Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

TOCANDO FONDO

CAPÍTULO 32

Edward

Hacía bastante que en el departamento no vivíamos una noche como ésa.

Fue agotadora, estresante y por momentos aterradora, pero fue una noche muy fructífera.

Finalmente, después de seguirle la pista durante más tiempo del que quería recordar, Eleazar Camargo, cayó.

Eleazar Camargo era uno de los mayores narcotraficantes que aún asolaba Los Ángeles. Tenía bajo su mando una extensa red de camellos y repartidores menores, de los cuales se servía para colocar la droga en los distintos locales nocturnos de la ciudad.

Había comenzado su carrera delictiva en su más tierna juventud con pequeños hurtos y atracos, pero a medida que fue ganando confianza en su experiencia sus delitos crecieron también.

A medida que fue creciendo fue vinculándose al tráfico de marihuana hasta obtener un renombre entre las mafias. De allí en más se había vinculado al tráfico de cocaína hasta llegar a convertirse en el principal traficante de esta sustancia hacia el estado de California.

Su negocio iba desde la producción de las drogas hasta la venta minorista.

El departamento de policía de Los Ángeles llevaba años cercándolo mientras iba dando caza a pequeños distribuidores. De esa forma habíamos finalmente llegado hasta Eleazar, para satisfacción de todo el cuerpo.

Fue sobre las seis de la mañana que por fin pudimos acceder a una taza de café. Eleazar y sus compinches pasaban la noche en prisión y yo finalmente me sentía tranquilo al respecto.

Una red de asesinos acababa de ser desmantelada una vez más.

Me senté tras mi escritorio dispuesto a escribir el informe del caso, antes de poder irme a casa.

Había pasado la noche entera intentando no distraer mi mente del caso en el que estábamos, ya que hacerlo podía ser peligroso para mí y mis compañeros, pero más de una vez me había encontrado pensando en Bella y su exagerada, ridícula e incluso infantil reacción a mi ausencia de esa noche.

Sabía que tenía que intentar comprenderla. Bella estaba recién comenzando a batallar con una relación de pareja y todavía tenía mucho por aprender. Tenía que aprender a confiar en mí, tenía que saber que el hecho de que ella y yo tuviéramos una vida individual no quitaba que pudiéramos tener una maravillosa vida compartida, y que habría momentos en los que estaríamos separados o en los que no podríamos vernos debido a nuestros compromisos y obligaciones, pero ello no significaba que no fuésemos importantes el uno para el otro.

Yo tenía que demostrárselo y hacer que lo entendiera pero era consciente de que necesitaba ponerme al día con el trabajo para poder tomarme un buen descanso antes de ir a buscarla.

Y ella tendría que saber esperarme.

—Cullen —me llamó el jefe en cuánto me disponía a redactar mi informe.

—Jefe.

—¿Estás con el informe de Camargo?

—Sí. Ahora mismo me ponía a ello.

—Bien. Antes de eso date una ducha y ponte un uniforme limpio —dijo ganándose de mi parte una mirada extrañada y un ceño fruncido.

—¿Disculpe?

—Sí. Ponte presentable. En una hora la prensa estará aquí.

—¿La prensa? —inquirí sintiéndome más confundido aún.

—Sí. He convocado una rueda de prensa para informar sobre las actuaciones de esta noche y quiero que seas tú mismo quien la dé.

—¿Quiere que yo dé la rueda de prensa? —inquirí anonadado —Oh, jefe, no creo que sea lo más conveniente.

—Es tu caso, Cullen.

—Pero… —intenté interrumpirle.

—Sin peros, es tu caso y lo ha sido por los últimos cuatro años. Sabes más de él que ninguno de los que trabajamos en esta central. Quiero que te ocupes de la rueda de prensa y no hay nada más que hablar —ordenó sin darme derecho a réplica —Después de ello, escribes tu informe y puedes irte a casa y permitiré que te tomes lo que queda de la semana para ti y esa abogada novia tuya.

—La abogada y yo ya no estamos juntos —dije entre dientes intentando pensar en lo poco que me apetecía enfrentar a la prensa.

—Pues recupérala o búscate una chica nueva. Un tipo como tú se merece una chica y tu madre ya se merece recibir nietos. —aseguró dándome una palmada en la espalda y dejándome a solas frente a mi mesa.

La prensa se agolpaba frente al pequeño estrado que se había improvisado en el departamento.

Flashes, grabadoras y cámaras se cernían sobre mí cuando me paré frente a ellos.

—En una importante operación que ha tenido su punto final la pasada noche, el departamento de policía de Los Ángeles ha interrumpido y desmantelado un proyecto criminal de mucho dinero en distribución de narcóticos y tráfico de humanos, de una peligrosa red criminal dirigida por el capo Eleazar Camargo. —comencé mi disertación.

Para cuando la rueda de prensa acabó, la vida de Eleazar Camargo y especialmente su trayectoria delictiva había quedado más que clara para todo aquel que la quisiera escuchar, incluidos jueces, jurados y el fiscal del distrito.

Confiaba en que Camargo pasara suficiente tiempo a la sombra como para que incluso su familia le olvidase.

No fue sino hasta pasadas las diez de la mañana que finalmente pude meterme en mi cama.

Me dormí nada más apoyar la cabeza en la almohada pero no sin pensar que mi primera tarea al levantarme sería ir a buscar a Bella e intentar recomponer nuestra magullada relación.

No sé cuánto tiempo dormí pero podía haber dormido bastante más si el timbre no me hubiese despertado.

Mi primera reacción fue de desconcierto pero me levanté cuando entendí que era el timbre lo que llamaba.

—Un momento —grité calzándome mis tejanos y una camiseta mientras caminaba hasta la puerta.

Bella estaba de pie al otro lado, su cuerpo algo encogido, su mirada baja y sus manos retorciéndose frente a ella.

—¿Bella? —inquirí preocupado ante su actitud tímida y temerosa.

—Lo siento —gimió y una lágrima rodó por su mejilla. —Te vi en las noticias —continuó —Vi la rueda de prensa...

—¿Lo viste?

—Sí, lo vi. —levantó por fin su mirada y me miró. Las lágrimas desbordaron sus oscuros ojos marrones —Lo vi y me he sentido fatal desde entonces —balbuceó —Ayer me enojé mucho contigo sin ninguna razón. Y luego... —titubeó —luego cuando llamé a la central... ese chico... dijo que tú no estabas allí y me confundió con Victoria...

—¿Chico? ¿Qué chico? No sé de qué estás hablando, Bella. —inquirí confundido.

—El chico que respondió a tu teléfono en la central de policía.

—¿Llamaste ayer a la estación?

—Sí. Y el chico que contestó dijo que tú no estabas allí...

—Tuvimos una redada...

—Lo sé —aseguró —Lo vi en las noticias, pero yo debí haber confiado en ti...

—¿Creíste que te estaba engañando? ¿Pensabas que no era verdad que estaba trabajando?

—Sí... pero es que cuando él dijo que no estabas allí... y me llamó Victoria...

—Ya. Entiendo. Creías que te estaba mintiendo.

—Lo siento —sollozó y levantó sus manos para cubrir su rostro.

Y yo sabía que era sincera y que realmente lamentaba haberse comportado de esa forma tan irracional e incluso infantil.

Bella no sabía tener una pareja, no sabía confiar en la gente, porque cada persona en la que había confiado alguna vez en su vida, la había defraudado, la había engañado.

Pero en alguna pare de ella había decidido empezar a confiar en mí, había depositado su fe en mí y no había forma en que yo no fuera a ser digno merecedor de esa confianza.

Haría lo necesario y más, pero Bella acabaría confiando en mí.

Estiré mi brazo hasta engancharlo detrás de su cuello y tiré de ella hacia mí, para adentrarnos en el departamento y cerrar la puerta tras ella.

—Ven aquí, nena —susurré a la vez que la rodeaba con mis brazos y la estrechaba contra mi cuerpo.

—Lo siento, Edward —gimió con su rostro escondido en mi pecho —Lo siento… sé que fue una tontería, pero no pude evitar pensar que te habías cansado de mí —sollozó haciéndome sonreír.

—Tontita, ¿Cómo crees? ¿Cómo puedes pensar que me cansaría de ti? Tú me gustas, Bella, me gustas mucho y quiero estar contigo. No tengo la menor intención de dejarte ir todavía —expliqué sonriendo —Dudo que algún día lo haga.

—Algún día te darás cuenta que no soy la mujer para ti…

—Yo creo que algún día serás tú quien se dé cuenta que yo no soy el hombre para ti.

—Eso sí es una tontería. Yo no puedo siquiera aspirar a un hombre como tú.

—Tal vez alguien más joven —aventuré.

Se separó de mí y me observó con su rostro húmedo y sus ojos rojos por el llanto.

—No quiero alguien más joven. Te quiero a ti, aunque sé que no te merezco.

—Deja de decir eso. Yo quiero estar contigo y eso basta. Nunca haré nada para herirte, ahora solo tengo que convencerte de ello y enseñarte a confiar en mí.

—Es en mí en quien no confío —explicó —No confío en ser capaz de mantenerte interesado.

—¿Tan voluble me ves?

—No soy tan interesante. He sido un desastre durante toda mi vida. ¿Qué haría un hombre decente como tú con una puta drogadicta como yo? —se lamentó.

—No hables así de mi novia —gruñí entre dientes.

—Sabes que es la verdad…

La miré con atención entrecerrando los ojos. Chasqué la lengua antes de levantarla en mis brazos y dirigirme con ella a mi habitación.

—Creo que vamos a tener que trabajar en esa autoestima —comenté antes de dejarla sobre mi cama y tumbarme encima de ella.

—¿Qué haces? —preguntó riendo.

—Voy a demostrarte cuánto me gustas y cuán interesado me tienes. Y lo haré haciéndote el amor antes de secuestrarte por lo que queda de la semana.

—¿Lo que queda de la semana?

—Después del éxito del caso de ayer, mi jefe me ha dado la semana libre —le expliqué —Así que espero que no tuvieras muchos planes. —argumenté mientras lentamente procedía a desnudarla.

—Nada que no pueda cancelar para pasar la semana contigo —ronroneó levantando las caderas para permitirme quitarle el pantalón.

Los siguientes dos días los pasamos completamente desnudos. Después de haber pasado aquel demoledor día prácticamente sin dormir, yo estaba agotado y dormía la mayor parte del tiempo. Bella estaba conmigo y cuando nos despertábamos volvíamos a hacer el amor en todas las poses y lugares que se nos ocurrían.

Solo nos separábamos para comer, ya que incluso las duchas habían sido compartidas.

Bella era una joven incansable y sus energías contagiosas me llenaban a mí de vida.

El sexo con ella era divertido, sensual y completamente desinhibido. Bella me ponía a mil, hacía todo lo que se le antojaba y no tenía reparos ni pudor a la hora de darme y darse infinidad de orgasmos.

Yo nunca me había sentido tan libre ni tan relajado como me sentía con ella, pero no por ello dejaba de notar aquellos momentos en que Bella sentía que tal vez era demasiado.

Yo sabía que ella no dejaba de atormentarse pensando en que no era suficiente mujer para mí, pero lo era, yo sabía que lo era y de alguna forma tendría que hacérselo entender.

Los días pasaban y Bella y yo nos volvimos prácticamente inseparables. Pasaba con ella cada momento libre que podía obtener de la estación.

Me tumbaba en el sofá de su departamento mientras ella cocinaba, la acompañaba a entregar pedidos, cuando Leah estaba con Bella yo les acompañaba sin importar dónde fueran, en pocas palabras, nos habíamos convertido oficialmente en una pareja, aunque nos cuidábamos de decirlo en voz alta.

Bella, con un bañador negro que se adhería a su cuerpo, chapoteaba en la piscina del jardín de Esme junto a Leah y Alice, mientras yo preparaba salchichas y hamburguesas en la barbacoa, un domingo, un par de semanas después.

No podía alejar mi mirada de su piel cremosa y mojada, al verla saltar en bomba dentro de la piscina.

—Se quemarán las hamburguesas si no dejas de mirarla —comentó Esme que se había acercado a mí silenciosa.

—Lo siento —sonrojándome como un adolescente bajé mi mirada al fuego y a la pinza que sostenía en la mano.

Esme sonrió entre socarrona y divertida.

—Te gusta esa chica —dijo aunque no fue una pregunta.

—Mucho. —reconocí.

—¿Tuvo algo que ver en tu ruptura con Victoria?

Suspiré.

—Supongo que sí. No podía sacármela de la cabeza y no podía continuar con Victoria de esa forma.

—No, desde luego que no. Creo que fue muy honesto de tu parte no jugar con ninguna de las dos.

—No estoy jugando con Bella —le reclamé a mi madre sintiéndome ofendido.

—Espero que no lo hagas.

—Puedes estar tranquila. Estoy con Bella porque me gusta. Mucho. Más de lo que me ha gustado nadie nunca.

—Eso es bueno, Edward, pero no estoy segura de que alcance.

—¿Qué quieres decir? —indagué volteándome a ver a mi madre.

Su mirada clara y franca estaba fijada a su vez en la joven castaña que me volvía loco.

—No creo que Bella esté preparada para tener una relación de pareja.

—Una vez más —dije entre dientes sintiéndome repentinamente furioso —¿qué coño quieres decir?

Esme se volteó a verme con rostro enfadado.

—Cuida tu vocabulario., Edward.

—Explícate, entonces, ¿qué quieres decir con eso de que Bella no está preparada para tener una relación?

—Por Dios, Edward, ¿es que no lo ves?

—¿Qué es lo que no veo, según tú?

—Esa chica es como una niña.

—No es una niña. No tienes ni idea. Tiene más experiencia que tú y yo juntos.

—¿Experiencia? —dijo escéptica —Experiencia en muchas cosas, tal vez. En vivir una vida llena de desmanes, de excesos y vicios. Experiencia en ser tratada como un objeto, en ser ignorada por padres desapegados, utilizada por un hermano destructivo. Experiencia en ser dependiente. Dependiente de su hermano, de las drogas, de los hombres que a cambio de drogas o atención se aprovechaban de ella y de su cuerpo. Experiencia en entregarse a cualquiera solo para obtener un poco de atención.

Esme guardó silencio después de su exposición y ese silencio me obligó a meditar sus palabras.

Antes de que supiera qué decir, arremetió.

—Edward, esa chica necesita aprender a ser una persona independiente. Necesita aprender a valerse por sí sola, antes de embarcarse en una relación de pareja. Necesita saber vivir por su cuenta, antes de poder compartir su vida contigo.

—¿Me estás diciendo que tengo que dejarla sola? —inquirí confundido —¿Cómo crees que acabará si la dejo sola?

—No es lo que he dicho. Pero creo que hacerla dependiente de una relación de pareja, no es lo más sano para ella. ¿O qué crees que sucederá el día que tú tengas que dejarla sola durante tres días por tener que ocuparte del trabajo? ¿Sabrá vivir sin ti?

Un gélido chorro de realidad cayó sobre mí.

Aun sin quererlo, Esme había dado en el clavo. Bella no sabía vivir sin mí. No había sabido siquiera pasar un par de horas sin mí, el día que había tenido que quedarme en la estación de policía.

Sin buscarlo y sin desearlo, yo me había convertido para Bella en su nueva droga.

La nueva droga de la que dependía.

Y yo no sabía cómo arreglar eso.


Aquí la actualización de mi fic.

Espero que lo disfrutéis.

Gracias a todos por los alertas, favoritos y reviews.

Besitos y gracias por leerme.

Me han estado preguntando si a partir de ahora actualizaré los jueves. No puedo asegurarlo, mis días últimamente son complicados, así que solo confío en poder actualizar semanalmente, pero no aseguro que vaya a ser todos los jueves. Lo siento.

Por otra parte, quería comentar que este fic será bastante más corto que los anteriores que he escrito, pero porque tengo intención de escribir una secuela, así que no puedo asegurar cuántos capis le quedarán, pero no serán mucho.

Besitos!