Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

TOCANDO FONDO

CAPÍTULO 34

Edward

El día estaba bastante gris cuando salí de la estación a las seis de la mañana del miércoles.

Lentamente la ciudad comenzaba a despertar y se ponía en marcha aunque el tráfico aún era escaso.

Sintiéndome exhausto y deseoso de colarme entre las sábanas de mi cama, conduje hasta mi departamento.

Bella estaba sentada en los escalones de mi portal.

En sus manos una caja rosa chicle y un soporte con dos enormes vasos del Starbucks.

Le dediqué una sonrisa curiosa en cuanto bajé del coche.

—Bella, preciosa, ¿qué haces aquí a esta hora? –pregunté acercándome a ella que se levantó y se acercó a mí sonriente.

—He venido a traerte el desayuno –explicó mirándome seductora.

Rodeé su cintura con mis manos y la acerqué a mí para besar sus labios.

—No te merezco –susurré antes de colar mi lengua entre sus labios.

Bella tenía las manos ocupadas por lo que no correspondió mi abrazo pero su cuerpo se pegó al mío y el contoneo de sus caderas disparó mi erección.

Me alejé de ella poco dispuesto a dar un espectáculo en medio de la calle y con mi mano en su espalda la guie hasta el edificio.

Me dejé caer en el sofá del salón en cuanto entramos, soltando las llaves sobre la mesita de café.

—Estoy destrozado –gemí llevando mis manos al cuello para masajearlo.

—Hazme un sitio –pidió Bella mientras se sacaba sus zapatillas.

Se sentó en el respaldo del sofá tras de mí poniendo sus piernas a cada lado de mi cuerpo. Me empujó suavemente hacia adelante y comenzó a masajear mi cuello con unos toques circulares que me relajaron al instante.

—Nena, voy a dormirme si sigues haciendo eso –dije tironeando de sus brazos hasta hacerla caer sobre mi regazo.

—Deberías dormir –sugirió risueña.

—Lo haré pero después de tomarme mi café y probar tus cupcakes.

Bajé con mi boca sobre la suya antes de sentarla a mi lado y desayunar juntos.

Bella me contó lo que había hecho esos días y yo le expliqué lo agotadora que había sido mi guardia.

Después de la charla con mi madre ese domingo durante la barbacoa que habíamos compartido, no había podido evitar pensar en sus palabras.

¿Y si era cierto que Bella no estaba preparada para tener pareja? ¿Y si era cierto que yo la estaba haciendo dependiente de mí?

¿Y si, en lugar de ser bueno para ella, yo realmente estaba convirtiéndome en alguien dañino para su salud?

En un arrebato tomé la decisión de comenzar a sondear la situación para verificar si las especulaciones de Esme eran acertadas o no y, en mi opinión, no había ido tan mal.

Mi jefe se había mostrado más que complacido de que me ofreciera a hacer más guardias de las habituales, y una guardia de cuarenta y ocho horas era más de lo que él podía soñar.

Había planeado mantener mi teléfono apagado y no comunicarme con Bella en absoluto en esos dos días, para evaluar su reacción ante mi ausencia.

Para mi regocijo, Bella no había intentado llamar a la estación y, en lugar de quedarse en casa sufriendo por mi ausencia, había salido con su amiga Tanya en una tarde de chicas.

Sí es verdad que se había mostrado un poco recelosa de más el domingo cuando había dejado su casa, pero a fin de cuentas, yo también hubiese preferido pasar la noche enroscado en su delicado cuerpo, lo que solo significaba que tenía una sana sexualidad, al igual que ella y no que no fuera capaz de respirar si me veía obligado a dejar de verla por unos días.

De cualquier forma había decidido comenzar este experimento por lo que en las siguientes semanas me vería realizando más guardias de lo acostumbrado.

Estaba convencido de que, si realmente Bella tenía un problema de adicción a mí como mi madre había sugerido, yo la ayudaría a salir de él sin tener que romper la relación que teníamos y que a mí me hacía sentir tan completo.

Ese día dormí durante todo el día, y las pocas veces que me desperté, Bella estaba junto a mí.

En esos momentos, se cernía sobre mí y me hacía el amor, ya fuera con sus manos, con su boca o su coño, pero me provocaba unos orgasmos alucinantes que me relajaban increíblemente.

Cocinó para mí y llevó la comida a la cama, me atendió como nunca nadie lo había hecho y ni una sola vez demandó algo para ella.

Ese día me sentí como un jeque atendido por la más preciosa mujer de su harén.

Después de esos tres días separados, de alguna forma, Bella y yo nos las arreglamos para pasar juntos más tiempo que antes.

Bella adecuaba sus horarios laborales para que coincidieran con mis horarios de trabajo y para cuando yo volvía a casa, ella me esperaba allí.

Pero de alguna forma, todos aquellos días que yo tenía guardia, y fueron muchos en esas semanas, Bella no se mostró ansiosa, nerviosa o de alguna forma alterada por mi ausencia.

Esa calma que mostraba me llevó a relajarme y dejar de preocuparme por estar siendo nocivo para ella y pasar con ella cada momento libre que tenía.

En esos días finalmente Bella obtuvo la custodia total de Leah.

Leah dejó la casa de mi madre y se fue a vivir con Bella y, aunque Senna, su antigua niñera, regresó a vivir con ellas, aún visitaba mucho a Esme.

Tal vez por esa razón, Esme se sintiera más afín a mi relación con Bella. De alguna manera, las Swan continuaban siendo parte de los Cullen.

—Quédate a dormir —me pidió Bella acurrucada contra mí dentro de mi coche cuando lo detuve frente a su departamento.

Al volver de la estación a media tarde, Bella había estado esperándome en mi departamento y allí habíamos pasado la tarde entera, besándonos, acurrucándonos y haciendo el amor.

Después de la cena la había llevado a casa pero ella insistía en que me quedara con ella.

—Tengo que levantarme temprano mañana, cariño —me excusé.

—Puedes hacerlo aquí en mi cama —sugirió seductora.

—Tengo guardia mañana.

—Prometo dejarte dormir —ofreció pasando su lengua por mi oreja mientras su mano se apretaba contra mi pene endureciéndolo.

Suspirando recosté la cabeza contra el asiento. Desabroché mi pantalón y llevé su mano bajo mis bóxer.

—No vas por buen camino, si pretendes dejarme dormir —gemí excitado.

—Primero te ayudaré a relajarte —aseguró y bajó su cabeza hasta alcanzar con su boca mi erección.

Me lamió, chupó y succionó hasta que los chorros de mi clímax golpearon lo más profundo de su garganta.

Quedé exhausto, por lo que no fue fácil resistirme a su invitación.

—¡Edward! —gritó Leah en cuanto entramos en el departamento.

Sentada sobre la alfombra del salón y siguiendo las instrucciones de Senna que estaba a su lado, Leah recortaba una tela floreada siguiendo un patrón que no identifiqué.

—Hola, cariño —la saludé levantándola en mis brazos en cuanto saltó a ellos. —¿Cómo estás?

—Genial. Senna me está ayudando a hacer una bolsa de cosméticos para Alice.

—Buenas noches, Senna —saludé a la niñera —¿Para Alice?

—Sí. Hace unos días el suyo se manchó con esmalte para las uñas y he visto esta idea en internet y he decidido hacerle uno.

—Genial, cariño. Estará encantada.

Después de asegurarle a la niñera que Bella no volvería a salir, Senna se despidió dejándonos a cargo de la niña.

Leah era una delicia y compartir momentos con ella y con Bella era completamente relajante.

Por momentos parecíamos una pareja con su hija, si bien Bella era demasiado joven para ser la madre de la niña. Y yo no podía negar que la idea me gustaba.

Sabía que no estábamos en ese punto ni de cerca y, desde luego yo tampoco lo deseaba en este momento ya que nuestra relación era demasiado reciente, además de que Bella aún tenía un largo camino que recorrer, pero no podía negar que, a los treinta y cuatro, yo creía estar listo para ser padre.

Me sorprendí cuando ese pensamiento cruzó por mi mente, pero no pude dejar de mirar a Bella e, inconscientemente, barajar la posibilidad de tarde o temprano, o quizás más temprano que tarde, llegar a formar una familia con ella.

Esa noche jugamos cartas antes de que Bella enviara a Leah a la cama.

Bella y yo le seguimos.

Esa noche hicimos el amor todo lo silenciosamente que fuimos capaces ya que al otro extremo del departamento se encontraban las habitaciones de Leah y su niñera.

Estaba acabando el desayuno sentado junto a Bella cuando Leah apareció a la mañana siguiente.

—Buenos días, Edward, Bells.

—Buenos días, cariño —respondimos Bella y yo al unísono.

Bella se aprestó a preparar el desayuno para su hermana, cuando ésta trajo a la mesa desde la alacena una caja metálica con dibujos de chocolates.

—¿Qué tienes ahí? —pregunté curioso.

—M&Ms —contestó Leah enseñándome la caja abierta —¿Quieres? —me ofreció —Bella los organiza por colores —me explicó.

En el interior de la caja y separados en distintos compartimientos había decenas de chocolates agrupados de acuerdo al color de su cubierta dulce.


Aquí nueva actu. Recuerdo que no nos queda mucho de este fic, así que a disfrutarlo.

Espero que lo disfrutéis.

Gracias a todos por los alertas, favoritos y reviews.

Ya sabéis que les espero en Las Sex Tensas de Kiki, y también en mis otras historias.

Besitos y gracias por leerme!