritó afanosa mientras se retorcía sobre las sábanas húmedas del sudor de nuestros cuerpos.

El orgasmo arrasó con ella obligándola a clavar sus pies sobre la cama para impulsarse hacia mí.

Cuando los últimos temblores la sacudieron se dejó caer sobre el colchón.

Sonreí satisfecho incorporándome para acostarme sobre ella sintiéndome satisfecho.

La besé con suavidad, pero Bella tenía otros planes.

Me empujó por el pecho para dejarme de espaldas sobre la cama.

—Ahora me toca a mí —sonrió sentándose a horcajadas sobre mi cuerpo, antes de bajar sus labios por mi pecho y mi vientre hasta alcanzar la cinturilla de mis calzoncillos.

Sonrió radiante dedicándome una mirada lasciva a la vez que bajaba mi ropa por mis piernas.

Sacudí las piernas para ayudarla y rápidamente sus manos apretaron mi miembro entre ellas.

Jadeé al verla relamer sus labios antes de bajar sobre mi pene para introducirlo en su boca con celeridad.

Su boca era tibia y suave como puro terciopelo y su forma de relamerme y succionarme me enloqueció.

Estaba al borde del colapso pero me negaba a correrme en su boca. No nuestra primera vez.

No la primera vez que le hacía el amor.

Sacando fuerzas de lo más profundo de mí, tiré de ella obligándola a soltarme.

—¿Edward...? —discutió

—No, Bella. Voy a hacerte el amor. La primera vez que me corra no será en tu boca.

—No, no te preocupes por mí —discutió —Quiero que lo hagas.

—Yo no quiero hacerlo, Bella. Quiero besar tus labios y mirar tus ojos de frente cuando alcancemos el orgasmo juntos —expliqué tumbándola sobre la cama a mi lado y acostándome sobre ella.

Sin dejar de observarla la penetré haciéndola jadear.

Ambos estábamos demasiado excitados y mi frenético vaivén nos llevó al clímax en solo unos instantes.

Entre gritos y jadeos nos retorcimos juntos mientras mi semilla se vertía en su interior.

Agitados, agotados y algo conmocionados nos tumbamos en la cama buscando calmarnos.

Bella se giró, la rodeé con mis brazos atrayéndola hacia mí y se adormeció sobre mi cuerpo.

Sentir su suave respiración sobre mi pecho, sus femeninas curvas apretándose contra mi costado y sus piernas enredadas en las mías, me gustaba y me maravillaba.

Lo que había sucedido entre nosotros me había sorprendido.

Nunca me había sentido de esa forma con una mujer, y yo había estado con muchas a lo largo de mis treinta y cuatro años.

No podía entender qué tenía entonces esa jovencita de veintidós que me había hecho estremecer.

Clavarme en su interior, mecerme contra ella, sentirla explotar a mi alrededor para, finalmente, volcarme en lo más profundo de su exquisito cuerpo, había sido como un nirvana, la tan mentada panacea. Y lo habíamos conseguido juntos.

Y ahora, después de haber visto estrellas de colores tras mis párpados, allí estábamos adormilados, intentando comprender lo que había sucedido entre nosotros

Algo nuevo había ahora entre nosotros.

Algo nuevo e inexplicable, pero yo sabía que no estaba dispuesto a dejarlo escapar.


Aquí vuelvo con una actualización de mi fic.

Antes que nada, debo agradecerles a todos por la paciencia que habéis tenido conmigo al esperar que pudiera superar el difícil momento que me tocó vivir.

Agradezco a todos vuestra preocupación por mí y los buenos deseos.

Esperando poder continuar con el fic sin más interrupciones, aquí dejo un nuevo capi.

Espero que lo disfrutéis.

Gracias a todos por los alertas, favoritos y reviews.

Besitos y gracias por leerme.